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Rosón: el azote fascista de Galicia

Solidaridad Obrera

Los herederos de la familia de ese fascista que fue Juan José Rosón, militante falangista de pro, Gobernador Civil de Madrid de 1976 a 1980 y Ministro del Interior de 1980 a 1982, se han especializado en perseguir a todos aquellos que aireen su pasado de criminales fascistas.

En esta situación se encuentra ahora el compañero Alfredo Grimaldos por su libro «La sombra de Franco en la Transición», que desde este sindicato hemos recomendado a nuestros afiliados y a todos los trabajadores.

En 1978, la revista Interviú publicó el reportaje titulado, “Los Rosón, azote de Galicia”, en el que se relataban las hazañas de Antonio Rosón Pérez, durante los meses inmediatamente posteriores al golpe de Estado fascista del 18 de julio de 1936. Como alférez de complemento, actuó de jefe militar de los sublevados en la zona de Becerreá, en Lugo, a lo largo de ese periodo crítico.

Antonio Rosón se convirtió, muy poco después, en el primer presidente de la Xunta de Galicia y su hermano Juan José Rosón era gobernador civil de Madrid en el momento que Interviú publicó el reportaje.

Los Rosón utilizaron entonces todos sus recursos políticos para conseguir que se secuestrara la revista en dos ocasiones.

Pues bien, treinta años después, los Rosón atacan de nuevo, en esta ocasión los herederos de Antonio y Juan José Rosón Pérez, fallecidos ambos en 1986. Han presentado una demanda de protección al derecho al honor por las alusiones que se hace a este clan caciquil lucense en un capítulo del libro de Alfredo Grimaldos.

Están empeñados en que no se conozca la historia de su familia.

Entonces, en 1978, el pleito judicial se resolvió, en primera instancia, con una sentencia favorable a Interviú dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona, pero luego, en casación, un Tribunal Supremo cuajado de jueces franquistas y del que formaba parte incluso un cuñado de los Rosón, revocó la sentencia dándoles la razón a ellos.

Ahora quieren callar a Alfredo Grimaldos. La base de la investigación sobre Antonio Rosón incluida en su libro son artículos laudatorios hacia él publicados en el diario El Progreso, de Lugo, entre julio y septiembre de 1936.

Es lo que decían los propios fascistas de la actividad represiva del mayor de los Rosón. En Lugo no hubo guerra civil, se produjeron escasos focos de resistencia a favor de la legalidad republicana, aplastados por las tropas franquistas, que avanzaron con facilidad y, en pocos días, controlaron toda la región. Los asesinatos en las cunetas y las condenas a muerte dictadas por los tribunales militares tuvieron como víctimas a republicanos que defendían la constitución vigente y que, en su mayoría, no habían tenido siquiera la posibilidad de participar en ningún hecho de armas.

Antonio Rosón encabezó la “limpieza” de la zona de Becerreá, durante los primeros meses posteriores al alzamiento militar, según publica El Progreso en varias notas. Por ejemplo, en el ejemplar del 23 de agosto de 1936, se puede leer: “Es de señalar la labor altamente patriótica que están desarrollando los señores D. Antonio Rosón, jefe militar en esta villa; don Fermín Pérez Rosón, médico de Los Nogales y jefe de Falange; D. Luis Rosón y D. Manuel Pérez Rosón, jefes locales en Becerreá y Cervantes, respectivamente, quienes, con su alma de gigantes, están haciendo una labor magnífica en defensa de la Patria. Con su gran olfato policiaco, van directamente a las madrigueras en donde se esconden los huidos, causando verdadero terror entre estos”.

En el libro no se afirma que Antonio Rosón participara personalmente en ningún asesinato, no hay pruebas de eso, pero sí en la persecución y el encarcelamiento de antifascistas, como parece obvio. Algo que él mismo reconoce, quitándole hierro, por supuesto, en unas declaraciones a la revista Cambio 16 publicadas el 7 de mayo de 1978:

“Al llegar a Lugo se me comisionó para que fuera con la Guardia Civil a mi pueblo, y con otros grupos de gente armada que había en los cuarteles de San Fernando, con objeto de que desaparecieran las barricadas y los registros domiciliarios.
Volvimos produciendo un poco de ruido, para que la gente se marchara, ¿comprende?”

Sólo un poco de ruido, en días de fusilamientos indiscriminados y criminales ajustes de cuentas.

Está claro que él era quien mandaba en la zona, como vuelve a señalar El Progreso del 19 de septiembre de 1936: “Debido a la actividad del jefe militar en esta villa, el alférez de complemento D. Antonio Rosón, son muchas las armas recogidas en este partido judicial, calculándose en más de cien las armas largas y aproximadamente las cortas en unas cincuenta, muchas de ellas tan antiguas que ni las marcas se les conoce”.

Mientras tanto, empiezan a publicarse a diario, en el mismo periódico, los nombres de los que son “pasados por las armas” después de consejos de guerra sumarísimos sin las más mínimas garantías jurídicas.

Aún no se sabe donde están enterrados los cadáveres de la mayoría de esos antifascistas asesinados por los hombres que estaban bajo el mando de Antonio Rosón.

A partir de octubre de 1936, el hermano mayor de este clan caciquil participa en las farsas judiciales franquistas en su calidad de abogado y militar. A los detenidos se les acusa de un delito de “rebelión”, por haberse mantenido fieles a la legalidad. El día 7 de octubre, El Progreso se encarga de despedirle y de recordar sus méritos: “Fue destinado a Lugo el distinguido abogado, alférez de complemento, D. Antonio Rosón. Hasta la fecha prestó los servicios militares en esta villa, en donde actuó como comandante militar desde el principio del Movimiento, desempeñando su cometido con gran acierto. Sentimos la marcha de tan buen amigo”.

Juan José Rosón, por su parte, después de desarrollar una larga carrera política durante el franquismo, vistiendo la camisa azul con el yugo y las flechas, fue el responsable de numerosos asesinatos de militantes antifranquistas en la calle a manos de las fuerzas policiales que él mandaba. Y llegó al Ministerio del Interior en 1980, el año más sangriento de la Transición, en el que la extrema derecha y los grupos parapoliciales provocaron dos docenas de asesinatos.

Casi setenta años después del parte oficial de guerra del 1 de abril de 1939, todavía sigue siendo muy difícil indagar en la represión franquista de la guerra y la posguerra. Esa es una consecuencia de la pervivencia del Estado franquista a lo largo de la Transición, un periodo que también estuvo marcado por una fuerte actividad represiva del poder contra los movimientos populares. Los enjuagues de la Transición están en el origen de los problemas que seguimos teniendo ahora para recuperar nuestra memoria histórica.

No sólo se miente sobre lo que sucedió entre 1936 y 1939 y, después, durante toda la dictadura franquista. También sobre hechos mucho más recientes. La imagen oficial de la Transición se ha construido sobre el silencio, la ocultación, el olvido y la falsificación del pasado. No se ha purgado el franquismo en esta sociedad. Los asesinos que aún viven, y sus herederos, están crecidos. Se revuelven como fieras ante cualquier indagación sobre el pasado.

Las dificultades que tenemos todavía son consecuencias de la Transición, en la que se pactó la amnesia colectiva. Una sumisión al franquismo que supuso un nuevo crimen contra las víctimas de ese régimen de terror.

Hay que recordar que más de 100 antifascistas perdieron la vida en las calles, entre 1976 y 1980, a manos de las fuerzas policiales mandadas por Martín Villa y Rosón. Y en atentados de la extrema derecha instrumentalizada desde el poder. La mayoría de ellos tenía alrededor de 20 años. La historia oficial se ha olvidado deliberadamente de todos ellos. Hay que reivindicar permanentemente su memoria.

La Transición supuso una Ley de Punto Final del Franquismo, nos dejó al Borbón en el trono, muchos muertos sin rehabilitar y a los asesinos sin condenar. Los tribunales de justicia aún se siguen oponiendo a la revisión de los consejos de guerra franquistas, auténticas aberraciones jurídicas.

Aquí no ha habido ninguna reconciliación: han querido imponernos la rendición de la memoria. Pero a pesar de las demandas de protección del derecho al honor de los verdugos, no vamos a renunciar a nuestra propia historia. Es fundamental seguir trabajando para romper la barrera tejida por la intoxicación, la mentira y el olvido.

La saga de los Rosón, sus herederos y las reclamaciones judiciales
El Solidario, Solidaridad Obrera, pgs.48 y 49
www.solidaridadobrera.org/downloads/solidario/el_solidario13.pdf

El calvario del periodista Alfredo Grimaldos comenzó en 2004 con la publicación del libro «La sombra de Franco en la Transición» y en 2012, ocho años después, continuó con la condena por parte del Tribunal Supremo por atentar contra el honor del clan Rosón.

Pues bien, señores del Tribunal Supremo: ese mismo año en el que Ustedes dictan su sentencia inquisitorial, el clan familiar cuyo honor defienden seguía haciendo de las suyas y la policía detuvo a Javier Eduardo Rosón Boix, involucrado en la Operación Emperador que desarticuló la mafia china de Gao Ping.

Rosón Boix trabajaba en una sucursal de Madrid del Banco Sabadell como abogado especialista en el lavado de dinero negro y la evasión fiscal. Había organizado su propia red con la ayuda de Frederic François Mentha, un gestor de la banca suiza. La policía registró dos domicilios ligados a él e intervino su vehículo, un Mercedes SL500. Le relacionan con una española de origen israelí, Malka Mamman Levy, alias La Sobrina, auténtica cerebro de la banda criminal de blanqueo de dinero.

