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El Banco Mundial tiene previsto prolongar la pandemia hasta marzo de 2025

Los documentos del Programa de Preparación y Respuesta Estratégica Covid-19 del Banco Mundial (1), indicados “Sólo para uso oficial”, tienen previsto prolongar la pandemia de coronavirus hasta marzo de 2025.

La fecha de inicio del programa la puso el Banco Mundial para abril de este año, por lo que el programa acabará tras más de cinco años de experimentación social y económica.

La denominación técnica de “Covid-19” no es de origen médico sino financiero. No procede de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sino del Banco Mundial. El sitio web de dicho Banco lleva un registro activo de las exportaciones de “Instrumentos y aparatos de prueba diagnóstica Covid-19 (902780) por países en 2018” (2), mientras que hasta febrero de este año la OMS no denominó como “Covid-19” a la enfermedad que causa el coronavirus.

Esta pandemia es un capítulo de la economía política que viene de lejos. En 2017 los países ya comerciaban con aparatos y reactivos para realizar pruebas de coronavirus. Tres años antes de que comenzara oficialmente la pandemia ya hay registros del Banco Mundial al respecto.

En otra entrada también hemos explicado que el laboratorio de Wuhan, al que se atribuye el origen del coronavirus, estaba financiado por Estados Unidos por orden de Anthony Fauci a través del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (3).

Al menos desde 2014 las investigaciones que allí se llevaban a cabo en el laboratorio versaban sobre los coronavirus de los murciélagos, lo cual ha sido divulgado por el Neewsweek (4) y National File (5). El sitio web del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas así lo reconoce públicamente (6).

Se trata, pues, de algo conocido sobre lo que no habría que insistir más, de no ser por el hecho que son muchos los que miran hacia otro lado. Dos años antes del inicio oficial de la pandemia, el 4 de abril de 2018, el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas titulaba una entrada “Nuevo coronavirus emerge de murciélagos en China”.

La entrada decía que el “nuevo” coronavirus no parecía infectar a las personas, a diferencia del SARS-CoV y que no se habían detectado “casos” desde 2004. “Los investigadores del estudio identificaron el virus del SARS en cuatro granjas de cerdos de la provincia de Guangdong (China). La labor fue una colaboración entre científicos de la Alianza EcoHealth, la Facultad de Medicina de Duke-NUS, el Instituto de Virología de Wuhan y otras organizaciones, y fue financiada por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, que forma parte de los Institutos Nacionales de Salud”.

Luego la investigación se publicó en la revista científica Nature.

(1) http://documents1.worldbank.org/curated/en/993371585947965984/pdf/World-COVID-19-Strategic-Preparedness-and-Response-Project.pdf
(2) https://worldbank.org/trade/comtrade/en/country/ALL/year/2018/tradeflow/Exports/partner/WLD/nomen/h5/product/902780
(3) https://mpr21.info/un-cuento-chino-el-laboratorio-de-wuhan/
(4) https://www.newsweek.com/dr-fauci-backed-controversial-wuhan-lab-millions-us-dollars-risky-coronavirus-research-1500741
(5) https://nationalfile.com/faucis-niaid-funded-wuhan-lab-scientists-to-research-bat-coronavirus/
(6) https://www.niaid.nih.gov/news-events/new-coronavirus-emerges-bats-china-devastates-young-swine

Las pandemias se han inventado para inflar el numero de fallecidos en ellas

Si algo ha quedado claro desde el inicio de la pandemia es que las cifras que han presentado la mayor parte de los países del mundo sobre los muertos por coronavirus son falsas o, por decirlo más finamente, “erróneas”.

También ha quedado claro que con el tiempo los métodos de recuento han ido cambiando sobre la marcha en la mayor parte de los países. Por lo tanto, o bien los datos previos son “erróneos”, o bien lo son los datos posteriores.

Las cifras que proporcionan los diferentes países no son compatibles entre sí porque cada uno de ellos certifica de una manera diferente las muertes que atribuye al coronavirus y cualquier estudiante de instituto, incluidos los epidemiólogos, sabe (o debería) que no se pueden sumar cantidades que no sean homogéneas.

Cuando se suman cantidades heterogéneas, se infla el número de fallecidos, lo cual es insólito porque en todo tipo de desgracias en masa ocurre lo contrario: para no alarmar a la población siempre se rebajan las cifras y se minimizan los daños.

Así ocurre siempre, excepto en las pandemias, donde se verifica el fenómeno inverso. Es la ley número uno de las pandemias: se han inventado para inflar el número de fallecidos en ellas.

En las pandemias una muerte tapa a otra. Como ya hemos expuesto en otra entrada, la legislación (española y autonómica) así lo establece, lo mismo que la propia OMS, que atribuye al coronavirus las muertes resultantes de cualquier enfermedad “clínicamente compatible con un caso Covid probable o confirmado. No puede atribuirse a otra enfermedad y debe contarse independientemente de las condiciones preexistentes del fallecido”.

En la inflación de muertes, los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental porque, aunque hubiera un número insignificantes de fallecimientos, su obsesiva visibilización en las pantallas da la impresión contraria.

La muerte vende, sobre todo en los medios de intoxicación. El objetivo de la inflación de muertes y su permanente recuento en las pantallas de televisión no tiene otro objeto que alarmar a la población y, naturalmente, atraer el máximo número de espectadores, convirtiendo a una desgracia en un espectáculo de circo en el que los expertos juegan el papel de payasos.

