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La importancia del arte revolucionario y de la militancia

Pablo Hasel
El rap, como otros tipos de música y arte en general, es una herramienta útil para facilitar la difusión de unas ideas, sean de la ideología dominante o revolucionarias, sobre todo para la juventud. A todos nos ha hecho pensar una canción, sentir empujándonos a luchar o simplemente, nos han acompañado en luchas por reflejar lo que vivimos. Todas las revoluciones apreciaron el arte revolucionario por su facilidad para resumir un mensaje y hacerlo accesible al pueblo. Pero evidentemente, para cambiar el mundo no basta el arte revolucionario, sólo es un paso más. En todo caso este arte debe intentar empujar a la organización que con la acción, transforme la realidad.

A estas alturas, negar la importancia del arte revolucionario es estar ciego. Pero es muy importante recordar que de poco sirve llevar música combativa en los cascos, si luego no hay una militancia revolucionaria. Aunque desde luego, ya es un primer paso escuchar música que ataque de forma explícita al orden establecido. También está el asunto de qué grupos son realmente comprometidos, pero en este artículo no entraré a analizar esta cuestión.

Están quienes infravaloran a los artistas revolucionarios, sobre todo por diferencias ideológicas y también quienes sobrevaloran. En lo que a mi concierne, siempre he repetido que no quiero que nadie me idolatre y que quienes deben ser los mayores referentes en cuanto a militancia revolucionaria, son los elementos más avanzados, los militantes del Partido comunista, en el caso del Estado español, del PCE(r). Con mis canciones he conseguido que muchas conozcan su lucha, es cierto, pero no es un mérito excepcional, yo le debo mi educación política al Partido, aún con todo lo que me queda por aprender, que no es poco. Por lo tanto, lo menos que puedo y debo hacer, es utilizar el arte para denunciar las injusticias y reconocer a quienes más las han combatido organizándose de forma consecuente por el Socialismo. Pero igual que yo andaría mucho más perdido si no fuera por las enseñanzas del Partido; la represión del Estado y los revisionistas-reformistas que me señalan por defender esa línea (con mucho que aprender y con errores como he dicho) saben bien que he sido un altavoz y por ello me atacan llegando en ocasiones a la obsesión, queriéndome infravalorar pero a la vez sobrevalorándome por la importancia que me dan. Cosa que demuestra que algo bien he hecho, de lo contrario ni me nombrarían.

No me atacan a mi, atacan la línea que defiendo. Bien que en su momento partidos y organizaciones quisieron llevarme para su terreno y entonces sí que les gustaba mi música y les parecía un buen tipo, pero como no cedí y defendí a quienes han llevado una práctica consecuente, para muchos soy lo peor en todos los sentidos. Pero en un debate ideológico si les gusta cómo rapeo o no, no tiene la menor importancia, otra cosa es que recurran a ello faltos de argumentos. Lo que no me perdonan es que haya evolucionado políticamente, pero tanto que hablan de marxismo algunos, deberían comprender más la dialéctica. Atacan a la línea que defiendo porque sus críticas al PCE(r), también con todo tipo de calumnias, son constantes. Si yo rapeara para sus partidos, es evidente que entonces no se obsesionarían así, pero al atacar cosas como la falta de solidaridad con los presos políticos antifascistas y llegar a tantas orejas, es algo que les irrita en exceso y así lo demuestran. Algunos, en su insultante ambigüedad, no comprenden que alguien se posicione. Son quienes defienden la unidad abstracta, pero qué casualidad, siempre olvidando a los revolucionarios presos o ilegalizados a los que sus partidos insultan, condenan y miran hacia otro lado hasta cuando sufren torturas o son exterminados en prisión.

Como no huyo de la autocrítica, la hice al ver lo perjudiciales que son esos partidos con los que un día tuve un trato demasiado cordial, pero desde el primer momento les eché en cara esas actitudes, otra cosa es que por ingenuidad no viera cuánto alejan del camino revolucionario y quisiera pensar que no son tan nocivos. Si de algo no se me puede acusar es de tragar por interés, pues cuando me di cuenta rompí con muchos que me hubieran facilitado las cosas. ¿Cuántas puertas me he cerrado por posicionarme? ¿Cuántos problemas me he ganado? Para que algunos sin vergüenzas tengan la mala baba de decir que esto le beneficia a mi “carrera musical”. Me temo que Monedero o Iglesias, que en su tiempo ponían canciones mías en sus redes sociales o me invitaban a rapear a sus actos, me abrirían muchas más puertas que solidarizarme con los presos políticos, que en todo caso me abrirá las de la cárcel. Pero es algo que los cobardes resentidos y los insolidarios no pueden soportar, que renegara de ese camino cómodo y me posicionara con los revolucionarios. Están tan podridos de odio absurdo, que algunos llegan a decir que busco ser preso político, como si fuera un capricho solidarizarse, atacar al Estado o no apoyar a un partido reformista. Como si no poder ver a tus seres queridos, comer mierda, pasar todo el día en una celda, que tu vida corra más peligro, no poder grabar y un largo etc, fuera algo que se busca. No sorprende viniendo de los mismos que justifican que Cao de Benós diga que dispararía a inmigrantes o que votan a quienes llaman terroristas a los antifascistas que han ido más allá de la legalidad fascista. Como ellos no pretenden pasarla, atacan a quienes lo hacemos. Pero lo más absurdo, es que también más de una vez han deseado por redes sociales, manifestaciones o canciones, cosas a los capitalistas/fascistas como por las que se me condena. Pero como las digo yo, entonces está mal y es justificable que Cao de Benós defienda la represión de la Audiencia Nazi-onal deseándonos cárcel a quienes pasemos ciertas líneas. No se puede caer más bajo que defendiendo la represión del Estado, pero eso hacen los partidos que votan muy a menudo.

A diferencia de ellos, jamás he ocultado mis errores. Es más, los he grabado. Eso es lo que aprovechan quienes en vez de alegrarse de una evolución, como cualquier comunista, la maldicen. Como no pueden atacar con el presente, recurren al pasado. En el presente también tengo errores, desde luego, pero entre estos no está atacar a partidos que legitiman la represión del Estado o silencian el exterminio contra presos políticos antifascistas, ejerciendo una repugnante complicidad. A veces, agobiado por muchas cosas, pierdo las formas en debates con quien igual no ha hecho méritos para que así sea, pido disculpas e intento corregirlo. Otros, desde luego, merecen que se utilice cierto tono por cómo entran. No voy a excusarme en que no soy perfecto para no poner empeño en mejorar, pero más de uno que critica sin piedad veríamos cómo actuaría en mi situación y no digamos ya en otras. Como revolucionarios debemos tener empatía, cosa que no quita la crítica constructiva que tanto agradezco y gracias a la que he evolucionado y seguiré evolucionando para desgracia de enemigos.

Otros, pretenden responsabilizarme de todos los actos de mis oyentes. ¿Hace falta contestar a semejante bobada? Yo respondo por mis actos, no por los de mis oyentes y es evidente que entre tantos, habrá algunos que actúen de forma muy distinta a la música que escuchan. No será porque yo lo recomiende. ¿Acaso no había y hay “seguidores” de Lenin que actúan de forma muy distinta a lo que él proponía? Uno se siente hasta ridículo contestando a cosas tan evidentes, pero ante tanto listillo que ha leído mucho pero que ha puesto en práctica poco y las repite, hay que hacerlo. Son los que insultando al marxismo, utilizan como «argumento» una foto de hace años con X reformista para atacar. Lo único que consiguen es mostrar una evolución de la que estoy orgulloso y de la que ellos carecen defendiendo a esos reformistas. Imagino que piensan que alguien puede nacer sabiendo, aunque desde luego ellos no.

No se me puede juzgar como si fuera el secretario general del Partido comunista, soy un artista comprometido, no un cuadro del Partido, y como tal, evidentemente cometo más errores. Cumplo una función y a tenor de algunos resultados, da sus frutos, pero la puedo mejorar y en ello ando. No temo la autocrítica, gracias a esta se avanza y si no fuera por revolucionarios ejemplares que me han hecho críticas constructivas, no hubiera mejorado así. Reconoceré mis errores cuando haga falta, entre estos que a veces debería utilizar con más tacto la pedagogía, no con los que faltan al respeto a revolucionarios a conciencia, por supuesto. Pero que no esperen que rectifique ante mis ataques a quienes legitiman la represión del Estado, faltaría más, eso no es un error y siempre nos quedaremos cortos atacándolos. Aquellos a los que tanto les ofende que se ataque a quienes actúan como lacayos de los capitalistas, deberían dedicar más tiempo en solidarizarse con quienes sufrimos la represión y menos en insultarnos, pero eso en demasiadas ocasiones es pedir peras al olmo porque están más ocupados en el folklore que en empezar a actuar como comunistas con la correspondiente autocrítica materializada en hechos.

