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Cuatro cobayas han quedado con parálisis facial durante los ensayos clínicos de la vacuna de Pfizer

Un total de cuatro cobayas sufrieron la conocida como “parálisis de Bell” durante los ensayos clínicos de la vacuna de Pfizer contra el coronavirus, ha anunciado la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA).

De las cuatro personas afectadas, una presentó la enfermedad tres días después de la vacunación. Tres días después, recuperó la normalidad. Una segunda persona afectada desarrolló la parálisis a los nueve días de ser vacunada, mientras que los otros dos la experimentaron en los días 37 y 48 respectivamente. Todos recuperaron la normalidad entre los 10 y los 21 días después.

La parálisis de Bell es una forma de parálisis facial temporal producida por el daño o trauma en uno de los dos nervios faciales. Algunos de los síntomas incluyen debilidad, tics, caída del párpado o de la comisura de la boca, babeo, dificultad para comer o beber, sequedad del ojo o de la boca, pérdida del gusto o lagrimeo excesivo.

Otras de las manifestaciones pueden ser las siguientes: dolor detrás del oído, zumbidos, dolor de cabeza, hipersensibilidad al sonido, deterioro en el habla y mareos.

La mayoría de expertos considera que está relacionada con una infección viral como una meningitis viral o el herpes.

La parálisis de Bell puede afectar a personas de cualquier edad, aunque presentan un riesgo elevado las mayores de 65 años y los niños menores de 13 años.

La FDA subraya que, por el momento, no existen indicios que relacionen la parálisis facial con la administración de la vacuna. “Cuatro casos en el grupo de la vacuna no representan una frecuencia superior a la esperada en la población general”.

https://www.fda.gov/media/144245/download

Más información:
– Los fraudes sanitarios jalonan la historia de la multinacional farmacéutica Pfizer
– Pfizer vigilará durante dos años los efectos adversos de su vacuna a largo plazo
– Los efectos adversos de la nueva vacuna de Pfizer contra el coronavirus
– La vacuna de Pfizer no es adecuada para inocularla masivamente a los europeos
– Pfizer conspiró para evitar un juicio por un experimento médico que mató a 11 niños en Nigeria
– Ex ejecutivo de Pfizer pide a la UE que suspenda la distribución de la vacuna que se aplicará en España por provocar ‘infertilidad indefinida’ y otros problemas de salud
– Mueren dos personas que recibieron la vacuna de Pfizer contra el coronavirus, eficaz al 95 por cien

La pandemia es un gran pelotazo financiero

A su paso, el capitalismo en crisis va dejando un rastro de cadáveres y mientras algunos lloran a los muertos, otros se aprestan para darse un festín con la carroña.

Muchos hablan de la hostelería, como si la bancarrota sólo afectara a un sector económico. Pero hay empresas, como Europcar, la empresa de alquiler de vehículos más grande de Europa, que también se han hundido.

La causa no es la pandemia, como tratan de hacer creer machaconamente, porque Europcar ya tenía problemas al cierre del año pasado. Su deuda neta era 3,2 veces superior al importe de los ingresos de explotación.

Gracias a la pandemia Europcar recibió 220 millones de euros del gobierno francés, pero no ha sido suficiente: su deuda (1.300 millones de euros) ha caído en las garras de varios fondos buitre británicos a precio de ganga.

La cotización en bolsa de Europcar también ha caído casi un 80 por ciento desde enero, por lo que los buitres no sólo están al acecho de la deuda sino también del capital de la empresa.

Hay un segundo paso para apoderarse de la carroña por unos pocos céntimos: convertir la deuda en capital. Los buitres ganan el doble: compran la deuda muy barata y con ella compran acciones mucho más baratas aún.

La pandemia es un chollo, el sueño de cualquier especulador sin escrúpulos de ninguna clase. No sólo se forran los vendedores de vacunas y equipamiento médico.

El fondo buitre que se ha apoderado de la banca española: BlackRock

BlackRock es el principal inversor del Ibex-35 en general, y de la banca española en particular. Controla alrededor de un 20 por ciento en total del accionariado de los principales bancos, con una inversión de unos 6.000 millones de euros y subiendo. En estos momentos es el primer accionista del BBVA (5,91 por ciento), del Santander (5,42 por ciento) y del Sabadell (3,37 por ciento), aunque está también presente en Bankinter (5 por ciento), CaixaBank (2,99 por ciento) y Bankia (3 por ciento).

No busca sólo rentabilidad, porque si no, hace tiempo que la falta de ésta, lo habría hecho poner pies en polvorosa. El superfondo de inversión de Larry Fink parece más bien querer participar en la orientación empresarial y social de sus participadas. Sin consejeros y sin ruido, lo que no significa sin influencia. Ahora, el interés está en el baile de fusiones.

No es el único súper fondo que está presente prácticamente en todas y cada una de las empresas del Ibex, los bancos especialmente, pero si es el que más dinero tiene invertido. Le siguen los Vanguard (que tienen un nada despreciable 15 por ciento de la banca española) o los Norges Bank, pero a cierta distancia. Pero es que BlacRock tiene cerca de un 20 por ciento y eso es mucho dinero invertido. Aunque fluctúa casi a diario según coticen las acciones, aproximadamente ese 20 por ciento vale según los analistas unos 6.000 millones de euros. No es de extrañar que les ocupe y preocupe lo que esté por venir tras el baile de fusiones.