Cualquiera que sea la cifra de muertes que ha habido en la pandemia, es absolutamente increíble que un Estado moderno no sea capaz de contar el número de fallecidos, pero el hecho es que, a falta de datos, hay que recurrir a un medio indirecto: el exceso de mortalidad de este año en comparación con los anteriores.

Pero el exceso de mortalidad es otro baile de cifras. Las hay para todos los gustos y en España van desde las 25.000 hasta las 50.000, o sea el doble. Da lo mismo una cosa que otra porque el aspecto cuantitativo de los fenómenos interesa a muy pocos. Ante los números los espectadores dan media vuelta.

Con un número insignificante de muertos se puede provocar el mismo efecto de alarma general. Basta repetirlo una y otra vez para que el espectador sospeche que puede ser el siguiente, o quizá sus allegados. De esa manera se transforma en un sujeto temeroso, sumiso, dócil y, en consecuencia, fácilmente manipulable.

Si no hay muertes, las cifras de puede sustituir por “casos”, por “positivos” y por “contagiados” de manera que la fábrica del miedo nunca deje de producir.

Pero esa fábrica no va a parar nunca por sí misma. Alguien tiene que pararla. El problema es que quienes deberían hacerlo se han convertido en los máximos defensores del estado de guerra. Es una auténtica vergüenza.

Boston suspende las pruebas de coronavirus después de que arrojaran 400 falsos positivos

Un laboratorio de Boston suspendió las pruebas de coronavirus después de que una investigación descubriera que casi 400 de ellas arrojaron falsos positivos.

El 8 de agosto Orig3n, una empresa de biotecnología que cuenta con docenas de asilos como clientes, dejó de hacer pruebas a petición del Departamento de Salud Pública de Massachusetts. La suspensión se produjo días después de que el Estado comprobara que un número inusualmente alto de pruebas positivas erróneas.

Una investigación encontró que había por lo menos 383 resultados positivos que, al repetir las pruebas resultaron negativos, colocando a las personas en un “riesgo inmediato de daño”.

El 27 de agosto el Departamento de Salud Pública dijo que había notificado a Orig3n que había “tres deficiencias significativas de certificación” y que el laboratorio “puede enfrentarse a sanciones”.

Aproximadamente unos 60 asilos de ancianos siguen siendo o han sido clientes del laboratorio.

Uno de los asilos que recibió falsos positivos fue el centro de enfermería Pines Edge de la Comunidad de Jubilados North Hill en Needham. El miércoles Ted Owens, presidente de North Hill, dijo en un comunicado oficial que 18 trabajadores y un residente habían dado positivo en las pruebas.

Sin saber que las pruebas eran erróneas, el asilo encerró al anciano en aislamiento y los trabajadores fueron enviados a casa con una baja por enfermedad.

“Los costos para el centro también fueron significativos”, dijo Owens en su declaración. “Los falsos resultados positivos crearon un tremendo miedo y ansiedad entre los empleados, los residentes y los familiares de ambos”.

El 10 de agosto, después de dos nuevas pruebas que arrojaron resultados negativos, se permitió que el centro sacara al anciano recluido de su aislamiento y que los trabajadores pudieran volver a sus puestos.

Además de trabajar en los asilos de Massachusetts, el laboratorio también se asoció con el Departamento de Salud de Carolina del norte. En una declaración, el departamento dijo que romperá el contrato con Orig3n después de los falsos positivos.

El Departamento de Salud de Massachusetts asegura que el laboratorio carecía de materiales de prueba adecuados y no documentaba las prácticas de higienización diarias.

La dimensión de los errores en las pruebas de Orig3n no está clara, ya que el Departamento de Salud Pública no ha vuelto a probar cada muestra que la instalación procesó. Orig3n llegó a realizar decenas de miles de pruebas de coronavirus en los últimos 90 días en todo Estados Unidos.

https://www.nbcnews.com/news/us-news/coronavirus-testing-boston-lab-suspended-after-nearly-400-false-positives-n1239656

No hay ninguna pandemia en Brasil, no hay un exceso de mortalidad atípico respecto a años anteriores

Según la red Nacional de vigilancia epidemiológica de España (1) uno de los indicadores para evaluar el impacto de una epidemia sobre una población es el exceso de mortalidad.

Para la Organización Panamericana de la salud (OPS), el avance en el envejecimiento de la población y en las enfermedades no transmisibles (las infecciones) son algunos de los motivos por los cuales en muchos países se registran excesos de muertes durante algunos años, especialmente en los subdesarrollados. El riesgo de morir está fuertemente relacionado con la edad y las tasas de mortalidad por edad muestran riesgos aumentados en los extremos de edad de la vida.

Por tal motivo, casi todos los años, se registra un mayor número de decesos que el año anterior. Esto se relaciona con que cada vez hay más personas de edad avanzada y una de las causas más frecuentes de decesos son las infecciones respiratorias.

Para la OPS, “se hace necesario asumir que la cantidad de defunciones registradas para un área y período de tiempo pueden ser consideradas como una variable aleatoria,  aun cuando los datos provengan de registros de sistemas de estadísticas vitales completos” (2).

