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Las multinacionales del fútbol son las únicas que no padecen la crisis

Al negocio del fútbol no le afecta la crisis del capitalismo. Según un estudio presentado por Matt Andrews, profesor de la Harvard Kennedy School, el mercado mundial genera ya más ingresos que las grandes ligas profesionales americanas (NFL, NBA, MLB, NHL) en conjunto, y supone el 40 por ciento de las ganancias derivadas del deporte profesional mundial, estimadas en 72.000 millones de euros.

El mercado del balompié mueve cerca de 30.000 millones de euros anuales en todo el mundo, una cifra similar a la recaudación de los grandes estudios de Hollywood, según datos aportados en el FITS Forum celebrado en Ginebra.

Con una demanda procedente de más de 1.500 millones de consumidores (“aficionados”) en todo el mundo, el fútbol se abre camino en países que hasta la fecha eran vírgenes. Traspasadas las fronteras de Europa y Latinoamérica, sus núcleos tradicionales, y con África rendida; el Extremo Oriente y los países árabes son los últimos territorios entregados a un negocio que sigue desarrollándose con una fuerza inusitada.

Ahora afronta el asalto de la última frontera: el mercado estadounidense. Un filón por explotar al que el ICSS otorga el mayor potencial de crecimiento en los próximos años.

Las marcas comerciales se han subido a la ola y ya son una de las principales fuentes de ingresos de los clubes centenarios. Los equipos de fútbol hace años que superan en valoración a las principales franquicias norteamericanas. El Real Madrid es el equipo más valioso del planeta para la revista Forbes, que le otorga un valor de mercado de casi 3.000 millones de euros, por delante de los Dallas Cowboys de la NFL (2.922 millones) y de los New York Yankees de béisbol (2922 millones). Barcelona, con un valor de 2.900 millones, y Manchester United (2.800 millones), ocupan la cuarta y quinta posición respectivamente, y preceden a Los Angeles Lakers (2275 millones), primer conjunto de la NBA.

La llegada de figuras mundiales en el tramo final de sus carreras a la Major League Soccer, la principal competición de Estados Unidos, como Iraola, Villa, Lampard, Gerrard o Pirlo, ha reactivado la mercancía y aumentado la recaudación. Los operadores pagaron cerca de 663 millones de euros el pasado año por los derechos televisivos, cinco veces más que el contrato anterior, y la audiencia han crecido un 93 por ciento.

Vuelve el flamenco antifascista y republicano

Un cante en caló abre un doble disco de flamenco dedicado a la memoria. Esa letra gitana, que traducida dice “he huido de Madrid con mucha pena y dolor porque ha dicho el rey: matad a ese caló”, es la mejor tarjeta de presentación para un trabajo que recopila 26 canciones olvidadas.

En “Flamenco y República. Cantes de la memoria” se canta sobre la persecución secular al pueblo gitano, se reviven proclamas de libertad, se escuchan lamentos contra el abuso patronal y condenas a la violencia fascista en la Transición pero, sobre todo, se hace una reivindicación de la II República, sus héroes más conocidos y también sus protagonistas anónimos.

Todo ello mediante las letras, transmitidas por vía familiar y perseguidas por la dictadura, de cantes flamencos de artistas de la época como Manuel Vallejo, El Chato de las Ventas, El Niño de la Huerta, José Cepero, El Carbonerillo o El Piyayo, alguno de los cuales sufrió en carne propia el horror de la represión.

“Soy hijo y nieto de republicano, estos cantes forman parte de mi gen y de mi educación desde mi más tierna infancia”, reconoce Paco Moyano, uno de los cantaores que participa en el disco, grabado el año pasado en los estudios Cambayá de Antequera (Málaga), bajo la dirección artística de Manuel Arenas.

Moyano, nacido el 1 de noviembre de 1951, considera que con este trabajo no se pretende recuperar una tradición muerta sino hacer justicia y seguir insistiendo en la necesidad de ella y de la reparación a las víctimas: “El flamenco tiene una vida propia y una actividad permanente y constante y con estas canciones se trata de insistir, no de recuperar, para que se reconozca la historia de este país, que no está escrita de una manera amplia y generosa. La mitad de la historia se canta en corros, en la reja, en los bares. No se ha dejado de cantar ni de reivindicar. Pero esto no llega a los templos donde se administra el patrimonio y la ley. Hay un desequilibrio entre administradores y pueblo”.

En el disco, Moyano hace tres cantes: una soleá dedicada a su abuelo, un tanguillo con letra inspirada en el poema “Los reyes de la baraja” de Lorca y recuperada de juegos infantiles; y unas seguiriyas de homenaje a Torrijos y Riego.

En la reivindicación del flamenco como garante de la memoria popular, Moyano recuerda a uno de los pueblos más castigados, uña y carne con el cante jondo: “El mundo gitano está en el flamenco como el flamenco está en el mundo gitano. Forma parte del híbrido cultural que es Andalucía. Se les sigue persiguiendo como se persigue a todo lo popular, es una cuestión de lucha de clases más que racial.

