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Contagio: la invención de una epidemia para imponer la ley marcial en todo el mundo

Giorgio Agamben

Frente a las medidas de emergencia frenéticas, irracionales y completamente injustificadas para una supuesta epidemia debida al coronavirus, es necesario partir de las declaraciones del CNR [Consejo Nacional de Investigaciones Científicas italiano], según las cuales no sólo “no hay ninguna epidemia de SARS-CoV2 en Italia”, sino que de todos modos “la infección, según los datos epidemiológicos disponibles hoy en día sobre decenas de miles de casos, provoca síntomas leves moderados (una especie de gripe) en el 80-90 por ciento de los casos”. En el 10-15 por ciento de los casos, puede desarrollarse una neumonía, cuyo curso es, sin embargo, benigno en la mayoría de los casos. Se estima que sólo el 4 por ciento de los pacientes requieren hospitalización en cuidados intensivos”.

Si esta es la situación real, ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con graves limitaciones de los movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y de trabajo en regiones enteras?

Dos factores pueden ayudar a explicar este comportamiento desproporcionado. En primer lugar, hay una tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno. El decreto-ley aprobado inmediatamente por el gobierno “por razones de salud y seguridad pública” da lugar a una verdadera militarización “de los municipios y zonas en que se desconoce la fuente de transmisión de al menos una persona o en que hay un caso no atribuible a una persona de una zona ya infectada por el virus”.

Una fórmula tan vaga e indeterminada permitirá extender rápidamente el estado de excepción en todas las regiones, ya que es casi imposible que otros casos no se produzcan en otras partes. Consideremos las graves restricciones a la libertad previstas en el decreto: a) prohibición de expulsión del municipio o zona en cuestión por parte de todos los individuos presentes en cualquier caso en el municipio o zona; b) prohibición de acceso al municipio o zona en cuestión; c) suspensión de eventos o iniciativas de cualquier tipo, actos y toda forma de reunión en un lugar público o privado, incluidos los de carácter cultural, recreativo, deportivo y religioso, aunque se celebren en lugares cerrados y abiertos al público; d) suspensión de los servicios de educación para niños y escuelas de todos los niveles y grados, así como de la asistencia a actividades escolares y de educación superior, excepto las actividades de educación a distancia; e) suspensión de los servicios de apertura al público de museos y otras instituciones y lugares culturales a que se refiere el artículo 101 del Código del Patrimonio Cultural y del Paisaje, según lo dispuesto en el Decreto Legislativo 22 de enero de 2004, n. 42, así como la eficacia de las disposiciones reglamentarias sobre el acceso libre e irrestricto a esas instituciones y lugares; f) suspensión de todos los viajes educativos, tanto en Italia como en el extranjero; g) suspensión de los procedimientos de quiebra y de las actividades de las oficinas públicas, sin perjuicio de la prestación de los servicios esenciales y de los servicios públicos; h) aplicación de la medida de cuarentena con vigilancia activa entre las personas que hayan estado en estrecho contacto con casos confirmados de enfermedades infecciosas generalizadas.

La desproporción frente a lo que según la CNR es una gripe normal, no muy diferente de las que se repiten cada año, es sorprendente. Parecería que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las medidas excepcionales, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites.

El otro factor, no menos inquietante, es el estado de miedo que evidentemente se ha extendido en los últimos años en las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad real de estados de pánico colectivo, a los que la epidemia vuelve a ofrecer el pretexto ideal. Así, en un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla.

https://www.quodlibet.it/giorgio-agamben-l-invenzione-di-un-epidemia
https://ficciondelarazon.org/2020/02/27/giorgio-agamben-la-invencion-de-una-epidemia/

Contagio: con la lepra dios castiga a los pueblos malditos

A lo largo de la historia de la humanidad la lepra ha sido una enfermedad que ha causado estragos entre las poblaciones, por lo que adquirió un aura mítica y mística. Los libros sagrados de las religiones monoteístas hablan de ella porque la consideran como un castigo divino. El evangelio de Lucas (17:11-19) relata el encuentro de Jesucristo con los diez leprosos, que “se pararon de lejos”, es decir, guardando la debida distancia, lo mismo que ahora dice la televisión que debemos hacer: evitar el contacto para evitar el contagio.

En cuanto que, erróneamente, se consideraba una de tantas enfermedades contagiosas, que castigaba a masas y pueblos enteros, la lepra tampoco se consideró una dolencia individual o privada, sino algo que permitía intervenir de una manera draconiana contra minorías, chivos expiatorios a los que calificaban de “apestados”.

La respuesta social frente a los apestados siempre ha sido la misma: el tabú, la prohibición de contacto, el confinamiento o incluso el encarcelamiento. Eso fueron históricamente los lazaretos y las leproserías, como el de la isla de San Simón, en la ría de Vigo, un lugar de confinamiento tanto de leprosos como de otro tipo de enfermedades supuestamente contagiosas.

Tras la guerra, la isla de San Simón se convirtió en una cárcel en la que encerraron a los antifascistas y una de sus características más importantes es que estaba junto a un puerto marítimo porque siempre fue un lugar para confinar en cuarentena a todos aquellos barcos en los que se declaraba un epidemia.

Antes de conocer sus causas, ya en el siglo XVII, la lepra había sido controlada, gracias a una dilatada experiencia empírica.

Sin embargo, el pánico estaba arraigado tanto entre la población como entre los científicos, de manera que, pese a menguar el impacto de la enfermedad, los tratados de medicina empezaron a hablar de que existían dos tipologías: los leprosos auténticos y los semileprosos. Los primeros habían desaparecido en gran medida pero subsistían los segundos.

Aunque la experiencia empírica demostraba que la enfermedad no era contagiosa, los manuales de medicina divulgaron que era hereditaria, por lo que a partir del siglo XVII empezó a aparecer -por arte de magia- un supuesto colectivo de semienfermos cuyo mal se transmitía de padres a hijos como la maldición del pecado original.