Fuente: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/

Cuando el director de la Guardia Civil era un matón fascista

Aníbal Malvar
‘Público’ ha obtenido los testimonios de una de las víctimas y de otros testigos de las andanzas violentas de las centurias fascistas vinculadas a los Guerrilleros de Cristo Rey en las que participó el actual director de la Guardia Civil.

En Ferrol le llamaban Manuel Cruz Gamada por su ideología fascista. En la década de los 70, Cruz y otros jóvenes franquistas ferrolanos organizaron una centuria pedestre de Guerrilleros de Cristo Rey dedicada a apalizar demócratas, sindicalistas, curas rojos y niñas de instituto. Se les conocía como los cadeneros, pues acostumbraban a utilizar cadenas de bicicleta como arma. Aunque algunos de ellos, hijos de militar, también gustaban de airear sus viriles y patrióticas Glock, sus P38 y sus Astra nueve largo o nueve corto.

En la centuria de los cadeneros también militaba Arsenio Fernández de Mesa, actual director de la Guardia Civil. En aquella época, la complicidad del benemérito cuerpo con los guerrilleros de Cristo Rey era vox populi.

El Ferrol era aún del Caudillo y vivía fuertemente polarizado entre el tradicionalismo castrense y franquista de sus militares y el oreo sindicalista del obreraje de Bazán. Los enfrentamientos eran constantes. Y la represión policial contra los trabajadores, feroz. Lo recuerda la escritora Ánxela Loureiro (Ferrol, 1956): “Nací en una familia numerosa obrera marcada por la cotidianas incursiones nocturnas que la policía política hacía en nuestra casa. Desde muy pequeña vi cómo registraban cada rincón de mi hogar y cómo se llevaban a mi padre detenido por ser sindicalista. Siendo muy niña, escuchaba a menudo la frase no me dejan jugar contigo sin entender la razón”.

Ánxela Loureiro fue una de las víctimas de la centuria falangista capitaneada por Fernández de Mesa y Cruz Gamada. Y la primera en denunciar formalmente a Manuel Cruz y a los cadeneros a los que pudo reconocer.

“El 20 de febrero de 1975 –Franco aún vivo– convocamos una reunión en el instituto masculino. Nuestros compañeros querían que nosotras, las rapazas, fuéramos a hablarles a la hora del recreo para que se iniciara, también allí, un movimiento estudiantil. Nuestra consigna partía de la universidad: las fuerzas de la cultura con las fuerzas del trabajo. Salimos del instituto un grupiño, seríamos diez o doce. Caminábamos hacia el instituto masculino y, cuando estábamos en el lateral izquierdo del edificio, apareció un coche del que bajaron varios chicos armados con cadenas, y corrieron hacia nosotras dando gritos. Pertenecían a los Guerrilleros de Cristo Rey y nos llamaban demócratas a modo de insulto. Uno de ellos, el mayor, corrió tras de mí y me dio varios cadenazos en la espalda. Yo me enfrenté a él y pedí auxilio a unas mujeres que pasaban por allí, y me pidieron aterrorizadas que me apartase de ellas”.

Aquella mañana no estaba Arsenio Fernández de Mesa, alias Cuco, alias El Estirao, entre los agresores. Sí su buen amigo Manuel Cruz Gamada. “Cuco era de los cobardes. No solía actuar a cara descubierta, salvo cuando arengaba a sus camaradas en el patio del instituto Tirso de Molina”, relata el novelista Xavier Alcalá, que vivió en primera persona aquellos años convulsos. Allí, en el colegio, se reunían los Guerrilleros de Cristo Rey los lunes al atardecer antes de lanzarse a perseguir rojos por Ferrol o A Coruña. Juan José Castro Couto y Manuel Cruz eran los mamporreros. De Mesa ejercía de ideólogo con su dicción aplomada aprendida de su mentor Jesús Suevos.

Suevos era el alma de la joven centuria ferrolana, su creador. Había sido amigo de José Antonio Primo de Rivera, fundó Falange Española en Galicia en 1935 y había capitaneado la centuria falangista de la Sierra de Guadarrama durante la Guerra Civil. En el franquismo hizo carrera como corresponsal de la prensa del Movimiento en París, primer director de TVE y presidente del Atlético de Madrid.

El prestigio de Suevos entre el fascio ferrolano, el Ejército, la Guardia Civil y la Policía era una de las cartas de impunidad más valiosas de los Cristo Rey. Por eso sentó como una patada en la patria que una adolescente osara denunciar y llevar a juicio a Manuel Cruz, Castro Couto y unos tales Matías, Boado y Araguas de borrosa memoria. “Durante mucho tiempo recibí llamadas telefónicas con amenazas de muerte, pero a pesar de todo se realizó el juicio y salieron condenados”, recuerda Ánxela Loureiro.

El juicio se celebró el 5 de marzo del 75 en el Juzgado Municipal de Ferrol. El día posterior a la agresión, el 21 de febrero, la joven activista había sido expulsada del instituto. Ella asegura que a causa de su denuncia contra los cadeneros. “Reunida la Junta de Disciplina del Centro, vista la actuación de su hija, Srta. Ángela Loureiro Fernández, alumna de 5º J, considerando que ha sido causante de alteración grave del orden académico, en especial en las últimas fechas, ha decidido la expulsión de dicha alumna hasta el día 3 de abril del corriente, con la advertencia de expulsión definitiva a la menor falta posterior. Dios guarde a Vd. muchos años”.

El asunto Loureiro era casus belli en Ferrol. Un grupo de compañeras de instituto de la joven dejaron de asistir a clase y protagonizaron sentadas cotidianas a las puertas del instituto Camilo Alonso Vega, bautizado así en honor al militar y ministro de Gobernación franquista. Con otro estilo, también los obreros y sindicalistas ferrolanos quisieron demostrar su solidaridad con las agredidas: un grupo armado de palos y puños propinó una paliza a los guerrilleros fascistas en la cafetería Sakuska, su habitual centro de reunión.

“A Fernández de Mesa lo recuerdo como palmero [de los agresores] durante el juicio, y oportunamente en el WC cuando fueron a por él en el café Sakuska de la Calle Real. Era ya un lechuguino y un cobarde, siempre con ellos [los de Cristo Rey] pero siempre detrás”, relata el historiador Bernardo Máiz, entonces joven profesor del instituto de Loureiro. “La permisividad policial con ellos era absoluta”.

El día de la vista el juzgado estaba abarrotado. “Fue muy emocionante para mí ver a tantas personas apoyándome en el juzgado. Había tanta gente que algunos se tuvieron que quedar fuera. Se decía que muchos trabajadores de Bazán habían pedido el día de permiso para asistir”, recuerda Ánxela Loureiro. Pero también asistieron los “palmeros”, como los califica Máiz, de los Guerrilleros de Cristo Rey: gente del estamento militar y la alta burguesía fascista ferrolana. Entre ellos, Cuco Fernández de Mesa. Loureiro no recuerda exactamente la sentencia condenatoria. Cree que quizá una multa de 2.000 pesetas que nunca cobró. Y no era para ella una cantidad despreciable: “A los trece años empecé a trabajar como dependienta, la jornada era de ocho, nueve o diez horas y el sueldo de 800 pesetas al mes”.

Pero los Guerrilleros de Cristo Rey no limitaban su actividad al apalizamiento de niñas. “Comenzaron a actuar, en aquellas fechas, contra algunos curas rojos (Vicente Couce, Bernardo Cendán, Cuco Ruñís). Se les presentaban enseñando las pistolas y hacían pintadas: Curas rojos, no. Intentaron quemar la iglesia de Santa Mariña y la del Socorro”. En 1975, también prendieron fuego a la casa de la Iglesia del Puerto cuando una veintena de personas de la Plataforma Democrática hacían política en su interior. Tenían el beneplácito del obispo Araújo Iglesias. El dueño del cercano bar La Abundancia vio las llamas y alertó a los reunidos, evitando la tragedia, según relatan varios de los asistentes.

