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Los secuestradores del 11-S fueron reclutados por la CIA

Un documento judicial hecho público recientemente plantea serias dudas sobre la relación entre la Estación Alec, una unidad de la CIA creada para localizar al dirigente de Al Qaeda, Osama bin Laden, y sus asociados, y dos secuestradores del 11-S antes de los atentados, que fue ocultada al más alto nivel del FBI.

El documento es una declaración de 21 páginas de Don Canestraro, investigador principal de la Oficina de Comisiones Militares, el órgano jurídico que supervisa los casos de los acusados del 11-S. Resume información clasificada publicada por el gobierno y entrevistas privadas que realizó con altos cargos anónimos de la CIA y el FBI. Muchos de los agentes que hablaron con Canestraro dirigieron la Operación Encore, la prolongada y abortada investigación del FBI sobre los vínculos del gobierno saudí con el 11-S.

A pesar de realizar numerosas entrevistas a una serie de testigos, producir cientos de páginas de pruebas, investigar formalmente a varios funcionarios saudíes y reunir un gran jurado para investigar una red de apoyo a los secuestradores con sede en Estados Unidos y dirigida por Riad, la Operación Encore se detuvo abruptamente en 2016. Al parecer, esta decisión se debió a un conflicto bizantino en el seno del FBI sobre los métodos de investigación.

Cuando se publicó en 2021 en la lista pública de audiencias del FBI, cada parte del documento estaba redactada, excepto las palabras “sin clasificar”. Dado su explosivo contenido, no es difícil ver por qué: como concluyó la investigación de Canestraro, al menos dos secuestradores del 11-S habían sido reclutados, a sabiendas o no, como parte de una operación conjunta de inteligencia CIA-Saudí que podría haber salido mal.

En 1996 se creó la Estación Alec bajo los auspicios de la CIA. Se suponía que iba a ser un esfuerzo de investigación conjunto con el FBI. Sin embargo, los agentes del FBI asignados a la unidad pronto descubrieron que tenían prohibido pasar información a su sede sin autorización de la CIA, y que se enfrentarían a severas sanciones si lo hacían. Los intentos de compartir información con la unidad equivalente del FBI -la brigada I-49, con sede en Nueva York- fueron bloqueados en repetidas ocasiones.

A finales de 1999, cuando “el sistema parpadeaba en rojo” por la inminencia de un atentado terrorista a gran escala de Al Qaeda en Estados Unidos, la CIA y la NSA seguían de cerca a un “cuadro operativo” dentro de una célula de Al Qaeda que incluía a los ciudadanos saudíes Nawaf Al-Hazmi y Khalid Al-Mihdhar. Ambos secuestraron el vuelo 77 de American Airlines, que se estrelló contra el Pentágono el 11 de septiembre de 2001.

Al-Hazmi y Al-Midhar habían asistido a una cumbre de Al Qaeda celebrada del 5 al 8 de enero de 2000 en Kuala Lumpur (Malasia). La reunión fue fotografiada y filmada en secreto por las autoridades locales a petición de la Estación Alec, pero al parecer no se realizó ninguna grabación de audio. De camino, Mihdhar pasó por Dubai, donde agentes de la CIA irrumpieron en su habitación de hotel y fotocopiaron su pasaporte. Esto reveló que tenía un visado de entrada múltiple para Estados Unidos.

Un cable interno de la CIA de la época indica que esta información se transmitió inmediatamente al FBI “para que siguiera investigando”. De hecho, la Estación Alec no sólo no informó al FBI del visado estadounidense de Mihdhar, sino que prohibió específicamente a dos agentes del FBI asignados a la unidad que lo hicieran.

“Dije: ‘Tenemos que decírselo al FBI. Estos tipos son claramente malos […] tenemos que decírselo al FBI’. Y entonces [la CIA] me dijo: ‘No, éste no es el caso del FBI, ésta no es la jurisdicción del FBI’”, declaró Mark Rossini, uno de los agentes del FBI en cuestión. “Si hubiéramos cogido el teléfono y llamado al FBI, habría infringido la ley. Me habrían expulsado del edificio el mismo día. Me habrían suspendido las autorizaciones y me habría marchado”.

La conexión con el espionaje saudí

El 15 de enero Hazmi y Mihdhar entraron en Estados Unidos por el aeropuerto internacional de Los Ángeles, pocas semanas después del fracaso del Proyecto Millennium. Omar Al-Bayoumi, un “funcionario en la sombra” del gobierno saudí, les recibió inmediatamente en un restaurante del aeropuerto. Tras una breve conversación, les ayudó a encontrar un piso cerca del suyo en San Diego, cofirmó su contrato de alquiler, abrió cuentas bancarias y les dio 1.500 dólares para pagar el alquiler. Los tres mantuvieron numerosos contactos posteriormente.

En entrevistas con investigadores de la Operación Encore años después, Bayoumi afirmó que su encuentro con los dos aspirantes a secuestradores fue una mera coincidencia. Su extraordinario apoyo práctico y financiero fue, dijo, simplemente caritativo y motivado por su simpatía hacia los dos hombres, que apenas hablaban inglés y no estaban familiarizados con la cultura occidental.

El FBI no estuvo de acuerdo y concluyó que Bayoumi era un espía saudí que trataba con varios operativos de Al Qaeda en Estados Unidos. También estimó que había un “50/50 de probabilidades” de que este espía -y por extensión Riad- tuviera un conocimiento previo detallado de los atentados del 11 de septiembre.

Este notable descubrimiento no se hizo público hasta 20 años después, cuando se desclasificaron una serie de documentos de la Operación Encore a instancias del gobierno de Biden, y fue completamente ignorado por los principales medios de comunicación. La declaración de Don Canestraro revela ahora que los investigadores del FBI fueron aún más lejos en sus evaluaciones.

Un agente especial del FBI, identificado como CS-3 en el documento, dijo que el contacto de Bayoumi con los secuestradores y su posterior apoyo a los mismos “se llevó a cabo bajo la dirección de la CIA a través de la inteligencia saudí”. El objetivo explícito de la Estación Alec era “reclutar a Al-Hazmi y Al-Mihdhar mediante una relación de enlace”, con la ayuda de la Dirección de Inteligencia General de Riad.

Una unidad de la CIA de lo más singular

La misión oficial de la Estación Alec consistía en seguir la pista de Bin Laden, “reunir información sobre él, llevar a cabo operaciones contra él, desbaratar sus finanzas y advertir a los responsables políticos de sus actividades e intenciones”. Estas actividades implicaban naturalmente el reclutamiento de informadores dentro de Al Qaeda.

Sin embargo, como le dijeron a Canestraro varias fuentes de alto nivel, era extremadamente “inusual” que una entidad de este tipo se dedicara a reunir información de inteligencia y reclutar agentes. La unidad, con sede en Estados Unidos, estaba dirigida por analistas de la CIA, que normalmente no gestionan recursos humanos. Legalmente, este trabajo es competencia exclusiva de los oficiales de casos “entrenados en operaciones encubiertas” con base en el extranjero.

CS-10, oficial de casos de la CIA en la estación Alec, confirmó que Hazmi y Mihdhar tenían relación con la CIA a través de Bayoumi, y expresó su desconcierto por el hecho de que se hubiera encargado a la unidad que intentara penetrar en Al Qaeda en primer lugar. Creían que sería “prácticamente imposible […] desarrollar informadores dentro” del grupo, dado que la estación “virtual” tenía su sede en un sótano de Langley, “a varios miles de kilómetros de los países en los que se sospechaba que operaba Al Qaeda”.

CS-10 declaró asimismo que había “observado otras actividades inusuales” en la Estación Alec. Los analistas de la unidad estaban “dirigiendo las operaciones de los agentes de casos sobre el terreno enviándoles cables en los que se les ordenaba realizar una tarea específica”, lo que constituía “una violación de los procedimientos de la CIA”. Los analistas “normalmente no tenían autoridad para ordenar a un agente que hiciera nada”.

CS-11, un especialista en operaciones de la CIA asignado a la Estación Alec, “en algún momento anterior al 11-S”, declaró que él también “observó actividades que parecían estar fuera del ámbito de los procedimientos normales de la CIA”. Los analistas de la unidad “eran en su mayoría reservados y no interactuaban frecuentemente” con los demás. Cuando se comunicaban entre sí a través de cables internos, también utilizaban alias operativos, lo que CS-11 calificó de peculiar, dado que no trabajaban encubiertos “y su empleo en la CIA no era información clasificada”.

La inusual cultura operativa de la unidad puede explicar algunas de las extrañas decisiones tomadas durante este período en relación con los informadores de Al Qaeda. A principios de 1998, cuando la CIA tenía la tarea de penetrar en el entorno islamista londinense, un informante conjunto del FBI y la CIA llamado Aukai Collins recibió una oferta sorprendente: el propio Bin Laden quería que viajara a Afganistán para que pudieran reunirse.

Collins transmitió la petición a sus superiores. Mientras que el FBI estaba a favor de infiltrarse en la base de Al Qaeda, su superior de la CIA rechazó la idea, afirmando que “no había forma de que Estados Unidos aprobara la presencia de un agente estadounidense encubierto en los campamentos de Bin Laden”.

Del mismo modo, en junio de 2001, analistas de la CIA y del FBI de la Estación Alec se reunieron con altos cargos del FBI, incluidos representantes de su propia unidad de Al Qaeda. La CIA difundió tres fotos de personas que habían asistido a la reunión de Kuala Lumpur 18 meses antes, entre ellas Hazmi y Mihdhar. Sin embargo, como recordó un agente antiterrorista del FBI cuyo nombre en clave era CS-15, no se revelaron las fechas de las fotos ni detalles clave sobre las figuras que aparecían en ellas. En su lugar, los analistas se limitaron a preguntar si el FBI “conocía la identidad de las personas que aparecían en las fotos”.

Otro funcionario del FBI presente, CS-12, ofrece un relato aún más condenatorio. Los analistas de la Estación Alec no sólo no facilitaron información biográfica, sino que sugirieron falsamente que uno de los individuos podría ser Fahd Al-Quso, sospechoso del atentado contra el [buque] USS Cole. También se negaron rotundamente a responder a cualquier pregunta sobre las fotografías. No obstante, se confirmó que no existía ningún sistema para alertar al FBI si alguno de los tres individuos entraba en Estados Unidos, una “técnica de investigación estándar” para sospechosos de terrorismo.