Se denominaron “agotes” y fueron confinados en los Pirineos, en los pueblos del norte de Nafarroa. Un avance científico abría el camino a una deformación ideológica, con sus lamentables secuelas de marginación, legal y social, seguidas durante siglos (1).

Al igual que los leprosos, los agotes fueron internados, se les marcó con distintivos en sus ropas para que la población no tuviera ningún contacto con ellos y se decía que olían mal (fetidez, halitosis), lo mismo que los gitanos, los moros y los judíos, etc. En castellano la palabra “peste” no sólo designa a una enfermedad sino también al mal olor, e incluso a la suciedad.

Hoy día subsiste el apellido “Agote” o “Argote” que aún recuerda a los descendientes de aquellas poblaciones “apestosas”.

Como a cualquier otro monstruo, los médicos extraían sangre a los agotes e hicieron toda clase de experimentos con ellos, lanzándose las más absurdas teorías acerca de su origen porque -no cabían dudas- tales personas no podían tener el mismo origen que el resto de las personas “normales”: eran una raza distinta y las razas distintas siempre llegan hasta aquí desde algún lugar bien remoto.

Es algo que tienen en común todas las enfermedades consideradas como “contagiosas”: siempre son extranjeros, proceden de fuera, por lo que hay que confinarlos, impedir el contacto con ellos, etc.

De los diez leprosos del evangelio de Lucas, al menos uno de ellos era “extranjero”. Fue el único que se acercó a Jesucristo para agradecerle el milagro de la curación.

Con los agotes también había que adoptar precauciones: sólo podían casarse entre ellos porque -una vez más- la mezcla, el contacto sexual, volvía a presentarse como arriesgada. Lo que se había iniciado como un problema médico, en vías de resolución, degeneró en un problema étnico. La pureza se convertía en una cuestión de salud pública. Los agotes eran falsos enfermos, eso que hoy llamaríamos “un grupo de riesgo”, una condición equívoca impuesta por las seudociencias como un pesado fardo que debieron soportar de padres a hijos poblaciones completas durante siglos porque, como bien saben en Nafarroa, la marginación de los agotes llega hasta los años setenta del siglo pasado.

En 1947 un estudiante de medicina argentino de 22 años, Meny Bergel, defendió la teoría metabólica de la lepra, que chocó con la teoría bacteriana vigente desde que la expuso Hansen en 1873, según la cual la lepra está causada por un bacilo que lleva su nombre.

Con varios libros editados y 215 publicaciones científicas, Bergel es uno de los grandes y más ignorados científicos del siglo pasado. Demostró que la lepra no es una patología infecciosa, ni está causada por el bacilo de Hansen, ni tampoco se trata con antibióticos, sino que la produce el “estrés oxidativo” y, por lo tanto, se trata con antioxidantes (2).

Se inició así una sorda batalla que se prolonga desde hace setenta años, pero en 2005 siete leprólogos de la Universidad de Madras, en India, confirmaron la tesis de Bergel (3), aunque es dudoso que los defensores de la tesis dominante reconozcan un error tan prolongado sin quedar en evidencia.

En occidente los científicos se miran al espejo y se gustan a sí mismos. No conocen otra cosa que su propio universo y, desde luego, no valoran nada que no publiquen sus propias revistas científicas en Estados Unidos. Un investigador argentino que habría merecido el Premio Nobel es un asboluto desconocido y a unos científicos de la India tampoco se les puede tomar ni en consideración.Pero no es necesario leer nada, no hace falta: cualquiera que haya trabajado en una leprosería sabe que esa enfermedad no se contagia. El Che, que era médico, lo sabía y no tuvo ningún inconveniente en asistir a unos leprosos que yacían abandonados y marginados. No le contagiaron nada, ni a él ni a nadie. Jamás.

Es una vergüenza que hayamos llegado al siglo XXI y sigamos igual que siempre.

(1) Christian Delacampagne: Racismo y occidente, Argos Vergara, Barcelona, 1983, pgs.92 y stes.
(2) Una doctrina terapéutica basada en los procesos de óxido-reducción. Su aplicación en el tratamiento de la lepra, en Revista Argentina de Dermatosifilología, 1947, vol.87, pg.513; Metabolic theory of leprosy, Diorky Editores, Madrid, 1998.
(3) R.Vijayaraghavan y otros: Protective role of vitamine E on the oxidative stress in Hansen’s disease (leprosy) patients, en European Journal of Clinical Nutrition, 2005, vol.59, pgs.1121 y stes.; R.Vijayaraghavan y otros: Vitamin E reduces reactive oxygen species mediated damage to bio-molecules in leprosy during multi-drug therapy, en Current Trends in Biotechnology and Pharmacy, 2009, vol.3, pg.4.

Roma no paga a los traidores y Estados Unidos tampoco

Ahí tienen una foto inédita de hace 45 años de Joe Biden, el actual candidato a las primarias demócratas en las elecciones presidenciales de Estados Unidos que, para diferenciarse de Trump, se declara partidario de la inmigración. Pero durante la Guerra de Vietnam trató de impedir la evacuación de decenas de miles de refugiados de Vietnam del sur, a pesar de que eran cómplices de Estados Unidos.

Entonces Biden dijo que Estados Unidos no tenía ninguna obligación, “ni moral ni de otro tipo”, de evacuar a los extranjeros cuando el ejército norvietnamita y el Viet Cong llevaron a cabo su última ofensiva contra el sur y avanzaron hacia Saigón en 1975.

Su posición contrasta con la que tomó casi 30 años después con los cómplices irakíes y afganos que habían colaborado con los invasores estadounidenses. “Tenemos que ayudar a esta gente”, dijo su entonces asesor de política exterior, Tony Blinken, en 2012. “Tenemos una deuda de gratitud con esta gente. Ponen sus vidas en juego por Estados Unidos”.

