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¿Tienen uñas las hormigas? (y II)

N.B.

El dadaísta título de arriba -como el de mi anterior entrega: «¿Tienen sed los peces?»– pretende hacer vislumbrar lo bizantino de pueriles discusiones del llamado, entonces, cada vez menos desde que ETA abandonó la lucha armada, «problema vasco» cuando, en realidad, lo que hay, a juzgar por la copiosa prosa que a continuación voy a enumerar, es un «problema español». Se habla de España, decía yo, no ya como tema, sino como género, casi un estilo, un relato.

Veamos, pues, una corta relación de la producción libresca escrita y pergeñada por ortodoxos y heterodoxos en distintas épocas e inspirada en qué cosa sea eso que llaman «España» y que parece cogida con imperdibles y casi por los pelos. Muchos nombres ya no dicen nada, o casi nada, y otros sí, pero todos estaban animados por la misma inquietud, otrosí, las Españas. Del iniciático Campillo y Cosío, ministro liberal del siglo XVIII con Felipe V, tenemos el kilométrico «Lo que hay de más y de menos en España para que sea lo que debe ser y no lo que es» (1741) y «España despierta» del mismo año. Damos un brinco cronológico y nos topamos con Federico Jiménez Losantos, aquejado estos días de un virus estomacal o no se  sabe qué, y su exitoso best-seller en 1979 «Lo que queda de España», significativo título. De Lucas Mallada, el célebre «Los males de la patria». Picavea le dio vueltas al asunto en «El problema nacional». Ortega (y Gasset) piensa que España se tibetaniza en «España invertebrada»; piensa que España se desconcha (lo de las autonomías no es de hoy; ya, por ejemplo, se le otorgó a Puerto Rico cuando todavía era colonia española y antes de ser Estado Asociado de los USA). Claudio Sánchez Albornoz, aquel que dijo que España empieza, no en los Pirineos, sino en el País Vasco, escribe en su famosa polémica con Américo Castro y su «La realidad histórica de España», escribe, digo, «España, un enigma histórico». La orteguiana y malagueña María Zambrano redacta «España, sueño y verdad». Ya después de la guerra civil, el médico Pedro Laín Entralgo escribe «España como problema» (punto de vista falangista). Rafael Calvo Serer, en respuesta, pergeña «España sin problemas» (punto de vista opusdeísta). El indocumentado y pelín pirao Ángel Ganivet (a quien Azaña pusiera en su sitio), «Idearium español». Fernando Sánchez Dragó, que ya suena más, se forra con su delirante y desopilante «Gárgoris y Habidis, una historia mágica de España» (1979). José Luis L. Aranguren, «Memorias y esperanzas españolas». Jovellanos, ilustrado del siglo XVIII, redacta «Informe sobre la ley agraria» (y, después, también el regeneracionista Joaquín Costa ya en el siglo XIX, principios). Feijoo, en el XVIII, «Teatro Crítico Universal». El integrista Marcelino Menéndez Pelayo, «Historia de los heterodoxos españoles» con aquella España «martillo de herejes y centinela de Occidente» que tan bien le vino a la intelligentsia franquista. Estos «heterodoxos» serían extraespañoles a fuer de españolísimos de fuero interno pero desaforados; los afrancesados, por ejemplo. Mayans tiene «Orígenes de la lengua española» y, termino, Juan Pablo Forner (quien escribiera en 1792 «Discurso sobre la perplejidad de la tortura», en plena decadencia de esta ominosa práctica, y se entendía que había que erradicarla, o sea, igual que ahora, hay que joderse. . . ), «Exequias de la lengua española». Hay más, pero es suficiente. En lenguaje de hoy, se podría decir que son gente de «derechas» quienes escriben sobre «Espain».


La lista es heteróclita y no todos los autores coinciden ni en la época ni en pensamiento ni en intenciones. Hay quien hace alharacas y se siente alharaquiento. También bordes de pórfido y quien, a falta de charol, se la menea pero medra, que de eso se trata (hay «escuela vasca» en este menester). No faltan esforzados costaleros ni, ay, sobran gentes sinceras, preocupadas, afrancesadas o no, alumbrados o arbitristas, hasta que apareció la casta inconsútil de los rastacueros parvenus facedores de «bucles melancólicos» (Jon Juaristi) y su «ècole juaristiano» con sus mediocres epígonos.

Como decía el poeta, ¿hay «dos Españas»? De momento, como decía Alfonso Sastre, «España son ellos». Los de siempre, los puros, los castos, los putos amos de la barraca y la Banca.