Es el hijo pequeño de Juan José Rosón, antiguo cacique gallego, antiguo gobernador civil de Madrid, antiguo ministro del Interior en los tiempos de UCD…

Este es el «honor de la familia Rosón» que defienden los jueces españoles.

Para descargar el libro ‘La sombra de Franco en la Transición’ de Alfredo Grimaldos:

¿Tienen uñas las hormigas? (y II)

N.B.

El dadaísta título de arriba -como el de mi anterior entrega: «¿Tienen sed los peces?»– pretende hacer vislumbrar lo bizantino de pueriles discusiones del llamado, entonces, cada vez menos desde que ETA abandonó la lucha armada, «problema vasco» cuando, en realidad, lo que hay, a juzgar por la copiosa prosa que a continuación voy a enumerar, es un «problema español». Se habla de España, decía yo, no ya como tema, sino como género, casi un estilo, un relato.

Veamos, pues, una corta relación de la producción libresca escrita y pergeñada por ortodoxos y heterodoxos en distintas épocas e inspirada en qué cosa sea eso que llaman «España» y que parece cogida con imperdibles y casi por los pelos. Muchos nombres ya no dicen nada, o casi nada, y otros sí, pero todos estaban animados por la misma inquietud, otrosí, las Españas. Del iniciático Campillo y Cosío, ministro liberal del siglo XVIII con Felipe V, tenemos el kilométrico «Lo que hay de más y de menos en España para que sea lo que debe ser y no lo que es» (1741) y «España despierta» del mismo año. Damos un brinco cronológico y nos topamos con Federico Jiménez Losantos, aquejado estos días de un virus estomacal o no se  sabe qué, y su exitoso best-seller en 1979 «Lo que queda de España», significativo título. De Lucas Mallada, el célebre «Los males de la patria». Picavea le dio vueltas al asunto en «El problema nacional». Ortega (y Gasset) piensa que España se tibetaniza en «España invertebrada»; piensa que España se desconcha (lo de las autonomías no es de hoy; ya, por ejemplo, se le otorgó a Puerto Rico cuando todavía era colonia española y antes de ser Estado Asociado de los USA). Claudio Sánchez Albornoz, aquel que dijo que España empieza, no en los Pirineos, sino en el País Vasco, escribe en su famosa polémica con Américo Castro y su «La realidad histórica de España», escribe, digo, «España, un enigma histórico». La orteguiana y malagueña María Zambrano redacta «España, sueño y verdad». Ya después de la guerra civil, el médico Pedro Laín Entralgo escribe «España como problema» (punto de vista falangista). Rafael Calvo Serer, en respuesta, pergeña «España sin problemas» (punto de vista opusdeísta). El indocumentado y pelín pirao Ángel Ganivet (a quien Azaña pusiera en su sitio), «Idearium español». Fernando Sánchez Dragó, que ya suena más, se forra con su delirante y desopilante «Gárgoris y Habidis, una historia mágica de España» (1979). José Luis L. Aranguren, «Memorias y esperanzas españolas». Jovellanos, ilustrado del siglo XVIII, redacta «Informe sobre la ley agraria» (y, después, también el regeneracionista Joaquín Costa ya en el siglo XIX, principios). Feijoo, en el XVIII, «Teatro Crítico Universal». El integrista Marcelino Menéndez Pelayo, «Historia de los heterodoxos españoles» con aquella España «martillo de herejes y centinela de Occidente» que tan bien le vino a la intelligentsia franquista. Estos «heterodoxos» serían extraespañoles a fuer de españolísimos de fuero interno pero desaforados; los afrancesados, por ejemplo. Mayans tiene «Orígenes de la lengua española» y, termino, Juan Pablo Forner (quien escribiera en 1792 «Discurso sobre la perplejidad de la tortura», en plena decadencia de esta ominosa práctica, y se entendía que había que erradicarla, o sea, igual que ahora, hay que joderse. . . ), «Exequias de la lengua española». Hay más, pero es suficiente. En lenguaje de hoy, se podría decir que son gente de «derechas» quienes escriben sobre «Espain».


La lista es heteróclita y no todos los autores coinciden ni en la época ni en pensamiento ni en intenciones. Hay quien hace alharacas y se siente alharaquiento. También bordes de pórfido y quien, a falta de charol, se la menea pero medra, que de eso se trata (hay «escuela vasca» en este menester). No faltan esforzados costaleros ni, ay, sobran gentes sinceras, preocupadas, afrancesadas o no, alumbrados o arbitristas, hasta que apareció la casta inconsútil de los rastacueros parvenus facedores de «bucles melancólicos» (Jon Juaristi) y su «ècole juaristiano» con sus mediocres epígonos.

Como decía el poeta, ¿hay «dos Españas»? De momento, como decía Alfonso Sastre, «España son ellos». Los de siempre, los puros, los castos, los putos amos de la barraca y la Banca.

El gobierno de Ucrania se niega a condenar al nazismo

Junto con Estados Unidos y Canadá, Ucrania se ha negado votar a favor de una resolución rusa en la ONU que condena el enaltecimiento del nazismo. En la votación los países de la Unión Europea se abstuvieron vergonzantemente, pero el caso de España es aún más escandaloso ya que en 2000 el Tribunal Constitucional protegió la apología del genocidio nazi, mientras que considera delito las injurias al rey o la exaltación de la guerrilla antifascista.

La víspera la Asamblea General de la ONU aprobó una propuesta de Rusia exhortando a los países a tomar medidas más eficaces para luchar contra la exaltación del nazismo y otras formas de discriminación racial, xenofobia e intolerancia.

En una nota oficial el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores afirma que no entiende cómo es posible que un país como Ucrania, que conoció los horrores del nazismo durante la ocupación en la II Guerra Mundial, haya podido tomar una decisión así. Para entenderlo hay que tener en cuenta que hoy Ucrania es el único país de Europa donde existen miembros de un partido nazi en posiciones de poder. El partido nazi se llama Svoboda (Libertad) y sus miembros en el gobierno son el ministro de Defensa (Igor Tenyukh), el viceprimer ministro para Asuntos Económicos (Aleksandr Sych), el ministro de Agricultura Igor Shvaika (uno de los mayores terratenientes de Ucrania), el ministro de Ecología (Andriy Moknyk, que había sido la persona de contacto con grupos nazis europeos), el director del Consejo Nacional de Seguridad Andry Parubiy (y director de la milicia militar del partido), el Fiscal General del Estado (Oleh Makhnitsky) y el ministro de Educación Serhiy Kvit, entre muchos otros.

En mayo, tras una reunión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Ucrania, el representante de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin, afirmó que a Rusia le preocupa el ascenso del nazismo en Ucrania: “Nos preocupa la tendencia de los jóvenes que salen con retratos de colaboradores nazis. Esto se utiliza como base para la hostilidad y, en particular, la hostilidad hacia Rusia”, dijo Churkin.

En la cobertura de los medios imperialistas sobre los acontecimientos en Ucrania impera una regla no escrita: cuando se trata de acciones contra la población civil en el este del país, las palabras “nazi”, “fascista” o “neonazi” son tabú. Los periodistas llaman “patriotas”, “ultraconservadores” y “luchadores por la libertad” a los miembros de Pravy Sektor (Sector Derecho) a pesar de que se identifican con símbolos nazis, declaran abiertamente su lealtad al dirigente nazi ucraniano Stepan Bandera, quien colaboró con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y se declaran incluso fieles a Hitler.

Los nazis de Pravy Sektor cuentan con el apoyo de varios gobiernos occidentales y de las grandes multinacionales, como Procter & Gamble, que incluyen en las cajas de detergente Ariel las cifras 88 y 18 que son utilizadas por los terroristas en Alemania para representar el saludo nazi “Heil Hitler” y el nombre de “Adolf Hitler”, ya que corresponden a las letras A y H por su lugar en el abecedario.

En mayo de este año los neonazis ucranianos cometieron atrocidades  en la localidad de Mariupol, en el este de Ucrania, silenciadas por los medios imperialistas. “Los medios occidentales de prensa no sólo culpan a Rusia de las muertes en el este de Ucrania sino que además evitan utilizar la palabra “nazi” en los materiales sobre los acontecimientos en el país», señala el canadiense Michel Chossudovsky. “De esa manera, la prensa occidental atribuye la responsabilidad de la matanza de Odesa a los partidarios de la federalización, evitando deliberadamente hablar de las acciones de carácter criminal cometidas por grupos neonazis”, escribe Chossudovsky.

Fascismo y revisionismo

Juan Manuel Olarieta

Una de las concepciones más extendidas entre los círculos que debaten sobre la naturaleza de este Estado es la de que España es un país democrático burgués, si bien aún permanecen restos o residuos del fascismo.

Desde luego que esto ya es un pequeño avance porque hasta hace muy poco tiempo nadie ponía en duda que España era un país democrático sin reservas, «con todas las de la ley». Por fin, algunos le empiezan a ver las orejas al lobo.

No obstante, ese avance les permite a los revisionistas seguir emboscados sin dar la cara. La teoría de los residuos parece que lo dice todo pero no dice nada o, mejor dicho, le sigue lavando la cara al fascismo.

