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Mandela fue detenido en 1962 gracias a la ayuda de la CIA

Poco antes de morir este año, el agente de la CIA Donald Rickard confirmó que había desempeñado un papel primordial en la detención de Nelson Mandela en 1962, lo cual se sabía desde la caída del “apartheid” en el país sudafricano (*).

En una conversación con el director de cine británico John Irvin, Rickard admitió que proporcionó a la policía racista de Sudáfrica la información sobre el paradero de Mandela, contribuyendo así durante décadas a sostener al “apartheid” sudafricano.

“Me enteré de cuándo y cómo llegaría… así es como estuve implicado en la detención de Mandela”, dijo el espía.

Rickard defendió la detención del hombre más buscado de Sudáfrica en 1962, que según él debía ser capturado porque era “el comunista más peligroso del mundo fuera de la Unión Soviética”.

El representante oficial de la organización política del Congreso Nacional Africano, Zizi Kodua, declaró que la injerencia de la CIA en la política sudafricana fue un intento de desestabilizar el movimiento de liberación en Sudáfrica.

“La exposición confirma lo que siempre hemos conocido, que ellos [Estados Unidos] han actuado contra nosotros, incluso hoy en día”.

Después de su detención, Mandela fue condenado a cadena perpetua y pasó 27 años seguidos encarcelado, hasta que en 1990 acabó el régimen de “apartheid”. Fue el primer presidente negro de Sudáfrica y el primer terrorista en resultar galardonado con el Premio Nobel de la Paz.

Hasta 2008 Estados Unidos mantuvo la calificación de “terrorista” contra Mandela. Aquel año Bush aprobó la ley que lo excluyó a él y a otros dirigentes sudafricanos de la lista de terroristas vigilados por Washington.

En 1953 Mandela y su compañero Oliver Tambo fundaron el primer bufete de abogados del país compuesto explusivamente por negros. Su misión era defender a las personas afectadas por el “apartheid”. El bufete fue destruido y quemado en 1960, cuando el gobierno ilegalizó el Congreso Nacional Africano, dirigido por Mandela, y lo calificó como organización terrorista.

En todo el mundo la adulación y el recuerdo permanente de Mandela es un caso evidente de enaltecimiento del terrorismo que la fiscalía de la Audiencia Nacional no debería pasar por alto.

Hoy en Sudáfrica se pueden encontrar bustos y estatuas de Mandela en cualquier rincón. Su imagen de héroe está en el billete emitido por el Banco Central en 2012. La aerolínea más importante del país, South African Airways, tiene sus aviones engalanados con la silueta del expresidente.

La fiscalía de la Audiencia Nacional tiene mucho trabajo por delante.
(*) www.nytimes.com/1990/06/10/world/cia-tie-reported-in-mandela-arrest.html

La penetración sionista en África

Yahia Gouasmi

Ahora que Israel vuelve a poner oficialmente los pies en el continente, más de cuarenta países africanos mantienen relaciones diplomáticas con ese Estado criminal. La entidad sionista está involucrada desde hace muchos años y de forma discreta en África, importante objetivo de su política extranjera. Las relaciones se van intensificando, obedeciendo tanto a consideraciones económicas y comerciales como diplomáticas y geopolíticas.

En esa perspectiva de ensanchar las relaciones del régimen israelí con África, el primer ministro y criminal de guerra Benyamin Netanyahu planea viajar este verano a cuatro Estados del continente: Etiopía, Uganda, Kenia y Ruanda. El objetivo sería crear un terreno propicio a la formación de una alianza entre Tel Aviv y esos países, antes de encontrar otros aliados africanos que le permitan incrementar su influencia sobre el continente negro, y mantener su posición en los medios internacionales. La visita es la primera de un primer ministro israelí en África en 22 años.

Si algunos objetivos como pudieran ser el interés comercial o la influencia político-diplomática están claros, otros son menos aparentes y se inscriben en una perspectiva más global de remodelamiento del continente, con el fin de dominar y de dividir.