Escenas montañesas. Fascistas santanderinos en Montejurra 76

Los sucesos de Montejurra en 1976, también conocidos como
“Operación Reconquista”, continúan siendo históricamente el mayor y mejor
ejemplo de íntima colaboración entre organizaciones fascistas extranjeras
(croatas, argentinos, italianos…), las fuerzas represivas españolas y los
variados grupos de ultraderecha “civiles”, poniendo en práctica un plan
diseñado cuidadosamente y que coordinaba a efectivos de diversa orientación
política  bajo la dirección superior de
militares españoles y de los servicios de inteligencia del Estado. Tal vez haya
que esperar unos meses, hasta los asesinatos de la calle Atocha en enero de
1977, para encontrar de nuevo en su criminal acción  la estrecha colaboración de fascistas
italianos y de la policía española, incluyendo 
el uso y cesión de armamento y las labores logísticas de cobertura. Si
la existencia de una Internacional Fascista era un recurso periodístico mas
bien confuso, lo cierto es que los fascistas presentes tenían procedencia
internacional, en su mayoría perseguidos y exiliados, residentes en España bajo
la protección y el paraguas de los servicios de inteligencia de la reciente y
democrática monarquía.
Pero la participación española fue naturalmente la más
abundante. Y en proporción, Santander tuvo elevada participación en aquella
enorme y criminal provocación  montada
por los aparatos del Estado a mayor gloria del Borbón. Y no sólo porque una de
las víctimas, Aniano Gimenéz, militante de la HOAC y residente en el barrio de San Román de la Llanilla, fuera
santanderino. La vecindad de Santander con Euskadi y su carácter de base de
descanso para los grupos fascistas que actuaban en territorio vasco  explican la numerosa asistencia de fascistas
encuadrados dentro de la “Operación Reconquista.
La concentración fascista en Montejurra, organizada por el
Gobierno a fin de que la habitual concentración carlista (con sus tendencias
izquierdizantes y democráticas) no supusiera un peligro para la débil y
reinstaurada monarquía juancarlista, reunió a elementos de diversas provincias.
Sin embargo, como dice “El libro negro de
Montejurra
”, (obra de donde se han extraído las guías fundamentales de
estas líneas)”…el grupo mas compacto, mas
organizado y de agresividad demostrada se encontraba en Santander…”.
El “Libro Negro…” atribuye a un nazi ya
fallecido, Juan Luis Pacheco Pérez (y no “José
Luis
”, como le denomina el libro), ex -divisionario azul, ex – legionario
honorífico, que residía en el número 36 de la calle San Fernando, la jefatura,
tal vez simbólica por su edad, de este compacto grupo, del que formaría también
parte otro Pacheco mas joven, su hijo Luis. Los tres autobuses de aguerridos
matones de salón y Club Marítimo fueron contratados en  Viajes Incavisa, extremo que el que escribe
estas líneas conoció de fuentes directas, siendo esa contratación realizada sin
mucho disimulo de las bélicas intenciones 
de los excursionistas.
Las armas se reparten el día anterior, sábado 8 de mayo de
1976, en plena Plaza Porticada, lugar que hasta no hace mucho reunía, junto a
otras instituciones administrativas, las sedes de la policía, del Gobierno
Civil y  del Gobierno Militar, por lo que
no dejaba de ser un lugar simbólico. El “Libro Negro de Montejurra” achaca (sin
dar mas datos)  a este grupo
santanderino, junto a los inevitables guardias civiles y policías de paisano,
muchos de los abundantes atentados, agresiones 
y ataques nocturnos que durante el verano de 1976 se dieron en Euskadi,
cuyas calles se llenaban todos los días de mareas  humanas pidiendo amnistía y enfrentándose a
las fuerzas represivas. Si que da datos de algunos de los participantes en el
grupo juvenil del fanático Pacheco, al que pertenecía por ejemplo el “destacado integrante” Javier Cabrero
Abascal y su hermano José Antonio, a los que fijaba su residencia en la Calle Castelar, 15, zona
“nacional” por excelencia de Santander. Estos dos elementos, hijos de un
profesor de Matemáticas  al que
recordarán para bien muchos antiguos alumnos, fueron acusados por el Partido
Carlista de formar parte de las bandas parapoliciales (mas ‘policiales’ que
‘para’) que durante días enteros asolaron las calles de San Sebastián, con
posterioridad a la muerte del fascista presidente de la Diputación de Guipúzcoa,
Juan María Araluce (también presente en Montejurra), en octubre de 1976. Años
después, alguno de los dos hermanos tuvo intereses hosteleros en algún bar del
centro de la ciudad, no lejos de la plaza de Cañadío, y también se les  puede ver participando y organizando  rancias procesiones religiosas. Participación  que, curiosamente, y saliéndonos del guión, era
también un “entretenimiento” de otro elemento fascista santanderino, el
empresario Miguel Ángel Fuentes, que hace veinticinco años fue encontrado en un
apartado lugar de Colombia con las manos atadas a la espalda con alambre y
varios tiros. Tal vez no eran las procesiones su único entretenimiento. Antonio
regenta en la actualidad un establecimiento en Santillana del Mar. Curiosamente,
y para que no falte nadie, la familia Cabrero está relacionada por matrimonio
con la familia del ex presidente Aznar, y también con algún descendiente del
escritor costumbrista José María de Pereda.
La comitiva de Sixto de Borbón. De izquierda a
derecha, Narciso Cermeño; Ignacio Fernández Guaza, colaborador policial, quien
el 23 enero de 1977 asesinaría a Arturo Ruiz en Madrid; enarbolando un mástil
de bandera, el santanderino Javier Cabrero; Sixto de Borbón con boina y
gabardina cruzada blanca; el personaje con traje oscuro y gafas era conserje
del madrileño Hotel Wellington, y encargado de seguridad de Fuerza Nueva; y,
finalmente, José Luis Marin García-Verde, con gabardina blanca y boina, el
asesino de Ricardo García Pellejero y Aniano Giménez Santos.
En el informe que los carlistas redactaron sobre los sucesos
señalan a otros individuos como miembros del santanderino grupo armado fascista,
tales como José María Mazarrasa, alias “Toñón”,
nieto de los condes de las Forjas de Buelna; el conocido Marcos Ruiloba, chulo
de guateque, omnipresente en todo sarao fascista que se preciara; un tal Manuel
López del Río, y  el veterano pediatra
Celestino Ortiz Pérez, que se dedicaba a tomar los pulsos (y esto no es broma)
durante los éxtasis de las videntes de la virgen en el pueblito de Garabandal,
allá por 1962. También es nombrado un tal Arruza Pajares, que reside ó residía
en Santander en la calle Reina Victoria. La lista de nombres y apellidos podría
alargarse notablemente, políticos y empresarios hosteleros incluidos. Pero la
falta de pruebas nos obliga a repetir únicamente lo que se demostró. Hay que
tener en cuenta que hablamos de una plaza en la que el ex alcalde del Partido
Popular entre 1995 y 2007, Gonzalo Piñeiro y García-Lago, presumía en su
juventud de formar parte de los valientes grupos agresores. Como los años
pasan, dicen las malas lenguas que durante estos últimos años practicaba
aquellas artes marciales con su mujer, viva imagen de la resignación.
A la tropa santanderina en la que formaban estos bizarros
elementos se le encargó ocupar la llamada explanada de Iratxe, conjuntamente
con varias compañías de la Guardia Civil,
según el “plan de guerra” concebido por el trío dirigente de la Operación Reconquista:
el ministro de Gobernación, Manuel Fraga Iribarne, el director general de la Guardia Civil, ex requeté, ex
divisionario azul, el teniente general nazi Ángel Campano López (quien sería
hasta su pase a la reserva en 1981 capitán general en Valladolid y Zaragoza) y
el “aspirante” a dirigente carlista, el ultraderechista Sixto Enrique de
Borbón, la cabeza visible de aquel engendro operativo montado a mayor gloria de
la monarquía fascista de Juan Carlos de Borbón y Borbón. 
Pero la alegría bélica deja paso a la prudencia, aun cuando
se esté respaldado por una ametralladora que el día anterior había sido montada
en la cumbre del monte con ayuda de la Guardia
Civil
, el mismo cuerpo que el día anterior  había supervisado la descarga de armas para
pertrechar a las fuerzas fascistas, con testigos que no dieron mas importancia
al hecho precisamente por la presencia de los picoletos.  A eso de las 10 de la mañana del 9 de mayo de
1976 una masa de mas de 15.000 personas comienza la ascensión a la cumbre,
defendida por una cohorte de Guerrilleros de Cristo Rey, militares,
legionarios, italianos de Ordine Nuovo, ustachis croatas, miembros de los
servicio de orden de Fuerza Nueva, oligarcas como los Oriol Urquijo, y una
abigarrada tropa de dementes y terroristas. Y la multitud que subía no tenía
intención de parar. El grupo de Santander dirigido por Juan Luis Pacheco, que,
como se ha indicado tenía la misión de controlar la campa de la base, debió de
considerar una prudente salida de escena,a la vista del gentío. Tanto desfile
vitoreando a la Guardia Civil
para nada. Efectivamente tal vez las fuerzas se les fueron en esos vítores.
Las órdenes que reciben desde la cumbre los chicos de Fuerza
Nueva madrileños de “atacar por la espalda” a la multitud son también
pospuestas para un análisis mas detenido. Los niños del Opus Dei, cuando
empiezan a ver la sangre, consideran que aquello no va con ellos y también
inician una retirada táctica. En esas discusiones y encontronazos, en el camino
a la cumbre, son asesinados Ricardo Garcia y Aniano Jiménez, a manos del
comandante retirado y falangista José Luis Marín García-Verde, que se hizo
famoso como “el hombre de la gabardina
blanca
”, tal como fue fotografiado durante los hechos. La total pasividad
de la Guardia Civil
ante las agresiones quedó como testimonio gráfico de cuales eran sus órdenes.
La “Operación Reconquista” fue un fracaso para sus
organizadores, si bien la envergadura del armamento proporcionado por el
Estado  bajo la supervisión de  la Guardia
Civil
a los asesinos podría haber causado una auténtica
masacre, dada la masa de gente en el lugar y la catadura de quien recibió las
armas. Antonio María de Oriol y Urquijo, presidente del Consejo de Estado,
igualmente participante en la organización de los hechos,  abandona rápidamente el escenario. Siete meses
después sería secuestrado por un comando de los GRAPO, como contrapartida de
exigencia de libertad para los presos políticos.
Poco dirán a las generaciones más jóvenes  aquellas polémicas entre diversas ramas del
carlismo. Poco significa ya un movimiento decimonónico de resistencia a la industrialización,  desde una perspectiva reaccionaria e
integrista. Su rama progresista, nacida al calor de las luchas contra el
franquismo, irá desapareciendo con los años. Sobre los sucesos de Montejurra se
vertió el típico manto de silencio y ocultamiento, procediendo como siempre a
la criminalización y persecución judicial de periodistas (como Ricardo Cid
Cañaveral) e investigadores gracias a los cuales se puso en claro la trama
auténtica, que fue presentada cínicamente  por Manuel Fraga Iribarne como “una pelea
entre hermanos”. Otros indeseables lanzaron la habitual desinformación,
clasificado a Montejurra76 como “una operación contra la democracia”, cuando lo
que estaba claro es que era una operación para afianzar la esencia del régimen,
ante el peligro potencial que para la figura del  pelele entronizado suponía una querella
dinástica. 