La teoría de los residuos no es una concepión nueva, que haya surgido ayer mismo sino la marca de agua de todos los revisionistas españoles desde siempre. Nace como consecuencia de la degeneración del revisionismo en España. A Carrilo y a la dirección del PCE siempre le sirvió para justificar la claudicación y subsiguiente colaboración con el régimen de Franco.

Dicho con otras palabras, para que no quepan dudas: al menos desde finales de los años sesenta, o sea, antes de la muerte del criminal Franco, los revisionistas ya decían que España no era exactamente un país fascista, sino un híbrido, una mezcla de fascismo y democracia, por lo que era posible (y aún necesario) negociar con los «democratas» para que evolucionaran hacia la democracia.

A medida que los revisionistas negociaban más, o sea, claudicaban más, la composición química entre el fascismo y la democracia cambiaba sus porcentajes de pureza: España era cada vez menos fascista y más democrática. Así es como hemos llegado hasta el día de hoy. Por lo tanto, esta tesis residual siempre ha servido para:

a) lavar la cara al fascismo, al que casi se le puede calificar de democrático
b) justificar al revisionismo en su política colaboracionista porque la participación forma parte de la democracia

Los revisionistas explicaron su teoría de varias maneras diferentes, que no cambiaban la esencia del asunto. Un buen ejemplo es el libro de Carrillo en forma de entrevista con Regis Debray, publicado en francés en 1974 y en castellano al aña siguiente que reúne los ingredientes básicos de la teoría revisionista del fascismo con unas ínfulas típicas de esos dos mediocres que eran Carrillo y Debray, que se creían el oráculo de Delfos.

El punto de partida de Carrillo es tópico: el Estado (todos los Estados) han cambiado mucho desde los tiempos de Lenin, dice en términos pedantes, sin aclarar nada. En lo que a la España respecta, aseguraba también que el «aparato del Estado» ya no era el «aparato fascista del pasado. Con retoques casi podría convertirse en un Estado democrático burgués». Como ejemplo Carrillo decía que las torturas «se hacen menos habituales»(1).

Además de un ejemplo de lavado de cara, la tesis revisionista conducía sin disimulo a conclusiones políticas evidentes: ya antes de la muerte de Franco España era un país tan democrático que no necesitaba grandes cambios, sino sólo retoques, cambios cosméticos, que fueron la esencia de la transición. No hacía falta más.

Desde luego que pocas semanas después los hechos iban en dirección opuesta a las teorías revisionistas. El verano sangriento de aquel mismo año 1975 y los fusilamientos del 27 de setiembre obligaron a otro cambio cosmético, añadiendo apresuradamente al libro un breve «Prefacio» a la edición en castellano que al cabo de los años da vergüenza recordar.

Justo antes de las masacres de aquel fatídico verano, el PCE celebró su II Conferencia, cuyos documentos se publicaron muy poco después. En uno de ellos se podían leer cosas como ésta: «La zona de libertad conquistada por el movimiento obrero y por las amplias masas trabajadoras confiere ya a éste [al fascismo] unas características muy diferentes de la imagen clásica de un país fascista»(2).

A muchos ese tipo de concepciones sobre la necesidad de conquistar «zonas de libertad» o «parcelas de contrapoder popular» dentro del «sistema» les sonarán como plenamente actuales y modernas, pero está en la boca de los reformistas desde hace mucho tiempo. No obstante, nunca ha habido nada de eso y si no lo ha habido antes es muy posible que no lo haya nunca.

Hacia 1975 ya había grupos que habían roto con el PCE, por lo que se puede (y se debe) analizar si esa ruptura era sólo organizativa o realmente habían roto con el revisionismo y sus concepciones liquidacionistas. Por ejemplo, a finales de los sesenta, como consecuencia de la Primavera de Praga, bajo la dirección de Enrique Líster, Eduado García y otros, un grupo de militantes del PCE se escindieron para crear otro partido. En 1971 empezaron a publicar una revista llamada «Nuestra Bandera» con los documentos preparatorios del VIII Congreso en los que el análisis del fascismo, además de marginal, es realmente penoso. Según «Nuestra Bandera» en 1971 España ya se había «desfalangistizado» paulatinamente (3). Es pues evidente que, a pesar de las apariencias, Líster, García y los demás no habían roto con el revisionismo. Eran una forma más de revisionismo que en muy poco se diferenciaba del de Carrillo.

Durante la transisión ese tipo de concepciones siempre estuvieron presentes en casi todas las organizaciones que criticaban al PCE para hacer exactamente los mismo que el PCE. Por ejemplo, Carlos Tuya, dirigente del Partido Comunista de los Trabajadores, exponía en aquellos momentos toda esa colección de tópicos en los que nadan los oportunistas: las dictaduras (en general) son regímenes excepcionales, lo normal es que burguesía sea democrática… El mejor ejemplo de ello era que la oligarquía española había logrado desatar lo que Franco había dejado atado, es decir, que nuestra oligarquía no formaba parte del franquismo sino que se oponía a él.

Pero había una contradicción flagrante entre las concepciones revisionistas y los hechos más evidentes. Casi en letra pequeña Tuya contabiliza 11 muertos en los cien primeros días de transición política (4), es decir, un asesinato cada diez días. Me parece que esa cifra más que de una excepción aparece una regla: que el asesinato político formó parte integrante de la transición. Nunca fue nada excepcional sino algo cotidiano y normal. Lo mismo que el fascismo.

Con la perspectva de los años releer toda aquella literatura seudomarxista de la transición deja en evidencia que el papel lo soporta todo o, dicho en otras palabras, entre los revisionistas no hay nunca más que palabrería. Antes igual que ahora. Aquel formidable dirigente comunista que fue entonces Carlos Tuya hoy es el afamado enólogo que escribe en periódicos como El País con el nombre de Carlos Delgado, el verdadero. Pero en sus artículos no aparece nada sobre plusvalía, imperialismo ni cosas parecidas, sino claretes, blancos y tintorros, espumosos o no. Tempus fugit.

(1) Santiago Carrillo, Mañana España, París, 1975, pgs 22 y 23.
(2) Manifiesto Programa del Partido Comunista de España, 1975, pg.48.
(3) Nuestra Bandera, núm.1, enero de 1971, pg.22.
(4) Carlos Tuya, Aspectos fundamentales de la revolución española, Partido Comunista de los Trabajadores, 1977, pgs.10, 12, 42 y 57.

Un neonazi en la Comisión de Libertades del Parlamento europeo

Juan Manuel Olarieta

El eurodiputado Udo Voigt, de 62 años, antiguo presidente de la organización neonazi alemana Partido Nacional Democrático (NPD), ha sido elegido hace unos días para formar parte de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento de Bruselas. Eurociudadanos, habéis leído bien: vuestra libertad depende de un nazi como Voigt.

El 20 de noviembre de 2010 Voigt fue invitado por los fascistas hispanos a celebrar los actos de conmemoración de la muerte de Franco, e incluso llegó a pronunciar un discurso en la Plaza de Oriente de Madrid.


Voigt es un militar de profesión que alcanzó el grado de capitán tras 12 años de servicio en la Luftwaffe, las fuerzas aéreas alemanas, de donde le expulsaron en 1984 por negarse a abandonar el NPD. Su padre también era nazi y luchó en las SS durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le costó cuatro años de cárcel en la Unión Soviética. En 1968, cuando sólo contaba con 16 años, el hijo se afilió al NPD, que presidió entre 1996 y 2011. Una de sus campañas políticas más conocidas es la petición de que le concedieran el Premio Nobel de la Paz a Rudolf Hess, entonces preso en la cárcel de Spandau por crímenes de guerra.

El europarlamentario ha sido encausado en 15 procesos judiciales acusado de “incitación al odio racial y a la violencia”, “negación del Holocausto” y “ostentación de propaganda y símbolos nazis”. En 1998 los tribunales alemanes le condenaron a cuatro meses de prisión por pedir a sus votantes durante un mitin que se involucraran en un “combate armado”.

Voigt cuestiona el número de muertos del Holocausto. En un cartel electoral de 2011 se le veía subido a una moto con el lema “Gas geben!”, que se puede traducir como “¡A todo gas!”, una referencia directa a los campos de exterminio nazis. En 2010 tuvo que pagar una multa de 1.000 euros por hacer apología de las SS en un discurso durante la celebración del 65 aniversario del final del III Reich. El año pasado publicó un libro que presentó en un conocido bar de Berlín famoso por ser el centro de reunión de los nazis de la capital germana.

En Alemania Voigt es muy conocido por sus declaraciones imperialistas, chovinistas y racistas. En unas declaraciones a «El Mundo» (1) exigió la anexión de los territorios polacos fronterizos que Alemania perdió tras la Segunda Guerra Mundial. Para él “Europa es el continente de los blancos” y Hitler «un gran hombre de Estado” que “consiguió algo fantástico, eliminó el paro en muy pocos años”.

El NPD se fundó en 1964 para reagrupar a los naonazis alemanes, que hasta entonces estaban muy divididos. Entre ellos estaba el Partido Socialista del Reich de Otto Ernst Remer, heredero del NSDAP que presidió Hitler. El nuevo dirigente del NPD, Udo Pastörs, ha calificado a Alemania como “república de judíos”. Voigt, Pastörs y el NPD representan fielmente al típico movimiento nazi, esclareciendo la verdadera naturaleza del fascismo, que es inseparable del Estado burgués al que sirve y del que se sirve, por lo que merece la pena prestar un poco de atención a asuntos de este tipo.

