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Una enfermera se desmaya minutos después de recibir una inyección de la vacuna de Pfizer

Una enfermera de Tennessee se desmayó la semana pasada minutos después de recibir una inyección de la vacuna de Pfizer contra el coronavirus.

La escena fue grabada por las cámaras de la televisión cuando la enfermera, Tiffany Dover, daba una conferencia de prensa.

El jueves la enfermera, que trabaja del Hospital CHI Memorial de Chattanooga, Tennessee, se desmayó delante de las cámaras de la cadena de televisión WTVC-9 unos minutos después de la vacunación.

La trabajadora sanitaria dijo que se sentía muy mareada y luego se desmayó al alejarse del micrófono. Fue acolchada en su caída por otros dos trabajadores del hospital que estaban a su lado.

Dover se recuperó rápidamente y habló de nuevo al micrófono de WTVC-9. “Me golpeó de repente, pude sentirlo venir. Me sentía un poco desorientada, pero ahora me siento bien, y el dolor en mi brazo ha desaparecido”, dijo.

Twitter estrecha la censura en torno a las vacunas (la medicina acaba con las segundas opiniones)

Una de las secuelas de la ola de histeria ha sido la imposición de un nuevo tipo de censura que se suma a las que ya existían. Esta censura significa la liquidación de un principio médico secular: la posibilidad de obtener una “segunda opinión”.

En lo sucesivo ya no habrá “segundas opiniones”; el mundo deberá conformarse con la primera, convertida en única. La medicina, que históricamente fue un terreno abonado para la proliferación de escuelas y prácticas terapéuticas diferentes, se ha fosilizado en un “corpus” de doctrinas avaladas por el poder político, por quienes fungen como “autoridad científica” y, finalmente, por los grandes monopolios digitales.

Lo ha advertido expresamente Twitter (*), que esta semana estrecha el dogal de la censura en materia de salud pública en su más amplio sentido, que va desde los virus, hasta las enfermedades, pasando por las vacunas y los reglamentos jurídicos que aprueben los gobiernos.

Las redes sociales se convertirán en el sustituto de la telebasura. Sólo se admiten contenidos anodinos y repeticiones de las circulares ministeriales.

A partir de hoy la censura se convertirá en una tarea prioritaria, dice Twitter, y consistirá en eliminar “información engañosa sobre la vacunación”. Pronto empezarán a etiquetar los mensajes, quedando los verídicos a un lado y los falsos al otro.

Después de lograr separar la verdad de la mentira, la humanidad se puede dar por satisfecha. Uno de nuestros grandes sueños se ha cumplido por fin y para ello no sólo surgirá una legión de amanuenses que, como en los tiempos de franquismo, se encargarán de leer los contenidos y tachar unos con el lápiz rojo y los otros con el verde, sino que las empresas tecnológicas contarán con la ayuda de eso que llaman “inteligencia artificial”.

“El mayor peligro potencial para la salud y el bienestar humanos”, dice Twitter, no son las vacunas ni la industria farmacéutica, sino las mentiras, que la red social se encargará de separar de las informaciones verídicas, que son aquellas que tienen una sanción oficial, un membrete de autenticidad.

El elenco de mentiras se amplía con los “rumores”, que tampoco tendrán cabida, las “opiniones controvertidas” y las informaciones “fuera de contexto”. Los censores de Twitter se encargarán de suministrar un “contexto adicional” a la información que introduzcan los usuarios para “completarla”.

Twitter llevará a cabo la censura “en estrecha consulta con las autoridades de salud pública”, lo que convierte a las redes sociales en una prolongación del poder político, casi a la misma altura que el Boletín Oficial del Estado.

No habrá “segundas opiniones” en la medicina y pronto en ningún otro asunto. En el mundo del futuro solo podrán opinar los “expertos” de la tele.

(*) https://help.twitter.com/en/rules-and-policies/medical-misinformation-policy

¿Por qué la pandemia no ha diezmado a Bielorrusia si no ha impuesto el confinamiento?

Según los modelos epidemiológicos, sin confinamiento Bielorrusia debería ser ahora mismo una zona devastada por la muerte. Neil Ferguson, uno de los mayores farsantes de la ola de histeria, predijo un exceso de mortalidad de entre 54.090 y 71.616 por encima del año pasado. La cifra real de muertos atribuidos al coronavirus es de 1.299 para una población de 9,4 millones de habitantes (1): 150 veces menos que España aproximadamente.