Al observar con detenimiento la evolución de cifras de muertes anuales de Brasil desde 2006 publicadas en el Registro civil (3), se ve que éstas venían incrementando año a año, siendo en el primer semestre donde se registra históricamente la mayor variación. Sin embargo, no es el año de la pandemia donde se observa el mayor aumento de muertes respecto al período equivalente anterior, sino que esto ocurrió en 2018.

Si se observa la evolución de cifras de muertes de Brasil de los últimos años, en el acumulado de enero a agosto, se ve que en 2018 hubo un 17% más de muertes respecto al año anterior; mientras que en el acumulado de enero a agosto de este año, la variación de decesos ha sido tan solo de 12% (vs el mismo período acumulado de 2019). En el acumulado de enero a agosto de 2016 vs 2015, el total de decesos fue un 14% superior. Con lo cual, no se observa un exceso de muertes atípico en Brasil en 2020, a pesar de la cantidad de imágenes o noticias que daban cuenta de que sí ocurría un fenómeno atípico. Los mayores excedentes de muertes en Brasil ocurrieron, según los datos que arroja el registro civil del país, en 2018 (17%) y 2016 (14%) (4).

La tendencia de aumento de muertes en el primer semestre del año en Brasil frente al mismo período del año anterior es una tendencia que se repite históricamente.

Hay algunas comparaciones que se han venido realizando este año que no han hecho más que contribuir a la confusión y a una percepción sesgada, donde se llega a la conclusión de que lo que ocurre en el mundo es mucho peor. Entre ellas: la comparación de cifras entre países, la cuantificación de un aumento de las infecciones respiratorias durante un período de crecimiento, omitiendo la comparación de dichas enfermedades vs mismo período de año anterior, la observación del aumento de “casos”, sin tener en cuenta los cambios en la definición y criterios de los mismos y los cambios en los métodos de recolección de la información (número de testeos y criterio para testear o no) o el estado de salud de los mismos.

Si bien suelen realizarse comparaciones y rankings entre países para evaluar qué región manejó mejor la pandemia, las mismas resultan poco válidas, ya que cada país posee diferencias en cuanto a la estructura poblacional, los períodos desde que ingresó el virus, la cantidad de testeos, los criterios de clasificación y medición, los recursos sanitarios y los factores ambientales, entre otros.

Según la isciii.com, “los sistemas de vigilancia difieren considerablemente de un país a otro, por lo cual no es posible usar los valores absolutos de los parámetros para hacer comparaciones válidas entre países. Sin embargo, sí es posible comparar un parámetro con el valor que tenía en temporadas anteriores en un mismo país. Por lo tanto, usando datos históricos, se puede describir la actividad de una epidemia (o pandemia) y compararla con temporadas anteriores, mediante descripciones cualitativas en base a umbrales de actividad” (5).

Según OPS, “La definición de caso es fundamental en el desarrollo de un sistema de vigilancia; y debe ser lo suficientemente específica para evitar que el número de casos falsos positivos sea excesivo. Para la detección de casos se requiere aplicar una definición estandarizada y estable, es decir no debe sufrir modificaciones en el tiempo (consistencia temporal), a fin de permitir comparaciones válidas durante el análisis de las tendencias del evento bajo vigilancia” (6).

Otro aspecto a tener en cuenta y que arrojará la ilusión de que estamos frente a una enfermedad más duradera es que “si se introduce una nueva prueba que detecta la presencia de enfermedad tempranamente en el período subclínico; el resultado práctico será un aumento en la incidencia, en la duración de la enfermedad y también en la prevalencia”.

(1) https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/Documents/GRIPE/GUIAS/Guia_Evaluacion_Gravedad_Epidemias_Gripe_28Marzo2019.pdf
(2) https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/34492/9789275319819-spa.pdf
(3) https://transparencia.registrocivil.org.br
(4) https://transparencia.registrocivil.org.br/registros
(4) Fuente: https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/Documents/GRIPE/GUIAS/Guia_Evaluacion_Gravedad_Epidemias_Gripe_28Marzo2019.pdf
(5) https://www.paho.org/col/index.php?option=com_docman&view=download&category_slug=publicaciones-ops-oms-colombia&alias=855-mopece3&Itemid=688

http://www.laprensa.com.ar/493622-No-hubo-exceso-atipico-de-muertes-en-Brasil.note.aspx

Las contundentes cifras sobre la pandemia de Suecia

La estrategia que adoptó Suecia para combatir el coronavirus ha despertado vehementes reacciones a favor y en contra. Cuando en marzo, a diferencia de todos los demás países de Europa, se apegó a su plan de larga data y se negó a introducir una cuarentena obligatoria, inmediatamente los ojos del mundo se volvieron hacia el “experimento sueco”.

Las autoridades alentaron el distanciamiento social y recomendaron que las personas mayores y vulnerables se protegieran, pero todas las escuelas para menores de 16 años permanecieron abiertas, al igual que los restaurantes y bares mientras continuaban los eventos de hasta 50 personas.

Tampoco decretó el uso obligatorio del tapabocas y muy poca gente lo utiliza en los supermercados, colectivos y subtes [metro] de Estocolmo.

El razonamiento dado por el arquitecto de la estrategia sueca, el epidemiólogo estatal Anders Tegnell, fue considerar la salud pública en general, y solo introducir medidas que fueran sostenibles a largo plazo.