El cantaor también se muestra muy crítico con la relación que desde las instituciones se ha establecido con el flamenco, que considera una suerte de silencio mediante el juego del palo y la zanahoria.

“Se puede torear mejor a la censura que a la subvención. En los años 60 y 70 había cantidad de espacios donde la censura no llegaba, u otros en los que se la podía burlar, haciendo encaje de bolillos de manera sutil para eludirla. Hoy en día casi todos los espacios para cantar y para actividades de tipo cultural están en manos de la Administración. Y ahí quien interviene es la subvención. O cantas para la Administración o no cantas. Para mí es mucho más complicado ahora porque yo no quiero cantar para la Administración”, reconoce.

Con este posicionamiento, la presentación en vivo del disco el sábado 19 de septiembre en el Teatro Echegaray de Málaga se antoja una ocasión excepcional. Moyano estará allí, aunque reconoce que ya está retirado del cante en público: “Canto casi todos los días pero para mí, cuando salgo a pasear con mi nieta, alrededor del agua o en algún ritual de carácter familiar. Hago alguna actuación social, pero son las menos. Apenas canto públicamente”.

Ámala Fernández es hija de Paco Moyano y también canta en el disco. Reconoce que no conocía la mayoría de las canciones y las que sí le sonaban, le llegaron escuchando a su padre. “El flamenco es mucho de tradición oral, las letras no están casi en ningún sitio, este disco surge de un trabajo de recuperación de memoria de los intérpretes y cantaores para recordar lo que cantaban en aquella época”.

Fernández es una de las dos únicas mujeres a las que se escucha en el disco, junto a Curra Vargas quien canta el lamento gitano de la apertura. Ella achaca esta escasez al incumplimiento de tres requisitos –“no será por falta de intención, seguramente no se cumplió la condición de mujer, cantaora flamenca y con conciencia republicana”– pero también apunta a otros motivos: “Creo que en aquella época eran más valientes. Había más cantaoras flamencas y republicanas que ahora, porque se nota el lavado de cerebro de los últimos setenta años.

Fuente: http://iniciativadebate.org/2015/09/12/flamenco-y-memoria-un-tablao-republicano-para-seguir-pidiendo-justicia/

Los reyes de la baraja
cante popular, Federico García Lorca

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.

Un breve sobre el ‘caso Piqué’

N.B.

Que en eso lo están convirtiendo, en un «caso» en lo que debería ser una anécdota, pero sucede que los hay nerviosos  y/o interesados en hacer una montaña de un grano de arena. De todos modos, todo lo que acontece por la rua de este país de risa es significativo, denotativo y connotativo. Revelador. Y es que saltan las contradicciones y se rompen las costuras por todas partes sin importar mucho la dimensión y el calibre de la cosa y el contencioso, sea cual fuere el mismo. Por ejemplo una (contradicción) que he leído por ahí. ¿Cree el «amable lector» -como se decía en la prensa franquista- que el brasileño nacionalizado español, Diego Costa, se siente, cómo decir, muy español o tanto como Sergio Ramos (y antes Raúl) cuando este pone los ojos en blanco mirando al infinito cuando suena el himno (sin letra) español en los partidos internacionales? Me da que no, tengo ese presentimiento.

Pues bien este mercenario del balón, fue pitado en el pasado Mundial de Fútbol celebrado en Brasil por la «torcida» brasileña cuando tocaba la bola jugando con la mal llamada -por el difunto Luis Aragonés- «La Roja» (cuyo titular es Chile). Le pitaban como se pita a quien consideran un, vale decir, «traidor» a la patria y esas cosas. Ocurre algo parecido con Pique al que le abuchean porque se piensa que defiende una camiseta que no siente, y, si esto es así, pues que no venga (se viene a decir, ¿no es cierto?), o se vaya, pero ocurre que no se va, que sería lo puramente lógico, y encima pasa por ser un tío «sincero». No lo dudamos, pero también un tipo contradictorio e inconsecuente con sus sentimientos, pues es conocida su inclinación -aunque no la proclame a los cuatro vientos ni tiene por qué hacerlo- «separatista», que diría el facherío. Valiente, lo que se dice valiente y consecuente, fue el jugador del Barça, Oleguer Presas, que le dijo al seleccionador estatal, Luis Aragonés, que no le llamara porque no se sentía español y le parecía que estaba engañando a todo dios y a sí mismo. Aquello no tuvo mucha resonancia porque Oleguer -que se fue al Ayax a jugar, un Ayax muy devaluado- no es Pique ni se casó con una cantante famosa ni era precisamente un crack en esto del «furbo», que diría Villar.