El BBVA es el banco en el que más participación tiene el fondo estadounidense y donde más estable se ha mantenido. Un 5,9 por ciento desde principios de 2019. En el caso del Sabadell, hace solo unos días, subía su participación del 3,317 por ciento al 3,381 por ciento. De haber llegado a buen puerto el intento de fusión de estas entidades, que al cierre de esta edición se frustraba al considerar el banco que preside Josep Oliu insuficiente el precio ofertado y decidir que prefiere seguir en solitario por el momento, BlackRock se hubiera convertido también en el primer accionista de la entidad fusionada.

Al tiempo que compraba ‘sabadelles’, subía también su posición en Bankinter desde el 4,815 por ciento anterior al 5,028 por ciento actual, convirtiéndose en el tercer accionista del banco que dirige María Dolores Dancausa.

El gigante también ha participado en la otra operación en ciernes de la de fusión de CaixaBank y Bankia. En la primera BlackRock controla actualmente cerca de un 3 por ciento del banco, lo que le convierte en su segundo accionista solo por detrás de la Fundación La Caixa (40 por ciento). En el caso de Bankia, el fondo estadounidense afloró una participación por primera vez el pasado mes de mayo, y ahora tiene una participación similar a la de Caixabank, y solo por detrás del FROB, por lo que ese 3 por ciento será también su participación en la entidad resultante.

También es el primer accionista del Banco Santander, con un 5,42 por ciento, en una relación que se remonta a 2010. En la entidad que preside Ana Botín es el primer accionista, con una participación del 5,426 por ciento del capital desde el 24 de octubre de 2019. También es primer accionista en BBVA, con una participación en este caso del 5,917 por ciento, invariable desde abril de 2019.

Los grandes fondos de inversión son los máximos accionistas de los bancos en todo el mundo, no solo de los bancos españoles. La orientación de estos fondos es a largo plazo, es decir, inversiones estables sobre estos bancos. Por otro lado, la intención es también participar en la orientación empresarial y social de dichas entidades, así como sus aportaciones a la sociedad (ESG, tecnología, fomento de la educación financiera…).

Todo parece indicar que permanecerán tras las fusiones, si se forman bancos más estables, resilientes, solventes y rentables, pues tiene sentido que permanezcan en los bancos, sobre todo en la banca española que hay que aplaudir la proactividad que han tenido en esta ronda de integraciones, adelantándose a otros sistemas como el alemán o el francés.

Su interés no es solo pecuniario, que también, sino de influencia. Hace solo unos días, el capitoste de BlackRock, Larry Fink, participaba junto a Ana Botín, telemáticamente, en la Conferencia Internacional de Banca 2020 organizada por el Santander. Habló de jubilaciones, de teletrabajo, de países buenos para invertir, y hasta de transición ecológica.

Los fondos están obligados por ley en Estados Unidos a mirar las ganancias como único criterio. El Banco de España le pidió asesoramiento a BlackRock en el diseño de la Sareb. En España, sus inversiones no llevan aparejadas, hasta ahora, presencia alguna en los consejos de administración de los bancos. La influencia es más sutil. No en vano The New York Times lo llama “el gigante silencioso”.

https://elnuevolunes.es/portada/blackrock-dueno-y-senor-de-la-banca-espanola/

Alemania aprueba una nueva ley sobre el estado de guerra por motivos sanitarios

El 18 de noviembre el Parlamento alemán aprobó la Tercera Ley de Protección de la Población ante una Situación de Epidemia. Votaron a favor el CDU, la socialdemocracia y Los Verdes. En contra los neonazis de AfD, los liberales del FDP y La Izquierda (Die Linke).

Antes de la modificación de la ley, los tribunales alemanes habían destacado repetidamente que el toque de queda y demás medidas restritivas de derechos carecían de una base legal suficiente.

El debate se celebró en medio de multitudinarias manifestaciones populares de protesta, todas ellas convocadas ilegalmente, sin mascarillas y sin guardar ninguna distancia de seguridad. La policía las dispersó con cañones de agua y aerosoles de pimienta.

La nueva ley es un estado de guerra apenas disimulado en medio de pretextos sanitarios. El artículo 7 enumera los derechos constitucionales que pueden ser suspendidos temporalmente: libertad personal, derecho de reunión, libertad de circulación e inviolabilidad de domicilio.

Como es natural, el artículo 28 de la nueva ley otorga carta blanca al Ministro Federal de Sanidad y a los gobiernos de los Estados, incluso para suspender derechos constitucionales.

Expresamente el nuevo artículo establece “la prohibición de reuniones o manifestaciones“ y “reuniones religiosas o ideológicas“ y “la prohibición de entrar o visitar instalaciones … como asilos de ancianos o de ancianos, instituciones de apoyo a los discapacitados, maternidades u hospitales y de visitar a familiares cercanos”, que sólo son posibles en la medida en que “la contención efectiva de la propagación de la enfermedad (Covid-19) se vea considerablemente amenazada”.

No obstante, el artículo tambiém previene que “las medidas de protección no deben conducir al aislamiento completo de individuos o grupos”, debiendo garantizarse un nivel mínimo de contacto social.

En el futuro, el estado de guerra será de cuatro semanas, con la posibilidad de prorrogarlas si es necesario, siempre que haya una “epidemia de importancia nacional”.

‘América’ vuelve por sus fueros

“América está de regreso” es la consigna que sustituye a “Hagamos grande a América de nuevo”. Hay un cambio de marionetas: Biden sustituye a Trump y nombrará a Anthony Blinken como secretario de Estado, o mejor al revés: Biden se limitará a llevar a los micrófonos la política exterior del nuevo gobierno de Washington.