En un principio, la audaz estrategia parecía haber fracasado. La infección se apoderó rápidamente de la capital sueca, en parte por el gran número de personas que visitaron los Alpes italianos en febrero; y muchas de las grandes residencias de ancianos tuvieron brotes. Ya a finales de abril las muertes per cápita en Suecia superaron drásticamente a las de las vecinas Noruega y Dinamarca, de las cuales más del 70 por ciento se produjo en geriátricos.

Sin embargo, seis meses después, la apuesta sueca comienza a dar sus frutos; al tiempo que otros países europeos vaticinan una segunda oleada de la pandemia. Si bien hubo un claro exceso de mortalidad en abril y mayo, desde junio las tasas de mortalidad de Suecia han vuelto a la normalidad. De hecho, desde fines de agosto, los decesos diarios no superan los cuatro y en la última semana solo se reportaron fallecimientos un día, según el sitio Our World in Data.

Y aunque junio vio un aumento en el número de casos nuevos, principalmente entre los jóvenes y principalmente debido al aumento de las pruebas, nunca se tradujo en más hospitalizaciones o muertes. De hecho, el número total de pacientes en cuidados intensivos con Covid-19 en este país de 10 millones de habitantes es actualmente 13.

Las infecciones comenzaron a caer rápidamente en julio y más aún en agosto hasta que se alcanzó el momento decisivo la semana pasada, según informó Evening Standard.

Hoy, Suecia no solo está por debajo del Reino Unido en nuevos casos positivos per cápita, sino que ha caído por debajo de sus vecinos escandinavos, Dinamarca y Noruega, anunciados como «naciones ejemplo» por su acción decisiva, pero que ahora sufren una aceleración de los contagios.

Los esperanzadores resultados de Suecia han suscitado una multiplicidad de teorías en todo el mundo. La densidad de población es diferente, dicen algunos; el alto número de hogares individuales significa que el virus no se propaga, dicen otros; son culturalmente fríos y no tienden a acercarse demasiado, dice otra teoría popular. Pero la posibilidad políticamente explosiva, que las autoridades sanitarias suecas defienden, es que están alcanzando un alto grado de la llamada «inmunidad colectiva» o «inmunidad de rebaño»; en otras palabras, que suficientes personas se han contagiado y ahora son inmunes y por lo tanto actúan como barreras contra la propagación del virus, explicó Evening Standard.

En una entrevista con el periódico The Observer en Londres este mes, Tegnell afirmó que hasta el 30 por ciento de la población del país podría ser inmune.

Si esto es cierto, las ramificaciones políticas son difíciles de estimar. Significaría que los encierros y las mascarillas podrían estar extendiendo, en lugar de resolver, la crisis, ya que la damnificación económica será muy difícil de sobrellevar en la mayoría de las regiones del mundo.

Y aunque el PBI sueco cayó un 8% en el segundo trimestre, la contracción fue de las menos intensas de Europa, si se tiene en cuenta los números de las economías de Alemania (-10,1%), Italia (-12,4%), Francia (13,8%) o España (-18,5%).

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/suecia-gran-vencedor-las-contundentes-cifras-coronavirus-nid2450028

Argos panoptes y la pandemia panóptica

“Hacerse dueño de los hombres no por esclavitud o fuerza, sino por la disposición que les rodea, de las impresiones que se les producen.
Su principio básico es la vigilancia, su elemento más arcaizante, la mirada. Sin embargo, lo que cobrará importancia no es la mirada directa de un hombre a otro, sino la noción abstracta de vigilancia. Lo novedoso del panóptico es pues la celosía que oculta al inspector a los ojos de los reclusos. No es ya una persona, sino la presencia. Presencia abstracta que se multiplica y se subdivide en muchas otras, porque no está “sólo en los ojos sino que está en la piel de uno mismo” (1)

Jeremy Bentham, seguro había leído lo suficiente sobre los mitos y leyendas de la antigüedad grecorromana cuando en 1787 acuñó el término Panóptico para diseñar arquitectónicamente cárceles, hospitales, escuelas, talleres… para vigilar sin ser visto. En la primera de las 21 cartas de las que se compone su tratado, La Inspección, dice: “Se puede estar castigando al incorregible, guardando el demente, reformando el vicioso, confinando el sospechoso, empleando el ocioso, manteniendo el desvalido, curando el enfermo, instruyendo el obrero en cualquier rama de la industria, o entrenando la raza creciente en el camino de educación: en una palabra, así se aplique a los propósitos de prisiones perpetuas, o el cuarto de muerte, o prisiones para el encierro, o penitenciarías, o correccionales, o fábricas, o manufacturas, o sanatorios, u hospitales, o escuelas”.

