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Al-Assad encabeza una amplia coalición política contra el yihadismo

Además de militar y diplomática, la guerra contra el yihadismo en Siria tiene un componente político importante que siempre ha existido de hecho pero que sólo ahora, cuando el ejército regular avanza, aparece con mucha más claridad.

El gobierno de Damasco no combate en soledad sino que ha creado una alianza con fuerzas nacionales (kurdos) y religiosas (cristianos).

La principal milicia kurda YPG (Unidades de Protección del Pueblo Kurdo) ha formalizado una alianza con el gobierno con el nombre de “Fuerzas Democráticas Sirias”, en el que también se ha integrado el grupo Burkan Al-Furat, mayoritariamente árabe.

En Siria está apareciendo un nuevo escenario que repercutirá más allá de la guerra, en las negociaciones de paz, en la transición y, en definitiva, en una nueva correlación de fuerzas interiores, hasta ahora oculta detrás de una agresión internacional.

Los protagonistas no volverán a ser los mismos, como ha reconocido Federica Mogherini, la responsable diplomática de la Unión Europea. La creación de las Fuerzas Democráticas Sirias “cambia el dato”, dijo ayer, añadiendo que hay que coordinar “las intervenciones en el conflicto”. No aclaró qué es lo que hay que coordinar ni quién se va a encargar de ello, seguramente porque no lo sabe.

No obstante, el uso del plural ya pone de manifiesto que en Siria empiezan a aparecer actores de los que nadie ha hablado antes y, por lo tanto, son posibles muchas combinaciones, que van más allá de la guerra.

Como es característico en Oriente Medio, esas combinaciones recurren a padrinos foráneos, por lo que quienes, como Turquía, han apostado por el caballo perdedor, pueden quedarse fuera de juego, salvo que las próximas elecciones saquen a Erdogan del gobierno de Ankara. Hasta la fecha Erdogan ha apostado por promover el yihadismo en Siria y por catalogar a YPG como la sucursal siria del PKK, es decir, como una organización terrorista.

Erdogan es la versión yihadista de la Audiencia Nacional. Tiene tal paranoia con Bashar Al-Assad y con los kurdos, al mismo tiempo, que ve terroristas, brazos, tentáculos y “entorno” por todas partes. Está tan desesperado por acabar con el terrorismo que no hace otra cosa que promocionarlo.

Va a acabar muy mal. Será el cazador cazado. Culpar al Califato Islámico por el último atentado de Ankara, que ha costado casi 100 vidas, es como culparse a sí mismo.

Atención: Esta noticia contiene información errónea. Está corregida en este enlace:

La policía británica abandona la custodia de Julian Assange

La policía británica se ha aburrido de custodiar la puerta de la embajada de Ecuador en Londres para detener a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. Después de tres años de vigilar la legación diplomática ha mandado a los guardianes a que cumplan otras funciones.

La presencia de policías durante 24 horas «ya no es proporcionada» y los recursos son «finitos», dijo un portavoz oficial.

No obstante, la policía advirtió que continuará con un «plan encubierto» para arrestar al australiano si deja el edificio. Se estima que la vigilancia de Assange le ha costado 20 millones de dólares a la policía.

Assange es un programador informático nacido en Australia que en 2009 denunció los crímenes cometidos por la policía en Kenia.

En 2006 fundó el sitio web WikiLeaks para publicar información secreta sobre los chanchullos internos de los imperialistas. Desde entonces ha publicado más documentos clasificados que toda la prensa mundial junta. El sitio de internet ha padecido el mayor número de ataques informáticos que se conoce con el fin de impedir el acceso a ellos, por lo que para evitar su desaparición existen más de mil sitios diferentes con la misma información clonada.

En 2012 creó el Partido WikiLeaks, anunciando su presentación como candidato para el Senado australiano.

Como consecuencia de sus actividades está perseguido y tuvo que refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia por una farsa judicial en el que le imputan un supuesto delito sexual cometidos en 2010.