El gobierno del PP extiende la ley antiterrorista a toda la población

El Ministerio del Interior podrá intervenir las comunicaciones en la investigación de los delitos de especial gravedad, sin pedir autorización previa del juez, como es necesario en la actualidad en casi todos los delitos excepto en los de terrorismo.

La novedad represiva figura en el capítulo de la interceptación de las comunicaciones telefónicas, telemáticas y de correspondencia escrita y telegráfica que contempla el anteproyecto de ley orgánica de modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que ha aprobado el gobierno.

El gobierno quiere que el ministro del Interior e incluso el secretario de Estado de Seguridad, puedan acordar «la medida de investigación pertinente» consistente en la intervención, siendo suficiente que se lo comuniquen luego al juez dentro del plazo máximo de 24 horas.

En la comunicación el ministro o el secretario de Estado deben hacer constar «las razones que justificaron la adopción de la medida, la actuación realizada, la forma en que se ha efectuado y su resultado», según el artículo 588 bis d 4 del anteproyecto elaborado por el Ministerio de Justicia en el caso de las comunicaciones telefónicas y telemáticas.

La previsión es que el ministro de Interior pueda ordenar interceptar este tipo de comunicaciones «cuando las investigaciones se realicen para la averiguación de delitos cometidos en el seno de organizaciones criminales, delitos de terrorismo, delitos contra menores o personas con capacidad modificada judicialmente u otros delitos que, en virtud de las circunstancias del caso, puedan ser considerados de especial gravedad, y existan razones fundadas que hagan imprescindible la intervención».

En todo caso, el juez competente tendrá que resolver si revoca o confirma tal actuación en un plazo máximo de 72 horas desde que fue ordenada la medida.

Además de las intervenciones telefónicas y telemáticas, el ministro del Interior podrá también acordar la detención y apertura de la correspondencia escrita y telegráfica sin autorización previa de ningún juez.

El anteproyecto establece que la intervención de las comunicaciones esté siempre relacionada con la investigación de delitos concretos y prohíbe las «intervenciones prospectivas sobre la conducta de una persona o grupo», es decir, prohíbe el control indiscriminado de las comunicaciones, que es una tarea propia los servicios secretos.

Pero esa limitación es falaz porque de antemano la policía no puede saber ni tiene competencia para decidir si una conducta es delito o no. Por consiguiente, no existe ningún límite.

La reforma también contempla que los «terminales o sistemas de comunicación» que sean objeto de intervención «han de ser aquellos ocasional o habitualmente utilizados» por la persona investigada, por lo que con la excusa de la investigación de una persona la policía puede intevenir el teléfono de otra distinta, argumentando que suele utilizar su teléfono «ocasionalmente».

Precisamente ahora que ya no hay terrorismo la legislación antiterrorista se extiende a toda clase de personas que, si el anteproyecto finalmente se aprueba, verán anulados otro de sus derechos fundamentales. Antiguamente se justificaban ese tipo de medidas represivas por la gravedad de los delitos, de los que el terrorismo siempre fue el prototipo. Ahora ya no tienen ninguna clase de excusas para seguir con la represión y no solamente la misma no remite sino que aumenta.

En Ucrania algunos perros de la guerra son islamistas

Según informa la agencia de prensa rusa Regnum, Samantha Lewthwaite, también conocida como «La Viuda Blanca», buscada desde el año pasado por la Interpol, resultó muerta a finales de octubre como consecuencia de los disparos de un francotirador ruso cerca de la frontera de Ucrania con las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk.