Dado que Hazmi y Mihdhar parecían estar trabajando simultáneamente para la Estación Alec en algún puesto, es muy posible que la reunión de junio de 2001 fuera una farsa. No fue posible obtener ninguna información preguntando si la Oficina sabía quiénes eran sus agentes, aparte de averiguar si el equipo antiterrorista del FBI estaba al corriente de sus identidades, aspecto físico y presencia en Estados Unidos.

Una tapadera detrás de otra

Otra de las fuentes de Canestraro, un antiguo agente del FBI conocido como CS-23, dijo que después del 11-S, la sede del FBI y su oficina de campo de San Diego se enteraron rápidamente de “la afiliación de Bayoumi con la inteligencia saudí y, posteriormente, de la existencia de la operación de la CIA para reclutar” a Hazmi y Mihdhar.

Sin embargo, “altos funcionarios del FBI suprimieron las investigaciones” sobre estos asuntos. “El CS-23 afirma además que los agentes del FBI que testificaron ante la Comisión Mixta de Investigación del 11-S “recibieron instrucciones de no revelar el alcance de la implicación saudí en Al Qaeda.

La comunidad de inteligencia estadounidense habría tenido todos los motivos para proteger a Riad del escrutinio y de las consecuencias de su papel en los atentados del 11-S, ya que era uno de sus aliados más cercanos en aquel momento. Pero la entusiasta complicidad del FBI en el encubrimiento de la Estación Alec puede haber estado motivada por intereses propios, ya que uno de los suyos estuvo íntimamente implicado en los esfuerzos de la unidad por reclutar a Hazmi y Mihdhar, y por ocultar su presencia en Estados Unidos a las autoridades competentes.

CS-12, que asistió a la reunión de junio de 2001 con Estación Alec, dijo a Canestraro que había “seguido presionando a la sede del FBI para obtener más información sobre las personas que aparecían en las fotografías” durante el verano. El 23 de agosto se encontraron con una “comunicación electrónica” de la sede del FBI, que identificaba a Hazmi y Mihdhar e indicaba que se encontraban en Estados Unidos.

CS-12 se puso entonces en contacto con la analista del FBI de la Estación Alec que había realizado la comunicación. La conversación se volvió rápidamente “acalorada”, y la analista les ordenó que borraran la nota “inmediatamente”, ya que no estaban autorizados a verla. Aunque no se nombra en el comunicado, la analista del FBI en cuestión era Dina Corsi.

Al día siguiente, en una conferencia telefónica entre CS-12, Corsi y el jefe de la Unidad Bin Laden del FBI, “funcionarios de la sede central del FBI” pidieron explícitamente a CS-12 que “se retirara” y “dejara de buscar” a Mihdhar, ya que el FBI tenía la intención de abrir una “investigación de recopilación de inteligencia” sobre él. Al día siguiente, CS-12 envió un correo electrónico a Corsi en el que afirmaba sin rodeos que “alguien morirá” si Mihdhar no era procesado penalmente.

No es casualidad que dos días después, el 26 de agosto, la Estación Alec informara por fin al FBI de que Hazmi y Mihdhar se encontraban en Estados Unidos. Para entonces, los dos hombres se encontraban en las últimas fases de preparación de los inminentes atentados. Si se hubiera abierto una investigación criminal, podrían haber sido detenidos en seco. En lugar de ello, como habían anunciado los funcionarios en contacto con CS-12, se inició una investigación de los servicios de inteligencia, lo que obstaculizó las labores de búsqueda.

En los días siguientes a los atentados del 11 de septiembre, CS-12 y otros agentes del FBI con base en Nueva York participaron en otra conferencia telefónica con la sede central del FBI. Durante la conversación se enteraron de que los nombres de Hazmi y Mihdhar figuraban en el manifiesto del vuelo 77. Uno de los analistas en línea buscó los nombres de los dos hombres en “bases de datos comerciales” y rápidamente los encontró junto con sus direcciones particulares en la guía telefónica local de San Diego. Resultó que vivían con un informante del FBI.

CS-12 se puso rápidamente en contacto con Corsi “para obtener información sobre los secuestradores”. Corsi respondió proporcionando una fotografía de la misma operación de vigilancia que produjo las tres imágenes mostradas en la reunión de junio de 2001 entre la Estación Alec y agentes del FBI; en ellas aparecía Walid Bin Attash, uno de los principales sospechosos de los atentados con bomba perpetrados por Al Qaeda en 1998 contra la embajada estadounidense en África Oriental y el [buque] USS Cole.

Corsi no pudo explicar por qué la foto no se había mostrado antes a los agentes del FBI. De haberla mostrado, CS-12 afirma que habrían “establecido inmediatamente una conexión” entre Hazmi y Mihdhar y Bin Attash, lo que “habría convertido una investigación basada en inteligencia en una investigación criminal”. La oficina del FBI en Nueva York habría podido entonces dedicar todos sus recursos a la búsqueda de los secuestradores antes del fatídico día del 11 de septiembre de 2001.

Los agentes de la Estación Alec son recompensados

Los incansables esfuerzos de la Estación Alec por proteger a sus activos de Al Qaeda plantean la pregunta obvia de si Hazmi y Mihdhar, y tal vez otros secuestradores, trabajaban de hecho para la CIA el día del 11-S.

Puede que nunca conozcamos los verdaderos motivos de la obstrucción de la CIA. Pero está muy claro que la Estación Alec no quería que el FBI se enterara de sus operaciones encubiertas de inteligencia ni que interfiriera en ellas. Si el reclutamiento de Hazmi y Mihdhar por parte de la unidad fue puramente para recabar información, y no para dirigir operaciones, es incomprensible que el FBI no estuviera informado y que estuviera activamente desorientado.

Varias fuentes del FBI consultadas por Canestraro especularon con la posibilidad de que la desesperación de la CIA por penetrar en Al Qaeda la impulsara a conceder a la Estación Alec autoridad para reclutar agentes y a presionarla para que lo hiciera. Pero si realmente fue así, ¿por qué Langley se negó a enviar a Aukai Collins -un agente encubierto en varias bandas islamistas- para penetrar en la red de Bin Laden en Afganistán?

Otra posible explicación es que la Estación Alec, un poderoso e irresponsable equipo disidente de la CIA, trató de infiltrarse en el grupo terrorista para sus propios fines siniestros, sin la autorización y supervisión que Langley suele exigir en tales circunstancias. Dado que Collins era un activo compartido con el FBI, no se podía confiar en que participara en una operación negra tan delicada.

Nadie en la Estación Alec fue castigado en modo alguno por los supuestos “fallos de inteligencia” que permitieron que se produjeran los atentados del 11 de septiembre. De hecho, fueron recompensados. Richard Blee, jefe de la unidad en el momento de los atentados, y su sucesora Alfreda Frances Bikowsky, se incorporaron a la división de operaciones de la CIA y se convirtieron en figuras muy influyentes en la llamada guerra contra el terrorismo. Corsi, por su parte, fue ascendida al FBI, donde llegó a alcanzar el rango de Subdirectora Adjunta de Inteligencia.

En un giro perverso, el informe del Comité de Inteligencia del Senado sobre el programa de torturas de la CIA reveló que Bikowsky había sido una pieza clave en las maquinaciones de la agencia en los sitios negros y una de sus principales apologistas públicas. Cada vez está más claro que el objetivo específico del programa era obtener falsos testimonios de sospechosos para justificar y ampliar la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo.

La comprensión pública de los atentados del 11-S está muy influida por los testimonios de las víctimas de la tortura de la CIA, prestados bajo la coacción más extrema imaginable. Y Bikowsky, una veterana de Alec que cubrió al menos a dos posibles secuestradores del 11-S, ha recibido el encargo de interrogar a los presuntos autores.

Aukai Collins, un veterano agente encubierto del FBI, concluyó sus memorias con una escalofriante reflexión que sólo se vio reforzada por la declaración bomba de Don Canestraro: “Empecé a sospechar que el nombre de Bin Laden se mencionaba literalmente horas después del atentado […] Me volví muy escéptico respecto a todo lo que la gente decía sobre lo que había ocurrido o quién lo había hecho. Me acordé de cuando aún trabajaba para ellos y tuvimos la oportunidad de entrar en el campamento de Bin Laden. Algo no olía bien […] A día de hoy, no sé quién estuvo detrás del 11-S, y ni siquiera puedo adivinarlo […] Algún día se sabrá la verdad, y tengo la sensación de que a la gente no le gustará lo que oiga”.

—Kit Klarenberg https://thegrayzone.com/2023/04/18/9-11-hijackers-cia-recruits/

¿Existe una empresa rusa de mercenarios llamada Wagner?

Los revolucionarios siempre se han opuesto a los mercenarios e incluso a los ejércitos exclusivamente profesionales. Un ejército revolucionario se basa en el pueblo en armas que, en suma, es quien debe defender a su país.

No obstante, hoy los ejércitos no sólo garantizan la independencia de los países, según una concepción tradicional. No sólo se asientan en las fronteras o en las costas, sino en algo inmaterial, como la “seguridad”, un principio moderno, difuso, que se extiende por donde quiera que las empresas de dicho país tengan intereses, incluido el extranjero.

Cuando se defienden intereses privados a lo largo de todo el orbe, la seguridad es un negocio que, finalmente, acaba en manos de empresas de la misma factura, es decir, privadas. No hay nada más capitalista que convertir algo tan volátil como la “seguridad” en un mercado y, muy especialmente, en el mercado mundial.

Así han aparecido las empresas privadas de seguridad, como Wagner, que es quizá la menos privada de ellas. En realidad, Wagner no es nada distinto del propio ejército ruso, como la guerra de Ucrania está poniendo de manifiesto. Según la revista Foreign Policy, no existe ningún Grupo Wagner, no hay ninguna empresa registrada con ese nombre que, más bien, describe una red “estrechamente vinculada al aparato de seguridad ruso” (1).