La denuncia la interpuso una gusana cubana que trabaja para la CIA. Fue cerrada inicialmente y luego reabierta por presiones de la embajada de Estados Unidos en Estocolmo.

Estados Unidos le acusa de espionaje y traición, por lo que podrían imponerle la pena de muerte.

Assange es una de las muestras de que el imperialismo no tolera ni la más leve deslealtad: si les atacas son capaces de perseguirte hasta la tumba.
Además, es un ejemplo de que las informaciones oficiales no tienen nada que ver con el mundo real, que se esconde en medio de una maraña de datos reservados que tratan por todos los medios de que no vean la luz.

Rusia logra neutralizar a Arabia saudí en la guerra de Siria

El domingo Putin se entrevistó en Sochi con el nuevo ministro saudí de Defensa, Mohammed bin Salman Al-Saud por segunda vez en pocos meses.

El Presidente ruso ha obtenido el compromiso de los saudíes de “cooperar más estrechamente” en Siria, aunque no queda nada claro en qué consistirá dicha “cooperación” porque mientras Moscú sostiene al gobierno de Damasco, Riad hace lo propio con el Califato Islámico y ha criticado la intervención militar rusa en apoyo al ejército regular.

Parece que la autocracia saudí también ha renunciado al derrocamiento de Bashar Al-Assad porque tras el encuentro el ministro saudí de Asuntos Exteriores, Adel Al-Dschubeir, declaró que su país es partidario de un “diálogo” entre el gobierno y la oposición para abrir un periodo de transición en Damasco.

Al-Dschubeir también dijo que Rusia había disipado los temores saudíes sobre el creciente papel de Irán en el futuro de Siria.

Putin ha obtenido otra victoria diplomática de largo alcance en Oriente Medio. Hace muy pocos días los dirigentes religiosos wahabitas llamaron a la guerra santa contra Rusia.

El diario alemán “Deutsche Wirtschafts Nachrichten” relaciona el giro saudí con la “lucha por el poder” que viven las camarillas de Riad tras la muerte del anterior monarca (*).

Los progresos militares del ejército regular sirio marchan en paralelo con los avances diplomáticos de Rusia y ya están en la frontera con Turquía. Al mismo tiempo, el Califato Islámico ha padecido una importante derrota en los alrededores de la base aérea de Deir Ezzur, donde ha dejado 120 cadáveres.

(*) Erfolg für Putin: Saudi-Arabien gibt Widerstand gegen Russland auf, http://deutsche-wirtschafts-nachrichten.de/2015/10/11/erfolg-fuer-putin-saudi-arabien-gibt-widerstand-gegen-russland-auf/

Un tribunal en el que todos los acusados son negros

El domingo llegó a Argel el presidente de Sudán, Omar El Bechir, en una visita oficial que durará tres días.

Hace algún tiempo Sudán y Egipto eran un único país, creado a lo largo del río Nilo. Incluso después de la partición entre ambos, Sudán era el país más extenso de África. Pero en 2011 perdió otro pedazo, con el que los imperialistas crearon Sudán del sur.

Pero a quien persiguen es al presidente sudanés porque el Tribunal Penal Internacional es una de esas repugnantes instituciones internacionales creadas para que las ONG, los humanistas y los amantes de los derechos humanos duerman con su conciencia bien tranquila.

Sin embargo, como en cualquier tinglado racista de los tiempos del apartheid, en ese Tribunal todos los acusados son negros.

La primera vez que El Bechir salió de su país fue en junio. Viajó a Sudáfrica para participar en una cumbre de la Unión Africana. Las ONG aprovecharon para poner una querella en su contra ante los tribunales sudafricanos, ese tipo de acciones rocambolescas que tienen un enorme eco mediático, porque se trata justamente de eso: de salir en los medios y nada más.