«La Viuda Blanca» combatía como fracotiradora en las filas del batallón Aidar, en apoyo al gobierno fascista de Kiev y fue muerta por un disparo certero de otro francotirador ruso que combate en defensa de las Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk.

Lewthwaite era de origen inglés: había nacido hace 30 años en Irlanda del norte. Era hija de un soldado británico y creció en las afueras de Londres, convirtiéndose al Islam con 17 años. En 2002 cursó estudios religiosos en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres y unos meses después se casó con el terrorista Lindsay Germaine, de origen jamaicano. En 2004 nació su primer hijo.

Su marido fue uno de los cuatro autores del atentado suicida con bomba contra el metro de Londres en 2005 en el que 56 personas fueron asesinadas. En ese momento la joven estaba embarazada y dio a luz a su segundo hijo poco después.

Tras la muerte de su marido, se incorporó a la rama somalí de Al-Qaeda, llamada Shebab. La Interpol le buscaba por su participación en el ataque terrorista el año pasado contra el centro comercial Westgate de Nairobi (Kenia), donde murieron 67 personas. Estados Unidos había ofrecido una recompensa de 5 millones de dólares por cualquier información sobre su paradero. Recientemente, algunos medios habían informado de que se encontraba combatiendo en Siria contra el gobierno de Damasco.

Al mismo tiempo que Lewthwaite caía abatida, la policía rusa detenía a la banda GTA, un nombre que utilizan los medios de comunicación rusos para referirse a una asociación de criminales. Uno de sus integrantes murió en un tiroteo y otros diez fueron detenidos en una urbanización cerca de Moscú.

La banda sembraba de clavos las carreteras cercanas a Moscú y mataban a los ocupantes de los vehículos cuando se detenían para cambiar las ruedas. Unas 20 personas murieron de esa manera. Según fuentes de la policía moscovita, los miembros de la banda eran originarios de Asia central y pertenecían a los movimientos wahabitas radicales.

La policía de la capital rusa sostiene que ese tipo de crímenes servían de entrenamiento antes de enviar a los miembros de la banda a cometer atentados terroristas en Irak y Siria.

El analista polaco Mateusz Piskorski, fundador del Centro de Análisis Geopolíticos, confirma las afirmaciones de la policía rusa y, además, sostiene que ese tipo de bandas criminales y terroristas están organizadas por Estados Unidos y sus aliados (*). Cometen numerosos asesinatos, atentados suicidas, secuestros y ejecuciones de oponentes políticos, principalmente en Oriente Medio y Ucrania.

Según Piskorski es razonable comparar las actividades de Pravy Sektor y las fuerzas de policía que sostienen al gobierno de Kiev con las del Califato Islámico y otras organizaciones que operan en Oriente Medio. Tanto sus objetivos como sus métodos son muy similares, y a veces los combatientes son los mismos.

Mercenarios de todas las regiones del mundo combaten junto al ejército de Kiev, tanto originarios de Europa occidental como de países musulmanes o de las provincias del este de China.

«Alguien podría pensar que se trata de una alianza exótica, pero está claro que denominador común es el poder central, que es la parte contratante y organizadora de las acciones. Es evidente que las mismas organizaciones y Estados influyentes están detrás del incendia que asola Oriente Medio y Ucrania».

En Ucrania es muy activa una empresa militar privada, llamada «Private Military Corporations». Como «Academy», para la que trabajan los mercenarios polacos. Su soldada ronda los 500 dólares. En países muy diferentes es una paga muy atractiva para los «perros de la guerra». El problema de los mercenarios polacos -dice Piskorski- es que son soldados de élite de las fuerzas especiales, por lo que han debido de obtener previamente permiso del Estado Mayor del ejército de su país.

Estas informaciones priueban que las fuerzas polacas están implicadas directamente en la guerra de Ucrania, en la que se han producido graves crímenes contra la humanidad. En el futuro Polonia se puede ver involucrada en esos crímenes, entre otras razones porque organizaciones fascisrtas como Pravy Sektor aparecieron en Polonia por vez primera.

Hay numerosas pruebas que demuestran que las personas asociadas a Pravy Sektor ya estaban presentes en los distritos de la provincia de Podkarpacie, en Polonia, donde llevaron a cabo varios operativos. «En Polonia a ninguno de nosotros nos gustaría tener que lidiar con grupos de este tipo», añade Piskorski. «Son grupos que han recurrido a la violencia, y no hay que descartar que un día ejerciten este tipo de violencia en el territorio de Polonia».


(*) Islamist Dogs of War in Ukraine, 2 de diciembre, http://journal-neo.org/2014/12/02/islamist-dogs-of-war-in-ukraine/

El Califato Islámico es otra criatura de la CIA

En una declaración oficial el jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, Massud Jazayeri, confirmó ayer con documentos en su poder que el Califato Islámico fue creado por la CIA.

«Aunque Washington pretende combatir al Daesh [Califato Islámico en árabe], tenemos documentos que prueban que este grupo es un producto de la CIA», dijo el general iraní.

Según el oficial, el hecho de que desde un principio las Fuerzas Armadas de Estados Unidos hayan suministrado armas y municiones al Califato Islámico, demuestra la naturaleza falaz de las declaraciones de Obama sobre su lucha contra el terrorismo takfirista.

Por el contrario, Irán hace todo lo posible por aportar su ayuda al pueblo irakí por un deber humanitario e islámico para erradicar el terrorismo en el país vecino, dijo el general Jazayeri en una entrevista emitida por la cadena de televisión iraní Al-Alam, que emite en árabe.

Jazayeri recordó que Irán rechazó formar parte de la coalición internacional dirigida por Estados Unidos. «Irán estima que al golpear exclusivamente desde el aire, la coalición, además de ineficaz, sirve a los objetivos occidentales, que consisten en derrocar al poder en Siria», dijo.

Al principio el Emirato Islámico actuaba en Siria principalmente, donde combatían a las tropas gubernamentales. Después esta organización takfirista se activó en Irak, apoderándose de importantes territorios, de los que actualmente ha perdido la mitad gracias al ejército irakí y a las fuerzas populares.

Desde agosto, Estados Unidos y sus aliados de la coalición bombardean las posiciones takfiristas en Irak, que el 23 de setiembre extendieron a Siria.

Los eufemismos no abandonan Afganistán

El pasado 30 de septiembre el nuevo presidente afgano, Ashraf Qani Ahmadzai, firmó un «acuerdo» con Washington y la OTAN para prolongar la ocupación militar con casi 10.000 soldados estadounidenses a partir de año que viene. Lo de calificarlo como un «acuerdo» es un eufemismo para referirse a una nueva imposición por parte del imperialismo contra Afganistán.

