Por qué el ejército israelí va a perder la Guerra de Gaza

Los dirigentes israelíes están preparando a una población tensa y frustrada para sorpresas imprevistas en su guerra contra los palestinos, calificándola de guerra larga, costosa y cruel. El Jefe del Estado Mayor israelí, Herzi Halevy, ha declarado: “Estamos librando una guerra contra un enemigo cruel, y esta guerra tiene un precio doloroso y alto”.

El Ministro de Defensa, Benny Gantz, resume las dificultades de la guerra: “Las imágenes de los combates sobre el terreno nos duele y nuestras lágrimas corren cuando vemos caer a nuestros soldados”.

Los israelíes lanzaron su guerra contra los palestinos en un momento en el que sólo el 27 por cien de la población israelí confía en el gobierno y sólo el 51 por cien confía en el ejército. A eso se suman los más de 240 israelíes mantenidos prisioneros por la resistencia en Gaza y los 250.000 colonos evacuados de las zonas cercanas a la frontera con Líbano.

Para Israel esta guerra no es como las anteriores. Ya está sufriendo enormes bajas diarias y una pérdida de recursos, incluidos equipo, tiempo, dinero y legitimidad (apoyo interno y externo). El costo seguirá aumentando a medida que la guerra se prolongue.

El periódico israelí Maariv comenta sobre las condiciones de la guerra terrestre que tiene lugar en las afueras de Gaza: “Las fuerzas de resistencia están muy lejos de ser derrotadas. A pesar de las liquidaciones y asesinatos, Hamas consigue en la mayoría de los casos mantener un método de combate organizado, basado principalmente en luchar en túneles, salir de escondites y lanzar misiles contra nuestros vehículos blindados”.

Los israelíes quieren avanzar hacia el objetivo final de cualquier guerra, que es “destruir al enemigo”. El ministro israelí de Defensa, Yoav Galant, ha declarado que “no hay lugar para Hamas en Gaza. Al final de nuestra lucha, no habrá más Hamas”. Sin embargo, saben, por sus experiencias previas, que no van a alcanzar su objetivo. Sólo lo podrían lograr a un precio que no pueden pagar.

Si analizamos las guerras anteriores, en particular las de 2008 y 2014, vemos que “destruir a Hamas” siempre ha sido un objetivo fundamental para los sionistas. “No hay razón para creer que esta vez sea posible tampoco”, dice Maariv. Ahora el movimiento palestino es mucho más fuerte y está mucho más arraigado en Gaza que antes. “Sus defensas militares y su arsenal se han fortalecido hasta el punto de que son difíciles de penetrar y, en última instancia, no es un Estado o un ejército regular el que puede anunciar su capitulación, sino un movimiento de resistencia popular generalizado en el camino hacia una guerra palestina prolongada”, concluye el periódico.

La guerra que Israel no quiere emprender

El primer arma que necesita una guerra es un plan y una dirección política y militar capaz de llevarlo a cabo. En Israel el gobierno está en sus horas más bajas, las manifestaciones contra Netanyahu no han cesado con el inicio de la guerra y, hasta la fecha, al ejército no se le ha visto otra cosa que arrasar lo que tiene por delante.

Prueba de la improvisación es que, además de una guerra larga, el ejército israelí parece dispuesto a pelear en múltiples frentes sin tener ninguna de las condiciones necesarias para ello.

Los mandos militares sionistas miden cada día las pérdidas que sufren sus tropas durante las operaciones terrestres en curso, que se estiman en cinco diarias. Las últimas tres semanas de guerra han costado alrededor de 7.000 millones de dólares, excluyendo los daños directos e indirectos. En el mejor de los casos, la guerra puede costar al presupuesto 200.000 millones de shekels (51.000 millones de dólares), o alrededor del 10 por cien del producto interno bruto. Si se prolonga durante un largo tiempo la economía israelí podría verse bloqueada.

El aislamiento diplomático

Desde el 7 de octubre los países occidentales se volcaron en su apoyo a los sionistas, pero el entusiasmo ha decaído rápidamente debido las dudas sobre la capacidad del ejército israelí para ganar la guerra, así como al impacto de los crímenes que han cometido en Gaza. Varios países han roto relaciones diplomáticas con Israel (Colombia, Bolivia), mientras que otros han retirado a sus embajadores (Chile, Jordania, Bahrein, Turquía, Honduras). La creciente presión popular está empujando a los gobiernos a tomar medidas de boicot.

Incluso Estados Unidos ha comenzado a replantear su apoyo, dice la CNN, porque teme una escalada y que Israel no sea capaz de resolver la situación en Gaza, ni siquiera en el supuesto de que fuera capaz de aplastar a la resistencia. Washington teme que Netanyahu intente salvar su futuro a costa de Estados Unidos.

Estados Unidos sabe que Israel no tiene otro plan que el terrorismo: un uso destructivo, masivo e indiscriminado de la fuerza contra civiles e infraestructuras en Gaza.

En el campo de batalla

En un mes de guerra, Israel no ha logrado ningún progreso serio sobre el terreno. Le espera una guerra de desgaste y el periódico Yedioth Ahronoth ya ha advertido que “una guerra de desgaste en las afueras de Gaza es lo último que los israelíes quieren experimentar”.

Los oficiales sionistas se dan cuenta de que es imposible liberar a los prisioneros militarmente, pero la presión política les obliga a ello, a pesar de que las familias de los prisioneros, así como los países que tienen nacionales entre los prisioneros, quieren un acuerdo de intercambio. No obstante, Tel Aviv sabe que un acuerdo así sería un reconocimiento de la derrota y una victoria para la resistencia palestina.

La resistencia sí tiene un plan: Israel debe detener la guerra, realizar un intercambio de prisioneros y levantar el asedio de Gaza. Además, está preparada para una guerra larga. El tiempo corre a su favor. Los palestinos saben que las presiones militares y políticas internas y externas harán que Israel ceda y acepte sus condiciones.

En tal caso, la guerra no sólo terminará con la derrota de Netanyahu sino que mostrará el final del pilar sobre el que se ha construido el Estado de Israel: su imagen de invulnerabilidad.

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