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‘La industria farmacéutica ha creado un monstruo que nos ha traído hasta aquí’

Desde que la pandemia del coronavirus explotó en Europa y Estados Unidos, cientos de compañías e investigadores se han puesto manos a la obra para encontrar un medicamento efectivo para curar la enfermedad, así como para desarrollar una vacuna que la prevenga. Es la gallina de los huevos de oro para una industria farmacéutica que “no se puede enriquecer más, porque el monstruo que ha creado es el que, en parte, nos ha traído hasta aquí”, dice Joan Ramón Laporte, catedrático en farmacología, dedicado a denunciar los silencios en torno a la industria del medicamento.

Mientras no se desarrollan fármacos efectivos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado la reutilización de medicamentos ya existentes que pueden paliar los efectos del coronavirus. Aunque es una buena iniciativa, Laporte alerta que estos medicamentos se dan “sin ninguna prueba de que realmente funcionen y sin pararse a mirar si pueden estar contraindicados para un paciente concreto”. Y es que el mal uso que se ha hecho durante las últimas décadas de los medicamentos ha contribuido a debilitar la salud de la población, según apunta el catedrático.

En el informe que publica, junto con el profesor David Healy, dice (1) que hay medicamentos que aumentan el riesgo de neumonía, una infección que puede complicar mucho el estado de los enfermos de covid-19. ¿Cuáles son?

Hay medicamentos que, aunque normalmente se usen para enfermedades diferentes, pueden hacer que una infección respiratoria se complique y dé lugar a neumonía. Pasa sobre todo con las personas mayores, que son las que tienen de por sí más riesgo. Esto sucede porque producen mucha sedación, por lo que se respira de manera superficial y atontan al paciente, así que puede cometer más errores de autocuidado. Ya hay estudios sobre cientos de miles de pacientes que demuestran este riesgo.

Los medicamentos más destacados serían los antipsicóticos o neurolépticos, como la risperidona, la olanzepina o el haloperidol, que aumentan el riesgo de neumonía entre un 70 y un 300%. En Catalunya hay 64.000 personas en residencias, de las cuales 20.000 toman estos medicamentos. Cuesta creer que haya 20.000 personas en residencias con episodios psicóticos, pero es que son medicamentos que se dan a la ligera: cuando un paciente presenta ansiedad o tiene una pesadilla con gritos a media noche, se le medica.

No son episodios psicóticos, pero el poco personal, tal vez no suficientemente preparado y con poca atención general, hace que medicar sea una tentación por hacer ver que resuelves un problema cuando en realidad solo la agravas. Lo peor es que un 11% toma dos antipsicóticos diferentes. Y un 6% toma tres. En ningún sitio se dice que tomar dos sea más efectivo que tomar uno, más bien al contrario.

También hablan de analgésicos o de los sedantes.

Sí, de sus derivados opiáceos, que desde el siglo XIX se sabe que pueden matar por intoxicación y por ahogo si hay infección respiratoria. Son medicamentos que se usan mucho pero con indicaciones no autorizadas. La pregabalina, por ejemplo, es el cuarto medicamento más vendido en Catalunya y está indicado contra la epilepsia, pero nunca se usa para ello, sino que se receta contra el dolor de espalda.

Un problema grande también son los medicamentos para dormir, como el lorazepam, o los sedantes como el tranquimazin. En Catalunya, de cada mil mujeres de más de 65 años, 350 están tratadas diariamente con estos fármacos. Al igual que los antidepresivos, que también son depresores del sistema nervioso central, que los toman más de un 25% de mujeres de esta edad.

¿Cómo pasamos de la sobremedicación a producir neumonía?

Porque se anulan las defensas. Hay medicamentos de uso común que deprimen el sistema inmunitario, como el omeprazol, más conocido como ‘protector de estómago’. Yo siempre digo que no es un protector de nada, sino que es un medicamento que, como todos, puede producir efectos beneficiosos o indeseables, si se usa mal. Este fármaco está indicado para muy poca gente, deberían tomarlo como máximo 100.000 personas, pero es el más usado, tras el paracetamol, y anualmente se receta a casi millón y medio de personas en Catalunya.

Es un medicamento que anula el ácido gástrico, que no es solo algo que moleste de vez en cuando, sino que es una ventaja evolutiva que protege de la contaminación bacteriana o vírica que llevan los alimentos. Si inhibimos el ácido gástrico, perdemos la defensa natural.

¿Hablamos de medicamentos con receta o de acceso libre?

El omeprazol es de dispensación libre en farmacias, pero supongo que, si se sabe buscar, todo se puede conseguir sin receta.

En una entrevista afirmó (2) que el 50% de los medicamentos que se recetan no son necesarios. ¿Cómo afecta esto a la población más vulnerable, como las personas mayores?

La sobremedicación es particularmente visible con el uso de antipsicóticos en las residencias. Reina un mal uso de fármacos, unido a falta de supervisión médica. ¿Cómo si no se entiende que haya gente que tome dos antipsicóticos? ¡Porque nadie ha mirado qué tomaban antes! Estoy seguro de que estos factores han contribuido notablemente a generar una situación de crisis de salud en las residencias que, estos días, estamos viendo estallar.

Hablaba antes de que estos fármacos llevan a cometer más errores de autocuidado. ¿Esto expone al paciente a contagiarse de enfermedades como la covid-19?

Disminuyen mucho la calidad de vida. He visto gente diagnosticada de depresión a la que se le han retirado medicamentos que no se sabe muy bien para qué se le dieron, y mejoran como las plantas aquellas que hace 15 días que no regabas. En Catalunya cada año hay entre 10.000 y 12.000 personas diagnosticadas de alzheimer. ¿A cuantos hemos intentado retirarles medicamentos antes de afirmar que tienen un déficit de función cognitiva?

Ante una crisis sanitaria como la actual, ¿cree que es momento de reflexionar sobre el uso de los medicamentos?

Si miras cómo se usa y se abusa de los medicamentos, entiendes que lo que está ocurriendo hoy no es casualidad. Casi todas las visitas al médico terminan con la prescripción de un fármaco. Sabiendo esto, ¿cómo puede nadie ni siquiera plantearse dejar el sistema de salud, y sobre todo la atención a los más vulnerables en las residencias, en manos privadas? Es de allí de donde tenemos que echar al capital privado: viendo la mala praxis hacia los medicamentos y la mala atención en las residencias, se evidencian los riesgos de la gestión privada.

Nos hemos equivocado en muchas cosas, y si no lo arreglamos de manera estructural, evitando más privatizaciones y ofreciendo trabajos dignos, no saldremos de esta. Debemos abandonar la idea de la sanidad como oportunidad de negocio, tanto en lo referente al sistema como particulares. Miré recientemente la base de datos del Clinical Trials de EE UU, donde se registran los ensayos clínicos de todo el mundo, y de los nueve ensayos españoles que había sobre el covid-19, ocho no estaban dispuestos a compartir los datos con el resto de investigadores. ¿De qué vamos? ¿De qué sirve investigar si no compartes? Ahora nos dicen que si sensibilidad social, que si todo el mundo en casa, pero los que hacen negocio con la salud siguen campando a sus anchas.

