mpr21

La web más censurada en internet

Archivos (página 1384 de 1506)

Un comunista caribeño: Jacques Roumain

Jacques Roumain fue el fundador del Partido Comunista de Haití y muchas otras cosas más: pensador, diplomático y autor de obras científicas y literarias de muy diversa factura, desde la poesía hasta la geografía. Es reconocido entre las voces que contribuyeron a revelar el Caribe y definir sus valores y expresiones comunes en los años 30 y 40 del pasado siglo.

Nació el 4 de junio de 1907 en Puerto Príncipe, la capital, en el seno de una familia adinerada. Su abuelo, Tancredo Augusto, fue presidente de Haití cuando él era niño. Se educó en un colegio católico y luego completó su formación en Suiza, Bélgica, Francia y Alemania, aunque también vino a España, donde estudió agronomía.

Volvió a Haití cuando tenía 20 años, fundando la “Revista Indígena” con Émile Roumer, Philippe Thoby-Marcelin, Carl Brouard y Antonio Vieux, en la que aparecieron sus primeros versos y narraciones, a los que consideraba como “acción”, como “un arma al servicio de su pueblo”, como un panfleto. El poeta, escribió, es “el reflejo de la conciencia de una época”.

Roumain se hizo amigo del antropólogo francés Alfred Metraux con quien viajó por el Haití rural, documentando las tradiciones religiosas, en una investigación que Metraux convertiría en “Vudú en Haití”, un libro muy aclamado.

Por su parte, en 1930 Roumain publica el libro de relatos “La presa y la sombra” en el que hace una aguda crítica del mundo burgués y urbano de Puerto Príncipe. Al año siguiente aparece su novela corta “La montaña embrujada”, expresión de la vida campesina, las costumbres y creencias del vudú.

Al regresar Roumain se encontró con que su país estaba ocupado por el imperialismo, uniéndose al movimiento de liberación nacional. Primero apoyó la fundación de la Liga de la Juventud Patriota Haitiana, cuya lucha contra Estados Unidos y el gobierno títere lo llevaron a la cárcel durante 8 meses en 1928.

En 1934 dio un pasó más: participó en la creación del Partido Comunista Haitiano, por lo que fue nuevamente encarcelado, esta vez durante tres años.

Tras su liberación en 1936, Roumain se exilió en Estados Unidos, donde frecuentó la Universidad de Columbia y trabó relación con Langston Hughes y otros intelectuales.

En 1942 cambió el gobierno y le autorizaron a regresar a Haití, donde fundó la Oficina Nacional de Etnología. En esta época escribe su novela “Los gobernadores del rocío” y el poemario “Bosque de ébano”, donde aparece la expresión “Los condenados de la Tierra” que 40 años después el argelino Frantz Fanon adoptará para encabezar su propia denuncia del colonialismo. Entre sus mejores versos destacan los que defienden a la Unión Soviética y a Stalin de una manera vibrante.

Para sacarlo del país, el gobierno le nombra embajador en México. También viaja Cuba, donde vive un año entero en La Habana con el gran poeta comunista Nicolás Guillén.

Durante sus estancias en la cárcel contrajo el paludismo que, con 37 años de edad, le condujo a la tumba el 18 de agosto de 1944, tres días después de un regreso desde Cuba.

Desde entonces la decisiva obra política e intelectual de Roumain es objeto de estudios continuos. Su influencia sigue pesando en la lucha de los pueblos del Caribe y de toda Latinoamérica, junto a Mariátegui, Mella, Ponce y el Che Guevara.

La novela “Los gobernadores del rocío” es una de las mejores de la literatura caribeña contemporánea. Cuenta la historia de Manuel, un joven campesino que regresa a su empobrecida aldea de Fonds Rouge después de haber cortado caña de azúcar en Cuba durante 15 años, y advierte la pobreza en que se encuentra su tierra.

El título de la novela resume la tesis de Roumain: nosotros, cada uno de nosotros, somos los dueños de nuestro destino. Es una batalla contra el fatalismo y la superstición, que tanto proliferan entre los negros del Caribe (y entre los blancos de otros lugares). No hay maldiciones. Las cosas están ahí para cambiarlas. Sólo hay coger las riendas entre en las manos.

La lectura de Roumain es imprescindible para aquellos cuyas lagunas han convertido al marxismo en un recetario eurocentrista, para quienes desconocen el mundo negro, rural y tercermundista.

La metamorfosis de Alexis Tsipras

José Piquer

Al jurar su cargo el 26 enero de 2015, Alexis Tsipras, el ex primer ministro de Grecia, sabía que su mandato no iba a ser fácil, pero llegar hasta aquí tampoco había sido un camino de rosas. Forjado en la las juventudes comunistas, la carrera de este político sin corbata de 41 años puede resumirse en pocas líneas. En 2006 quedó en tercer lugar en las elecciones para la alcaldía de Atenas. Dos años después fue elegido líder de Syriza, entonces una coalición formada por 13 grupos de izquierda radical, y en 2009 entró en el Parlamento como diputado, pasando a dirigir el grupo parlamentario de Syriza.

Un año después de ser elegido diputado en el Parlamento, Grecia solicitaba el primer rescate. Los acreedores (los países miembros de la zona euro y el FMI) aprobaron prestar a Grecia 110.000 millones de euros (equivalente al 48% del PIB griego) a cambio de que los gobernantes griegos se comprometieran a implementar un programa de ajuste económico sin precedentes en la historia.

Hasta este momento la crítica incendiaria de Syriza hacia la troika y la oligarquía griega y sus diatribas contra el capital y el imperialismo financiero habían suscitado, salvo algunas excepciones, indiferencia, sorna o desprecio. Sin embargo, tras el fracaso de las negociaciones para formar un gobierno de coalición en mayo de 2012, muchos comenzaron a mirar a Tsipras y a Syriza con otros ojos.

Por una vez, Alexis Tsipras parecía agradecido a los Papandréu y Samarás, pues cuanto más fracasaban ellos, mejor parecía irle a él en las encuestas. Discurso tras discurso fue recomponiendo los pedazos de tanto fracaso hasta aupar a Syriza a la segunda posición en las elecciones de junio de 2012, convirtiendo a su partido en una alternativa real de gobierno.

El momento de la alternativa llegó el pasado enero, cuando Syriza obtuvo una mayoría suficiente para formar gobierno con el apoyo de un pequeño partido nacionalista de derecha, Griegos Independientes. La creciente sensación de fraude entre los votantes griegos tras casi cuatro décadas de alternancia política entre los socialistas del Pasok y los conservadores de Nueva Democracia y las dramáticas consecuencias de la crisis habían allanado el camino de la victoria. Ahora la cuestión era saber si el nuevo primer ministro griego, un ingeniero eléctrico sin experiencia de gobierno, sería capaz de satisfacer las expectativas de sus más de 2.200.000 votantes y de un sector de la izquierda europea que vio en su triunfo un espejo de sus propias posibilidades.