De aquel grupo de Guerrilleros, al menos Fernández de Mesa y Manuel Cruz se afiliaron al franquisno sociológico de Manuel Fraga y su Alianza Popular en 1977. Ambos, además, se casaron jóvenes con dos chicas de la alta genealogía castrense de la ciudad ferrolana. De Mesa saldría elegido concejal en 1983 y llegaría a teniente de alcalde en el 87 y a diputado en el 89. Manuel Cruz Gamada terminó como chófer de la Consellería de Sanidade tras la victoria de Manuel Fraga en las elecciones autonómicas gallegas. Ambos estaban apadrinados por Xosé Manuel Romay Beccaría, excoselleiro de Sanidade de la Xunta, exministro con José María Aznar y actual presidente del Consejo de Estado.

En aquellos años, Manuel Cruz empezó a visitar Vilagarcía y A Illa de Arousa, capital del narcotráfico gallego. Sus veleidades gamadas se habían dulcificado y ya no se presentaba, vestido de uniforme, en la plaza de España de Ferrol cada 20 de noviembre, aniversario de la muerte del Caudillo. En Arousa, con escasa imaginación, le llamaban El Ferrolano. “Empezó a venir por aquí habitualmente a principios de los 90, y decía que era funcionario de catastro. Se comentaba que inscribió a nombre de Marcial Dorado [narcotraficante convicto] fincas que no estaban registradas. Aquello provocó cierta bronca en Vilagarcía”, relata un conocido periodista gallego hoy dedicado a otras lides y que prefiere permanecer en el anonimato.

El actual presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó, también apadrinado por Romay Beccaría, del que fue número dos en las consellerías de Agricultura y Sanidade, conoció entonces a Manuel Cruz y lo adoptó como chófer. El propio Feijóo reconoció a Elisa Lois, periodista de El País, que fue Cruz quien le presentó al narcotraficante en 1994. “Aquí en Vilagarcía dejó de ser el ferrolano para convertirse en el chófer de Feijóo. Se les veía habitualmente”, recuerda el periodista arosano.

Resulta difícil de creer que Feijóo, como asegura, desconociera las actividades de Marcial Dorado. El contrabandista había sido detenido por primera vez en 1983, y todo el mundo en Galicia sabía a qué se dedicaba. No es la única incongruencia de Feijóo en este asunto. Cuando se desveló que había viajado en el yate del narco por aguas arosanas, ibicencas y de Cascais, el presidente gallego aseguró que había roto lazos en 1997, cuando Dorado fue imputado. Falso. Pinchazos telefónicos de la Policía durante la investigación al narco certifican que se siguieron llamando entre 2001 y 2003.

Manuel Cruz, entre tanto, era un activo testaferro de Marcial Dorado. Se implicó directamente en empresas del narco como Petrogalicia y Xatevín, dirigiendo las gasolineras que aquel poseía en Caldas de Reis y en el puerto deportivo de A Illa. Pero Cruz Gamada nunca se llegaría a sentar en el banquillo junto a su otro jefe, aparte de Feijóo. Moriría en un accidente en 1999, dos años antes de que el juez José Antonio Vázquez Taín empezara a investigar el entramado financiero de Dorado.

La relación del PP gallego con el contrabando y el narco es histórica. Dos de sus alcaldes más populares en los 80 y los 90, Vicente Otero Terito y José Manuel Nené Barral fueron procesados por contrabando. Barral ni siquiera disimulaba ante los periodistas. Al cronista que esto escribe y a su colega Elisa Lois les narró diversas y divertidas aventuras en su despacho de la alcaldía de Ribadumia a mediados de los 90. Y el caso Naseiro de financiación ilegal del PP se abrió por un pinchazo telefónico en una operación de narcotráfico, circunstancia que facilitó su cierre en falso.

La conexión Cruz Gamada/De Mesa/Feijóo/Dorado es solo un capítulo más de este oscuro maridaje entre políticos gallegos y mafias organizadas.

Fuente: http://m.publico.es/politica/1910800/un-camarada-cadenero-de-fernandez-de-mesa-conecto-al-pp-gallego-con-el-narco-dorado

De la Falange a la dirección de la Guardia Civil

Aníbal Malvar

Cuando era joven, el actual director general de la Guardia Civil tenía dos apodos. Arsenio Fernández de Mesa era Cuco para los amigos y El Estirao para los enemigos. Su ciudad natal, Ferrol, seguía siendo entonces de El Caudillo, y cuando murió Francisco Franco en 1975 De Mesa todavía era menor: la mayoría de edad no se adelantaría de los 21 a los 18 años hasta 1978.

Eran tiempos convulsos en todos los rincones de la una, grande y libre, y en Ferrol, cuna del apodado Faro de Occidente (a pesar de la escasa estatura del dictador), la lenta agonía del Caudillo se vivía con un plus de emotividad. Los enfrentamientos entre francófilos y francófobos eran cotidianos.

En Ferrol habitaba entonces el hombre que había fundado en 1935 la facción gallega de Falange Española. Jesús Suevos era en 1975 un respetado fascista de 68 años, algo atildado, de gran cultura, elegante, soltero y muy afrancesado, con todos los rumores que esta pléyade de cualidades podía aventar en aquella España charretera, vencedora, carpetovetónica y macho.

Con la muerte de Franco, Suevos se volvía a sentir depositario otra vez de la sagrada misión de emprender una nueva cruzada por Dios y por España. El antiguo jefe de centuria falangista en la Sierra de Guadarrama durante la Guerra Civil organizaba, 40 años después, en Ferrol, patrullas de inspiración paramilitar destinadas a amedrentar a sindicalistas y demócratas con palos, cadenas y pistolas. Los llamaban los cadeneros y se daban cita las noches del lunes en los patios del colegio Tirso de Molina antes de salir a patrullar.

Suevos adoptó intelectual e ideológicamente a Cuco Fernández de Mesa por diversas e irreprochables razones. A pesar de su deslustrado expediente académico, De Mesa era un líder estudiantil. Poseía buen físico, buena voz y una viril espontaneidad para la arenga, como bien ha seguido demostrando en el decurso de su carrera política. Además, Cuco proviene de una noble estirpe de marinos y militares que arranca en el siglo XVIII. Su madre fue bautizada María Luisa Díaz del Río y González-Aller.

Los González-Aller provienen de la aldea de Villarruba, a 22 kilómetros de Ferrol enfilando hacia el sur el curso de la ría. La dinastía naval alcanza nuestros años, con Cristóbal González-Aller, (1960) vistiendo el uniforme de almirante en la base de Rota. José Ignacio, fallecido en octubre del pasado año, había sido compañero de promoción de Juan Carlos I en la Escuela Naval y a bordo del buque escuela Juan Sebastián Elcano. Carlos, capitán, llegó a ser jefe de la Cámara de Oficiales de la Armada en Madrid. El almirante Antonio fue, durante el primer lustro de este siglo, jefe del Cuarto Militar de la Casa Real, y su empaque era inevitable en cada acto castrense solo unos pasos detrás de Juan Carlos I.

Como Jesús Suevos –que sería corresponsal de la prensa del Movimiento en París, primer director de TVE y presidente del Atlético de Madrid–, la familia de Cuco de Mesa era gente de cultura y sensibilidad, había sido golpista en el 36, y vivió plácidamente los 40 años de terror franquista, como los adjetivara en inolvidable ocasión el exministro del PP Jaime Mayor Oreja.

La joven centuria falangista organizada por Suevos en los años 70, y de la que formó parte el actual director de la Guardia Civil, contaba para su impunidad, precisamente, con la complicidad de la Benemérita. Igual que otros movimientos involucionistas de aquellos años, como los Guerrilleros de Cristo Rey, responsables de numerosos asesinatos durante la década.

Por supuesto, no existen censos de la composición de aquellas centurias clandestinas. Ni apenas denuncias contra ellos. Pero sí fue pública la presencia de Fernández de Mesa ataviado de falangista en un acto que se celebró en Cedeira el 14 de mayo de 1977. El ex ministro franquista Gonzalo Fernández de la Mora acudió a la localidad para inaugurar un monolito en memoria de Franco. Las autoridades locales esperaban disturbios.

Cedeira había albergado un campo de concentración donde se hacinaron más de 700 rojos entre 1937 y 1938. Muchos cedeireses fueron fusilados en la playa de Villarrube, a orilla del exquisito pazo de los González-Aller. A los supervivientes y a sus familias les pareció un insulto aquel homenaje e intentaron boicotear el acto.

En previsión de que las fuerzas del orden fueran insuficientes, la centuria de Díaz de Mesa acudió con sus aditamentos falangistas a proteger ministro y monolito, quizá no necesariamente por ese orden.

De Mesa ya albergaba ambiciones políticas. Convencido por Suevos, se había afiliado un año antes a Reforma Democrática, fugaz asociación (aun no se había redactado la ley de partidos) que bajo el aliento de Manuel Fraga pretendía mantener los principios del Movimiento Nacional en caso de que la frivolidad democrática naciera irreversible. Fue la crisálida de Alianza Popular y del PP.

Su periplo laboral arrancó un poco más tarde. En 1979, se convierte en auxiliar de jardinero en el puerto, pero no era posición laboral digna para un vástago de genealogías navegantes tan conspicuas como la de los González-Aller, y acaba colocado en diversos oficios relacionados con el naval. Pero en 1983 sale concejal en Ferrol y en su Ayuntamiento permanece hasta 1991.

Muy crítico con la reconversión del naval iniciada en los primeros gobiernos de Felipe González, se destaca entonces como grandilocuente defensor de los trabajadores ferrolanos, lo que le abrió las puertas del Congreso como diputado por A Coruña en 1989. Mantuvo el escaño hasta 2012 y no precisamente para pasar desapercibido: durante la guerra del fletán con Canadá, afianzó su fama de intrépido parlamentario.

También contribuyeron en su salto de Galicia a Madrid sus desavenencias con Manuel Fraga y su acercamiento a los genoveses de Aznar, hartos de abandonar las comodidades de Lhardy para apoyar a Don Manuel entre pulpeiras de O Carballiño y percebeiros del Malpica.

Durante aquellos años, el inexistente currículum académico de Cuco agrega títulos como sendas diplomaturas en Altos Estudios Militares y de Defensa. Diplomaturas que, tras convertirse en director de la Guardia Civil, reducen a un par de cursillos los miembros del colectivo Alborán de militares retirados y guardias civiles: «No tiene ni los estudios para el ingreso como guardia».

Tras ser nombrado delegado del Gobierno en Galicia por José María Aznar, durante el zapaterismo espera su turno tras distanciarse de la protección de Francisco Álvarez Cascos, a quien había organizado la boda, y aproximarse a Mariano Rajoy. En el PP gallego era vox populi que el pontevedrés le iba a asignar la cartera de Defensa, acercando la magnitud de su figura a la de los almirantes y capitanes de su familia materna. De hecho, convirtiéndose en jefe de la marinería. Pero los designios de Rajoy son inescrutables.

Como director de la Guardia Civil, su actuación más destacada por la prensa fue mentir acerca de la actuación de la Benemérita en el Tarajal, donde fallecieron ahogados 15 inmigrantes que intentaban alcanzar a nado las costas de Ceuta. De Mesa negó que su benemérito cuerpo hubiera utilizado balas de goma y gases lacrimógenos para repeler a los nadadores muertos. Falsedad que el ministro Fernández Díaz hubo de desmentir días después en sede parlamentaria, ante la comisión de Interior.

Esta semana, además, se ha sabido que un informe forense realizado por la Universidad del País Vasco y difundido por la Cadena Ser, confirma que los botes de humo y las pelotas de caucho “pudieron contribuir de manera significativa como un elemento coadyuvante en el fallecimiento de estas personas”.

Quizá ese haya sido el principio del fin de una carrera que se inició un día de mayo en Cedeira, alrededor de un monolito a Franco y apoyando, contra el pueblo, a la Guardia Civil. Esa que hoy, y de momento, continúa bajo las órdenes del ferrolano de sangre marinera y franquista. Pero Franco murió hace mucho tiempo, y quizá ya no está para sobrevolar más el nido de este Cuco.

Fuente: http://www.publico.es/politica/director-guardia-civil-patrullo-grupos.html

La CIA no dirigió la transición española

Juan Manuel Olarieta

Las supuestas revelaciones del general Monzón, un antiguo miembro de los servicios de inteligencia de la época del fascismo, transmiten dos erróneas concepciones de la transición: que fue un cambio ficticio y, además, que se llevó a cabo bajo la batuta de la CIA. Esas concepciones son tan falsas como aquella aquellas que equiparan la transición a una traición o a una transacción.

Para que haya una traición previamente tiene que haber una confianza, lo cual supone admitir que quienes así la consideran ahora anteriormente sostuvieron algún tipo de ilusiones con las organizaciones reformistas que participaron en ella, fundamentalmente el PCE. Se trata de aquellos a quienes el cambio les ha sabido a poco. Ellos querían más o querían algo distinto. ¿Una revolución acaso?

En lo que a mí personalmente me concierne jamás me sentí traicionado por el cambio que se produjo en los años setenta, con lo cual defiendo que -en efecto- existió un cambio. Tampoco me sentí defraudado por quienes lo llevaron a cabo, los fascistas, ni por aquellos, como el PCE, que colaboraron con los fascistas en dicho cambio. Por lo tanto, yo procuro no hablar de traición.

Tampoco hubo transacción alguna porque los reformistas no tenían nada que vender a cambio, sino sólo a sí mismos, su dignidad. Pero yo creo que carecían de ella. Sólo se prestaron al juego porque sin ellos, es decir, sin la parafernalia de partidos y colectivos, el fascismo hubiera seguido en blanco y negro y una “democracia” necesita color. En fin, los partidos reformistas se vendieron a sí mismos, se prestaron a dejarse utilizar en beneficio de los planes fascistas.

Además, el general Monzón pone en primer plano a Estados Unidos, a terceros países, con pleno desconocimiento de la naturaleza del imperialismo y, más en concreto, de su política exterior en los años setenta, es decir, en plena guerra fría, no sólo con respecto a España sino a otros países con los que se puede comparar, como Portugal, Chile o Italia, por ejemplo. Situados a ese nivel, la transición se hubiera debido analizar en relación con la posición del imperialismo respecto a la Revolución de los Claveles, el golpe de Estado en Chile o a las turbias acciones de Gladio en Italia.

Ese tipo de análisis se hubiera tenido que complementar con su simétrico, la política exterior española, para lo cual habría que haber entendido que el imperialismo no es esa pirámide que muchos imaginan en sus fantasías, que bajo el imperialismo no existe ni puede existir una sumisión a los dictados de cualquier potencia por grande que sea, ni siquiera en el caso de un país de segunda división en el tablero internacional, como es España.

Esa imagen piramidal que se suele vincular con cierta concepción de la “hegemonía” es errónea, incluso en aquella época de la guerra fría, incluso para el antecedente inmediato de la Unión Europea, que entonces se llamaba “Mercado Común”, e incluso para España. Si eso no está claro, es imposible aclarar que la transición fue -entre otras cosas- un giro de la política exterior española para sacudirse el peso de Estados Unidos y acercarse al “Mercado Común”, bien entendido que no se trataba sólo de incorporarse al mismo sino de asociarse a una política exterior diferente, propia de ciertos países de Europa, en la que España pudiera tener una mayor autonomía, para lo cual hay que tener en cuenta que entonces España no pertenecía a la OTAN, ni había firmado el Pacto de No Proliferación Nuclear (“armas de destrucción masiva”), ni había reconocido al Estado de Israel, por poner algunos ejemplos ilustrativos.

En todos los países del mundo, la política exterior está estrechamente asociada a la política militar, incluso físicamente, es decir, que son militares o, mejor dicho, un cierto tipo de militares, quienes la diseñan. En España ocurre lo mismo, con la salvedad de que aquí el franquismo destaca precisamente por el peso de los altos oficiales dentro del conjunto del aparato del Estado y de que la estúpida personalización que ha llevado a cabo la historiografía en la figura de Franco, contribuye también a distorsionar la política exterior del régimen.

El verdadero núcleo del franquismo y de los cambios introducidos por el franquismo no fue Franco, un general africanista del ejército de Tierra, sino Carrero Blanco, un almirante de la Armada. El ejecutor material del giro en la política exterior del franquismo fue uno de sus colaboradores: el bilbaíno Fernando Castiella, quien permaneció entre 1957 y 1969, doce años clave, al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Cuando murió Castiella en la transición, el ministro de Asuntos Exteriores era otro vasco, Oreja Aguirre, quien en un discurso rindió homenaje a su predecesor, de quien pronunció dos frases para recordar. La primera es que “Gibraltar no era una obsesión de Castiella, Gibraltar fue para él, y lo es para nosotros, la clave de toda una concepción de la política exterior de España”. La segunda es aún más interesante: “El Estado español ha carecido de una auténtica política exterior en los dos últimos siglos de su historia […] Castiella supone, precisamente, una de las pocas excepciones, un raro momento en el que se pretende planificar ordenadamente una actuación permanente. En definitiva, Oreja Aguirre se declaró un continuador de la política exterior de su predecesor en el cargo, es decir, que también en lo que a la política exterior se refiere, la transición fue una continuación del franquismo. Pero no de cualquier política, sino de la que se puso en marcha en los años sesenta.

En aquella época, la referencia europea no era Alemania, como ahora, sino Francia y lo que Carrero pretendía para España es lo mismo que De Gaulle estaba llevando a cabo al otro lado de los Pirineos, en donde el ejército a pesar de pertenecer a la OTAN, quedaba fuera de su estructura militar y mantenía una política exterior alejada de Estados Unidos, para lo cual impuso la nuclearización del país, tanto militar como civil.

Es una obviedad recordar que la política exterior también está asociada a la interior, a la política sin más y, en el caso de Carrero, hay que insistir en que fue él quien creó los servicios de inteligencia fascistas, que son los mismos, e incluso las mismas personas, que siguen en la actualidad, incluído el general Monzón, ahora jubilado.

Es interesante que en sus memorias el general recuerde a otro general, Díez Alegría, que entonces estaba situado por encima de él en la cadena de mando y que también procedía de los servicios secretos militares. Pues bien, en aquella época el general Díez Alegría estaba considerado como el militar liberal (“aperturista”, se decía entonces) por antonomasia y hay que recordar que en 1974 fue depurado del ejército a causa de un viaje a Bucarest, es decir, al otro lado del Telón de Acero, para negociar la transición con Carrillo en nombre del franquismo.

Como consecuencia de aquel viaje, una parte del ejército, ligada a la CIA, presionó para depurarle del Alto Estado Mayor y marcar a los negociadores una línea roja que no se podía cruzar: el régimen nunca legalizaría al PCE.

Aparentemente el general Díez Alegría tiró la toalla. Dejó su puesto para que otro general de los servicios secretos militares, Gutiérrez Mellado, auténtico baluarte del gobierno de Suárez, siguiera la misma línea de cambios que la inteligencia militar tenía trazada desde los tiempos de Carrero Blanco, incluso en lo que a la legalización del PCE concierne.

Hubo varios factores que contribuyeron a ello y, por lo tanto, a que una parte del ejército se sintiera traicionada por dicha legalización, ya que les habían prometido que, en efecto, el PCE jamás sería legalizado, ya que para eso habían ganado la guerra civil que, en la retórica fascista, había sido una guerra contra el comunismo.

No es el momento ahora de exponer dichos factores, que están relacionados -sobre todo- con el hecho de que en aquella época el PCE ya era una piltrafa. Lo interesante es poner de manifiesto las divisiones internas del régimen que, en el caso de los militares, reflejaban la política de Estados Unidos respecto a España y a otros países: Estados Unidos siempre se opuso -desde un principio- a los cambios que el régimen fascista pretendió introducir para sucederse a sí mismo. Por lo tanto, la CIA no sólo no patrocinó la transición sino que se opuso frontalmente a ella, como se opuso a los cambios que se trataron de llevar a cabo en otros países en aquella misma época, especialmente en Portugal, Chile e Italia.

Esta oposición es lo que explica que en aquellos años se desencadenara la oleada de crímenes fascistas y la aparición de bandas parapoliciales del tipo de las que hoy se califican como “neonazis”. Entre otras cosas, la transición se caracteriza también por la aparición de grupos como la Triple A o los Guerrilleros de Cristo Rey que, en buena parte, procedían de terceros países, como Italia, en donde eran una prolongación de la OTAN. Su papel consistió en intimidar a las masas y sacarlas de la calle, impedir “la violencia” de tal manera que todo se pudiera manejar en los despachos, como les gusta a los servicios secretos.

Es un error concebir al franquismo como un régimen monolítico, sobre todo en su última etapa. Pero también es un error considerar que la CIA o Estados Unidos en su conjunto pudieran manejar los hilos del un país, por débil que sea, como si fuera una marioneta. Ahora bien, lo importante es tener en cuenta que si el franquismo no funcionaba como una unidad, ¿con qué parte del mismo se alineó la CIA?, ¿con los que querían cambiarlo? Si alguien piensa de esa manera no sólo no conoce lo que es el imperialismo, sino que tampoco conoce la España de la segunda mitad del siglo pasado.

Estados Unidos quiere rehabilitar el nazismo y reescribir la II Guerra Mundial

Wayne Madsen

Desde el derrumbe de la Unión Soviética, Estados Unidos viene poniendo en el poder a sus viejos colaboradores nazis en el este de Europa. Al cuestionar el papel de la URSS en la 2ª Guerra Mundial, Washington está tratando de despojar a la actual Federación Rusa de su mito nacional. Estados Unidos pretende así alcanzar 2 objetivos: destruir la zona de influencia de Rusia y acabar a la vez con la identidad rusa. Para lograrlo tendrá que reescribir la Historia y rehabilitar el nazismo.
Después del derrumbe de la Unión Soviética, el ex presidente de Estados Unidos y antiguo combatiente de la guerra fría Richard Nixon dedicó sus últimos años de vida a velar porque Rusia ocupara su lugar en la comunidad internacional. Nixon aconsejó al entonces presidente Bill Clinton sobre la manera correcta de tratar con la Federación Rusa, reconocida internacionalmente como el Estado sucesor de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Algo que Nixon nunca habría tolerado es la tendencia conservadora a negar el importante papel que Rusia desempeñó en la Segunda Guerra Mundial –lo que los rusos llaman «La Gran Guerra Patria»– y en la victoria de los Aliados contra la Alemania nazi. Los actuales dirigentes de Estados Unidos y sus compinches en Gran Bretaña, en el este de Europa y en otros países incluso serían llamados a capítulo por Nixon por haberse negado a participar en la ceremonia anual del 9 de mayo, o «Día de la Victoria», en Moscú.
Nixon, quien criticó a la administración de George H. W. Bush por la ayuda patéticamente inadecuada que se destinó a Rusia después del derrumbe de la Unión Soviética, tendría poco tiempo que perder con los círculos políticos estadounidenses que hoy pretenden desgastar a Rusia y ponerla de rodillas.
Entre quienes ejercen presión a favor de un endurecimiento de las sanciones contra Rusia e ignoran su significativo papel en la victoria de la Segunda Guerra Mundial se hallan los hijos e hijas de los emigrados fascistas y nazis provenientes del este de Europa que llegaron a Estados Unidos en los años posteriores a la guerra, en su mayoría gracias a la «Operación Paperclip» de la CIA [1], huyendo de los juicios a los que pendían sobre sus cabezas por haber apoyado la causa nazi en sus países de origen.
Aquellos emigrados participaron en la formación de diversos grupos de extrema derecha que giraban alrededor de las «Naciones Cautivas», organización estimulada por la administración Eisenhower y las posteriores administraciones estadounidenses. De aquella constelación de organizaciones fascistas surgieron el sionista ucranio-estadounidense Lev Dobriansky y su hija Paula Dobriansky, ex responsable en el Departamento de Estado durante la administración de George Bush hijo, así como el ex colaborador de la Gestapo en Hungría, Gyorgy Schwartz, quien más tarde se cambió el nombre y pasó a llamarse George Soros [2]. Los descendientes de aquellos inmigrados figuran actualmente en los gobiernos de todo el centro y el este de Europa.
Los grupos que gravitan alrededor de aquellos emigrados a Estados Unidos, como la Fundación Heritage [3], el American Enterprise Institute (AEI) [4] y la Brookings Institution [5], así como Human Rights Watch, fundada por George Soros, trabajan a favor de que se reescriba la historia de la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, muchos de esos grupos neoconservadores e históricamente revisionistas preferirían que, en vez de reconocer la victoria de la Unión Soviética sobre el fascismo, se conmemorasen con tristeza las derrotas de los regímenes títeres de los nazis en los países bálticos, así como en Ucrania, Bielorrusia y Moldavia.
Así que las marionetas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en diversos países del centro y del este de Europa están inmersas en una guerra propagandística contra Rusia para reducir al mínimo la participación internacional en la celebración del 9 de mayo en Moscú.
En el marco de esta guerra propagandística, el jefe de la inteligencia militar checa, general Andor Sandor, retirado desde 2002, afirmó recientemente que los rusos practican el espionaje a gran escala en Praga. El objetivo de esta historia es presionar al presidente checo Milos Zeman, quien había expresado públicamente su intención de ignorar un supuesto consenso de la OTAN para boicotear las celebraciones rusas del 9 de mayo. Mientras tanto, la oposición checa anunció que tratará de lograr que el parlamento retire el financiamiento al viaje del presidente a Moscú. Praga constituye un punto sensible en las
relaciones de Rusia con Occidente. La República Checa sigue negándose a autorizar la apertura de bases de la OTAN en su territorio, aunque Praga sigue albergando actividades anti-rusas como las transmisiones de Radio Free Europe/Radio Liberty y el trabajo de diversas ONGs financiadas por George Soros. Los interlocutores de Soros en el Parlamento Europeo también están presionando al presidente serbio Tomislav Nikolic para que anule sus planes de ir a Moscú y el medio de presión que han encontrado es poner en la balanza el pedido de adhesión de Serbia a la Unión Europea.
Tres ex embajadores estadounidenses en Ucrania –Steven Pifer, John Herbst y William Taylor– han exhortado abiertamente a dirigentes europeos, como el primer ministro británico David Cameron, el presidente francés Francois Hollande y la canciller alemana Angela Merkel –esta última debía salir el 10 de mayo para Moscú para depositar allí una ofrenda floral en el marco de una ceremonia oficial– a asistir a una celebración del «Día de la Victoria» en Kiev. Y estos últimos dirigentes europeos han decidido boicotear la ceremonia del 9 de mayo y el desfile militar en Moscú. Los 3 embajadores lacayos incluso escribieron en el diario estadounidense Los Angeles Times que «aunque los presidentes Clinton y George W. Bush fueron a Moscú en 1995 y en 2005, el presidente Barack Obama no celebrará el acontecimiento en Moscú sino en Kiev» [6]. Los embajadores se niegan a reconocer que si los dirigentes occidentales hacen esa celebración en Kiev, lo harán junto a todo tipo de neonazis y paleonazis, incluyendo a verdaderos partidarios de Adolf Hitler y del jefe nazi y miembro de la Waffen SS Stepan Bandera.
Los 3 embajadores estadounidenses Pifer, Herbst y Taylor están lejos de ser los únicos en lanzar llamados a conmemorar el sacrificio de 27 millones de soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial en una ciudad donde los neonazis y mercenarios skinheads de toda Europa tienen en sus manos el poder político y militar. Pifer trabaja para la Brookings Institution, un importante centro de la agitación y propaganda anti-rusa, mientras que Herbst era un intermediario militante a favor del respaldo de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID, siglas en inglés), de la CIA y de los grandes medios de comunicación a favor de la revolución naranja de Kiev. Taylor, como coordinador-jefe de la ayuda gubernamental estadounidense a la ex Unión Soviética y al este de Europa, trabajó estrechamente con la organización de Soros y con la National Endowment for Democracy (NED) [7] recogiendo fondos para grupos proestadounidenses de extrema derecha en la región.
Mientras que Obama y sus amigos no estarán en Moscú, el primer ministro griego Alexis Tsipras, quien ha exigido de Alemania el pago de compensaciones de guerra para su país, hará caso omiso del boicot de la OTAN y se unirá a Zeman para asistir a la ceremonia conmemorativa organizada en la Plaza Roja. Es posible que los dirigentes de Islandia, Noruega, de los Países Bajos, Eslovaquia y Hungría también decidan romper filas y separarse de los demás miembros de la OTAN volando a Moscú para participar en la ceremonia del 9 de mayo.
En lo que puede ser considerado como una bofetada diplomática para el régimen de Kiev y sus padrinos occidentales, los dirigentes de las Repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, estarán presentes en la Plaza Roja, junto a los dirigentes de otros 30 países, como China, la India, Serbia, Macedonia, Bosnia Herzegovina, Montenegro, Egipto y Sudáfrica, en una situación que confiere a su estatus un reconocimiento de facto. Además, también estarán presentes los dirigentes de las Repúblicas de Osetia del Sur y de Abjasia, lo cual constituye una derrota diplomática para las autoridades
de Georgia, que ven esas dos repúblicas como parte del Estado georgiano.
Al mismo tiempo, mientras ellos llaman a boicotear la celebración del Día de la Victoria en Moscú, los dirigentes de los países bálticos acogerán en sus capitales diversas conmemoraciones nazis.
La presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaitė, graduada de la Foreign Service School de la Universidad de Georgetown en Washington, uno de los terrenos de reclutamiento preferidos de la CIA, no tiene ninguna intención de impedir las ceremonias anuales ante la tumba del títere nazi lituaniano y constructor de campos de concentración Juozas Ambrazevicius Brazaitis, cuyos restos fueron repatriados hace algunos años a Lituania desde Connecticut (Estados Unidos), antes de ser inhumado nuevamente en Kaunas, con honores militares.
El presidente de Estonia, Toomas Hendrik Ilves, ex jefe del buró local de Radio Free Europe, financiada por la CIA, respaldó en 2007 la decisión del gobierno de Estonia de desplazar una estatua erigida en homenaje a la victoria soviética desde Tallin hacia una base militar en la periferia de la ciudad, donde ahora se encuentra muy cerca del centro de ciberguerra de la OTAN.
Mientras los dirigentes de Letonia se unían a sus colegas bálticos en la competencia por el boicot contra la ceremonia de Moscú, veteranos y partidarios de la Legión Letona, división de la Waffen SS durante la Segunda Guerra Mundial, desfilaban orgullosamente por las calles de Riga durante una ceremonia que organizan cada año, desde 1991 [8]. El presidente letón Andris Berzins no ha hecho nada en respuesta a la ceremonia nazi en Letonia, pero sí dice que le parece abominable que un dirigente occidental reconozca el papel de Rusia celebrando el día de la victoria contra Hitler. El propio Berzins fue durante mucho tiempo socio del Stockholms Enskilda Bank, propiedad de la familia sueca Wallenberg, acusada de colaboración con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual le valió figurar en la lista de embargos del gobierno estadounidense.
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de Polonia, Bronislaw Komorowski, se unieron a sus socios bálticos en el esfuerzo por revisar el papel de Rusia en la historia de la Segunda Guerra Mundial. El ministro polaco de Relaciones Exteriores Grzegorz Schetyna incluso quiso reescribir la historia afirmando que Ucrania liberó el campo de concentración de Auschwitz. El ministro ruso de Relaciones Exteriores respondió señalando que «todo el mundo sabe que Auschwitz fue liberado por el Ejército Rojo, en el que todas las nacionalidades sirvieron heroicamente» y agregó que Polonia
«distorsiona» la historia.
Tratar de imponer una parodia de la Historia. Eso es lo que hacen los dirigentes de la OTAN cuando presionan a los dirigentes de otros países –desde Corea del Sur y Japón hasta Bulgaria y Austria– para que no envíen representantes oficiales a la celebración de Moscú.
Esta maniobra recuerda el boicot contra los Juegos Olímpicos organizados en Moscú, en 1980, una acción encabezada por Estados Unidos y totalmente infantil en materia de diplomacia que a la larga hizo más daño al movimiento olímpico internacional que a la URSS.