Con su propuesta, los vigilantes, con solo dos ojos, podían ver y controlar a decenas, centenas, de personas, y éstas saber que constantemente estaban vigiladas, al igual que Argos Panoptes, el monstruo de los cien ojos de la mitología griega, (el sirviente de los dioses que “todo lo ve y nunca duerme” -Pan: totalidad, mundo. Optes: mirada, ojos-). El panóptico arquitectónico se convirtió en una instalación para la dominación de forma permanente, un mecanismo de observación desde un lugar escondido vigilando constante y minuciosamente consiguiendo un conocimiento total sobre la actitud de los vigilados para verificar si un individuo se conduce o no como debe, si cumple o no con las normas impuestas, si se disciplina, si se arrepiente,… creando un auténtico terror como el expresado por Prometeo: “¡Argos me está mirando de nuevo! ¡Mantenlo alejado, oh Tierra! Tengo miedo cuando veo esa miríada de ojos” (Esquilo, Prometeo encadenado)

El invento de Bentham tomó forma emblemática a partir de 1932 en Cuba durante la dictadura de Gerardo Machado: “La vigilancia en las circulares era extrema y con muy pocos vigilantes. Un guardia penetraba por el túnel de las circulares y se situaba en la torre central, la cual termina en su parte más alta con una garita, de tal forma que el vigilante no es observado por los reclusos, ni ellos saben cuando éste los observa debido a la forma de construcción y los penados tampoco conocen cuando ocurre el cambio de guardia, por lo que es una vigilancia siempre alerta bajo la mirada oculta” (2).

Aunque en Cuba, durante la guerra de independencia, el general español Valeriano Weyler Nicolau impuso en 1896 la denominada “reconcentración” convirtiendo las ciudades controladas por el ejército colonial en inmensos campos de concentración en los cuales los “ojos” de los militares españoles querían controlar a los campesinos e impedir que éstos ayudaran al ejército mambí.

La proclama que daba inicio a la reconcentración decía: “Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes”. Vigilancia, control y castigo que, salvando el tiempo y el espacio, tiene muchas similitudes con los denominados “confinamientos pandémicos” impuestos en multitud de países, cuyas consecuencias en las áreas alejadas de los centros del capitalismo mundial, han sido y son, miseria, hambre y desesperación de las gentes que sobrevivían de la llamada economía informal. Al parecer estas gentes son los modernos rebeldes o los colaboradores de los rebeldes, como decía Weyler. El historiador Raúl Izquierdo Canosa, autor de investigaciones sobre esta etapa de lucha del pueblo cubano, relata: “Cuando en los difíciles días de 1897 el alcalde municipal de Guines visitó a Weyler para exponerle las terribles condiciones en que se encontraban los reconcentrados en esa villa y solicitarle algunas raciones para impedir que continuaran muriendo de hambre, éste le respondió: ‘¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre?’ Pues precisamente para eso hice la reconcentración” (3).

En diversos países se construyeron en el primer tercio del siglo XX multitud de panópticos para encarcelar a los transgresores de las normas establecidas, pero seguramente España se llevó la palma ya que disponía de este tipo de instituciones en Barcelona, Badajoz, Lugo, Madrid, Oviedo, Valencia y Vigo. Muchas más que en cualquier otro país.

Lo que Bentham no sabía es que su propuesta sería modernizada en el siglo XXI hasta un extremo tal, que el pobre Argos quedaría como un títere de feria en lugar de un héroe. Los millones de panópticos actualmente funcionando en todo el mundo a través de la arquitectura e ingeniería informática, los sistemas de detección vía satélite, las cámaras capaces de identificar rasgos físicos almacenados en gigantescas bases de datos tienen como única finalidad el control de la población y la modificación de su comportamiento. Y los modernos Argos Panoptes, leales servidores de los modernos dioses, aunque sólo tengan dos ojos físicos, disponen de miles de ojos virtuales y al igual que en los panópticos carcelarios, nadie los ve, pero todo el mundo sabe que está observado.

“En primer lugar, encontramos la ciencia al servicio del poder… Lo fundamental es que el sujeto se sienta vigilado y, en función de ello, actúe según esperan los resortes del poder” (4).

Esta ciencia, como otras ciencias, si bien es cierto que podrían utilizarse para conocer y reprimir en todo momento los fraudes fiscales, las evasiones de capital, la explotación de los emigrantes jornaleros del campo, los tráficos de drogas, los tráficos de personas, las redes de prostitución, los sobornos a funcionarios, la corrupción política… La ciencia y los encargados de ponerla en funcionamiento a través de la técnica, la usan para determinar quién asiste a una manifestación, quién plasma una opinión contraria al poder establecido en internet, quién camina por la calle sin bozal, quién sin disponer de techo ocupa una vivienda vacía propiedad de un banco, quién sin recursos “pincha” la electricidad, quién…

Michel Foucault, en Vigilar y Castigar, nacimiento de la prisión (1975), dedica el capítulo tercero al panóptico desde la mirada de finales del siglo XX, y es recomendable su lectura en estos momentos de legislaciones represivas e imposiciones irracionales con la excusa de una pandemia como trasfondo tal como define Jaime Chuchuca. “El poder está experimentando los efectos del Estado policíaco mundial ad hoc, físico y virtual, de dominio coactivo, pero también de consenso autocoactivo, porque se precisa la limitación de la libertad por la sobrevivencia. El panóptico pandémico es el síntoma de la crisis y se destruirá también por ella” (5).

Una trilogía compuesta por “Pandemia, Crisis, Panóptico”, la cual es invisible pero determina el que hacer y el que pensar de cientos de millones de personas está instalada, como si fuera el Olimpo, en lugares inaccesibles, ya sea un organismo internacional, una corporación industrial o un satélite artificial, desde los cuales pueden monitorizar cualquier movimiento susceptible de poner, aunque sea en entredicho, la pandemia, la crisis y la vigilancia panóptica. Y de forma irresponsable, los propios vigilados regalan miles de informaciones a través de sus teléfonos móviles que quedan todas registradas en las bases de datos de los modernos Argos, los cuales pueden utilizarlas en cualquier momento sin que el vigilado sea consciente ni haya dado autorización para ello.

