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Yip, el poeta que llevó la lucha antifascista a los musicales de Broadway

Edgar Yipsel Harburg (Nueva York, 8 de abril de 1896 – Hollywood, 5 de marzo de 1981), conocido como Yip Harburg, fue un letrista y compositor de canciones estadounidense de música popular, que trabajó con muchos compositores conocidos. Escribió la letra de clásicos, como “Brother, can you spare a dime?” (“Hermano, ¿puedes darme diez centavos?”), “April in Paris” (“Abril en París”), “It’s only a paper moon” (“Es sólo una luna de papel”), y las canciones de la película “El mago de Oz”, que incluyen a “Over the rainbow” (“Más allá del arcoiris”).

Harburg nació con el nombre Isidoro Hochberg en el Lower East Side, uno de los barrios más pobres de Nueva York.​ Fue el menor de cuatro hijos sobrevivientes (de diez). Sus padres se llamaban Lewis Hochberg y María Ricing.​ Eran judíos ortodoxos,​ yidishparlantes​ que habían emigrado de Rusia.

Algunos creen erróneamente que el apodo de Harburg, “Yipsel” (a menudo abreviado “Yip”), es una palabra que en idioma yidish significa “ardilla”. Sin embargo, surgió de la pronunciación en inglés del acrónimo YPSL (Young People’s Socialist League, Liga de la Juventud Socialista),​ de la que fue miembro.

Más tarde adoptó el nombre Edgar Harburg aunque siempre fue más conocido como Yip Harburg. Asistió a la Townsend Harris High School, donde conoció a su compañera de clase Ira Gershwin, con quien le unía su afición compartida por Gilbert y Sullivan, trabajaron juntos en el periódico de la escuela y se hicieron amigos de por vida. Al acabar la escuela secundaria asistieron a la universidad City College, que más tarde formaría parte de la Ciudad Universitaria de Nueva York.

Después de graduarse de la universidad, con el fin de evitar ser reclutado para ir a pelear en la Primera Guerra Mundial (a la que se oponía como un socialista comprometido), Harburg viajó a Montevideo (Uruguay). Consiguió trabajó como capataz en una fábrica. Tres años después, cuando terminó la guerra (en 1918), regresó a Nueva York, donde se casó y tuvo dos hijos y empezó a escribir versos ligeros para los periódicos locales.

Se convirtió en copropietario de la empresa Consolidated Electrical Appliance, que quebró a raíz de la crisis de 1929, dejando a Harburg con una deuda entre 50.000 y 70.000 dólares estadounidenses,​ que él insistiría en pagar en el transcurso de las siguientes décadas. En este punto, Ira Gershwin lo convenció en que debería comenzar a escribir letras de canciones.

Gershwin le presentó a Jay Gorney, quien le puso música a muchas letras de Harburg. Juntos hicieron un espectáculo en Broadway, “Sketchbook Earl Carroll” que fue un éxito. Harburg fue contratado como letrista de una serie de revistas de éxito, incluyendo “Americana” (en 1932). Allí publicó su letra de “Brother, can you spare a dime?” con la melodía de una canción de cuna que Gorney había aprendido cuando era niño, en Rusia. Esta canción expresa el lamento de un vagabundo y se convirtió en el himno de la Gran Depresión de 1929, el contrapunto del “sueño americano”. Aquí pueden escuchar una extraordinaria versión de George Michael interpretada en 2000 en directo:

Cuando en 1937 el fascismo y el militarismo asomaban en Europa, escribió “Hooray for What?” (“¿Hurra por qué?”), una comedia musical antifascista.

Harburg y Gorney obtuvieron un contrato con la Paramount en Hollywood, donde trabajó con los compositores Harold Arlen, Lane Burton, Jerome Kern, Jule Styne y Duke Vernon. Escribió las letras de las canciones de la película “El mago de Oz” por la que en 1940 ganó el Óscar, compartido con Harold Arlen, a la mejor canción original por “Over the rainbow”. Además, fue nominado a un Óscar a la mejor música original, junto con Arlen, por Cabin in the Sky (de 1943) y la mejor canción original por “Can’t help singing” (“No puedo dejar de cantar”), que compartió con Jerome Kern en 1944.

Pero su trabajo en “El mago de Oz” fue mucho más importante aún: fue el editor final de un guion por el que ya habían pasado otros once guionistas antes que él. Escribió todos los diálogos relacionados con las entradas de las canciones, y describió los escenarios y también escribió la parte en la que todos dieron el corazón, el cerebro y los nervios. Le dio a la obra una coherencia y unidad que la convirtió en una obra de arte.

Trabajar en Hollywood no detuvo su carrera en Broadway. En los años cuarenta escribió una serie de guiones para musicales con mensajes sociales, como la muy exitosa “Bloomer Girl” (sobre la militante antiesclavista Amelia Bloomer) y su espectáculo más famoso, “Finian’s Rainbow” (1947), que quizá fue el primer musical de Broadway con un coro integrado por negros, una verdadera denuncia contra el racismo. Le acusaron de “socialista”, uno de los peores insultos entonces en Estados Unidos. En la obra cantaron el poema “When the idle poor become the idle rich” (Cuando el pobre ocioso se convierte en el rico ocioso). La obra tuvo numerosas reposiciones en 1955, 1960, 1967 y 2009, y en 1968 se llevó al cine, protagonizada por Fred Astaire y Petula Clark, dirigidos por Francis Ford Coppola.

Sus poemas siempre mostraban lo que calificó como la “indivisibilidad de la libertad humana”, además de su compromiso social con los desheredados:

Ellos suelen decirme:
“Estamos construyendo un sueño
con paz y gloria por doquier”.
¿Por que tengo que esperar la cola
para que me den un poco de pan?

En 2004 el Irish Repertory Theatre la presentó, protagonizada por Melissa Errico y Jonathan Freeman, con una acogida muy buena. En marzo de 2009 la serie New York City Center Encores! realizó una versión de concierto que fue aclamada por la crítica. Dirigida y coreografiada por Warren Carlyle, estuvo protagonizada por la ganadora del premio Tony, Jim Norton y Kate Baldwin como Finian y Sharon, con Cheyenne Jackson como Woody y Jeremy Bobb como Og, el duende. El 29 de octubre de 2009 comenzó otro revival en el Teatro St. James (de Broadway) con la mayor parte del elenco de los Encores!

Siempre fiel a sus principios, Harburg apoyó la campaña presidencial de 1948 de Henry Wallace por el Partido Progresista recién fundado y escribió la letra de la canción de su campaña: “A todo el mundo le gusta Wallace, el amistoso Henry Wallace”.