A Pique le ha defendido, aunque con la boca pequeña, hasta el más rancio «españolismo», pero sólo porque defiende los colores «nacionales», que, si no, lo crucifican, lo linchan: «lo último que haría sería negarme a ir a la selección» (española, se entiende). Eso lo salvó. Si hubiera dicho: «no voy más en vista de cómo me tratan», la lógica de esa frase sería tan aplastante que el patrioterismo de tres centavos… no lo entendería de puras cartolas que lleva. Claro que Pique también declaró que él «es así». Pues vale. También mostró su cerval y casi irracional «antimadridismo» (y quien firma esto del equipo merengue, «rien de rien») sin caer en la cuenta ni él, ni nadie, o casi nadie, que es, dialécticamente hablando, precisamente su eterno rival, el Real Madrid, QUIEN HACE GRANDE AL FC BARCELONA. Y viceversa, el Barcelona hace grande al Madrid. Se necesitan mutuamente «ad maiorem dei gloria» del Planeta Fútbol. Ambos son piedra de toque.

Por eso cuando, desde la caverna y el trogloditismo, se dice que se vaya el Barcelona -en caso de una Catalunya independiente- a jugar una Liga catalana contra el Mollerusa -siempre ponen este ejemplo, no sé por qué misteriosos motivos-, el Lérida o el Hospitalet, sería el Real Madrid el primero en negarse a suscribir esa proclama. Y ello porque, ya se ha dicho, se necesitan, se retroalimentan. Y la prensa deportiva y demás medios circenses ídem de ídem. Que tengan un buen día. Buenas tardes.

De risa

N.B.

Y es que este país, agotada ya la vía lacrimal, que no la rabia y la furia contenida, es de descojono. Ponen un circo y le crecen los enanos. Le preguntas la hora al gobierno y te dice manzanas traigo. Les dices que llevan un zapato con los cordones desatados y tardan siete horas en darse cuenta que llevan mocasines sin cordones. Vendedores de helados en el Polo Norte y de paraguas en el Sáhara. De risa.

De «cuestión de Estado» se habla en un titular de un diario deportivo catalán. Se refiere al futbolista del F. C.  Barcelona Gerard Pique (no le ponemos acento ortográfico como tampoco lo lleva Bernabeu ni ningún apellido catalán, que no sea castellanizado) que fue pitado en el Carlos Tartiere (y antes en León), campo del Oviedo, durante el partido internacional entre Eslovaquia y España. Sucede que en el mes de noviembre se iba a jugar un partido amistoso entre Inglaterra y España en el Santiago Bernabeu de Madrid, pero ante la previsible pitada al jugador culé Pique, la torpísima Federación Española de Fútbol decide trasladar ese partido al estadio Rico Pérez del Hércules de Alicante adelantando, encima, un día ese partido (de sábado a viernes).

Pongámonos en situación. Desde un punto de vista, digamos, «español», se dice, y no sin cierta lógica, al menos formal, que así como se pitó el himno español y al Rey en la final de Copa en el Camp Nou, el futbolista Pique, tácito independentista -que no expreso como en su día el futbolista catalán Oleguer Presas-, debería aceptar que se le pite, y todo ello en uso -se viene a decir- de la «libertad de expresión». Tiene «lógica», ya digo. Pero todo es una impostura grotesca y ridícula. Un esperpento que es en lo que se ha convertido la piel de toro. Un país de risa. Y ello porque Pique, ya forrado y en sus últimas boqueadas como futbolista, bien podía decir que, muy bien, se me abuchea y no se agradece mi lealtad -y «orgullo», ha dicho el ministro español del Deporte-con la selección española, con «La Roja» (apodo copiado y expropiado a la genuina «Roja» que es Chile), pues nada, no vuelvo y ¡visça Catalunya! Pero no va a hacer esto, siendo inconsecuente consigo mismo, que parece cosa de críos, y, sin embargo, también tiene su cierta lógica.

El entrenador, Del Bosque, hombre de buen talante, bonachón, pero sin mucho carácter, quiere templar gaitas diciendo, a sabiendas de que es falso, que el contencioso obedece, en el fondo, a la eterna rivalidad Madrid-Barça. No. La cuestión es que hay un problema político irresuelto por las burguesías de diferente pelaje que traen, conllevan y acarrean estas consecuencias, que son excrecencias de tono menor, si se quiere, pero muy significativas, es decir, que dicen mucho de la temperatura del cuerpo social. De cualquier aparente menudencia se lía una gorda, al margen e intereses reales o espurios.

Se puede decir, joder con el Pique, se alegra que piten el himno, pero a él que no le piten, menudos cullons gasta el tío listo este, y encima apela a la libertad de expresión, muy bien, pues nosotros también y por eso te pitamos, por separatista, independentista y culé, joputa. ¿Cómo rebatir esto? Cuesta trabajo, sobre todo cuando no se mira la causa que genera todas estas contradicciones o antinomias de mayor o menor calibre en las que uno se entretiene (además de vender periódicos y rellenar espacios radiofónicos y televisivos) y se enzarza perdiendo de vista el quid de la cuestión, que no es otro que el problema político de origen irresuelto más por incapacidad que por inutilidad o torpeza. O todo a la vez.

Un comunista caribeño: Jacques Roumain

Jacques Roumain fue el fundador del Partido Comunista de Haití y muchas otras cosas más: pensador, diplomático y autor de obras científicas y literarias de muy diversa factura, desde la poesía hasta la geografía. Es reconocido entre las voces que contribuyeron a revelar el Caribe y definir sus valores y expresiones comunes en los años 30 y 40 del pasado siglo.