Hace 10 años 16 Estados Federados alemanes -nada menos- presentaron un demanda colectiva ante el Tribunal Constitucional alemán exigiendo la ilegalización del NPD. La sentencia falló a favor de los nazis al asegurar que los servicios secretos alemanes (BND) estaban tan ligados a ellos que era imposible diferenciar las actividades realizadas por los espías de las propias del partido.

Actualmente hay un segundo intento de ilegalizar al NPD a través del Tribunal Constitucional que está pendiente de sentencia. En Munich un tribunal alemán juzga a la NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista), un grupo de matones del que formaba parte Ralf Wohlleben, un antiguo dirigente del NPD en Turingia. Entre 2000 y 2007 la NSU asesinó a 10 personas, entre ellas 8 de origen turco.

Pero lo realmente importante es tomar nota de lo siguiente: además de la complicidad de los aparatos represivos del Estado, se ha vuelto a demostrar que la NSU estaba asociada al espionaje del gobierno de Turingia. Los fascistas no son nada sin el Estado que está detrás suyo. Para cometer sus crímenes los nazis tenían documentación falsa, tarjetas, pisos francos, dinero, vehículos, armas e información proporcionados por el Estado. Como han reconocido algunos parlamentarios alemanes, el movimiento neonazi está a sueldo del Estado (2).

La imagen de fuerza electoral de los neonazis que están transmitiendo los medios burgueses es errónea. Su apoyo electoral es insignificante: el uno por ciento de los votos. Para que Voigt llegara al Parlamento de Estrasburgo ha necesitado que el Tribunal Constitucional alemán rebaje el suelo mínimo necesario (tres por ciento de los votos) para obtener representación parlamentaria. Lo mismo que Hitler en su época, que trepó gracias a los centristas católicos, los nazis trepan gracias al apoyo que le dan otras fuerzas políticas.

Los nazis izan las velas pero son otros los que soplan. ¿Quién ha votado en Bruselas a favor de que Voigt forme parte de la Comisión de Libertades del Parlamento? Cuando contestemos a esta pregunta sabremos quiénes están impulsando al fascismo en Europa y se lavan las manos como Pilatos.

El primer levantamiento popular contra el fascismo

Juan Manuel Olarieta

El Partido Comunista de Bulgaria fue uno de los primeros que se formó en el mundo y, desde luego, siempre fue uno de los más fuertes, si por tal se entiende que era muy numeroso y con más de 200.000 votantes. En 1922 tenía más de 3.000 concejales, que en un país tan pequeño es una cifra gigantesca.

En junio de 1923 Bulgaria también fue uno de los primeros países en padecer un golpe de Estado fascista que, como el de España, estuvo promovido por altos oficiales del ejército organizados de manera secreta en torno a la Liga Militar. Pero los fascistas no impusieron un régimen de partido único ni suprimieron las elecciones sino que, lo mismo que hoy en España, aprobaron una ley de partidos y cambiaron la ley electoral para dejar fuera a los comunistas y concurrir ellos y sus cómplices bajo denominaciones tales como «concordia democrática», «bloque constitucional» y similares.

Otro de sus rasgos comunes es que, a pesar de que justificaban sus acciones en nombre de la lucha contra el bolchevismo, en realidad la política fascista en Bulgaria también estaba enfilada contra las amplias masas populares, en general, cuyas condiciones de vida después de la Primera Guera Mundial, eran calamitosas.

En fin, lo mismo que en la España de hoy, entonces Bulgaria también era una monarquía fascista, que tras la abdicación de Fernando estaba capitaneada por su hijo Boris III.

Los ataques fascistas contra el PCB empezaron antes del golpe de 1923. Por ejemplo, en 1921 arrasaron con dos locales comunistas. Los grupos de autodefensa del PCB lograron rechazar el primero pero no el segundo, cuando los fascistas quemaron la Casa del Pueblo de Sofia, donde el PCB tenía su sede central. En aquella época el lema de los comandos de autodefensa era «golpe por golpe».

El PCB denunció que la ofensiva fascista preparaba un golpe de Estado y que en el mismo participarían las unidades de guardias blancos del general Wrangel, una parte de las cuales, unos 10.000 mercenarios, se habían replegado a Bulgaria tras ser derrotadas en la guerra civil rusa.

Espontáneamente el golpe de Estado suscitó un levantamiento en armas de cientos de miles de obreros y campesinos por todo el país, que llegó a tomar ciudades parcialmente, como Pleven. El Presidente del gobierno derrocado, Stamboliski, se puso al frente de la resistencia, siendo derrotado después de varios días de combates. Como muchos otros, el propio Stamboliski fue detenido, torturado y finalmente asesinado por los fascistas.

Frente al golpe el PCB adoptó una posición errónea de neutralidad que fue criticada por la Internacional Comunista, lo que los comunistas búlgaros no aceptaron, hasta que en agosto rectificaron, lanzando un llamamiento a la insurrección contra el fascismo, a cuyo fin empezaron los preparativos militares correspondientes: entrenamiento militar, organización de comandos y almacenamiento de explosivos.

Para impedir la insurrección el gobierno fascista empezó a detener en masa a los comunistas, a cerrar sus locales, a prohibir la prensa, los sindicatos y las cooperativas agrarias. Los fascistas no lograron su propósito y la insurrección estalló de manera precipitada.

El gobierno fascista tuvo que recurrir a la ayuda de las grandes potencias imperialistas para que le autorizaran a movilizar tropas contra las masas, lo cual estaba prohibido por el Tratado de Neuilly que había puesto fin a la Primera Guerra Mundial.

El levantamiento antifascista de Bulgaria fue el primero del mundo dirigido contra el fascismo (1), pero el PCB no pudo coordinar bien sus fuerzas, por lo que no estalló de una manera simultánea en todas las regiones. En el noroeste se llegó a formar un poder paralelo obrero y campesino, pero en otras zonas ni siquiera se formó una fuerza guerrillera capaz de atacar al enemigo en su retaguardia. Tampoco se llevó a cabo un trabajo de zapa dentro de las unidades del Ejército, que pudieron mantener su unidad y concentrarse contra los insurrectos.

Fue salvajemente aplastado, cobrándose los fascistas un tributo sanguinario. Según cifras de Dimitrov, más de 5.000 comunistas fueron asesinados, otros 15.000 fueron detenidos y torturados y muchos miles más se tuvieron que exiliar en los países limítrofes, hasta el punto de que ante la avalancha de refugiados Rumanía tuvo que cerrar la frontera. Sobre el país cayó «una negra y sangrienta noche», escribió Dimitrov (2). Ni bajo el yugo otomano Bulgaria conoció una cacería humana de tan vastas proporciones.

El PCB tuvo que pasar a la clandestinidad. Inició «un largo periodo de renovación interior», en palabras de Dimitrov porque «es preferible un fin horrible que un horror sin fin». Llamó a los comunistas a encabezar la lucha armada (3) y con las unidades guerrilleras que lograron replegarse, el PCB formó la OM (Organización Militar). Los comunistas se aprestaban a defenderse contraatacando, a pesar de que las condiciones eran muy difíciles por el clima de terror sembrado por el gobierno.

Una vez aplastada la sublevación, los fascistas convocaron elecciones, las ganaron -como estaba previsto- e ilegalizaron al PCB, que se vio oligado a reestructurar su Organización Militar, poniéndose al frente Jako Dorosiev. La OM se distribuyó en comandos que emprendieron audaces acciones armadas, como la ejecución el 10 de marzo de 1925 del alto dirigente fascista Valcho Ivanov, a la que el gobierno repondió 16 días más tarde con el asesinato de Dorosiev.

Entonces los guerrilleros diseñaron una de sus acciones más audaces. Se trataba de ejecutar al jefe de la policía Vladimir Nacev y preparar una trampa para sus funerales, a los que acudirían el rey y la plana mayor del gobierno, los partidos y el Estado fascista. Una bomba colocada en la catedral de Santa Dominga, en pleno centro de Sofia, daría un golpe contundente al fascismo.

La OM no pudo llevar a cabo la ejecución de Nacev, por lo que tuvieron que cambiar de objetivo, centrándose en el general Konstantin Georgiev, jefe de la Liga Militar fascista, diputado y uno de los cabecillas del golpe de Estado de 1923. Un guerrillero, Atanas Todovitchin, le disparó mortalmente cuando acudía a misa el 14 de abril de 1925.

Dos días después, jueves santo, se celebró su funeral en la catedral de Santa Dominga, donde la guerrilla había dispuesto 25 kilos de explosivos para que explotaran cuando la plana mayor del Estado fascista estuviera allí congregada. A las 15:20 de la tarde una brutal explosión desplomó la cúpula de la catedral sobre los asistentes, matando a 128 de ellos e hiriendo gravemente a cerca de 500 políticos fascistas, oficiales del ejército y grandes capitalistas.