Las llamadas Leyes de Protección de Datos, tan utilizadas para esconder los enormes sueldos y gratificaciones de los altos funcionarios de los servicios públicos (como en la corporación de Transportes de Barcelona) o de los “cargos de confianza” de distintos organismos políticos, o de los dirigentes de las grandes centrales sindicales y partidos políticos, o de los miembros de los consejos de administración de las grandes corporaciones, o de las amantes del rey emérito; por el contrario, son vulneradas cotidianamente por lo que respecta al resto de mortales a través del panóptico digital.

Hasta el momento de la llamada tercera revolución industrial en el último tercio del siglo XX, con la masiva introducción del “Chip” en todos los procesos industriales, de servicios i en las ciencias sociales, es decir, durante el sistema impuesto después de la segunda parte de la guerra mundial, imperaba en los países llamados industrializados, la sociedad del espectáculo a imagen del “Panem et circenses” del imperio romano: grandes espectáculos musicales, deportivos, teatrales, políticos, religiosos… junto a unos ingresos más o menos decorosos del proletariado primermundista y unos sistemas de asistencia social para los más desfavorecidos. Entre el entretenimiento y la barriga llena, el concepto de explotación y alienación iban perdiendo adeptos, aunque en otras partes del mundo la situación era radicalmente distinta. Era la eficacia del capital sobre el proletariado industrial, era la paulatina desaparición del internacionalismo proletario.

Pero un sistema que vive en crisis permanente, es decir, en reestructuración permanente, y la parte del pastel que se distribuía, cual anona romana, entre el proletariado de los países de los centros imperialistas es cada vez menor, ya no bastan los espectáculos para acallar las voces de protesta, ya no bastan cuando cientos de miles de personas se han visto privadas de su vivienda y de sus fuentes de ingresos. Puede acontecer que se inicien desde diversos lugares focos de protesta, de airada protesta, tal vez de solapada revuelta, tal vez de organización social. ¡Cuidado, peligran los beneficios! ¿Qué hacer?

La pandemia no se sabe todavía con certeza a que obedece, ni su origen, ni si es pandemia, pero lo que sí es cierto y comprobable son los enormes beneficios de las grandes corporaciones internacionales del mundo digital, que a su vez están emparentadas con los conglomerados químico-farmacéuticos y con los medios de comunicación de masas. Y las corporaciones industriales, también es cierto y comprobable, que bajo el manto de la pandemia están reestructurando sus capacidades productivas a nivel mundial.

Pero todo ello queda en segundo plano, pues los medios de comunicación solamente hablan de infectados, sintomáticos, asintomáticos, testados, en una vorágine sin precedentes de medias verdades, muchas mentiras, y muchas censuras. A su lado la resurrección del héroe en la mitología griega: Argos Panoptes, el gigante de los cien ojos que ha cambiado de apariencia convirtiéndose en cámara fotográfica y de video, con ojos ultravioleta, infrarrojos, cromáticos,… que se vehicularán vertiginosamente por el 5G, teniendo por aliado los servicios de inteligencia, las bases de datos, las policías y los incautos que hacen coro, al igual que en las tragedias griegas.

Tal vez debería hacerse un llamamiento a modernos Hermes informáticos que no estén al servicio de los dioses, sino del proletariado, para acabar con los Argos Panópticos al servicio del Poder, para conseguir que millones de ojos de millones de personas vigilen y controlen a unos pocos miles de vigilantes y a los científicos que están al servicio de éstos.

“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera»
Pablo Neruda

(1) http://www.bib.uia.mx/tesis/pdf/014525/014525_03.pdf
(2) https://www.ecured.cu/Presidio_Modelo_(Isla_de_la_Juventud
(3) https://www.ecured.cu/Reconcentraci%C3%B3n_de_Weyler
(4) https://revistaqdc.es/del-panoptico-moderno-a-la-vigilancia-liquida-de-la-posmodernidad/
(5) Jaime Chuchuca Serrano. Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca. 25 Marzo 2020

Los suicidios aumentan un 22 por ciento en Tailandia como consecuencia del confinamiento

La tasa de suicidios ha aumentado en un 22 por ciento como consecuencia del confinamiento y la ola de histerismo desatada en Tailandia, según datos oficiales publicados por el diario Khaosod.

En el país asiático la única pandemia es el suicidio. En Tailandia se han atribuido 58 muertes al coronavirus, pero ha habido 2.551 suicidios en los primeros seis meses de este año: 40 veces más.

Para el director del Departamento de Salud Mental, órgano encargado de reunir datos sobre el número de suicidios, el fenómeno se explica por las dificultades económicas y otros problemas relacionados con la ola de histeria.

Según Kiatiphum Wongrajit, jefe del departamento, “la última vez que se observó un aumento de este tipo en Tailandia fue durante la crisis económica de 1997. En los tres años siguientes a la crisis, hubo un aumento del 20 al 30 por ciento en el número de suicidios”.

El confinamiento ha arruinado sectores clave de la economía tailandesa, especialmente el turismo y las exportaciones. Millones de empleos están amenazados.