En Rusia no pueden existir oficialmente empresas privadas de seguridad porque lo prohíbe la Constitución. Los asuntos de seguridad y defensa son competencia exclusiva del Estado y, según el Código Penal, servir como mercenario es un delito. Sin embargo, las empresas públicas pueden tener fuerzas armadas y fundaciones de seguridad privadas.

En Rusia existía una empresa privada de seguridad, Moran Security Group, que estaba contratada por el gobierno sirio para acabar con los yihadistas casi desde el principio de la guerra. La empresa fracasó en la tarea y dos de sus miembros crearon otra, Slavonic Corps, en Hong Kong en 2013.

Su primera misión consistió en ayudar al ejército sirio a recuperar las pozos petrolíferos, pero la logística dependía del gobierno sirio y recibió un armamento anticuado y en cantidad insuficiente. Su primera misión de combate en Siria terminó con una derrota cerca de Deir Ezzor. Los supervivientes fueron transportados de vuelta a Rusia y la empresa se disolvió.

Wagner fue el tercer intento. Recibió su nombre del apodo del oficial de las fuerzas especiales rusas que comenzó dirigiendo militarmente a la unidad, Dmitry Utkin, teniente coronel del GRU, el servicio de inteligencia militar ruso, y veterano de la Guerra de Chechenia. Luego estuvo en Moran y en Slavonic, hasta que en Siria pasó a Wagner antes del inicio formal de la intervención oficial del ejército ruso en la guerra (setiembre de 2015).

En 2016 el coronel Utkin fue condecorado públicamente durante una recepción en el Kremlin. Operaba bajo el mando del director del GRU, Nikolay Makarov, que en 2010 defendió públicamente la necesidad de recurrir a empresas privadas “para misiones delicadas en el extranjero” (2).

Actualmente el dirigente militar de Wagner es Anton Yelizarov, alias Lotus (3), también miembro de las fuerzas especiales, con una amplia experiencia en Siria, donde fue herido, así como instructor en la República Centroafricana y comandante de las tropas rusas que operaban en Libia.

Lotus se graduó en varias academias militares rusas en la década de los noventa, entre ellas la escuela de paracaidistas de élite vinculadas al GRU. Encabezó la captura de Soledar y actualmente dirige a las tropas de Wagner en la batalla de Bajmut.

Los oficiales de Wagner son de esa misma escuela, transferidos del ejército regular para ejercer como fuerzas de choque. La base de Wagner está en Molkino, en la región Krasnodar, y es la misma que utiliza la 10 Brigada Especial del GRU. La diferencia más importante es que el cuadro de mandos de Wagner depende directamente del Kremlin.

A partir de aquí la nebulosa es la misma que en cualquier otro servicio de inteligencia, cuyas operaciones son encubiertas por definición. En Estados Unidos lo llaman “negación plausible”. Las acciones encubiertas no existen y quienes las ejecutan nunca llevan uniforme, e incluso son anónimos. Antes se camuflaban con tropas de voluntarios y a veces de asesores que participaban en guerras exteriores después de darse de baja oficialmente de sus ejércitos respectivos.

En última instancia, Wagner le permite al Kremlin tirar balones fuera, desentendiéndose de unas tropas que son como los trabajadores de cualquier empresa privada: sus acciones no pueden comprometer al Estado.

Lo explicó Putin en la Duma en abril de 2012, olvidándose de la Constitución: las empresas militares privadas permiten el logro de objetivos sin la implicación directa del Estado. Dichas empresas podrían proporcionar protección a instalaciones importantes, así como la formación de personal militar extranjero en el extranjero.

Wagner es el taparrabos del GRU.

(1) https://foreignpolicy.com/2021/07/06/what-is-wagner-group-russia-mercenaries-military-contractor/
(2) https://www.fpri.org/wp-content/uploads/2019/12/rfp4-borshchevskaya-final.pdf
(3) https://www.bitchute.com/video/OtfuPlcRGqRr/

El espionaje occidental se ha convertido en una herramienta para falsificar la realidad

Larry Johnson, ex analista de la CIA, escribe: “Ya no tengo autorizaciones y no he tenido acceso a las evaluaciones de inteligencia clasificadas. Sin embargo, he oído que la inteligencia final que se suministra a los responsables políticos estadounidenses sigue declarando que Rusia está contra las cuerdas, y que su economía se está desmoronando. Además, los analistas insisten en que los ucranianos están derrotando a los rusos”.

Johnson responde que, a falta de fuentes humanas válidas, “las agencias occidentales dependen hoy casi totalmente de los ‘informes de enlace’ (es decir, de servicios de inteligencia extranjeros ‘amigos’), sin hacer la ‘diligencia debida’ cotejando las discrepancias con otros informes”. En la práctica, esto significa en gran medida que los informes occidentales se limitan a reproducir la línea del departamento de relaciones públicas de Kiev. Sin embargo, existe un gran problema a la hora de contrastar la información de Kiev, como dice Johnson, con los informes de Reino Unido para corroborarla.

La realidad es que la propia información británica también se basa en lo que dice Ucrania. Esto se conoce como un falso colateral, es decir, cuando lo que se utiliza para corroborar y validar procede en realidad de la misma fuente. Se convierte -deliberadamente- en un multiplicador de la propaganda.

Sin embargo, en términos sencillos, todos estos puntos son “pistas falsas”. En pocas palabras, la llamada “inteligencia” occidental ya no es un intento sincero de comprender una realidad compleja, sino que se ha convertido en una herramienta para falsificar una realidad matizada con el fin de manipular la psique rusa hacia un derrotismo colectivo (no sólo con respecto a Ucrania, sino también a la idea de que Rusia debe permanecer como entidad soberana).

Y en la medida en que las “mentiras” se fabrican para acostumbrar al público ruso a una derrota inevitable, la arista opuesta pretende claramente entrenar al público occidental hacia el “pensamiento de grupo” de que la victoria es inevitable. Y que Rusia es un “Imperio del mal no reformado” que amenaza a toda Europa.

La desorientación mental creada durante la pandemia

Esto no es casual. Es intencional. Es sicología de la conducta en acción. La desorientación mental creada durante la pandemia del “covid”, la lluvia constante de análisis de modelos basados en datos, el etiquetado de cualquier crítica al “mensaje uniforme” como desinformación antisocial, permitieron a los gobiernos occidentales persuadir a sus ciudadanos de que el confinamiento era la única respuesta racional al virus. No era cierto, como ahora sabemos, pero el ensayo “piloto” de sicología conductual funcionó mejor, incluso mejor de lo que sus propios arquitectos habían imaginado.

El catedrático de Psicología Clínica Mattias Desmet ha explicado que la desorientación de las masas no se forma en el vacío. Surge, a lo largo de la historia, de una sicosis colectiva que ha seguido un guión predecible:

“Al igual que con el confinamiento, los gobiernos han utilizado la sicología del comportamiento para infundir miedo y aislamiento con el fin de agrupar a grandes grupos de personas en rebaños, donde el desprecio tóxico hacia cualquier contrariedad desplaza todo pensamiento o análisis crítico. Es más cómodo estar dentro del rebaño que fuera. La característica dominante aquí es permanecer leal al grupo, incluso cuando la política funciona mal y sus consecuencias perturban la conciencia de los miembros. La lealtad al grupo se convierte en la forma más elevada de moralidad. Esa lealtad exige que cada miembro evite plantear cuestiones controvertidas, cuestionar argumentos débiles o poner freno a las ilusiones”.

El “pensamiento de grupo” permite que una realidad imaginada por uno mismo se desprenda, se aleje cada vez más de cualquier conexión con la realidad y, a continuación, se convierta en un delirio, siempre recurriendo a animadores afines para su validación y radicalización ampliada.

Así pues, ¡adiós a la inteligencia tradicional! Y bienvenidos a la inteligencia occidental 101: la geopolítica ya no gira en torno a la comprensión de la realidad. Se trata de la instalación del seudorealismo ideológico, que es la instalación universal de un pensamiento de grupo singular, de tal manera que todo el mundo lo vive pasivamente, hasta que es demasiado tarde para cambiar de rumbo.

Superficialmente, esto puede parecer una nueva e inteligente operación sicológica, incluso “guay”. Pero no lo es. Es peligroso. Al trabajar deliberadamente sobre miedos y traumas profundamente arraigados (por ejemplo, la Gran Guerra Patria para los rusos (II Guerra Mundial), despierta un tipo de sufrimiento existencial multigeneracional dentro del inconsciente colectivo -el de la aniquilación total- que es un peligro al que Estados Unidos nunca se ha enfrentado, y hacia el que existe una nula comprensión empática estadounidense.

Tal vez, al resucitar largos recuerdos colectivos de la peste en los países europeos (como Italia), los gobiernos occidentales han descubierto que eran capaces de movilizar a sus ciudadanos en torno a una política de coerción, que de otro modo iría totalmente en contra de sus propios intereses. Pero los países tienen sus propios mitos y costumbres civilizatorias.

Si ése era el propósito (aclimatar a los rusos a la derrota y a la balcanización final), la propaganda occidental no sólo ha fracasado, sino que ha conseguido lo contrario. Los rusos se han unido estrechamente contra una amenaza existencial occidental, y están dispuestos a “ir hasta las últimas consecuencias”, si es necesario, para derrotarla. Dejemos que estas implicaciones calen hondo.

Por otro lado, promover falsamente una imagen de éxito inevitable para Occidente ha aumentado inevitablemente las expectativas de un resultado político que no sólo no es factible, sino que se aleja cada vez más en el lejano horizonte, a medida que estas afirmaciones fantásticas de retrocesos rusos persuaden a los dirigentes europeos de que Rusia puede aceptar un resultado acorde con su falsa realidad construida.