Donde dije digo… El «acuerdo» contraviene otro «acuerdo» alcanzado en 2010 durante la cumbre de la OTAN de Lisboa para traspasar la seguridad de Afganistán a las fuerzas locales, proceso que debía concluir este año.

En virtud del nuevo «acuerdo» entre el gobierno del Afganistán y Estados Unidos, los imperialistas podrán mantener una parte de sus tropas en Afganistán durante otros dos años más «como máximo», que seguramente será otro eufemismo con el que Obama quiere decir que se irán cuando les de la gana.

El 22 de noviembre pasado el New York Times era un poco más explícito. Hablaba de un «decreto confidencial» firmado Obama que amplía la presencia de las tropas imperialistas en Afganistán. El decreto autoriza a las unidades estadounidenses a organizar operaciones «contra el movimiento talibán y otros grupos armados que representan una amenaza para las tropas de EEUU o el Gobierno de Afganistán». También permite el uso de la aviación estadounidense -cazas y drones- en los operativos de las fuerzas de seguridad afganas.

Según el New York Times, la decisión de ampliar la misión fue «fruto de largos y acalorados debates que agudizaron las discrepancias» internas entre los partidarios de retirar las tropas para no poner en riesgo las vidas de los soldados y el Pentágono que exigía que las tropas estadounidenses finalizaran su misión.

También hay que escuchar lo que dicen fuera de Washington. Ayer representantes de más de 60 países se reunieron en Londres para abordar la situación del país asiático, la sociedad civil, la corrupción y las reformas políticas, entre otros, en una gestión de apoyo “al primer traspaso de poderes democrático de la historia” de Afganistán.

Más eufemismos: ¿traspaso de «poderes»?, ¿«democrático»?

Al término de la Conferencia el nuevo presidente afgano se flageló la espalda diciendo que “somos nosotros los responsables” de lo que ocurre en el país”, lo cual es sorpredente para un país que padece una ocupación militar desde hace 35 años. “En nuestra larga historia, los afganos sólo hemos necesitado apoyo militar directo en los últimos 30 años. Esperamos no necesitarlo nunca más”.

¿Sólo? ¿Le parecen pocos 30 años a Qani?

Lo que nadie quiere reconocer en público es que, además de tropas, el nuevo «acuerdo» autoriza a Estados Unidos a mantener y reforzar las 200 bases militares actualmente existentes y crear otras nuevas.

Tampoco nadie quiere reconocer en público que el «acuerdo» autoriza a las fuerzas especiales estadounidenses a irrumpir en los domicilios privados de la población afgana, una claúsula a la que -por cierto- se opuso Karzani.

El «acuerdo» tampoco menciona la presencia de empresas privadas de seguridad, es decir, de mercenarios cuyo número, posiblemente, no esté contabilizado en el «acuerdo».

Tampoco es posible saber si con la salida de las tropas, Obama se va a llevar las plantaciones de opio para cosecharlas en el jardín de la Casa Blanca o si las dejará tal cual están para seguir financiando la ocupación con la venta de heroína por todo el mundo.

Eso sí: a finales de año los telediarios del mundo entero mostrarán «urbi et orbi» las imágenes de las «ultimas tropas» estadounidenses abandonando sus bases en Afganistán. No se lo pierdan.

Cómo funciona la cadena de mando del imperialismo

En marzo de este año la Fiscalía de la Audiencia Nacional abrió diligencias penales contra el diario El País y el periodista Ignacio Cembrero, antiguo corresponsal del periódico en el Magreb, tras la presentación de una denuncia penal por el Primer Ministro marroquí el 20 de diciembre del año pasado. El gobierno marroquí acusó al diario español de enaltecimiento del terrorismo en relación a una entrada de Cembrero en su blog, albergado en la página web de El País, en septiembre de 2013. La entrada de blog contenía un enlace a un vídeo publicado en internet por la rama magrebí de Al-Qaeda.

Las imputaciones contra el diario español se llevaron a cabo en vísperas de la primera visita oficial de John Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos a Marruecos, un importante aliado del imperialismo en el norte de África. La historia que vamos a contar demuestra, pues, que las presiones contra la libertad de expresión siguen esta línea:

Estados Unidos + Marruecos > España > Fiscalía > Audiencia Nacional > periódico > periodista

Marruecos ya anunció su intención de denunciar a El País el 17 de septiembre de 2013, el mismo día que Alí Anouzla, director de la edición en árabe del portal digital de noticias Lakome, fue detenido en relación con el mismo caso. Un artículo de Lakome que trataba sobre el terrorismo y la corrupción en Marruecos hacía mención al vídeo y contenía un enlace a la entrada de Cembrero en su blog, titulado Orilla Sur. El blog, a su vez, contenía un enlace al vídeo, subido a YouTube con el título «Marruecos: reino de la corrupción y el despotismo».

El vídeo, de 41 minutos de duración, fue objeto de múltiples menciones en los medios marroquíes. Muestra a un dirigente de Al-Qaeda en el Magreb, Abdelamalek Drukdal, aconsejando a unos jóvenes marroquíes que se unieran a su grupo en lugar de «emigrar a España en patera». El gobierno de Marruecos lo considera como el primer vídeo de Al-Qaeda dirigido a la sociedad marroquí.

Llegó la cascada de censuras. El mismo día de la denuncia, El País retiró el enlace de su sitio web el 17 de septiembre. Posteriormente, el vídeo también fue retirado de YouTube, a petición de Marruecos. YouTube declaró que había retirado el enlace porque incumplía su normativa sobre la violencia.

A pesar de la censura, el gobierno de Marruecos no se queda a gusto y denuncia tanto a los periodistas como a las publicaciones donde trabajan. Tras la denuncia de Marruecos la Fiscalía se puso en conctacto con El País para solicitar información sobre dicho enlace. Pedro Zuazua, director de comunicación de El País, dijo que «es obvio que El País no ha ayudado a Al Qaeda y que no teníamos ningún tipo de fines propagandísticos. Nos hemos limitado a transmitir información veraz con y de interés público».

Como toda agresión a la libertad de expresión, además de su carácter represivo, es discriminatoria, es decir, arbitraria, dice el corresponsal: «El vídeo atribuido a Al-Qaeda en el Magreb Islámico permaneció enlazado en varios sitios web, entre ellos muchos portales en inglés especializados en terrorismo, y Marruecos no ha iniciado ningún proceso judicial contra ellos».