Solía decir que Broadway era el único lugar en donde un artista podía practicar su arte… si tenía dinero. Fue acusado de “pinko” (rosado), que en el argot de Estados Unidos designa a alguien que simpatiza con los comunistas, pero no llega a ser un “rojo”, lo que le costó su carrera en Hollywood.

Desde 1951 hasta 1962 fue víctima de las listas negras de Hollywood, cuando los jefes de los estudios prohibían contratar a cualquiera que tuviera una participación real o supuesta con las ideas del socialismo, o alguna simpatía con el Partido Comunista de Estados Unidos. Se negó a convertirse en un delator y le vetaron también en la radio y en la televisión. El Comité de Actividades “antiamericanas” quería saber si el personaje de “Joe” en la canción “Happiness is a Thing Called Joe” (“La felicidad es una cosa llamada Joe”) era José Stalin.

No descansó nunca. Siguió escribiendo comedias musicales de Broadway. Puso la música a una película biográfica sobre Nellie Bly, pionera del periodismo femenino, conocida por sus artículos contra la corrupción y las condiciones de trabajo en las fábricas. Otras de sus obras memorables es “Jamaica”, un libreto contra el colonialismo y la guerra nuclear que le censuraron y mutilaron.

En 1972 llevaron a Harburg al Salón de la Fama de los Compositores. Fue muy amigo del actor Karl Malden y murió el 5 de marzo de 1981 a causa de un ataque al corazón mientras permanecía en su automóvil parado en un semáforo en Sunset Boulevard, en Hollywood.

En 2005 el Servicio Postal de Estados Unidos emitió una estampilla conmemorativa reconociendo sus logros. El sello presenta una imagen tomada por la fotógrafa Barbara Bordnick en 1978, junto con un arco iris y la letra de “Over the rainbow”. La ceremonia se llevó a cabo en la Calle 92 de Nueva York.

Hoy en Hollywood y en la prensa todo el mundo se desvive cuando habla de Yip; nadie cuenta las reresalias que padeció a causa de los principios que defendió toda su vida.

Traducción del poema ‘Hermano, ¿puedes darme diez centavos?’

Una vez construí una carretera, la puse en funcionamiento,
la acabé en una lucha contra el tiempo.
Una vez construí una carretera, ahora ya está acabada
Hermano, ¿puedes darme diez centavos?

Una vez construí una torre hasta el sol,
ladrillo y remache y cal
Una vez construí una torre, ahora ya está acabada
Hermano, ¿puedes darme diez centavos?

Una vez iba con traje caqui
¡Dios!, ¡qué aspecto más maravilloso!
Lleno de vitalidad dum dum.
Medio millón de botas arrastrándose por el infierno
Yo era el niño del tambor.
Dime, ¿no te acuerdas? Me llamaban Al.
Fuí Al todo el tiempo.
Dime, ¿no te acuerdas? Soy tu colega
Hermano, ¿puedes darme diez centavos?

Twitter censura 200 cuentas ‘rusas’ porque contribuyeron a la victoria electoral de Trump

El jueves Twitter desactivó cerca de 200 cuentas “vinculadas a Rusia” en el marco de la investigación sobre la injerencia de Moscú en las elecciones estadounidenses del pasado año.

Al demócrata Mark Warner, que forma parte de la Comisión de Inteligencia del Senado estadounidense, las medidas le parecen insuficientes.

Warner citó a los altos cargos de Twitter para que testificaran como parte de la investigación. A principios de este mes, los capitostes de Facebook también tuvieron que comparecer ante la comisión.

Los diputados de ambos partidos están empeñados en hacer creer al mundo que “Rusia” ha jugado un papel fundamental a la hora de extender propaganda e información “sin contrastar” (quieren decir falsa) en las redes sociales, lo que contribuyó a la victoria electoral de Trump.

¿Hubieran sido diferentes las cosas si “Rusia” hubiera llamado a votar por Clinton, es decir, si hubiera optado por la candidatura perdedora?

Warner ha indicado que los cabecillas de Twitter han dejado sin contestar numerosas cuestiones sobre Rusia y el uso de su red social, que aún es una herramienta de manipulación por parte de terceros países.

La queja es tan cínica que no se extiende al hecho de Twitter sea una herramienta de manipulación de Estados Unidos contra terceros países. Sólo les interesa el recorrido en dirección contraria.

El senador demócrata ha aseverado que las declaraciones de los miembros de Twitter han resultado “profundamente decepcionantes a la par de inadecuadas”. La intervención de la multinacional ante la Comisión de Inteligencia muestra que Twitter no entendido la gravedad del asunto, ha manifestado Warner.

Sometida a las presiones políticas, la red social ha censurado 22 cuentas que estaban conectadas a 500 cuentas falsas de Facebook “relacionadas con Rusia” y que, además, ha eliminado otras 179 cuentas que también presentaban “algún tipo de vinculación”.

Puestos a culpabilizar a Rusia, el miércoles el senador estadounidense del Partido Republicano por el estado de Oklahoma James Lankford también acusó a lo que calificó como varios “trolls rusos” de la actitud de los jugadores de la Liga de Fútbol Americano (rugby) que hincaron la rodilla en el suelo en señal de protesta mientras sonaba el himno de Estados Unidos antes del comienzo de un partido.

Lo dicho: han perdido el sentido del ridículo, aprovechando que a los usuarios se les mantiene en la más absoluta ignorancia acerca de los instrumentos informáticos que tienen entre sus manos.

El verano rojo de 1919 en Estados Unidos

A casi un siglo del asesinato de Will Brown a manos de un grupo de racistas blancos, ayer se recordó la ola de violencia clasista y racial que azotó a los Estados Unidos durante el «Verano Rojo» de 1919.

Durante los días 28 y 29 de septiembre la ciudad de Omaha, en Nebraska, en el centro noroeste de Estados Unidos, fue testigo de uno de los mayores horrores de violencia clasista y racial en la historia del país norteamericano.

Después de la Primera Guerra Mundial, la Gran Migración llevó a decenas de miles de afroamericanos a las ciudades industriales del norte, entre las que aparece Omaha, que vio duplicarse su población negra de 4.426 a 10.315 en la primera década del siglo XX.

En todo el mundo la Revolución de Octubre había hecho temblar a la burguesía por vez primera. En Estados Unidos los capitalistas reaccionaron frente al movimiento obrero impulsado el racismo y los linchamientos para combatir a la clase obrera, que era negra.