El rey Boris III salvó su vida porque llegó tarde a la ceremonia fúnebre. Regresaba de otro funeral por otro atentado ocurrido el día anterior contra él en las montañas de Stara Planina. En la acción habían muerto dos personas muy cercanas. En aquella época Bulgaria vivía bajo el fascismo, que es tanto como decir: en medio de un funeral permanente. Durante las dos semanas siguientes la policía detuvo a 3.194 personas, de las que 1.182 fueron acusadas y 268 condenadas a muerte. Otras 450 personas fueron asesinadas sin condena judicial previa. En menos de dos años el fascismo había aniquilado a 20.000 obreros y campesinos revolucionarios: «El rasgo más característico del terror búlgaro reside en el exterminio sistemático y organizado de la vaguardia de la clase obrera y de las masas campesinas», escribió Dimitrov (4).

Notas:

(1) Nikifor Gorenski: La lucha del pueblo búlgaro contra el fascismo, Sofia, pg.19.
(2) Dimitrov, Después del levantamiento, Obras Escogidas, tomo I, pg.236.
(3) Dimitrov, Cómo actuar en el futuro, Obras Escogidas, tomo I, pgs.251 y 289.
(3) Dimitrov, La lección búlgara, Obras Escogidas, tomo I, pg.337.

Las cuatro metamorfosis del Estado franquista

La muerte de Adolfo Suárez ha devuelto al primer plano a la transición por enésima vez, como los naufragios arrojan a la playa los restos de un viejo barco que se ha ido a pique. Ha sido otra lección de idealismo histórico, un desfile de los famosos personajes que la hicieron posible, es decir, de los que hicieron lo imposible porque todo siguiera igual. Para ello lo cambiaron todo. Ha ocurrido como en esos programas de la tele en los que te reforman tu casa de arriba abajo. Cuando vuelves a entrar en ella ya no parece tu casa, pero en realidad sí es tu casa, sigue siendo tu casa, es la misma casa. Pues alguno sigue sin enterarse.

Con Suárez ha pasado como con Franco. Exactamente igual. Los reportajes no han tratado sobre su muerte -que sólo interesa a su familia- sino sobre su vida, bien entendido que se trata sólo de su vida política, de Suárez como “personalidad”, aunque no tuviera ninguna personalidad, ya que se trataba de una marioneta cuyos hilos movían los militares fascistas.

La muerte de Franco resultó oportuna porque el régimen que se inició en 1939 fue “su régimen”, el franquismo, y los reformistas domesticados de aquella época -como los de hoy- se pasaron años especulando acerca de lo que podría ocurrir cuando Franco muriera porque -como bien sabe el idealismo histórico- los asuntos políticos son consecuencia de la naturaleza humana, de la vida y de la muerte y, por lo tanto, el franquismo dependía de la vida de Franco, de su estado salud. Por eso en 1974 su postrera enfermedad les puso a todos en vilo. El futuro de España dependía de una flebitis.

La transición empieza al año siguiente con la muerte de Franco, igual que el tiempo y la historia se empiezan a contar con Jesucristo. Hay una época antes de él que viene explicada en el Antiguo Testamento, y hay otra después, el Nuevo Testamento. Todo acaba y empieza con la vida y la muerte de alguien. Nada de modos de producción ni cosas parecidas. Lo que separa a una época histórica de otra son grandes personajes históricos, como Jesucristo o Franco. El franquismo era imposible e impensable con Franco muerto porque se trataba de una dictadura personalista, lo mismo que el cristianismo es una religión que ronda en torno a la vida y milagros de Cristo.

¿Es esto una estupidez? En efecto, lo es. Luego también es otra auténtica estupidez creer que la transición empezó en 1975 porque Franco se murió por culpa de una flebitis. ¿Cómo acabar con la estupidez histórica? Podemos empezar por enunciar dos preguntas. La primera es por qué empezó la transición y la segunda es cuándo empezó.

La lucha de clases es el motor de la historia y, por lo tanto, también de los cambios que se producen en los Estados, cualesquiera que sean. Los Estados cambian porque cambian las clases y las luchas de clases, interna e internacionalmente, se puede decir que casi continuamente. Son el antígeno y el anticuerpo del sistema inmunitario: uno es el espejo del otro. Lo que no es tan conocido es que los cambios de un Estado no llegan después de la lucha de clases sino que se preparan para ella, es decir, que son anteriores a los choques entre ellas.

El Estado franquista no fue una excepción, sino que también fue cambiando en vida de Franco, hasta el punto de que adelantó sus propios funerales, todo con el único fin de subsistir, de mantenerse y de sucederse a sí mismo. Los cambios más importantes fueron cuatro, que voy a enumerar sucintamente. Todos ellos tienen en común que fueron acometidos por el Ministerio de la Presidencia (hoy desaparecido) que dirigía el almirante Carrero Blanco.

El primer cambio fue una profunda reforma burocrática que acometió el régimen en los años cincuenta, durante los cuales cambió radicalmente el funcionamiento de todas y cada uno de las instituciones públicas, que daban síntomas evidentes de obsolescencia desde hacía mucho tiempo. Sin este cambio el régimen no hubiera podido emprender ningún otro.

El segundo fue el Plan de Estabilización de 1959 que acabó con la autarquía económica, incorporó a España plenamente a los mercados internacionales e inició los planes de desarrollo de los años sesenta que transformaron España de arriba abajo en un país de capitalismo monopolista de Estado.

El tercero fue el típico cambio que anticipaba los acontecimientos antes de que se produjeran: en 1969 Franco nombró a Juan Carlos como su sucesor a título de rey saltándose la línea dinástica. El príncipe heredero no sucedía a su padre sino a Franco. Esta monarquía empieza con Franco y se convierte en una pieza tan importante del franquismo como el propio Franco, hasta el punto de que el rey también sucede a Franco al frente del Ejército fascista, verdadero pilar del régimen. El rey aseguraba la continuidad del franquismo para cuando Franco muriera. La monarquía es el franquismo sin Franco.

El cuarto fue la reforma política, como se la llamó entonces, o sea, la transición en sentido estricto. Se acometió como consecuencia de un crecimiento de la lucha de clases, que aisló y puso al régimen contra las cuerdas. El operativo consistió en cambiar el decorado, lo cual aún tiene a más de uno despistado: primero les hicieron creer que el régimen franquista era de partido único y luego bastó añadir algún partido más para que pareciera otra cosa.

Puro ilusionismo, magia política. La candidez de algunos era tan pasmante que bastó cambiar de gobierno para hacerles creer que en realidad lo que había cambiado era el Estado.

La verdadera transición política consistió en lo siguiente: en que el Estado no dejó de ser franquista pero la oposición sí dejó de ser antifranquista. Y lo que es peor: seguimos exactamente igual que entonces. Los que dicen ser la oposición no son antifascistas -dicen- porque eso ha dejado de ser necesario. Ya estamos en una democracia burguesa.

En toda Europa los nazis ocupan el sitio que les corresponde

Los hipócritas se rasgan las vestiduras. En Europa sorprende la proliferación de organizaciones nazis por todas partes. Por ejemplo, en Ucrania. Para empezar, las llaman neonazis, como si efectivamente fueran nuevas y hubieran resurgido después de desaparecer. Dicen que en toda Europa -pero especialmente en el este- el fascismo está en auge… Otra vez.Cuando se refieren a los neonazis no aluden al Estado sino a una constelación difusa de grupúsculos, como si fuera posible diferenciar ambas cosas: el Estado burgués, por un lado, y los movimientos nazis, por el otro. Esto demuestra que alguien no ha entendido la historia del III Reich desde 1922 y no puede, por ello, explicar cómo fue posible que un burdo sicario como Hitler llegara a las más altas cumbres de la Cancillería.

Naturalmente que cuando algo no se explica, resulta sorprendente, como si fuera un milagro. La resurrección de los muertos no existe. El fascismo tampoco resucita. Si los nazis habían sido derrotados en 1945, ¿por qué reaparecen?, ¿por qué la jauría nazi vuelve a acaparar los titulares de los medios?

Cuando vemos que los perros andan sueltos tenemos todo el derecho a preguntar: ¿dónde están los dueños?, ¿por qué todos hablan de los perros y nadie habla de sus dueños? ¿Están tratando de desviar la atención?

Por supuesto, es igualmente claro que la relación de los nazis -y del fascismo en general- con el imperialismo -y específicamente con el imperialismo estadounidense- está ausente por completo. Por ejemplo, ya nadie se acuerda de la Ruta de las Ratas, la Operación Paperclip o Gladio. Tampoco de la masacre de Piazza Fontana en Milán en 1969, cuando una bomba asesinó a 17 personas, un crimen cometido al alimón por los fascistas, la OTAN y el propio Estado. Pero, ¿no había sido derrotado el fascismo en Italia?

Seamos claros: no es posible explicar absolutamente nada de lo que está pasando en Europa porque los ingredientes más básicos de esta situación se están ocultando, y eso no es ninguna casualidad.

Seamos más claros todavía: nos estamos dejando engañar por todos esos papanatas domesticados que relacionan al fascismo con el pasado, con el brazo en alto, la cruz gamada o la svástica, es decir, con los símbolos y no con lo que ya nos advirtió la Internacional Comunista y de lo que no queremos hacer ningún caso porque -faltaba más- los comunistas estaban equivocados, para variar.

Para referirse a esta maraña de confusión en la que nos enredan, la Internacional Comunista acuñó el término «socialfascismo», que son todos esos hipócritas como Beiras que -cada vez más- tienen al fascismo en la boca, al que identifican con el PP, por ejemplo. Para escapar del fascismo hay que dejar de votar al PP y hay que votar… ¿A quién? No importa, a quien sea. Por ejemplo a Beiras. El caso es votar.