Ahora, más que nunca, la industria farmacéutica es la gallina de los huevos de oro. ¿Qué pasará si un medicamento, ya no digo una vacuna, contra el covid-19 cae en manos privadas?

Cuando salió el rumor de que el remdesivir podría ir bien, Gilead, la propietaria, lo presentó a la Food and Drug Administration (FDA) como medicamento huérfano. Esto quiere decir que es un fármaco destinado a menos de 20.000 personas en los EE UU, un medicamento que no tendrá mercado y que, por tanto, se le dan recursos para el desarrollo. En 48 horas se montó un escándalo y lo tuvieron que retirar. Pero ¿qué pasaría si el remdesivir fuera bien? ¿La patente sería únicamente de Gilead? No. Estos fármacos vienen de conocimientos obtenidos con investigación pagada con fondos públicos.

Ya es hora de que hablemos de eso, estamos ante una emergencia global. No podemos dejar que se siga enriqueciendo la industria farmacéutica, el monstruo que ha creado esta gente es el que nos ha traído aquí. El medicamento para el coronavirus no puede caer en manos privadas porque no se puede vender ni a 10 euros, se ha de liberar la patente, fabricarlo en todo el mundo y, en todo caso, que se dé un premio a quien lo haya desarrollado, ¡y punto!

Para luchar contra el covid-19 se están reutilizando medicamentos que, según las investigaciones, podrían ir bien. ¿Qué piensa de esto?

La OMS dijo a finales de enero que, más que desarrollar cosas nuevas, el criterio sería mirar primero si tenemos moléculas antiguas que funcionen contra el virus. Esto no es ninguna chorrada, ya que un medicamento no es más que una molécula que un laboratorio decide desarrollar como antidepresivo o analgésico o lo que sea. Pero aquella molécula, desarrollada diferente, podría funcionar para otras cosas.

Así que no es raro usar un medicamento antiguo, porque ya sabemos cómo funciona y qué podemos esperar de bueno y de malo. Las compañías farmacéuticas tienen grandes bibliotecas de moléculas que no se han llevando adelante porque no iban bien para lo que querían. Es por ahí por donde hay que empezar.

Ya se están creando alianzas internacionales, como la anunciada por Novartis con la Fundación Bill Gates, Master Card, Sanofi y muchas compañías pequeñas y medianas que pondrán en común sus bibliotecas. Tienen como objetivo desarrollar pruebas diagnósticas, medicamentos para el tratamiento y la profilaxis y vacunas.

Ahora, la reutilización de medicamentos se basa en usar fármacos que palien los síntomas pero no son 100% efectivos para la cura. ¿Corremos el riesgo de caer, de nuevo, en la sobremedicación?

Una amiga recientemente ingresó en el hospital, pero no por covid-19. Estaba afectada por un ictus que había sufrido, pero le pusieron posible covid en la historia clínica. Le hicieron la prueba y salió negativa dos días después. Pero antes de eso, en la historia clínica ponía que se le debía dar hidroxicloroquina, que es uno de los medicamentos que dicen que funcionan contra el covid-19, aunque está contraindicada para pacientes como ella. Son fármacos que se dan por protocolo, sin que haya pruebas que realmente funcionan y sin mirar si pueden ser perjudiciales para ciertos pacientes.

Sobre la vacuna, hay quien dice que la tendremos en un año y medio y hay quien dice que tendremos que esperar hasta el 2024. ¿Qué piensa?

Para hacerla es importante conocer la inmunidad a la enfermedad. Se empiezan a tener dudas sobre cuánto dura la inmunidad conferida: hay inmunólogos en Estados Unidos que comienzan a advertir que no es seguro que la gente que haya pasado el coronavirus sea inmune, y eso es muy malo.

Además, ¿podemos pensar que es un virus que irá mutando?

Puede hacerlo, sí. A mejor o a peor. Pero ya hablaremos de ello cuando mute. De momento, para este covid ya se ha comenzado a publicar sobre cientos de ensayos clínicos y pruebas en algunos voluntarios. Pero hay que tener cuidado con estas noticias porque muchas veces las filtran las compañías para hacerse publicidad. Está el caso de la compañía Moderna, que explicó que ya habían administrado una primera vacuna a una mujer voluntaria, en EE UU. No creo que funcione, pero el día después de anunciarlo, mucha gente puso dinero. ¿Casualidad?

Sobre la gente que dice que no tendremos vacuna hasta 2024, es teórico, pero es verdad que entre el tiempo que se tarda en tener preparados para pruebas en animales y tener los resultados, que son unos pocos meses, se podrían empezar a hacer pruebas en humanos en otoño, y empezar a decir que tenemos una vacuna que provoca anticuerpos. Pero decir que protege contra el coronavirus, ya es otra historia.

Cuando se hace la vacuna de la gripe, por ejemplo, cada año lo que se busca es que genere anticuerpos, pero no se sabe si protege hasta el año siguiente. Las compañías que venden la vacuna de la gripe hacen un gran negocio porque la distribuyen y luego miran si ha ido bien. Por ejemplo, las dos últimas vacunas de la gripe se ve que no han protegido nada bien.

Para saber todas estas cosas sí habrá que esperar un par de años. Y para que todo el mundo pueda recibir la vacuna pasarán, seguro, tres o cuatro años, pero se irán encontrando cosas.

Lo que habrá que ver es, precisamente, cómo se distribuirá esta vacuna. Si será gratis, si se empezará por la población de riesgo, si será global…

Si no somos capaces de hacer una revolución mundial para tomar la vacuna a quien la fabrique, si no somos capaces de exigir a nuestros gobiernos que nos garanticen una distribución equitativa y democrática, es que nos estamos equivocando mucho. Nos hablan de bioética, pero que se pongan las pilas: tenemos que empezar a defender al vulnerable. Pero tengo que decir que, con tanta gente trabajando para encontrar una solución, no quisiera desconfiar tanto de la humanidad como para pensar que no lo haremos bien.