Los querellantes pedían que El Bechir fuera detenido en virtud de una orden emitida por el Consejo de Seguridad de la ONU durante la guerra de Darfur. Lograron que un tribunal le impidiera salir del país.

Fue una comedia. Al día siguiente el presidente sudanés ya estaba en su casa y cuando los tribunales sudafricanos pidieron explicaciones al Ministerio del Interior, éste contestó lo siguiente: “no pudimos impedir su fuga porque no presentó el pasaporte en el puesto fronterizo”. De risa.

A diferencia de Sudáfrica, Argelia no ha ratificado el tratado que instituye el Tribunal Penal Internacional, por lo que ahora mismo duerme plácidamente en la otra orilla del Mediterráneo.

En 1998 se reunieron en Roma representantes de 193 países para crear el órgano mundial capaz de poner en marcha esa idiotez a la que llaman “justicia universal”. El estatuto lo firmaron 121 de ellos, por lo que tiene muy poco de “universal”. En cuanto a lo de “justicia” no merece la pena ni mencionarlo…

Un jurista erudito recordaría que los precedentes de un tribunal de esta naturaleza están en el artículo 227 del Tratado de Versalles, sí, aquel que en 1919 puso fin a la primera guerra imperialista y dejó las puertas abiertas a la segunda.

El mundo está gobernado por dos especies surgidas a lo largo de la evolución de la humanidad, los imperialistas y los farsantes, que cualquiera puede contemplar, uno al lado del otro, en ese vodevil que se llama Tribunal Penal Internacional.

El Tratado de Versalles creó un tribunal así para juzgar al emperador del Reich alemán, Guillermo II, al que los vencedores acusaban (tomen nota), de “ofensas supremas contra la moral internacional y la autoridad sagrada de los tratados”. Lo sagrado, lo ético, lo jurídico… todo en uno.

Pero un tribunal con tan magnos deberes hacia la humanidad nunca vio la luz. Guillermo II se marchó a Holanda, un país que nunca adoptó ninguna medida en su contra, a pesar de los graves delitos cometidos por el emperador alemán. ¿Dónde quedó lo sacro, lo moral y lo jurídico? Debajo del cesto de los papeles. ¿Donde quedó Guillermo II? Está enterrado en Holanda, justo al lado de la sede actual del Tribunal Penal Internacional…

En este Tribunal no sólo todos los acusados son negros, sino que todos son africanos porque África es el único continente en el que se cometen genocidios y crímenes de guerra, contra la humanidad y demás.

Quizá el Tribunal amplíe pronto su radio de acción geográfico. El reciente bombardeo de la OTAN contra un hospital en Kunduz, Afganistán, que ha matado a 33 personas ha sido calificado por “Médicos Sin Fronteras”, como un “crimen de guerra”, por lo que esperamos pronto ver a Obama sentado en el banquillo de los acusados. ¿Será porque Obama también es negro?

Amenazas imperialistas contra Suecia por el reconocimiento del Sáhara

El gobierno socialdemócrata sueco se dispone a reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática, el Estado proclamado por el Frente Polisario, que cuenta con el aval de varios países de África y América, pero ninguno de Europa. Suecia sería el primero.

El gobierno de Marruecos ha respondido tan agresivamente como cabía esperar: bloqueando la apertura de la primera tienda de Ikea en el país, prevista para el martes.

Pero mucho más feroz ha sido la del “Washington Post” en un artículo firmado por Adam Taylor, un plumilla londinense: “La política exterior sueca consiste en un ‘totalitarismo feminista’ que quiere resucitar una vieja tradición diplomática sueca de los años años 80 que se basaba en el apoyo ideológico a los movimientos separatistas en los países en desarrollo”.

Sólo un baboso puede escribir algo así. ¿A qué viene eso del “totalitarismo feminista”? Es cierto que la llegada de la socialdemocracia al gobierno a comienzos de este mes ha cambiado la política exterior de Suecia y que eso le ha granjeado la enemistad de países que merece la pena enumerar: Israel, Arabia saudí, Emiratos Árabes Unidos y ahora Marruecos.