A su vez, Blinken es una marioneta de la industria armamentista que -como ven- mantiene vínculos muy estrechos con el partido demócrata.

No obstante, para ejecutar una política exterior de amplio consenso, Blinken ha publicado un manifiesto con una parte del partido republicano. La orientación general es una política más activa, mostrar el peso de Estados Unidos en el mundo y recuperar aspectos olvidados del orden del día, como el cambio climático.

Al mismo tiempo, Blinken se declara partidario de un cierto multilateralismo para buscar apoyos en organizaciones como la OTAN.

En fin, da la impresión de que el mandato de Trump sólo ha sido un paréntesis; ahora todo vuelve a la nueva normalidad, que consiste en que los “progres made in USA” den la cara, en impulsar la “democracia” y los “derechos humanos” en el mundo a golpe de bayoneta.

Durante muchos años Blinken fue el “alter ego” de Biden cuando era presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Senado. Como tal, en 2003 apoyó la invasión militar de Irak. Cuando el truco de las armas de destrucción masiva quedó al descubierto, ambos reconocieron que habían cometido un error. “Si lo hubiéramos sabido, no habríamos invadido Irak”. Sin embargo, a pesar de todo, seguimos invadiendo Irak muchos años después. No nos marchamos, no enmendamos nuestro “error”…

Es como en el fútbol: sólo hay errores si pierdes el partido. Cuando era secretario de Estado adjunto de Obama, Blinken se enfrentó al mismísimo Presidente en defensa de una intervención militar en Siria. Obama se basaba en la experiencia “errónea” de Irak. No se podía reproducir en Siria. Blinken estaba empecinado en el mismo “error”.

¿La intervención militar se debe hacer a cielo abierto o en los subterráneos? Unas horas antes de su nominación, Blinken seguía insistiendo en su “error” sobre Siria, donde el fracaso “será recordado de por vida”. Lo mismo que Obama, el futuro secretario de Estado no quiere repetir el “error” y para ello se ha puesto de acuerdo con los mastodontes que rodearon a Bush, como Robert Kagan.

Junto con William Kristol, Kagan creó el equipo “Project for the New American Century” (Pnac), una especie de manifiesto bipartidista en cuatro capítulos para una nueva política exterior estadounidense, publicado en el Washington Post en enero del año pasado (*).

Es más de lo mismo, un aburrimiento mortal, pero a los gringos les encantas este tipo de declaraciones solemnes. Estados Unidos tiene que dirigir el mundo. Si no lo hacemos nosotros, lo harán otras potencias. “Los errores cometidos en Irak y Afganistán” no deben llevarnos a descuidar este campo, porque “la fuerza es necesaria y complementaria de una diplomacia eficaz”.

Sin la fuerza “no se puede negociar la paz y mucho menos imponerla”. La OTAN se debe ampliar para incluir “Europa y el Lejano Oriente”. La seguridad militar incluye la seguridad informática.  Estados Unidos se tiene que proteger frente a la agresividad del “moderno capitalismo de estado autocrático”, o sea, de China.

El texto resume en palabras la política que Blinken ha conocido desde siempre y de la que ha formado parte, desde el bombardeo de la antigua Yugoslavia en 1999 hasta las incursiones de la OTAN en Libia en 2011, pasando por Afganistán y luego Irak en 2002 y 2003, hasta el apoyo logístico en 2015 a Arabia Saudita en su ofensiva, tan sangrienta como empañada por los crímenes de lesa humanidad en Yemen, decidida bajo Obama y ampliada por Trump, sin olvidar el amplio uso de los aviones teledirigidos y los crímenes de guerra, el programa de torturas de la CIA…

Pero Blinken, como Zaplana, también está en las cloacas políticas para forrrarse, por lo que queda por explicar la parte industrial: en 2018 fundó una empresa de consultoría de negocios, WestExec. Está a medio camino entre la venta de armamento y las empresas de alta tecnología, que cada vez parecen lo mismo.

En WestExec está también Michèle Flournoy, que posiblemente acabará al frente del Pentágono, convirtiéndose en la encargada de justificar -por primera vez- las intervenciones militares con la ideología de género.

(*) Anthony Blinken y Robert Kagan: America First is only making the world worse. Here’s a better approach (“América primero” hace que el mundo sea más malo. Veamos una aproximación mejor), https://www.washingtonpost.com/opinions/america-first-is-only-making-the-world-worse-heres-a-better-approach/2019/01/01/1272367c-079f-11e9-88e3-989a3e456820_story.html

Mueren dos personas que recibieron la vacuna de Pfizer contra el coronavirus, eficaz al 95 por cien

Seis de las cobayas humanas que participan en la vacuna experimental de Pfizer han muerto. Cuatro formaban parte del grupo de control y dos recibieron la vacuna.

Sus nombres no han trascendido. Se sabe que una de las cobayas experimentó un paro cardíaco 60 días después de recibir la segunda dosis de la vacuna y murió tres días después.

Otra cobaya con obesidad inicial y arteriosclerosis preexistente murió tres días después de recibir una primera vacuna.

La información la ha dado a conocer la FDA antes de una reunión del Comité Consultivo prevista para el jueves para aprobar la autorización para el uso de emergencia de la vacuna.

La FDA afirma que los cerca de 38.000 ensayos clínicos de la vacuna contra el coronavirus desarrollada por las empresas Pfizer y BioNTech, muestran que no hay motivo para impedir su autorización de emergencia. El experimento “cumple con los criterios de éxito preestablecidos”.