Los brutales enfrentamientos resultaron en la muerte de dos hombres blancos, el brutal linchamiento de Will Brown, un obrero negro de 40 años, el intento de ahorcamiento del alcalde de la ciudad, Edward Parsons Smith, y el incendio del Tribunal del Condado de Douglas, por parte de varios miles de blancos.

El general Wood y otros culparon de los disturbios a obreros afiliados al sindicato Industrial Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo), compuesto por anarquistas y marxistas.

Las acusaciones eran falsas. Se enmarcaban dentro del llamado Temor Rojo (Red Scare, en inglés), primer periodo de fuerte reacción burguesa en Estados Unidos que conllevó el asesinato y la persecución de cualquier sospechoso de ideas avanzadas.

Los disturbios se reprodujeron en más de una treintena de ciudades de los Estados Unidos. En la mayoría de los casos, los blancos atacaron a los afroamericanos y, en algunas ciudades, los negros respondieron con fuerza a los ataques, especialmente en Chicago, Washington D. C. y Arkansas, donde se produjo el mayor número de víctimas mortales.

Redneck Revolt: un llamamiento a la lucha armada antifascista en Estados Unidos

Piquete armado ‘redneck’ tras una manifestación
Servando Rocha

Todos los que allí estaban lo vieron. El país entero también lo vio: grupos fuertemente armados con fusiles semiautomáticos AR-15, mayoritariamente formados por hombres, aunque también había varias mujeres, se presentaron en la protesta antirracista en Charlottesville. Encapuchados o con el rostro cubierto con pañuelos y fusil al hombro, se plantaron cara a cara frente a los fornidos grupos paramilitares fascistas, bandas del KKK y organizaciones neonazis que acudieron a la ciudad, en una protesta que terminó trágicamente.

Periódicos del Klan habían afirmado, días antes del fatídico 12 de agosto, que para ellos Charlottesville era la antesala de Auschwitz: “Next stop: Charlottesville. Final stop: Auschwitz”, afirmaron en un manifiesto. Captaron la atención de muchas cámaras de televisión y fueron fotografiados con carteles que rezaban “Defendiendo nuestras comunidades” o “Cuelga a tu miembro del Klan local”, entre otros. Los racistas, en un alarde de fuerza, no han dudado en pasearse y amenazar a negros y antirracistas con una potencia de fuego enorme y un gran conocimiento en tácticas militares. Ahora tienen un adversario importante. Fuego contra fuego. Son una fuerza armada que se suma a otras antifascistas y que se multiplican en distintos puntos de Estados Unidos, que está viviendo un crecimiento de grupos trotskistas, maoístas o de black power (autoproclamados “Nuevos Panteras Negras”) que defienden la autodefensa armada, la causa antifascista y el izquierdismo militante.

Redneck Revolt es un grupo muy organizado que tiene sus raíces en los años sesenta. En Chicago, a finales de los cincuenta y provenientes de los Apalaches, numerosas familias de clase trabajadora se asentaron en la ciudad. Los comienzos fueron durísimos. Explotados, convertidos en proletariados despreciados por patronos, policías y autoridades, decidieron organizarse, fundando grupos de autoayuda y denunciando un capitalismo salvaje que condenaba al hambre a la mayor parte de la clase trabajadora, blanca o negra. En sus barrios, en bares y fábricas, se mostraba la bandera sureña confederal. Para ellos no tenía un significado racista, ni mucho menos, sino un símbolo de pertenencia a un lugar y a unos orígenes de clase trabajadora en un país que amaban pero que ya no lo identificaban como suyo.

Fundaron organizaciones que abastecieron de comida a las familias más pobres y, con la llegada de los Panteras Negras, se aliaron con su activa organización de Illinois. Entonces se llamaban Young Patriots y lograron lo que a priori parecería imposible: unir la bandera sureña junto al puño negro, que los negros radicalizados aceptaron sin problema. Y no solo eso. Inspirados en el trabajo de los panteras en los guetos negros, los imitaron, reproduciendo sus grupos, centros comunitarios, guarderías, escuelas y hospitales autogestionados. Con el tiempo incluso trabajaron juntos en la Rainbow Coalition, que aglutinaba a rednecks, hillbillies, greasers y panteras, puertorriqueños e indios. Juntos formaron un frente común antifascista. Fascismo equivalía a decir AmeriKKKa.

En sus publicaciones y entrevistas reivindicaban el derecho a usar las armas tal y como lo estaban haciendo las comunidades negras. Para ellos era algo absolutamente normal. Desde pequeños, en sus lugares de origen, llevar y usar armas era algo natural. Se fotografiaron armados y publicaron llamamientos y manuales para el uso de armas cortas y largas, creando grupos de autodefensa en clubs de tiro autogestionados. Hablaban de lucha armada y de presos políticos, del movimiento indio que estaba siendo asediado y aniquilado y, por supuesto, de sus camaradas panteras. Además de todo eso, motos, rock and roll y amor libre.

Esto sucedió hace cuarenta años. En 2009, este legado resucitó en Kansas bajo el nombre de Redneck Revolt, que surgió alrededor del John Brown Gun Club, un club de tiro integrado por izquierdistas blancos de clase trabajadora.

Desde entonces no ha parado de crecer. Sus miembros son tanto hombres como mujeres y se han unido al movimiento Black Lives Matter, que denuncia la brutalidad policial y los crímenes racistas que se reproducen con gran frecuencia por todo el país. Charlottesville fue un punto más en una serie de protestas por todo el país donde sus miembros han acudido armados bajo el lema “Consigue que los racistas vuelvan a sentir miedo”, junto a grupos hermanos como el Socialist Rifle Club. Fueron vistos en Sacramento, Berkeley, Portland, Oregon, Pikesville o Kentucky.

La situación es explosiva. Varios signos apuntan a una criminalización y persecución policial contra los “rednecks” revolucionarios. Donald Trump, tras los choques en Charlottesville, puso el punto de mira en ellos, afirmando que condenaba “la violencia de ambos dos bandos”, y refiriéndose por vez primera a un movimiento que calificó de “antifascista” y que, según él, eran profesionales de la violencia.

Redneck Revolt, junto a grupos anarquistas, es uno de los grupos más activos y, quizás, más espectaculares. Antes de Charlottesville lanzaron un panfleto titulado “Un llamamiento a las armas”, que aquel trágico día no sonaron pero siguen preparadas, listas para defender a la “verdadera” clase trabajadora del país. Los “rednecks” aseguran no tener miedo y hacer frente al KKK por cualquier medio que sea necesario.

http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/los-rednecks-revolucionarios-apuntan-sus-armas-contra-donald-trump-y-el-kkk

Fascistas, racistas y supremacistas en Estados Unidos

Cuesta creer que en Estados Unidos, en pleno siglo XXI, sigan siendo legales las esvásticas, los saludos nazis y realizar marchas por la supremacía blanca en las que el odio y la violencia son las atracciones principales. Un pasado manchado por el racismo y masacres en nombre de la raza blanca no han sido suficiente razón para poner límites a la libertad de expresión.