En efecto, la edición en francés de Lakome publicó un artículo el mismo día que la edición en árabe e incluyó un enlace directo al vídeo de YouTube. El sitio web en francés es dirigido por Aboubakr Jamai, periodista residente en Alemania que recibió un Premio Internacional a la Libertad de Prensa en 2003. Jamai no ha sido objeto de ninguna denuncia penal ni de hostigamiento en relación con su artículo.

Jamai calificó la decisión de la Fiscalía  de la Audiencia Nacional como «problemática ya que se trata de una decisión ad hoc, pues en España se han publicado innumerables vídeos de Al-Qaeda sin que el gobierno español jamás haya abierto un proceso penal». Los ataques a la libertad de expresión siempre son así: se dirigen contra unos y no contra otros, es decir, siempre van contra los mismos. Otros disfrutan de patente de corso.

A la voracidad persecutoria de la Fiscalía de la Audiencia Nacional le sigue los pasos el propio periódico, que en lugar de asumir la defensa de la información y del informador, se convierte a su vez en censor: el 5 de febrero El País destituye a su corresponsal, que deja de trabajar en la cobertura informativa del Magreb y lo reubica en el suplemento dominical: «No lo puedo demostrar, pero no tengo ninguna duda de que la decisión del periódico de reubicarme está vinculada directamente a la denuncia de Marruecos», manifestó el periodista represaliado.

Marruecos puso en libertad bajo fianza al periodista Anouzla el 25 de octubre del año pasado, a raíz de un llamamiento en favor de su excarcelación por parte de organizaciones de defensa de la libertad de prensa. Pero siguió procesado por el delito de «defender acciones que equivalen a delitos de terrorismo» y «proporcionar asistencia a responsables o cómplices de actos de terrorismo», según la Fiscalía marroquí.

Lo mismo que en los países más caciquiles del mundo, en España el terrorismo tapa todos los agujeros; sirve para cualquier cosa, incluida la censura de la prensa. Lo peor es que, además, la censura empieza por arriba (gobierno) y acaba en cualquier periodicucho de mala muerte, como es El País, pasando por toda clase de siniestras oficinas jurídicas, togas y picapleitos.

Por fin, no perdamos de vista la manera rastrera en que España se somete dócilmente a la cadena de mando del imperialismo, incluso aunque las instrucciones procedan de un país tan subalterno como Marruecos. Tan increíble como cierto.

Termómetro de la libertad de expresión:
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¿Tienen sed los peces? (1)

Nicolás Bianchi

Cuando Aznar metió a España de hoz y coz en la guerra de Irak en 2003 -la famosa foto de «las Azores» con Bush y Blair-, una guerra que ni le iba ni le venía al pueblo español, lo hizo -dijo- «para sacar a España del rincón de la Historia» en que, por lo visto, estaba fané y descangallada desde el desastre de Cuba y Filipinas (y Puerto Rico y las islas Guam, que estas nunca salen). Ya era hora de ser alguien en el concierto de las naciones, como se decía antiguamente en el Derecho Internacional (hoy pura fosfatina).

«España» -y no nos mueve ningún impulso atrabiliario o interés nacionalista pequeñoburgués, y nacimos en una nación sin Estado- no existe, es solo una locución nominalista, un semantema, un signo arbitrario con un sentido difuso. El historiador Américo Castro dejó escrito que los moradores de las tierras peninsulares «eran gallegos (y también lusitanos como peninsulares son los portugueses, N.B.), leoneses, castellanos, navarros, aragoneses o catalanes». Añade que el nombre «español» que los unificó a todos se originó en Provenza por motivos comerciales o por cualquier otra razón de carácter práctico. Es como si Marco Polo, cuando arribó a China y para no volverse loco con las diferentes etnias y pueblos que había allí, dijo que, alejop, todos chinos como patrón de medida y asunto resuelto y, por lo tanto, los mercaderes venecianos harían en adelante sus negocios con chinos y punto y no con la etnia tal o cual y es que los mercados incipientes unifican y derriban barreras (comerciales) mucho.

No existe lo que se dio en llamar un «problema vasco»; lo que hubo -y hay- es un «problema español», como veremos en la próxima (y última) entrega. Se habla de España, no ya como tema, sino como género. Al lado de los clásicos géneros literarios habría que ubicar el «género España». Este género crea a sus escritores -y no al revés como sería lo lógico- que escriben monotemáticamente sobre algo que sospechan que no es y tratan de que sea recurriendo a la mística o a la magia o a, como dijera Manuel Vázquez Montalbán, la Liga de fútbol que une mucho. Algo parecido a las lucubraciones y pajeos mentales metafísicos de Heidegger entre «existencia» y ec-sistencia (no hay errata), el «ser» y el «ente». Parece como si el solo hecho de invocar el nombre «España» les otorgara automáticamente el numen, el hálito, el alma, el espíritu del Ser y del ser no solamente algo, sino españoles, casi ná. Se pronuncia la palabra «España» como una especie de conjuro contra el fantasma de una identidad históricamente falsa y por ello se recurre al casticismo más garbancero, que es la España de pandereta de Rajoy (véase el funeral de la Fitz-Roy Duquesa de Alba) y el caciquismo finisecular. Y no la «España política», como la entendemos algunos y en la que nos movemos y hablamos para entendernos políticamente, ya lo hemos dicho. Estamos siempre delante de una latente y manifiesta falta de seguridad en sí mismo pues las palabras se ajan de tanto manosearlas como el gallo de pelea del coronel (no tiene quién le escriba) de García Márquez, recién fallecido, que se desgastaba con las miradas de la chiquillería.

Si todo estuviera tan claro, si no hiciera falta recordar a cada rato en qué país vive uno, sobrarían esas muletillas y latiguillos redundantes del tenor de «en este país llamado España» o «el presidente del gobierno de la nación». Si ya sabe uno que está (serlo es otra cosa) en España, en Spain o Hispanistán, deberían a continuación añadir aquello de… «perdón por la redundancia», porque cuando se comete redundancia se pide perdón y no se dice «valga» (la redundancia).

Sería como decir que la «lluvia llueve» cuando, en realidad, moja. Disculpen el exceso cursi pedagógico.

Campaña por la libertad de expresión

Con nuestra mejor intención, como siempre, iniciamos desde ahora una campaña para denunciar la ausencia de libertad de expresión en este país, así como la pretensión de jueces, fiscales y Ministerio del Interior de juzgar la conciencia de sus semejantes sin tener en cuenta la suya propia, si es que la tienen. Queremos relataros las detenciones, procesamientos y condenas de las personas que actúan, dicen y escriben, de las webs, músicos, editoriales, colectivos sociales y periódicos.