Biden dijo en 2015 que no aceptar a los refugiados sirios en Estados Unidos sería una victoria para el Califato Islámico y en 2017 aseguró que había que proteger, apoyar y dar la bienvenida a esos refugiados para cumplir la promesa de Estados Unidos.

Cuando el gobierno fantoche de Vietnam del sur se derrumbó en 1975, el presidente Gerald Ford se comprometió a evacuar a miles de familias survietnamitas que habían ayudado a Estados Unidos durante la guerra. La voz principal que se opuso en el Senado al rescate fue Biden.

Cientos de miles de traidores survietnamitas podían ser perseguidos por las fuerzas liberadoras, pero Biden insistió en que “Estados Unidos no tiene la obligación de evacuar a uno ó 100.001 vietnamitas del sur”.

En abril de 1975, Ford argumentó que como las últimas tropas estadounidenses se habían retirado del país, Estados Unidos debían evacuar a los vietnamitas del sur que habían colaborado con Estados Unidos durante la guerra.

“Estados Unidos tiene una larga tradición de abrir sus puertas a los inmigrantes de todos los países… Y siempre hemos sido una nación humanitaria”, dijo Ford. “Sentimos que varios de estos vietnamitas del sur han sido muy leales a Estados Unidos y merecen la oportunidad de vivir en libertad”.

Pero Roma no paga a los traidores y Biden quería hacer lo mismo. Convocó una reunión entre el presidente y el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para expresar sus objeciones a la solicitud de Ford de que financiaran la evacuación. El Secretario de Estado Henry Kissinger, que dirigió la reunión, dijo a los senadores que “la lista total de personas amenazadas de exterminio en Vietnam es de más de un millón” y que “la lista mínima es de 174.000”.

“Debemos centrarnos en la evacuación de las tropas americanas. Evacuar a los vietnamitas y proporcionar asistencia militar al gobierno de Vietnam del sur son cuestiones completamente diferentes”, dijo.

Kissinger respondió que hay “vietnamitas con los que tenemos una obligación” y Biden respondió: “Votaré por cualquier cantidad de dinero para evacuar a los americanos. No quiero que esto se mezcle con la evacuación de los vietnamitas”.

Ford se sorprendió por la respuesta de Biden, diciendo que no evacuar a los vietnamitas del sur sería una traición a los valores americanos: “Abrimos nuestra puerta a los húngaros… Nuestra tradición es dar la bienvenida a los oprimidos. No creo que esta gente deba ser tratada de manera diferente a los demás, húngaros, cubanos y judíos en la Unión Soviética”.

El Comité de Relaciones Exteriores del Senado recomendó que el proyecto fuera aprobado por el pleno del Senado por una votación de 14 a 3. Biden fue uno de los tres senadores del comité que votaron no. El informe de la conferencia también fue aprobado por el Senado en su totalidad por un voto de 46 a 17, con Biden de nuevo votando en contra.

Saigón cayó el 30 de abril de 1975 y los traidores que no pudieron escapar de Vietnam fueron condenados a cumplir condena en campos de reeducación.

A pesar de la oposición de Biden y otros destacados miembros del partido demócrata de la época, el ejército de Estados Unidos evacuó a más de 130.000 traidores tras el colapso de Vietnam del sur, y cientos de miles más se reasentaron en Estados Unidos en los años siguientes.

Uno de aquellos fue Quang Pham, que escribió una autobiografía en 2010, “A Sense of Duty: Our Journey from Vietnam to America”, sobre la huida a Estados Unidos en 1975 a la edad de 10 años con su madre y tres hermanas, de 11, 6 y 2 años. Su padre, miembro del ejército de Vietnam del Sur, no huyó con ellos y pasó más de una década en un campo de reeducación antes de trasladarse a Estados Unidos en 1992.

Pham elogió a Ford por salvar a los refugiados vietnamitas como su familia y criticó a los demócratas como Biden por tratar de mantenerlos fuera.

Pham creció en Estados Unidos y se unió a los Marines, en cuyas filas combatió en la Primera Guerra del Golfo.

https://www.washingtonexaminer.com/news/the-us-has-no-obligation-biden-fought-to-keep-vietnamese-refugees-out-of-the-us

Contagio: la oscura historia de las enfermedades mediáticas

La primera enfermedad mediática fue la polio. Aún hoy muchas personas asocian la polio con afecciones típicamente infantiles porque desde siempre la propaganda utilizó a los niños como reclamo.Sin embargo, el ejemplo más visible de un enfermo de polio fue el presidente F.D.Roosvelt postrado en una silla de ruedas para siempre.

En Estados Unidos, donde todo este tipo de tonteorías se originaron hace un siglo, las campañas de prensa sobre la polio iban acompañas de la recaudación de dinero y de las obras benéficas, las fundaciones, la beneficencia y todo ese entramado que busca lo mejor para nuestra salud (al tiempo que se embolsan la pasta).

A partir de entonces un cierto tipo de medicina, la de los virus y las cuarentenas, empezó a ser noticia. Igual que hoy, las personas fueron intimidadas con el miedo al contagio, creando la prensa una auténtica paranoia colectiva. Si los niños se asustan con dragones, los mayores nos asustamos con virus.

Las medida profilácticas que pregonaban los médicos contra la polio eran las mismas que hoy: evitar el contacto entre las personas. Se cerraron lugares públicos, como cines, escuelas y locales de diversión. Impusieron una especie de estado de excepción por supuestas razones de salud pública. ¿Les suena de algo?

Sin embargo, la polio tampoco es una enfermedad contagiosa. El cartel de enfermedades contagiosas se ha ido despoblando progresivamente con el transcurso del tiempo, en silencio, para que nadie se entere de que le han estado engañando.