El supremacismo blanco y el terrorismo blanco siguen siendo un problema para Estados Unidos. Se hizo creer que las capuchas blancas y las antorchas, emblemas del Ku Klux Klan, quedaron enterradas en los años 60 tras la firma del Pacto International de Derechos Civiles y Políticos. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Desde que se pusiese fin a la segregación racial en Estados Unidos, los ataques y manifestaciones por la supremacía blanca han demostrado que una alarmante parte de la sociedad sigue siendo fiel a estos pensamientos.

Muestra de ello es que el ataque terrorista más sangriento de la historia estadounidense antes del 11S fue llevado a cabo por un extremista antiestatal en nombre de la raza blanca. En abril de 1995, Timothy McVeigh hacía detonar una bomba que derribaba un edificio en el centro de Oklahoma City. El atentado ponía fin a la vida de 168 personas, incluyendo niños, y hería a casi 700 personas.

Después de más de dos décadas del atentando, el panorama no parece haber mejorado. La crisis económica, la reciente llegada de inmigrantes y refugiados en busca de un futuro mejor, así como la amenaza yihadista, han servido de excusa para la reavivación de movimientos de supremacismo blanco. La victoria de Donald Trump, además, ha creado un ambiente en el que estos movimientos se sienten cómodos para luchar por su causa. Lejos de aparecer como una figura sólida en la lucha contra el racismo, Trump ha conseguido con sus discursos de odio crear el caldo de cultivo perfecto para avivar las polaridades.

El pasado 19 de agosto se hacía evidente esta realidad. Lo que comenzaba como una “marcha pacífica” por la supremacía blanca en Charlottesville acababa con la muerte de Heater D. Heyer tras ser atropellada por un simpatizante nazi que decidió dirigir su coche a toda velocidad hacia un grupo de personas que se manifestaban en contra de la marcha Unite the Right.

Saber quiénes componen actualmente el movimiento por la supremacía blanca en Estados Unidos y qué es lo que desean puede ayudar a procurar un futuro mejor en la lucha contra el racismo.

Los orígenes del supremacismo blanco

El supremacismo blanco está tan arraigado en la historia de Estados Unidos que parece complicado determinar la fecha exacta en la que comenzó, pero parece acertado empezar con la caída de los estados de la Confederación y la creación del Ku Klux Klan.

Son motivos puramente económicos los que dan pie al racismo en el país. Las colonias europeas en Estados Unidos comenzaron a traer esclavos para potenciar la economía del país, y del siglo XVI al XIX la supervivencia de la nación dependía totalmente de ellos. Así, los estados del país, especialmente los del sur, crearon un sistema económico basado en la mano de obra no remunerada esclava que les permitía obtener ganancias exorbitantes. Pero en 1865 la derrota de los estados de la Confederación en la guerra de Secesión, la implementación de Gobiernos liderados por republicanos y el Decreto de Reconstrucción, que por primera vez en la Historia de los Estados Unidos de América liberaba a esclavos y otorgaba ciertos derechos políticos a los ciudadanos afroamericanos en el sur, acababa con la bicoca de la que tanto se habían beneficiado los sureños. Este nuevo panorama no fue aceptado con júbilo por los estados de la antigua Confederación; no bastaba con presenciar la caída de sus ejércitos, ahora también serían testigos del derrumbe de su sistema socioeconómico.

Es así como una noche de diciembre de 1865 seis jóvenes veteranos de la Confederación con ganas de matar su aburrimiento se reunían en Pulaski, Tennessee, para crear un club social secreto. Su idea inicial era crear un grupo que fuese inusual y sonase misterioso para despertar la curiosidad de unos cuantos y gastar bromas a la población afroamericana. Para ello consideraron que el nombre Ku Klux Klan (KKK), procedente de la palabra griega kuklos —de donde derivan ‘círculo’ y ‘ciclo’—, hacía la función perfecta. Por las noches cubrían sus cuerpos con sábanas y capuchas blancas y, conscientes de la fama de supersticiosos de la población afroamericana, se dedicaban a ir de puerta en puerta haciéndose pasar por militares sedientos caídos en la guerra de Secesión. Pero lo que comenzó como un pasatiempo pronto pasaría a convertirse en una organización seria, con un gran número de simpatizantes, y dejarían las bromas a un lado para apabullar a la sociedad afroamericana y hacer de su historia una macabra.

Los miembros del KKK pronto se dieron cuenta de que sus atuendos eran un mecanismo eficaz para asustar no solo a afroamericanos, sino también a la población blanca.

Del KKK al intelectualismo ‘alt right’

La historia del KKK viene marcada por tres grandes etapas que han ido adaptándose a los acontecimientos de la Historia. La primera etapa fue tras su fundación en 1865. Su objetivo principal era aterrorizar a republicanos y la población afroamericana para evitar que participasen en las elecciones y, así, que los demócratas volviesen a hacerse con las riendas del sur. En 1867 los representantes de las diferentes facciones del Klan se reunían en Nashville, Tennessee, para acordar que la filosofía de la supremacía blanca sería el credo del KKK. Esta se basa en que la raza blanca, debido a su superioridad genética, debe estar por encima de las demás razas y que para ello se deben crear sociedades puramente blancas. Pero la violencia, el descontrol del grupo y la victoria de los demócratas en los estados sureños hicieron que a finales de 1869 el Klan dejase de existir.

En los años 20 la llegada masiva de inmigrantes de Europa, la recesión económica tras la Primera Guerra Mundial, la migración de afroamericanos del sur al norte del país y la llegada de libertades políticas y sexuales hicieron que el KKK volviese a emerger. En 1915 William J. Simmons, inspirado por la película “The Birth of a Nation”, reaviva el Klan y amplía la lista de enemigos a todas las personas que no fuesen blancas o que, aun siéndolo, fueran inmorales, es decir, que llevaran a cabo prácticas contra el cristianismo protestante o antipatrióticas. Así, el grupo, debido a su mezcla explosiva de xenofobia, prejuicio religioso, supremacismo blanco y conservadurismo moral, comenzó a tener una mayor aceptación social, pues no solo apelaba a racistas, sino también a cristianos que perseguían una reforma moral que frenase la modernización desbocada del país. Pero a partir de los años 30 este momento apoteósico se vio frustrado por la Gran Depresión, las portadas de periódicos plagadas con las inmoralidades cometidas por los líderes del Klan y la multa de casi 700.000 dólares al grupo por evasión de impuestos. Las antorchas del KKK se apagaban una vez más.