El fascismo resultaría imposible sin esos monaguillos, como Pablo Iglesias, que le lavan la cara, tanto a Suárez, el audaz piloto de la transición, como a Zapatero, un referente progresista mundial y alternativo a Estados Unidos… por más que instalara el escudo antimisiles en Rota. El fascismo necesita del socialfascismo, de pintamonas, demagogos y trepas de esa calaña. El socialfascismo, decía la III Internacional, es el brazo izquierdo del fascismo, lo cual a algunos les parece una disculpa: están en el costado izquierdo.

Pero lo que más está sorprendiendo es que haya nazis -y que haya tantos nazis además- en los países del este de Europa. No debería ser tan sorprendente: la mayor parte de los criminales de la Waffen SS no eran alemanes, sino de esos países. Desde la caída de la URSS las SS desfilan por Riga cada año. Entonces, ¿no sirvieron para nada la II Guerra Mundial ni el socialismo? La URSS y los demás países del este de Europa sólo habían tendido un velo por encima de algo que seguía subsistiendo, alimentado por el imperialismo estadounidense, lo mismo que en occidente.

Una vez desmantelada la URSS empezamos a entender algo, tenemos una dimensión más precisa de lo que ocurrió y de la necesidad de recurrir a los métodos draconianos que se pusieron en funcionamiento en Moscú desde 1936, en Budapest en 1956 o en Praga en 1968. El que no quiera ver el paralelismo de esos sucesos con Ucrania es porque mira para otro lado. De cualquier manera no cabe olvidar que el fascismo no se erradica por decreto, ni basta tampoco el NKVD ni la Stasi, ni el gulag.

Es algo muy curioso. Ahora son muchos los que se quejan de que los Estados «democráticos» europeos no hacen nada frente al auge del fascismo, la persecución a los antifascistas, los gitanos o los emigrantes. Al respecto se nos ocurren dos reflexiones. La primera es que si a pesar de la experiencia histórica un Estado no hace nada frente al fascismo es porque ese Estado no es tan democrático como dicen: promueve el auge del fascismo porque es fascista. La segunda es que no somos congruentes: nunca nos ha parecido bien que en los años treinta un Estado como la URSS hiciera frente al fascismo de una manera consecuente. A eso le llamamos dictadura; la democracia consiste en dejar las puertas abiertas al fascismo.

La lucha contra el fascismo es algo democrático que nosotros mismos debemos emprender ahora mismo. Sin tregua, sin concesiones. No lo dejemos para ningún Estado, ni siquiera para el más revolucionario. Y menos para el futuro porque el fascismo ya está aquí. Nunca se ha ido.

Antifascistas sólo a partir de las 8 de la tarde

Juan Manuel Olarieta

Hace
unos días un militante de UJC del barrio de Tetuán (Madrid) fue
agredido en la estación del metro de Estrecho. Parece ser que el
agresor, que exhibía una estética nazi-fascista, arremetió a golpes
contra el joven comunista por ir vestido con una camiseta con el lema
“Antifascista Siempre”.

Otro militante de la misma organización ya fue
agredido hace unas semanas durante las fiestas de Leganés (Madrid) por
militantes de las juventudes del PP. No sabemos si llevaba la misma
camiseta u otra diferente. Es un detalle importante para saber si nos
encontramos en presencia de una guerra estética, es decir, si en la
estética también han empezado las guerras, lo cual sería una novedad en
la historia que habría que tomar en consideración para incorporarla al
materialismo histórico.

El comunicado que con motivo de esta guerra estética
ha difundido UJC es como el muro de las lamentaciones de Jerusalén,
donde los creyentes introducen papelitos con sus buenos deseos entre las
grietas de las piedras.

Primero UJC se lamenta de que el fascista atacante
pudiera darse a la fuga sin que los guardias de seguridad hicieran nada
por impedirlo. Luego también se lamenta de que las autoridades no pongan
los medios necesarios para atajar «este tipo de situaciones», que es
una manera con la que posiblemente se quieran referir a «este tipo de
crímenes»
. O por lo menos eso creo yo, porque no me imagino que la
propia organización afectada por el crimen haya querido disminuir
deliberadamente la importancia del ataque, rebajándolo a la condición de
mera «situación».

Como no podía ser de otra forma, en el comunicado
llega finalmente esa retórica de las «condenas» que se ha impuesto en
España de un tiempo a esta parte. Es como cuando te asaltan en la calle
para que firmes un comunicado de condena. Yo siempre firmo, pero no
porque esté en contra de todo, no, sino porque no hay nada más
gratificante que sentirte en la condición de juez (independiente, claro,
por encima del bien y del mal), que es como un pequeño dios que se
dedica a investigar, juzgar y sentenciar los crímenes porque así es como
acaba con ellos, condenándolos, o sea, enviándolos al infierno.

La «condena» es un tipo de lucha no violenta que me
entusiasma especialmente. ¿Condenas la violencia de género? ¿Y al
fascismo? ¿Y la tortura? ¿Y el terrorismo? ¿Y el paro? ¿Y los recortes?
Si los problemas se resolvieran con comunicados de condena, España sería
el paraíso. El problema es que nunca han hecho caso a nuestras
«condenas», que yo sepa, y es algo muy serio porque a veces se trata
sólo de una condena vulgar y corriente, pero la mayor parte de las
veces, como en el comunicado de UJC, expresan su «más firme» condena;
nada menos. Si yo fuera una autoridad pública estaría muerto de miedo.
Pero las autoridades de este país, según parece, son unos valientes y no
tienen miedo de ir al infierno después de tantas condenas como se
emiten a diario.

La retórica del comunicado de UJC prosigue como es
habitual en estos casos: con el exabrupto del «fascismo», que se ha
puesto de moda otra vez en España. La UJC dice que el fascismo ha vuelto
a actuar impunemente en las calles de Madrid, donde vuelve a mostrar su
cara más violenta. ¿De veras esa es la cara más violenta del fascismo o
es la más violenta que conoce UJC? Yo conozco otras muchas que son aún
peores. Les harían poner el grito en el cielo y redactar muchos más
comunicados para expresar su «más firme condena».

Todo se aclara cuando UJC habla de «estética
nazi-fascista»
o califica al fascismo como una «ideología criminal». Que
se lo digan a su camarada apalizado. ¿Realmente los golpes se los
propinó una estética? ¿Una ideología quizás? ¿Fue también la II Guerra
Mundial cuestión de estética o de ideología? Y la guerra civil española,
¿tenía algo que ver con la estética o la ideología? Dicho de otra
manera: ¿qué le dolió más al joven comunista: los golpes o la estética y
la ideología de su agresor? Por ejemplo, si los golpes se los hubiera
propinado alguien con estética UPyD, ¿le hubieran dolido menos?

Pero la sangre no llega al río. El exabrupto
«fascista»
sólo aparece en este tipo de comunicados cuando la cosa se
pone fea, cuando hay agresiones, torturas, etc. Cuando eso no ocurre,
todo vuelve a la normalidad, que es siempre la democracia, las
elecciones, el pluripartidismo, las libertades y los derechos humanos.
El fascismo es de quita y pon, típico de un Estado camaleónico,
demócrata por la mañana y fascista en cuanto el sol se pone.

Si eso es así, si este Estado es camaleónico, no
cabe duda de que el lema que el joven comunista llevaba en su camiseta,
eso de “Antifascista Siempre”, es un error porque no es camaleónico, es
decir, no está a tono con este país. Debería poner: “Soy antifascista
sólo a partir de las 8 de la tarde”
. No tiene sentido serlo por las
mañanas.

Lo mismo podemos decir del agresor que, seguramente,
es otro camaleón, uno de esos demócratas de las juventudes del PP. Lo
que ocurre es que su estética y su ideología, que son fascistas, le
incitan a cometer ese tipo de ataques.

Otro de los papelitos que UJC mete en el muro de las
lamentaciones de Jerusalén es su deseo de que las autoridades atajen
estas «situaciones» tan condenables. Pero, ¿a quién reconoce UJC como
«autoridad» en este país? ¿Considera UJC que la «autoridad» es algo
distinto del mamporrero del barrio de Estrecho que vestía con estética
nazi-fascista?

Es un error que ya cometieron Stalin, Voroshilov y
compañía cuando los fascistas empezaban a atacar: no sólo no emitieron
un comunicado para expresar su «más firme condena» sino que, además,
tampoco acudieron a la autoridad de la Sociedad de Naciones para
atajarlo. Así nos luce el pelo.

Si UJC va a recoger firmas, desde ahora les digo que
cuenten con la mía (pero sólo a partir de las 8 de la tarde) y quedo a
la espera del siguiente comunicado de condena.

El artículo se puede descargar en pdf aquí:

Recordamos a los lectores del blog que los artículos de Olarieta pueden descargarse aquí:

Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

El mejor homenaje: continuar la lucha

Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia
Antifascista

Juan Carlos Delgado de Codes, Secretario General provisional del PCE(r)

(Sobre el comunicado de hoy de los CJC recordando a las
13 Rosas Rojas. Memoria selectiva)



En 1939, Roberto Conesa fue partícipe del asesinato de las 13 rosas. En 1979,
participó en el asesinado de Delgado de Codes, Secretario General del PCE(r).

¿Diferencias?


Las 13 Rosas Rojas eran heroínas ejemplares de la resistencia contra el
fascismo, mientras Juan Carlos Delgado de Codes era un blanquista y
pequeñoburgués. O eso al menos nos enseñan los CJC a través de sus
comunicados. 