“Los datos de seguridad de aproximadamente 38.000 participantes […] con una media de dos meses de seguimiento luego de la segunda dosis, sugieren un perfil de seguridad favorable, sin que se identifiquen preocupaciones de seguridad específicas que puedan impedir su emisión”, dice la FDA en un comunicado oficial.

Los participantes eran de 16 años o más, y fueron elegidos aleatoriamente uno a uno, para recibir vacuna y placebo respectivamente.

“Las personas previamente infectadas pueden estar en riesgo de contraer Covid-19 y podrían beneficiarse de la vacuna”, dice la FDA.

Solo el 3 por ciento de los participantes en los ensayos de Pfizer y BioNTech tenían una infección previa en el momento de la inscripción en el estudio y los análisis adicionales muestran que muy pocos casos de coronavirus ocurrieron en las cobayas durante el transcurso de todo el estudio.

La noticia se ha conocido el mismo día en que, con un enorme alarde publicitario, Gran Bretaña ha comenzado la vacunación en masa de la población, que ha empezado por los ancianos.

La cotización en bolsa de las acciones, tanto de Pfizer como de BionNTech, se había disparado con el inicio de las vacunaciones en Gran Bretaña.

La semana pasada, Gran Bretaña se convirtió en el primer país del mundo en otorgar una aprobación de emergencia de la vacuna producida por el gigante farmacéutico estadounidense Pfizer y la empresa alemana BioNTech.

A mediados de noviembre, Pfizer anunció que su vacuna había concluido los ensayos clínicos de fase 3, con un nivel de “eficacia” declarado del 95 por ciento.

La OMS había calificado de “prometedores” los resultados de la vacuna de Pfizer, a pesar de su carácter experimental.

Recientemente, se presentó una petición para que la Unión Europea suspendiera los ensayos de esta vacuna por los graves riesgos que entrañaba para la salud de los participantes, como ya expusimos en una entrada anterior.

https://mundo.sputniknews.com/salud/202012081093762618-mueren-2-personas-que-recibieron-vacuna-de-pfizer-contra-covid-19/
Descarga del informe completo de la FDA sobre la vacuna de Pfizer: https://www.fda.gov/media/144245/download

Más información:
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La mascarilla es un símbolo de opresión, según el Presidente mexicano López Obrador

Cuando el mércoles le preguntaron al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador por qué nunca porta mascarilla, respondió: “Todo el mundo es libre. Cualquiera que quiera usar una mascarilla y sentirse más seguro es libre de hacerlo”.

Sólo se le ha visto en público con mascarilla cuando rindió pleitesía a Trump en Washington. Forman parte de las reverencias que los esclavos deben a sus amos. El resto del tiempo López Obrador se siente en libertad.

En los actos oficiales, todos los políticos mexicanos aparecen enmascarados en público, excepto él porque “lo más importante es garantizar la libertad”, dice el Presidente mexicano.

En julio dijo que se pondría mascarilla en público cuando en México deje de haber corrupción.

El mandatario mexicano ha confesado que no se sabe “a ciencia cierta” si las mascarillas funcionan y que él no se lo pone porque no está infectado de coronavirus.

Aplaudió al pueblo mexicano porque es «muy consciente» de la pandemia y porque la mayoría de gente lleva tapabocas en la calle «aún sin saber a ciencia cierta si ayuda o no ayuda», dijo. «Si yo algún día me pongo tapabocas sería por la gente, por respeto a la gente», puntualizó.

El Presidente de México afirma que los políticos que imponen confinamientos o toques de queda para contener la pandemia actúan como dictadores. Las medidas para combatir la pandemia que restringen la movilidad de las personas están “de moda entre las autoridades […] que quieren demostrar que son autoritarias, dictatoriales”.

“Muchos de ellos dejan que sus instintos autoritarios se muestren”, dijo, añadiendo que “lo principal es garantizar la libertad”.

El responsable científico de la pandemia en México, López-Gatell, lo mismo que otros “expertos”, cuestionó en marzo la utilidad de las mascarillas, pero posteriormente cambió de parecer y empezó a recomendar su uso.

El papel de las vacunas en la regresión de las epidemias

Después de leer el libro “Salud e Infección. Auge y decadencia de las vacunas”, de Fernand Delarue (*), del cual la primera edición se hizo en 1977 en francés, y teniendo en cuenta el momento actual que nos encontramos, a finales del 2020 y bajo una pandemia, en la cual los medios de comunicación cada día se encargan de recordarnos que la vacuna es la solución, os quiero presentar algunos extractos de este libro y unas observaciones finales propias.

Antes que nada, situar a Fernand Delarue, nacido en el Estado francés en 1924, profesor parisiense y presidente de la Liga por la Libertad de Vacunación. Es el orientador de los que piensan que es necesario modificar la legislación y actitud mental respecto a las vacunaciones. Así que buena parte de los extractos del libro remiten al Estado francés.

A partir de materiales estadísticos a veces bastante sesgados se extraen conclusiones comparativas que estarían indicando consecuencias más negativas que positivas sobre la aplicación de las vacunas.

Si trazamos un vistazo histórico en torno al desarrollo de los esquemas de inmunización, surge un análisis en dos niveles: el que corresponde a los países de capitalismo avanzado y el que corresponde a la mayoría de países de capitalismo dependiente. La importancia de la eficacia y del sentido de las vacunas, o al menos de las principales vacunas, está en relación muy estrecha con los procesos de desarrollo desigual que caracteriza la constitución del proceso capitalista.