Pero cuando en enero Tsipras proclamó eufórico el triunfo de la esperanza y la recuperación de la soberanía nacional para Grecia, el fin del “círculo vicioso de la austeridad” y la promesa de un nuevo paraíso en la Tierra, nunca imaginó que en apenas unos meses esa esperanza dependería de recibir 86.000 millones de euros a cambio de aprobar un nuevo programa de ajuste propuesto por los mismos acreedores que tanto había despreciado.

Los trabajos de Hércules

Tsipras no necesitó mucho tiempo en el cargo para confirmar que la tarea de gobernar un país al borde de la bancarrota es hercúlea, como el tiempo ha acabado demostrando. Durante los últimos siete meses ha gobernado Grecia sabiendo que en algún momento de su mandato tendría que elegir entre preservar la pureza ideológica por la que fue elegido o plegarse al pragmatismo que se espera de un primer ministro.

La crisis del euro le ha concedido varios de esos momentos cruciales en la carrera de un político, pero ninguno comparable con el que vivió la madrugada del 12 al 13 de julio, cuando los líderes europeos negociaban (una vez más) el futuro inmediato de Grecia. Días antes el ministro de finanzas griego, Yanis Varoufakis, se había visto obligado a dimitir tras cinco meses de lucha infructuosa para lograr que sus socios europeos aceptaran una quita parcial de la deuda griega como condición previa a negociar cualquier nuevo programa de ayuda.

Ante la negativa de los acreedores a incluir en el acuerdo las demandas griegas sobre la deuda, Tsipras convocó en julio a los ciudadanos griegos para decidir en un referéndum sobre una propuesta de acuerdo cuyo contenido exacto todavía debaten varios premios Nobel de Economía.

Durante aquel fin de semana Tsipras “el gobernante” transmutó de nuevo en el activista y opositor que nunca quiso (o pudo) dejar de ser. Tsipras pidió a los griegos que rechazaran la propuesta de los acreedores votando oxi (“no”, en griego) en la consulta. La opción del “no” acabó imponiéndose finalmente con más del 60% de los votos para desagrado de Bruselas y Berlín, que siempre interpretaron este referéndum como un desafío y, para qué engañarnos, como un gesto extravagante en la cuna de la tecnocracia.

Pero pocos días después los acreedores iban a hacerle a Tsipras una oferta que, como Marlon Brando en El Padrino, no podría rechazar. La mañana del 13 de julio Tsipras abandonaba Bruselas sabiendo que el acuerdo que acababa de aceptar era, desde un punto de vista económico, la menos mala de todas las alternativas a su disposición. Lo cierto es que nunca tuvo más de dos opciones: aceptar las demandas de los acreedores, o salir del el euro. “Entre una opción mala y una opción catastrófica, nos vemos obligados a elegir la primera opción”, se justificó Tsipras ante el Comité Político de su partido.

Y la metamorfosis de Kafka

Mientras abandonaba el edificio del Consejo de la UE en Rue de la Loi rumbo a Atenas Tsipras pensó, atormentado aún por la dimisión de Varoufakis, que nunca debió haber aceptado ese acuerdo… Como en La Metamorfosis de Kafka, la novela en la que Gregor Samsa se despierta convertido en un gigantesco insecto tras un sueño intranquilo, algo cambió para siempre la mañana del 13 de julio. Tsipras, la primera y última esperanza de la verdadera izquierda europea, había alcanzado la mayoría de edad de forma abrupta.

El ex primer ministro griego regresó a Atenas con el compromiso de recibir 86.000 millones de euros, pero a cambio de aceptar unas condiciones que ni el votante más ingenuo de Syriza habría apoyado una semana antes de haber conocido este desenlace. Entre esas condiciones Tsipras había accedido a crear un fondo para la privatización de bienes públicos griegos por valor de 50.000 millones de euros. Su mayor victoria fue lograr que la sede pasara de Luxemburgo a Atenas.

A pesar de todo, las medidas exigidas por los acreedores fueron aprobadas el 14 de agosto en el Parlamento heleno con 222 votos a favor y 64 en contra. Ya era, sin embargo, demasiado tarde para Tsipras. Durante la votación 25 diputados de su partido se desmarcaron para crear un nuevo grupo parlamentario, Unidad Popular, que hoy ya es el tercer grupo del Parlamento. Tsipras ha hecho los cálculos y sabe que tendría muy difícil lograr los 120 votos mínimos que la Constitución griega exige para sobrevivir a un voto de confianza en el Parlamento. Por eso –explicó en su carta de dimisión– “el pueblo deberá decidir de nuevo si quiere continuar con valentía las negociaciones con los acreedores”. Nunca aclaró qué entendía por valentía, ni si pensaba que sus últimas negociaciones habían sido valientes.

Gobernar era esto

Con frecuencia el tránsito de la oposición al gobierno obliga a posponer la construcción del paraíso en la Tierra para pagar los salarios de los funcionarios el próximo mes. Sobre todo, si ya has dejado de pagar tus deudas. Quien crea que se puede gobernar sin renunciar debería renunciar a gobernar. Pero Tsipras se equivocó al convocar un referéndum ambiguo y precipitado, hacer campaña a favor del “no” y luego renegar del resultado victorioso aceptando un acuerdo mucho peor para Grecia. Se equivocó al negociar su permanencia en el euro y un tercer rescate sin tener un plan B y se equivocó al intentar hacer creíble la ficción de que David podía derrotar a Goliat.

A pesar de todo, es muy probable que Tsipras revalide su mandato. Las próximas elecciones griegas serán un excelente laboratorio para saber si los votantes griegos priman la (i)responsabilidad de sus gobernantes sobre su (in)coherencia ideológica, o viceversa. Esta vez Tsipras podrá atribuir su fracaso al deficiente diseño del euro, a la esclerótica forma de tomar decisiones del Eurogrupo, al egoísmo alemán, podrá, incluso, culpar al terrorismo financiero de la troika de todo los males de Grecia. Pero por muchas razones (y no todas atribuibles a él) lo que ya no podrá hacer es cambiar la historia. Grecia está hoy peor que cuando él asumió el poder y nada indica que el próximo primer ministro tenga en sus manos el poder suficiente para revertir esta situación.

Fuente: http://www.politicaexterior.com/actualidad/la-metamorfosis-de-alexis-tsipras/

Sobre la intervención del ejército ruso en la guerra de Siria

El motivo de las líneas que siguen no es compartir información sino compartir dudas sobre un artículo de Thierry Meyssan que publicamos recientemente (Oficiales rusos llegan a Siria para dirigir la guerra contra el Califato Islámico) que, sin duda alguna, es una noticia de gran alcance. Sin embargo, los medios rusos y simpatizantes con Rusia la han puesto en duda.

