¿Por qué avanzan tan lentamente las fuerzas rusas?

Entre los expertos de pacotilla es un lugar común sostener que el avance de las tropas rusas en Ucrania es muy lento, por no decir inexistente. Los rusos son unos ineptos porque en sus filas todo falla y fracasa.

No consiguieron capturar Kiev al principio de la guerra, la resistencia de los ucranianos es heroica (no se la esperaban) y el coste de cada avance es cuantioso.

El argumento de la lentitud del avance ruso ha sido elaborado por el MI6 británico y el Institute for the Study of War, y distribuido para que los medios de comunicación lo puedan manosear a su antojo. Bien utilizado, la lentitud del retroceso ucraniano casi se puede presentar como una victoria.

Un espía estadounidense cita precedentes históricos para explicar esta lentitud exasperante. Recuerda la observación de BH Liddell Hart sobre el desconcertante comportamiento de los rusos en la Segunda Guerra Mundial después de la crítica victoria de Kursk.

“El avance de las fuerzas rusas fue muy lento y nunca fueron capaces de explotar con decisión los evidentes agujeros en las líneas alemanas. Sin embargo, los éxitos siguieron llegando y los dirigentes del Ejército Rojo nunca se arriesgaron ni sufrieron una pérdida importante o un movimiento de flanqueo como había ocurrido al comienzo de la guerra, durante la Operación Barbarroja”.

En la Segunda Guerra Mundial el Ejército Rojo desarrolló la doctrina de las “operaciones profundas”, que acciones de asalto en un frente muy amplio, respaldadas por el principio de simultaneidad que se lograba creando la mayor zona de contacto posible para obligar al enemigo a renunciar a la profundidad táctica.

La modalidad rusa después de Kursk fue sondear y atacar en un amplio frente con una fuerza combinada. Los sondeos son exploratorios pero lo suficientemente fuertes como para ser defendidos y establecer un desgaste favorable y -en algún momento- lograr la superioridad local.

Ese es el momento y el lugar para desplegar un “ejército de choque” que hasta entonces se mantenía en reserva, pero que luego se introduciría en la brecha para un avance operativo.

Después de Kursk, el Ejército Rojo gozó de superioridad numérica y de potencia de fuego, pero siguió careciendo de la movilidad necesaria para contrarrestar las rápidas maniobras tácticas de flanqueo del enemigo. Proceder lenta y metódicamente era la respuesta táctica adecuada.

El contexto actual es, además, mucho más favorable que el que tuvo el Ejército Rojo en 1943. Ahora las tropas rusas gozan de una superioridad aérea prácticamente total.

comentario

  1. Podéis recalcar todos los informes de los servicios de ‘inteligencia’ que queráis… La realidad en este conflicto como en la práctica totalidad de estos ‘eventos’, son los pingües réditos económicos para Rusia como para Estados Unidos, prolongarlo es una estrategia puramente comercial, sin mayor meta que la de explotar el mercado armamentístico y el energético (véase la aparente ‘incongruencia’ en el mercado del gas licuado de América con Europa…)

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