Nació el 4 de junio de 1907 en Puerto Príncipe, la capital, en el seno de una familia adinerada. Su abuelo, Tancredo Augusto, fue presidente de Haití cuando él era niño. Se educó en un colegio católico y luego completó su formación en Suiza, Bélgica, Francia y Alemania, aunque también vino a España, donde estudió agronomía.

Volvió a Haití cuando tenía 20 años, fundando la “Revista Indígena” con Émile Roumer, Philippe Thoby-Marcelin, Carl Brouard y Antonio Vieux, en la que aparecieron sus primeros versos y narraciones, a los que consideraba como “acción”, como “un arma al servicio de su pueblo”, como un panfleto. El poeta, escribió, es “el reflejo de la conciencia de una época”.

Roumain se hizo amigo del antropólogo francés Alfred Metraux con quien viajó por el Haití rural, documentando las tradiciones religiosas, en una investigación que Metraux convertiría en “Vudú en Haití”, un libro muy aclamado.

Por su parte, en 1930 Roumain publica el libro de relatos “La presa y la sombra” en el que hace una aguda crítica del mundo burgués y urbano de Puerto Príncipe. Al año siguiente aparece su novela corta “La montaña embrujada”, expresión de la vida campesina, las costumbres y creencias del vudú.

Al regresar Roumain se encontró con que su país estaba ocupado por el imperialismo, uniéndose al movimiento de liberación nacional. Primero apoyó la fundación de la Liga de la Juventud Patriota Haitiana, cuya lucha contra Estados Unidos y el gobierno títere lo llevaron a la cárcel durante 8 meses en 1928.

En 1934 dio un pasó más: participó en la creación del Partido Comunista Haitiano, por lo que fue nuevamente encarcelado, esta vez durante tres años.

Tras su liberación en 1936, Roumain se exilió en Estados Unidos, donde frecuentó la Universidad de Columbia y trabó relación con Langston Hughes y otros intelectuales.

En 1942 cambió el gobierno y le autorizaron a regresar a Haití, donde fundó la Oficina Nacional de Etnología. En esta época escribe su novela “Los gobernadores del rocío” y el poemario “Bosque de ébano”, donde aparece la expresión “Los condenados de la Tierra” que 40 años después el argelino Frantz Fanon adoptará para encabezar su propia denuncia del colonialismo. Entre sus mejores versos destacan los que defienden a la Unión Soviética y a Stalin de una manera vibrante.

Para sacarlo del país, el gobierno le nombra embajador en México. También viaja Cuba, donde vive un año entero en La Habana con el gran poeta comunista Nicolás Guillén.

Durante sus estancias en la cárcel contrajo el paludismo que, con 37 años de edad, le condujo a la tumba el 18 de agosto de 1944, tres días después de un regreso desde Cuba.

Desde entonces la decisiva obra política e intelectual de Roumain es objeto de estudios continuos. Su influencia sigue pesando en la lucha de los pueblos del Caribe y de toda Latinoamérica, junto a Mariátegui, Mella, Ponce y el Che Guevara.

La novela “Los gobernadores del rocío” es una de las mejores de la literatura caribeña contemporánea. Cuenta la historia de Manuel, un joven campesino que regresa a su empobrecida aldea de Fonds Rouge después de haber cortado caña de azúcar en Cuba durante 15 años, y advierte la pobreza en que se encuentra su tierra.

El título de la novela resume la tesis de Roumain: nosotros, cada uno de nosotros, somos los dueños de nuestro destino. Es una batalla contra el fatalismo y la superstición, que tanto proliferan entre los negros del Caribe (y entre los blancos de otros lugares). No hay maldiciones. Las cosas están ahí para cambiarlas. Sólo hay coger las riendas entre en las manos.

La lectura de Roumain es imprescindible para aquellos cuyas lagunas han convertido al marxismo en un recetario eurocentrista, para quienes desconocen el mundo negro, rural y tercermundista.

Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre

Juan Manuel Olarieta

La ideología dominante se desarrolla en un lenguaje propio y característico. Una manera de imponer la ideología dominante es imponer el lenguaje en el que se expresa. Si un discurso o un texto no adopta ese lenguaje es incorrecto, erróneo y no se puede ni se debe expresar. El lenguaje dominante es, pues, un caso de censura y, lo que es peor, de autocensura.

El tabú es una parte importante de la censura. Para poder expresarse y transmitir su opinión, el hablante debe -necesariamente- hablar sobre determinados asuntos y no sobre otros, es decir, crea lagunas y silencios sobre los que nadie dice nada. Es como si una parte de la realidad hubiera dejado de existir.

Todos deben hablar sobre lo mismo. Pero eso tampoco es suficiente: todos deben utilizar determinadas expresiones, y no otras. Por ejemplo, no se debe hablar jamás de clase obrera. En un telediario nunca oirás la palabra “obrero”; hay que decir “empleado” o, a lo máximo, “operario”. Tampoco oirás muchas otras palabras, como “imperialismo”. En la censura de las palabras está la censura de las ideas.