Pero, a cambio, se ha ganado nuestra amistad, por si le vale de algo.

No conforme con publicar artículos estúpidos, el “Washington Post” pasa a las amenazas, al más puro estilo imperialista, como la que Marruecos ha puesto en marcha: “La reputación de Suecia como socio comercial y de negocios está en juego”.

En la política exterior todo son chantajes: si no complaces a Estados Unidos y a sus socios vas a tener problemas, o sea, presiones económicas. No podrás organizar unos juegos olímpicos. Tampoco el Banco Mundial te va a conceder un préstamo. Las multinacionales se irán del país…

El periódico califica al gobierno sueco de “radical”, de volver a los vicios diplomáticos de los años 80: “Algunos miembros del partido socialdemócrata miran la política exterior de Olof Palme durante los años 70 y 80 como un ideal. Este antiguo Primer Ministro sueco adoptó una política de [….] apoyo a los movimientos separatistas en los países en desarrollo. Fue asesinado en Estocolmo en 1986 y la muerte no se ha aclarado”.

Es lo que ocurre cuando los chantajes económicos no son suficientes. Entonces llegan los asesinatos y las amenazas de cometerlos. Hay que ser tan canalla como el “Washington Post” para recordar ahora ahora aquel asesinato. Pero mienten cuando tienen que dar el último detalle: el asesinato de Palme está absolutamente claro; lo mató la CIA precisamente por este tipo de decisiones “radicales”.

¿Son los refugiados una inversión rentable?

La semana pasada el diario alemán Bild Zeitung calculaba que Alemana podría recibir este año a un millón y medio de refugiados. Se basaba en un documento confidencial del gobierno federal que, de puertas afuera, habla de sólo 800.000 peticiones de asilo.

Merkel sigue siendo partidaria de la acogida de los refugiados porque Alemania es un país agotado demográficamente. Como en toda Europa, la población alemana envejece. Los países europeos presentan síntomas alarmantes de decrepitud. Son masas de jubilados necesitadas de una asistencia médica y personal permanente.

El capital necesita reponer su ejército industrial de reserva, fuerza de trabajo joven a la que poder explotar durante varias décadas. Pero los alemanes no quieren tener hijos. Un informe de la fundación Bertelsmann dice que la fuerza de trabajo se podría reducir de 43 millones de obreros hoy, a 29 millones en 2050 si no hay nuevas aportaciones de mano de obra externa, inmigraciones y llegadas de trabajadores foráneos.

Para mantener la maquinaria capitalista en marcha, Alemania necesita cada año medio millón de trabajadores emigrantes más. Según el Ministerio de Trabajo si la aportación fuera de sólo 200.000 trabajadores al año, la fuerza de trabajo disminuiría en casi tres millones en 2030.

No obstante, la acogida de esa masa de emigrantes requiere un dispositivo público de asistencia para el que no hay financiación en la actualidad. El ministro del Interior, Thomas de Maizière, ha hablado de la necesidad de encontrar un equilibrio entre las necesidades y las posibilidades.

Según el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung la acogida de un millón y medio de emigrantes costaría 10.000 millones de euros aproximadamente este año, lo que supone cuatro veces más que el desembolso del año pasado.

El gobierno alemán también echa números. Cada emigrante cuesta 13.000 euros al presupuesto público, contabilizando el albergue, la comida, la atención médica y unas migajas de dinero para que puedan ir tirando mientras se tramitan los papeles.

Uno de los desembolsos más importantes son los 500.000 euros que cuesta el adiestramiento del emigrante para que pueda aprender el idioma.

En Alemania nadie habla de los refugiados como de un drama humanitario. Es una inversión como cualquier otra. Pero, ¿será una inversión rentable? Para que ello sea posible, es decir, para obtener beneficios con la emigración y el asilo, es necesario abaratar los enormes costes sociales. A su vez, eso exige que las ONG acometan la tarea de una manera caritativa, es decir, en base a voluntarios que trabajen gratis para que el capitalismo funcione a pleno rendimiento. Máximo beneficio con el mínimo coste.