Ahora la tarea es desactivar las informaciones falsas

Otro “gol en propia meta”: Occidente se enfrenta ahora a la tarea de desactivar la mina terrestre de la convicción de su propio electorado de una “victoria” ucraniana, y de la humillación y descomposición rusas. Después vendrá la ira y una mayor desconfianza hacia las élites occidentales. El riesgo existencial sobreviene cuando la gente no cree nada de lo que dicen las élites. Dicho sin rodeos, este recurso a ingeniosas “teorías del empujón” sólo ha conseguido intoxicar la perspectiva del discurso político. Ni Estados Unidos ni Rusia pueden ahora pasar directamente al discurso político puro:

En primer lugar, las partes deben llegar inevitablemente a una asimilación sicológica tácita de dos realidades bastante desconectadas, ahora convertidas en seres palpables y vitales mediante estas técnicas de “inteligencia” sicológica. No habrá aceptación por ninguna de las partes de la validez o corrección moral de la Otra Realidad, pero sus contenidos emotivos deben ser reconocidos psíquicamente -junto con los traumas subyacentes- si se quiere desbloquear la política.

En resumen, es probable que esta exagerada “psyops” occidental alargue perversamente la guerra hasta que los hechos sobre el terreno acaben por acercar las expectativas contrapuestas a lo que puede ser una “nueva posibilidad”. En última instancia, cuando las realidades percibidas no pueden “igualarse” y matizarse, la guerra restriega una u otra de forma más emoliente.

La politización de la inteligencia

La degeneración de la inteligencia occidental no empezó con la reciente “excitación” colectiva ante las posibilidades de la “sicología del empujón”. Los primeros pasos en esta dirección comenzaron con un cambio en el ethos que se remonta a la era Clinton/Thatcher en la que los servicios de inteligencia fueron “neoliberalizados”. Ya no se valoraba el papel de “abogado del diablo”, de llevar las “malas noticias” (es decir, el realismo duro) a los dirigentes políticos pertinentes; en su lugar, lo que se introdujo fue un cambio radical hacia la práctica de la “escuela de negocios”, en la que se encomendaba a los servicios la tarea de “añadir valor” a las políticas gubernamentales existentes, e (incluso) ¡de crear un sistema de “mercado” en la inteligencia!

Los políticos-gestores exigían “buenas noticias”. Y para que “se mantuvieran”, la financiación se vinculó al “valor añadido”, y los administradores expertos en la gestión de la burocracia pasaron a ocupar puestos directivos. Esto marcó el fin de la inteligencia clásica, que siempre fue un arte más que una ciencia.

En resumen, fue el comienzo de la fijación de la inteligencia en torno a las políticas (para añadir valor), en lugar de la función tradicional de dar forma a las políticas para un análisis sólido.

En Estados Unidos la politización de la inteligencia alcanzó su punto álgido con la creación por Dick Cheney de una unidad de inteligencia del Equipo B que le rendía cuentas personalmente. Su objetivo era proporcionar antiinteligencia para combatir los resultados de los servicios de inteligencia. Por supuesto, la iniciativa del Equipo B sacudió la confianza entre los analistas y pasó por alto el trabajo de los cuadros tradicionales, tal y como Cheney pretendía. Tenía una guerra, la de Irak, que justificar.

Pero hubo por separado otros cambios estructurales. En primer lugar, en el año 2000, el narcisismo había empezado a eclipsar el pensamiento estratégico, creando su propio pensamiento de grupo. Occidente no podía quitarse de encima la sensación de ser el centro del Universo (aunque ya no en un sentido racial, sino a través de su despertar a la “política victimista” -que exige interminables compensaciones y resarcimientos- y esos valores despiertos parecieron ungir a Occidente con una renovada “primacía moral” global).

En un cambio paralelo, los neoconservadores estadounidenses se apoyaron en este nuevo universalismo “woke” para cimentar el meme de que “el imperio importa primordialmente”. El corolario tácito de esto, por supuesto, es que los valores originales de la República Americana o de Europa no pueden volver a concebirse y traerse al presente, mientras el pensamiento grupal liberal del imperio los configure como una amenaza para la seguridad occidental. Este enigma y esta lucha constituyen el núcleo de la política estadounidense actual.

La ola de falsedades de los ‘expertos’

Sin embargo, la pregunta sigue siendo cómo puede la inteligencia que se suministra a los responsables políticos de Estados Unidos insistir en que Rusia está implosionando económicamente, y que Ucrania está ganando, en contra de lo que se puede observar fácilmente en los hechos sobre el terreno.

Bueno, no hay problema; los “think tanks” de Washington tienen una gran financiación, muy grande, del Mundo Militar Industrial, con la preponderancia de estos fondos destinados a los neoconservadores, y su insistencia en que Rusia es una pequeña “gasolinera” que se hace pasar por un Estado, y no una potencia a ser tomada en serio.

Las garras de los neoconservadores arañan a cualquiera que contradiga su línea, y los “think tanks” emplean a un ejército de analistas para elaborar informes académicos que sugieren que la industria rusa -en la medida en que existe- está implosionando. Desde el pasado mes de marzo, los expertos militares y económicos occidentales han estado prediciendo como un reloj que Rusia se ha quedado sin misiles, aviones no tripulados, tanques y proyectiles de artillería, y que está gastando su mano de obra lanzando oleadas humanas de tropas sin entrenamiento sobre las líneas de asedio ucranianas.

La lógica es simple, pero de nuevo errónea. Si una OTAN combinada lucha por suministrar proyectiles de artillería, Rusia, con una economía del tamaño de un pequeño Estado de la Unión Europea, lógicamente, debe estar en peor situación. Y si sólo nosotros Estados Unidos amenazamos a China lo suficientemente fuerte como para que no suministre a Rusia, entonces esta última acabará por quedarse sin municiones, y Ucrania, apoyada por la OTAN, ganará.

La lógica entonces es que una guerra prolongada (hasta que se acabe el dinero) debe dar como resultado una Rusia desprovista de municiones, y la Ucrania abastecida por la OTAN ganará.

Este planteamiento es totalmente erróneo debido a las diferencias conceptuales: la historia rusa es la de una Guerra Total que se libra en un largo enfrentamiento “sin cuartel” y sin concesiones contra una fuerza similar abrumadora. Pero lo que es inherente a esta idea es la convicción de que este tipo de guerras se libran a lo largo de los años y sus resultados están condicionados por la capacidad de aumentar la producción militar.

Desde el punto de vista conceptual, Estados Unidos abandonó en la década de 1980 su paradigma militar-industrial de posguerra para trasladar la fabricación a Asia y utilizar líneas de suministro “just-in-time”. Efectivamente, Estados Unidos y Occidente cambiaron en la dirección opuesta hacia la “capacidad de reacción”, mientras que Rusia no lo hizo: mantuvo viva la noción de sostenimiento que había contribuido a salvar a Rusia durante la Gran Guerra Patria.

Entonces, ¿los servicios de inteligencia occidentales volvieron a equivocarse, malinterpretaron la realidad? No, no se equivocaron. Su objetivo era otro. Los pocos que acertaron fueron caricaturizados sin piedad como chiflados para que parecieran absurdos. Y la inteligencia 101 se volvió a concebir como el negacionismo intencionado de todo pensamiento fuera del equipo, mientras que la mayoría de los ciudadanos occidentales vivirían pasivamente abrazados al pensamiento de grupo, hasta que fuera demasiado tarde para que despertaran y cambiaran el peligroso rumbo en el que se habían embarcado sus sociedades.

Por lo tanto, los informes ucranianos no verificados (informes de enlace) que se sirven a los dirigentes occidentales no son un “fallo”, sino una “característica” del nuevo paradigma de inteligencia 101 destinado a confundir y embotar a su electorado.

—https://strategic-culture.org/news/2023/03/06/how-could-western-intelligence-have-got-it-wrong-again-they-didnt-they-had-other-purposes/

Nuevas acusaciones de piratería informática contra empresas israelíes

La semana pasada Microsoft y Citizen Lab, un organismo de vigilancia de internet, afirmaron que las herramientas de piratería informática de una empresa israelí se han utilizado contra periodistas, figuras de la oposición y organizaciones de defensa de los derechos en al menos diez países, entre ellos Estados Unidos y Europa (*).

La aplicación de vigilancia desarrollada por la empresa israelí QuaDream pirateó los móviles de personas pertenecientes a sociedades civiles.

Citizen Lab ha podido identificar a un puñado de víctimas de la sociedad civil cuyos móviles habían sido pirateados utilizando la aplicación.

QuaDream es un competidor de perfil más bajo de la empresa israelí de programas espía NSO Group, que ha sido incluida en la lista negra del gobierno estadounidense.

Al mismo tiempo, en su informe Microsoft asegura que la aplicación de espionaje estaba vinculada a QuaDream. En un comunicado, una directora de Microsoft, Amy Hogan-Burney, afirmó que las empresas de piratería informática, como QuaDream, prosperan en la sombra y que sacarlos a la luz pública es esencial para poner fin a la piratería.

El año pasado Reuters informó que QuaDream había desarrollado una herramienta de piratería sin necesidad de interacción similar a los programas desplegados por NSO Group. Este tipo de herramientas de vigilancia, conocidas como “zero click”, son especialmente apreciadas los policías y espías, ya que pueden comprometer dispositivos de forma remota sin que el propietario tenga que abrir un enlace o descargar un archivo adjunto contaminado.

Quadream es una empresa israelí de tecnología de vigilancia fundada en 2014 por un colectivo que incluye a dos antiguos empleados de NSO Group, Guy Geva y Nimrod Reznik. El correo electrónico de la abogada israelí Vibeke Dank figura en el formulario de registro de la empresa.

(*) http://citizenlab.ca/2023/04/spyware-vendor-quadream-exploits-victims-customers/

Dinamarca espió a los dirigentes europeos por encargo de Estados Unidos

Un antiguo ministro de Defensa danés, Claus Hjort Frederiksen, denuncia que su país espiaba a dirigentes europeos para Estados Unidos y le acusan de revelar secretos de Estado.

En varias entrevistas concedidasn en 2020 y 2021, Fredriksen afirmó que los servicios secretos de su país habían ayudado a Estados Unidos a espiar a varios dirigentes europeos durante años.

El antiguo ministro, de 75 años, puede acabar en el banquillo de los acusados por revelación de secretos con una petición de 12 años de cárcel (*). Fue miembro del Partido Liberal y ministro de Defensa entre 2016 y 2019. Lleva fuera del gobierno desde noviembre.