Pero no es eso lo que nos plantea dudas. Para nosotros la noticia es cierta y la hemos contrastado por varias fuentes muy distintas. Nuestras dudas proceden de las reacciones o, mejor dicho, de la falta de reacciones ante esa noticia, que supone un giro estratégico en Oriente Medio. Si la noticia es cierta, sorprende que Estados Unidos e Israel no hayan puesto el grito en el cielo, por más que uno de los aspectos sorprendentes de la noticia es que la participación de Rusia en la guerra de Siria se anunció previamente a Washington y Meyssan llegó a decir que estaba “coordinada” con Estados Unidos.

¿Qué está pasando realmente en Siria? No lo sabemos. Desde luego que el papel de Rusia en Oriente Medio es cada vez más importante y que si Rusia no aplasta ahora al Califato Islámico en Siria se lo va a encontrar dentro de sus fronteras próximamente.

Pero, en definitiva, la intervención rusa en Siria consolida la situación del gobierno de Al-Assad, por lo que la política de Estados Unidos, Francia y otras potencias cosecha un fracaso estrepitoso. ¿Cómo es, pues, posible que los medios no nos hayan servido la correspondiente campaña de noticias sobre el “expansionismo ruso”? Lo tienen muy fácil: la intervención rusa se llevaría a cabo con el aval del gobierno de Siria (una dictadura), pero sin el de la ONU…

Hemos seguido el rastro de la noticia. Nosotros publicamos la fuente de la misma, Thierry Meyssan, que la publicó en Voltaire el 24 de agosto. Cuatro días después la confirma Guy Taylor en el Washington Times de una manera indirecta. Taylor dice que la Casa Blanca está presionando a Putin para lograr una cooperación que estabilice la zona. Con ese propósito, ese mismo día Michael Ratney, delegado especial de Estados Unidos para Siria, viajaba a Moscú. Aunque el artículo no hablaba para nada de tropas rusas en Siria, dejaba claro un intento de conciliación por parte de Estados Unidos hacia Rusia, al menos en el asunto de Siria. Es más: da la impresión de que es Obama quien quiere que Rusia vaya a combatir a Siria.

Lo mismo cabe decir de un medio israelí como Ynet (Yedioth Ahronot), que el 2 de setiembre no sólo admite la noticia como buena sino que añade algunos detalles, como que los rusos ya están en Siria o la intervención de Irán, para acabar de una manera complaciente con tal situación que, según nuestro punto de vista, puede llevar a un choque con la aviación israelí. Por lo tanto, tampoco Israel parece tomarse la noticia como un revés.

A partir de entonces, una serie de medios muy solventes (Infowars, Zero Hedge, Daily Beast) reproducen la información y otro medio israelí, DebkaFiles, sigue aportando nuevos datos que la confirman. Según DebkaFiles el tinglado puesto en pie por el imperialismo, el mando conjunto de Estados Unidos, Israel, Jordania y la “oposición siria moderada”, para mantener la guerra ha fracasado. La única manera de solventar la situación, según DebkaFiles, es la participación rusa. ¿Se ha convertido Rusia en la tabla de salvación de Oriente Medio?

Pero DebkaFiles pasa por alto que una estrategia, la del mando conjunto, tiene por objeto acabar con Al-Assad y Hezbolá, mientras que los rusos lo que pretenden es acabar con el Frente Al-Nosra y el Califato Islámico para respaldar la situación de los otros dos, es decir, que se trata de estrategias contrapuestas.

Por su parte, los medios más cercanos a Rusia manifiestan su escepticismo o niegan la intervención militar. El 1 de setiembre Russia Insider y Saker niegan que Putin vaya a arriesgar la vida de un solo aviador ruso en Siria, cuya guerra consideran como un “asunto interno”. Rusia tiene una mala experiencia con los islamistas en su propio suelo. En su apoyo, estos medios citan fuentes del ejército ruso que descartan tal intervención.

Russia Today da un paso más y pide explicaciones al periodista de Ynet, Alex Fishman, por las fuentes de la información, a lo que el israelí se niega. No obstante, afirma que la filtración procede de “diplomáticos occidentales”.

Por su parte, para corroborar la información, Sputnik se dirige a Mark Toner, un portavoz oficial del Departamento de Estado, quien confirma que la posición de la Casa Blanca es la de estimular una mayor implicación de Rusia en la guerra de Siria. Pero Toner no confirma la noticia. Dice que su país no sabe nada. ¿Los satélites de la NSA no son capaces de detectar a 3.000 soldados rusos en Siria? Lo sabe pero no quiere decirlo.

En una entrevista con Russia Today, Richard Spencer, de Alternative Right, lanza un ataque furibundo contra Ynet, calificando la noticia como propaganda de guerra: los rusos no están ni se les espera en Siria. Es el único que ha utilizado un tono agresivo, lo cual también es sorprendente. Por una vez, y sin que sirva de precedente, la falta de agresividad es característica en las informaciones de ambos bandos. ¿Se han opuesto de acuerdo estadounidenses y rusos sobre Siria?, ¿quieren que la intervención de los rusos se haga de manera discreta?

Aunque el asunto no está nada claro, la respuesta tiene que ser negativa. La explicación es que ambas partes están de acuerdo en hacer pasar un giro estratégico en Oriente Medio como algo banal e irrelevante.


Antes de Afganistán, la última vez que sucedió algo parecido fue en 1973, en tiempos de la URSS, cuando durante la guerra del Yom Kippur las fuerzas del general Sharon atacaron en el Sinaí al ejército egipcio, amenazando con aniquilar por completo al III Cuerpo. La URSS anunció que se disponía a intervenir para evitar dicha matanza, ante lo cual Estados Unidos se puso en DefCon-3, es decir, en disposición de lanzar misiles nucleares sobre el ejército soviético. Como en Cuba diez años antes, la situación se solucionó cuando Sharon sacó a su tropas del Sinaí y los soviéticos metieron a sus fuerzas aerotransportadas en sus cuarteles.

Desde nuestro punto de vista, tenemos la impresión de que hay un principio de acuerdo sobre Oriente Medio, del que no sabemos los términos, aunque posiblemente alcanza también a Irán. El motivo del secreto es ese disimulo tan frecuente en los medios: jamás puede parecer que Estados Unidos, Francia e Israel han fracasado en algo, ni tampoco que los rusos sean nunca salvadores de nada sino sólo agresores.

