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En Alemania quieren separar a los niños de sus padres por sus contactos con otros niños ‘apestados’

Los niños alemanes que han contraído el coronavirus o que han jugado con un amigo “apestado” deben ser separados de sus padres en su propia casa, exige el ayuntamiento de Hannover.

El niño sospechoso comerá solo y no podrá realizar ninguna clase de actividades con los demás miembros de la familia.

Si los padres se niegan, los niños serán sacados fuera de sus casas para ser aislados en un albergue, según el periódico holandés De Telegraaf.

Un niño que come solo en su habitación, sólo porque ha estado en contacto con un compañero de juego infectado en la guardería, “suena como una triste distopía”, dice el periódico alemán Tagesspiegel.

La Asociación de Protección Infantil lo califica como “abuso emocional”. Heinz Hilger, director de dicha Asociación, asegura que “la cuarentena es bastante pesada para una familia, especialmente para los niños. Aislar a los niños de sus padres es una forma de abuso psicológico”.

Hannover se remite a la ley de protección contra las infecciones, lo que justificaría la cuarentena de los niños. “Es la forma más suave, en contraposición a la alternativa de aislamiento en un hospital, por ejemplo”, dice un portavoz del ayuntamiento.

Detrás de estas palabras se esconde una amenaza, afirma el diario Tagesspiegel: si los padres no cooperan, el niño puede ser capturado en su propia casa y colocado “a la fuerza en un espacio cerrado”.

Los padres se han puesto en alerta. Han formado una asociación y proponen que las familias cierren las cortinas de sus viviendas a la hora de comer, “por temor a que los vecinos traicionen a su familia ante las autoridades”.

Los padres señalan las consecuencias sicológicas para los niños. Según el portavoz del ayuntamiento de Hannover, las directrices se formulan de manera que puedan aplicarse “si es posible”, pero siempre teniendo en cuenta “cada situación doméstica y de vivienda”.

Por su parte, Hilger dice que es “una espada de Damocles” que pende sobre las cabezas de las familias. Más bien se debería calificar de terrorismo de Estado puro y duro.

https://www.welt.de/politik/deutschland/article213026408/Corona-Quarantaene-Gesundheitsaemter-wollten-Eltern-und-Kinder-trennen.html
https://www.nw.de/gesundheit/22837442_Gesundheitsaemter-Kinder-sollen-getrennt-vom-Rest-der-Familie-isoliert-werden.html
https://www.bild.de/politik/inland/news-inland/bei-corona-verdacht-gesundheitsaemter-wollen-kinder-von-familien-isolieren-72246430.bild.html

Se reduce en más 5.000 el número de muertes atribuidas al coronavirus en Inglaterra tras revisar las estadísticas

El baile de cifras de la pandemia no para. Tras las críticas recibidas, la burocracia sanitaria de Londres ha vuelto a revisar el recuento de las muertes atribuidas al coronavirus en Inglaterra, reduciendo en más de 5.000 su número. La cifra oficial queda ahora en 41.329 fallecimientos.

Para la última semana de datos, del 18 al 24 de julio, las cifras oficiales de muertes son un 75 por ciento inferiores: pasan de 442 a 111.

El nuevo cálculo se basa en una redefinición de las personas que murieron como resultado por coronavirus. Anteriormente, en Inglaterra se contaban en las cifras las personas que morían en algún momento como resultado de una prueba positiva, cualquiera que fuera la causa. Ahora habrá un retraso de 28 días.

La nueva metodología para el recuento de las muertes significa que el número total de personas en el Reino Unido que murieron a causa del coronavirus ha disminuido de 46.706 a 41.329, una reducción del 12 por ciento.

El profesor John Newton, director de la Salud Pública de Inglaterra (PHE), dijo: “La forma en que contamos las muertes entre las personas La elección del virus coronavirus del Reino Unido se hizo originalmente para evitar subestimar las muertes causadas por el virus en las primeras etapas de la pandemia”.