Los CJC son la muestra más exaltada del bipolarismo. Defienden a unos
antifascistas y a otros los mandan a la hoguera, que nada se sepa de ellos.


Tan pronto están “homenajeando” a la resistencia antifascista, como más tarde
están denunciando como terroristas a aquellos que continuaron esa resistencia.
Esa resistencia antifascista no continúa, porque para ellos ya no hay nada a lo
que resistir. 


Nuestros revisionistas dicen querer que nombres como los de la 13 Rosas Rojas
no se borren. Es decir, que no quieren sepultar esos nombres de la resistencia
obrera y popular contra el fascismo en este país de 1936 a 1975. 


¿Y quién quiere borrar los nombres de la resistencia antifascista? El fascismo,
sin duda. ¿Y qué es lo que le permite al fascismo deshacerse de esta? El cuento
de la transición. Del que ellos son cómplices a través de su silencio. 


Realmente sin el caramelo de la transición ni siquiera hay motivo para hablar
de la memoria del movimiento antifascista. Más que nada porque no habría ningún
pretexto por el cual esa resistencia hubiese finalizado. Esa resistencia
antifascista tendría que ser continuada. No sería una memoria a la que “homenajear”
(a través de blogs de internet), sino sería el presente. La resistencia
antifascista continuaría hoy hasta alcanzar su fin: la ofensiva contra el
fascismo y la posterior derrota de este. 


Pero para los CJC la historia deja ciertos vacíos, como el niño que coge un
lápiz para dibujar y en medio del dibujo lo suelta para ver la televisión. Los
hechos se muestran incompletos.


Los revisionistas establecen una línea histórica de la resistencia antifascista
española desde 1936. Pasan por las batallas más importantes de nuestra Guerra,
luego por la lucha republicana en la resistencia francesa y en la defensa de la
URSS. Nos hablan del maquis en España, las agrupaciones de guerrilleros, sus
enlaces, la lucha clandestina de las organizaciones obreras y populares, la
organización en el exilio etc… Y toda una historia de guerrillas urbanas y de
un temple de acero de aquellos que sufrieron las consecuencias de esta lucha:
como Julián Grimau. Incluso nos hablan del gran papel que jugó el PCE de José
Díaz, al que ellos pretenden continuar, eso sí, folclóricamente, no continuando
su papel como dirigente del movimiento antifascista. 


Porque los CJC “homenajean” a todos y a cada uno de estos combatientes y exigen
que se les recuerde. Lo que pasa es que no cuentan que ellos son los propios
culpables del olvido de la resistencia antifascista.


Si seguimos el hilo histórico del que estamos hablando, nos daremos cuenta que
en 1975 se produce un parón. Ya no hay hilo. La historia de resistencia
antifascista no continúa. Se queda ahí, se detiene para siempre: queda para el
recuerdo, para la memoria, para los “homenajes” a través de Internet. La Guerra
Popular Antifascista queda entonces como motivo de homenaje e historietas, una
mera estética… lo mismo han hecho con la revolución bolchevique. 


A partir de entonces nuestros revisionistas no quieren saber nada de la
historia. El niño ha dejado de dibujar y se ha puesto a ver la televisión. Y
toda la lucha obrera y popular duerme hasta 2009 cuando el PCPE descubre que
hay una crisis capitalista y que ya no queda otra alternativa que la Revolución
Socialista (a diferencia de antes que propugnaban la República Antimonopolista
y el Frente de Izquierdas). España empieza de nuevo en el 2007, con la crisis
sistémica. ¿Lo demás? ¿Lo que hay entre 1975 y 2007? Como si no hubiera
sucedido. Quizás porque durante esas fechas sus dirigentes estaban bailándole
el agua a la socialdemocracia reformista y en consecuencia, al régimen. 

1. España es un ente abstracto. 


Como España ha perdido su historia y su sentido, no hay ningún elemento
nacional que incorporar a la línea revolucionaria en España. Solamente la mera
importación de consignas universales. Es decir, que sirven para España, para
Portugal, para Grecia y para Alemania: la lucha de la clase obrera contra el
monopolismo. 


Si bien esta consigna es correcta, no puede quedarse en una mera abstracción.
Habrá que explicar muy bien que forma toma, por ejemplo, el monopolismo en
España y esto no podemos hacerlo sin el materialismo histórico, sin la
historia. Y tendremos que darnos cuenta de que los que hacen posible que el
monopolismo se instaure en nuestro país son los que se levantan contra la
República Popular en 1936. Si no, nos quedaríamos en abstracciones
internacionales, pero sin línea particular. 


El Camarada G. Dimitrov acertadamente identifica este error:

“La teoría revolucionaria es la experiencia condensada, generalizada del
movimiento revolucionario; los comunistas deben utilizar cuidadosamente en sus
países no sólo la experiencia de las luchas pasadas, sino también, la de las
luchas actuales de otros destacamentos del movimiento obrero internacional. Pero,
utilizar acertadamente esta experiencia, no significa, en modo alguno,
trasplantar mecánicamente, en forma acabada, las formas y los métodos de lucha
de unas condiciones a otras, de un país a otro, como se hace con harta
frecuencia en nuestros Partidos. La imitación escueta, el limitarse a copiar
los métodos y las formas de trabajo, aunque sean los del mismo Partido
Comunista de la Unión Soviética, en países donde todavía impera el capitalismo,
puede, con las mejores intenciones del mundo, dañar más que favorecer, como ha
ocurrido en realidad no pocas veces. Precisamente, la experiencia de los
bolcheviques rusos debe enseñarnos a aplicar de un modo vivo y concreto la
línea internacional única de la lucha contra el capital a las particularidades
de cada país, extirpando implacablemente, poniendo en la picota, entregando a
las burlas de todo el pueblo las frases, los patrones, la pedantería y el
doctrinarismo. ”


Hoy en día podemos escuchar decir incluso a los más reaccionarios reformistas
que la transición fue una falacia. Lo dicen incluso periodistas del El País y
de los medios que precisamente no destacan por ser los más revolucionarios. Lo
dicen en La Tuerka, lo dice Julio Anguita e incluso los más variopintos
filósofos apolíticos. ¿Quién se cree la historia oficial de los fascistas?


¿Quién puede negar hoy que la transición no fue más que una maniobra del
fascismo? ¿Quién puede negar que no fue más que una reforma de un régimen
monopolista en crisis? ¿Cuáles eran las tareas del movimiento antifascista ante
esta situación?


G. Dimitrov y la III Internacional, que son los que  desarrollaron el
concepto marxista-leninista de fascismo, es decir, le dieron un significado y
un estudio científico (a través del materialismo histórico), ya avisaron de lo que
podía suceder en un Estado fascista en crisis, que era la situación en la que
se encontraba el fascismo español en los años 70 (donde empieza ese vacío
histórico de nuestros revisionistas). 

“En unos países, principalmente allí, donde el fascismo no cuenta con una
amplia base de masas y donde la lucha entre los distintos grupos en el campo de
la propia burguesía fascista es bastante dura, el fascismo no se decide
inmediatamente a acabar con el parlamento y permite a los demás partidos
burgueses, así como a la socialdemocracia, cierta legalidad. En otros países,
donde la burguesía dominante teme el próximo estallido de la revolución, el
fascismo establece el monopolio político ilimitado, bien de golpe y porrazo,
bien intensificando cada vez más el terror y el ajuste de cuentas con todos los
partidos y agrupaciones rivales, lo cual no excluye que el fascismo, en el
momento en que se agudezca de un modo especial su situación, intente extender
su base para combinar -sin alterar su carácter de clase- la dictadura
terrorista abierta con una burda falsificación del parlamentarismo.”


¿Acaso la incorporación del PSOE y del PCE al régimen fascista en los 70, no es
un pilar fundamental para el cuento de la transición? ¿Es esto una democracia burguesa
con tintes fascistas o es, al contrario un Estado fascista con tintes
democrático-burgueses?


Los CJC no responden a esta pregunta. Porque no quieren hablar de la
transición. Porque no quieren hablar de la historia. No saben explicar cómo
desaparece el fascismo en España y solo pueden hacerlo mediante teorías
abstractas, como siempre. Por ejemplo que el fascismo y la democracia burguesa
son formas de dominación de cualquier Estado burgués y mientras más
autoritarismo y represión hay, se están usando formas de dominación fascistas y
mientras más aperturismo y democracia se están usando métodos democráticos
burgueses. Teoría falsa puesto que la democracia-burguesa y el fascismo son
formas de dominación, por lo tanto son siempre represivas y autoritarias. La
cuestión está en que unas son formas de dominación correspondientes a la etapa
premonopolista del capitalismo y las otras a la etapa imperialista. Esto es lo
que dicen los comunistas de la III Internacional, es decir, los que se
enfrentaron a sangre y fuego con el fascismo. 


Pero como decimos, ni PCPE, ni PCOE ni ninguna banda revisionista quiere hablar
de los 70, porque ellos en los 70 o estaban en el PCE o estaban escondidos
debajo de las piedras cuando el régimen impuso el terror por todo el país. O
estaban con los que besaron la bandera de Franco y la Corona del Rey designado
por Franco o estaban con el rabo entre las piernas. 