(1) http://www.nogracias.org/wp-content/uploads/2020/04/Medicaments-i-risc-de-pneumo%CC%80nia-3-Abr.pdf
(2) https://catalunyaplural.cat/es/un-50-de-los-medicamentos-prescritos-en-el-sistema-de-salud-son-innecesarios-y-en-algunos-casos-mas-perjudiciales-que-beneficiosos/

https://catalunyaplural.cat/ca/el-medicament-contra-la-covid-ha-de-costar-menys-de-10-euros-no-el-podem-deixar-en-mans-privades/

Los vecinos de Marsella okupan un MacDonald’s y lo convierten en un centro de reparto de comida para los barrios

Nina Hubinet

Se podría pensar en una improvisada carrera de obstáculos para distraer a los niños durante el confinamiento: una hilera de sacos, bolsas de compra y carritos de diferentes formas y colores, colocados a un metro de distancia, colas al pie de los dos vallas de doce alturas donde la ropa seca acaricia las antenas. Aún no son las 10 de la mañana en la Casa  Blanca, un barrio decrépito del norte de Marsella donde viven más de 1.300 personas. El reparto comenzará al mediodía y no hay niños jugando a saltar sobre las bolsas. Se han quedado en casa, algunos de ellos en viviendas de mala calidad, mientras que uno de sus padres ha venido a recoger un paquete de comida.

“Puse mi bolsa allí para marcar mi lugar”, dice Saleha, madre de dos niños, de cinco y ocho años, del cercano barrio Jean Jaurès. “Mi marido tiene la espalda mal, no puede trabajar. Con sólo dos RSA [pensión de subsistencia] y los niños que ya no tienen el comedor, es complicado”, suspira, con el velo doblado sobre su boca y nariz como una máscara. “Llegué a las 8 a.m., pero algunos de ellos dejaron sus bolsas a las 6 a.m.”, dice. La línea de bolsas rodea la valla del edificio y se extiende más de 500 metros detrás del edificio.

Desde hace un mes, el reparto se realiza los lunes, miércoles y viernes. “Cada vez aparecen varios cientos de personas. El miércoles [15 de abril] contamos 663 personas”, dijo Nair Abdallah. Como no teníamos suficiente para todos, tomamos el número de unas 200 personas que no podían llenar sus bolsas, y fuimos a entregarlas a sus casas por la tarde, o les dijimos que volvieran al día siguiente”, continúa. El conductor de autobús, de 28 años, coordina el grupo de cerca de una docena de voluntarios, incluyendo tres divertidos y motivados adolescentes, que trabajan en un cuarto oscuro en la planta baja de uno de los edificios, con música rap de fondo, preparando los paquetes de pasta, botellas de aceite, latas de sardinas o zumos de fruta que llenarán las bolsas.

No es una organización benéfica o un centro social el que ha puesto en marcha el reparto de alimentos, sino un colectivo de simples ciudadanos, habitantes de la ciudad, o que, como Nair, crecieron allí pero ya no viven allí. “Creamos este colectivo hace dos años, después de la muerte de Marie, una niña de seis años que se cayó de un balcón del 12 piso. Empezamos a organizarnos para hacer más seguras las afueras de la ciudad, para hacer talleres de baile o salidas para los niños”, dice el joven, una figura carismática del barrio. En una pared baja detrás de él, hay una pintada: “El pueblo ayuda al pueblo”. Cuando un incendio arrasó uno de los edificios de viviendas en agosto pasado, el colectivo negoció con la prefectura y el ayuntamiento para reubicar a las 24 familias afectadas. También fueron los que “razonaron” con los más jóvenes en febrero, cuando Mehdi, de 19 años, que estaba involucrado en un robo, fue asesinado por agentes de policía. Una enorme pancarta “RIP Mehdi” [“Descanse en paz”] sobre un fondo negro cubre una de las paredes del local.

Nair y sus compañeros no están a prueba en materia de autoorganización. Mientras el Ayuntamiento de Marsella esperó hasta la tercera semana de confinamiento para anunciar la ayuda económica a ciertas familias precarias, a ellos les pareció natural reaccionar tan pronto como se proclamó. “Al segundo día de confinamiento los vecinos nos hablaron de una mujer que ya no comía. Pagamos nuestras cuotas y le trajimos algunos alimentos”, explica Nair. Pronto nos dimos cuenta de que había muchas familias en la ciudad. Así que recogimos donaciones e hicimos el primer reparto al día siguiente. “Socorro Popular” les entregó 150 paquetes de alimentos en las tres primeras semanas de confinamiento, los comerciantes de la ciudad donaron contenedores de productos y un premio gordo en línea recaudó más de 7.800 euros. Aún así, el grupo se vio rápidamente desbordado.

En la cola que espera pacientemente su turno, muchos vienen de otros barrios. “Vivo en el distrito 11, pero es la segunda vez que vengo en autobús, porque allí no hay nada”, explica Rachid, de 55 años, un barrendero. Soy un trabajador asalariado, pero somos cinco para mi salario, así que al final del mes no queda mucho. Y con el trabajo a tiempo parcial, tenemos que esperar a cobrar la Seguridad Social, pero eso sucede más tarde de lo habitual”, se lamenta el padre, quien también afirma que sufre de cáncer de vejiga. A pocos metros, Artin, un albanés de 26 años, vino del barrio de Saint-Barthélémy a recoger un paquete. “Suelo trabajar en la construcción, en el mercado negro, así que durante el último mes no he ganado ni un solo euro”, dice el joven que acaba de tener un segundo hijo. “Tengo que seguir pagando el alquiler, encontrar comida, pañales para el bebé, y como no tengo papeles, salgo muy poco”.

Una población ya precaria, debilitada aún más por el confinamiento, sistemas de ayuda pública ausentes durante tres semanas y luego insuficientes, organizaciones benéficas obligadas a interrumpir sus acciones: esta «receta de la miseria» ha llevado a muchos ciudadanos de Marsella a realizar acciones espontáneas de solidaridad desde finales de marzo. En los barrios populares, a menudo son los maestros de escuela los primeros en dar la alarma, temiendo que sus alumnos, algunos de los cuales hacían su única comida del día en el comedor, ya no tuvieran suficiente para comer. A través de los botes en línea -hasta ahora hay una docena de ellos- compran alimentos que redistribuyen a las familias, directamente en las escuelas. La semana pasada el ayuntamiento acordó utilizarlos como puntos de distribución.

En el tercer distrito, donde uno de cada dos habitantes vive por debajo del umbral de pobreza según el INSEE [Instituto de Estadística], un grupo de autoayuda ciudadana ha creado una línea telefónica diaria de dos horas y un sistema de “compañía”, inspirado en un experimento italiano. Un hogar acompaña a una familia de vecinos en dificultades. “A través de este sistema ahora seguimos a 260 familias, pero ¡recibimos 20 nuevas solicitudes cada día!” dice Jonas Chevet, uno de los miembros de este grupo de autoayuda. “Somos simples habitantes, o voluntarios que normalmente hacen educación popular. No es nuestro papel organizar la seguridad alimentaria de cientos de personas”, fulmina. “Los gobiernos son incapaces de coordinarse. Dependen de los colectivos de vecinos. Sin esta solidaridad ciudadana, ya habríamos visto saqueos y disturbios. Y no es imposible que terminemos con niños desnutridos al final del confinamiento”.