¿Oculta el “dictador” Lukashenko la cifra real de muertos?, ¿la subestima? La respuesta es no.

¿Ha existido siquiera un exceso de mortalidad? La respuesta es afirmativa, aunque pequeña: en el segundo trimestre de este año se han producido 5.606 muertes más que el año pasado, un 15 por ciento en términos relativos, muy lejos de las previsiones catastrofistas de los modelos epidemiológicos.

Hasta un periódico como La Razón ha tenido que admitirlo: “Una pequeña ‘aldea’ de irreductibles bielorrusos resiste ante la pandemia de coronavirus que tiene paralizada a más de la mitad del planeta” (2), escribía en julio.

El 15 de setiembre la revista científica British Medical Journal publicó un artículo para explicar la baja incidencia de la pandemia en Bielorrusia sin medidas de restricción (3) porque, en efecto, el gobierno bielorruso ha sido el menos autoritario de Europa. “Bielorrusia es uno de los escasísimos estados europeos que no ha decretado medidas de excepción para frenar la pandemia. Las escuelas se mantienen abiertas, la liga local de fútbol continúa jugándose, los movimientos de los ciudadanos no han sido restringidos y eventos multitudinarios como festivales musicales no han sido cancelados”, decía El Periódico (4). En agosto tampoco suspendieron las elecciones presidenciales (a diferencia de algunas “democracias”, como Nueva Zelanda).

La reducida mortalidad en Bielorrusia no es propaganda de la “dictadura” y, una vez que el British Medical Journal aclara el hecho fundamental, tiene que explicar los motivos de ello, porque el confinamiento queda en evidencia, una vez más, como en el caso de Suecia.

La revista expone una batería de cuatro argumentos para explicar lo inexplicable.

El primero es sorprendente: Bielorrusia tiene un número mucho más alto de camas hospitalarias en proporción a la población que países, como Gran Bretaña, que se creen el ombligo del mundo: 11 por 1.000 comparado con 2,5 por 1.000, es decir, cinco veces más.

En Bielorrusia no han impuesto recortes ni han desmantelado la sanidad pública, posiblemente porque es una “dictadura” que -extrañamente- se preocupa de su población mucho más que las “democracias” de postín.

A mayor abundancia, en previsión de la pandemia, en Gran Bretaña el sistema público de salud dio de alta a un gran número de pacientes y la tasa de ocupación de camas también disminuyó debido al confinamiento y la histeria. El 13 de abril, unas semanas después del comienzo del confinamiento, el 40 por ciento de las camas de las UCI estaban vacías en los hospitales británicos.

Por lo tanto, como en otro otros países, lo que ha elevado las tasas de mortalidad ha sido el confinamiento, no la pandemia, al cancelar los tratamientos comunes, expulsar a las personas de los hospitales y promover un miedo que desalentó a las personas a acudir al médico.

El segundo argumento es que en Bielorrusia hay muy pocos asilos con muy pocos ancianos (203 por 100.000, en comparación con 854 por 100.000 en Gran Bretaña), que ha sido el gran matadero de la pandemia, a causa del abandono, no de ningún virus.

También es lo mismo que en otros países, y no sólo porque a los ancianos internados se les negó sistemáticamente el tratamiento médico y hospitalario. Durante la pandemia los ancianos han muerto por motivos políticos, de política sanitaria o, por decirlo más exactamente, por la falta absoluta de política sanitaria hacia ellos.

Las otras dos razones que da en el artículo son que el sistema de pruebas de detección de Bielorrusia es mejor que en otros países y que el país centroeuropeo no es un destino para los viajes.

Estas dos explicaciones son tan absurdas como el resto de afirmaciones de los “expertos” durante la pandemia. La expansión de un virus no depende de las pruebas, por más que Bielorrusia confinara a quienes arrojaron un resultado positivo en ellas.

En cuanto a los viajes, es cierto que para un país como Bielorrusia es más fácil cerrar las fronteras pero, según la doctrina del contagio, eso sólo puede impedir que el virus llegue de fuera, no que se propague por el interior si ya está presente.