No hay futuro…

Nicolás Bianchi

… para las masas, que no pase por la revolución, palabra anacrónica que me coloca en el pleistoceno o en el cretácico, época de los dinosaurios. Y todavía lo habrá menos -futuro- sin una escoba revolucionaria que despache a toda esta cuadrilla de vividores y zánganos al Museo de la Historia junto con la rueca. Y aún lo habrá menos -futuro- sin una vanguardia que organice y dirija el proceso revolucionario y a las clases trabajadoras. ¿Me convertirá esto en un visionario? ¿Diré, como los Pistols, que todo esto es una puta mierda… y nada más? ¿Me quedaré ahí, en el desahogo? ¿Soy yo el antiguo o lo es este podrido sistema capitalista en completa descomposición, como el señor Waldemar de E.A.Poe en estado hipnótico?

Le llaman democracia -a otros le llamaban Trinidad- y no lo es. Le dicen «reforma laboral» y es una permanente contrarreforma que atenta a los derechos sociales básicos de la ciudadanía conquistados a base de sangre, sudor y lágrimas. Nos hablan de «crisis» cuando bajo el capitalismo lo normal es la crisis estructural y la excepción periodos cortísimos de vacas gordas.

Nunca ha habido tantas guerras como ahora. Es como la conocida fábula de la tortuga y el escorpión vadeando el río. Este último promete no picar con su mortífera cola a la tortuga si le pasa de una orilla a la otra, a lo que accede esta, pero, a mitad del lecho fluvial, le pincha, y, antes de hundirse los dos, el quelonio le pregunta al alacrán ¿por qué, si todo iba bien? Y el escorpión responde: va en mi naturaleza. El imperialismo procede igual. No es que sea intrínsecamente -o metafísicamente- perverso: es que no puede actuar de otra manera si no quiere suicidarse, algo que nunca hará, aunque ande con ruedas cuadradas. Y es que no son los ideales los que le mueven, sino los intereses. Es como el Rey español, el anterior, y sus cacerías y saraos: un Borbón no puede actuar de otra manera, va en sus genes, se diría hoy.

O como la Ertzaintza cuando, hace unos años, dispara a diestro y siniestro, a mansalva e indiscriminadamente, que eso es el terrorismo, ocasionando el homicidio de un hincha -Iñigo Cabacas- de un equipo de fútbol -el Athletic de Bilbao- que sólo festejaba en la calle el pase de su equipo en una eliminatoria. Es consustancial a su propia naturaleza: reprimir, están adiestrados para eso, como un reflejo pavloviano, como un perro que, al sonar un timbre, le saliva automáticamente -reflejo condicionado- la boca asociando el tañer del timbre con comida. Incluso el cinismo vergonzante insulta a la inteligencia del pueblo tratando de trasladar el debate -en su día- a si deben emplearse o no pelotas de goma obviando quién las dispara y, sobre todo, quién ordena apuntar: la culpa la tuvo la escopeta y no quien apretó el gatillo y mandó percutir. Sólo les faltó decir que la culpa la tuvo la víctima por estar donde no debía.

Se dice que se está acabando con el Estado de Bienestar. Es cierto. Ocurre que el capitalismo está en un punto de no retorno y no hay salida salvo para él mismo y quienes se aprovechan y se forran con la «crisis». Al resto que le den… A la «gente», como llaman ahora al pueblo, a las masas.

¿Seré yo un apocalíptico, tipo Umberto Eco? Tal vez, pero, desde luego, no un integrado que coadyuve a sostener este carcomido y corrupto y depredador sistema. O contribuyendo a sostenerlo adoptando supuestas poses «radicales», esto es: obedeciéndolo.

La inolvidable biografía de Harriet Tubman

La biografía de Harriet Tubman es la de todos los explotados y la de quienes lucharon contra la explotación. No se pudo recuperar hasta el estallido del movimiento negro en los años sesenta. Su nombre clandestino era “Moisés”, la figura mitológica del “Ferrocarril Clandestino”, la ruta Ho Chi Minh de los negros del sur de Estados Unidos en tiempos de la esclavitud. Sus viajes furtivos a los Estados esclavistas para liberar a las mujeres y los niños la convirtió en un icono de los movimientos negros de liberación.Su nombre originario fue Araminta “Minty” Ross y nació en 1822 en la plantación propiedad de Anthony Thompson en Maryland. Fue la quinta de 9 hermanos de Harriet “Rit” Green y Ben Ross, dos esclavos pertenecientes a dos familias distintas. Su padre Ben estaba al servicio de Anthony Thompson, un rico terrateniente viudo, mientras que “Rit” al de Edward Brodess, yerno del anterior.

Entre 1822 y 1824 Brodess obtuvo la propiedad de los niños esclavos de la familia, entre ellos la de Minty, vendiendo luego varios de ellos, rompiendo la unidad de la familia Ross. Desde los seis años de edad Minty fue alquilada para trabajar al servicio de varios propietarios, entre ellos la familia Cook. Una de las labores que le encomendaron fue la de atrapar las ratas que había en la plantación una parte de la cual era pantanosa. Para cazarlas debía sumergirse en las aguas, a veces heladas en invierno, por lo que enfermó gravemente.

“Dormía en el suelo, junto al fuego, y lloraba sin parar. Me preguntaba s era yo la única que entraba en casa y me metía en la cama de mi madre. Era extraño porque ella nunca tuvo cama. Sólo una tabla de madera clavada a la pared con paja por encima”, contó luego Minty.

Miss Susan, su dueña, estaba convencida de que a los esclavos había que azotarles regularmente con un látigo. Aquella esclavista brutal golpeaba a Minty en la cabeza, en la cara y el cuello. Al llegar a vieja, aún conservaba las cicatrices. Por lo demás, el trabajo era tan brutal como la vida. De adolescente una viga de hierro le fracturó el cráneo.

En una ocasión un vigilante le pidió ayuda para capturar a un negro fugitivo llamado Barnett y la joven se negó. Aunque Barnett logró huir, el vigilante le lanzó una pesada piedra, que en su trayectoria golpeó a Minty en la sien. Le volvieron a fracturar el cráneo, la llevaron ensangrentada e inconsciente a la mansión, pero como no había cama para tenderla, la pusieron sobre una tejedora, en la que permaneció dos días sin ninguna clase de cuidados médicos.

Aquel incidente cambió su vida y su carácter. Los dolores de cabeza ya nunca le abandonaron. Padecía frecuentes desvanecimientos y en medio de una conversación se dormía, aunque luego despertara de nuevo y continuara la charla. Otras veces no había manera de reanimarla.

Desde entonces las visiones, los sueños y la religión ocupó un lugar importante en la vida de Minty. Se convirtió en una mística. Rezaba frecuentemente y empezó a ayunar todos los viernes. Aunque pertenezcan a la misma secta metodista, el dios de los negros no era el de los blancos. El paraíso de estos estaba en el cielo; el de los anteriores estaba en la tierra.

Los metodistas negros se escinden de los blancos y en las iglesias son las predicadoras negras, como Lerena Lee, Maria Stewart o Sojourner Truth, las que empiezan a tomar la palabra para hablar de explotación y de liberación. Una pastora de Filadelfia, Zilpha Elaw, predica: “Cristo ha enviado a la mujer para anunciar al discípulo Pedro que ha regresado de entre los muertos”.