De regímenes y dietas

N. Bianchi

De no mucho tiempo a esta parte y en medios, webs, organizaciones y grupos de izquierda y alternativos, se escucha la expresión «el régimen del 78» para referirse, supongo, al que va de la Constitución española de ese año a nuestros días, esto es, que se establece una especie de «corte histórico» (y no sabemos si «epistemológico» a lo Althusser) con respecto al «régimen de Franco», es decir, que habría que hablar, como si de dos momentos históricos diferentes se tratasen, de un año, 1978, que divide y separa casi tajantemente la época de Franco de la actual que, se supone, es «democrática» con sus «imperfecciones», «déficits», etc., porque, ya se sabe, la democracia es, parece ser que dijo Churchill, furibundo anticomunista, «el menos malo de los sistemas», de los existentes en, por supuesto, el «mundo libre» y, claro está, «occidental». El otro mundo es de los «bárbaros» (exónimo peyorativo que los griegos aplicaban a quienes no hablaban su lengua, o sea, el griego, y, por tanto, eran «extranjeros» que «balbuceaban» -bárbaramente- otras lenguas… «bárbaras», como los escitas) que no conocen las bondades de las democracias plurales y representativas occidentales, pueblos a los que, a veces, hay que «exportarles» las delicias de la democracia a bombazo y ostia limpia.

A lo que voy que me lío. Para mí no ha habido un corte o ruptura (democrática) entre la muerte de Franco, vale decir, y lo que vino después, a saber: elecciones, libertades, Constitución, etc., es decir, la «democracia», si se quiere adjetivar, burguesa. Parece que nada más morirse el dictador advino milagrosamente la llamada democracia con, eso sí, una «Transición» por medio. Se acuesta uno una cosa y se despierta otra. No hubo un «antes» y un «después» pues una persona no define -aunque la personifique-una forma de Estado, sino una clase social.

Soy de los que opinan que aquí, en el Estado español no ha habido «ruptura» y, por lo tanto, no  sabe hablar del «régimen del 78», sino del «régimen del 36» cuando empezó la guerra civil que ganaron los fascistas hoy reconvertidos en «demócratas». De aquellos barros estos lodos, que se dice. Que no es exactamente lo mismo es algo que ya sabemos, no somos tan burros.

Escribo estas breves líneas hoy, 12 de octubre, Fiesta Nacional de España, Día del Pilar, de la Hispanidad, de las Fuerzas Armadas, antes de la Raza y de la madre que los parió. Pues bien, no hay forma de eludir y esquivar que el pueblo asocie esta «Fiesta» al régimen franquista, al fascismo vencedor, al patrioterismo de tres centavos (que diría Brecht) ¡¡después de 40 años de muerto Franco y ya con dos generaciones habidas!! Tan es así que el facherío tertuliano, que es la mayoría, y más en estos temas tan «patrióticos», se desgañita por convencer a la gente de que es un error «asociar el desfile militar a Franco», pero no lo consiguen y en su empeño por conseguirlo se delatan freudianamente hablando, pues ¿para qué convencer de algo año tras año que se supone que está claro y es papilla? ¿O es que no está tan claro y el hueso es difícil de roer por aquello de la memoria histórica y que si algo no hay es el olvido? Por no hablar de la impúdica exhibición militar insultante pensada siempre para ser usada contra el «enemigo interior», para acojonar al pueblo o a Catalunya… como en los mejores tiempos de Franco. Hablan de «Estados fallidos» por ahí fuera ¡¡y lo tienen delante de los morros!!