En octubre de 2013 el diario británico The Guardian reveló el escándalo de las escuchas telefónicas secretas de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Los teléfonos móviles de nada menos que 35 dirigentes mundiales fueron vigilados por los estadounidenses. En una entrevista de 2020, Fredriksen destapó que los servicios de inteligencia daneses habían desempeñado un papel activo a escala europea en esas operaciones de espionaje.

Poco después, en mayo de 2021, la cadena de televisión Danemarks Radio comenzó a investigar. Denominada “Operación Dunhammer”, las investigaciones periodísticas confirmaron la existencia de un acuerdo secreto entre los dos servicios de inteligencia respectivos. Ahora se ha establecido que entre 2012 y 2014, al menos, Washington utilizó la red de cable submarino de Dinamarca para escuchar a los jefes de Estado de cuatro países europeos vecinos (Alemania, Suecia, Noruega y Francia).

En diciembre de 2021, al ser preguntado de nuevo por los medios de comunicación, Fredriksen aseguró que el acuerdo sobre el uso de los cables fue alcanzado a finales de la década de los noventa por el presidente estadounidense Bill Clinton y el primer ministro danés Poul Nyrup Rasmussen.

Cuando realizó esta entrevista, el político sabía a lo que se enfrentaba: “Seguramente me enfrente a una pena de cárcel por sostener estas acusaciones”, dijo. La semana pasada el Ministro de Justicia danés inició una querella en su contra por divulgar secretos de Estado. “Niego haber rebasado los límites de mi libertad de expresión como político, y no he revelado ningún supuesto secreto de Estado”, escribió en su cuenta de Facebook.

El año pasado, el gobierno intentó que le levantaran la inmunidad parlamentaria, sin éxito. Pero este año no se presentó a la reelección, “así que mi inmunidad parlamentaria ha expirado”, explicó en su cuenta. “El camino está libre para que el Ministro de Justicia me procese”.

La fiscalía ha solicitado que la vista se celebre a puerta cerrada. “El caso involucra información altamente confidencial que no puede hacerse pública”, dijo el fiscal Jakob Berger Nielsen en un comunicado. Aún no se ha fijado fecha para el juicio. Si es juzgado y declarado culpable, Frederiksen se puede enfrentar hasta 12 años de prisión.

(*) https://apnews.com/article/politics-denmark-49bac780e26f1ff348d6c417df4beea0

El próximo campo de batalla es el espacio

El próximo campo de batalla es el espacio. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos acaba de presentar los planes para el lanzamiento de prueba de dos satélites cazadores diseñados por empresas militares privadas (*).

Se trata de dispositivos capaces de rastrear una nave extranjera en órbita y recuperar información sobre ella. Los satélites han sido fabricados por la empresa True Anomaly y se espera que sean lanzados con un cohete SpaceX en octubre de este año. Los dos modelos Chacal pueden captar información cuando están lo suficientemente cerca de su objetivo. Pueden obtener datos sobre los sistemas de vigilancia o armamento del enemigo o interceptar comunicaciones.

La empresa afirma que su producto opera con seguridad a corta distancia para recoger imágenes multiespectrales, vídeo en movimiento y datos de observación métrica de cualquier objeto espacial residente en cualquier órbita. Se trata de una empresa emergente que recaudó 23 millones de dólares el año pasado.

Estados Unidos sigue gastando dinero en nuevas tecnologías de guerra, incluidas las tecnologías espaciales. Quiere ir un paso por delante. El año pasado intentó 78 lanzamientos gubernamentales, 72 de los cuales tuvieron éxito.

China realizó 64 lanzamientos, con 62 aparatos puestos en órbita. Rusia ocupa el tercer lugar, con 21 satélites lanzados. En el firmamento, Estados Unidos domina con diferencia todo el espacio que le rodea: de los 8.000 satélites que hay en el aire, más de 3.500 pertenecen a SpaceX, la empresa fundada por Elon Musk.

Dado que este servicio estaba originalmente destinado a profesionales, se convirtió en un blanco perfecto para el espionaje. Una vez lanzados los primeros Chacales, habrá auténticas persecuciones en órbita sobre nuestras cabezas.

Los satélites tienen importantes inconvenientes con respecto a los drones o los globos. El tiempo de observación está limitado por su trayectoria orbital y su altitud. Los drones y globos se desplazan más despacio. Tienen más tiempo para detectar objetivos en tierra.

Después de los satélites espaciales, los globos son los más utilizados y su empleo se remota a la Guerra Fría. Hoy Israel, por ejemplo, los utiliza paa vigilar cada rincón de Palestina y los vende a terceros países. Tienen 7 metros de diámetro y están inflados con inflados con helio. Pueden volar bajo, a unos 800 metros de altura, o también a 30 kilometros, como los chinos.

Pero la verdadera novedad no es el espionaje, sino la caza y destrucción de este tipo de aparatos, tanto satélites, como drones y globos.

(*) https://www.wired.com/story/true-anomaly-jackal-pursuit-satellites/

La campaña secreta de sabotajes de la CIA en Rusia

Planificada desde hace años, la campaña de sabotajes de la CIA ha provocado muchas de las explosiones inexplicables y otros incidentes que han asolado el complejo militar-industrial de Rusia desde el inicio de la guerra, según tres antiguos funcionarios de inteligencia estadounidenses, dos antiguos oficiales militares estadounidenses y una persona estadounidense que fue informada sobre la campaña (*).

Puentes ferroviarios, depósitos de combustible y centrales eléctricas de Rusia han sufrido daños en incidentes inexplicables desde febrero del año pasado.

Aunque no hay personal estadounidense sobre el terreno en Rusia para llevar a cabo estas misiones, oficiales paramilitares de la central dirigen y controlan las operaciones. Los oficiales paramilitares están asignados al Centro de Actividades Especiales de la CIA, pero en comisión de servicio en el Centro de Misiones Europeas de la central. El uso de un servicio de inteligencia aliado para dar a la CIA una capa adicional de negación plausible fue un factor clave en la decisión de Biden de aprobar los ataques.

Aunque el mando y control del programa de sabotaje corresponde a la CIA por razones legales, el aliado de la OTAN tiene voz y voto en las operaciones que se llevan a cabo, ya que sus hombres asumen los riesgos. Aunque no se nombra al aliado europeo cuyos agentes están llevando a cabo la campaña de sabotaje, ya que ello podría poner en peligro la seguridad de las células operativas en Rusia, se trata del MI6, el servicio de inteligencia británico.

Cualquier acción encubierta de las agencias estadounidenses debe ser autorizada por una declaración presidencial. Después de que la inteligencia de Estados Unidos concluyera que Rusia había interferido en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, Obama firmó dicha conclusión para una acción encubierta contra Rusia antes de dejar el cargo, según el Washington Post. El hallazgo implicaba a la Agencia de Seguridad Nacional y al Mando Cibernético del Ejército, además de a la CIA, e incluía un plan para instalar “armas cibernéticas en la infraestructura de Rusia”, según el Washington Post.

Ese hallazgo de 2016 también incluía lenguaje sobre operaciones de sabotaje. La actual campaña de sabotaje habría requerido una conclusión totalmente nueva o una enmienda a una conclusión preexistente sobre Rusia.

La Banda de los Ocho

La portavoz de la CIA, Tammy Thorp, negó cualquier implicación de la central en la oleada de misteriosas explosiones que sacudieron las infraestructuras de defensa y transporte de Rusia el año pasado. “La acusación de que la CIA está apoyando de alguna manera las redes de sabotaje en Rusia es categóricamente falsa”, dijo la portavoz. En virtud del Título 50 del Código de Estados Unidos, que autoriza las acciones encubiertas, la CIA puede negar legalmente la existencia de estas operaciones a todo el mundo excepto a la llamada “Banda de los Ocho”: los presidentes y los miembros minoritarios de mayor rango de los Comités de Inteligencia del Congreso, el Presidente y el dirigente de la minoría de la Cámara de Representantes, y los dirigentes de la mayoría y la minoría del Senado.

La campaña del MI6, supervisada por la CIA, es sólo una de las muchas operaciones encubiertas de países occidentales en Rusia. Alarmados por la ofensiva militar rusa, otros servicios de inteligencia europeos activaron redes de resistencia largo tiempo inactivas en sus propios países, que a su vez enviaron operativos a Rusia para sembrar el caos sin ayuda de la CIA. Además, la inteligencia ucraniana y las fuerzas de operaciones especiales están llevando a cabo sus propias operaciones detrás de las líneas rusas.

Las múltiples campañas de sabotaje están surtiendo efecto, según Mick Mulroy, antiguo oficial paramilitar de la CIA. “Su valor es considerable y sirve para múltiples propósitos”, afirmó. Rusia ha tenido grandes dificultades para mantener sus líneas de suministro logístico. Estos ataques complican aún más sus esfuerzos por abastecer a sus fuerzas.

Al negarse a atribuirse el mérito de los actos individuales de sabotaje cometidos por el servicio de espionaje europeo dirigido por la CIA, las dos centrales envían un mensaje al Kremlin al tiempo que dispersan a los servicios de seguridad rusos en desbandada en todas direcciones para encontrar a los culpables. “El sabotaje y la subversión tienen un componente psicológico”, afirmó uno de los funcionarios.

Caen dos células de sabotaje

“En los últimos meses se han producido numerosos incendios en toda Rusia, especialmente en fábricas de armas y otros lugares cruciales”, declaró la analista rusa Olga Lautman, miembro del Centro de Análisis de Políticas Europeas. “Los medios de comunicación rusos informaron de estos incendios como incidentes separados. No crearon propaganda en torno a estos incidentes y los trataron como accidentes”.

Cuando a finales de abril se incendió un edificio de las Fuerzas de Defensa Aeroespacial rusas, en el que murieron más de 20 personas, los medios de comunicación públicos rusos informaron de que el incendio había sido provocado por un cableado defectuoso. Pero el Kremlin entiende que no se trata sólo de incendios accidentales y accidentes industriales, a pesar de lo que informan los medios de comunicación oficiales.