En febrero de 1831, tras negarse a comer, una joven esclava llamada Henny es golpeada y se revuelve lanzando jabón a los ojos de su dueña. La mata, la corta en pedazos con un hacha y luego esconde los restos en un armario. Unos meses después la ahorcaron en Cambridge, pero las peores pesadillas para los blancos no acabaron: una sedición dirigida por Nat Turner, un esclavo iluminado, mata por noche a los blancos a todos los blancos que puede, cuando dormían plácidamente. A Turner le ahorcan el 11 de noviembre en Virgina. Su cuerpo fue desollado, decapitado y troceado.

Entre 1830 y 1840 Minty trabaja para un constructor de barcos. En 1844 se casa con un hombre libre, un mulato llamado John Tubman, de quien toma el apellido. También aprovecha para ponerse el mismo nombre que su madre.

En 1849 su dueño Brodess muere a los 47 años de edad. Como ha dejado numerosas deudas, corre el riesgo de ser vendida a otro esclavista, por lo que huye de noche, abandona a su marido y conquista su libertad. Se instala en Filadelfia pero viaja frecuentemente a Maryland para liberar a su familia y amigos. Era muy extraño que un liberto se atreviera a viajar a zonas en las que los esclavistas les pudieran reconocer, capturar, azotar y, finalmente, ahorcar.

En Maryland logró liberar a unos 70 esclavos que huyen de la esclavitud por el llamado Ferrocarril Clandestino, una vía de escape que les trasladaba lejos del alcance de los esclavistas. Según censo de esclavos de 1850, la mayor parte de las fugas de esclavos se produjeron en Maryland. Los viajes se organizaron por medio de comunicaciones secretas que sólo un círculo muy reducido de negros conocían.

Los viajes eran de casi 150 kilómetros que se hacían de noche y a pie, por lo que podían prolongarse entre cinco días y tres semanas. Otros eran mucho más largos y acababan en Canadá. Para defenderse de los cazadores de esclavos y de sus perros, Harriet llevaba un revólver y no le asustaba tener que utilizarlo. En una ocasión contó la historia de que escapando con un grupo de esclavos, y cuando la moral estaba baja por la dificultad de las adversidades, uno de los hombre insistió en regresar a la plantación. Le apuntó con la pistola y le dijo: “Continúa o te mataré”. Días después el hombre se encontraba entre los que alcanzaron a llegar a Canadá.

El padre de Harriet, Ben Ross, logró huir en 1840. Tuvo una gran influencia sobre su hija y, una vez liberado, se convirtió en un militante del Ferrocarril Clandestino. Le capturaron en 1857 y su hija tuvo que regresar a Maryland para salvarle la vida. Logró llevarles hasta Canadá.

La habilidad de Harriet para viajar por los Estados esclavistas sin ser detectada siempre ha sido un ejemplo de clandestinidad y buena organización. Un blanco abolicionista como John Brown se interesó por la red de evasión que Harriet había puesto en pie. La Brown llamaba “general Tubman”. A su vez, Harriet apoyó su plan para crear un nuevo Estado con los negros que iban siendo liberados. Brown era partidario de utilizar la lucha armada y organizar un levantamiento general de los esclavos. En 1859 se apoderó de un arsenal en Harpers Ferry, Virginia, pero fracasó y fue ahorcado.

Durante la guerra civil, Harriet viajó a Carolina del sur, donde se trabajó para el espionaje unionista como cocinera, enfermera y exploradora.

En 1860 se trasladó de nuevo a su tierra natal para liberar a su hermana Rachel y a sus hijos Ben y Angerine, lo que finalmente pudo lograr después de varios intentos, cuando su hermana ya había muerto. Fue su última expedición liberadora.

Tras la guerra civil se estableció en Fleming, en el Estado de Nueva York, convirtiéndose en una dirigente del movimiento negro. Acogió en su casa a decenas de huérfanos, antiguos esclavos miserables. Hasta su muerte en 1913, ya muy anciana, jamás abandonó la lucha, ni la lectura. En Estados Unidos el movimiento negro la recuerda cada 10 de marzo, aniversario de su fallecimiento.

En Estados Unidos muchas organizaciones, sobre todo de mujeres negras, han seguido su ejemplo de lucha y llevan su nombre con orgullo.

En 1978 con su biografía se rodó la miniserie de televisión “Una mujer llamada Moisés” (A Woman Called Moses), basada en la novela de Gloria Naylor:

Primera parte:
https://www.youtube.com/watch?v=LndJrZcEKto
Segunda parte:
https://www.youtube.com/watch?v=emudKsEvdpo

Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre

Juan Manuel Olarieta

La ideología dominante se desarrolla en un lenguaje propio y característico. Una manera de imponer la ideología dominante es imponer el lenguaje en el que se expresa. Si un discurso o un texto no adopta ese lenguaje es incorrecto, erróneo y no se puede ni se debe expresar. El lenguaje dominante es, pues, un caso de censura y, lo que es peor, de autocensura.

El tabú es una parte importante de la censura. Para poder expresarse y transmitir su opinión, el hablante debe -necesariamente- hablar sobre determinados asuntos y no sobre otros, es decir, crea lagunas y silencios sobre los que nadie dice nada. Es como si una parte de la realidad hubiera dejado de existir.

Todos deben hablar sobre lo mismo. Pero eso tampoco es suficiente: todos deben utilizar determinadas expresiones, y no otras. Por ejemplo, no se debe hablar jamás de clase obrera. En un telediario nunca oirás la palabra “obrero”; hay que decir “empleado” o, a lo máximo, “operario”. Tampoco oirás muchas otras palabras, como “imperialismo”. En la censura de las palabras está la censura de las ideas.

Este fenómeno se rige por una ley de proporcionalidad inversa: a medida que un medio de comunicación tiene una mayor difusión se expresa en un lenguaje menos diverso, y al revés. Por lo tanto, los medios de comunicación de masas expresan siempre las mismas ideas y ocultan siempre las ideas opuestas.

Bajo la forma de eufemismos, siempre ha existido un lenguaje característico de la ideología dominante. Hoy se le llama lenguaje políticamente correcto y es una imposición surgida en Estados Unidos en los años ochenta. Es, pues, un fenómeno profundamente reaccionario e imperialista.

Los periodistas, universitarios y políticos han extendido ese lenguaje, convirtiéndolo en un fenómeno ideológico de masas. Forman los libros de estilo que imperan en todas las redacciones de los medios (televisión, radio, prensa), convertidos en manuales y diccionarios de consulta. Son doctrina. En ellos se contiene la ideología del imperialismo contemporáneo.