Para toda una serie de autores, las vacunas, constituyen, igual que el desarrollo de la producción masiva de antibióticos, formas de encubrimiento de los procesos reales de enfermedad y mortalidad que afligen en nuestras poblaciones.

El consumidor de vacunas piensa que se beneficia con un producto casi perfecto, perfectamente puesto a punto con una serie de precauciones que suponen que se han tenido en cuenta para asegurar su eficacia e inocuidad. En general, la gente, no sabe nada de lo que realmente pasa. Si tuviera alguna idea, sería el fin de su confianza.

En 1348 la peste negra aniquiló además de dos tercios de la población francesa. En tiempos más próximos, el cólera sembró el miedo durante siglos. Estas dos enfermedades han desaparecido de nuestro país, sin vacunas. Hay que remarcar, que persisten, así como otras enfermedades más, en algunos países, todo y con las vacunaciones.

Son las cifras de morbimortalidad las que permiten a los partidarios de las vacunas creer en su eficacia. Estas, una vez analizadas desde tres ángulos sucesivos complementarios, donde cada uno de ellos aporta razones para dudar de esta eficacia y su incorporación deja ver la prueba de la inexistencia de tal eficacia.

La regresión de las epidemias sin vacunaciones: una evolución parecida en países vacunados y no vacunados

La difteria ha retrocedido casi hasta su desaparición, sin vacunación. Respecto la tuberculosis, desde hace más de un siglo se contempla una gran disminución de la mortalidad en todos los países con un alto nivel de vida. El tétanos no es una enfermedad contagiosa susceptible de engendrar epidemias, a pesar de ello en el conjunto del país, de 1943 a 1947, al menos se vacunaron 5 millones de niños, pero las estadísticas oficiales muestran que la cantidad de muertes infantiles no bajaron de 1943 a 1947. La viruela, desgraciadamente, es difícil comparar el decrecimiento de esta en los países vacunados y en los no vacunados, puesto que la vacunación ha sido practicada en todas partes, a pesar de que en épocas muy diferentes.

La extensión de las epidemias, todo y las vacunaciones: si las vacunaciones hubieran sido las que impidieran las epidemias, habrían ejercido su acción protectora individualmente de forma constante. Ahora bien, nada de esto pasó; los ejemplos son innumerables. Por ejemplo, cuando en Inglaterra se vacunó al máximo de la viruela, no solo el país sufrió los ataques más duros de la viruela, sino que la mayor parte de los casos tuvieron lugar a lo largo de esta época, y entre los vacunados.

Otro ejemplo interesante sobre la polio es cuando en Canadá en 1954 la vacunación fue practicada de forma sistemática. La morbilidad poliomielítica disminuyó progresivamente los siguientes años; con lo cual se quiso atribuir esta declinación de la poliomielitis a la vacuna. En 1959, después de aplicar 20 millones de dosis de vacuna desde el 1955, con la mayor parte de la población infantil vacunada, hubo una agravación brusca de la poliomielitis: hasta llegar a 1959 con 1.080 muertos (5 veces más muertos que los registrados el año anterior).

Una vez más se nos impone que en ausencia de condiciones favorables a la regresión de una enfermedad contra la cual se vacuna, no solo esta regresión no se produce, sino que muy a menudo la vacunación sistemática coincide con una rápida e importante progresión de la enfermedad.

El impacto específico de la vacunación en la evolución de algunas enfermedades

Gran Bretaña es ejemplar en este sentido puesto que el número de casos mortales de la viruela así como el porcentaje de vacunaciones se publican todos los años. A pesar de que en 1872 el censo de vacunaciones no estaba organizado de una manera centralizada, su porcentaje se acercaba al 90%. La espectacular epidemia de 1871 – 1872 que se produjo después de 13 años de vacunaciones voluntarias, seguidas de 18 años de vacunaciones estrictamente obligatorias. Ante el fracaso tan flagrante, aflojaron un poco el ritmo de vacunaciones pero implantaron un programa de higiene: cloacas, desagües, recolección de basura… La viruela retrocedió de forma espectacular. No es posible, en consecuencia, atribuir a la vacuna el papel en la erradicación de esta enfermedad en Gran Bretaña, puesto que la viruela causó estragos en el país cuando el porcentaje de vacunados era el máximo.

Situaciones similares son los casos de difteria en Francia de 1912 a 1960, las muertes por tuberculosis en Dinamarca de 1921 a 1964. Cada uno de ellos muestra el carácter perfectamente ilusorio de la protección o de la eficacia de las vacunas.

Está claro que los ejemplos no engloban la totalidad de la evolución de las diferentes enfermedades epidémicas a todos los países del mundo, ni siquiera de Europa. Se pretende afirmar que todo argumento si llegara a existir, para poder ser apreciado tendría que constar en su contexto y que por más contundente que eventualmente sea no podría prevalecer por encima de los que aquí se han presentado. El objetivo solo apunta a denunciar y a desmitificar las afirmaciones “partidistas” que han querido hundir el estudio racional y crítico de las vacunas a la sombra de los tabúes y de las prohibiciones.

Como síntesis:

  • A igual nivel de vida, las enfermedades evolucionan en curvas paralelas tanto en los países vacunados como en los que no lo están.
  • En ausencia de vacunación, las epidemias retroceden en todos los países donde se eleva el nivel de vida.
  • A pesar de las vacunaciones, las epidemias no experimentan regresión en los países donde las condiciones de higiene o el nivel de vida se lo impiden.
  • Presentar las cifras de regresión de enfermedades a partir del momento en el se empezó a vacunar y omitir las que las precedían es una habilidad publicitaria indigna de la objetividad científica. Sacar la conclusión de que estas regresiones se deben a la vacunación es, al menos, una inexactitud grave.