Como las enfermedades consideradas como contagiosas no son un asunto privado, como las demás, sino público, desde hace un siglo los Boletines Oficiales del Estado imponían lo que había que hacer con los enfermos que las padecían. La sanidad se reconvertía en decretos, circulares e instrucciones ministeriales.

En España el 28 de agosto de 1916 el gobierno dictó una circular para “evitar una invasión de poliomielitis”, imponiendo a los médicos la declaración obligatoria de cada caso detectado a la autoridad pública, el aislamiento de la persona “infectada”, una medida equivalente a su encarcelamiento, la “desinfección” de los lugares en los que había permanecido (vivienda, centros de trabajo, barcos, escuelas) y, finalmente, la vacunación, a cuyos efectos el “infectado” debía llevar consigo una cartilla que registrara su administración bajo pena de multa en caso contrario.

Se dictaron numerosas disposiciones parapoliciales de esa naturaleza. En 1921 el gobierno español creó una Brigada Epidemiológica Central que disponía de un horno crematorio móvil montado sobre un camión. Burocráticamente se crearon de arriba a abajo, asociaciones de afectados para que ellos mismos participaran en su marginación social, desencadenando a tales efectos amplias campañas de prensa que coadyuvaban a generar una espectacular histeria colectiva.

No obstante, las enfermedades que propiciaban tan draconianas medidas en nombre de la salud pública, tales como la polio o la lepra, no tenían carácter infeccioso. Ni los protocolos de actuación, ni la campaña de histeria tenían justificación científica ninguna.

No fue más que el comienzo de una triste historia. El 6 de marzo de 2004, la revista nigeriana Weekly Trust publicó una entrevista con el doctor Haruna Kaita en la que denunciaba que las vacunas orales contra la polio que se estaban suministrando a los niños de aquel país contenían contaminantes tóxicos con efectos anticonceptivos.

Se cierra así un círculo que tiene 100 años de historia que las seudociencias modernas se esfuerzan por ocultar, porque cuando un diagnóstico médico falla, el coste se mide en vidas humanas. Que no nos cuenten que todo lo hacen por nuestra salud. No hay quien se lo crea.

La polio reconvertida en una ‘parálisis infantil’ que intimida a cualquiera

Nos acechan, nos vigilan, nos controlan, nos espían y… nos venden al mejor postor

Cuando hace 30 años en España se aprobó la ley de videovigilancia, nos tranquilizaron de la manera acostumbrada: es por nuestra seguridad, para salvar a los buenos y atrapar a los malos. No se podrá hacer un mal uso de la intromisión en la vida privada de las personas porque estará bajo control judicial, Usted podrá reclamar…

Es lo mismo de siempre: todo lo hacen por nosotros, se ocupan de nuestros asuntos, cuidan nuestros derechos… En 1992 se creó la Agencia de Protección de Datos, pero no sabemos si les preocupan nuestros datos o los suyos.

Fíjese bien: Usted no tiene cámaras de videovigilancia que cuiden su casa, pero Pablo Iglesias e Irene Montero tienen 12 en la suya.

Después llegó la ley de seguridad privada que, como su nombre indica, se refiere a su seguridad porque nosotros nunca hemos llevado guardaespaldas.

Nos juraron por lo más sagrado que las cámaras de vigilancia nunca enfocarían a la calle, pero todas las ciudades del mundo se han llenado de ellas, lo que divide a las personas en dos: unos vigilan y otros somos vigilados.

Con la llegada de internet, las viejas cámaras CCTV (circuito cerrado de televisión) se han conectado a las redes digitales y una de las mejores diversiones es engancharse a ellas para ver la casa de un vecino en albornoz que vive en sitios como… Melbourne, por poner un ejemplo.

Internet no es más que un gran “circuito abierto de televisión” en el que la vigilancia y el control cada vez dan un paso más adelante. El último ejemplo es el enganche de las técnicas informáticas de reconocimiento facial a las cámaras instaladas en la calle.

Aseguran que sólo la policía puede tener acceso a ellas, que es tanto como decir que sólo la policía puede traficar con ellas. ¿Las leyes? Ya deberían saber que sólo sirven para tranquilizar la conciencia de la casta, los juristas y los periodistas. Si no opinan lo mismo, vean los titulares de algunas informaciones:

“Marbella, el mayor laboratorio de videovigilancia de España. Las cámaras urbanas se mueven en los márgenes de la ley para usar inteligencia artificial sin llegar al empleo de ‘software’ de reconocimiento facial” (1).

Naturalmente que se preguntarán por qué ponen las cámaras en Marbella y no en Avilés. Por qué las cámaras que se ponen en Marbella son noticia y las de Avilés no. O quién maneja las cámaras en un sitio y en otro, quién se queda con las grabaciones… ¿El alcalde?, ¿el concejal de deportes?, ¿el sargento de la policía municipal?, ¿Securitas Direct?, ¿el CNI?

Vean otra perla de rabiosa actualidad:

“Australia y Corea del Sur rastrean los móviles de los pacientes para localizar los lugares en los que pudieron propagar la enfermedad” (2).

Ahora piensen quién se dedica a rastrear los móviles de los enfermos, si ha pedido autorización al juez para ello… En fin todas esas cosas que suelen exigir las leyes y de las que nadie se acuerda nunca.

¿Recuerdan que un juez reclamó a AENA las grabaciones del aeropuerto de Barajas que captaron la reunión de Ábalos con Delcy Rodríguez? Pero esas cosas no sólo ocurren en el aeropuerto, sino en todas partes, como lo demuestra esta otra perla:

“Las cámaras que leen la cara se extienden por Madrid. Ifema se sumará a estaciones de transporte o casinos, donde ya hay vigilancia capaz de identificar a personas” (3).

En otras entradas ya hemos hablado aquí de la empresa Clearview, que ha creado una base de datos con millones de fotos de personas incautas que las han publicado en internet.