La prensa tailandesa se hace eco de los suicidios relacionados con las deudas y el cierre de empresas. Por ejemplo, una mujer de 33 años se suicidó en Bangkok en julio después de ser despedida de su trabajo. Una razón similar se dio en el caso de un hombre de 54 años que se suicidó en agosto en Kalasin. Lo mismo ocurrió con la muerte de un empleado de seguridad, ya que sus familiares dijeron que se había arruinado como resultado del confinamiento.

Los más pobres han sido -obviamente- los más afectados por la pandemia. Durante el confinamiento la supervivencia de muchos de ellos ha pasado a depender de las ayudas públicas.

La mascarilla es ‘una seria amenaza para el desarrollo de los niños’, aseguran 70 médicos belgas

En una carta abierta 70 médicos belgas se han unido para pedir “la abolición de las mascarillas en las escuelas, tanto para los profesores como para los alumnos”.

“En los últimos meses, el bienestar general de los niños y jóvenes ha sufrido una gran presión. En nuestras consultas vemos un número creciente de niños y jóvenes que se quejan de las reglas de conducta que se les han impuesto. Diagnosticamos la ansiedad y los problemas de sueño, los trastornos de conducta y el miedo al contagio. También vemos un aumento de la violencia doméstica, el aislamiento y las privaciones. Muchos jóvenes carecen de contacto físico y emocional”.

“La obligación de llevar mascarillas en las escuelas es una seria amenaza para su desarrollo. Ignora las necesidades básicas del niño en crecimiento… El uso obligatorio de mascarillas hace de la escuela un ambiente amenazador y peligroso, donde la conexión emocional se hace difícil”.

Según los médicos belgas, “no hay pruebas a gran escala de que el uso de mascarillas en un entorno no laboral tenga un efecto positivo en la propagación de los virus, y mucho menos en la salud en general. Tampoco existe una base jurídica para hacer cumplir esta obligación”.

Los médicos también explican que los niños sanos expuestos al coronavirus se curan por defecto sin complicaciones y contribuyen posteriormente a la protección de sus congéneres aumentando la inmunidad de rebaño.

https://www.lalibre.be/belgique/enseignement/septante-medecins-flamands-demandent-l-abolition-du-masque-dans-les-ecoles-une-menace-serieuse-pour-leur-developpement-5f58a5189978e2322fa9d32c

Los errores que cometen los médicos matan mucho más que la pandemia

¿Nuestro sistema de salud quiere acabar con nosotros? Tal parece ser el caso, según un informe de los CDC de 2016. Más de 250.000 muertes al año son causadas por errores médicos mortales en Estados Unidos, una cifra superior a los 193.000 que atribuyen al coronavirus.

Solo las enfermedades cardíacas y el cáncer matan a más personas en Estados Unidos que los errores médicos en hospitales y otros centros de salud.

Los fallos de seguridad y los errores no intencionales causan un 70 por ciento más muertes que las enfermedades respiratorias crónicas, la tercera mayor causa de muerte. Las muertes por derrame cerebral, diabetes o la enfermedad de Alzheimer ni tan siquiera se aproximan a las muertes causadas por errores médicos.

La investigación publicada en la revista British Medical Journal fue dirigida por Martin Makary, un profesor de cirugía de la Escuela Universitaria de Medicina John Hopkins. Los errores médicos son de todo tipo, desde errores de diagnóstico hasta destrezas inadecuadas, y problemas más sistémicos como los fallos de comunicación cuando los pacientes son transferidos de departamento.

“El problema se reduce a que las personas mueren a causa del cuidado que les brindan, en vez de a causa de la enfermedad por la cual buscan la atención médica”, le dijo Makary al periódico.

Los investigadores de la Universidad John Hopkins analizaron cuatro grandes estudios de muertes médicas desde el 2000 hasta el 2008, incluidos dos realizados por agencias federales. El único estudio previo de muertes de pacientes a causa de errores fue en 1999 por el IOM (Instituto de Medicina), que estimó que los errores causaron hasta 98.000 muertes en Estados Unidos al año. Ese número, dijeron los investigadores, “es limitado y está obsoleto”.

Los investigadores advirtieron que incluso la estimación de 251.000 muertes podría ser bastante baja. No hay una categoría separada para los errores médicos en los certificados de defunción, lo cual les hace difícil a los CDC rastrear este tipo de muertes. El estudio destacó que en uno de los casos una prueba mal ejecutada causó daño al hígado y consecuentemente insuficiencia cardíaca. La causa de muerte del paciente fue categorizada como cardiovascular, cuando en realidad fue un error médico.

Los autores del estudio solicitaron cambios en los certificados de defunción para poder rastrear mejor estos fallos mortales. Sin embargo, Robert Anderson, el jefe de la división de estadísticas de mortalidad de los CDC, dijo que es “incómodo” que un médico tenga que informar de que un paciente ha muerto por un error médico. Tan solo añadir una casilla para los errores no resolvería el problema de que el personal médico comete errores, dijo.

Un nuevo análisis de Kaiser Health News de 2010 a 2015 sobre agencias de cuidado en el hogar encontró que más de 3.000 agencias revisaron o hicieron el seguimiento inadecuado de medicamentos para los pacientes nuevos. En algunos casos los enfermeros no se dieron cuenta de que los pacientes tomaban una combinación de medicamentos potencialmente peligrosa que los ponía en riesgo de sufrir ritmos cardíacos anormales, hemorragias, daño al hígado y convulsiones.