El mes pasado las críticas arreciaron porque las cifras del PHE incluían a todos los que habían dado positivo enn los tests, aunque murieran meses después y su muerte pudiera haber tenido otra causa.

En julio el Secretario de Salud de Inglaterra, Matt Hancock, pidió una revisión de la forma en que se calcularon las muertes por coronavirus.

El límite de 28 días en Escocia, Gales e Irlanda del Norte entre una prueba positiva y la muerte parecía razonable, pero no cabe descartar que lo vuelvan a cambiar por otro en cualquier momento.

El profesor Keith Neal, profesor emérito de epidemiología de enfermedades infecciosas de la Universidad de Nottingham, dijo que “la medida anterior de ser siempre una muerte Covid, incluso si se recupera, no era científica”.

“A medida que las muertes de Covid disminuyen, el número de pacientes recuperados, en particular los muy ancianos y los que tienen graves afecciones subyacentes, mueren ahora por estas afecciones y no coronavirus”, añade Neal.

“Estas muertes no Covid en sobrevivientes se convertirían en un porcentaje cada vez mayor de las muertes Covid de Inglaterra que se reportan. Se había convertido esencialmente inútil para la vigilancia epidemiológica”, concluye el profesor.

https://www.bbc.com/news/health-53722711

Australia: el terrorismo de Estado con el pretexto de la salud pública no conoce límites

El gobierno australiano ha impuesto uno de los estados de guerra más terroríficos del mundo con el pretexto de la pandemia, después de que Victoria anunciara una “crisis desastrosa” en respuesta al aumento de los “casos” de coronavirus.

Se han producido casos en que la policía ha atacado físicamente a personas que no portan la mascarilla, incluido un incidente en que una mujer fue estrangulada por un policía masculino.

La policía también tiene facultades legales para allanar las viviendas de las personas sin una orden judicial para realizar “controles de cuarentena”.

Del mismo modo, la policía también está instalando controles de carreteras para comprobar si, en efecto, las personas desplazan para ir a trabajar o con finalidades puramente recreativas.

Las Fuerzas de Defensa australianas patrullan los parques y otras zonas al aire libre para impedir que las personas puedan acceder a ellos.

La policía de Melbourne, en Australia, utilizará drones de alta tecnología para detectar a las personas que no llevan mascarilla al pasear por la calle y a los vehículos que violen el toque de queda o circulen a más de 5 kilómetros de la residencia de sus conductores (*).

“Se utilizarán aviones teledirigidos de alta potencia para encontrar a personas sin mascarilla y coches demasiado lejos de casa”, según un informe de la cadena 7News Melbourne.

Los drones también se utilizarán para asegurar que los parques de patinaje y de juegos permanezcan vacíos.

Los dispositivos de vigilancia pueden ser pilotados desde 7 kilómetros de distancia y producen imágenes tan claras que pueden leer la matrícula de un vehículo a 500 metros de distancia.

Cualquiera que sea sorprendido sin la mascarilla o violando el toque de queda de las 8 de la tarde a las 5 de la madrugada puede ser multado.

La policía también ha multado a un matrimonio porque su hijo estaba jugando a más de 5 kilómetros de su casa, mientras ejecutaba una orden de registro contra dos hombres cuyos ordenadores fueron incautados y que preparaban una manifestación contra el encierro.

Las cifras oficiales de la pandemia en Australia son irrisorias: 438 muertos y 23.773 casos positivos.

A los defensores del derecho a la intimidad les preocupa que no exista una cláusula de extinción sobre la aplicación de estas técnicas y que los drones se utilicen para espiar a los ciudadanos.

(*) pic.twitter.com/Yy84UBTH0V

Más información:
– Dossier coronavirus

El gobierno británico elimina más de un millón de datos de las pruebas de coronavirus realizadas hasta la semana pasada

Esta pandemia es una tragicomedia en la que los muertos impiden esbozar una sonrisa. Pero si fuera posible reírse, lo más hilarante serían, sin duda, las cifras, toda esa montaña de datos y curvas diseñadas por y para tontos de remate.