Este fenómeno se rige por una ley de proporcionalidad inversa: a medida que un medio de comunicación tiene una mayor difusión se expresa en un lenguaje menos diverso, y al revés. Por lo tanto, los medios de comunicación de masas expresan siempre las mismas ideas y ocultan siempre las ideas opuestas.

Bajo la forma de eufemismos, siempre ha existido un lenguaje característico de la ideología dominante. Hoy se le llama lenguaje políticamente correcto y es una imposición surgida en Estados Unidos en los años ochenta. Es, pues, un fenómeno profundamente reaccionario e imperialista.

Los periodistas, universitarios y políticos han extendido ese lenguaje, convirtiéndolo en un fenómeno ideológico de masas. Forman los libros de estilo que imperan en todas las redacciones de los medios (televisión, radio, prensa), convertidos en manuales y diccionarios de consulta. Son doctrina. En ellos se contiene la ideología del imperialismo contemporáneo.

Las palabras no surgen por casualidad. Por ejemplo, en España para hablar de ETA durante décadas se utilizaron numerosas expresiones diferentes, hasta que en 1987 se impuso una definición única, “banda terrorista”, seguida al pie de la letra por todos y cada uno de los medios de comunicación. ETA no podía ser tanto como una “organización” porque parece algo estructurado; era una simple “banda”. Tampoco se la podía calificar de “separatista” porque tenía connotaciones políticas, mientras que ETA no pretendía otra cosa diferente que matar.

El fundamento teórico del lenguaje políticamente correcto es la hipótesis de Sapir-Whorf, según la cual el habla influye sobre la percepción, la memoria, el razonamiento y la conducta. Cambiando las palabras se cambia la visión y la valoración de la realidad. No es necesario cambiar el mundo; basta con hablar de él con otras palabras.

La ideología dominante es desigual, un estado permanente de presión intelectual, y se refiere -además- a una desigualdad real, que existe en la sociedad (racial, sexual, nacional, clasista) y que pretende encubrir, es decir, trata de aparentar igualdad donde hay desigualdad. Por eso los eufemismos son especialmente ridículos cuando se refieren a los oprimidos, como el de llamar “nativos americanos” a los indios, porque un indio es alguien despreciable y por eso decimos “hacer el indio” cuando alguien tiene un comportamiento ridículo.

Las necesidades de un lenguaje así derivan de que en la dominación los indios son los designados. No llamamos a los indios tal y como ellos se llamaban a sí mismos, de la misma manera que la Unión Soviética nunca existió en la jerga de los medios de comunicación burgueses. Para el imperialismo la Unión Soviética siempre fue Rusia. Si la burguesía se apodera y lo expropia todo, es normal que también se apodere de los nombres de las cosas y de las personas.

Desde luego que lo característico de la ideología dominante es que el fenómeno inverso no existe. Los blancos hablan de los indios pero los indios no hablan de los blancos. No utilizamos las expresiones indígenas para hablar del “hombre blanco”, al que no llamamos “rostro pálido”. El lenguaje de los dominados no existe y, si existe, no se propaga. No es que el oprimido no exista, lo que no existe es la opresión. Por ejemplo, en un Estado democrático, como España, ni existe la opresión nacional, ni existe siquiera ese lenguaje.

El reformismo se ha apuntado a la ofensiva de lo políticamente correcto porque como no se puede cambiar la realidad, lo que que quiere cambiar es la manera de referirse a ella. Pero ese no es el único efecto de lo políticamente correcto: además, ese tipo de lenguaje encubre la realidad, la disimula. Es el efecto eufemístico. Al mismo tiempo que camufla la realidad, el hablante (periodista, político, universitario, tertuliano) disimula su condición fascista y reaccionaria detrás de un lenguaje indirecto, sutil, empalagoso.

De esa manera lo políticamente correcto es inatacable, crea lugares comunes, neutros, tópicos, como los derechos humanos, la tolerancia, la diversidad, el pluralismo o la justicia universal. Nadie puede ofender ninguno de esos principios sin exponerse a una marginación y a convertirse en el saco de los golpes y los insultos: extremista, fanático, populista, fundamentalista, ultraizquierdista…

Lo políticamente correcto está por encima de las ideologías, no es burgués ni proletario, de izquierdas ni de derechas. No es “anti” nada, no está contra nadie, es respetuoso con todos y no tiene enemigos porque no hiere a nadie. Su lema es “respeto tu opinión pero no la comparto”. Sobre todo no es racista, ni machista, ni homófobo, ni xenófobo. Por eso habla de la ciudadanía, de la gente, de la multitud…

Que la burguesía sea políticamente correcta es lo suyo. Pero la falta de corrección queda equiparada al garrulismo, una condición que el oprimido quiere disimular imitando al opresor. La ideología dominante no sólo extiende a los oprimidos las ideas sino también extiende el lenguaje en el que las mismas se expresan. Entonces los oprimidos se expresan igual que los opresores, en los mismos términos.