En los años 50 resurge de nuevo durante el movimiento por los derechos civiles. Esta nueva etapa supone una época de transformación para el grupo. En primer lugar, se vuelve más violento que nunca; se empieza a hablar del “terrorismo blanco”. En segundo lugar, su retórica racista durante un periodo de auge para la segregación motivó a personas ajenas al movimiento a participar en sus campañas de terror. Y, en tercer lugar, la llegada de ideas nazis al país debido a la Segunda Guerra Mundial hizo que el KKK no se llevase todo el mérito en la lucha por la supremacía blanca. Grupos neonazis, paramilitares y cristianos extremistas, tan fragmentados como el KKK de esta etapa, comenzaron a trabajar reclutando a personas que el Klan falló en atraer por ofrecer un abanico reducido de posibilidades en su odio. Debido a esto, el movimiento por la supremacía blanca ha tomado desde los años 70 diferentes aspectos y direcciones.

Además, la victimización que el movimiento adopta a partir de los años 80 es un factor esencial que tener en cuenta para poder entender su ideología actual. Inicialmente, su objetivo era luchar para mantener el dominio blanco, pero, a medida que la realidad política y social comenzó a evolucionar, el movimiento supremacista también lo hizo. Vieron que luchar para prevenir su extinción parecía una causa más noble para justificar sus actuaciones. Por eso, el eslogan que hoy impera entre ellos es el de “las 14 palabras”: “We must secure the existence of our people and a future for white children”, esto es, “Debemos asegurar la existencia de nuestra gente y un futuro para los niños blancos”. Este victimismo resulta en lo que califican de “genocidio blanco”.

La extrema derecha actualmente está compuesta principalmente por supremacistas blancos, que creen que la raza blanca es biológica y culturalmente superior al resto; nacionalistas blancos, que apoyan la idea de crear sociedades exclusivamente blancas; neonazis, admiradores de Hitler y que sienten un odio especial hacia los judíos, todas las personas no blancas, la comunidad LGTB y las personas con discapacidades; facciones que siguen los valores clásicos del KKK, y el movimiento “alt right”. Este último, presente también en la manifestación de Charlottesville, es una corriente que está ganando mucho peso por considerarse el movimiento intelectual del supremacismo blanco. El termino “alt right” —derecha alternativa— fue inventando por Richar Betrand Spencer en 2008, un nacionalista blanco que aboga por una “limpieza étnica pacífica” en Estados Unidos. El éxito del movimiento viene dado por su divulgación en las redes sociales, sus memes y su presencia en internet, que permite que seguidores con diferentes creencias puedan participar de manera anónima. Apela al victimismo típico del supremacismo —consideran que la identidad blanca está en peligro y que hay que preservar los valores tradicionales occidentales— e intentan incrementar la calidad del movimiento captando a jóvenes intelectuales conservadores.

Antifas y ‘Black lives matter’: ¿sus opuestos?

Tras la manifestación en Charlottesville, son muchos los que no han tardado en asegurar que “White lives matter” (WLM), movimiento que reivindica “los derechos de los blancos”, ha surgido como oposición al racismo y la violencia del movimiento “Black lives matter” (BLM) y que los antifascistas o antifas son el grupo de la extrema izquierda homólogo a “alt right”.

Primeramente, los movimientos de “White lives matter” y “Black lives matter” no se pueden comparar. El primero es un movimiento racista y violento; el segundo, no. BLM existe porque en la actualidad la población afroamericana sigue siendo víctima de la discriminación y recibe un trato diferente que la población blanca. Sus manifestaciones son pacíficas e incluyen gente de diferentes etnias y orientación sexual. Por el contrario, WLM está liderado por grupos supremacistas, como el KKK y el Partido Nazi Americano, que lo que pretenden es crear una sociedad en la que no haya cabida a la diversidad de razas, sexualidades y culturas, por lo que en sus manifestaciones solo se verán personas blancas, occidentales y, en principio, heterosexuales. De ser violento el BLM, resultaría contraproducente para sus objetivos: optar por la violencia para acabar con la violencia sería como echar piedras sobre su propio tejado. En cambio, los defensores de WLM no necesitan hacer mérito de los medios que utilizan para conseguir sus metas para ser conscientes de su brutalidad.

Por otro lado, el presidente Trump hacía responsables de la tragedia de Charlotessville a “ambas partes”, con lo que se refería tanto a “alt right” como a una supuesta izquierda alternativa —“alt left”—. Sin embargo, aún no existe un movimiento autodenominado “alt left”; a lo que el presidente probablemente se quería referir es al movimiento antifascista —comúnmente conocido como antifa—, ­presente desde hace décadas en Europa, pero nuevo para Estados Unidos Este movimiento está compuesto por anarquistas, socialistas y comunistas que comparten una causa común: acabar con la extrema derecha y el supremacismo blanco. Es por esto que pueden dar la sensación de ser aliados en la lucha contra el supremacismo. No obstante, tampoco dudan en utilizar la violencia para conseguir sus fines y consideran que está moralmente justificado el uso de la fuerza contra la extrema derecha, por lo que al final del día, según sus detractores, no dejan de ser distintos a los defensores de los supremacistas. El Centro Legal para la Pobreza Sureña, conocido por su labor contra el racismo, afirmaba que el uso de la violencia no es la herramienta más eficaz para acabar con los racistas y antisemitas.

Pero la realidad es que, por mucho que se intente comparar BLM y los antifas con WLM, los niveles de violencia ejercidos los supremacistas impiden una comparativa objetiva.

Indudablemente, lo que más fuerza ha dado a estos movimientos fanáticos es que legalmente tienen el derecho a manifestar y hacer apología de sus creencias. La Primera Enmienda de la Constitución restringe la capacidad del Gobierno de limitar el ejercicio de la libertad de expresión; de ahí que la marcha en Charlottesville fuese totalmente legal. Las esvásticas, saludos nazis y cantos de violencia como “Fuera los judíos” o “Sangre y tierra” pueden resultar chocantes en la actualidad por los actos cometidos en nombre de la ideología que estos símbolos sustentan, pero se consideran amparados por la libertad de expresión.