La misma rabia ante la ineficacia de las autoridades recorre los colectivos informales, especialmente cuando los trabajadores sociales del teletrabajo remiten a los beneficiarios a estos voluntarios. Ante las emergencias, esta ira se ha convertido en una poderosa fuerza impulsora de la acción. Si la recolección y distribución de alimentos se ha hecho tan efectiva, es también gracias a la experiencia de redes de activistas experimentados. Como el Colectivo 5 de Noviembre, creado después del colapso del edificio de noviembre de 2018, que actualmente está recogiendo donaciones para los desplazados.

El Sindicato de los Barrios Populares de Marsella (SQPM), partícipe en la lucha sindical por el McDonald’s de Saint-Barthélémy, en los barrios del norte, se imaginó rápidamente que el restaurante, puesto en subasta judicial en diciembre, podría convertirse en una plataforma para organizar la ayuda alimentaria. “Cuando iba a hacer las compras, en los primeros días del confinamiento, me encontraba con gente que me decía que no tenían nada que comer”, dice Salim Grabsi, miembro fundador del Sindicato y residente de los barrios del norte. “Así que cuando oímos al presidente en la televisión hablando de requisar empresas, con Kamel [Guemari, el antiguo subdirector del restaurante y dirigente de la lucha sindical], dijimos: ‘Te desafío’», sonríe el cuarentón, que dirige un laboratorio de SVT en una escuela secundaria cercana.

Deseando “hacer las cosas bien”, escribieron una carta al director general de MacDonald’s Francia, Nawfal Trabelsi, para presentarle su proyecto. “El liquidador estaba a favor, al igual que el Prefecto de Igualdad de Oportunidades. Pero después de una semana de espera, tuvimos una conferencia telefónica con el Sr. Trabelsi, que nos dijo que no era posible. Media hora después, ocupamos el local y anunciamos que el restaurante había sido requisado por los ciudadanos”.

Desde el 6 de abril, una veintena de voluntarios, entre los que se encuentran varios antiguos trabajadores de hostelería, se turnan cada día para recibir las toneladas de alimentos, donados por particulares o asociaciones como Emaús, preparar los paquetes de comida y organizar su distribución. “La primera semana, teníamos diez distritos en nuestra lista de destinatarios. ¡Hoy hay unos treinta!”, señala Charlotte Juin delante del tablero con los nombres de los distritos y sus contactos.

Como “Directora del Proyecto de Inteligencia Colectiva” en tiempos normales, Charlotte ha estado dirigiendo la coordinación de la plataforma durante los últimos diez días. Durante una reunión política en el MacDonald’s, justo antes de las elecciones municipales, conoció a Salim y Kamel. En los últimos meses, el restaurante se ha convertido en un lugar emblemático de las luchas sociales y políticas en los barrios populares de Marsella. “Una vez que los paquetes están listos, un referente del distrito al que están destinados viene a cargarlos en el lado de la entrada, para evitar al máximo el contacto”, explica, extendiendo “por décima vez al día”, una dosis de gel hidroalcohólico en sus manos. De hecho, los famosos “gestos de distanciamiento” en el MacDonald’s se respetan al máximo: nadie entra sin una mascarilla, hay que pasar por la puerta en una solución desinfectante y limpiarse las manos con el gel.

“¿También agrego una botella de jugo de fruta a las bolsas?”, pregunta Florencia a Nabila, el referente de la ciudad de Font-Vert, vecino del McDonald’s. “¿También añado una botella de zumo de fruta en las bolsas?” Una hora más tarde, los sesenta o más paquetes llenan el Kangoo de Nabila, que los llevará a las familias afectadas. En total, se entregan unos 3.000 paquetes cada semana, lo que permite alimentar a entre 8.000 y 10.000 personas, según Salim. “Los RG [policía secreta] vinieron a vernos y dijeron que estaban impresionados por nuestro profesionalismo. La prefectura tolera esta requisa a pesar de su ilegalidad, pero nunca pensaron que seríamos capaces de alimentar a 10.000 personas a la semana”, dice.

Aunque reconoce que esta acción le da una nueva legitimidad al SQPM, sólo sueña con una cosa: poder ir a casa y pasar tiempo con sus hijos. “Hacemos todo lo posible para no dejar a nadie atrás, pero es demasiado pesado para nosotros. Pedimos a las autoridades que reaccionen rápidamente, que se hagan cargo de la distribución de alimentos. O, al menos, para liberar ayuda para que podamos hacer tantos paquetes como sea posible”. Mientras tanto, el equipo de MacDonald’s va a utilizar los 13.000 euros recaudados a través de un bote en línea para continuar la “solidaridad en acción”. Sin olvidarnos de pensar en el período posterior a la clausura: “Vemos aún mejor la utilidad de este lugar en tiempos de crisis: si pudiéramos transformarlo en una plataforma social para los habitantes de las ciudades de alrededor, ¡seguiría siendo fantástico!”

Thomas, uno de los voluntarios, irrumpe repentinamente en la sala principal del restaurante: “Necesitamos brazos para descargar, ¡las enfermeras han llegado!” El equipo de voluntarios llega a la parte trasera del MacDonald’s y, antes de organizar una cadena para trasladar las 30 ó más bolsas de comida, aplaude durante unos minutos al grupo de mujeres de bata blanca, que las animan. “Todos somos enfermeras voluntarias. Como había una grave falta de equipos de protección, decidimos ir directamente a las empresas locales que fabrican los trajes, las máscaras o los guantes”, explica uno de ellos, Handa Douafflia. “La mayoría de ellos aceptó darnos parte de sus acciones. Luego las redistribuimos a las enfermeras de Marsella y su región”. Gracias a ellos, 180 enfermeras voluntarios han recibido este equipo, que es esencial para seguir trabajando sin poner en peligro a sus pacientes o a ellas mismas. “Como insistían en darnos algo a cambio, y no queríamos nada, terminamos diciéndoles: ‘Recoge algo de comida y la llevaremos al MacDonald’s de Sainte-Marthe’. Un nuevo tipo de intercambio y redistribución de la riqueza, con la humanidad como un bono. ¿Un ejemplo para el “próximo mundo”?


http://www.presse-papiers.org/

Las pruebas para detectar el coronavirus fallan más que una escopeta de feria

Algún lector se sorprendió cuando en una entrada defendimos que los virus no “saltan” de los animales a los seres humanos, y a la inversa, como tampoco “saltan” de unos animales a otros, por una razón muy sencilla: porque son específicos, lo cual es un principio muy conocido de la biología.

Sin embargo, los laboratorios suelen esforzarse en lo contrario: manipular los virus para que ese fenómeno, llamado zoonosis, sea posible.

También en la “pandemia” de Sida dijeron que el virus había surgido en África porque los negros comen carne de mono, lo mismo que los chinos comen murciélagos, lo que a los occidentales nos parce repulsivo. No hace mucho que el periódico La Vanguardia volvía sobre tamaña imbecilidad (apoyada por ciertos expertos).