Pero ni lo han hecho por nuestra seguridad, ni la policía maneja esa información en exclusiva porque Clearview se dedica a traficar con ella y, por supuesto, se la vende al mejor postor, a quien pueda pagarla, e incluso a los amiguetes de los dueños y los jefes, según cuenta BuzzFeed (4).

No hará falta añadir que eso es ilegal y que esos amiguetes que cometen ilegalidades forman parte de la reacción más negra que hay en Estados Unidos, el país por excelencia donde prevalece la paranoia de la “seguridad” (o sea, de “su” seguridad).

Clearview miente, los jueces mienten, los parlamentarios mienten, los policías mienten… La empresa ha vendido las bases de datos a 2.200 clientes, entre los que figuran el FBI, los aduaneros, la policía municipal, los bancos, los clubes deportivos, las cadenas de supermercados…

Entre los que han tenido acceso a la base de datos están los “amiguetes”, los “coleguis” y los “compiyoguis” de turno que, posiblemente, ni siquiera han pagado por utilizarla para espiar al vecino, al competidor, al hijo, al adversario… Destacan algunas empresas de las que ya hemos hablado aquí en otras entradas por cometer marranadas: un fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos, el Fondo de los Fundadores de Peter Thiel (Facebook, Palantir), SoftBank

También aparece John Ratcliffe, un congresista de Texas al que recientemente Trump ha nombrado para dirigir el servicio de inteligencia, o sea, la típica combinación del espionaje público con el privado.

Lo mejor de esta historia es lo siguiente: la revista que publica la noticia se ha enterado gracias a un pirata que ha metido el hocico en el servidor de Clearview. Hegel diría que es la negación de la negación: el que vigila al vigilante, el que roba al ladrón… En tiempos de pandemia hay quien necesita un poco de su propia medicina.

(1) https://elpais.com/tecnologia/2019/11/21/actualidad/1574348695_231540.html
(2) https://elpais.com/tecnologia/2020/02/10/actualidad/1581291759_848633.html
(3) https://elpais.com/ccaa/2019/11/26/madrid/1574801864_377093.html
(4) https://www.buzzfeednews.com/article/ryanmac/clearview-ai-trump-investors-friend-facial-recognition

¿Se han dado de cuenta de que hoy han vivido un día histórico o les ha pasado desapercibido?

Hoy es 12 de marzo de 2020 y el Ibex 35 se ha hundido un poco más: un 14 por ciento. Es la peor sesión de su historia y pierde el 36,6 por ciento en tres semanas. Ahora las acciones valen un tercio menos.

Lo mismo se puede decir de la bolsa francesa. Los titulares no cambian nada: el CAC40 cierra con su peor sesión en la historia.

La noticia es un poco mejor para Estados Unidos: el pánico a la recesión mundial condena a Wall Street a su peor sesión en tres décadas.

El mercado de bonos especulativos en Estados Unidos, dominado por el sector energético, envía señales alarmantes. La caída del crudo en los mercados pone en riesgo al sector petrolero de Estados Unidos. Las empresas de fracturación hidráulica se sostienen sobre una montaña de deudas que no van a poder pagar. En otras palabras: detrás de ellas, serán los bancos los que se irán al fondo del agujero.

Ante esta perspectiva tan negra, la Reserva Federal prepara paños calientes: 500.000 millones de dólares para “calmar a los mercados”.

La empresa de calificación de riesgos Moody’s acaba de revisar sus previsiones de quiebras al alza en Europa. Lo venimos repitiendo una y otra vez: la crisis va a provocar quiebras de empresas en cadena.

El Banco Central Europeo ha decidido mantener sus tipos de interés pero, a cambio, comprará 120.000 millones de euros de deuda basura hasta finales de año para apoyar a las empresas ruinosas (o arruinadas).

Una de ellas es Telefónica, una multinacional española que debe el doble de dinero del que vale.

Además, el Banco Central Europeo ha anunciado una “flexibilización temporal de los requisitos de capital” como una forma de apoyar a los bancos, es decir, hacer la vista gorda sobre las normas que ellos mismos han impuesto (entonces los llamaron “tests de estrés”).

La frase es siempre la misma: hay que calmar a los mercados financieros.

“El Banco Central Europeo no puede hacer nada más”, ha concluido esta mañana Cristine Lagarde, su Presidenta. No es verdad: siempre pueden ponerse a rezar a la Virgen de los Milagros.

En España el gobierno del PSOE y Podemos va a movilizar 19.000 millones en su plan de choque contra la crisis económica.

Pero en otra entrada ya avisamos de que tiene que haber “diálogo social”. Aquí todo lo hacemos por las buenas. Esta tarde los sindicatos se reúnen con la patronal para sellar un acuerdo histórico para pedir ayudas para las empresas.

¿Los sindicatos pidiendo más ayudas para las empresas? Entonces, ¿quién tiene que ayudar a los trabajadores?

Si, los trabajadores necesitan un poco de ayuda porque la situación es muy negra: todas las líneas aéreas (Air Europa, Ryanair, Iberia) van a aprovechar la tonteoría del coronavirus para pedir “ajustes de plantilla”, que es como llaman a los despidos masivos.

Más en concreto: Air Europa ha puesto en marcha un ERTE para toda su plantilla.

La patronal de las empresas turísticas también va a solicitar sus propios ERTE y, además, reclaman “líneas de financiación a coste cero”.

Más información:
– China arrastra al capitalismo mundial a la recesión
– ‘Más vale ciento volando que pájaro en mano’ (Los falsos profetas del capitalismo venden humo)
– La crisis del capitalismo no encuentra vacuna que la remedie
– El ‘virus del petróleo’ provoca el pánico en las bolsas europeas
– Una guerra del petróleo a tres bandas
– El gobierno del PSOE y Podemos anuncia un plan de choque frente a la crisis económica
 

‘Operation Legacy’: el Imperio Británico destruyó los documentos que prueban los crímenes que cometió en sus colonias

La “Operation Legacy” (Operación Legado), fue un programa de destrucción sistemática de archivos aplicado desde finales de la Segunda Guerra Mundial (o posiblemente antes) hasta los primeros años de la década de los 60 en 37 territorios ocupados por los ingleses.