Desde el punto de vista económico, esta zona, que representa cerca de un cuarto de las exportaciones israelíes, es  tierra de expansión para el estado sionista, que vende ahí sus tecnologías en diversos dominios, tales como la ingeniera, la agronomía, la irrigación y la seguridad. Sus principales socios son Togo, Nigeria, Egipto y África del Sur, que comprenden lo esencial de los intercambios, en una relación que descansa en gran parte sobre la industria diamantífera. Pero hay que saber también que Israel está a la cabeza de los países que controlan las tierras de los países africanos, apoderándose de muchos centenares de miles de hectáreas de tierras árabes, socavando las bases de la soberanía alimentaria y desviando especialmente los recursos acuíferos. El Estado sionista participa también en buen número de operaciones de saqueo de riquezas mineras, con el fondo de corrupción de las élites africanas y de evasión de capitales.

La infiltración africana de Israel también obedece a consideraciones diplomáticas precisas. Como lo demuestra en efecto la reciente abstención de Ruanda y de Nigeria en el Consejo de Seguridad, con ocasión del voto de la resolución palestina anti-israelí, Israel pretende ejercer su influencia en el seno de los países del continente africano. En este sentido realiza sus esfuerzos de “lobbying”, sobre todo cerca de los líderes de opinión, a fin de modificar la percepción sobre Israel.

Los países anglófonos no musulmanes, tales como Etiopia, Uganda y Kenia, se ven ya fuertemente sometidos ala influencia sionista, pero otras naciones cultivan lazos antiguos y privilegiados con Israel, como en el caso de Costa de Marfil, Congo o también el Camerún.

El Mossad está muy presente, a través de sociedades de seguridad y de expertos militares cercanos a muchos dirigentes. Israel sigue siendo el mayor apoyo de las dictaduras africanas, antiguo aliado fiel del régimen del apartheid, con el que comparte numerosas similitudes.

En el aspecto geopolítico, los objetivos sionistas consisten en secundar a Washington para que el conjunto US-Israel sea el dueño de África, provocando las modificaciones en la zona según el mismo método que el empleado en Medio Oriente.

En el mismo contexto que las divisiones existentes en Medio Oriente, los israelíes han preparado el plan para reconfigurar África basándose en tres criterios: el color de la piel, la religión y las particularidades etnolingüísticas. Esto significaría el desmantelamiento de los grandes países existentes en la región, y la formación de Estados más pequeños que podrían fácilmente ser controlados y manipulados por el imperio. La finalidad es trazar líneas de demarcación entre una supuesta “África Negra” y otra supuesta África del Norte “no negra”, que se transformaría, a su vez, en terreno de enfrentamiento entre bereberes “no negros” y los árabes.

Dentro de estos objetivos, las tensiones se mantienen actualmente entre musulmanes y cristianos de África, al igual que en Oriente Medio, en donde tiene lugar una voluntad de eliminar a las comunidades cristianas de la región. El ejemplo de Sudán es representativo de esta estrategia. El país se ha visto fracturado en dos tras la secesión de Sudán del Sur en 2011. Este último es apoyado vigorosamente por Israel, que arma y entrena a su ejército, y que según la ONU es culpable habitualmente de violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

Hay que saber también que Israel está implicado militarmente en numerosos lugares de África y su éxito se explica en el deseo de hacer negocios con regímenes represivos con los que incluso Estados Unidos y los países europeos evitan negociar directamente ventas de armamento.

Proporcionar secretamente armas a regímenes asesinos no es ninguna novedad para el Estado sionista. Por ejemplo, apenas se recuerda que en los años 90 Israel proporcionó armas a las fuerzas gubernamentales ruandesas con preponderancia hutu así como al ejército rebelde, en los momentos en que se estaba llevando a cabo el genocidio.

Las ventas de armas a África están en constante aumento, y contribuyen de forma enorme a alimentar las atrocidades cometidas; pero, más que el equipamiento, es la experiencia criminal y opresiva lo que el régimen terrorista israelí aporta al continente negro. Mediante su apoyo a numerosos regímenes tiránicos, Israel no exporta solamente su tecnología de dominación, sino una visión del mundo subyacente a esa tecnología. El sionismo exporta hacia África su lógica de opresión y la experiencia colonial del sionismo en Oriente Medio. Israel no es amigo de África, y su presencia interesada tendrá como única consecuencia la desgracia de los pueblos.