La insistencia de los laboratorios por tratar de explicar el milagro tiene su origen en la absurda doctrina del contagio: si hay un foco infeccioso y un paciente cero a partir de cual se origina todo como en la Biblia, desde Adán y Eva, ¿quién contagia al primer contagiador? No cabe otra que buscar a un animal, un chivo expiatorio.

Algunos científicos han practicado “tests” a gatos, perros y tigres que han dado positivo, de donde deducen que los virus son comunes y compartidos y, en consecuencia, la zoonosis es posible. Lo que no se les ocurre pensar es que esos tests son una chapuza mayúscula.

Ya hemos explicado en otra entrada que, en épocas anteriores, se produjeron grandes matanzas de perros y gatos porque creían que eran el origen de las epidemias. Las histerias siempre han sido muy malas consejeras y ahora estamos viviendo una de ellas en vivo y en directo.

Ayer en una entrada también afirmamos que los coronavirus no son uniformes sino un gran número de variedades, añadiendo ahora que algunas de ellas se pueden encontrar en otros animales. Como bien saben los veterinarios, los gatos tienen sus propios coronavirus, que son específicos suyos y no dan saltos ni piruetas para acabar en los seres humanos.

En consecuencia, los tests de coronavirus no sirven para nada, algo que ya ha advertido el doctor Wolfgang Wodarg en un divertido artículo titulado “¡El gato está fuera del saco!” (1). Por lo tanto, si las cebras del zoológico de Nueva York dan positivo a un tests de coronavirus, el problema no son las cebras sino los tests y quienes hacen caso de ellos: los expertos y sus altavoces en la televisión.

Los tests no detectan nada, tanto los que compraron al principio y tuvieron que devolver, como los actuales. No es algo que sólo haya ocurrido en España, sino también en otros países, como Chequia o Turquía. Convierten en positivo a quien no tiene el virus y en negativo a quien lo tiene. Forman parte de la escenografía de la histeria, como la gente portando ridículas mascarillas por la calle, guantes de goma, las saetas desde el balcón, la ley marcial, el toque de queda, el apartheid social…

Así lo aseguró el 26 de marzo un artículo publicado en el Journal of Medical Virology: los tests no sirven ni siquiera para los enfermos que tienen algún síntoma (2), de manera que algunos científicos piensan que no hay manera de diferenciar esos síntomas de los de una gripe común y otros hablan de un brote de tests y no de ningún virus porque, en efecto, de no ser por la angustia de millones personas, esto sería ya para tomárselo a cachondeo.

Durante semanas, para crear la histeria, para aparentar que había una propagación del virus y que el número de “contagios” aumentaba, se han practicado cada vez más pruebas, lo que ha generado cada vez más “positivos”. Pero las pruebas se han ido practicando sobre la marcha, es decir, lo que se ha propagado no es el virus sino las pruebas.

Un informe del Instituto Robert Koch muestra que la llamada “tasa positiva”, es decir, el número de pruebas que dan positivo por número total de pruebas, permanece prácticamente constante (3), en torno al 10 por ciento a finales de marzo. Es un valor bastante típico que en otros países puede llegar al 20 por ciento, demostrando en cualquier caso que no hay tal propagación exponencial.

Supongamos que los tests de coronavirus fueran fiables. En cualquier caso es seguro que antes de la pandemia ningún lector se lo hizo. Si se lo hace ahora y le da positivo, ¿cómo puede saber si se ha infectado?, ¿cómo puede saber que no lo tenía antes? Lo mismo cabe decir de un país entero que hasta ahora jamás practicó un test para detectar este tipo de virus.

Una de las pruebas que los científicos consideran “más fiables” para detectar el coronavirus es la PCR, a pesar de que su inventor, Kary Mullis, dijo múltiples veces que no servía para ello, lo que le valió el desprecio y los insultos de los energúmenos.

La PCR no es la única prueba que se utiliza para detectar virus. Hay otras y cada una de ellas arroja resultados diferentes. El “contagio” no depende del virus sino del tipo de prueba que se practique. Por ejemplo, se han comparado los resultados de la PCR con CT (tomografías computerizadas) practicadas a enfermos sintomáticos (4) que la PCR no detecta como positivos al coronavirus.

A los falsos negativos hay que sumar los falsos positivos. El 5 de marzo otro artículo científico chino demostró que pueden alcanzar hasta el 80 por ciento, por lo que mataron al mensajero: en plena pandemia el artículo fue censurado por razones obvias, aunque se puede recuperar en un archivo antiguo (5).

(1) https://www.wodarg.com/
(2) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/32219885
(3) https://multipolar-magazin.de/artikel/coronavirus-regierung-ignoriert-daten
(4) https://pubs.rsna.org/doi/full/10.1148/radiol.2020200642
(5) https://web.archive.org/web/20200315014616/https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/32133832

Más información:
– Para paliar los errores de los tests, Estados Unidos quiere duplicar las pruebas de detección
– La OMS reconoce, por fín, que los tests dan falsos negativos y también falsos positivos

– ‘Es terrible’: más científicos confirman que las pruebas de coronavirus no son nada fiables 
 – El fraude del virus del Zika 
– Durante décadas el coronavirus se ha propagado entre los seres humanos y nadie cayó enfermo nunca

Los científicos chinos descubren 30 variantes distintas del coronavirus

Una de las múltiples leyendas que están difundiendo algunos científicos sobre el coronavirus es que, además de estar bien definido, aislado e identificado, es uniforme, o sea, igual a sí mismo en todas partes.

Eso ha conducido a un error terapéutico: los hospitales de todo el mundo están operando como si sólo hubiera una única enfermedad, independientemente de la cepa y, por supuesto, del enfermo.

Eso está muy lejos de la ciencia. Ni siquiera en Wuhan hay un único virus. Un equipo de investigadores de la Universidad de Zhejiang dirigido por Li Lanjuan acaba de publicar un interesante artículo científico sobre el coronavirus (*) que identifica al menos 30 variantes diferentes del mismo en personas de la misma localidad.

Si en China hay 30 variantes del virus, en otros países las cepas son diferentes a las chinas y también diferentes entre sí. En Nueva York y la costa oriental de Estados Unidos, por ejemplo, las cepas detectadas son similares a las encontradas en Europa, mientras que en el oeste se parecen más las cepas encontradas en China.

El equipo de Li analizó las distintas cepas de 11 pacientes de coronavirus seleccionados al azar en Hangzhou, probando la eficacia con la que cada una de ellas podía matar células.

La existencia de distintas cepas pone en duda, además, la eficacia de los tests de detección y, naturalmente, que sea posible descubrir esa milagrosa vacuna por la que todo el mundo suspira y que, por más que se empeñen en prometer lo contrario, correrá la misma suerte que el HIV, el llamado virus del Sida, que lleva 35 años esperando su propio milagro.