Pero también queremos denunciar a aquellos que se callan como perros, porque ellos son los cómplices de la represión. Se deben sentir muy a gusto cuando a ellos les permiten publicar sus cosas, mientras los demás son asediados, perseguidos y censurados. ¡Sois unos caraduras!

Como no vamos a parar en esta denuncia, la campaña tendrá una página propia en este enlace que esperamos que difundáis lo máximo posible:


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Empezamos denunciando que en 2009 el filósofo Nicola Lococo fue procesado por la Audiencia Nacional acusado de un delito de injurias al rey. Luego, en un artículo publicado por la revista «Caduca Hoy» publicó una serie de artículos titulados «17-Diciembre: Juicio en la Audiencia Nacional. ¿Triunfará la Libertad de Expresión?» y «Absueltos por la Audiencia Nacional el oso Mitrofán y los tres humoristas. Triunfa la Libertad de Expresión». También grabó un video en el que entrevistaba a los periodistas procesados.

El filósofo explicó lo que dijo y también lo que quiso decir cuando utilizó los términos de «mequetrefe», «cuchipanda» y «trapisonda» y dijo que «a partir de ahora se referirá al monarca como caléndulo de la democracia, cernícalo vespasiano, tronista culiforme de andares, mascachicles y rascachapas».

El contenido de dicho artículo es el siguiente:
 

Quien se hace llamar Javier Zaragoza y dice ser Fiscal General de la Audiencia Nacional, me interpuso una querella por injurias graves al Rey, basándose en que en un artículo mío titulado «Las tribulaciones del oso Yogui», usé expresiones que vulneran el honor y la imagen pública de la Suya Majestad, el Rey de España. Como quiera que el asunto haya trascendido a la plaza pública, donde me hallo sometido al escarnio de la plebe, atrapado indefenso en el cepo mediático, me veo obligado a escribir éste pliego de defensa para que el respetable pueda juzgar por sí mismo con conocimiento de causa.

Entre otras muchas cosas, se me acusa de llamar Mequetrefe al monarca español, cosa terrible e inaudita por estos lares, donde incluso en el Parlamento, el jefe de la oposición puede permitirse decirle al Presidente del gobierno, que es un bobo solemne.

A palo seco, en su denotación, el término Mequetrefe, la RAE, en su vigésima segunda edición lo define como: (Quizá del ár. hisp. qatrás, el de andares ufanos). 1. m. coloq. Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho. Sin embargo, mi intención en el uso de la palabra Mequetrefe no fue escoger un significado concreto sino un sentido, una connotación que emana en el espíritu lingüístico de la comunidad castellanoparlante, en un impresionismo colorista con el que ésta palabra tensa los distintos resortes y acordes de nuestro acerbo cervantino y cuya sonoridad multiplica las gracias y dones de todo un artículo escrito en el tono pícaro propio del personaje a la sazón, el Oso Yogui, realidad ésta del lenguaje, que explican muy bien grandes lingüistas como Lázaro Carreter, en su magnífica obra El dardo en la palabra, o la no menos célebre El genio de la lengua de Alex Grijelmo.

Mas la Audiencia Nacional, con el Fiscal jefe a la cabeza, amparado ahora por un triunvirato de jueces de la talla de Guillermo Ruiz de Polanco, aprecian en tan pueriles e inocentes palabras como mequetrefe, Trapisonda y Cuchipanda, motivo de injurias graves al Rey de España, que lesionan su honor, su imagen y autoestima. De haber querido yo injuriar, siquiera insultar a Don Juan Carlos, no me hubiera tomado tanto trabajo ni le hubiera puesto tanto arte a la hora de acometer empresa tan sencilla: me hubiera bastado acudir al amplio repertorio de insultos que nutren nuestra lengua para referirme a su persona, como cabrón, canalla, hijo de puta, ladrón, o perífrasis ciertamente injuriosas, como el mayor evasor de impuestos, capo de la mayor mafia empresarial, el mayor extorsionador de la democracia, golpista en la sombra, que ciertamente son constitutivas de delito y merecen pedir años de cárcel, como ahora me sucede al decir vocablos propios del tebeo.

El párrafo donde aparece el término Mequetrefe, es el siguiente “[…] no estaría de más, que se diera la voz de alarma a los ositos de peluche, incluidos, los de Froilán y toda la cuchipanda, todo sea que el mequetrefe de su abuelo, despechado por no encontrar ejemplares en la fauna, la emprenda a tiro limpio con ellos”. Como se puede apreciar, he utilizado la expresión de “Mequetrefe” de un modo circunstancial e hipotético, que rebaja y mucho el sentido y significado de la palabra en cuestión. No me hace falta recurrir a grandes lingüistas, como Dámaso Alonso, Alarcos Llorac o Rico, para defender mi posición. Me basta la personal percepción de todos ustedes en este asunto, pero por si acaso, déjenme que les ilustre al respecto – para evitar en lo posible que se aprecie recochineo y saña en el asunto he sustituido en los ejemplos la figura de Don Juan Carlos, por la de Don Fulano… En todo lenguaje, en su estructura profunda que diría Chomsky, aparecen tres niveles: el nivel sustantivo, el nivel adjetivo y el nivel circunstancial.

En el nivel adjetivo, la palabra puede aparecer como atributo cuando el verbo –que no el sujeto- es copulativo en cuyo caso median notables diferencias entre el Ser, y el Estar, referida a un nombre que la adquiere como propia, para todo tiempo, lugar y condición, de manera cuasinatural; en la frase Don Fulano es un mequetrefe, se observa claramente que el hablante llama mequetrefe al sujeto Don Fulano. En éste caso, jurídicamente sí sería oportuno basar la defensa, en si el sujeto es o no un mequetrefe, y si el hablante al expresarse lo ha hecho con verdad y rigor, dependiendo de ello la sentencia. Aunque cuando como se me ha ilustrado últimamente, en nuestro estado de derecho, también sea punible decirle a una puta “puta”, si la misma no alardea de su condición en público y lo lleva en secreto.