Fuente: http://lavoixdelalibye.com/2016/04/29/infiltration-israelienne-de-lafrique/

Miseria del reformismo

Es muy curioso el artículo que publica el venezolano Franco Vielma en la revista “Misión Verdad” porque pone de manifiesto el estado de ánimo de amplios sectores populares en América Latina. En Brasil la burguesía ha enseñado los dientes y ahora los reformistas se lamentan de haberse quedado a mitad del camino.

El título del artículo, “Superar el dogma de la democracia” (*), lo dice casi todo porque después de haber apostado durante años al legalismo, el pacifismo y el electoralismo, ahora el artículo acaba con un llamamiento muy poco disimulado a las armas.

Recuerda la última imagen de Allende tras al golpe de Estado de Pinochet en 1973, armado con un fusil en bandolera cuando ya era tarde. ¿Por qué no empuñó el fusil desde el principio?

Para disimular su crisis, los reformistas latinoamericanos se escudan en el golpe de Estado que les ha propinado la burguesía en Brasil. Francamente, este tipo de lamentaciones y lloriqueos son repugnantes. Nos gustaría que quienes llevan años alimentando ilusiones asumieran sus propias responsabilidades: ellos también tienen su parte de culpa en dicho golpe. No es imputable a la democracia, como quiere hacernos creer Vielma, sino al reformismo.

Hace 100 años que se viene demostrando la validez de esa tesis leninista, plenamente científica, de que no es suficiente ponerse al frente de un Estado que ha sido construido por y para la burguesía, sino que hay que destruirlo.

La “destrucción del Estado” consiste, dice Lenin, en que el Estado burgués, que es una “fuerza especial de represión” del proletariado, se debe sustituir por otra “fuerza especial de represión” inversa que es otro Estado que se llama “dictadura del proletariado”.

En eso consiste una revolución proletaria, fuera de lo cual no hay más que reformismo y demagogia. En todo el mundo los que llaman al voto hablan mucho del gobierno (gobierno de cambio, de coalición…) pero muy poco del Estado. Sin embargo, el golpe en Brasil demuestra por enésima vez que, en contra de lo que aseguran los reformistas, el gobierno no es el poder, que no basta tener el gobierno para tener el poder. Esa son las ilusiones que predican los reformistas.

La burguesía tiene el apoyo de los imperialistas, tiene el poder económico, tiene el poder ideológico, tiene al aparato del Estado a su servicio, especialmente los militares y represivos. El gobierno y el parlamento pueden llenar los boletines oficiales con todos los reglamentos que quieran aprobar, que nunca servirá para nada porque la burguesía tiene todos los resortes necesarios poder para dar golpes de Estado, como el de Chile en 1973 o el de Brasil en 2016.

En toda Latinoamérica, mientras la burguesía afila los cuchillos, los reformistas lloran, se lamentan y se compadecen como plañideras que son. La burguesía ya ha demostrado muchas veces que es capaz de propinar golpes a los movimientos populares, tanto si están dentro como fuera del gobierno. Lo que no sabemos es la capacidad de esos mismos movimientos para devolver los golpes y, sobre todo, para algo más importante todavía: para adelantarse a ellos.

(*) http://misionverdad.com/la-guerra-en-venezuela/superar-el-dogma-de-la-democracia

Ucrania gana el festival de Eurovisión con una canción anticomunista

Ayer la cantante ucraniana Jamala y su canción “1944” vencieron en la final del festival de Eurovisión celebrado en el Globen Arena de Estocolmo. Jamala, de origen tártaro, concurrió con una balada dedicada a los padecimientos de su pueblo durante la Segunda Guerra Mundial, que empieza con la siguiente estrofa:

Cuando los extraños llegan,
van a vuestras casas,
os matan y dicen:
‘nosotros no somos culpables’.