El 25 de marzo el ministro bielorruso de Salud, Vladimir Karanik, anunció que las personas que entraran en el país debían guardar cuarentena. “Se han establecido estaciones de cuarentena en todos los puntos de entrada. Las medidas de control incluyen controles de temperatura. Este sistema de control realmente funciona”, señaló.

Las aduanas identificaron síntomas en más de 250 viajeros, aunque casi todos ellos lo que tenían era gripe, parainfluenza y adenovirus. Si una persona resultaba positiva al coronavirus, ponían a sus contactos bajo observación médica. “Un enfoque tan específico ayuda a detener la propagación del virus”, dijo Karanik.

(1) https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus/bielorrusia
(2) https://www.larazon.es/deportes/20200405/5ehfpoz4ffe4nkph7nogvyww3q.html
(3) https://www.bmj.com/content/370/bmj.m3543
(4) https://www.elperiodico.com/es/internacional/20200412/el-presdente-de-bielorrusia-ignora-el-coronavirus-no-tocar-7920862

Más información:
– ‘El coronavirus es un pretexto para que las grandes potencias reestructuren el mundo sin recurrir a la guerra’
– Bielorrusia se negó al chantaje: no impuso el confinamiento a cambio de los préstamos del Fondo Monetario Internacional

La OMS da la razón a los negacionistas y admite que la PCR arroja ‘falsos positivos’

En abril la OMS ya admitió que todos los tests de coronavirus dan falsos negativos y también falsos positivos, como ya expusimos en otra entrada. Ahora vuelve sobre el asunto, con una pequeña gran diferencia: se refiere directamente a la PCR en un informe fechado el 14 de diciembre.

El asunto es bastante conocido y lo repasamos telegráficamente. En primer lugar, la PCR no es un instrumento de diagnóstico clínico para detectar virus, como se ha repetido desde que se inventó hace décadas.

Suponiendo que fuera capaz de detectar un virus, la prueba no es fiable, tanto si es positiva como si es negativa. Desde el principio de la pandemia venimos diciendo que es como una escopeta de feria. La fiabilidad de dicha prueba, si es que tiene alguna, disminuye con el número de ciclos necesarios para obtener el resultado. Por lo tanto, los médicos no sólo deberían informar a la persona sobre si ha dado positivo o negativo, sino sobre el número de ciclos necesarios para obtener una conclusión.

Cualquier prueba PCR que requiera más de 35 ciclos no tiene ningún sentido. Incluso Fauci ha admitido públicamente que si son necesarios más de 35 ciclos, entonces lo que aparecen son “nucleótidos muertos”, tramos de un genoma, no un virus completo.

La práctica lo viene demostrando en multitud de ocasiones: cada vez que la prueba se repite en una misma persona, es como una lotería. Puede dar cualquier resultado contradictorio con el anterior.

Se han escrito numerosos artículos sobre el asunto, redactados por muchos expertos, médicos, investigadores y periodistas.

Quienes a lo largo de nueve meses vienen diciendo lo contrario, como el Sergas, el Servizo Galego de Saúde, por poner un ejemplo, son unos farsantes.

Si eso es algo sabido y conocido, hay que preguntarse por qué la OMS insiste ahora sobre el asunto de la fiabilidad y los ciclos de la PCR, algo que la prensa ha mantenido en silencio y que los cazadores de bulos se han empeñado en desmentir porque el Papa y la PCR son infalibles.

Según la OMS, un valor alto de ciclos para probar la presencia del coronavirus da lugar a resultados positivos falsos. A pesar de ello, muchos laboratorios de todo el mundo pasan de los 35 ciclos en sus pruebas.

Al principio de la pandemia la OMS recomendó hacer pruebas, pruebas y más pruebas a todo el mundo. Ahora dice que no son fiables. ¿Por qué ahora?, ¿por qué ya no conviene sostener el error? No lo sabemos. Lo deberían explicar ellos y, además, para variar deberían decir la verdad.

Como no lo hacen y no lo van a hacer en el futuro, las sospechas van por las vacunas. Como ahora ya tenemos una vacuna, no necesitamos más “casos positivos”, ni verdaderos ni falsos.

Ha llegado el milagro farmacológico. Cuando nos hayan vacunados a todos, en lo sucesivo las pruebas PCR se harán de acuerdo con las nuevas directrices y con sólo 25-30 ciclos en lugar de 35 o más.