Las palabras no surgen por casualidad. Por ejemplo, en España para hablar de ETA durante décadas se utilizaron numerosas expresiones diferentes, hasta que en 1987 se impuso una definición única, “banda terrorista”, seguida al pie de la letra por todos y cada uno de los medios de comunicación. ETA no podía ser tanto como una “organización” porque parece algo estructurado; era una simple “banda”. Tampoco se la podía calificar de “separatista” porque tenía connotaciones políticas, mientras que ETA no pretendía otra cosa diferente que matar.

El fundamento teórico del lenguaje políticamente correcto es la hipótesis de Sapir-Whorf, según la cual el habla influye sobre la percepción, la memoria, el razonamiento y la conducta. Cambiando las palabras se cambia la visión y la valoración de la realidad. No es necesario cambiar el mundo; basta con hablar de él con otras palabras.

La ideología dominante es desigual, un estado permanente de presión intelectual, y se refiere -además- a una desigualdad real, que existe en la sociedad (racial, sexual, nacional, clasista) y que pretende encubrir, es decir, trata de aparentar igualdad donde hay desigualdad. Por eso los eufemismos son especialmente ridículos cuando se refieren a los oprimidos, como el de llamar “nativos americanos” a los indios, porque un indio es alguien despreciable y por eso decimos “hacer el indio” cuando alguien tiene un comportamiento ridículo.

Las necesidades de un lenguaje así derivan de que en la dominación los indios son los designados. No llamamos a los indios tal y como ellos se llamaban a sí mismos, de la misma manera que la Unión Soviética nunca existió en la jerga de los medios de comunicación burgueses. Para el imperialismo la Unión Soviética siempre fue Rusia. Si la burguesía se apodera y lo expropia todo, es normal que también se apodere de los nombres de las cosas y de las personas.

Desde luego que lo característico de la ideología dominante es que el fenómeno inverso no existe. Los blancos hablan de los indios pero los indios no hablan de los blancos. No utilizamos las expresiones indígenas para hablar del “hombre blanco”, al que no llamamos “rostro pálido”. El lenguaje de los dominados no existe y, si existe, no se propaga. No es que el oprimido no exista, lo que no existe es la opresión. Por ejemplo, en un Estado democrático, como España, ni existe la opresión nacional, ni existe siquiera ese lenguaje.

El reformismo se ha apuntado a la ofensiva de lo políticamente correcto porque como no se puede cambiar la realidad, lo que que quiere cambiar es la manera de referirse a ella. Pero ese no es el único efecto de lo políticamente correcto: además, ese tipo de lenguaje encubre la realidad, la disimula. Es el efecto eufemístico. Al mismo tiempo que camufla la realidad, el hablante (periodista, político, universitario, tertuliano) disimula su condición fascista y reaccionaria detrás de un lenguaje indirecto, sutil, empalagoso.

De esa manera lo políticamente correcto es inatacable, crea lugares comunes, neutros, tópicos, como los derechos humanos, la tolerancia, la diversidad, el pluralismo o la justicia universal. Nadie puede ofender ninguno de esos principios sin exponerse a una marginación y a convertirse en el saco de los golpes y los insultos: extremista, fanático, populista, fundamentalista, ultraizquierdista…

Lo políticamente correcto está por encima de las ideologías, no es burgués ni proletario, de izquierdas ni de derechas. No es “anti” nada, no está contra nadie, es respetuoso con todos y no tiene enemigos porque no hiere a nadie. Su lema es “respeto tu opinión pero no la comparto”. Sobre todo no es racista, ni machista, ni homófobo, ni xenófobo. Por eso habla de la ciudadanía, de la gente, de la multitud…

Que la burguesía sea políticamente correcta es lo suyo. Pero la falta de corrección queda equiparada al garrulismo, una condición que el oprimido quiere disimular imitando al opresor. La ideología dominante no sólo extiende a los oprimidos las ideas sino también extiende el lenguaje en el que las mismas se expresan. Entonces los oprimidos se expresan igual que los opresores, en los mismos términos.

Es consecuencia del complejo de inferioridad de todos los oprimidos. Los garrulos queremos ser finos y como nos han acomplejado, cuando vamos al médico no decimos “tetas” sino “pechos”, olvidando que sólo tenemos un pecho pero que, en cambio, tenemos dos tetas. No nos damos cuenta de que caemos en la pedantería y la hipocresía. A veces necesitamos hablar en un lenguaje que no es el nuestro para que nos den un trabajo, por ejemplo. No queremos que nuestro lenguaje callejero denote nuestra ínfima extracción social y nuestra “incultura”. Nos avergonzamos de nosotros mismos porque a nuestra cultura ellos no la consideran como tal: la califican como todo lo contrario, como incultura.

Dejémonos de chorradas. Seamos nosotros mismos: directos, francos, transparentes. Llamemos a las cosas por su nombre. Hablemos de nosotros mismos, de nuestros problemas, de lo que nos preocupa y de lo que nos interesa.

El ‘arte’ moderno es un arma de la CIA

El ‘arte’ que promocionó la CIA
Durante años se ha rumoreado una conexión entre la CIA y el auge del expresionismo abstracto, una de las corrientes pictóricas dominantes –si no es que una de las más reconocibles– del siglo XX. Sin embargo, ¿qué podían tener Pollock, De Kooning, Motherwell o Rothko que la CIA pudiese utilizar en su favor durante los años 50, en plena cacería de comunistas promovida por Joseph McCarthy? ¿El arte moderno de Estados Unidos, con su énfasis en el color y la textura, dejando de lado la figuración, podía ser un arma de reeducación ideológica a nivel mundial y propaganda encubierta de la libertad de expresión promovida en Occidente? A menudo desestimada como “otra” teoría de conspiración, la conexión ha sido admitida por uno de sus promotores, el hoy retirado agente de la CIA Donald Jameson.

“Con respecto al expresionismo abstracto, ¡me encantaría decir que la CIA lo inventó sólo para ver qué pasaba en Nueva York y en el SoHo al día siguiente!”, bromea el antiguo espía. “Pero pienso que lo que hicimos realmente fue reconocer la diferencia. Se reconoció que el expresionismo abstracto era el tipo de arte que hacía parecer al realismo socialista mucho más estilizado y rígido y confinado de lo que era”.

Pero los agentes de la CIA no podían simplemente entrar en los talleres de los artistas y pedirles que pintaran para promover fuera de su país el sueño americano. Se necesitaba sutileza y eso es algo que en ocasiones hasta la CIA es capaz de lograr. Jameson sabía tan bien como el presidente que los artistas, al menos en su mayoría, “son gente que tenía muy poco respeto por el gobierno en particular, y ciertamente ninguno por la CIA. Si debíamos usar a la gente que se consideraba más cercana a Moscú que a Washington, pues bueno, tanto mejor”, pues de esta forma se evitaban sospechas.