De las 30 cepas detectadas, 19 no habían sido descubiertas anteriormente. La letalidad de cada una de ellas es diferente. Las cepas más agresivas generan hasta 270 veces más carga viral que las cepas más débiles. Las cepas agresivas también matan las células humanas más rápidamente.

En las distintas cepas también cambian las funciones de sus características proteínas puntiagudas con las que se unen a las células humanas.

(*) https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.04.14.20060160v2

Menos tests y más autopsias: ‘es la única manera de saber lo que pasa ahí fuera’

El 20 de marzo, después de que estuviera seis días enfermo, llevaron al hospital de Oklahoma a un anciano de 77 años porque tenía fiebre, debilidad y respiraba con dificultad.Su corazón se detuvo por el camino y murió poco después de llegar al hospital.

El día anterior un hombre discapacitado de 42 años de edad fue admitido en estado crítico en el mismo hospital con fiebre, dificultad para respirar y tos. Sobrevivió sólo unas pocas horas.

Han sido los dos primeros en ser sometidos a una autopsia que han dado positivo al coronavirus en Oklahoma.

Afortunadamente tampoco serán los últimos. El jefe de patología del hospital, el doctor Eric Pfeifer, quiere que su departamento examine todas las muertes que caen bajo su jurisdicción para tener una mejor idea sobre el alcance de la pandemia.

Su actitud es sorprendente. “Creo que es la única manera de saber lo que pasa ahí fuera”, dice el doctor.

“Para analizar todas las muertes, necesitaríamos aproximadamente 8.000 kits de hisopado (por) año y un congelador especial para mantener los especímenes hasta que puedan ser enviados para su análisis externo”, dijo.

Cada vez se practican menos autopsias en el mundo. Por ejemplo, en los años cincuenta en Estados Unidos realizaban la autopsia a casi la mitad de los fallecidos. Ahora, sólo a un dos por ciento.

En España los porcentajes son mucho menores, por varias razones. La primera son los recortes presupuestarios, de lo que una parte son reducciones de personal especializado. Se trata, pues, de motivos puramente económicos: si el enfermo ha muerto, ¿para qué gastar más dinero?, ¿qué importa que sea por un motivo o por otro?, ¿no es mejor dedicarse a atender a los vivos que a los muertos?

Los médicos ponen lo suyo de su parte, por una razón importante: casi una tercera parte de todos los diagnósticos que realizan en los hospitales españoles son erróneos, según un estudio realizado en 2004.

Por lo tanto, la realización de autopsias demostraría que los médicos también son seres humanos, se equivocan y, además, bastante a menudo.

Lo peor de todo es que entre el 5 y el 10 por ciento de los errores de diagnóstico contribuyen a la muerte del enfermo, lo cual puede dar lugar a responsabilidades de todo tipo, incluso penales.

La autopsia es el único método científico que tiene la medicina para determinar la causa de la muerte de una persona y es del máximo interés que se practiquen cuantas más mejor, no solamente en los casos de muertes violentas.

Con la pandemia, los epidemiólogos de pacotilla han dado un vuelco total a la ciencia, trasladando el eje de gravedad de las autopsias a los famosos tests, de manera que si da positivo, todo lo demás sigue automáticamente: está contagiado de coronavirus y si muere, la causa ya se sabe de antemano.

Es más, el Ministerio de Sanidad “recomienda” que no se realicen autopsias a los fallecidos cuya muerte se imputa al coronavirus. El gobierno del PSOE y Podemos “recomienda” algo ilegal porque la Ley 29/1980 y el Decreto 2230/1982 (artículo 6.5) dicen: “El informe de la autopsia remitido por el Servicio de Anatomía Patológica al Médico de cabecera o en su caso, al Jefe del Servicio correspondiente, servirá para extender el certificado médico del fallecimiento, que deberá reunir los requisitos legalmente establecidos al efecto”.

En Grecia impera la misma recomendación con la excusa de que ni siquiera en Atenas hay locales preparados para llevar a cabo estas autopsias. Lo médicos pueden atender a un contagiado si está vivo, pero no hacerle la autopsia cuando muere.

Los movimientos que defienden la salud pública deberían defender unas secciones hospitalarias de patología bien dotadas y la práctica sistemática de autopsias, máxime en situaciones como la actual.

Si no lo hacen es porque las autopsias a los fallecidos “a causa del coronavirus” resultaría una caja de sorpresas. Pero, más allá del momento, sin autopsias es imposible implementar una política sanitaria correcta. Las autopsias, y no los tests, son la guía que debe orientar los planes de salud de la población.

Las causas de la muerte consignadas en las autopsias pasan al Boletín Estadístico de Defunción que, a su vez, es el documento a partir del cual hace los recuentos el Instituto Nacional de Estadística. Sin autopsia no hay estadísticas (fiables) de defunción.

Un cuento chino: el laboratorio de Wuhan estaba financiado por Estados Unidos

En nuestra entrada sobre la modificación genética de los coronavirus de los murciélagos en el laboratorio de la Universidad de Carolina del Norte ya advertimos que los científicos que llevaron a cabo los experimentos no podían destapar el objetivo de su investigación.

Como no podía ser de otra forma, el objeto de dicha investigación no tenía nada que ver con la salud, sino todo lo contrario: se trataba alterar microrganismos naturales a fin de hacerlos mortales para la humanidad.

Pero esa no fue la única investigación que se llevó a cabo. Además de Estados Unidos, los Institutos Nacionales de Salud financiaron otra investigación paralela en el Instituto de Virología de Wuhan con el mismo propósito: modificar genéticamente los coronavirus de los murciélagos.

También hay que añadir lo que aún nadie ha dicho en este país: que el laboratorio de Wuhan no es sólo chino, sino una instalación copatrocinada también por Francia. La responsabilidad es, pues, de tres países y no sólo de China.

Según Science, que como ya saben es “pura ciencia”, Estados Unidos se desmarcó del proyecto en octubre de 2014 “por temor a una posible pandemia causada por una liberación accidental o deliberada de estos gérmenes genéticamente modificados” (1). Es un lavado de cara, porque la revista no dice nada del otro proyecto que se llevaba a cabo en Carolina del Norte.

Esto se debió, en parte, añade Science en otro artículo, a los accidentes de laboratorio en los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) de Estados Unidos que ocurrieron en julio de 2014 (2).

Los microbios “fueron manipulados incorrectamente”, añade Science: un envío “accidental” de ántrax vivo, el descubrimiento de muestras vivas de viruela “olvidadas” y una peligrosa cepa de gripe enviada “accidentalmente” de los CDC a otro laboratorio.