Como consecuencia de ello el número de “casos positivos” bajará y tendremos la confirmación, una vez más, de que las vacunas funcionan. La pandemia reducirá sus estadísticas, volviendo a poner de manifiesto que los datos se fabrican a la medida de lo que se quiere “demostrar” en cada momento.

https://www.who.int/news/item/14-12-2020-who-information-notice-for-ivd-users

Más información:
– La OMS reconoce, por fín, que los tests dan falsos negativos y también falsos positivos
– Más infalible que el Papa: la PCR y el Sergas
– Una escopeta de feria que fabrica ‘apestados’, ‘positivos’, ‘infectados”, ‘contagiados’ y ‘epidemias’
– Las pruebas para detectar el coronavirus fallan más que una escopeta de feria

Los Estados europeos están al servicio de los intereses económicos de la industria farmacéutica

En el marco de la “Estrategia de la Unión Europea para las vacunas contra el covid-19” (1), Bélgica se comprometió a adquirir por adelantado dos vacunas, la de AstraZeneca, en agosto, y la de Janssen Pharmaceutica, en octubre, a la espera de otras que puedan llegar después.

El gobierno basó su decisión en las evaluaciones positivas realizadas por la Agencia Federal de Medicamentos y Productos Sanitarios (FAMHP), cuyo comité se ha encargado de examinar los expedientes de las vacunas candidatas.

Según el sitio web oficial de la FAMHP, el comité se compone de “expertos” que “no tienen ningún conflicto de intereses y están obligados a guardar secreto”. Para garantizar la independencia de sus miembros, la composición del comité no se dará a conocer oficialmente antes de que finalice su labor (2).

Sin embargo, el 19 de agosto en un telediario de la cadena belga RTL entrevistaron a Michel Goldman, que aparece en la foto de portada y se presentó abiertamente como uno de los miembros de dicho comité (3).

Al mismo tiempo, en la página web oficial de la Fundación AstraZeneca (4) Michel Goldman se destapa como presidente del consejo de la misma, cuyo propósito es proteger y promover los intereses de la empresa biotecnológica AstraZeneca.

Más claro agua: como suele ocurrir en estos asuntos, Goldman es juez y parte. Menos científico, se le puede llamar cualquier cosa. Bélgica ha puesto al zorro a cuidar de las gallinas.

Lo mismo ocurre en otros países. Por ejemplo, en Francia, varios miembros (entre ellos Christian Chidiac) de la comisión pública encargada de dirigir las medidas públicas contra la pandemia, son sicarios de la industria biotecnológica (5). Del mismo modo, en Estados Unidos los vínculos de Moncef Slaoui con la industria biotecnológica son muy conocidos (6).

A otros “expertos” encargados de regular los medicamentos y las vacunas les ocurre lo mismo. Ni son neutros ni imparciales, sino mercenarios de las grandes empresas farmacéuticas.

Del mismo modo que el gobierno belga delega la evaluación de los contratos de adquisición de vacunas a un comité de “expertos”, la Comisión Europea lo delega en un “comité directivo” y a un “equipo conjunto”. Los miembros de los mismos no se conocen. La Comisión Europea quiere mantener el secreto (7) en los mismos términos que los demás, es decir, para ocultar que son sicarios de la industria farmacéutica.

En lo que respecta a Bélgica, la red de influencia de la Fundación AstraZeneca es evidente en los vínculos establecidos con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Real Academia Belga de Medicina: “Desde su creación, la Fundación AstraZeneca ya ha dedicado más de 5 millones de euros a apoyar la investigación en Bélgica” (8).

Incluso en materia sanitaria, el Estado no es más que un fiel servidor de los intereses económicos de las grandes empresas capitalistas, en este caso, las farmacéuticas.

(1) https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/TXT/?uri=CELEX%3A52020DC0245
(2) https://www.afmps.be/fr/news/coronavirus_le_comite_consultatif_pour_le_choix_des_vaccins_contre_le_covid_19_traite_son
(3) https://www.rtl.be/info/video/754987.aspx
(4) https://www.azfoundation.be/the-board.html
(5) https://www.marianne.net/politique/ambiguite-gouvernementale-liens-d-interets-au-sommet-de-l-etat-enquete-sur-la-guerre
(6) https://www.washingtonpost.com/business/2020/07/14/chief-white-houses-operation-warp-speed-vaccine-effort-can-keep-investing-pharma-firms-under-ig-ruling/
(7) https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/fr/QANDA_20_1662
(8) https://www.lavenir.net/cnt/dmf20191206_01416712/deux-scientifiques-liegeoises-recompensees-par-la-fondation-astrazeneca

El teletrabajo es una contrarrevolución que convierte el hogar en una tortura

El enorme crecimiento del trabajo telemático a causa del confinamiento no es ninguna “revolución” sino todo lo contrario, dice la historiadora Raquel Varela, especialista en el cambio de las condiciones laborales, el movimiento obrero y la historia europea del siglo XX.