Este programa fue conocido oficialmente como el Congreso por la Libertad Cultural, que financió importantes exposiciones como The New American Painting entre 1958 y 59, Modern Art in the United States de 1955 y Masterpieces of the 20th Century de 1952. Extraoficialmente sus agentes lo llamaron “la correa larga” (“the long leash”), e involucró a algunos de los más importantes museos del mundo, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York o la galería Tate de Londres y a millonarios de la estirpe de los Rockefeller. La conexión cuenta con evidencia clara, que además demuestra la sutileza de la operación. William Paley, presidente de la CBS y uno de los fundadores de la CIA fue miembro de la mesa directiva del programa internacional del MoMA, liderado por John Hay Whitney, quien sirvió en la OSS, el antecesor histórico de la CIA, además de Thomas Braden, primer jefe de la División de Organizaciones Internacionales de la CIA, que fue secretario ejecutivo del museo desde 1949.

Braden explicó en una entrevista reciente que el objetivo era “unir a toda la gente que fueran escritores, que fueran músicos, que fueran artistas, para demostrar que Occidente y Estados Unidos estaban comprometidos con la libertad de expresión y el logro intelectual, sin ninguna barrera rígida de sobre qué se debía escribir, y lo que se debe decir, y lo que se debe hacer, y lo que se debe pintar, que es lo que ocurría en la Unión Soviética. Creo que fue la división más importante de la agencia, y creo que tuvo un papel enorme en la Guerra Fría.

¿Y por qué hacerlo en secreto? Según Braden, esto se debe a la hostilidad del público en general respecto al arte de vanguardia: “Era muy difícil hacer que el Congreso aceptara algunas de las cosas que queríamos hacer: enviar exposiciones de arte al extranjero, sinfonías al extranjero (sic), publicar revistas en el extranjero. Esa es una de las razones por las que debía realizarse en secreto. Debía ser un secreto. Para fomentar la apertura debíamos ser secretos”.

El expresionismo abstracto falló en llegar al “gran público”, pero eso no necesariamente fue culpa de los artistas. Muchos, como Rothko, se negaron a decorar los hoteles de 5 estrellas y las sedes corporativas de las grandes empresas, a pesar de que eran los miembros de las mesas directivas de estas empresas los que fungían de prestanombres para las fundaciones que financiaban sus exposiciones. Pero incluso el punto de vista de gente como Braden, a pesar de ser un poco cínico, no deja de recordarnos las raíces del arte occidental y del arte moderno.

Se necesita de un Papa o de alguien con mucho dinero para reconocer y apoyar el arte. Y luego de muchos siglos la gente dirá “¡Oh, mira la Capilla Sixtina, la creación más hermosa de la Tierra!”. Es un problema que la civilización ha enfrentado desde el primer artista y el primer millonario o Papa que lo apoyó. Y aún así, si no hubiera sido por los multimillonarios y los Papas, no habríamos tenido arte.

Fuente: http://www.independent.co.uk/news/world/modern-art-was-cia-weapon-1578808.html

China en la crisis capitalista mundial

Ayer Miguel Otero pronunció una conferencia en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander que resume bastante bien el punto de vista del imperialismo sobre la actual crisis. De manera muy gráfica, Otero calificó los 3,6 billones de dólares de reservas que tiene China en su poder como un “arma nuclear monetaria”. Lo que no aclaró es si el arma ya se había disparado, ni tampoco que el arma le puede estallar a China en sus propias manos.

Desde hace un año en occidente la burguesía viene ocultado un hecho decisivo que hasta el FMI destacó: que por tamaño China es -desde hace un tiempo- la primera economía capitalista y que ha desplazado de ese lugar de privilegio a Estados Unidos, algo que es tabú para la prensa imperialista. Aquí no se puede admitir que nadie diga que Estados Unidos no ocupa el primer lugar en nada.

Tampoco nadie admitirá nunca que gracias a China la recesión que comenzó en 2007 con la quiebra de Lehmann Brothers se pudo paliar ligeramente gracias a que China era la locomotora mundial y que su crecimiento espectacular ha aliviado la crisis o, mejor dicho, ha prolongado la agonía unos pocos años más.

La conclusión es bastante obvia: a diferencia de 2007, ahora el capitalismo mundial ni siquiera tiene a China de locomotora porque la locomotora también se ha gripado.

Las informaciones económicas que leemos en la prensa imperialista proceden de que las seudoteorías económicas burguesas no conocen las crisis. Para ellos el capitalismo no tiene crisis. En sus diccionarios ni siquiera existe la palabra crisis. A partir de aquí, para justificar una evidencia contraria utilizan eufemismos, como “desaceleración”, y hablan de que su origen está “fuera” de occidente (en China) y, muy posiblemente, fuera del capitalismo mismo.

Por lo tanto, la “culpa” de la crisis es de China, desde nos alcanza a nosotros (que no estábamos en crisis sino que íbamos “acelerados”). Una crisis económica es, pues, como el contagio de una enfermedad infecciosa; va de fuera hacia dentro.

El argumento es absurdo pues si China nos ha contagiado “su” crisis es porque se ha convertido en el corazón del capitalismo mundial. Es el núcleo de la intoxicación propagandística: los portavoces del imperialismo reconocen ahora la “culpabilidad” de China en la crisis cuando jamás reconocieron la misma “culpabilidad” de China en el “auge” económico anterior.

Pero los imperialistas tiene razón al destacar la novedad de que China está en crisis. Es una noticia que no se había oído en 40 años de éxitos económicos trepidantes. Es, pues, algo realmente histórico porque el capitalismo nunca había conocido, y menos en épocas recientes, una etapa tan prolongada de crecimiento económico.

Creíamos que eso sólo era posible en el socialismo y por ello algunos opinan que China es un país socialista. Pero China es un país capitalista y su crisis es una crisis típicamente capitalista que alcanza a todo el mundo capitalista. De ahí que se exprese en términos militares, tales como “guerra de divisas” y “arma nuclear monetaria” porque las crisis del capitalismo arrecian la competencia interna y el reparto de los mercados que, finalmente, conducen a la guerra porque sólo se pueden resolver por la fuerza.

En su conferencia Otero defendió posturas erróneas sobre ambos aspectos, tanto sobre la “guerra de divisas” como sobre el “arma nuclear monetaria”. Sobre la primera vaticinó que “en los próximos meses vamos a ver una divisa estable” y de la segunda ni siquiera se enterado: China ya ha hecho uso del “arma nuclear monetaria” que tenía en sus manos. La primicia la dio Zero Hedge y la confirmó hace poco la agencia Bloomberg: hace tres meses que se está deshaciendo de sus reservas de dolares discretamente.