¿Se refiere a los nazis? No. Los extraños, los asesinos y los culpables son los soviéticos porque durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno trasladó a unos 250.000 tártaros al otro lado del Mar Caspio.

La propaganda imperialista lo califica como “deportaciones masivas”, pero  ni siquiera eso es suficiente y la canción comete dos falsificaciones sutiles: en 1944 los tártaros no sólo fueron trasladados sino asesinados; los responsables de ello fueron (son) los rusos, no los ucranianos.

Da lo mismo que sean chechenos o tártaros. En la URSS, ¿qué pueblo no fue deportado en algún momento? La URSS es sinónimo de gulag, deportaciones y represión y su herencia es la Rusia de Putin, una especie de Stalin resucitado que 70 años después debe penar los pecados cometidos por su antecesor.El imperialismo no pierde ocasión de lobotomizar a millones de personas en toda Europa. La victoria de Jamala ha servido de excusa para que la propaganda se difunda por medio de entrevistas a la cantante: “Esta es mi historia. La historia de un pueblo, tal como me la contó mi abuela, que fue deportada a Asia Central y que perdió a una hija a la que ni siquiera pudo enterrar”, ha dicho Jamala.

¿Su abuela le contó que la culpa de la muerte de su hija en la Segunda Guerra Mundial fue de los soviéticos y no de los nazis? Estamos convencidos de que la abuela era mucho más inteligente que la nieta…

Todo estaba cantado de antemano en el decrépito festival. Aunque en las apuestas previas Rusia era la número uno, al final se impuso el apaño político.

En realidad, todo llegó manipulado desde la selección de la cantante dentro de Ucrania, que también fue una decisión política. Como miembro del jurado, Ruslana, ganadora de Eurovisión en 2004, se convirtió en juez y parte. Defendió el mensaje político de la canción ganadora, una actitud que chocó con la que dedicó al cantante SunSay, máximo rival de Jamala para el triunfo.

La jurado le echó en cara haber cantado en Crimea y Rusia después de la anexión, por lo que cuestionó su patriotismo. “Yo quiero saber cuánto de patriota tienes para decidir si debo votar por ti o no”.

SunSay se limitó a responder que él se sentía ucraniano y que su objetivo siempre ha sido tender puentes culturales con Rusia, una respuesta que no convenció a la jurado.

¿Todavía tenía Usted dudas? En Eurovisión no prima lo musical sino lo patriótico. Por eso casi todas las canciones son… en inglés. Tenía razón Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, cuando dijo que una canción en inglés para representar a la música autóctona responde a “un complejo de inferioridad con matices de papanatismo”. Pues Eurovisión está lleno de papanatas.

Ahora bien, en el caso de la cantante tártara, no se trata de papanatismo sino de propaganda: si hubiera cantado en el idioma vernáculo para reivindicar a su pueblo, como procedía, nadie se hubiera enterado del mensaje. Para eso hace falta el inglés.

Lo mismo que muchos de sus paisanos, la cantante Jamala nació en la república centroasiática de Kirguistán, a donde fueron trasladados sus familiares y vecinos.

¿Lo más patriótico es que a Ucrania le represente una cantante tártara?, ¿se ha convertido el actual gobierno fascista de Kiev en portavoz de los derechos de los tártaros oprimidos de Crimea? Cuando Crimea pertenecía a Ucrania, ¿estaban mejor los tártaros que ahora?

Hasta el momento en Eurovisión estaban prohibidas las canciones de contenido político, pero con Ucrania había que hacer una excepción. A Putin hay que pararle los pies como sea, incluso con música.La canción no protesta porque Crimea hubiera formado parte de Ucrania, sino porque forma parte de Rusia. Pero puestos a reivindicar a los tártaros, hubiera sido mejor una canción que reclamara la independencia del enclave o su anexión a Turquía. ¿Por qué no?

Los rusos no supieron contrarrestar el ataque. Se equivocaron de canción. Debieron llevar la Sinfonía “Leningrado” de Shostakovich, dedicado a la defensa de la heroica capital soviética durante la Segunda Guerra Mundial.