Es consecuencia del complejo de inferioridad de todos los oprimidos. Los garrulos queremos ser finos y como nos han acomplejado, cuando vamos al médico no decimos “tetas” sino “pechos”, olvidando que sólo tenemos un pecho pero que, en cambio, tenemos dos tetas. No nos damos cuenta de que caemos en la pedantería y la hipocresía. A veces necesitamos hablar en un lenguaje que no es el nuestro para que nos den un trabajo, por ejemplo. No queremos que nuestro lenguaje callejero denote nuestra ínfima extracción social y nuestra “incultura”. Nos avergonzamos de nosotros mismos porque a nuestra cultura ellos no la consideran como tal: la califican como todo lo contrario, como incultura.

Dejémonos de chorradas. Seamos nosotros mismos: directos, francos, transparentes. Llamemos a las cosas por su nombre. Hablemos de nosotros mismos, de nuestros problemas, de lo que nos preocupa y de lo que nos interesa.

León Felipe, poeta

N.B.

Ante todo y sobre todo, quien naciera en 1884 en Tábara, pueblo de Zamora (tiene allí una estatua, menos mal), hijo de un notario, por lo que pertenecía a una burguesía acomodada. Estudió farmacia (llegó a tener una botica), pero renunció muy pronto a esa vida regalada pero, para él, monótona. Se va a la aventura, se tira a la piscina sin saber si hay agua o no, con un espíritu más ácrata que anarquista. Se va a Madrid (antes estuvo en Barcelona) donde vive una bohemia prostibularia y miserable durmiendo en pensiones antiguas donde se permite dormir a los menesterosos sentados -o tumbados- en un banco.

Versos y oraciones de caminante es su primer libro de poemas (años después titularía un poema: Versos y blasfemias de caminante) que leyó hacia 1919 en el Ateneo de Madrid. De tafanario inquieto, solicita un empleo en los hospitales de Guinea -es farmacéutico, como dijimos- y se embarca para una isla. Allí permanece tres años para volver a España y embarcarse (en una bodega y con el dinero hecho en África), esta vez, hacia América. En Méjico -o México- se dedica a la enseñanza, actividad que recuerda la de Antonio Machado, al que siempre consideró su maestro. Al estallar la guerra civil española en 1936 vuelve a su tierra totalmente identificado con el gobierno republicano. Fallece en Méjico el 18 de septiembre de 1968.

Sólo reproduciremos dos mojones de su amplia producción poética, ignorada por la crítica franquista y no siempre bien considerada por los poetas del exilio (por ejemplo, Juan Ramón Jiménez) a quien tenían por «un poeta menor». Poeta que empezó en oración y terminó en blasfemia.

Son dos poemas bien conocidos y que fueran cantados y musicados por lo que se conoció como «canción-protesta» en los estertores del franquismo, sobre todo Paco Ibáñez. Uno es este:


Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna de los hombres la mecen con
cuentos,
que los gritos de angustia del hombre
la ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con
cuentos,
que los huesos del hombre los entierran
con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
pero me han dormido con todos los
cuentos…
y sé todos los cuentos.

Y el otro este visaje que pone y malaventura que le echa a Franco:


Tuya es la hacienda,
la casa,
el caballo
y la pistola.
Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo
y me dejas desnudo y errante por el mundo…
mas yo te dejo mudo… ¡Mudo!
¿Y cómo vas a recoger el trigo
y a alimentar el fuego
si yo me llevo la canción?

León Felipe, poeta contra la opresión y la injusticia.

Hosanna

Matisyahu
N. Bianchi

Al parecer, el diligente Gobierno español, unas horas después de que la Embajada de Israel en España había condenado «rotundamente» que el festival Rototom de Benicàssim (Castellón) cancelara el concierto del cantante judío-estadounidense Matisyahu, ha «reprobado» esa decisión. Y ello, porque Matthew Paul Miller -que es como se llama realmente- no ha querido  pronunciarse sobre el conflicto palestino-israelí, pronunciamiento público que Compromís por Castelló -coalición que gobierna en la Generalitat valenciana junto a los socialistas- pidió sumándose a una campaña que exigiera a Matisyahu que se pronunciara bajo la presión del grupo BDS País Valencia, siglas que aluden al boicoteo, desinversión y sanción a Israel, al Estado de Israel, por su política criminal en Palestina. El Gobierno español se suma a esa condena en aras de la libertad de expresión, comodín cuyo uso y abuso semeja un felpudo. Y, por supuesto, antisemitismo, otro comodín que viene al pelo, según y cómo.

El cantante rapero -que no es israelí, sino judíoestadounidense, ya se dijo- alegó sufrir «coacción» por no pronunciarse. Y no le falta parte de razón porque no hacía falta que se pronunciara YA QUE YA SE SABE SU POSTURA PROISRAELÍ Y ANTIPALESTINA. Y eso que ya hace pocos años que ha cambiado su «look» dejando a un lado la estética ultraortodoxa: largas barbas, peyot (tirabuzones), abrigo negro, sombrero y/o kipá, el tradicional bonete (la imagen que habéis visto mil veces en la tele o en el Muro de las Lamentaciones donde se le vió, en su día, a Carod-Rovira, de ERC y el lobby judío catalán, con Pilar Rahola, o, recientemente, a Pablo Iglesias, y con ello no denotamos, sino que connotamos). Y su devoción jasidista, una especie de misticismo hebreo rigorista y piadoso (eso significa «hassidim») que estudia sus sagradas escrituras. Luego estarían los cabalistas judíos equivalente, vale decir, del sufismo árabe.