Persistencia y desarrollo del mito vacunatorio

A finales del siglo XIX, los congresos de la Liga por la libertad de vacunación, eran seguidos por centenares de médicos. Denunciaban los daños de la vacunación antiviruela, así como su ineficacia. Sus conclusiones eran simples: se tiene que abandonar la vacunación. En el momento en que el parlamento francés votó la obligatoriedad de la vacunación antidiftérica, en los medios médicos se desarrolló una gran campaña de oposición: según sus propias observaciones, los médicos reprocharon a la vacuna no solo que no diera protección contra la enfermedad, sino que la provocara, así como que también causara muchos accidentes. Algunos afirmaban que la generalización de la vacuna corría el riesgo de desencadenar una ola de difteria más importante que las conocidas hasta en aquellos momentos. Los hechos les dieron la razón: puesto que la tasa anual de difteria no dejó de crecer, todo y el aumento de las vacunaciones. Todo y esta catástrofe denunciada tantas veces; la vacunación triunfó, una vez la ola epidémica hubo pasado (todas las enfermedades tienen fases de evolución): se le atribuyó a la vacuna el mérito de la victoria.

Contra todos los hechos, triunfó el mito: tal es el poder de la propaganda cuando hay un juego de intereses morales, que se apoyan a la vez en intereses financieros. Los médicos jóvenes, acabados de salir de las facultades, se ven, ingenuamente condicionados a sí mismos en la medida en que las mil de observaciones llevadas a cabo por los adversarios de la vacuna casi nunca llegan a sus manos; de aquí que extraigan tanto de la enseñanza que recibieron como de la propaganda una atribución a las vacunas de su capacidad para erradicar tal o cual enfermedad, la convicción de su eficacia y la inocuidad de aquellas.

En torno la ley, la justicia prácticamente queda sin efecto, y mucho más si el daño del cual se ha estado víctima aparentemente no guarda una relación directa con la vacunación que quiera ser probada (tuberculosis o impotencia sexual después de la vacuna antiviruela o antidiftérica; leucemia, cáncer o disminución intelectual después de cualquier vacuna…)

¿Cual es la posición del Ministerio de Salud Pública, tantas veces atacada? Siempre se niega a considerar que el mal presente es derivado de inoculaciones ocurridas años antes. Algunos de los niños afectados pasan veinte años de agonía antes de morir.

La base de la edificación de la protección es un dogma del que forman parte una serie de confusiones voluntarias, como: la asimilación de los malatos o de los muertos vacunados a los individuos no vacunados. Esta astucia es todavía más grave cuando no permite establecer la prueba de la inocuidad y de la eficacia de una vacuna, la aplicación de la cual, por este hecho, tendrá que ser extendida a toda la población. El profesor Tissot redactó un informe en este sentido. “Los hechos –añadía Tissot– han demostrado que la afirmación según la cual esta vacuna había probado su eficacia y su inocuidad era falsa; puesto que el número de casos de difteria no pararon de aumentar durante los siete primeros años de vacunaciones voluntarias, ni durante los ocho años que siguieron a su obligatoriedad”. Un estudio del doctor Robert Rendu muestra la misma sorprendente aberración en relación a la vacunación antitifoidea.

La negativa a reconocer los accidentes constituye una de las razones que permiten mantener el dogma de la inocuidad de las vacunaciones. Las autoridades francesas prefieren simplemente no establecer ninguna estadística que concierna a los accidentes.

Sorprendentemente hay una escasez de informaciones precisas sobre la cuestión de los trastornos neurológicos consecutivos a la vacunación antivarólica. Sería necesario dar directivas precisas a los médicos con el fin de que sean declarados casos de encefalitis posvacunatoria, así como toda otra complicación que interese al sistema nervioso (Médecine et Hygiene, n.º 710 p.1120)

Algunos ejemplos de alteración de la verdad: La explotación “partidista” de ciertas cifras estadísticas nos dejan sorprendidos. Por ejemplo: el 1871, hubo 116 casos de viruela, de los cuales 112 estaban vacunados y 4 no lo estaban. De estos últimos, dos sucumbieron y lo hicieron 13 de entre los vacunados. Vamos a ver como publicaron las estadísticas oficiales: muertos no vacunados: 50%; muertes vacunados: 12%

Estos porcentajes son matemáticamente exactos, pero su publicación en bruto permite creer que existe una ventaja enorme en los vacunados, con una hecatombe evidente en los no vacunados, es decir, exactamente el contrario de la realidad.

Existen otros tipos de informaciones falaces, de la intoxicación propagandística. Se conoce la historia del joven Joseph Meister, “curado” de la rabia por Pasteur: es una de estas imágenes sagradas que conmueven al público y edifican la leyenda. Pero pocos saben que Max Vone, el propietario del perro que mordió al niño, así como varias personas mordidas el mismo día por aquel animal, conservaron su buena salud, sin seguir ningún tratamiento. Lo cual significa que el perro no estaba rabioso, que Joseph Meister no corría riesgo de contraer la rabia y que si Pasteur lo vacunó, es un poco excesivo deducir de este hecho que lo curó de la rabia. El mito de la vacuna, desde Pasteur hasta nuestros días, se apoya en aproximaciones de este tipo, es decir pura y simplemente en mentiras.