Países como Belice, la Guayana Británica, Jamaica, Kenia, Malasia, Singapur, Uganda y muchos otros, vieron cómo fueron incineradas las pruebas sobre asesinatos, abusos y torturas que los británicos habían ejercido sobre sus pueblos durante su dominación.

El historiador Tony Badger, persona que ha recuperado la mayoría de la documentación relacionada con la “Operación Legado”, puso al Ministerio de Relaciones Exteriores actual en una posición “vergonzosa y escandalosa”.

El hallazgo se produjo en enero de 2011, al descubrir la existencia de 307 cajas con documentación “superviviente” de aquella limpieza. Al parecer quedaron olvidadas, por más de 50 años, en un archivo de máxima seguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores Británico, en Hanslope Park, Buckinghamshire (Reino Unido); lejos de los ojos de los historiadores, investigadores y del público en general.

Ocultar aquel material durante tanto tiempo representó una violación de la legislación sobre la desclasificación de documentos, por lo que una vez descubiertos tuvieron que hacerse públicos a corto plazo. Estos papeles representan una verdadera mina de oro para los historiadores, pero pasará algún tiempo antes de que todos se hagan públicos.

Entre la documentación recuperada, se conserva un telegrama fechado el 3 de mayo de 1961, firmado por Iain Macleod, Jefe de la Oficina Colonial del Reino Unido, con destino a todas las embajadas británicas. En el telegrama se daban instrucciones sobre cómo “rescatar” documentos oficiales de países recientemente independizados —o en vías de independizarse— con instrucciones sobre cómo deshacerse de ellos.

A los diplomáticos se les insistía en la necesidad de deshacerse de los archivos, haciendo hincapié en que podrían “avergonzar […], comprometer, o ser utilizados de forma incorrecta por las nuevas autoridades nacionales”. También ordenaron la destrucción de cualquier prueba que pudiera sugerir o pudiera interpretarse como actos de racismo.

Iain Macleod, de esta forma, exigió a sus subordinados que los gobiernos de los países que ganarían la independencia no obtuvieran ningún material que pudiera “perturbar el gobierno de Su Majestad”, ese sería su “Legado”: NADA.

Las instrucciones decían claramente que “ningún nativo podía participar de esta operación depuratoria, excepto miembros del gobierno sujetos a descendencia británica en Europa”.

Uno de los principales centros de destrucción de la zona Oriental, estaba ubicado en la base de la Royal Navy en Singapur, donde se construyó una instalación especial para la quema de miles de documentos que llegaban en camiones.

Se conserva un documento, en los legajos encontrados en Haslope Park, que reseña un viaje de 5 de esos camiones, cargados de documentación desde Kuala Lumpur en 1957.

Los archivos destruidos en este viaje contenían información sobre un caso de asesinato masivo, ocurrido en 1948, en Batang Kali, donde los soldados británicos fueron responsables de la masacre de 24 trabajadores de las plantaciones de caucho.

La existencia de un expediente con el asunto “Batang Kali” da fe de la realidad de lo que se llevaba años denunciando.

Un caso bien documentado a día de hoy, a base de testigos y que cuenta con documental propio. Según los autores del documental, en su día trataron de ocultar bajo la muerte de “28 ladrones” en la prensa, ejecutando posiblemente a 4 delincuentes comunes para ocultar el suceso.

Gran Bretaña destruyó toda la documentación relacionada con la presencia británica en la India durante los años 40, justo antes de que India proclamara su independencia. La prensa local publicó entonces docenas de titulares acusando a los funcionarios británicos de quemar cientos de documentos en Delhi

Los agentes involucrados en la “Operación Legado” recibieron instrucciones estrictas sobre cómo y dónde enviar los archivos.

Sin embargo, como algunos documentos no pudieron incinerarse en el crematorio de Singapur, todo el proceso se realizó en los diferentes archivos, donde, según las instrucciones; “se quemarían o arrojarían al mar a la distancia máxima posible de la costa”.

Con la India no habían tenido mucha suerte en tiempos anteriores, muchas de sus matanzas ya habían sido recogidas por la prensa internacional como la de Amritsar (1919).

Los documentos también revelan la destrucción de los archivos de inteligencia sobre Kenia que mencionaron el abuso y la tortura que sufrieron cientos de civiles durante el intento del grupo guerrillero “Mau Mau” de derrocar al gobierno colonial británico entre 1952 y 1960.

Aunque lograron deshacerse de una tonelada de pruebas en la década de 1950, la salida a la luz de aquel archivo en 2011, derivó en un derecho de demanda y juicio contra el gobierno de Gran Bretaña.

Además, derivó en una sentencia (en 2013) por cual tuvieron que indemnizar con 23 millones de dólares a más de 5.200 kenianos, como compensación por abusos y torturas que tuvieron que soportar durante la sublevación guerrillera de Mau Mau.

Durante el juicio se aportaron pruebas de que el servicio de inteligencia británico mantenía en Adén un centro secreto de tortura donde llevaban a los sujetos más incómodos de sus colonias africanas, allí muchos eran ejecutados o castrados.

También demostraron que los miembros del gobierno de Londres estaban al tanto de la tortura y ejecución de insurgentes kenianos —o sospechosos de serlo.

Lo único que se ha podido saber es que la documentación incinerada sobre esta isla fue seleccionada cuidadosamente, ya que se trata de una posesión que aún mantienen los británicos.