Otero lo dijo como advertencia: si China vende “podría hacer mucho daño a Estados Unidos”. El conferenciante está en las nubes: China ya ha empezado a vender bonos del Tesoro por una valor total que se estima en más de 200.000 millones de dólares y puede llegar hasta 900.000 millones, lo cual sería una verdadera hecatombe para Estados Unidos.

Esta situación demuestra que, además, de ser la primera potencia capitalista por tamaño económico, China tiene en sus manos a Estados Unidos, y no al revés. Por eso es también absurdo lo que dijo Otero en Santander acerca de que Xi Jinping tiene “autonomía para decir no” a los mandatos de Estados Unidos. Por supuesto que sí. El problema es que Estados Unidos ya no tiene capacidad para emitir mandatos, y menos a China.

Ahora Obama extiende las sanciones económicas también contra China

Según acaba de publicar el Washington Post, en el plazo de dos semanas la Casa Blanca podría imponer sanciones económicas contra empresas y particulares chinos a los que acusa de ordenar o beneficiarse de la piratería informática en contra de los intereses de las empresas estadounidenses.

Es el colmo de la desfachatez que el gobierno de Estados Unidos, que lleva décadas pirateando a todo el mundo, incluidos gobiernosy empresas, acuse a otros países de eso mismo, de pirateo. Teniendo en cuenta que el mes próximo está prevista una visita del presidente chino Xi Jinping a Washington, la desfachatez se convierte en una provocación abierta y descarada.

Otra de las acusaciones que mueven a la risa es que la empresa pirateada es -nada menos- que Google, una multinacional ligada a la CIA cuya tarea (la de Google y la de la CIA) consiste en espiar a los millones de usuarios que en todo el mundo utilizan su buscador; y a los que no lo utilizamos con más saña todavía.

A pesar de ello, hasta la fecha no hay ninguna prueba de que China esté implicada en los casos de piratería informática que se le imputan, ni el gobierno, ni ninguna empresa. Pero las acusaciones de la Casa Blanca llegan a punto de acusar a los chinos de apoderarse de los planos de centrales nucleares y de una parte del código fuente del motor de búsqueda de Google, entre otras acciones.

A comienzos de este año Obama ya impuso sanciones económicas contra Corea del norte, tras el pirateo de las películas de Sony, que se imputó al gobierno de Pyongyang sin ninguna clase de pruebas. No obstante, en aquel caso, aunque las sanciones no se explicaron, parece ser que van dirigidas contra el propio gobierno coreano.

También Rusia está sometida a sanciones económicas, aunque su origen no es informático sino que se justificó por la anexión de Crimea y la posterior guerra de Ucrania.

El año pasado los tribunales estadounidenses abrieron un sumario contra cinco militares chinos acusados de piratear los sistemas informáticos de varias empresas americanas, especialmente del sector siderúrgico.

Ahora las sanciones contra China se podrían imponer sin pruebas públicas y sin respetar los procedimientos establecidos por la Organización Mundial de Comercio.

En realidad China se está defendiendo del espionaje informático estadounidense, imponiendo medidas cada vez más drásticas a las multinacionales estadounidenses, tales como exigir que abran el código de los programas instalados, para poder controlar que no tengan mecanismos subrepticios de vigilancia. La mayor parte de las empresas estadounidenses se han negado a hacerlo y, además, han bloqueado el funcionamiento de los antivirus chinos y rusos.

Kidon: terrorismo israelí con licencia para matar en todo el mundo

La televisión israelí ha admitido que la unidad de asesinato “Kidon”, una subsidiaria del servicio de inteligencia israelí (Mossad), fue autor de al menos 40 operaciones en diferentes partes del mundo, incluido Irán.

Entre las figuras asesinadas por este departamento secreto israelí se encuentran los científicos nucleares iraníes y el alto comandante del Movimiento de Resistencia Islámica Palestina (Hamas), Mahmoud al-Mabhouh, éste último durante una operación realizada en 2010 en Dubai (Emiratos Árabes Unidos).

Ronen Bergman, un experto en las agencias de inteligencia de Israel, consideró a Kidon como un pequeño Mossad dentro del Mossad, una formación que ofrece entrenamiento militar a sus integrantes en un lugar aislado, e incluso el resto de los elementos del Mossad no saben los nombres reales de sus componentes.

Una de las principales tareas asignadas a los agentes de Kidon es llevar a cabo misiones especiales de secuestro, ejecución y asesinato, según el informe. Entre otras misiones de dicho departamento son llevar a cabo homicidios y asesinatos con éxito con el objetivo de la disuasión, la intimidación y la frustración de las supuestas actividades hostiles contra Israel.

De acuerdo con el documento, Kidon es la única unidad en el mundo que lleva a cabo oficialmente las tareas de asesinato y está compuesto por equipos integrados por una docena de personas cada uno.

Las autoridades palestinas atribuyen, además, a Kidon el asesinato del fundador del movimiento Yihad Islámica Palestina, Fathi Shiqaqi, en 1995.

Los integrantes de la unidad de terror de Mossad o Kidon, que trabajan bajo los nombres de personajes ficticios, se encargan también, del asesinato de los científicos nucleares en diferentes puntos del mundo y de los dirigentes nazis que aún están vivos.

A principios de este mes, el ministro israelí de Asuntos Militares, Moshe Yaalon, admitió en una entrevista concedida al semanario alemán Der Speigel que la inteligencia de Israel estuvo detrás del asesinato de los científicos nucleares iraníes, subrayando: “Está muy claro, de una manera u otra […] el programa nuclear iraní tiene que ser frenado”.

El ministro israelí amenazó abiertamente con más ataques a científicos iraníes o acciones de sabotaje contra los sistemas informáticos del país persa, ya que su gobierno “no va a tolerar un Irán armado con bombas atómicas”.

En los últimos años, cuatro científicos iraníes vinculados al programa nuclear pacífico del país han perdido la vida en atentados terroristas: Masud Ali Mohamadi (enero de 2010), Mayid Shahriari (noviembre de 2010), Dariush Rezaineyad (julio de 2011) y Mostafa Ahmadi Roshan (11 de enero de 2012).

Israel alega que el programa de energía nuclear iraní tiene dimensiones militares, y pese al reciente consenso nuclear alcanzado entre Teherán y el Grupo 5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia, China más Alemania), busca presionar a las partes occidentales para que bloqueen un acuerdo definitivo con Irán, algo que considera como un “error estratégico” y una amenaza para su supervivencia.

La negativa israelí a un pacto Irán-G5+1 tiene lugar mientras oculta en sus arsenales más de 200 ojivas nucleares y se niega a adherirse al Tratado de No Proliferación (TNP), tampoco permite inspecciones a sus instalaciones nucleares, pese a los llamamientos de la ONU.

—http://www.hispantv.com/newsdetail/Oriente-Medio/55049/israel-kidon-mossad-asesinato-hamas-Mabhouh

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies