Uno de los mayores fraudes intelectuales de la posmodernidad son los “refugiados climáticos”, que es corriente cuando se alude a Bangladesh. Pero los millones de emigrantes bengalíes huyen del hambre y la miseria. “Si no fuéramos pobres, ¿por qué querríamos trabajar en el extranjero?”, pregunta uno de ellos.
El Banco Mundial estima que la tasa de pobreza de Bangladesh sigue aumentando del 19 por cien en 2022 al 22,5 por ciento este año. La economía del país depende de las remesas que envían los emigrantes, 30.000 millones de dólares anuales que, en particular, proceden de lo países del Golfo Pérsico.
Trabajar en el extranjero es un gran lujo para los bengalíes más pobres, que se tienen que endeudar. No encuentra trabajo quien quiere sino quien se lo puede permitir. Muchos trabajadores no cualificados pasan sus primeros tres o cuatro años en el extranjero pagando préstamos migratorios. Solo después de liquidar esas deudas pueden destinar sus salarios para pagar las necesidades de sus familiares.
El cierre del aeropuerto es Riad ha sido un duro golpe para ellos porque Arabia Saudí, es el mayor mercado laboral de Bangladesh en el extranjero: 3,5 millones de emigrantes bengalíes trabajan en la construcción, el turismo y otros sectores económicos.
Muchos han perdido sus billetes e incluso sus visados. Esperan que se reabra hoy, como ha prometido el gobierno saudí. Los aeropuertos asiáticos y de Oriente Medio se han convertido en auténticas ratoneras para los trabajadores bengalíes que intentan salir del país y para los que quieren regresar. Si no vuelven a tiempo a su puesto de trabajo, se encontrarán con que otro ocupa su lugar.
Para las familias que han pedido prestado dinero para enviar a un miembro al extranjero, un trabajo perdido o un vuelo retrasado arruina años de sacrificios con nuevas deudas a pagar.
A Mohammad Rezaul Karim, de 30 años, un bengalí que trabaja en un hotel de Dammam, Arabia Saudí, el cierre del aeropuerto de Riad le sorprendió en su país y aún no ha recibido la confirmación de su nuevo vuelo. Toda su familia vive de su salario: sus padres, su hija y su hermano menor. Después de completar la escuela secundaria, tuvo que abandonar un curso de ingeniería eléctrica porque su familia no podía pagar el coste.