El solapamiento de varias campañas de acción encubierta tras las líneas rusas ha creado problemas a los servicios de espionaje occidentales encargados de estas misiones. Durante el verano, quedó claro para los oficiales de la CIA que existía una creciente necesidad de desconflictivizar a sus propios intermediarios en Rusia. Se han producido numerosos incidentes en los que se han cortado líneas de ferrocarril o tendidos eléctricos y han interferido involuntariamente con otras misiones.

Peor aún, dos células de sabotaje se destaparon mutuamente mientras apuntaban al mismo objetivo. Un agente murió y otro fue capturado en el tiroteo posterior con los servicios de seguridad rusos, añadieron. Según uno de los antiguos oficiales de operaciones especiales, desde entonces se ha trabajado mucho para evitar que vuelvan a producirse incidentes de este tipo.

Una vasta red de empresas tapadera

Las raíces de estas misiones de sabotaje dentro de Rusia son profundas. El servicio de espionaje aliado instaló algunos de los alijos de explosivos y materiales utilizados por estas células más de una década antes. En aquel momento, este servicio de espionaje actuó unilateralmente, sin ninguna participación de la CIA.

La CIA se involucró a fondo a partir de 2014, después del Golpe de Estado en Kiev. La central comenzó a planificar con el servicio de espionaje aliado la introducción de más agentes en Rusia con órdenes de pasar desapercibidos hasta que fueran necesarios. La primera de estas células durmientes bajo el control combinado de la CIA y el servicio de espionaje aliado se infiltró en Rusia en 2016.

Con el conocimiento de la CIA, el Servicio de Espionaje Aliado proporcionó a los agentes encubiertos de la célula durmiente lo que la comunidad de inteligencia denomina “leyendas” -falsas biografías que explicarían su presencia en Rusia- y los documentos para respaldar estas historias de tapadera. También existe lo que un ex militar denominó “una vasta red” de empresas tapadera que se crearon como plataformas de apoyo a estas operaciones entre bastidores. “Algunos de ellos se remontan a casi 20 años atrás”, afirmó un antiguo militar.

Las dos centrales han dado prioridad a garantizar que los agentes tengan una negación plausible si son descubiertos por los servicios de seguridad rusos.

Tras las infiltraciones de 2016, otros equipos se colaron en Rusia en los años siguientes. Algunos introdujeron de contrabando nuevas municiones, mientras que otros aprovecharon los alijos existentes.

Dos días antes del inicio de la guerra, el MI6 a través del cual la CIA dirige la campaña de sabotaje utilizó un sistema secreto de comunicaciones para activar sus células durmientes en toda Rusia. Esas células se desplazaban discretamente hasta los alijos de munición enterrados en el país y desenterraban explosivos y otros materiales necesarios para futuras operaciones. Tras inventariar y comprobar su equipo, los agentes esperaron la orden de atacar a sus objetivos.

Los comandos estaban preparados antes de la guerra

Algunos de los primeros ataques de sabotaje tras las líneas rusas tuvieron lugar fuera de Rusia, en Bielorrusia, cuando una red clandestina de trabajadores ferroviarios, piratas informáticos y fuerzas de seguridad disidentes comenzó a atacar las líneas ferroviarias que conectan Rusia y Ucrania, según el Washington Post. “A partir del 26 de febrero, dos días después del comienzo de la invasión, una sucesión de cinco ataques de sabotaje contra cabinas de señales paralizó prácticamente el tráfico ferroviario”, informó el Washington Post.

Mientras prosigue la guerra en Ucrania, algunos de los equipos supervisados por la CIA y el servicio de espionaje del aliado de la OTAN han estado viajando de un lado a otro de las fronteras internacionales para recoger más municiones y realizar ensayos de misiones.

La CIA y el MI6 han supervisado algunos de estos ensayos de misión, que tienen lugar en Reino Unido. El JSOC también apoyó las operaciones de sabotaje con información sobre objetivos procedente de plataformas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, como aviones no tripulados, que pueden ver y oír en las profundidades de Rusia.

“Los equipos de élite con los que tenemos mejores relaciones casi siempre reciben apoyo de vigilancia aérea para grandes operaciones de sabotaje” detrás de las líneas rusas, dijo una persona informada sobre la campaña, añadiendo que algunas de las plataformas ISR son modelos que nunca se han revelado públicamente. “Hay drones que aún no conocemos y que están por todo el espacio aéreo ucraniano y ruso”, añadió.

La CIA se creó en 1947 para ejecutar sabotajes contra la URSS

La CIA lleva realizando operaciones de sabotaje desde su creación en 1947. Durante la Guerra Fría, la central planificó y ejecutó operaciones de este tipo desde Cuba hasta Vietnam y por toda América Central. Misiones similares eran también una parte clave de los planes de la central para Europa Occidental, en caso de invasión de la Unión Soviética.

Pero mientras que esos planes contra los países del otro lado del Telón de Acero incluían redes de los llamados partisanos “rezagados” -civiles que llevan una vida normal hasta que el enemigo invade, momento en el que pasan a la acción y comienzan a llevar a cabo misiones de sabotaje y espionaje-, la actual campaña en Rusia se parece más a las operaciones de la CIA previas a la invasión de Irak en 2003.

En el periodo previo a la invasión, agentes paramilitares de la CIA entrenaron a 70 células kurdas y las desplegaron en las zonas de Irak controladas por Sadam Husein, atacando infraestructuras. “Acabamos con múltiples equipos operando dentro del espacio controlado por los iraquíes”, dijo Sam Faddis, ex oficial de operaciones de la CIA que dirigió uno de esos equipos. Sus actividades incluyeron el descarrilamiento de un tren de 90 vagones y la voladura de la oficina de un oficial de inteligencia iraquí, afirma Faddis.

Aunque el sabotaje pueda parecer un concepto anticuado, reminiscencia de las hazañas de T. E. Lawrence (“de Arabia”) en la Primera Guerra Mundial y de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) en la Segunda Guerra Mundial, sigue siendo una herramienta relevante para desbaratar la logística del enemigo y confundir sus zonas de retaguardia.

Las líneas ferroviarias y eléctricas son objetivos que pueden destruirse con explosivos y otras técnicas. “Aunque los materiales han mejorado, el montaje de las líneas ferroviarias ha permanecido esencialmente inalterado desde la invención de los trenes”, escribe el comandante del Ejército Daniel Meegan en su tesis de la Escuela Naval de Postgrado de 2020 titulada “Rompiendo los juguetes de otros: sabotaje en un mundo multipolar”.

Meegan utilizó tres estudios de caso en su investigación: la campaña de Lawrence contra los turcos en la Primera Guerra Mundial, las operaciones de la OSS en Grecia durante la Segunda Guerra Mundial y la actividad terrorista interna de Weather Underground en Estados Unidos en los años setenta. Estas operaciones “demuestran que grupos muy pequeños de saboteadores pueden tener un impacto considerable en organizaciones enemigas mucho mayores”. Este uso de pequeñas fuerzas de sabotaje permitió a los dirigentes y planificadores concentrar sus limitados efectivos y equipos en otros lugares, al tiempo que planteaban a sus enemigos múltiples dilemas”.

Fumar mata

El gobierno estadounidense ha guardado silencio sobre los misteriosos incendios y explosiones en Rusia. Pero Ucrania ha estado acosando al Kremlin en las redes sociales con los ataques, sugiriendo en más de una ocasión que unos fumadores descuidados eran los responsables de los inexplicables incendios en las instalaciones militares rusas. Después de que un misterioso incendio destruyera en agosto un depósito de municiones ruso en Belgorod, justo al otro lado de la frontera con Ucrania, el Ministerio de Defensa ucraniano se burló de Moscú diciendo que “¡Fumar mata!”

“Otra detonación de munición” debida al calor “en la región rusa de Belgorod”, se burló el Ministerio de Defensa ucraniano en agosto tras la noticia de una explosión en un depósito de municiones en Belgorod. “Dentro de unos meses sabremos si la munición rusa puede explotar a causa del frío”.

Los ucranianos también han empezado a insinuar su propia capacidad para atacar objetivos con operaciones de guerrilla tras las líneas enemigas, tanto en las zonas ocupadas de Ucrania como en Rusia. En agosto un alto funcionario ucraniano declaró al New York Times que un ataque contra una base aérea rusa en Crimea fue llevado a cabo por “partisanos” y que una “unidad militar de élite” de Ucrania fue responsable de la explosión de un depósito de municiones ruso en la península.

“Se ha informado ampliamente de que, tras la invasión de Crimea en 2014, la inteligencia estadounidense puso en marcha un sólido programa de entrenamiento para las fuerzas de operaciones especiales ucranianas. Es probable que estas mismas fuerzas estén dirigiendo los esfuerzos en estas operaciones de sabotaje en Crimea ahora”, dijo Mulroy.

Mientras tanto, continúan las misteriosas explosiones en el corazón del territorio ruso. Aunque estos actos de sabotaje pueden tener un impacto tanto psicológico como sustantivo en el Kremlin, también corren el riesgo de escalar el conflicto entre el mundo occidental y Rusia más allá de la capacidad de cualquiera de las partes para controlarlo.

Cuanto más dure la guerra, más descarados serán los sabotajes

Hasta ahora, los objetivos alcanzados por los agentes dirigidos por la CIA a través del MI6 han sido principalmente tácticos, más que estratégicos. Sin embargo, existe el peligro de que los actos de sabotaje, así como las bajas en el campo de batalla, puedan arriesgar una escalada militar.

Los ataques envían un mensaje a los dirigentes rusos de que pueden ser golpeados en su patio trasero. Eso podría tener un doble efecto: limitar las opciones militares de Rusia y provocar al Kremlin para intensificar la guerra. “Aunque su valor militar puede ser discutible, tales acciones podrían responder a las mayores preocupaciones de Putin y tener un impacto significativo en su cálculo de escalada”, dijo Douglas London, antiguo oficial de la CIA.

Pero estas consideraciones no excluyen las operaciones encubiertas, según Michael Kofman, director de estudios sobre Rusia en el Centro de Análisis Navales. Siempre existe el riesgo de un error de cálculo sobre las líneas rojas del adversario”, afirma Kofman. “Es un riesgo persistente, pero hay que sopesarlo con los objetivos de cada uno y las probables opciones de represalia del adversario. La clave está en navegar por un espacio entre la aversión al riesgo hasta el punto de la parálisis y la temeridad gratuita”.