Se especula que se podrían haber destruido los planes de “depuración” solicitados por Estados Unidos en torno a los años 60, para alquilar la isla como base militar.

Según se dice, EE.UU. exigió que las islas estuvieran libres de su población nativa y fauna, es decir, los británicos deberían expulsar a los nativos y destruir su fauna. Cosa que se hizo, desalojando a la fuerza a 1800 nativos de sus hogares en dirección a las Mauricio y Seychelles, mientras se construían las instalaciones militares norteamericanas.

Actualmente, pese al aviso de descolonización, sigue siendo territorio británico arrendado a los EE.UU hasta 2036.

Se conserva el parte de un oficial, firmado en las navidades de 1960 en Uganda, que afirmaba que “en Tanganica el trabajo se dejó hasta casi el último minuto, con el resultado de que se hizo demasiado apresuradamente”.

Esto implica que, al menos en la zona de Uganda y Tanganica antes de 1961, ya se venía realizando la destrucción de la documentación.

En otro registro, encontrado por el investigador japonés Shoei Sato, pudo localizar un acta fechada el 21 de abril de 1960, en la que se discutía sobre la selección de documentos a destruir con el propósito de prevenir la “vergüenza” del Imperio en Uganda.

Sobre Uganda han aparecido otros legajos pertenecientes a trabajadores del gobierno colonial que decidieron guardar algún que otro documento, debido al valor histórico que pudieran tener en el futuro.

Aunque todavía no se conoce su contenido se especula que pudiera tratar sobre la utilización de nativos tanganicos en las minas de oro sudafricanas, hasta bien entrados los años 60.

La Guayana Británica (Hoy Guayana, Sudamérica) fue una colonia que, hacia mediados del siglo XIX, entró en la órbita de interés de Estados Unidos.

Se conservaron únicamente los archivos relacionados con el acceso al gobierno de Forbes Burham, según parece orquestado por la CIA en 1964, para, según conclusiones de los investigadores, guardarse ese as en la manga por si sucediese de nuevo una demanda contra Gran Bretaña como la de “Mau Mau”.

— https://elretohistorico.com/operation-legacy-como-se-destruyeron-los-documentos-que-prueban-los-crimenes-del-imperio-britanico/

Contagio: la búsqueda del ‘foco infeccioso’ no conduce a ninguna parte

Mattia: el enfermo número 1
La microbiología ha llevado a la informática el término “virus”, e incluso la política posmoderna utiliza la expresión “viral” para referirse a algo que se propaga rápidamente.

Cuando algo se propaga, la ciencia busca el foco, el punto de partida, donde todo empezó, que, en el caso de Italia, se llama Mattia, un trabajador de Unilever de 38 años que fue el “paciente número 1”, el primero en ser diagnosticado en el hospital de Codogno, un pequeño pueblo de Lombardía.

Mattia llegó al hospital “en un estado grave”, según dicen, y dio positivo al test de coronavirus. También dicen que infectó a su esposa y hasta cinco enfermeras y médicos.

Todo esto no es que sea falso, sino que resulta absolutamente inverosímil y el recorrido posterior así lo demuestra.

A partir de Mattia los médicos debían seguir la pista del virus. ¿Dónde lo contrajo?, ¿quién se lo contagió a Mattia?

La pista tenía que ir hasta China, así que las sospechas se centraron en un amigo suyo que acababa de regresar de Shanghai, donde trabajaba para una empresa italiana. Sin embargo, las pruebas que le realizaron a él y a todos sus colegas resultaron negativas. Nada de nada, reconoce la revista Fortune (*).

Durante días, los investigadores escudriñaron todas todas las relaciones de Mattia al más puro estilo House y no encontraron nada, ni de China ni de ningún otro sitio.

En consecuencia, no hay un punto de partida y la teoría microbiológica se desvanece, una vez más, como ocurre desde hace un siglo de experiencia médica.

Casi simultáneamente, en el cercano Véneto, Adriano Trevisan, de 78 años de edad, presentó los síntomas de la enfermedad después de ver un partido de fútbol en un bar de su ciudad frecuentado por clientes chinos y murió poco después, convirtiéndose en la primera víctima “probada” del coronavirus en Italia.

Pero cuando realizaron las pruebas a los ciudadanos chinos, no encontraron nada, y el bueno de Adriano no había estado nunca en el extranjero y no había tenido ningún contacto con ninguno de los primeros infectados.

En la cercana ciudad de Mira, otro paciente aquejado de lo mismo nunca había abandonado la ciudad.

La cadena viral no existe. No sólo falta el primer eslabón, sino toda la cadena de transmisión. Como en las demás enfermedades infecciosas, las pruebas han demostrado en todos los países del mundo dos cosas muy claramente. La primera es que hay enfermos en los que no aparece el coronavirus. La segunda es que hay quien da positivo al coronavirus, pero no tiene síntomas de ninguna enfermedad.

Ahora reflexionemos un poco acerca de una teoría en la que las causas no producen el efecto esperado y en la que, además, el efecto no se produce por dichas causas. ¿Verdad que parece absurda? Pues, efectivamente, es absurda.

(*) https://fortune.com/2020/03/06/how-many-people-have-coronavirus-cases-covid-19-spread/

Siria despliega cazas de combate Mig-29 para hacer frente a Turquía en Idlib

Caza ruso Mig-29
La Unión Europea ha rechazado la petición de ayuda de Turquía en la Guerra de Siria, pero no ha ocurrido lo mismo con el Pentágono.

La ayuda era muy concreta: Turquía necesita hacer frente a los sistemas rusos de interferencia electromagnética en Idlib.

Hasta ahora los ataques turcos se han centrado en la sinergia del sistema Koral, la guerra electrónica Anka S y los enjambres de drones Bayraktar TB2 armados con misiles aire-tierra MAM-L.