P. S. Todavía estoy esperando que algún «tertulisto» recuerde la anécdota de cuando le pillaron a Rajoy, hace unos años, no muchos, en «off-side» («orsay», que decían nuestros padres) y «off the record», diciendo (pensando que los micrófonos estaban cerrados) aquello de «joder, y mañana tengo que ir al COÑAZO (sic) del Desfile» (militar, por supuesto). Y es que lo que realmente se piensa sólo se puede decir en «off» y no en «on».

Buen día.

El fin del hombre rojo según Svetlana Alexievich

Svetlana Alexievich
Este año el Premio Nóbel de Literatura ha recaído en la escritora Svetlana Alexievich, nacida en Ucrania en 1948 pero con pasaporte bielorruso.

Creo que no es necesario insistir en que un Premio Nóbel es, más que nada, un descrédito para cualquiera, que tendrá que demostrar que, a pesar del galardón, sabe escribir sin faltas de ortografía. Si le hubieran dado el Premio de la Paz, tendría que demostrar que no ha desatado ninguna guerra.

Antes que nada y, sobre todo, antes que sus escritos, lo que hay que decir acerca de Alexievich es lo que nadie va a decir: sus vínculos con la Fundación Soros y el Club Pen, lo cual nos ahorra dar más explicaciones sobre eso que se llama “su posicionamiento” ideológico y político en relación a uno de sus libros: “El fin del hombre rojo”.

Al “hombre rojo” Alexievich lo llama también “Homo sovieticus” porque ella trata más de los soviéticos que de los soviets, lo cual es un punto de vista muy interesante acerca de la URSS. La caída de la URSS no sólo supuso el fin del socialismo (o de lo que quedaba de él) sino de un tipo de personas que existieron en aquella época y ya han desaparecido.

“El fin del hombre rojo” describe el fin de una civilización. Es una vasta encuesta, casi sociológica, de miles de personas que vivieron en la URSS y murieron con ella. ¿Cómo vivían los soviéticos?, ¿se enamoraban?, ¿con qué soñaban?, ¿qué les decepcionaba? En relación a aquel universo privado Alexievich dijo en una entrevista de hace tres años algo muy interesante:

“Era un mundo aparte, con su propia definición del bien y el mal, un mundo donde todo era diferente del oeste. Ponga Usted a discutir a dos personas de 60 años, una ex-soviética y otra occidental. Ellas constatarán que, tras su primer día de vida, sus existencia tienen pocas cosas en común, como si hubieran vivido en dos planetas. Su alimentación, sus temas de conversación, las películas y los libros que les han chocado, sus vacaciones, su habitat, sus héroes, su visión de la carrera profesional y de las relaciones humanas, todo era diferente. En la escuela no les enseñaban las mismas cosas. De hecho, para lo bueno y para lo malo, los comunistas lograron crear un hombre particular, el ‘Homo sovieticus’ con una cultura, una moral y costumbres muy diferentes de los de los occidentales. Si se olvida esto, uno no entiende nada de la Rusia actual”.

Luego la escritora afirma de que en la URSS “casi todo el mundo vivía igual” y hablar de dinero era considerado “indecente”. Por el contrario, los soviéticos hablaban de literatura durante horas, algo que en España, la patria de Cervantes, ignoran por completo.

Los valores que las escuelas inculcaban a los niños soviéticos eran de tipo colectivo, algo por lo que merecía la pena que cada uno de ellos se sacrificara, es decir, pusiera lo individual al servicio de lo social. La URSS enseñaba la importancia de los valores y esos valores eran, además, positivos, lo que tiene que chocar en un mundo que carece de ellos, es decir, de cualquier clase de valores ni principios porque se trata de crear una sociedad completamente amoral.

“Hoy mucha gente vive peor que bajo el poder soviético. Si uno no tiene dinero no puede conseguir que sus hijos estudien, ni tener atención médica. Antes todo eso era posible gratuitamente”, añadía Alexievich en la entrevista.