No parece preocuparle a nadie que ninguna vacuna (vacuna contra la rabia) utilizada hasta ahora para el tratamiento del ser humano sea capaz de proteger experimentalmente a los animales infectados, si el tratamiento se inicia varias horas después de la infección (profesor Tadeusz Victor, coloquio de la Sociedad de Patología Infecciosa, diciembre 1974).

La psicología de las masas al servicio del mito. Actualmente los especialistas en propaganda han analizado perfectamente y saben explotar de manera sistemática las imágenes aptas para subyugar las masas: las del investigador, del sabio, del profesor son las más eficaces. El miedo es una herramienta que actúa poderosamente sobre las masas.

El médico desde que inicia sus estudios universitarios, entra en el ciclo especializado: allá entra en la impregnación de la doctrina; no solo a través de las palabras y las clases, sino todavía más a través del silencio. Silencio impuesto a todos los inconformistas y a sus doctrinas disidentes, silencio sobre el peligro de las vacunaciones, sobre la enorme literatura antivacunatoria y sobre sus observaciones… Un espíritu científico exigiría el estudio de estos aspectos diferentes de un mismo problema con el fin de hacer de ellos una síntesis o de someter las teorías a la prueba de los hechos. Si entre sus pacientes, un niño vacunado contrae la enfermedad contra la cual lo ha vacunado creerá siempre que se trata de una coincidencia. Si los casos se multiplican, reconocerá entonces, quizás, que la vacuna puede ser peligrosa; pero seguirá vacunando porque está persuadido de que, en conjunto, la vacunación constituye, a pesar de todo, un bien para la humanidad.

El mecanismo de la compulsión

En materia de vacunaciones, la compulsión no es solo el efecto de leyes que las vuelven obligatorias, ni de procedimientos excesivos por parte de algunos de sus celosos guardianes. Se trata, en primer lugar, de la agresión permanente que sufre nuestra personalidad a través de una propaganda, a veces insidiosa y ligera, otras estrepitosa y brutal, que toca hábilmente en todos los teclados psicológicos de los grandes órganos del condicionamiento.

De este modo se publicaba el 24 de octubre del 1970 un artículo la primera parte del cual se titulaba: “la campaña de la publicidad en la televisión que agotó las reservas; médicos y farmacéuticos no se ponían de acuerdo sobre la oportunidad de su aplicación”. La operación publicitaria que se realizó para promover la venta de esta vacuna superó todas las esperanzas de rentabilidad, puesto que las tres firmas que la fabricaban: Instituto Pasteur, Mérieux y laboratorios Philips-Duphar, desbordados por la demanda masiva que siguió a la campaña, fueron incapaces de suministrarla y se encontraron rápidamente en el límite de agotar las reservas… incluso, la gente empezó a comprar la vacuna al mercado negro.

Aquella campaña permitió que se pusiera de nuevo en la cabeza de la gente el concepto esencial de la vacuna salvadora. Permitió, además, afirmar que la epidemia de gran importancia que “era de tener miedo” (epidemia fantasma, como hemos visto) fue evitada gracias a la vacunación. En 24 horas el pánico se instaló, las fronteras se cerraron, algunos países corrieron el riesgo de bloqueo y de la asfixia económica. Esta campaña permitió al Instituto Pasteur que agotara su stock de vacuna anticolérica, lo cual contribuiría, sin lugar a dudas, a restablecer su equilibrio financiero.

El éxito perfecto de la campaña a favor de la vacuna antipolio del 1957-1958 es una prueba de la que se supo extraer los aprendizajes del pánico general organizado el 1955, y que llevó a vacunar inútilmente a 11 millones de personas en unas semanas. Esta campaña continuó, con intervalos “necesarios por no incomodar las opiniones”, elevando a la categoría de epidemia o de amenaza de epidemia a la aparición de cada caso de polio, sin dejar de recordar el carácter mutilante de esta enfermedad, evocando las victorias a la vacuna y jugando a la vez, con el miedo y la necesidad de protección, hasta llegar a la sanción de obligatoriedad el 1964. El ministro de Salud Pública justificaba de este modo su decreto reciente que instituía la pena de prisión para los resistentes.

La explotación publicitaria de los congresos contribuye enormemente a instalar con solidez en el público, en los médicos y en los parlamentarios, las opiniones deseadas.

El “tornillo” de la vacuna cada vez aprieta con más fuerza, sobre todo a causa de la teoría de la inmunización colectiva.

Los partidarios de la vacunación antivarólica afirmaban al inicio que protegía durante toda la vida. Ahora bien, el fracaso fue flagrante y las epidemias afectaban a los vacunados. Se discutió sobre la tipología de vacunas, pero como que continuaban los fracasos, se impuso la necesidad de revacunar. Como que los fracasos todavía persistían, todo y en las poblaciones más vacunadas, se adoptaron medidas generales de higiene, estableciendo, al mismo tiempo, la obligatoriedad de la vacuna… y se le atribuyó el éxito a esta última. De forma contraria, habría supuesto un gran desprestigio.