No es un motivo de celebración. “Yo no lo llamaría una revolución laboral, sino una contrarrevolución, porque es dramática la gestión que se está haciendo del teletrabajo. Cuando más necesitábamos del trabajo colectivo, en equipo, creativo… Estamos devolviendo a la gente a su casa, transformando no el trabajo en una casa acogedora, sino nuestra casa acogedora en una tortura de trabajo”.

“Desaparece la frontera público y privado y se intensifica mucho la demanda de trabajo. Lo que pasa con el teletrabajo es una intensificación de la ganancia de las empresas, porque disminuyen los costes inmediatos e invaden la casa de la gente”, lamenta Varela.

Con la pandemia los servicios de salud han sido desmontados de su excedente “Si miras una autopista, tiene dos o tres vías y una cuarta de parada (la banquina o arcén). Esta vía cuesta mucho construirla, pero casi nadie la utiliza, solo cuando hay un accidente. En los servicios de salud necesitamos también de una vía extra para situaciones de excepción. Lo que pasa es que los países del proceso neoliberal han desmontado esta vía de seguridad y han reducido los centros sanitarios al mínimo para funcionar.

El confinamiento es una práctica medieval que se aplicaba cuando no había ciencia, no existían servicios públicos de salud… Los gobiernos capitalistas del mundo tuvieron que admitir que no tienen medios para combatir una pandemia de baja letalidad. Imagínese si hay una pandemia de alta letalidad. La única solución es una idea completamente enloquecedora desde el punto de vista de la salud mental y física de la gente que es el confinamiento, y que tiene un impacto destructivo en la economía. Se habla ya de que hay 30 millones de personas que pueden morir de hambre, se habla ya de una pandemia mental tremenda”.

“Los trabajadores están pagando la factura de la crisis y no quienes tienen grandes ganancias. Y el dinero no produce dinero”.

Varela entiende que es necesario “situar a los servicios públicos fuera de la ganancia. Tenemos que considerarlos esenciales y pagar muy bien a los funcionarios públicos, porque son los garantes de la civilización. Y eso implica una inversión en trabajadores, no en tecnología y máquinas. Nosotros necesitamos gente que trabaje. No podemos seguir premiando a los empresarios del mundo que ganan millones y consentir que los servicios públicos funcionen con salarios que no permitan soñar. Hay que devolver la esperanza a los centros de trabajo, hay que devolver la autonomía, la creatividad, la reducción del horario del trabajo, la progresión en la carrera: la gente tiene que trabajar feliz; el trabajo no puede ser una tortura”.

Interrogada acerca de si esta coyuntura puede servir de “escarmiento” o aprendizaje, la historiadora se muestra más bien escéptica. “Yo no creo que las sociedades funcionen por causa de la racionalidad científica, sino por la fuerza política. No he visto nada en los gobiernos europeos que muestre un cambio en las políticas. La gran política ahora es la reconversión industrial a la tecnología 4.0 de industria verde, cuando lo que necesitamos más que nunca son educadores, médicos, enfermeros, transportistas… Necesitamos cuidar a quien trabaja, no necesitamos una supuesta inversión de capitales en maquinaria”.

https://www.montevideo.com.uy/Ciencia-y-Tecnologia/Teletrabajo-una-contrarrevolucion-que-convierte-el-hogar-en-tortura–afirma-historiadora-uc767430

Los grandes monopolios farmacéuticos acumulan 196 multas por sobornos y fraudes en masa

La pandemia está sirviendo a las grandes farmacéuticas mundiales como una oportunidad de redimirse como las salvadoras ante unos consumidores que tradicionalmente las han mirado con recelo.