Andrea Moreno http://elordenmundial.com/2017/09/25/racismo-y-fanatismo-el-supremacismo-blanco-en-ee-uu/

Un cowboy en la ONU

Darío Herchhoren

En una memorable intervención del Comandante Hugo Chaves en la ONU, refiriéndose a la intervención de George Bush (h) el día anterior, dijo «ayer estuvo el diablo aquí. Huele a azufre todavía». Y podemos afirmar que el diablo ha vuelto, pero esta vez personificado por Donald Trump, que no ahorró bravata alguna con el fin de aterrorizar al mundo entero. Parecía un vaquero entrando al saloon de un pueblo perdido del far west.

Amenazó a Corea con arrasarla, y prácticamente hacerla desaparecer. No hace falta recordarles a los coreanos lo que implica la intervención de los USA en su país. Los gringos, durante la guerra de Corea utilizaron las armas más terribles de que disponían, entre otras los llanzallamas, que abrasaron a hombres, mujeres y niños que se escondían en cuevas para refugiarse de la barbarie de la «civilización» occidental. Sus tropas casi llegaron al río Yalú, que hace de frontera con China, y el peligro que corría China en ese momento llevó a que Mao Zedong mandara un millón de militares a combatir con ese demonio que son los USA. Ello llevó a la partición de Corea en dos estados, y a que en el sur del paralelo 38 se instalara un estado títere, cuyos hilos se mueven desde Washington, y que sirve a sus intereses. El estado del sur es una permanente provocación contra la Corea socialista, y ese es el motivo por el cual no se firma un tratado de paz entre las dos Coreas, y por eso los USA hacen todo lo posible para que ello no ocurra, y por ello mantienen en forma permanente 30 mil militares en ese territorio.

No quieren un tratado de paz, porque de firmarse, ello haría que la presencia de tropas yanquis en Corea no tuviera razón de ser. La guerra de Corea era una provocación contra China y contra la URSS, que tiene frontera con la Corea socialista, y ello hizo que el célebre general Douglas Mc Artur, que había entrado victorioso en Japón luego de la masacre de Hiroshima y Nagasaki preconizara que el ejército yanquy arrojara una bomba atómica sobre Corea, cosa que felizmente no ocurrió por la firme postura de la URSS, que envió armamento y aviones MIG 15 para parar la agresión.

El irresponsable payaso también amenazó a Irán. No puede soportar después de tantos años la pérdida de la monarquía iraní ejercida por Mohamed Reza Pahlevi, un lacayo opresor de su pueblo y fiel servidor de los intereses de las petroleras Standard Oil y Anglo Iranian Oil Company. La nacionalización del petróleo iraní, implicó un duro golpe para ambas multinacionales la primera transformada en la Gulf Oil, y la segunda es la actual British Petroleum.

Como en su insensato discurso hubo para todos no se olvidó de Venezuela, y al mejor estilo del Far West, amenazó con ir a «arreglar las cosas» en ese país si antes no las arreglaban las autoridades del mismo.

Pero su discurso fue tan lamentable que su sirviente en Francia Emmanuel Macron, le afeó su postura en contra del tratado con Irán sobre el uso pacífico de la energía atómica, diciendo que ese era un buen tratado y que debía respetarse, ya que el mismo no pertenecía a los EEUU sino al mundo entero.

No cabe duda que a este desenfrenado vaquero le vendrá bien una dosis de jarabe vietnamita. Ya lo está probando en Siria; pero habrá que aumentar la dosis. La de adulto.

Se incrementan los sabotajes y la resistencia armada en el interior de Estados Unidos

Imagen de Redneck Revolt
Josh Meyer

Desde comienzos del año pasado las autoridades federales advierten a las autoridades nacionales y locales de que los extremistas de izquierda denominados “antifa” son cada vez más conflictivos y peligrosos, hasta el punto de que el Departamento de Seguridad Interior (DHS) ha clasificado formalmente sus actividades como “violencia terrorista nacional”.

Mucho antes de la convocatoria del 12 de agosto en Charlotesville, en Virginia, que resultó mortal, el DHA avisaba contra los crecientes riesgos de violencia mortal entre los anarquistas de izquierda y los grupos de derecha racista blanca y nacionalistas. Documentos no publicados anteriormente revelaban que en abril del año pasado las autoridades pensaban que los “extremistas anarquistas” eran los principales instigadores de la violencia en las convocatorias públicas contra una serie de objetivos. Fueron culpados por las autoridades de ataques a la policía, al gobierno y las instituciones políticas, así como contra los símbolos del “sistema capitalista”, de racismo, injusticia social y fascismo, según una evaluación confidencial de investigación de 2016, realizada conjuntamente por el DHS y el FBI.

Tras la elección de Trump en noviembre, los militantes “antifas” se han orientado hacia otro objetivo, en particular contra los miembros de grupos racistas blancos y nacionalistas, que salieron repentinamente en masa a saludar su victoria, apoyar las medidas de represión contra inmigrantes y musulmanes y protestar contra la labor que llevaban en contra de suprimir los símbolos de la Confederación.

Estos informes parecen validar la insistencia de Trump cuando afirma que los extremistas de izquierda eran en parte responsables de los enfrentamientos de Charlottesville y representaban un problema a escala nacional. Pero también reflejan en qué medida su propio movimiento político ha causado la reacción violenta.

En algunas entrevistas, los servicios de policía han indicado claramente que la retórica y las políticas incendiarias de Trump, primero como candidato y después como presidente, han contribuido a crear una situación de forma tan rápida y tan extensa que no controlan la situación. “Es en este tiempo [durante la campaña de Trump] cuando realmente hemos tomado conciencia”, ha declarado un alto responsable jurídico que seguía a los extremistas en un Estado que se ha convertido en la línea del frente de los choques entre los grupos. “Estos ‘antifas’ venían con armas, escudos y cascos de moto, y golpeaban a la gente… Emplean cócteles Molotov, prenden fuego, lanzan bombas y rompen escaparates”. Casi inmediatamente, los atacados han reaccionado, empleando cada vez más armas y lanzando sus propios ataques sin provocación ninguna, como muestran los documentos y las entrevistas. El extremismo de los dos campos se ha aprovechado de esos enfrentamientos, sobre todo tras Charlottesville, para reclutar un número sin precedentes de nuevos miembros, recoger fondos y amenazar con nuevos enfrentamientos, según informan.

“Todo el mundo se pregunta ¿qué vamos a hacer?, ¿cómo vamos a tratar esto?”, ha declarado el alto funcionario judicial. “Cada vez que hay una protesta en donde todos están trayendo armas, apretamos el culo. Las emociones se calientan, y los dedos acarician los gatillos”.