Notas:


[1] Operación Paperclip: de los V2 a la Luna, Red Voltaire, 7 de enero de 2005
[2] George Soros, especulador y filántropo, Red Voltaire, 3 de febrero de 2004
[3] La Fundación Heritage: pensamiento ‘listo para servir’, Red Voltaire, 27 de febrero de 2005
[4] El Instituto Norteamericano de la Empresa, Red Voltaire, 13 de marzo de 2005
[5] La Brookings Institution, think tank de buenos sentimientos, Red Voltaire, 2 de febrero de 2005
[6] Kiev, not Moscow, should be the choice for marking V-E Day, Steven Pifer, John Herbst & William Taylor, Los Angeles Times, 16 de marzo de 2015
[7] La NED, vitrina legal de la CIA, Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia), Red Voltaire, 11 de octubre de 2010
[8] La presidenta de la Letonia rehabilita el nazismo, Thierry Meyssan, Red Voltaire, 20 de marzo de 2005

Fuente: http://www.voltairenet.org/article187164.html

Desfile de las Waffen SS por las calles de Riga

El lunes de la semana pasada se celebró el desfile anual que desde la caída de la URSS celebran las Waffen SS en Riga, la capital de Letonia cada 16 de marzo. Casi un centenar de personas se congregaron en el centro de Riga para depositar flores en el Monumento a la Libertad.
Originariamente las Waffen SS, la rama militar de las SS, fueron una organización para la protección personal de Hitler. Este año los antiguos combatientes letones de dicha tropa nazi de élite se unieron a los diputados de la Saeima, el parlamento letón, para celebrar el aniversario.
El gobierno movilizó varios centenares de policías y agentes de seguridad para garantizar la seguridad de los manifestantes tras el desfile, aunque no se registró ningún incidente.
Konstantin Dolgov, el delegado para los derechos humanos del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, criticó el desfile calificándolo como un insulto a la memoria de millones de víctimas de la Segunda Guerra Mundial. “Contradice abiertamente las obligaciones internacionales de Letonia y, en particular, las decisiones del tribunal de Nuremberg”, dijo Dolgov en un comunicado de la agencia rusa Interfax.
La Legión letona de las Waffen SS se creó en 1943 como parte integrante de las fuerzas nazis. Han elegido la fecha del 16 de marzo para conmemorar los primeros combates de las fuerzas letonas de las SS contra el Ejército Rojo en 1944.
Los letones que combatieron junto a las SS se agruparon en 15 División de Granaderos “Lettland”. Tras el desmantelamiento de la URSS y la independencia de Letonia el 16 de marzo se proclamó oficialmente como día de fiesta en todo el país. Las críticas procedentes de Rusia y de algunos medios occidentales obligaron a anular dicha fiesta. Sin embargo, el desfile de los veteranos nazis de las SS se ha seguido manteniendo cada año.

Entrecomillando

Nicolás Bianchi

Me pasa, a veces, que a las grandes palabras les tengo que poner comillas y parihuelas porque, a diferencia de quienes se llenan la bocota con, por ejemplo, el concepto «democracia» sin que sufran empacho, yo me quedo famélico. Si escribo democracia, la tengo que entrecomillar, vean: «democracia». Y ello, por supuesto, porque no creo que en el Reino de España -porque esto es un Reino- exista una democracia a no ser que seamos nominalistas y creamos en la magia de las palabras, es decir, que con solo nombrarlas o enumerar una serie de libertades formales ya cobran vida y adquieren consistencia. Una suerte de fiat lux y la luz se hizo, milagreramente, milagrosamente.
Decía el cronopio Julio Cortázar que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, «como los hombres y los caballos». Hay palabras que, a fuerza de ser repetidas y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse. Palabras-cumbre
como libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo (o, ahora, «gente», y antes, con Negri, «multitud», no dicen «chusma» de puto milagro), justicia o democracia se ven atacadas por este virus que a mí, NB, me obliga, según quién las pronuncie, a entrecomillarlas para protegerlas. Digo democracia, digo libertad y, de pronto, si no les pongo comillas siento que las pronuncio maquinalmente, como un robot, y, lo que es peor, quienes me escuchan corren el riesgo involuntario de asimilarlas como un estereotipo, como un cliché vacío de contenido. No es ya que padezcan desgaste o erosión, sino que, en efecto, los cuatreros de plusvalía y sus lacayos nos hurtan hasta las bizarras palabras y su significado. Y ello con glotonería. Ni las ningunean ni son anoréxicos con las nobles palabras (aunque no sabemos de palabras «innobles»); al revés, las expectoran a cada rato así no más les pidas la hora te contestan como demócrata que soy son las nueve menos diez, señor ciudadano. Al monopolio de la violencia le agregan el monopolio del verbo y hasta del logos.
Mostraré ahora una impostura. Me valdré de Antonio García Trevijano, político ya provecto pero que hila fino, que ha conseguido hacer calar el término «partitocracia» para calificar «esta» democracia rememorando el «turnismo» de la Restauración decimonónica entre Cánovas y Sagasta, pero no ofreciendo como alternativa una salida revolucionaria precisamente, no, esto nunca, que somos gente de «orden», quien sostiene -GT- que la deslealtad ha sido el motor y paradigma de la llamada Transición española. Empezando -dice- por el Rey, que fue desleal primero a su padre, don Juan, que se dice, y luego a los principios del Movimiento (Nacional) que juró. Lo fue Adolfo Suárez a la Falange. Fraga a su credo franquista. Felipe González -sujeto por el que quien esto firma siente un asco kantiano insuperable- a los postulados socialistas, qué risa, felisa. Y Carrillo, otro que tal baila (ba), al ideario comunista. A los intelectuales y artistas no les toquemos, que están inspirándose. Como puede verse, todo un rosario de traiciones. A cambio del medro y la posición, por descontado. Como decían los milicos argentinos, nosotros somos «derechos» y «humanos». Con este personal nos jugamos los cuartos. O nos jugábamos, que ahora viene la nueva hornada del quítate tú para ponerme yo antes de que la purria se ponga tonta y nos mande a todos a tomar por el orto.
Quienes todavía se mantienen en pie y no de rodillas son los proscritos que aún creen en las grandes palabras y les restituyen su auténtico y prístino significado. Algo más que un metarrelato.

Murió por gritar

El 3 de abril de 1973 el obrero Manuel Fernández Márquez murió asesinado en Barcelona durante una manifestación por disparos de la policía. Muchos años después su nieta recordó su muerte:
Hace 35 años, el día 3 de abril de 1973, a las ocho y media de la mañana, una bala de la policía fue a parar al cuerpo de un trabajador y lo mató. Era mi abuelo, Manuel Fernández y vivía aquí en Santa Coloma.

Él trabajaba en la central térmica de Sant Adrià del Besós y los obreros de esta central, más de 2.000, habían hecho una parada en el trabajo para protestar por la subida de precios. Pedían un aumento de salario de 4.000 pesetas al mes (que son unos 24 euros de ahora), 40 horas de trabajo semanal en lugar de las 56 que hacían, cobrar el salario íntegro en caso de enfermedad, y tener derecho a reunirse en la empresa. Es por esto que estaban concentrados y la policía los vigilaba.

Mi abuela me ha explicado que ella no entendió nunca que le pasara eso a mi abuelo porque él no era violento ni se enfrentaba nunca con nadie. Según ella, aquel día debió llegar al puesto de trabajo preguntando a los compañeros como iban las negociaciones y qué habían decidido hacer, y en aquél preciso instante la policía comenzó a disparar y un tiro impactó en el corazón de mi abuelo y lo mató. Tenía 27 años y su mujer, que es mi abuela Carmen, tenía 24 y un hijo de 2 años, mi padre.

Mi abuelo era de Extremadura y solo llevaba tres meses en Santa Coloma. Años después le dedicaron una calle en Sant Adrià del Besós, la calle Manuel Fernández Márquez, una calle normal y corriente que tiene nombre de persona normal y corriente porque está dedicada a la memoria de un trabajador, como muchos otros, que la policía del régimen de Franco mató sin que nadie entendiera por qué.

A su entierro asistieron más de 2.000 personas y a la salida del cementerio de Pomar de Badalona, cuando un obrero de la central térmica de Sant Adrià, compañero suyo de trabajo, intentó leer un poema que él mismo había escrito para despedirlo, la policía lo impidió y cargó contra los asistentes.

El poema se titulaba «Murió por gritar»:

Martes 3 de abril de 1973
Ese día murió Manuel,
Manuel Fernández Márquez,
obrero.
Pero no murió de cansancio,
como morimos muchos.
Pero no de accidente de
trabajo,
como seguimos muriendo.
Pero no de hambre y de miedo,
como quisieran que muriésemos.
Murió por gritar
que no quería morir por nada de eso.
Murió por gritar
Yo soy yo y mis compañeros.
Murió
porque el único argumento de sus opresores
se le incrustó en el cuerpo
ese martes, ese 3 de abril
teñido en sangre
asesinaron a Manuel, MANUEL FERNÁNDEZ MÁRQUEZ
compañero nuestro.