Las empresas farmacéuticas acumulan en los últimos años un buen número de actividades criminales por las que han sido sancionadas con miles de millones. Sin embargo, la dispersión y poca publicidad que se da a las sentencias hacen difícil evaluar el alcance de las ilegalidades cometidas a costa de la salud de millones de personas.

Tres investigadores estadounidenses, Denis Arnold, Oscar Jerome Stewart y Tammy Beck, han recopilado en la revista científica Jama (*) las multas impuestas a las grandes empresas farmacéuticas por las actividades ilegales cometidas entre 2003 y 2016.

La lista de multas está encabezada por GSK (GlaxoSmithKline), condenada en 27 ocasiones por más de 9.700 millones de dólares, con precios ajustados a la inflación de 2016.

Buena parte del total corresponde a la sanción de 3.000 millones de dólares que le impusieron en Estados Unidos en 2012, y que se convirtió en la mayor de la historia jamás pagada por un gigante farmacéutico. Los delitos cometidos por GSK fueron la promoción ilegal de ciertos medicamentos recetados, su falta de informes de seguridad y su responsabilidad civil por supuestas prácticas de precios falsos.

La farmacéutica está actualmente implicada en el desarrollo de varias vacunas contra el coronavirus con otras empresas, principalmente la canadiense Medicago y la francesa Sanofi. De esta última ha logrado vender a la Comisión Europea 300 millones de dosis de su potencial vacuna, que estaría disponible en la segunda mitad de 2021. Sanofi aparece también en la lista de Jama tras haber sido sancionada diez veces por valor de 536 millones de dólares en la última década.

Tras GSK ocupan las primeras posiciones en la carrera de fraudes otros nombres conocidos. Pfizer (18 multas y 2.910 millones) y Johnson & Johnson (15 multas y 2.668 millones) comparten el podio de delitos.

Tras ellas está Abbott, propietaria de la patente de un test de antígenos, con 11 multas y 2.581 millones en sanciones entre 2003 y 2016.

AstraZeneca, desarrolladora de la vacuna ideada inicialmente en la Universidad de Oxford, acumula 10 multas y 1.172 millones en los últimos años. La mayor parte de sus manipulaciones han consistido en alteraciones en los precios y reparto de mordidas ilegales para conseguir contratos. El director mundial de innovación de la farmacéutica, el oncólogo catalán Josep Baselga, tuvo que salir por patas del hospital Memorial Sloan Kettering tras desvelarse sus conflictos de interés con varias empresas del sector, que él nunca reveló en sus artículos seudocientíficos.

Eli Lilly está desarrollando en estos momentos el el bamlanivimab, uno de los anticuerpos monoclonales contra el coronavirus, aprobado hace unos días para su uso de emergencia en Estados Unidos. Aparece entre los cinco primeros defraudadores, con siete sanciones que le han supuesto 1.775 millones de dólares. La mayor parte, en este caso, se debió a promocionar productos para propósitos médicos más allá de los que estaban aprobados por la FDA.

Los autores del artículo se centran en empresas grandes. De las 26 farmacéuticas seleccionadas, un 85 por ciento han sido sancionadas por actividades ilícitas. Solo se libran cuatro: Biogen, Celgene, Gilead y Hospira. Hay que agregar, no obstante, que Celgene y Hospira fueron absorbidas por Brystol-Myers y Pfizer respectivamente, dos grandes empresas que sí aparecen en la lista.

Gilead, por su parte, ha recibido muchas críticas por los precios a los que pone sus tratamientos (Sovaldi, un remedio contra la hepatitis C o el remdesivir, que es una estafa típica del coronavirus, tasado en unos 2.300 dólares por tratamiento). Pero nunca ha sido multada.

Una de las categorías criminales habituales es el etiquetado engañoso, los sobornos o comisiones ilegales una vez logrado un contrato determinado, los daños medioambientales y la vulneración de los principios de competencia. Las categorías sancionadas con más frecuencia son las relacionadas con los precios, con la publicidad para usos clínicos no aprobados, con las comisiones ilegales tras conseguir un contrato o con el etiquetado engañoso.

Los investigadores estudiaron durante cuántos años habían continuado las empresas la actividad ilegal asociada a las multas. En esta categoría aparecen empresas menos conocidas como Actavis, más conocida por la compra en 2014 de Allergan, fabricantes del botox, por 66.000 millones de dólares. Actavis mantuvo de media durante 11 años las actividades por las que posteriormente fue sancionada, seguida de Amgen (9,78 años), Wyeth (8,71) o las ya mencionadas AstraZeneca (8,30) y GSK (7,22).