Los aviones de Elint coordinan el sistema de ataque automatizado, lo que inicialmente sorprendió al ejército sirio cuyos radares no podían detectar los drones turcos debido a las mediciones electrónicas.

La sopresa causó importantes bajas y daños materiales a los sirios. El avance inicial se detuvo cuando los sistemas rusos de interferencia electromagnética permitieron a los sistemas de defensa aérea sirios derribar los drones aéreos Anka S y los módulos nodales del sistema de ataque turco, lo que explica la intervención posterior de los F-16 turcos.

El cambio en el campo de batalla obligó a los turcos a negociar un acuerdo provisional en Moscú, mientras Erdogan apelaba a los aliados de la OTAN. En principio los europeos, sometidos al chantaje migratorio, afirmaron su disposición a ayudar logísticamente a Turquía, pero no contra Rusia.

Erdogan sólo encontró apoyo en Washington, donde están dispuestos a sostener una guerra con Rusia, con dos condiciones fundamentales. Primero, que sea indirecta, es decir, que Turquía y los yihadistas sean la carne de cañón. Segundo, que la guerra sea limitada, no sólo ceñida al teatro de operaciones de Idlib y el norte de Siria, sino también a batallas aéreas a distancia.

El Pentágono envió equipo tecnológico, incluidos los sistemas de defensa ABM y SAM, a Irak, mientras que a los turcos les entregaron sistemas de guerra electrónica. A su vez el ejército turco se lo ha entregado a Al-Qaeda, al tiempo que ha enviado importantes refuerzos a Idlib.

Como consecuencia de ello, los sirios han sacado sus cazas rusos Mig-29, uno de los cuales se estrelló recientemente durante un entrenamiento, el primero desde los años ochenta.

La Guerra de Siria adquiere cada vez más un carácter convencional, más clásico, a medida que los actores secundarios salen del escenarios. A lo máximo, los yihadistas de todos los pelajes poco menos que comparsas.

Es poco probable que este caza cambie la correlación de fuerzas sobre el terreno. Se limitarán a acompañar a los cazas rusos Sujoi-35 y Mig-29 SMT, dos de los cuales lograron repeler un ataque de los F-16C turcos contra un avión de ataque terrestre sirio Sujoi-22 en Idlib. Dos cazas rusos también despegaron de la base aérea de Hmeimim para vigilar una formación de cazas F-35I israelíes en el oeste de Líbano.

El mensaje es claro. La burbuja de la defensa aérea sobre el oeste de Siria se mantendrá incluso si los bombarderos furtivos B1B o B-2 despegan de las bases aéreas estadounidenses en Diego García o las Azores.

Forma parte de la disuasión preventiva.

Por su parte, Turquía ha desplegado sus sistemas de defensa aérea más avanzados en la frontera con Siria y no son los sistemas rusos SS-400, que no estarán operativos hasta finales de abril y probablemente nunca se utilizarán, y menos contra los Sujoi y los Mig rusos.

Imagen del derribo de un dron turco por la artillería antiaérea siria en Idlib

Una guerra del petróleo a tres bandas

El hundimiento de los precios del petróleo el lunes no es consecuencia de una “guerra” de Rusia con Arabia saudí sino de una guerra (otra más) de Rusia con Estados Unidos.

Rusia y Arabia saudí explotan yacimientos petrolíferos convencionales, mientras Estados Unidos explota (o trata de hacerlo) petróleo de esquisto.

El esquisto ha cambiado el mercado mundial y, en consecuencia, la correlación de fuerzas, o al menos eso es lo que pretende Estados Unidos. A causa de ello, se han opuesto al tendido del gasoducto Nord Stream 2, al coste de enfrentarse también a Alemania.

Estados Unidos quiere aumentar su cuota de mercado y, en parte, lo ha logrado a costa de Arabia saudí, los demás países miembros de la OPEP y Rusia.

La extracción de petróleo de esquisto disminuye mucho más rápidamente que en los yacimientos convencionales. En una planta de esquisto la producción disminuye en un 70 por ciento después de un año y un 85 por ciento en tres años, mientras que en un pozo convencional las reservas se reducen un 5 por ciento cada año.

Como consecuencia de ello, el coste del esquisto es más elevado que el convencional, por lo que no es una inversión a largo plazo.

Para ser rentable, el petróleo de esquisto debe venderse a más de 60 dólares el barril. A principios de este año la rentabilidad ya era limitada, pero con la caída del precio casi a la mitad en tres meses, la rentabilidad ha desaparecido.

A ese nivel, el esquisto causa pérdidas. Los planes de Estados Unidos han fracasado y la OPEP (Arabia saudí) y Rusia vuelven a recuperar el control del mercado.

Es sólo la mitad de la historia, porque la OPEP (Arabia saudí) y Rusia también pierden dinero.

Ahora bien, hay tres factores más a tener en cuenta. El primero es que Arabia saudí pierde más dinero que Rusia porque sus yacimientos son menos rentables. El segundo es que Rusia tiene el respaldo de China, su mejor cliente. El tercero es que Rusia ha preparado un fondo gigantesco de reservas para aguantar el déficit durante al menos ocho años. La pregunta es si Arabia saudí puede aguantar durante ocho meses.

Por un lado, esa situación explica la purga interna que han emprendido los sátrapas de la Casa Real saudí.

Por el otro, si Estados Unidos no aguanta y Arabia saudí tampoco, ¿cómo es posible que Irán aguante una sacudida mucho más fuerte y más prolongada en el tiempo? También parece evidente que si Irán ha aguantado, Rusia también lo puede lograr porque está en condiciones mucho más favorables.

En otros tiempos un barril de petróleo a mitad de precio sería una noticia excelente, la oportunidad para relanzar una economía moribunda. Sin embargo, no es así por un motivo: porque, a diferencia de Rusia, los monopolios de Estados Unidos están endeudados hasta las cejas y en su caída van a arrastrar a los bancos.

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