La URSS, que en otros tiempos fue una gran potencia, “vive de las rentas actualmente”,
dice Alexievich en sus entrevistas. Sin embargo, nadie puede vivir
siempre de las rentas porque tarde o temprano se acaban agotando.

En Rusia “a nadie le gusta la sociedad de hoy”, por lo que “hay una nostalgia muy fuerte por la época soviética, incluso entre los jóvenes que leen de nuevo a Marx y hablan de revolución”, decía la escritora espantada. Pero es lógico, como ella misma explicaba, porque “en la sociedad rusa actual quien hace la ley es el robo y el dinero”. ¿Cómo no sentir la necesidad de rebelarse ante algo así?, ¿cómo no buscar en el pasado las soluciones para el futuro?

Evidentemente una contrarrevolucionaria como Alexievich no hacía apología gratuita de la URSS sino para abalanzarse contra Putin, que es su paranoia personal. Al fin y al cabo la URSS es el pasado y Rusia es el presente. A pesar de haber ganado las elecciones en las que ha participado, a Putin lo califica como un dictador y algo peor: un autócrata. El Huffington Post presentaba así su entrevista con Alexievich en Minsk: “Putin no tiene nada que envidiar a los dictadores que se sucedieron a la cabeza de la URSS”.

Si Putin es un dictador, ¿de dónde procede su enorme popularidad? La admiración de los rusos por los dictadores, desde Lenin hasta Putin, ¿tiene una explicación patológica? Según Alexievich, “para el pueblo ruso Putin encarna una voluntad de renovación”, por lo que vuelve la nostalgia por el pasado: Putin “encarna nuestra grandeza desaparecida”, dijo Alexievich al diario francés Le Figaro.

Este ridículo lenguaje intelectualoide genera muchas dudas: lo que hoy quieren recuperar los rusos, ¿es realmente la grandeza?, ¿la grandeza de quién?, ¿no será que quieren recuperar el socialismo? Dicho en otras palabras: lo que hizo grande a la URSS, ¿no fue el socialismo?

Lumpenburguesía

Nicolás Bianchi

Hemos oído hablar de lumpenproletariado. Incluso hasta en el «Manifiesto Comunista» aparece el vocablo haciendo alusión a los sectores más marginados y depauperados de la sociedad. Para un calvinista, escoria, detritus. Para un católico, cinegéticamente hablando, presa en aguardo para lavar la mala conciencia mediante la caridad. Ambos cristianos, el primero capitalista, el segundo precapitalista, digámoslo así.

No forma -el lumpenproletariado- una clase social y Marx no los veía con buenos ojos por su carácter medroso y medrador a la hora de posicionarse ante una situación crítica o límite como pudiera ser una transformación social: o revolucionarios o contrarrevolucionarios. Marx, lamentándolo, se inclinaba por lo segundo.

Pero ¿es posible que segmentos de la burguesía se degraden hasta degenerar en una especie de lumpenburguesía criminal y corrupta (por no hablar del sector rentista de la clase capitalista)? Sí, por supuesto. Lo estamos viendo en este tiempo de canallas. Ya no es la burguesía que la prensa a su servicio llama «emprendedora» y creadora de riqueza -valiente sarcasmo- , dueña de los medios de producción para extraer la plusvalía de los trabajadores -incluidos los de «cuello blanco» («white collar») que no se sienten «proletarios», sino al revés-, sino que en este tiempo de granujas quienes parecen mandar son los asaltadores (o salteadores) de caminos… sin embozo. Son la lumpenburguesía, la hez y excrecencia de esa burguesía industriosa y eduardiana, manchesteriana, imperialista, la especuladora, la que no crea ni un solo céntimo de riqueza para el PIB de un Estado. Una lumpenburguesía parásita y zángana. Su lema es el del lumpen tabernario dickensiano: «este mundo es de los vivos» (de los «listos»). Zaplana podía ser su líder. Hoy sería considerado un aficionado por los arrebatacapas profesionales.