Ahora todas estas empresas compiten por ofrecer al mundo una pócima mágica contra la pandemia que las redima sus pecados y, naturalmente, infle sus bolsillos para que pueda seguir delinquiendo a costa de la salud de millones de personas.

(*) https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/10.1001/jama.2020.18740

Perú paraliza los ensayos de la vacuna china contra el coronavirus por un ‘evento adverso serio’

El Ministerio de Salud de Perú ha paralizado de manera temporal los ensayos clínicos de la vacuna contra el coronavirus que la farmacéutica china Sinopharm lleva a cabo en el país andino por un “evento adverso serio”, según un comunicado publicado el sábado en su página web (*).

“La decisión de suspender temporalmente los ensayos clínicos es una medida de seguridad“, reza el texto, que especifica que “se produce ante la identificación de un evento adverso serio en uno de los sujetos de investigación”.

Se ha tomado esta medida de acuerdo con el Reglamento de Ensayos Clínicos y los protocolos establecidos para proteger la salud de los voluntarios durante la tercera fase de prueba de las vacunas candidatas contra la nueva enfermedad.

Desde el ministerio del país latinoamericano afirmaron que están realizando una investigación para determinar si el contratiempo se debe a la vacuna en cuestión o si existe otra explicación.

“Hace algunos días reportamos como corresponde ante las autoridades regulatorias que uno de nuestros participantes tenía algunos síntomas neurológicos que podrían corresponder a una complicación que se llama Guillain-Barré“, explicó el doctor Germán Málaga, investigador jefe de la Universidad Cayetano Heredia, que alberga los ensayos de dicha vacuna.

El experto indicó que el sujeto en cuestión presentó una disminución de fuerza en los movimientos de sus piernas, síntoma que corresponde al síndrome de Guillain-Barré. Málaga dijo que, si bien les parece poco probable que ese sea el diagnóstico por las características clínicas del paciente, el Instituto Nacional de Salud (INS) decidió interrumpir el estudio de manera temporal como medida preventiva.

Asimismo, detalló que el INS decidió crear una comisión de neurólogos para evaluar a la persona afectada. “Estamos preocupados por la situación y hemos dado todo nuestro apoyo y soporte para que este caso se aclare”, agregó.

Sinopharm estaba a pocos días de concluir la primera etapa de sus pruebas en Perú, donde 12.000 personas participan como voluntarios. Su idea era inocular la segunda dosis de la vacuna a lo largo de las próximas semanas.

(*) https://www.gob.pe/institucion/minsa/noticias/320285-ministerio-de-salud-respalda-proteccion-de-la-salud-de-los-voluntarios-para-los-ensayos-clinicos-de-vacunas-comunicado-n-352

La pandemia del absurdo

Algunos países cerraron todo, otros casi no aplicaron medidas y muchos impusieron restricciones intermedias. La pandemia del Covid–19, que fue presentada como la nueva Peste Negra por los medios, no tuvo ni siquiera una respuesta unívoca de parte de las autoridades sanitarias en diversos países, e incluso la OMS declaró eventualmente que las cuarentenas debían evitarse todo lo posible.

Mientras buena parte del planeta actuaba como enfrentando un apocalipsis, los indicadores de exceso de mortalidad parecen indicar que el coronavirus no produjo el desastre que se anunciaba. Suecia es el mejor ejemplo. Demonizada en la prensa internacional por no instaurar cuarentenas, las cifras muestran que, comparando con los últimos diez años, en 2020 no presenta exceso de muertes. Hasta fines de noviembre de este año, la cantidad de muertos por cada 100.000 habitantes ha sido de 820 personas. En 2010 la cifra fue de 873, en 2012 de 877, en 2015 de 841, y en 2018 de 820 por cada 100.000 habitantes respectivamente.

¿Tiene sentido la histeria respecto a la forma en que Suecia ha manejado la pandemia a la luz de estos datos? Se podrá hacer críticas a aspectos del manejo de los suecos en este asunto, y tal vez eran necesarias algunas restricciones que no se implementaron. Pero en términos generales, cuando se observa que la mortalidad total es la misma, e incluso menor que la de años anteriores, es simplemente un absurdo suponer que el camino correcto era el encierro de toda su población.