Ahora su imagen es otra, pelo corto, sin luengas barbas, etc. Como un «occidental», ¿no es cierto? Sus letras se basaban en salmos y textos del Génesis. Los rabinos ultraortodoxos le tienen por una especie de traidor al cambiar de imagen, un hipster, un falso. Pero esto en lo que toca a la fachada porque ¿ha cambiado de opinión este hombre sobre el llamado conflicto palestino-israelí? No parece en quien dice que «apoyo la paz y compasión (la negrita es mía. N. B. ) para todos los pueblos. Mi música habla por sí misma y no meto la política en ella». Otro que tal baila. Como aquella cantante, Noa, esta, sí, israelí, que dijo estar en favor del criminal belicismo israelí sobre Gaza en 2009. No se la invitó, o se canceló, a determinados festivales o actuaciones. O como en el Buesa Arena, campo de baloncesto del Basconia, se pita al Maccabi de Tel Aviv cuando viene a jugar. Esto está mal, es de poca educación, está feo. Como, pegando un brinco, pitar al Rey, esto no es libertad de expresión, esto es una afrenta que roza lo penal y punitivo. O que te multen con 200 euros por llamar «sinvergüenza» al excalde de Vitoria Maroto y su política xenófoba. Esto no es un insulto: ¡¡es una descripción, señor juez!!

Pues en el caso de Matisyahu, que habla de «compasión», igual que, me viene ahora a la cabeza, José Luis Perales, compositor y presunto cantante de los años 80 empalagoso de c. , hablaba de «a qué dedicas el tiempo libre», igual. O similar. Ya conocemos a los supuestos «pacifistas» que disparan… a pacificar.

El Gobierno valenciano, el Consell, ha lamentado la anulación del concierto, a pesar de que el portavoz de Compromìs respaldó la cancelación porque el artista se negó a hacer las declaraciones que se le pedían. Poco les dura la gasolina. Se rajan pronto. Tal vez «presionados» por la unánime condena (menos Podemos e IU, al parecer) del arco parlamentario, que se dice, a tamaño ataque a la libertad de expresión. Pero, insisto, pedir a esta gente -en este caso un cantante sionista- que se pronuncie es casi hacer el juego al sionismo israelí porque, como dijimos más arriba, ¡¡ya se sabía de qué pie cojea este tipo!! y no te va a decir nada que lo comprometa porque no es, suponemos, estúpido, y no va a ir al festival a hacer propaganda sionista.

La cosa es así: preguntarle previamente si ha cambiado de idea en el conflicto árabe-israelí, y, si no ha cambiado de idea, pues no se le invita y, ala majo, que te den…

Lo que sí está bien es que Serrat y Sabina vayan a Tel Aviv a cantar y cohonestar el régimen genocida del Estado de Israel. Y mal, muy mal, que Cat Stevens se hiciera musulmán y se llame ahora Yusuf Islam, un traidor. ¿Seguirá cantando Morning has broken o Moonshadow?

Sabina y los toros

N. Bianchi

«No vayan si no quieren, pero dejen de tocarnos los coj…», reza pudorosamente el titular de un periódico que habla de la taurofilia del compositor y cantante Joaquín Sabina en contra de las manifestaciones más proanimalistas que anti-nada. Razones para estar en contra de la llamada «fiesta nacional» hay muchas y tampoco faltan argumentos a favor por parte de intelectuales y gente muy inteligente, sobre todo en la II República, que esgrimen no se sabe bien qué atavismos milenarios allá en los tiempos de maricastaña. No entraremos aquí.

Me detendré solo en la declaración de Sabina, bien simplista y pedestre, por cierto. Me recuerda el racismo latente o manifiesto entre las primeras oleadas de emigrantes que poblaron los Estados Unidos. Porque lo había. La aristocracia eran los ingleses, los escoceses y los irlandeses (casi todos metidos a «cops», los «maderos» de aquí); luego venían los escandinavos (suecos, daneses…) y los alemanes (grandes carniceros o diseñadores de aviones como Boeing);  después los franceses y los eslavos; mucho más abajo los italianos (por eso tuvieron que dedicarse, cuando ya apenas quedaba sitio, a la extorsión y la «cosa nostra», no todos, claro está, ni mucho menos, como lo pinta el cine hollywoodiense); más abajo aún, los hebreos (los judíos) y los chinos; más abajo todavía, los portorriqueños y, por último, al final de la escala, lo adivinaron, los negros. ¿Qué harían con el gran poeta romántico ruso Alexander Pushkin cuyo abuelo era etíope (como el padre de Obama)?, se nos ocurre.