A medida que la guerra se alarga, algunos aliados de la OTAN han dejado de apoyar las operaciones tras las líneas enemigas en Rusia. A medida que la guerra evolucionaba, las implicaciones políticas de estas operaciones asustaron a algunos gobiernos, pero Estados Unidos y Reino Unido, encargado de los programas de sabotaje, se mantuvieron agresivos.

Cuanto más dure la guerra, más descarada será la campaña de sabotaje, según un antiguo oficial de operaciones especiales, sobre todo si el Kremlin pasa a utilizar armas de destrucción masiva. “Como tenemos que enviar un mensaje más contundente a Putin, es posible que veamos operaciones en Moscú y otras ciudades clave”, concluyó.

(*) https://jackmurphywrites.com/169/the-cias-sabotage-campaign-inside-russia

El británico que dirigió la labor humanitaria de la ONU en Yemen es un espía

Martin Griffiths, el británico que dirigió la labor humanitaria de la ONU en Yemen, cofundó y asesora a una empresa privada de resolución de conflictos que colabora estrechamente con el MI6. Hasta hace poco era el enviado especial de la ONU en Yemen, un país en guerra en el que combatieron las fuerzas especiales británicas.

Griffiths, de 71 años, ha ocupado varios puestos importantes en el ámbito internacional. Fue enviado especial de la ONU en Yemen hasta 2021. Anteriormente fue responsable de negociar un acuerdo para poner fin a la guerra en el país de Oriente Medio, que se ha prolongado durante casi siete años.

Reino Unido apoya a los saudíes en la Guerra de Yemen en un intento de restaurar el gobierno de Abdrabbuh Mansour Hadi, que se vio obligado a huir en 2015.

Una empresa de resolución de conflictos cofundada por Griffiths y de la que sigue siendo “asesor estratégico” trabaja en estrecha colaboración con el MI6 y el Ministerio británico de Asuntos Exteriores. Entre sus directores y asesores figuran antiguos militares y diplomáticos británicos.

La empresa, Inter Mediate, “se centra en los conflictos más difíciles, complejos y peligrosos, en los que otras organizaciones no pueden intervenir” y “reúne a algunos de los mayores expertos mundiales en diálogo y negociación”. Lo más relevante es que la resolución de guerras y conflictos internacionales se encomiende a empresas privadas que, por lo demás, son tentáculos de las centrales de espionaje de las grandes potencias.

El hallazgo también suscita dudas sobre la imparcialidad de la ONU, crucial para el papel de un enviado especial que, además, interviene por razones supuestamente “humanitarias”.

Inter Mediate empezó a trabajar en Yemen y Siria seis años antes de que Griffiths se convirtiera en enviado de la ONU en Yemen, en una época en la que era asesor principal de la ONU sobre Siria. Se desconoce si la empresa sigue activa en Yemen.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ascendió a Griffiths al puesto de enviado especial de la ONU para Yemen en febrero de 2018. “Una exitosa campaña para conseguir el nombramiento de un nuevo Enviado Especial de la ONU para Yemen ha conducido al nombramiento de Martin Griffiths, británico y experto en mediación internacional”, decía el comunicado oficial.

En 1994 Griffiths fue ascendido a director del Departamento de Asuntos Humanitarios de la ONU (DAH) en Ginebra. Antes había pasado cuatro años como director general de la ONG británica de desarrollo ActionAid y también había trabajado en Save the Children y UNICEF, el departamento de la ONU dedicado a la infancia.

Existen antecedentes de funcionarios británicos que han ocupado altos cargos humanitarios en la ONU. Desde 2010 los cinco jefes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), que sucedió al DAH, han sido británicos.

El gobierno británico ha estado financiando la oficina del enviado especial de la ONU, aportando 650.000 libras del presupuesto de ayuda de Reino Unido en los años 2019 y 2020, e incluso en la ONU rige el principio de que “quien paga manda”. Los organismos internacionales sólo ponen su sello, que sirve de cobertura para manejos muy sucios.

Inter Mediate fue creada en 2011 por Griffiths y Jonathan Powell, antiguo jefe de gabinete de Tony Blair. Powell ayudó a negociar el Acuerdo de Viernes Santo en Irlanda del Norte y desempeñó un papel central en la política exterior británica bajo Blair.

Ha sido director de Inter Mediate desde su creación. Antiguo funcionario del Foreign Office, Powell fue nombrado en 2014 por el entonces primer ministro David Cameron enviado especia del Reino Unido a Libia, mientras dirigía Inter Mediate.

Powell e Inter Mediate han dirigido numerosos proyectos financiados por el Ministerio de Asuntos Exteriores en países como Birmania, Libia y Corea del norte. La documentación encontrada incluye 23 pagos realizados por el Ministerio de Exteriores a la empresa entre 2013 y 2020.

El Ministerio de Asuntos Exteriores dijo que había pagado “algo más de 4 millones de libras a Inter Mediate entre 2011 y 2020 para apoyar el trabajo de resolución de conflictos internacionales”.

Es otro claso claro de corrupción institucionalizada en el que participan los organismos internacionales, los espías, las empresas privadas y, naturalmente, las ONG humanitarias.

—https://declassifieduk.org/former-un-envoy-to-yemen-linked-to-mi6-a-party-to-the-war/

La privatización la guerra (la industria de la seguridad en Ucrania)

Si se privatiza la sanidad o la educación, no hay ningún motivo para no hacer lo mismo con la policía o el ejército. El capitalismo ha creado empresas cuyo negocio es la guerra y baratijas intangibles, como la “seguridad” o la “defensa”.

Las empresas militares privadas son de dos tipos. Por un lado, hay empresas mercenarias o ejércitos privados que llevan a cabo campañas militares autónomas. Por el otro están los contratistas militares, que refuerzan a las tropas regulares de un Estado y subcontratan alguno de sus servicios.

Las empresas de mercenarios reclutan tropas en cualquier país del mundo y pagan sueldos que en Ucrania llegan a los 2.000 dólares diarios. Pero la ventaja más importante es que no están sometidos a ningún tipo de responsabilidad. Tienen carta blanca.

Es un fenómeno que surgió en los años ochenta del siglo pasado, cuando Eeben Barlow, antiguo coronel del ejército sudafricano fundó Executive Outcomes reclutando a las unidades disueltas tras el fin del apartheid.

Los mercenarios de Executive Outcomes intervinieron en Angola en 1992, donde lucharon junto al ejército regular contra UNITA después de que ésta se negara a aceptar los resultados de las elecciones de aquel año.

En 1996 participaron en Sierra Leona para derrotar a los rebeldes del Frente Revolucionario Unido, cobrando en parte con concesiones mineras de diamantes.

La guerra contra el terrorismo desatada en 2001 llevó la privatización del ejército de Estados Unidos a un nivel más alto. En 2010 las empresas militares privadas superaban en número a las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán.

En un país arruinado, como Ucrania, hay un mercado frenético para las empresas privadas. La guerra está siendo el Eldorado de los mercenarios ya que, uno de los bandos, la OTAN no quiere intervenir directamente en el campo de batalla. Una de las empresas que participan en ella es TMG (The Mozart Group), fundada en marzo del año pasado en réplica inmediata a Wagner.

Su fundador es Andrew Milburn, un antiguo infante de Marina que formó parte de las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos en Somalia, Irak, Afganistán, Mali y Libia. En el colmo de la desfachatez, este capo de los mercenarios califica a su empresa como “una organización humanitaria”.

TMG se encarga de múltiples tareas dentro del ejército ucraniano. Una de elas son las “operaciones de influencia” dirigidas contra las tropas y la población rusa, a las que intoxica con supuestas atrocidades y crímenes de guerra cometidos para animar a los soldados a desertar.

También sirve informes al ejército ucraniano sobre los planes de gobiernos extranjeros, empresas, medios de comunicación y ONG, para lo cual dispone de “expertos”, periodistas y universitarios repartidos entre varios países. Promueve la difusión de “noticias” a través de redes sociales que luego, a su vez, nutren a los medios de comunicación convencionales, acompañadas de fotos y vídeos.

El propio Milburn es el primero de los “expertos” y en tal condición asiste asiduamente a las tertulias televisivas y las entrevistas en los medios de Estados Unidos.

Esta empresa de mercenarios está ligada a la Ukrainian Freedom Fund, una ONG creada tras el Golpe de Estado de 2014 para recaudar fondos, comprar material militar e instruir tropas paramilitares.

También está ligada a un grupo de presión, el Consejo Comercial US-Ukrania (USUBC), que tiene por objeto promover los intereses de las empresas estadounidenses en el país. A su vez, el USUBC es un conglomerado en el que se puede encontrar de todo un poco pero, especialmente, conocidos traficantes de armas, como Lockheed Martin, Northrop Grumman o BAE Systems.

El ejemplo de TMG demuestra que la hegemonía moderna sólo es militar si por tal se entiende una amplia constelación de intereses que también son comerciales, periodísticos e incluso “humanitarios”.

Uigures, los ‘yihadistas buenos’ que patrocina Estados Unidos para desestabilizar a China

La salida de China de la esfera de control estadounidense en octubre de 1949 fue quizá el golpe más serio a la hegemonía mundial de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. El éxito de la campaña independentista china se esperaba en Washington desde hacía muchos meses.

En septiembre de 1948, el clarividente diplomático estadounidense George Kennan señaló que “existen límites considerables a lo que podemos hacer para influir en el curso de los acontecimientos en China”. En las siete décadas transcurridas desde entonces, el alcance de la influencia estadounidense en los asuntos internos de China ha sido, en el mejor de los casos, limitado, aunque continúa a buen ritmo. Washington ha aplicado una serie de políticas con la esperanza de desestabilizar y dividir a China.

Las estrategias del Pentágono hacia China han reflejado en cierto modo las que dirigieron contra la URSS: el uso de grupos interpuestos, extremistas y minorías étnicas, y Estados clientes.