Alemania, que ahora ha endurecido sus políticas –jamás llegando al extremo delirante de Chile–, muestra datos similares. Las cifras de muertos mayores de 80 años por cada 100.000 habitantes por semana del año muestran que en 2018, por ejemplo, hubo más muertes que en 2020, especialmente en las primeras 30 semanas del año. Es más, al menos desde 2016 la tendencia muestra ser muy similar a la del presente año. A la luz de esos datos, la declaración de Angela Merkel de que Alemania enfrentaba el desafío más grande desde la Segunda Guerra Mundial solamente puede juzgarse como exagerada.

En Chile, en tanto, decidimos introducir una humillante y devastadora cuarentena sin tener ninguna evidencia de que los costos de su implementación superarán sus beneficios. Hoy, diversos estudios para otros países –y datos para Chile– señalan que, en términos de salud pública, las enfermedades y muertes por otras causas se van a disparar producto de las cuarentenas. Esto es sin considerar el auge de la depresión, los suicidios, la violencia intrafamiliar, el abuso sexual infantil, la criminalidad, la pobreza, la destrucción familiar, el hambre, el desempleo, y todo el desastre social y económico derivado de las políticas represivas.

Nada de eso parece importar lo suficiente a nuestras autoridades. Ni siquiera se considera la crisis de salud mental y física que se produce en niños debido a la clausura de colegios, a pesar de que hace rato es claro que estos no son transmisores relevantes de Covid-19. Tampoco sabemos si las cuarentenas realmente han disminuido la tasa de contagios en Chile, ni la tasa de mortalidad, pero de todos modos el Estado, bajo el pretexto de cuidar a otros, trata nuestros derechos fundamentales como si fueran una concesión estatal que puede ser revocada cuando la autoridad lo estime pertinente.

https://www.df.cl/noticias/opinion/columnistas/axel-kaiser/la-pandemia-del-absurdo/2020-12-16/194330.html

Primera reacción alérgica grave a la vacuna de Pfizer: una trabajadora de sanidad ha sido hospitalizada

Ayer una trabajadora de sanidad de Alaska, en Estados Unidos, tuvo una grave reacción alérgica después de recibir la vacuna contra el coronavirus de Pfizer y tuvo que ser hospitalizada.

La trabajadora está en situación estable. Se trata de una mujer de mediana edad que no tenía antecedentes de alergias, pero tuvo una reacción anafiláctica que comenzó 10 minutos después de recibir la vacuna en el Hospital Regional Bartlett en Juneau, Alaska. La reacción incluyó enrojecimiento de la piel y falta de aliento.

La reacción disminuyó poco después de que la trabajadora fuera tratado con epinefrina.

Una portavoz de Pfizer, Jerica Pitts, advirtió que la empresa todavía no tiene todos los detalles del caso pero está trabajando con las autoridades sanitarias locales.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha aconsejado a las personas con alergias que consulten a sus médicos para asegurarse de que no son alérgicos a ninguno de los componentes de la vacuna.

La institución reguladora de los medicamentos de Gran Bretaña dijo a principios de este mes, después de detectar dos informes de reacciones alérgicas graves en el país, que cualquier persona con un historial de anafilaxia a un medicamento o alimento no debería recibir la vacuna Pfizer.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) también han publicado orientaciones sobre las posibles reacciones anafilácticas. Las personas con un historial de reacciones fuertes “pueden recibir la vacuna, pero deben ser aconsejadas sobre los riesgos desconocidos de desarrollar una reacción alérgica grave”, dice la guía de los CDC.

Los científicos no saben con precisión qué componente de la nueva vacuna está implicado en la respuesta alérgica grave de Alaska y las dos británicas.

Los voluntarios del ensayo clínico de Pfizer de 44.000 personas eran excluidos si tenían antecedentes de reacciones alérgicas a las vacunas. En general, el ensayo no encontró problemas de seguridad serios, pero las instituciones reguladoras y la multinacional estudian los efectos adversos de la vacunación.

Estados Unidos está vacunando a unos tres millones de personas con la dosis de Pfizer, y esperan llegar a un total de 20 millones de personas este mes si se aprueba la vacuna desarrollada por Moderna.

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