Por lo menos en un caso, una confusión de una farmacia con medicamentos recetados causó la muerte de una mujer.

https://www.aarp.org/health/conditions-treatments/info-2016/medical-errors-leading-cause-of-death-cs.html

Las vacunas político-militares contra el coronavirus registradas por Moderna

El 28 de marzo del año pasado, mucho antes de la declaración de pandemia por la OMS, Moderna ya solicitó la patente de una vacuna contra el coronavirus. El remedio llegó antes que una enfermedad que, sin embargo, han calificado como “nueva”.

Moderna es una empresa estadounidense de biotecnología que percibe subvenciones de los presupuestos militares del Pentágono, lo que nunca ha mencionado en ninguna de las 126 patentes que ha presentado en sus 10 años de historia.

Ya había una vacuna contra el coronavirus, a pesar de lo cual las subvenciones públicas siguen fluyendo hacia las empresas privadas como si no la hubiera y, naturalmente, los medios alimentan dicha ficción diciendo que hay una “carrera mundial” para crear la primera.

La ocultación del origen público de los fondos en la solicitud de una patente es una violación de la ley Bayh-Dole. En la patente de la vacuna de Moderna contra el coronavirus aparecen como inventores Giuseppe Ciamarella y Sunny Himansu.

Moderna es una empresa muy sorprendente que domina como nadie el arte de manipular las bolsas de valores. Gracias a la pandemia, la cotización de sus acciones en la bolsa se ha multiplicado por cuatro.

Fue fundada en 2010 y, como ya hemos expuesto en otra entrada, percibe dinero público a pesar de que nunca ha logrado que le aprueben ningún medicamento. Sus fracasados intentos de fabricar vacunas han sido desarrollados con una combinación de lo público y lo privado, que fluye hacia el capital sólo por el apoyo político-militar que recibe desde hace 10 años.

Con un impulso de casi 1.000 millones de dólares de dinero público, la empresa ha iniciado la fase 3 de ensayos clínicos en decenas de miles de personas y está tratando de conseguir una autorización de la FDA por la via de urgencia. También tiene un contrato para vender 100 millones de dosis a Estados Unidos por otros 1.500 millones de dólares. La proteína clave utilizada en la vacuna fue coinventada por los Institutos Nacionales de Salud.

Moderna había perfeccionado su tecnología de ARN mensajero en vacunas contra otras enfermedades infecciosas, incluyendo Zika y Chikungunya. La investigación fue apoyada con subvenciones de unos 25 millones de dólares por el Pentágono a través de DARPA, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa.

Moderna no ha mencionado el impulso militar en ninguna patente, a pesar de un requisito en la Ley Bayh-Dole de 1980 que las empresas revelan en las solicitudes de patentes cuando han recibido subvenciones públicas. Tampoco ha revelado la participación pública en ninguna de las 154 solicitudes de patentes pendientes.

La empresa sólo ha confesado las subvenciones en sus informes a la Comisión de la Bolsa, incluyendo el registro para su oferta pública inicial de 2018, así como en algunos documentos científicos.

Las subvenciones públicas no han logrado reducir los altos precios de los fármacos, consecuencia del peso monopolista en el mercado sanitario. En Estados Unidos el dinero público llega a raudales a las multinacionales farmacéuticas a través de los Institutos Nacionales de Salud, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y el Pentágono.

De las tres instituciones públicas que financian las vacunas de Moderna, dos tienen un carácter militar, una prueba evidente de la naturaleza político-militar de este tipo de prácticas que se presentan con un carácter sanitario.

Moderna forma parte del grupo de empresas farmacéuticas que se benefician de la Operación Velocidad Punta puesta en marcha por Trump con el pretexto de la actual pandemia. Ya ha percibido 483 millones de dólares de dicha Operación.

Las cosas no pueden funcionar de otra manera: quien dirige dicha Operación no es otro que Moncef Slaoui, un antiguo cabecilla de Moderna que, como vemos, siempre están con un pie en lo público y otro en lo privado. Antes de ir a Moderna, Slaoui dirigió durante 30 años otra multinacional farmacéutica, GlaxoSmithKline, que no ha abandonado por completo.

En efecto, Slaoui sigue siendo el presidente de Galvani, una empresa de biomedicina en la que participan tanto GSK como Google.

Slaoui se incorporó al consejo de administración de Moderna en 2017, un cargo que ocupó hasta mayo de este año, un mes después de que se anunciara la Operación Velocidad Punta y tras vender sus acciones en un gran pelotazo bursátil que fue denunciado por la cadena CBS (*).

La CBS pidió que la SEC, el organismo regulador de la bolsa estadounidense, investigara a Moderna por utilizar información privilegiada. La empresa había anunciado un mes antes los resultados positivos en los ensayos de fase 1 de su vacuna contra el coronavirus. La noticia subió el precio de las acciones de la empresa en un 30 por ciento.

A los pocos días del anuncio, los cabecillas de la farmacéutica y los fondos de inversión que la controlan vendieron aproximadamente 90 millones de dólares en acciones.

(*) https://www.cbsnews.com/news/insider-trading-allegations-moderna-accountable-us-securities-exchange-commission/

 

Registro de la vacuna contra el coronavirus de la empresa Moderna

 

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