Contar, eso que es lo primero que enseñan a los niños en la guardería, les resulta materialmente imposible a los burócratas de la sanidad pública y epidemiólogos de todos los colores.

Los números cambian casi cada semana. Ahora el gobierno británico acaba de cambiar los suyos, revisando a la baja las cifras de la pandemia. Ya es imposible saber con qué datos porcentajes y promedios quedarnos.

En Londres han borrado de un plumazo más de 1,3 millones de pruebas de coronavirus de los datos oficiales (*) con el pretexto de que se ha producido una doble contabilidad. ¿Doble? Es posible que sea triple, o quizá no. No hay manera de manejarse con los datos. No sabemos si son mejores los anteriores que los nuevos, o si no valen ninguno de los dos.

La noticia llega en un momento en que los informes indican una falta total de confianza en los capitostes del NHS que diseñaron las pruebas de coronavirus.

Las pruebas ya habían sido cuestionadas y ahora la confusión aumenta por momentos.

La burocracia sanitaria ha hecho un ajuste de 1.308.071 en los datos históricos que miden las “pruebas disponibles”, destacando que ha habido casos de recuento por partida doble de los tests de pruebas distribuidos entre el 14 de mayo y el 12 de agosto.

El problema se reconoció por primera vez el 6 de julio, pero los datos incorrectos no se eliminaron hasta el 12 de agosto, en consonancia con las recientes revisiones a la baja del número de muertes atribuidas al coronavirus en Inglaterra y Gales.

La cifra de 1,3 millones abarca las pruebas personales realizadas fuera de los hospitales por empresas comerciales, incluidas, entre otras, las pruebas de hisopado realizadas en asilos y los tests de pruebas caseras autoadministradas que han sido enviadas por correo.

El ministro de Sanidad “en la sombra” Justin Madders ha reconocido que los datos de las pruebas en Reino Unido están “desorganizados”, agregando que la decisión de la semana pasada fue “la última de una larga serie de caóticos fracasos del gobierno en las pruebas”.

(*) https://www.gov.uk/government/publications/coronavirus-covid-19-testing-data-methodology/covid-19-testing-data-methodology-note

Las autopsias sobre 140 muertes atribuidas al coronavirus en Alemania confirman que los pacientes murieron por otras causas

El forense alemán Klaus Püschel ha examinado más de 140 muertes por coronavirus en Hamburgo en las últimas semanas. Dijo en la televisión alemana que la histeria que rodea al virus ha sido exagerada. Todas las personas que han muerto tenían enfermedades previas y habrían muerto rápidamente de todos modos, con o sin el virus, dijo Püschel, y agregó que no existe un «virus asesino«.

«Esto puede sonar duro, pero todos habrían muerto este año«, dijo el profesor del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf. El 80% de los pacientes padecían enfermedades cardiovasculares y la edad media era de 80 años.

Las personas sanas no tienen que preocuparse, dice Püschel . “No es un virus asesino del que muchos morirán. No podemos protegernos de todo. Este virus tampoco es necesariamente una sentencia de muerte para los ancianos y los enfermos. La mayoría sobrevivirá a la enfermedad«.

El forense también predijo que el coronavirus ni siquiera provocará un aumento en la tasa de mortalidad anual.

Añadió que muchos pacientes que murieron y que su muerte fue atribuida al coronavirus eran muy ancianos, fumaban o tenían afecciones subyacentes como diabetes.

Püschel es una figura de relevancia en el campo médico de Alemania, y en especial, en las ciencias forenses. Los grupos de trabajo dirigidos por Klaus Püschel y Stefan Kluge lograron detectar en los últimos meses que múltiples trombosis venosas y embolias pulmonares fatales en pacientes fallecidos fueron la causa de muertes inicialmente atribuidas al COVID-19. De esto resultó que no fue la neumonía relacionada con el virus y la interrupción resultante del intercambio de gases, sino más bien la insuficiencia cardíaca debido a la obstrucción extensa de la circulación pulmonar por embolias pulmonares la que ha sido responsable de una gran proporción de muertes.