En 1938 – 1939 y en 1964, cuando se votaron las leyes de obligatoriedad que concernían a las vacunaciones antidiftérica, antitetánica y antipolio, los legisladores no olvidaron estipular aquello que la administración había impuesto: combinar la obligación penal prevista por cualquier delito con el “chantaje” al mundo educativo impidiendo su entrada a los no vacunados, una coacción enorme, contradictoria con el principio de la obligación escolar. Se vieron, por ejemplo, casos de criaturas excluidas de la escuela por falta de vacunación, a los padres de los cuales se les privó de su seguro social en la medida que sus hijos no asistían en la escuela.
Algunos funcionarios de Salud Pública, más respetuosos con los derechos de los ciudadanos, vacilaron a la hora de recurrir a soluciones de fuerza y a vacunar obligatoriamente a los niños,. Como resulta que si los padres pagaban la multa prevista por la ley contra los refractarios, los niños podían quedar sin vacunar, tuvieron que buscar el medio de obligar a los padres: se trataba de aplicar la ordenanza de diciembre de 1958 relativa a la protección de menores en peligro y que podía llegar a significar “la privación de la patria potestad del hijo”.

Argumentación a favor de las vacunas y su relación con la imposición

El Estado debe imponer la obligatoriedad de la vacunación pues su deber es proteger la población de manera global contra las epidemias. El único medio de prevenirlas es, “evidentemente”, vacunar a nivel global. La vacunación se impone en el momento en que se considera que es por el “bien” de todos.
Los argumentos que se plantean para justificar estas afirmaciones son los siguientes:

  1. Las vacunaciones han pasado suficientes pruebas puesto que gracias a ellas las epidemias han desaparecido.
  2. Los individuos invacunados pueden ser portadores de gérmenes y diseminar la enfermedad.
  3. Por eso, es importante mantener “una barrera de inmunidad”, la única capaz de proteger a la colectividad. Esta “protección vacunatoria” solo puede ser eficaz cuando cubre entre el 80% o el 85% de la población.

Como que el objetivo de este libhro no es convencer, sino sacar a la luz problemas reales para provocar la reflexión, importa poco alinear de nuevo una batería completa de argumentos para contradecir la principal gran afirmación según la cual las vacunaciones habrían pasado ya suficientes pruebas, puesto que las enfermedades correspondientes han desaparecido. Con lo cual hay que recordar las conclusiones que se pueden sacar del examen de las estadísticas:

  1. La amplitud de las enfermedades epidémicas había ya retrocedido en la mitad o en las tres cuartas partes antes de la intervención de las vacunaciones.
  2. Estas de ninguna forma desviaron la curva para precipitar su mejora.
  3. Los “resultados” espectaculares solo aparecieron cuando se vacunó masivamente “en marea baja”
  4. Ninguna vacunación masiva ha podido parar o impedir una recrudescencia de la tasa epidemiológica cuando la vacunación se efectuó en “marea alta”.

Con lo cual se vuelve a confirmar la anterior conclusión: es la elevación del nivel de vida lo que protege y no la vacunación.

Estar convencidos de la eficacia de las vacunaciones, no es una razón para imponerlas. Si son eficaces, no hace falta preocuparse por nada, pero nosotros juzgamos que son peligrosas.

  • De ninguna forma, replican los partidarios de la vacuna. ¡El contagio existe! Si ustedes no están inmunizados pueden contraer la enfermedad y entonces nosotros corremos el riesgo de contaminarnos. Por la seguridad de todos, nadie tendría que poder sustraerse a la vacunación.

  • Si ustedes temen a la enfermedad, al mismo tiempo que pretenden estar inmunizados contra ella, confiesen entonces que reconocen la ineficacia de las vacunas. ¿Ustedes, afirman, en suma, que las vacunas protegen cuando no hay peligro, pero que son inoperantes en caso de amenaza de epidemia o cuando se está en contacto con algún enfermo?

Y ahora en el 2020

Diciembre de 2020, a lo largo del arresto domiciliario iniciado el 13 de marzo del 2019, medidas de “seguridad” se nos imponen: uso de la mascarilla de forma obligatoria para salir a la calle, el uso de hielo hidroalcohólico de forma constante en nuestra vida, el arresto en el municipio a lo largo del fin de semana, el toque de queda de las 10 de la noche a las 6 de la madrugada diario… En fin la normalización de un montón de elementos en nuestras vidas con la supuesta finalidad de hacer bajar las cifras de contagio de la epidemia.

Unos alumnos que tienen que ir a la escuela, un espacio que tendría que ser de aprendizaje y crecimiento del ser, donde tienen que pasar una parte importante de su día sin poderse relacionar con plena libertad y creando barreras de socialización con todos los elementos usados como “seguridad”. Los alumnos que deciden no hacer uso de estos elementos obligatorios salen a los medios, así la sociedad los apunta a ellos y a sus familias, y como elementos disruptivos, en consecuencia al no querer obedecer los aíslan en su domicilio, pudiendo hacer, eso sí, unas clases online.

Campañas publicitarias que ayudan a sembrar el miedo, como: “Cap Fred” que ofrece cada día, la televisión pública de Cataluña, en la cual pretende instruirnos en nuestros actos y no mostrar afecto físico y menos ningún contacto en estos momentos.

La carrera por una vacuna del coronavirus eficaz, efectiva y eficiente llega este invierno con cuatro laboratorios (Moderna, Pfizer, AstraZeneca y Janssen) solicitando autorizaciones de emergencia y dos tecnologías nunca probadas en humanos, que podrían cambiar la historia de las vacunas.
Ahora nos dicen que ya tienen el plan para este inicio de año, y parece ser que para todo el próximo.

Parece que ahora en el 2020 no estamos tan lejos de las reflexiones que Fernand Delaure con su libro (*) nos ha expuesto.

Que no nos dominen con el miedo y no nos instruyan con nuestra salud.

(*) Fernand Delarue, Salud e Infección, Editorial Nueva Imagen, México, 1980

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