Incluso antes de Charlottesville, docenas y centenares de personas acudían a convocatorias en Texas, California, Oregón y otros lugares, portando armas y buscando pelea. En Austin, Tejas, “antifas” armados atacaron a los partidarios de Trump y grupos racistas en diversos mítines, enfrentándose luego a la policía en un esfuerzo exitoso para impedirles practicar detenciones.

California se ha convertido en otro campo de batalla, con violentos choques en Berkeley, Sacramento y Orange County que han causado numerosos heridos. Y según las autoridades judiciales los contra-manifestantes iniciaron los ataques en dos choques anteriores en Charlotesville.

Hay nuevas convocatorias anunciadas en los próximos meses en el país, incluyendo Texas, Oregón, Missouri y Florida. Las autoridades están especialmente preocupadas por ello en Estados en donde virtualmente nadie, incluyendo activistas investigados por instigar a la violencia, puede exhibir rifles de asalto en público.

Las tensiones se elevaron hasta el punto de que, tras el intercambio de acusaciones en Charlottesville, circuló el rumor de que los “antifas” intentarían boicotear la masiva reunión motera en Sturgis, Dakota del Sur, a causa de la abundancia de banderas de la Confederación y carteles de Trump. No era cierto, pero desencadenó una oleada de peticiones por parte de antifascistas para que acudieran a la cita. Incluso se llegó a mostrar un “Sturgis Survival Kit” para posibles manifestantes antifascistas, con un torniquete, morfina, escayola y desfibrilador.

“Tanto los racistas como un segmento de antifascistas violentos son partidarios de la escalada en el uso de armas, y la policía se ve superada, resultando en el aumento de enfrentamientos violentos y peligrosos”, manifestó un ex oficial de la policía de Nueva York, Brian Levin, quien ha estado encargado del control de “militantes” desde hace 31 años, y ahora en el Centro para el Estudio del Odio y el Extremismo de la California State University. “Es un baile organizado. Las convocatorias se extienden por las redes sociales y entonces muchas más gente se presenta en ellas estimulado por el enfrentamiento violento”.

Durante las últimas décadas las autoridades se concentraron casi exclusivamente en los grupos de derecha como los más probables instigadores de la violencia terrorista nacional, especialmente desde que Timothy McVeigh hiciera explotar el edificio federal de Oklahoma City en 1995, matando a 168 personas. Más recientemente, los grupos antifas, que algunos denominan la Red de Acción Antifascista, proceden de grupos antigubernamentales de izquierda como el “Black Block”, manifestantes con máscaras negras que han provocado violencia en ocasiones como la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle en 1999. Alegan no tener ningún jefe o ninguna jerarquía, pero las autoridades que los siguen consideran que están organizados en redes descentralizadas de células que se coordinan entre ellas. A menudo pasan semanas planificando la violencia en próximos eventos, según informe del DHA y el FBI del pasado 16 de abril titulado “Comparaciones básicas de los movimientos extremistas anarquistas estadounidenses y extranjeros”.

Han emergido decenas de grupos armados antifascistas, incluyendo “Redneck Revolt” y los “Guardias Rojos”. Un informe de las autoridades de Nueva Jersey indica que grupos auto descritos como “antifa” han surgido en ciudades que incluyen Nueva York, Filadelfia, Chicago y San Francisco. Algunos informes del DHS y del FBI comenzaron a denunciar a los manifestantes “antifa” antes de las elecciones. En uno de ellos, fechado el pasado septiembre [de 2016], el DHS estudia los recientes enfrentamientos violentos durante actos organizados por el “Traditionalist Workers Party” y sus asociados, los “Golden State Skinheads”. Según la policía, contramanifestantes ligados a grupos “antifa” y asociados como “By Any Means Necessary” atacaron, causando disturbios tras los cuales al menos diez personas fueron hospitalizadas, algunos con heridas de arma blanca.

En el mitin de Sacramento, los “antifas” llegaron buscando violencia y “maniobrando de manera que evidenciaba su competencia en la planificación, principalmente la organización de transporte para viajar desde distintos lugares, la recogida de fondos ante la posibilidad de detenciones, labores de contravigilancia usando equipos de tres personas, con radios móviles para la comunicación y coordinando el evento a través de las redes sociales”, indicó el informe del DHA.

Las evaluaciones de la inteligencia se centran menos en pistolas que en las armas caseras usadas por los “antifas”, a la vista de fotos en las que exhiben hachas de mano y escudos, a menudo con tornillos industriales a modo de bayonetas. Un veterano miembro de la judicatura local declaró que “un amplio puñado de entre ellos” han sido considerados los suficientemente peligrosos para entrar en las listas de vigilados por terrorismo. El FBI y el DHS no comentaron  este ni otros aspectos de la evaluación, diciendo que su fin no era el de hacerse públicos.

Hacia la primavera del año pasado los grupos anarquistas se fueron haciendo más agresivos, incluso con ataques armados hacia personas o pequeños grupos de lo que consideraban como enemigos. Los funcionarios federales lanzaron una investigación general con la ayuda de organismos de inteligencia, según las consideraciones del DHS y del FBI. El objetivo de esta investigación era determinar si los grupos anarquistas estadounidenses pudieran iniciar la comisión de atentados terroristas como su correligionarios de “movimientos extremistas anarquistas extranjeros” en Grecia, Italia o México, posiblemente en las convenciones de los Republicanos y Demócratas este verano.

http://www.politico.com/story/2017/09/01/antifa-charlottesville-violence-fbi-242235
Miembros de la organización comunista ‘Guardias Rojos’ se manifiestan armados en Austin (Texas)

En su página web, el grupo Redneck Revolt expone un significativo recorrido histórico de la palabra inglesa “redneck” que literalmente significa “cuello rojo”. En el siglo XIX llamaban así a los campesinos más pobres que tenían el cuello quemado por trabajar a pleno sol. A comienzos del siglo siguiente la palabra se convirtió en sinónimo de huelguista o insurrecto, normalmente mineros que se ponían un pañuelo rojo al cuello durante las protestas obreras. 
La organización tiene 30 secciones repartidas entre 20 Estados diferentes. Su sitio es https://www.redneckrevolt.org/

Sigue el hostigamiento contra los diplomáticos rusos en Estados Unidos

Trump ha dado un giro completo a sus promesas electorales de mejorar las relaciones diplomáticas con Rusia; ya no pueden ser peores porque Estados Unidos tensa la cuerda cada día un poco y ya ha llegado a un punto que roza lo grotesco.