Los científicos recomiendan a los gobiernos que dejen de hacer tests de coronavirus

Un informe de la oficina científica del gobierno británico, publicado en junio por Sage, estima que la tasa de falsos positivos puede llegar al 2,3 por ciento.

No obstante, un estudio reciente de la revista British Medical Journal (BMJ) indica que la tasa de falsos positivos es aún mayor, alrededor del 5 por ciento.

Por su parte, un equipo de microbiólogos escoceses confirma en otro artículo publicado por la misma revista que, en efecto, la tasa de falsos positivos es mayor en un contexto, como el actual, de baja prevalencia de la epidemia.

Los científicos recomiendan, en consecuencia, que los gobiernos pongan fin a los tests masivos, porque carecen de sentido en este momento, ya que contribuyen a crear la ilusión de una epidemia y dan lugar a medidas contraproducentes (*).

“Las pruebas de detección a gran escala en épocas de baja prevalencia pueden hacer más mal que bien y algunas de estas estrategias deben suspenderse temporalmente”, afirman en su artículo.

Los científicos escoceses señalan que la especificidad de las pruebas PCR depende del nivel de exigencia que se le pide. Dan resultados positivos cuando el sujeto ya no tiene la enfermedad, es decir, crea una impresión falsa de infección.

De esa manera, la epidemia es el cuento de nunca acabar porque cuantas más pruebas, más falsos positivos, más brotes, segundas y terceras olas.

(*) https://www.bmj.com/content/369/bmj.m1808/rr-22

Excepto los muertos, todo es mentira en esta pandemia

Soy consciente que la tendencia general es endosar a Gobierno y comunidades autónomas ocultamiento, por subestimación, del verdadero número de fallecidos por Covid-19. No comparto totalmente este enfoque y, por el contrario, considero que las defunciones por Covid-19, incluso en infectados “confirmados” (30% de falsos positivos posibles, Sin Hang Lee, “Journal of Geriatrics and Rehabilitation”, 17/07/2020), son menos que las oficiales. Si cabe, esto es aún más grave al apuntar a muertes en exceso de personas no infectadas, fragilizadas y desatendidas. La mayoría de exceso de muertes (respecto a la media de defunciones del mismo periodo de los últimos años) se debe a otras causas.

En primer lugar, el «syndrome de glissement-abandon» (dejarse ir) o muerte «psychogène» (Jean Carrié, 1952) en personas mayores que durante la epidemia se sintieron, con razón o sin ella, traumáticamente abandonas a domicilio, hospital o residencias (fallecen en tres semanas); en segundo lugar, el terror a infectarse en el hospital de personas con patologías graves, para todos los efectos huidas, que al no recibir seguimiento, intervención ni atención urgente fallecieron (y las que fallecerán).

Así las cosas, del Informe n°36 del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), “Situación De Covid-19. Casos diagnosticados a partir 10 de mayo” obtenemos conclusiones demoledoras relativas a la estrategia y directrices de política sanitaria impuestas por el Gobierno y CC.AA. en aras de minimizar el número de muertos causados por la epidemia en curso. Se trata de una encuesta epidemiológica de casos confirmados. Abstracción hecha de falsos positivos, los casos reales, de haberse hecho más test, serían a buen seguro el doble lo cual haría caer mecánica e imparablemente la tasa de letalidad al 0,3%-0,4%.

En la Tabla 4 del susodicho informe (distribución por grupos de edad) confeccionada por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) con los casos de Covid-19 por nivel de gravedad notificados a Renave con inicio de síntomas y diagnóstico posterior al 10/05/2020 (23/07/2020, fecha de la extracción de datos) se observa que hubo en total 228 defunciones por 35.482 infectados. Obtenemos una tasa de letalidad de 0,6% (228/35.482=0.006=0,6%). Esta tasa discrepa incontestablemente de la que se obtendría para la población general con el número de fallecidos (casi 45.000 confirmados y sospechosos) por Covid-19 estimados por nuestros colegas de «El País» (26/07). EP, Johns Hopkins University, INE, SCIII, deben revisar sus cifras, al copiarse entre sí repercuten los errores. Hay que orientarse siempre por la tasa de letalidad. La pertinente es la aquí calculada (por exceso).