El Partido Islámico del Turkestán (TIC), organización terrorista, fue fundado por yihadistas uigures en 1988, justo cuando estallaban las revueltas separatistas en la provincia noroccidental china de Xinjiang. El Partido Islámico del Turkestán, anteriormente conocido como Movimiento Islámico del Turkestán Oriental, recibió el patrocinio de la CIA desde su creación.

Contradictoriamente, el Partido Islámico del Turkestán, con sede en gran parte del noroeste de Pakistán, está considerado una organización terrorista por Estados Unidos, junto con otros países importantes como Rusia y, por supuesto, China y su vecino Pakistán.

En 2001 los militantes uigures se preparaban para la guerra de guerrillas en los mismos campos de Afganistán donde la CIA y el ISI, el servicio de inteligencia pakistaní, habían entrenado en su día a extremistas muyahidines, con el fin de obstaculizar a las tropas soviéticas en Afganistán hace 40 años. Entre 1990 y 2001, el Partido Islámico del Turquestán llevó a cabo más de 200 actos terroristas, como la voladura de vehículos y mercados y el asesinato de funcionarios del gobierno chino.

Tras los atentados del 11-S en Estados Unidos, se vio a extremistas uigures luchando contra soldados estadounidenses durante la “guerra contra el terror” de Washington en Afganistán. Casi dos docenas de uigures fueron enviados al tristemente famoso campo de detención de Guantánamo, en el sureste de Cuba, gestionado por Estados Unidos, y algunos de ellos permanecieron recluidos allí durante 12 años.

Destacados separatistas uigures, como Anwar Yusuf Turani, nacido en Xinjiang y fundador del gobierno en el exilio del Turkestán Oriental, vive en el estado de Virginia, en la costa este de Estados Unidos. Turani ha sido un instrumento dispuesto en el juego de poder de Washington con China; en junio de 1999, se reunió con el Presidente Bill Clinton y le pidió que apoyara los movimientos políticos que buscaban la independencia en Xinjiang; y Turani mantuvo posteriormente un diálogo con el sucesor de Clinton, George W. Bush, quien prometió apoyar los “derechos humanos básicos” de “los uigures y otras personas que viven en China”.

Otros destacados exiliados uigures que viven en Estados Unidos han pedido la independencia de Xinjiang de China, como la cinco veces nominada al Premio Nobel de la Paz Rebiya Kadeer, nacida en Xinjiang y residente también en el estado estadounidense de Virginia.

Durante 11 años, hasta noviembre de 2017, dirigió el Congreso Mundial Uigur (WUC), con sede en Munich, financiado en parte por la Fundación Nacional para la Democracia (NED). La NED, financiada en parte por el Congreso estadounidense, tiene un largo historial de injerencias de “poder blando” en Estados soberanos de todo el mundo: China, Nicaragua, Ucrania, etc.

El Congreso Mundial Uigur fue fundado en abril de 2004 por Erkin Alptekin, ex asesor de la CIA.

El marido de Kadeer trabajó anteriormente como comentarista para la emisora Radio Free Asia, gestionada por el gobierno estadounidense. Al igual que Turani, Kadeer es una especie de peón de Washington en la creciente rivalidad geopolítica entre Estados Unidos y China. En el pasado, aceptó invitaciones para reunirse con el Presidente George W. Bush y la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, con el fin de recabar apoyo para la independencia uigur de China. Durante una visita en junio de 2019 a Japón, aliado de Estados Unidos, pidió a Tokio más apoyo político para Xinjiang.

El plan de Estados Unidos para desmantelar China: terroristas y narcotraficantes

Una de las principales razones por las que Pekín presta tanta atención a Xinjiang es que la región es rica en yacimientos de petróleo (21.000 millones de toneladas) y carbón (40% de las reservas totales de China). Algunos uigures nativos se han quejado de que Pekín se limita a enviar materias primas de Xinjiang directamente a la capital china y a otras ciudades relativamente ricas como Shangai, sin ofrecer una compensación adecuada como respuesta. Incluso un pequeño recargo podría contribuir en gran medida a mejorar las condiciones de vida de los uigures.

El veterano historiador brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira ha escrito que la preocupación de Pekín por Xinjiang se debe también en parte a su posición como centro de oleoductos; un territorio a través del cual fluyen hacia China recursos naturales procedentes de Asia Central y que, según Bandeira, “fue uno de los factores de las tensiones étnicas que estallaron durante la década de 1990 y principios del siglo XXI, ya que China invirtió 15.000 millones de dólares en infraestructuras y desarrollo en la región hasta 2001, incluidas plantas petroquímicas y transporte de gas a Shangai”.

La Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC), empresa estatal con sede en Pekín, “ha intentado convertir Xinjiang en la mayor base de producción de petróleo y gas del país hasta 2020. Como era de esperar, la explotación de los recursos de Xinjiang por parte de Pekín ha aumentado, mientras que la provincia es también un punto focal para el enorme proyecto industrial chino “Nueva Ruta de la Seda”.

Además, el gobierno de Xi Jinping tiene grandes ambiciones de unir Xinjiang con Gwadar, un puerto estratégico en el sur de Pakistán que se encuentra en el mar Arábigo. Pekín lleva varios años invirtiendo fuertemente en Pakistán, llegando también al sur, a Gwadar, lo que podría proporcionar a la administración china un punto de apoyo en algunas de las rutas marítimas petroleras más vitales del mundo; con las aguas del Golfo de Omán y el Golfo Pérsico situadas cerca de Gwadar.

China es el mayor socio comercial de Pakistán, y Pekín considera a su vecino un importante aliado, como demuestra el Corredor Económico China-Pakistán, un programa de infraestructuras entre ambas naciones valorado en decenas de miles de millones de dólares.

Tíbet: otra de las mechas para prenderle fuego a China

Centrándonos de nuevo en los esfuerzos del Pentágono por desestabilizar China, dirigimos nuestra atención al Tíbet: una gloriosa región del suroeste de China cuyo paisaje está dominado por imponentes picos nevados del Himalaya y vastas llanuras deshabitadas, mientras que el tamaño del Tíbet es casi el doble del de Francia.

Tras la revolución china de 1949, el Congreso de Estados Unidos consideró que Tíbet tenía derecho a la “autodeterminación“; y Washington dio su pleno apoyo al gobierno tibetano en el exilio, establecido en 1960 por el actual Dalai Lama (Tenzin Gyatso). El Dalai Lama, que mantiene vínculos con la CIA desde la década de 1950, huyó a la India desde Lhasa, la capital del Tíbet, tras el fallido y sangriento levantamiento tibetano de 1959 contra el control chino, respaldado por Washington.

Este levantamiento se desencadenó en parte en los propios Estados Unidos, bajo los auspicios del oficial de la CIA Bruce Walker en Camp Hale, el centro de entrenamiento del ejército estadounidense en Colorado. En Camp Hale, entre 1956 y 1957, la CIA entrenó intensivamente a entre 250 y 300 “luchadores por la libertad del Tíbet”, todo ello en secreto. El entrenamiento de tibetanos por parte de la CIA continuó en Camp Hale hasta su cierre en 1964.

Otra base secreta para las operaciones estadounidenses contra China se estableció en la estación de esquí de Aspen (Colorado), donde aviones estadounidenses sobrevolaban las fuerzas de representación tibetanas antes de lanzarlas en paracaídas.

Otros campos de entrenamiento de la CIA se establecieron en distintos lugares del país surasiático de Nepal, que limita al norte con el Tíbet. Entre 1949 y 1951, el número de agentes de la CIA implicados en acciones encubiertas se multiplicó por diez. El presupuesto de la CIA para fomentar las revueltas y el malestar social en China fue 20 veces superior a la cantidad de dinero destinada al derrocamiento de Mohammed Mossadegh en Irán en 1953. La CIA recibió ayuda de los servicios especiales de Nepal e India para atacar a China.

El hermano mayor del Dalai Lama, Gyalo Thondup, participó en varias operaciones contra China patrocinadas por la CIA, que finalmente fueron aplastadas por Pekín, matando a varios miles de personas. Thondup, que a menudo actúa como “enviado no oficial” del Dalai Lama, vive ahora en la India y tiene unos 90 años, visitó Estados Unidos por primera vez en 1951. Ha proporcionado amplia información al Departamento de Estado estadounidense sobre todos los asuntos relacionados con Tíbet.

Un ejército tibetano financiado y armado por la CIA, el Dokham Chushi Gangdruk, llevó a cabo durante años una campaña de guerrillas dentro de las fronteras chinas. A mediados de la década de 1960, operaban cerca de 2.000 combatientes de origen tibetano respaldados por Estados Unidos. El Dalai Lama recibió generosas cantidades de fondos de la CIA y sólo en 1964 fue subvencionado con 180.000 dólares.

Hasta 1975 el Dalai Lama ocultó el papel de la CIA en el levantamiento tibetano de 1959 y otras actividades en una época en la que estaba en contacto con agentes estadounidenses en el Tíbet. El Dalai Lama, que ganó el Premio Nobel de la Paz en 1989, recibió un estipendio de la CIA que se remonta a principios de la década de 1950, pero quizá incluso antes.

En una entrevista concedida al New York Times a mediados de septiembre de 1993, el Dalai Lama declaró: “Hoy en día, la ayuda y el apoyo que recibimos de Estados Unidos son realmente fruto de la simpatía y la compasión humanas. Hasta bien entrado el siglo XXI, los gobiernos estadounidenses han seguido canalizando fondos a causas tibetanas independientes, a través de ramas del Departamento de Estado estadounidense como la Oficina de Población, Refugiados y Migración (PRM).

En otros lugares de China, y más recientemente, Washington se ha limitado a utilizar sus organizaciones de “poder blando”, como la NED, fundada por Reagan, que apoya financieramente las protestas contra Pekín en Hong Kong. Desde 2014, la NED ha proporcionado unos 30 millones de dólares a manifestantes prooccidentales o independentistas en Hong Kong. Las protestas han recibido amplia cobertura y simpatía de la prensa generalista.

Shane Quinn https://www.globalresearch.ca/u-s-sponsored-uyghur-insurgency-in-xinjiang-70-years-of-u-s-destabilisation-in-china/5698425

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