Como ya informamos, el Departamento de Estado dio un plazo de tres días para cerrar varios edificios diplomáticos rusos en Estados Unidos. Al vencer el plazo, el FBI los registró aduciendo la posibilidad de que albergaran material explosivo.

Desde entonces el personal diplomático y consular sigue ocupando las mismas, aunque el FBI les ha ordenado desalojar porque quieren recomprar dichos edificios. Desde el cierre se vive así una extraña “convivencia” de los funcionarios rusos con sus familiares e hijos rodeados de policías por todas partes husmeando por los rincones y compartiendo las zonas comunes.

La última provocación es la siguiente: el servicio de control de la calidad del aire de San Francisco acusa a los diplomáticos rusos de haber incinerado residuos ilegalmente dentro del edificio consular.

Los expertos municipales dijeron el martes a la cadena de televisión CBS que la espesa humareda negra que salía de la chimenea del edificio viola las normas de incineración de residuos, por lo que han abierto un expediente sancionador contra los rusos, que pueden ser multados en una cuantía que no han precisado.

Traducido al lenguaje coloquial este esperpento quiere decir lo siguiente: es verdad que no hemos encontrado explosivos en las oficinas rusas, pero algo oscuro debía haber en su interior porque empezaron a quemar “residuos” precipitadamente para que no los encontráramos.

Desde hace siglos y hasta estos últimos tiempos, en el derecho internacional la inmunidad alcanza tanto a los diplomáticos, como a los edificios y a los objetos para evitar atropellos como los que ha cometido en este caso Estados Unidos, que han hecho como con todo lo demás: lo que les viene en gana.

La inmunidad comprende el secreto, por lo que los diplomáticos rusos estaban en su obligación de quemar cualquier material confidencial, y si a causa de ello montaron una hoguera dentro del edificio y si eso vulnera las leyes de Estados Unidos, es irrelevante: su actuación es inmune a la ley.

Naturalmente en la Casa Blanca hasta el más tonto sabe estas cosas, por lo que esta caza de brujas es otro “show” orquestado para consumo de las cadenas de televisión, la prensa, la radio y las tertulias.

El FBI asalta tres edificios consulares rusos en busca de explosivos

Lo había advertido hace unos días Maria Zajarova, portavoz del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores: la policía de Estados Unidos se disponía a registrar los edificios consulares rusos, un hecho sin precedentes sin previa declaración de guerra.

El asalto se ha producido en San Francisco, Washington y Nueva York, donde el FBI ha tomado posesión de otros tantos edificios que, con excepción del de Nueva York, que es alquilado, son propiedad de Rusia, desde los viejos tiempos de la URSS.

En Estados Unidos prosigue, pues, la histeria antirusa y Trump demuestra que no se detiene ante nada. Antes del asalto la Casa Blanca dio un plazo de tres días para que Rusia procediera al cierre a los tres consulados y los funcionarios apenas tuvieron tiempo de hacer la mudanza.

La orden de cierre significaba que los edificios perdían su inviolabilidad diplomática y, además, que Rusia no podría hacer uso de ellos en lo sucesivo para otros fines, al margen de los consulares.

A Estados Unidos la legislación internacional le importa un bledo y la interna también, porque el FBI tampoco tenía una orden judicial de entrada y registro, es decir, que se trata de un acto de pillaje “por la cara” en el que incluso han sido las viviendas privadas de los funcionarios diplomáticos y consulares, los conductos de ventilación, los tejados, los desagües…

Oficialmente el FBI buscaba explosivos. Es como decir que los diplomáticos rusos acreditados en Estados Unidos son unos terroristas. La falta de noticias sobre el allanamiento pone de manifesto que el registro fue negativo: no había ni explosivos ni nada. Pero los del FBI siguen ocupando los edificios y en la Secretaría de Estado en Washington dicen que quieren recomprar los edificios. Lo que no se sabe es si los rusos quieren venderlos…

Tan llamativa como la falta de noticias es la ausencia de reacciones internacionales. Alguien pretende que la diplomacia se degrade, posiblemente porque ya no es necesaria. ¿Quieren poner las armas en el primer plano?

Estados Unidos equipa a la policía con material militar

Trump se dispone a aprobar la venta de equipamiento militar -incluyendo rifles y vehículos blindados- a las fuerzas policiales, prohibida por su predecesor Obama, según anunció ayer el fiscal general, Jeff Sessions, en la convención nacional de la Orden Fraternal de la Policía en Nashville, Tennessee.

El nuevo gobierno ha decidido recuperar el programa por el que se proveía a los departamentos de policía local con equipamiento militar, como armas de alto calibre y lanzagranadas. “Estoy aquí para anunciar que el presidente Trump emitirá una orden ejecutiva que hará más fácil protegerlos a ustedes y a sus comunidades”, afirmó Sessions en la ceremonia.

Obama emitió una orden ejecutiva en 2015 que limitó severamente el programa de excedentes, en parte tras la indignación pública por el uso de equipo militar durante las protestas en Ferguson, Misuri, tras la muerte del joven negro Michael Brown, de 18 años, a manos de un policía.

“Va a rescindir las restricciones del gobierno anterior que limitaban la posibilidad de que sus agencias obtengan equipo a través de programas federales, incluyendo equipos que salvan vidas, como chalecos, cascos y equipos de primeros auxilios y rescate como los que están usando en Texas ahora mismo”, dijo el fiscal general en referencia a las labores de rescate tras el huracán Harvey.

La excusa es económica: reciclar material militar obsoleto. Según detalló Sessions, algunos de estos programas han reciclado “más de 5.400 millones de dólares en equipo nuevo y usado que ya habían sido pagados por los contribuyentes” y permitieron que se usaran en la represión interna.


“Equipos como helicópteros y vehículos blindados también son de vital importancia para los esfuerzos de emergencia y respuesta a desastres”, agregó.

Los grupos de presión policiales quieren que Trump cumpla con su promesa de poner de nuevo los equipos a disposición de los departamentos de policía locales y estatales, muchos de los cuales los consideran necesarios para asegurar la represión policial indiscriminada que caracteriza a Estados Unidos.

Al principio se justificó por la “lucha contra las drogas”, autorizando el Congreso al Pentágono en 1990 a entregar equipos excedentes a la policía. Luego la supuesta “lucha contra el terrorismo” cumplió el mismo fin legitimador.

El enemigo será la propia población y el campo de batalla las calles. Grupos de todo el espectro político han expresado su preocupación por la militarización, argumentando que el equipo fomenta e intensifica los enfrentamientos violentos con la policía.

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