En el nivel sustantivo, la palabra lo destaca e identifica de tal modo que en él se reconoce el sujeto e incluso cuando no aparece. En la frase El mequetrefe entró en el Parlamento, en principio nadie tendría que saber a quién se refiere la frase. Cuando todos sabemos a quién remite el hablante cuando realiza éste enunciado, sucede entonces que estamos en un nivel sustantivo del lenguaje, máxime cuando quien aparece en el Parlamento acto seguido, es el propio Don Fulano. Aquí el asunto ya es un poco más escurridizo y la defensa lo tiene más fácil, pues es difícil de probar que la palabra mequetrefe por sí misma, sustituya al nombre de Don Fulano, mientras tal hecho no venga reflejado en el Diccionario oficial de la RAE, o en su defecto, en los manuales de sinónimos y antónimos que hay al uso. Que la gente tenga claro quién es el mequetrefe en nuestro país, es problema de la comunidad y de los arquetipos mentales que rigen nuestra existencia psíquica como colectivo, y no pueden ser circunscritos a la capacidad expresiva de uno solo de los individuos que participan de la lengua.

Por último, el nivel circunstancial, que es precisamente en el que yo he empleado la palabra, el término que aparece modifica sustancialmente su significado poniéndose al servicio de la circunstancia del contexto y muy vulnerable a la interpretación. En la oración El mequetrefe de Don fulano, metió los dedos en el enchufe, queda muy claro que el término acompañado del artículo, le es adjudicado única y exclusivamente, por haber metido los dedos en el enchufe, de modo que por parte del hablante, no hay una intención de atribuirle una cualidad o de complementarle sus significado como en los casos anteriores. Sino más bien, explicar que en dicha situación, en la referida circunstancia, ajeno a otro tiempo y lugar, esa persona tiene un comportamiento semejante, en este caso, el de mequetrefe. Como se puede observar, yo, en el párrafo antedicho, he usado la expresión de éste modo. Es más, no solamente he usado el término mequetrefe, de forma circunstancial, sino en grado hipotético, dado que lo hago aparecer si y solo si, fuera el caso de que la emprendiera a tiros con ellos. Por consiguiente queda evidenciado que no he llamado mequetrefe a nadie.

Esta clase de lengua es parte de la defensa que empleé ante el Juez Grande Marlaska, y de la que me pienso valer en el juicio. Como lo haré con la clase de historia que se hace eco de la hipótesis merovingia y la usurpación del poder por parte de Pipino El Breve en donde se relata con todo lujo de detalles el legítimo derecho divino osezno a ocupar los tronos de las monarquías europeas, oscura motivación oculta que puede estar detrás del tan turbio asunto Mitrofan… y de la que les doy noticia en mi libro La Sagrada Familia. Ahora, solo me resta hacer una pequeña reflexión:

Si usar palabras como mequetrefe, trapisonda, cuchipanda y semejantes, son objeto de querella por injurias graves al rey, redactadas por un fiscal jefe, nada más y nada menos que ante la Audiencia Nacional, donde se supone se juzgan los delitos más graves habidos y por haber en nuestra sociedad libre y democrática, a éste indocumentado peatón del siglo XXI, no le quedará otra que, bien apostar por el insulto más grosero, dado que las consecuencias son parejas en pena de cárcel y multa, bien recurrir en adelante, a fórmulas imaginativas que por escaparse en el sendero de lo absurdo a toda referencia semántica, al estilo Ozores, lo digan todo sin decir nada, de modo que a partir de ahora, deba encriptar todas mis referencias al monarca, con palabras como Caléndulo de la Democracia, Carnícalo Vespasiano, Tronista culiforme de sus andares, mascachicles, rascachapas, y demás lindezas, para que no tengan por dónde cogerme… eso, o apostamos fuerte por la floristería a domicilio, pues como dijera Nuestro Señor Jesucristo durante su entrada triunfal a Jerusalén a los fariseos que le pedian silenciar a las masas que le aclamaban: «En verdad os digo que si se acallan las voces, hablarán las piedras».

Desde Málaga, libertad presos políticos

El pasado miércoles día 26, eran detenidos por orden directa del ministerio de Interior, el ex preso político comunista y antifascista, Suso Cela Seoane, el abogado de presos políticos Juan Manuel Olarieta y el poeta solidario Aitor Cuervo.

Los tres fueron detenidos por una charla solidaria que dieron hace ya un año en las II Jornadas Anticapitalistas celebradas en Álava y se les acusa de «enaltecimiento del terrorismo» por una serie de comentarios que realizaron en la charla que, según la policía, llamaban a «apoyar y practicar la lucha armada».

Este no es más que otro de los numerosos casos de montajes policiales orquestados por las más altas instancias del Estado con el fin de meter miedo al movimiento revolucionario y de solidaridad con los presos políticos, y atacar frontalmente a los más grandes exponentes de resistencia contra el Estado opresor español, pues hay que recordar que Suso Cela salió en junio de 2013 de prisión tras pasar encerrado 23 años. Su hermano, Paco Cela, actualmente es preso político por su militancia en el PCE(r), su otro hermano, Carlos, también fue víctima de la represión durante la campaña de criminalización que se dio en 2008 contra los comités por un SRI y su madre, Pepita, también fue acusada de enaltecimiento del terrorismo hace unos meses.

En el caso de Juan Manuel, la represión también se ha cebado con él por mostrar su solidaridad en la defensa de los presos políticos siendo detenido por última vez en 2008 y pasando varios meses en prisión por su papel solidario en los comités por un SRI.

Aitor Cuervo también fue detenido recientemente cuando se produjo una redada de la policía contra varias decenas de twitteros.

Todo este caso no hace más que demostrar, una vez más, el carácter reaccionario de este Estado donde, simplemente por expresar una serie de opiniones en una charla, detienen a sus ponentes. Tras pasar a disposición judicial, a los tres les retiraron los pasaportes y se les prohibió salir del país además de tener que firmar cada mes entre los días 1 y 15 en dependencias policiales.

También nos gustaría enlazar este montaje policial con el que sufrió nuestro compañero «Negro» y que actualmente hace que se encuentre secuestrado en la prisión de Segovia. Se le acusó de intento de homicidio, después de que varios nazis le denunciaran por una supuesta pelea que tuvieron durante la feria de Málaga de 2010, pelea que, realmente, fue un intento de abuso de un grupo de fascistas contra un grupo de sudamericanos y que nuestro camarada «Negro» simplemente presenció, pero no participó de ella.

Por todo esto desde la Coordinadora Antifascista de Málaga y el Comité de Solidaridad Antifascista Internacional, exigimos la absolución de todos los cargos para los tres encausados, a la par que denunciamos la situación de «Negro» y de todos los presos políticos del Estado español (especialmente los enfermos), de quienes por su puesto, exigimos la libertad inmediata.

¡Organicemos la solidaridad!
¡Absolución para Suso, Juanma y Aitor!
¡Negro libertad!
¡Libertad presos políticos!
Fuente: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/

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