Claro, luego ellos rompieron con el PCE en los 80, no por motivos de la
traición de Carrillo a la clase obrera y al pueblo español, no, sino por
motivos de la traición al prosovietismo que estaban haciendo los
eurocomunistas. Como vemos, España y su historia nunca les han interesado. Solo
la URSS, las banderas rojas y el folclore socialista (que en ese momento
representaban sus hermanos del este, sería una vergüenza llamarlos soviéticos).
“Cuando la URSS cayó, cavamos una trinchera y nos resguardamos en ella”, decía
Carmelo Suarez (Secretario General del PCPE) hace unos meses. 


En cuanto a los del PCOE, también manifestaban ese prosovietismo capitulador.
Incluso hoy en día se les puede ver rescatando ese mote de “¡pro-chinos!” (qué
era como los revisionistas llamaban a los que se oponían a la traición jruschevista)
cuando intentan atacar a los comunistas. 


El PCOE se funda antes de la transición, de la reforma del régimen, de la
mentira que perpetuo el monopolismo en este país…¿Y qué hizo para
detenerlo? 


Por cierto, en aquella época el PCOE defendía la “democratización de España”.
Ese “etapismo” del que les gusta hablar últimamente a todos estos grupos, es el
que ellos profesaron por mucho tiempo. De todos modos, “etapistas” o no, hay
una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles. 

2. El Movimiento Antifascista del 36 se difumina en los 70 sin motivo
aparente



Como revisionistas, como burguesía disfrazada dentro del movimiento obrero, nos
reproducen en la teoría y en la práctica todas y cada una de las chapuzas
historiográficas del fascismo: España dejó de ser fascista y pasó a ser un
Estado democrático-burgués, el Rey ni pincha ni corta y no importa nada que un
país sea monárquico o republicano y la Guerra “Civil” y la posterior
resistencia antifascista son cosas del pasado y no hay que reabrir viejas
heridas.


No hay que reabrir viejas heridas, estas fueron cerradas en la transición. La
Resistencia contra el fascismo, que era el movimiento revolucionario de la
clase obrera y el pueblo, acaba en 1975 (cuando Carrillo se casa con el Borbón)
y no hay nada más que hablar. Siguen la máxima de la ideología burguesa
del carpe diem. Vivamos el presente y no
hablemos del pasado. 


Historiografía burguesa y revisionismo se unen. No es raro. Unos son los
enemigos externos y otros los enemigos internos, dentro de las propias filas
del proletariado. 


Sin embargo vemos como en todas las manifestaciones y concentraciones que se
dan a lo largo y ancho del país, salen jóvenes con la bandera republicana, la
bandera de la resistencia. Vemos como cada día hay decenas de personas que
condenan el golpe de Estado del 18 de Julio, que no quieren que esto quede como
una derrota. Por eso hablan de la III República. Pero hay un vacío creado
intencionadamente, como decimos, para no ligar el presente con el pasado y para
así no darle forma a la línea revolucionaria en este país. 


Si el enemigo de 1936 era el mismo que en 1940, el mismo que en 1950, el mismo
que en 1965, el mismo que en 1975 y, como se ve cada día, el mismo enemigo que
lo fue en 1980 y lo es en 2013 (el monopolismo y sus formas de dominación
fascistas), la resistencia antifascista también tiene que tener una
continuidad: una historia paralela. Y es que efectivamente la hay. 


Porque el PCPE y el PCOE nos cuenten que hay un vacío histórico desde 1975
hasta hoy, no significa que esto sea así. Por mucho que, al igual que los
burgueses, tengan la total libertad para difundir esto en su propaganda, en sus
webs y ante nuevos jóvenes que intentan captar. 


Por tanto, si los socialdemócratas están aceptando incluso que en la transición
se da una reforma del propio Estado. ¿Cuál debería haber sido la tarea
principal del movimiento antifascista que nació en 1936? Denunciar la farsa.
¿Había otra alternativa?

3. Nuestros revisionistas mienten, la resistencia que ellos traicionaron:
continúa. 



El PCPE y el PCOE no lo cuentan, pero hubo organizaciones antifascistas de todo
tipo que denunciaron la maniobra del régimen. Por ejemplo: el Partido Comunista
de España (reconstituido), los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de
Octubre, el Socorro Rojo, la Organización Democrática de Estudiantes
Antifascistas, la Unión de Juventudes Antifascistas, Pueblo y Cultura, Mujeres
Antifascistas etc… En definitiva, una serie de organizaciones que denunciaron
la farsa hasta las últimas consecuencias (a las cuales se le impusieron la
persecución y la ilegalidad).


Estamos hablando de hombres y mujeres que no salieron de la nada. Muchos venían
de organizaciones traidoras y claudicadoras, incluso del mismo PCE. Y en un
proceso que duró años, intentaron retomar la dirección e impulsar ese
movimiento antifascista traicionado.


La represión fascista recayó entonces sobre su enemigo natural: los
antifascistas que no se vendieron. Los legítimos continuadores de las 13 Rosas
Rojas y José Díaz. No eran legítimos porque lo dijesen los papeles, no, sino
porque lo demostraron con hechos, en la calle. 


Al final hay que darle la razón a Roque Dalton cuando decía: 

“La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella. Claro, se
 puede hacerla sin jugarse la vida, pero uno suponía que sólo en el campo
enemigo.”


Y es cierto, por supuesto, que el movimiento antifascista perdió a una gran
parte de su fuerza durante la transición. ¿Pero quién tiene la culpa?


¿De quién es la culpa de que hoy en día no se hable de la actualidad de la
resistencia? ¿De los propios antifascistas? ¿O de los que defienden y propagan
el cuento de la transición? O sea: de los que le hacen el juego al
fascismo. 


No será la culpa de los 31 asesinados o de los 1300 encarcelados de las
anteriores organizaciones citadas (de los cuales algunos continúan en las
cárceles). Ni tampoco del Movimiento de Liberación Nacional Vasco y parte del
Catalán y Gallego que siguieron la lucha (con decenas de muertos y centenas de
presos actualmente, recordemos). Mucho menos culpa de los 600 muertos durante
la transición en las manifestaciones contra el régimen.


Gracias a nuestros revisionistas el movimiento obrero y popular en este país no
se encuentra a sí mismo, porque le han robado su historia. Le han aturdido. Y
el movimiento obrero y popular tiene que reencontrarse con su pasado para
entender su presente. Su significado: la lucha contra el mismo enemigo.


En las manifestaciones por toda Europa, aún resuenan consignas como el “No
pasarán”. La consigna del pueblo madrileño se ha internacionalizado, pero el
movimiento que la engendró ha sido traicionado. 


¿Cómo hablarles a los progresistas venezolanos de su lucha sin Bolívar y la independencia
del Imperio Español? ¿Cómo hablarles a los revolucionarios cubanos sin la lucha
en el Bayamo contra el colonialismo a finales del siglo XIX? ¿Y a la
resistencia francesa contra el nazismo sin 1789? Es imposible.


Porque el Movimiento Antifascista en este país no solamente nace como expresión
del movimiento obrero y popular contra el fascismo y el monopolismo, sino que,
además, tiene unos objetivos muy claros: la recuperación de la República
Popular que los fascistas nos robaron para así poder realizar la tarea histórica
del socialismo. Por el carácter monopolista de este Estado, ya no caben medias
tintas. Sin la Dictadura del Proletariado no se puede hablar de una República
Popular y sin República Popular no podemos hablar de la Dictadura del
Proletariado. No hace falta decir que la lucha por el derecho de
autodeterminación del pueblo vasco, catalán y gallego va estrechamente unido a
los objetivos estratégicos de la resistencia antifascista.


El silencio intencionado del revisionismo deja estos objetivos como inconclusos.
Para ellos la historia de la resistencia antifascista se pierde en los 70 para
siempre, solo porque ellos, los del PCPE y el PCOE, no hicieron nada en los 70
para parar la reforma del régimen. 


La burguesía no considera a la Historia como una ciencia porque a través de
ella su chiringuito se cae a pedazos en todo el mundo. 


Aquel 20 de Abril de 1979, cuando Juan Carlos Delgado de Codes se encontraba en
la puerta del metro de Lavapiés, fue rodeado por tres policías. Uno de ellos
acercó la pistola a la sien de Juan Carlos (que estaba desarmado) y disparó. Su
delito: continuar la resistencia.

Decíamos al principio que el responsable de su asesinato fue el mismo que el de
los fusilamientos de las 13 Rosas Rojas. Casualmente 40 años después. Es decir,
que cuando los revisionistas del PCPE dicen que nuestro país ya había dejado
atrás el fascismo y se había incorporado a las magníficas bendiciones y
derechos de la democracia-burguesa (aunque no expliquen cómo se da este
proceso), la misma bota que aplastaba antes a los revolucionarios, seguía
haciéndolo.

Para el revisionismo hay héroes de la resistencia antifascista que son de
primera y héroes de segunda (o tercera o incluso olvidados y silenciados).
Mientras más alejados en el tiempo están, mejor, así no tendrán que ser
consecuentes y responder con actos a aquellos que denuncian.

En definitiva: la Resistencia Antifascista en España no es ninguna memoria que
llorar, señores de los CJC, está más viva que nunca y cumplirá el papel por el cual
nació. Hablamos de su “homenaje” a las 13 Rosas Rojas entre comillas porque no
hacen ningún homenaje.

El mejor homenaje: continuar la lucha.

Emilio Moyano Aguado


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