El capitalismo, su modo de producción, no resistiría ni toleraría una corrupción galopante, desmadrada y generalizada, no sobreviviría al no haber plusvalía y sólo fraude y meter la mano en la caja, algo a lo que se aproxima la economía «de casino». Su supervivencia consiste y reside en la explotación y el vampirismo sobre la vena del trabajador. La lumperburguesía no explota directamente: sólo succiona una cuota de plusvalía -de beneficio- que otros (la burguesía no lumpen, la «honrada», la «contribuyente», como se oye en los telefilms gringos pareciendo que eres «alguien» con tus derechos y no un paria) han extraído a las clases trabajadoras.

A esta lumperburguesía defiende un lumpengobierno que ha conseguido que hasta las capas mesocráticas (la «clase media», vale decir para entendernos) -médicos, maestros, funcionarios- salgan a la calle.

El escándalo Volkswagen muestra la rivalidad entre los imperialistas

El artículo de Rafael Poch en “La Vanguardia”(*) sobre el fraude de Volkswagen es esclarecedor, sobre todo procediendo de un país, como Alemania, que prodiga lecciones de moralidad en Europa.

Credit Suisse estima en 78.000 millones de euros el perjuicio que el fraude puede ocasionar al primer monopolio automovilístico alemán.

La empresa de seguros Axa estima que el asunto le costará a Alemania alrededor del 1,1 por ciento de su PIB. El sector automovilístico representa más del 17 por ciento de las exportaciones alemanas.

“¿Es este escándalo un asunto técnico?”, se pregunta Poch. Naturalmente que no. Los parámetros de emisiones de los automóviles no los deciden los burócratas de Bruselas, ni el límite de velocidad de las autopistas alemanas lo deciden los diputados del Bundestag.

Los monopolios del automóvil pesan mucho en la política de Bruselas, donde hay oficialmente 240 grupos de presión declarados, 43 de ellos de Volkswagen, que son los que preparan las leyes a los políticos como platos precocinados.

Se vio claro en 2013, cuando Merkel vetó y pospuso hasta 2022 normas en materia de emisión, de acuerdo con un guión conjunto de Daimler-Benz y BMW.

El gobierno alemán conocía el fraude que ahora ha estallado, como sabían los tecnócratas de Bruselas que los procedimientos para medir las emisiones de gases son un timo.

Se ha hablado mucho del origen nazi de Volkswagen, pero mucho menos del papel que Volkswagen desempeñó, por ejemplo durante la dictadura de los generales brasileños (1964-1985) confeccionando listas negras para los militares entre sus empleados, cuando su jefe de seguridad en Sao Paulo (desde 1959 hasta 1967) era Franz Stang, antiguo comandante de los campos de exterminio nazis de Sobibor y Treblinka.

En París la agencia encargada de comprar los espacios publicitarios de Volkswagen en la prensa francesa chantajeó a una veintena de diarios regionales: si querían seguir recibiendo publicidad debían renunciar a publicar informaciones sobre el fraude durante los días en que se publicaran los anuncios. Solo tres diarios, sobre una veintena protestaron.

Quien crea que asuntos de tanta trascendencia los decide un funcionario de la agencia ambiental de Estados Unidos, se equivoca. Cuando se trata de lanzar un torpedo de tal calibre contra un país amigo, es que ocurre algo en la relación y se quiere lanzar una amenaza.

La pregunta que Poch plantea es bien simple: ¿Qué ha pasado entre Estados Unidos y Alemania para que una institución pública de Washington lance este torpedo contra Berlín?

Las negociaciones del TTIP, el acuerdo de “libre comercio” transatlántico no van bien. Las relaciones entre las potencias imperialistas son cada vez más tensas. Estados Unidos trata de intimidar cada vez más violentamente a sus vasallos europeos. Ha llegado la hora de los golpes bajos, la antesala de la guerra.

(*) http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch/2015/10/06/das-auto-62027/#.VhTYEFJNxkY.twitter

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