Un primer estudio (26/04) de cuatro investigadores universitarios estimó la tasa de letalidad española en 3,1% contabilizando aproximadamente 38.000 fallecidos en cálculo deslizante. El Ministerio de Sanidad, en el momento de la publicación de la insostenible investigación, proponía 23.822 muertos (28/04). La discrepancia provenía de considerar fallecidos por Covid-19 prácticamente todas las muertes en exceso a partir de los informes del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) elaborados por el ISCIII. Los cálculos eran tan chocantes que con 32 infectados obtenían un fallecido. El estudio nacional de seroprevalencia llevado posteriormente a buen término por el ISCIII es más solvente pero también adolece de graves limitaciones a pesar de haber sido publicado por «The Lancet» (6/07/2020).

Los autores del estudio lo reconocen elegantemente. La tasa de letalidad que obtienen sigue siendo excesivamente elevada (1,14%). Sin embargo, al haber confirmado el estudio del ISCIII la elevada seroprevalencia del personal sanitario disponían de todos los elementos para una estimación robusta. Es cierto que un muestreo aleatorizado, representativo de la población española, debe tener en cuenta criterios de sexo, edad, categoría socioprofesional, región, renta, talla de la aglomeración, etc. Estos criterios no los cumple en su totalidad el colectivo de sanitarios pero se pueden aproximar bastante bien. Con cifras oficiales, la tasa de letalidad entre profesionales sanitarios (52.500 infectados hasta el 25 de junio) puede estimarse en el 0,13% para un rango de edad entre más de 20 y menos de 70 años. Si ponderamos con la tasa de letalidad para la población entre 0 y 20 años obtenemos aproximadamente una tasa de letalidad de 0,11% en el rango 0-70 años. Finalmente, teniendo en cuenta la tasa de letalidad de mayores de 70 años obtenemos una estimación global de 0,5%-0,6%, en consonancia con la que se desprende del informe del CNE arriba referenciado.

Viene ahora lo más inquietante. En la susodicha Tabla 4 se observa que solamente en los rangos 70-79 años y más de 80 se constatan más defunciones que estancias en la UCI. En los de más de 80 años el dato es aterrador: de 781 pacientes hospitalizados solo 20 pasaron por la UCI pero se registran 150 fallecidos. Con una prognosis correcta, dada la sintomatología tan brutal en fase severa (neumonías especificas y «tormentas de citocinas») es dudoso que los 130 pacientes hospitalizados, de más de 80 años, que fallecieron sin pasar por la UCI muriesen por el Covid-19. Habida cuenta que se los reportó infectados se les asignó esa causa de muerte. Además, una cosa es haber sido infectado por el Sars-CoV-2 y otra, bien distinta, morir de ello. Uno puede padecer cáncer y fallecer de un ataque al corazón o una peritonitis sobre todo si ha sobrepasado la esperanza de vida teórica. Entonces ¿de qué fallecieron? Fallecieron del “syndrome de glissement-abandon”: no es el virus el que mata sino la situación resentida. La tristeza, la pena, el desamparo que invade a los mayores en el hospital (o residencias o a domicilio) les resulta fatal, no el virus (o no siempre).

En síntesis, tomando en cuenta falsos positivos, tasa de letalidad discrepante con exceso de muertes por el Covid-19 (confirmadas y sospechosas), muertos por distintas dolencias que en vida, aterrorizados, no acudieron al hospital para no infectarse y fallecidos por “syndrome de glissement-abandon” estimo entre 20.000-24.000 los fallecidos directamente por Covid-19. Siguen siendo muchos, ciertamente, pero no son menos los no infectados que no supimos salvar.

https://www.abc.es/opinion/abci-juan-jose-calaza-excepto-muertos-todo-mentira-202008142141_noticia_amp.html

Más información:
– Dossier coronavirus

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