¡Todo fue sin querer!, ¡que poco cuidadosos! Un informe interno de los CDC dijo que los científicos no se aseguraron de que las muestras fueran inactivadas antes de salir del laboratorio, y también encontró “otros múltiples problemas” con los procedimientos operativos en el laboratorio de ántrax (3).

Los “descuidos” tuvieron dos consecuencias. La primera es que en octubre de 2014, el gobierno de Estados Unidos dejó de financiar las investigaciones para convertir tres virus en armas biológicas: la gripe, el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) (4).

Pero ya saben Ustedes cómo funciona esto: el que hace la ley hace la trampa. Si no se puede hacer dentro de Estados Unidos, lo hacemos fuera. Entonces le encargaron a Fauci que hiciera el trabajo sucio y se puso manos a la obra: en 2015 subcontrató la misma investigación al laboratorio “chino” de Wuhan (5), que recibía fondos procedentes de los presupuestos públicos de Estados Unidos: 3,7 millones de dólares (6).

Dicho laboratorio es P4, o sea, de la “máxima seguridad”, exactamente igual de “seguro” que los que habían fallado estrepitosamente en Estados Unidos. Una chapuza. En enero de 2018 la embajada de Estados Unidos en Pekín advirtió sobre los fallos de seguridad del laboratorio de Wuhan y pidió ayuda (7).

Además, la embajada advirtió que los investigadores “mostraron que varios coronavirus similares al SARS pueden interactuar con el ACE2, el receptor humano identificado para el coronavirus del SARS”, lo que significa que los coronavirus de los murciélagos pueden ser transmitidos a los humanos para causar enfermedades similares al SARS.

Ahora llega la campaña de intoxicación. El presentador de la cadena Fox, Lou Dobbs, han pedido que Estados Unidos declare la guerra a China. El gobierno estimula la presentación de demandas contra China ante sus propios tribunales. El espionaje está elaborando informes con las “pruebas” (8). Además, hay demandas presentadas ante el Tribunal Penal Internacional y Trump esta tejiendo una coalición de países contra China por fabricar “armas de destrucción masiva”.

Prepárense para una avalancha de “noticias” antichinas (puramente científicas, eso sí).

(1) https://www.sciencemag.org/news/2014/10/us-halts-funding-new-risky-virus-studies-calls-voluntary-moratorium
(2) https://www.sciencemag.org/news/2014/07/lab-incidents-lead-safety-crackdown-cdc
(3) https://www.cdc.gov/media/releases/2014/p0711-lab-safety.html
(4) http://www.phe.gov/s3/dualuse/Documents/gain-of-function.pdf
(5) https://nationalfile.com/faucis-niaid-funded-wuhan-lab-scientists-to-research-bat-coronavirus/
(6) https://www.foxnews.com/media/gaetz-end-nih-grant-wuhan-virology-lab
(7) https://www.washingtonpost.com/opinions/2020/04/14/state-department-cables-warned-safety-issues-wuhan-lab-studying-bat-coronaviruses/
(8) https://www.washingtonexaminer.com/news/creating-an-accurate-picture-us-spy-agencies-investigating-wuhan-lab-escape-coronavirus-theory

https://asiatimes.com/2020/04/why-us-outsourced-bat-virus-research-to-wuhan/



Más información:
– El coronavirus se modificó en 2015 en un laboratorio de Estados Unidos para que pudiera reproducirse en células humanas

A partir de ahora sólo va a circular un único mensaje: censuran un vídeo sobre la corrupción de la OMS

Un documental titulado “TrustWHO”, dirigido en 2018 por Lilian Franck y producido por la cadena franco-alemana de televisión Arte, ha sido censurado por la plataforma Vimeo.

El documental analiza la perniciosa influencia de las multinacionales farmacéuticas sobre la OMS

Vimeo eliminó de sus servidores el documental hace unos días tras declararlo “noticia falsa”.

Según el equipo de documentalistas, Vimeo declaró que no apoya “los vídeos que muestran o alientan la autodestrucción, afirman falsamente que las tragedias masivas son un engaño o perpetúan afirmaciones falsas o engañosas sobre la seguridad de las vacunas”.

La Inquisición se ha apercibido ahora, en plena pandemia de coronavirus, de que el documental transmitía “informaciones falsas”.

Según el productor y coautor del documental, Robert Cibis, lo que son falsas son las acusaciones de Vimeo. “Es una investigación periodística basada en hechos y lejos de lo que Vimeo dice ser”.

El documental, dice Cibis, ha sido investigado a fondo durante siete años. Ha sido verificado y aprobado por abogados, expertos en el campo de la medicina e incluso por los principales dirigentes de la propia OMS.

El documental demuestra cabalmente que la OMS no es una organización independiente, planteando cuestiones capitales sobre el ambiguo papel que desempeña el grupo de presión farmacéutico.

También analiza al detalle la influencia solapada de los Estados y las organizaciones “benéficas” donantes de dinero en las decisiones que toma dicho organismo.

Un punto fundamental es que el documental denuncia la labor de propaganda de los medios de comunicación durante la otra “pandemia”: la de gripe porcina de 2009 o gripe H1N1, tan fraudulenta como la actual.

https://www.imdb.com/title/tt6818554/
https://www.tvnz.co.nz/shows/trust-who

El plan europeo de vigilancia y control de la población queda al descubierto

Como era de esperar, comienzan a aparecer reacciones frente al terrorismo de Estado que han desatado. Más de 300 científicos de 26 países advierten contra la “vigilancia sin precedentes de la sociedad” por parte de aplicaciones informáticas que no cumplen con los requisitos de protección de datos.

Las propuestas habilitadas permiten la vigilancia, tanto por parte de la policía como de empresas privadas, lo cual es contraproduciente, ya que es un golpe devastador para la confianza en dichas aplicaciones.

Una declaración conjunta difundida el lunes en Alemania crítica el proyecto europeo PEPP-PT (Sistema Paneuropeo de Seguimiento de la Preservación de la Privacidad en la Cercanía). Varios signatarios del documento, como Cas Cremers del Centro Helmholtz de Seguridad de la Información (Cispa) y Marcel Salathé del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana (EPFL), retiran públicamente su apoyo al proyecto. La ETH de Zurich también se ha retirado.

Aunque la declaración no menciona ninguna aplicación concreta, acusa al proyecto, entre otras cosas, de falta de transparencia. Por ejemplo, está involucrada la empresa suiza AGT, que supuestamente estableció sistemas de vigilancia masiva para los estados árabes hace sólo unos años.

El pretexto para aprobar el PEPP-PT el 1 de abril es el de mismo de las últimas semanas: interrumpir la cadena de infección de coronavirus. El Instituto Heinrich Hertz (HHI) de la Fraunhofer-Gesellschaft es una de las empresas que está detrás de este proyecto.

El 16 de abril la información sobre un planteamiento diferente, descentralizado, conocido con el nombre de DP-3T fue eliminada del sitio web. Hasta entonces el consorcio PEPP-PT había declarado en su sitio web que apoyaba tanto los enfoques centralizados como los descentralizados y que se podían aplicar soluciones diferentes en los distintos países.