Hay, por supuesto, negros ricos, los menos,  y negros pobres, los más, igual pasa con los judíos, ¿no es cierto? En los Estados Unidos, de siempre, el antisemitismo es un fenómeno corriente, aunque te apellides Spielberg. El clásico norteamericano «medio», que se dice, en el país de las hamburguesas, la sociología y las estadísticas, te dirá, cuando pasaba que a un judío -y no digamos a un negro- no se le permitiera la entrada en ciertos y selectos restaurantes -supongo que con los Rockefellers harían la vista gorda-, te diría que eso no es grave, «siempre podrá ir a otro restaurante u hotel o encontrar trabajo en otro sitio». ¿No es maravilloso? Problema resuelto: «tenemos otros hoteles y restaurantes confortables», concluiría este perfecto idiota que es incapaz de entender, tal vez no sea su culpa, ni comprender, que además del confort, existe la dignidad humana, la dignidad de la  persona.

Pues bien, Sabina «razona» (¿?) igual que este probo ciudadano contribuyente y patriota norteamericano, eludiendo la cuestión de fondo: la moralidad o no de las corridas de toros por mucha tradición que tengan. Morirán cuando TVE no las retransmita, como pasó con el boxeo. Boxeo, por cierto, pelea entre hombres, mil veces más noble que la lidia entre un torero armado y un animal indefenso, un mamífero con su sistema nervioso que sufre igual que el humano cuando lo pinchan y estoquean. Una lid desigual. En el boxeo, al menos, no ponen a un peso pesado a pelear contra un peso pluma. Buenas tardes.

Esto con Franco no pasaba (*)

Nicolás Bianchi

Oigo -y veo en la tele- al podemita Iñigo Errejón decir, a propósito de la entrevista entre el opusdeísta ministro de la porra, un tal Noséquién, en sede ministerial, con el «imputado» R. Rato, que eso, entre otras cosas, «es una burla al Estado de Derecho», o sea, que, colegimos, da por buena la existencia de tal rule of law, así en inglés, y no dice, no dirá, ni se le ocurre, y si se le ocurre, calla como puta, que esa entrevista es una prueba más ¡¡DE LA INEXISTENCIA DE TAL ESTADO DE DERECHO!! Y no es que los que pensamos que en el Estado español impera el fascismo más o menos maquillado nos pongamos contentos porque pensemos que estas minucias y excrecencias nos den la razón, ya que el fascismo es otra cosa.

O la burla, auténtica burla al pueblo, al que se le roba lo que es suyo, que retrata, por si hacía falta, a las vacaciones (pagadas) en Punta Cana del exministro Wert (aparte de su lujoso apartamento en París) de verdaderos parásitos (como el «vendepatrias» canario ministro Soria) que chantajean a su propio Gobierno diciéndole que, de acuerdo, putearán todo lo que puedan al personal y correr con la crítica, pero para eso tenemos la cara de cemento y va en el guión y, sobre todo, en la nómina, pingüe nómina (la LOMCE, etc. ), pero al precio de ser «premiados» con lo que estamos viendo, si no, cuidado conmigo. Puedo imaginar a Rato -como a Bárcenas– entrando en el despacho del ministro este de los cojones, a voz en grito, diciéndole qué hay de y con lo mío, mecagoendios, ¿qué estáis tramando? ¿me queréis ver en la cárcel, aunque sea unos meses? Pues va a ser que no, a ver cómo me lo arregláis o muero matando, que somos de la misma pasta.  O igual no ha sido así el «encuentro» y han hablado del tiempo…

Si no pasaran estas cosas, no estamos seguros de qué vivirían -políticamente hablando- estos otros vividores que pasan por ser de «izquierda radical» y son la penúltima maniobra del sistema para seguir dando pedales y no se caiga la bicicleta del capitalismo.  Si les pones enfrente a un tarado como Marhuenda, se sienten cómodos y hasta se sienten de «izquierdas», pero no les pongas enfrente a un tío de izquierdas de verdad, ah, no, esto no, a esto no jugamos, es más: los denunciaremos.

Y no faltará el cínico que diga que estas cosas pasaban con Franco, pero se silenciaban y callaban, lo que es cierto, pero lo bueno que tiene la «democracia» -que el pueblo español se ha dado y cuyo motor fue el rey Juan Carlos, que no falte el sentido del humor- es que también pasan, ¡¡pero se publican!! O sea, que lo importante no es que haya corrupción, sino que ésta se publique. Luego alguno purgará -para redimir al resto de mangantes- para aparentar que aquí funciona ese «Estado de Derecho» que tanto añora Errejón. Y a otra cosa, mariposa, que diría Espe Aguirre (la tuteamos porque, para este blog, es un crack y una especie a proteger en vías de extinción: Espe, te queremos, que lo sepas.)

Moraleja: hay corrupción, sí, pero se denuncia (aunque nadie vaya al trullo):  ¡¡¡esa es la grandeza de la democracia, del Estado de Derecho!!! Qué gran esperpento escribiría el gran -aunque menudo era- Valle Inclán si viviera estos tiempos de molicie y ya, apenas, sin gracia. O maldita la gracia.

* Espero que se entienda -lo que no dudo- la ironía del título.

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