Detenidos los internacionalistas españoles que combatieron al fascismo en el Donbás

Dentro de la llamada Operación Danko, la Policía Nacional ha detenido esta mañana a ocho antifascistas españoles de la Brigada Internacional Carlos Palomino que han regresado de Ucrania tras haber participado en la defensa del Donbás.
El Ministerio del Interior les imputa diversos delitos totalmente inventados, como tenencia de armas y explosivos, participación para cometer asesinato y actos que atentan contra los intereses de España en el exterior.
La Operación Danko ha sido coordinada por la Comisaría General de Información de la Policía Nacional y desarrollada en Asturias, Cataluña, Extremadura, Madrid, Murcia y Navarra. Los combatientes retornados han sido detenidos a las 6:30 horas de la madrugada. Además, se están realizando diversos registros.
Esta operación culmina una campaña represiva de la Comisaría General de Información dirigida por la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Las diligencias las tramita el Juzgado Central de Instrucción número uno de la Audiencia Nacional. La operación continúa abierta.
Un grupo de antifascistas que se autodefinieron como «anticapitalistas» relataron el pasado mes de septiembre que se habían desplazado al este de Ucrania para combatir al fascismo junto a los milicianos del Donbás. Uno de los integrantes del grupo concedió una entrevista por correo electrónico en la que afirmaba que Estados Unidos «lo sigue arrasando todo» y explicaba que su objetivo es emular a las brigadas internacionales que acudieron a España para luchar en la guerra civil contra las tropas de Franco. El interlocutor no precisó cuántos españoles habían partido a Ucrania, ni sus nombres ni lugares de procedencia.
«Es el cuarto Reich y en Europa la extrema derecha vuelve a resurgir. La clase obrera necesitaba de su ejercito proletario. Y estos son los primeros pasos de su nueva creación. Hermanos proletarios del mundo. No estáis solos», arengaba este antifascista el pasado septiembre. Para ello fundaron la Brigada Internacional Carlos Palomino en homenaje al joven antifascista asesinado en Madrid por un militar de ideología neonazi cuando acudía junto a otros a protestar una manifestación de extrema derecha.
La Brigada Internacional Carlos Palomino la integraban en ese momento unos diez antifascistas procedentes de varias ciudades del Estado español. Su portavoz decía que había personas de otros países que querían unirse a ellos y aclaraba que su grupo es diferente del de otros dos antifascistas que se encontraban en la región de Donetsk. Estos dos antifascistas fueron los primeros en llegar al conflicto procedentes de España y su llegada fue recogida por varios medios de comunicación locales e internacionales.
«Todo nos lo hemos pagado nosotros, de nuestros bolsillos, un dinero ganado con mucho sudor. Somos proletarios. Y no recibimos apoyo económico ni nos dan dinero por pelear aquí. Tampoco lo aceptaríamos, somos anticapitalistas, no somos mercenarios. Hemos venido aquí por solidaridad internacional. Nos pagan con orgullo, compañerismo y dignidad. De eso se alimentan nuestros corazones», explicaba.
El grupo se dejaba ver por las ciudades del Donbás con una bandera de la República Popular. Sobre ella pintaron el nombre de «Brigada Internacional Carlos Palomino» y la usaron para fotografiarse con ella colocándola en la parte delantera de un camión aparcado, según decían, «en un punto de defensa de una ciudad del Donbás».
Sobre la bandera se veía colocada una pistola y en la imagen se veía a cuatro personas, todas ellas con las caras difuminadas para evitar ser reconocidos. Tres de ellos iban vestidos con prendas militares y dos iban armados. El cuarto, aparentemente el único español de la foto, iba vestido con chándal, gorra y una sudadera con un parche de una esvástica tachada. En el camión también se apreciaba una bandera negra de la Acción Antifascista.
Preguntados acerca de si la Carlos Palomino había entrado ya en combate contra las tropas de Kiev, afirmaban que, «por seguridad», no podían contestar. Relataba en cambio que les habían recibido «con los brazos abiertos» y «con mucho cariño». «Somos compañeros de clase y de lucha, independientemente de nuestro color de piel o idioma que usemos», defendía.
Este grupo contaba con un comunicado fundacional en el que manifestaban «el honor de comunicar que las Brigadas Internacionales han vuelto». «Hace casi 80 años, cuando todo el mundo nos dejó solos, contra Franco, Hitler y Mussolini, más de 50.000 trabajadores de más de 54 naciones distintas lo dejaron todo para venir a luchar y morir en nuestra tierra, por nuestra libertad, por nuestro futuro y es hora de que la historia nos ponga a su altura», explicaban.
En ese sentido añadían que «siete brigadas se conformaron en España en el 36… aquí tenéis los primeros pasos de la octava en un nuevo siglo con idéntica esencia de lucha social». «Las Brigadas Internacionales han vuelo y ya no desapareceremos nunca», advertían.

La crisis del régimen del 78

Juan Manuel Olarieta

Dos periodistas muy envejecidos, Miguel Ángel Aguilar en la televisión y Juan Ramón Lucas en internet, han saltado a degüello, como si fueran talibanes, contra la tesis de Podemos acerca de la crisis del régimen del 78, una expresión bastante feliz, por lo demás, mucho más expresiva que lo de la «casta». Sólo cabe esperar y desesperar con que sean consecuentes con lo que dicen.
Lo que molesta a Aguilar y a Lucas no es tanto el reconocimiento de la crisis, que es evidente, como la expresión «régimen» que -según ellos- minusvalora la transición, es casi despectivo. Sin embargo, nunca protestan cuando en España los medios convierten a Cuba en «el régimen castrista», a la República Popular y Democrática de Corea en «el régimen norcoreano», a Venezuela en «el régimen chavista» y a la URSS en el «régimen bolchevique». Por lo tanto, no está mal pagar a los intoxicadores con un poco de su propia medicina.
El empleo de la expresión «régimen» tiene, además, una connotación de temporalidad, algo efímero que puede (e incluso debe) ser sustituido por otro, por otro «régimen» y por eso hay quienes hablan de una «segunda transición», lo cual supone reconocer que ha habido una primera y que esta segunda va a ser igual (de fraudulenta) que la anterior.
El franquismo también fue un régimen y en 1978 no fue sustituido sino reforzado por otro. No hay más que leer las propias normas oficiales con las que se llevó a cabo ese refuerzo, como la Ley para la Reforma Política de diciembre de 1976, por poner sólo un ejemplo. Las propias declaraciones oficiales dejaron claro que se trataba de «mejorar» el franquismo para evitar su desmoronamiento. Durante décadas casi todos colaboraron en aquella maniobra, pero especialmente lo que se llamó «la oposición». Los únicos que no se engañaron fueron ellos mismos que, si alguna vez fueron realmente oposición, se pasaron a la colaboración, se incorporaron a aquello contra lo que habían luchado formando un maridaje de intereses turbios que, finalmente, se ha venido abajo porque era extraordinsariamente endeble: no se basaba en otra cosa que el dinero, el manejo del dinero y los cargos desde los que se le puede meter la mano en el dinero. De esa manera el régimen de 1978 se convirtió en un gran soborno que sólo podía durar mientras hubiera dinero.
Reconoce Lucas en su artículo que «algo falló desde el origen». ¿Algo? Lo que falló fue el origen, o sea, todo. «Lo que mal empieza, mal acaba» y este regimen se arrastra por el suelo como los limacos, dejando tras de sí un asqueroso rastro de babas. Lucas dice que Monedero insulta «la memoria de los que aquí pelearon por la democracia». Pues yo no me siento insultado por Monedero sino por Lucas y por todos los que como él llaman democracia a cualquier cosa, como este régimen de 1978, porque es lo que disfraza su traición. Los demás luchamos entonces por la democracia (y por otras reivindicaciones) y seguimos ahora luchando por lo mismo, es decir, no hemos parado de luchar.
La manipulación de Lucas es doble. En la época de la transición -reconoce- no sólo se creyó lo de la «democracia» sino, además, que era «perfecta». ¡Hace falta ser torpe! Pero ahora se ha dado cuenta de que no lo es, asegura.

Sin embargo, el problema no es que sea «imperfecta» sino que no es tal democracia, ni lo ha sido nunca. No he escuchado a nadie gritando por la calle indignado que esta democracia no es perfecta, sino algo muy distinto: «Lo llaman democracia y no lo es». Lo llaman democracia y no lo ha sido nunca.

No obstante, desde 1978 ha cambiado algo importante: antes teníamos enfrente a los fascistas; ahora tenemos enfrente, además, a los socialfascistas. Antes la caja registradora la manejaban los falangistas, mientras que ahora vemos enfangados a los «sindicalistas» de UGT con los ERE, a los de CC.OO. con sobresueldos, a los de… No hay ninguna organización institucional que se haya librado de la corrupción, lo cual no es de ahora sino de siempre. Ese fue el precio que cobraron por participar en la farsa de la transición. Por eso precisamente algunos la llaman «traición» y otros no se conforman con haber padecido una sino que quieren otra.

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