Según los 300 científicos, es crucial que los europeos confíen en la aplicación informática para que un número suficiente de ellos la utilice. Por lo tanto, no debería desarrollarse ningún instrumento que permitiera la recopilación de datos a gran escala sobre la población, ni ahora ni más tarde.

En otras palabras: si se amplía la aplicación a propósitos diferentes de los que inicialmente se establecieron, el coronavirus se convierte una vez más en una coartada para otros fines diferentes de los sanitarios.

El PEPP-PT ha subido algunos documentos a Github, la plataforma que consigna el código fuente de las aplicaciones informáticas para que su funcionamiento sea transparente. Entre ellos, hay uno sobre la protección y la seguridad de los datos. Sin embargo, se ignora en gran medida la cuestión del almacenamiento de datos centralizado o descentralizado en los diferentes Estados. Todavía no se ha puesto en línea un documento básico sobre las modalidades operativas.

https://www.golem.de/news/corona-app-300-wissenschaftler-warnen-vor-zentraler-datenspeicherung-2004-147973.html

La policía de Nigeria mata más que el coronavirus

“Mientras que el Covid-19 ha causado la muerte de once pacientes, las fuerzas de seguridad han ejecutado extrajudicialmente a 18 personas para hacer cumplir las órdenes”, ha manifestado el responsable de la Comisión de Derechos Humanos de Nigeria, Tony Ojukwu.

“Esto habla alto y claro de los protocolos y normas de actuación de las fuerzas de seguridad, así como del nivel de eficiencia y la capacidad de los agentes para tratar con la población civil”, ha denunciado.

El presidente nigeriano, Muhamadu Buhari, ha impuesto medidas de confinamiento en las dos principales ciudades del país, Lagos y Abuya, pero los gobernadores de los distintos estados también han adoptado por su cuenta restricciones para controlar la crisis.

La Comisión de Derechos Humanos asegura que entre el 30 de marzo y el 13 de abril recibió 105 denuncias sobre presuntas violaciones de Derechos Humanos en 24 estados del país africano.

El informe recoge al menos 18 personas fallecidas en un total de ocho incidentes en torno a ejecuciones extrajudiciales. De estas víctimas, doce corresponden al estado de Kaduna, situado en la mitad norte del país.

El organismo ha indicado que el resto de fallecidos tuvieron lugar en Abia, con dos ejecutados, y en Delta, Ebonyi, Katsina y Níger, con uno en cada uno de estos estados.

Las investigaciones de la Comisión han revisado incidentes relacionados además con violaciones de la libertad de movimiento, arrestos y detenciones ilegales, confiscación de propiedades, violencia sexual y de género, discriminación, torturas, tratamientos inhumanos y degradantes y extorsión.

La Guardia Nacional se ha desplegado a lo largo de todo el territorio de Estados Unidos

El 30 de marzo más de 14.600 miembros de la Guardia Nacional se desplegaron en los 50 estados de Estados Unidos. Actualmente no pueden desempeñar funciones policiales a causa de una ley de 1878 que prohíbe al ejército intervenir en el interior del territorio de Estados Unidos en asuntos civiles.

Las reformas introducidas en la ley marcial están reduciendo esa prohibición progresivamente.

Justo un día después de que el coronavirus fuera declarado “emergencia de salud pública internacional” por la Organización Mundial de la Salud el 30 de enero, el Secretario de Defensa Mark Esper aprobó los planes de pandemia y advirtió al Northcom que se preparara para un despliegue de fuerzas.

Northcom es el mando del Pentágono encargado de hacerse cargo del del poder en Estados Unidos en situaciones de crisis, para asegurar la “continuidad del gobierno”. Es responsable de la protección del Presidente, el Vicepresidente y el Secretario de Estado.

El protocolo que regula ese tipo de situaciones se modificó en 2001 tras los atentados contra las Torres Gemelas. De hecho el Northcom se activó poco después, el 1 de octubre de 2002. Los militares del Northcom trabajan en estrecha colaboración con el FBI, la CIA, la NSA y la Agencia de Inteligencia de Defensa.

En Estados Unidos recurren a numerosos eufemismos para encubrir lo que no es otra cosa que la legalización de un Golpe de Estado. Por ejemplo, hablan de “delegación del poder” en los militares.

El coronavirus ha servido tanto para poner a Washington bajo la supervisión de los militares, como para renovar una vez más los protocolos de emergencia, que se han declarado secretos. No obstante, las filtraciones indican que la ley marcial se puede activar en situaciones cada vez más amplias y con múltiples pretextos.

Los nuevos protocolos detallan la imposición de la ley marcial en caso de que el país se vuelva ingobernable en una amplia variedad de escenarios, como la “violencia no deseada” causada por “la escasez de alimentos, el caos financiero” o también si el Presidente, el Vicepresidente y el Secretario de Estado están incapacitados por cualquier motivo.

Los reglamentos, que han sido redactados por los jefes de Estado Mayor, habilitan al ejército para que pueda asumir el control cuando “las autoridades civiles debidamente constituidas no puedan controlar la situación”, incluso cuando “la autorización del presidente sea imposible”.

Un personaje clave en estos planes es el general Terrence J.O’Shawnessy, que dirigió las tropas de la ONU durante la Guerra de Corea y que actualmente ostenta el Mando de la Norad (Defensa Aeroespacial).

Este general es un obseso del Ártico como teatro de operaciones militares. Para él es “la nueva línea de frente de la defensa de nuestra patria” contra Rusia y China, que están “decididos a explotar el potencial económico y estratégico de la región”.

El Northcom también coopera estrechamente con la FEMA, la Agencia Federal de Gestión de Emergencias, y con el Departamento de Seguridad Interior. Tiene un amplio alcance jurisdiccional que abarca no sólo a Estados Unidos sino también a México, a Canadá, Puerto Rico y Bahamas, actuando como “principal defensor contra una invasión de Estados Unidos”.

O’Shawnessy ha ordenado a los equipos de gobierno considerados “esenciales” que se instalen en grandes fortalezas subterráneas a 650 metros bajo la superficie en Cheyenne Mountain, Colorado, a fin de “esperar a que llegue la crisis del coronavirus”. Lo anunció el propio general en Twitter: “Nuestros dedicados profesionales del Norad y el Comando y Control del Norad, han dejado sus hogares, se han despedido de sus familias, y están aislados de todos para asegurarse de que pueden mantenerse firmes todos los días para defender nuestra patria”.

Han prohibido a otros militares que viajen y se les ha ordenado que permanezcan cerca de sus bases “listas para la acción”.


Más información:
– Dossier coronavirus
– Ley marcial: el Pentágono asegura el control militar de Washington con el pretexto del coronavirus

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