Eso hubiera compensado un poco la propaganda: en la URSS a unos les obligaban a desplazarse y los otros no podían ni moverse del sitio.

Más información:
— La deportación de los tártaros de  la Unión Soviética:

Molinos de viento

No cabe duda. Es una táctica que está a medio camino entre El Quijote y Gila, típicamente hispana. Se trata de buscar enemigos ficticios para evitar enfrentarse a los reales y verdaderos.

Antes hablaban de la globalización, luego de la troika, ahora del Ibex-35… En esta guerra el enemigo cambia tan a menudo que es difícil ponerse al día.

La excusa es que ese tipo de instituciones son anti-democráticas, lo cual las diferencia del Estado español, vivito y coleando, que es democrático.

Las mareas y los mareados se han pronunciado claramente contra las marcas comerciales, los logos, el diseño y la publicidad. “Dime cómo vistes y te diré quién eres”. Lo de juzgar a las personas por su apariencia externa es lo de toda la vida, típico de provincianos para quienes no hay clases sociales sino tribus urbanas o… castas, como en la India.

Ahora gritan contra el Ibex-35, pero cuando pase la moda gritarán contra un enemigo mucho peor: el Nasdaq.

Ya no saben qué inventar para alardear de radicalismo, de que a ellos nadie les hace un “sorpasso” por la izquierda.

Aquello de “programa, programa, programa” de Anguita quedó muy atrás. En esta caída en picado ya no se puede preguntar a nadie por qué objetivos lucha, qué pretende conseguir.

Eso lo damos por descontado. Lo realmente serio es que ya ni siquiera es posible preguntar contra quién lucha, quién es su enemigo.

Quizá quieren decir que lo de menos es el enemigo. Posiblemente ni siquiera exista ningún enemigo. Para los transversales la protesta se ha convertido en un lamento existencial. No hay diferencia entre ellos y los penitentes que se mortifican en Semana Santa.

Son anti-todo (anticapitalistas, antipatriarcales, antimonárquicos), como esos niños que nunca quieren comer el plato que tienen encima de la mesa. Saben lo que no quieren, pero, ¿qué es exactamente lo que quieren?

Eso les diferencia del obrero que entra por la puerta de la fábrica a las ocho de la mañana. Lo primero que ve es la mirada intimidante del jefe que le indica a las claras quién es el enemigo y dónde está.

Vida privada

Lady Di, princesa de la salsa rosa
Bianchi

Inspiradísimo y con encomiable lucidez, Rafael Sanchez Ferlosio escribió en su libro publicado ya hace tiempo “Vendran más años malos y nos harán más ciegos” estas líneas: “Me escandalizo cada vez que oigo hablar de respeto a la intimidad y de derecho a la vida privada”. ¿Porque, qué mosca le picó a nuestro buen hombre? Pues porque, dice: “el privatismo dominante ha lesionado la mirada misma, que ya sólo es capaz de adoptar el punto de vista del particular, compadeciéndose de la gran diva acechada y perseguida por el tenaz teleobjetivo de la prensa del corazón (…) Pero vistas las cosas socialmente -sigue-, ¿quién es realmente el invadido y quien el invasor? Basta pasar por un kiosco de periódicos para advertir el impudor y la osadía con que la vida privada ha tomado por asalto los medios de comunicación e invadido y ocupado con sus obscenas huestes el interés del público”. Y, más indignado que divertido, termina el clarividente autor: “la lente de una mentalidad privatizada ha invertido la imagen misma del fenómeno, pues la verdad social es que la vida publica es el agredido, y la vida privada el agresor”.

¿Exagera RSF? Tal vez (estas líneas las escribió cuando el ostión en coche que se dio Lady Di y sus acompañantes, pero no fue esta la causa de su cólera). Al igual que ocurre muchas veces en el mundo de la publicidad, que, en lugar de racionalizar y orientar el mercado y la clientela potencial, se aprovecha -si no fomenta- de la desorientación de ambos elementos para ofertar productos sin lógica ni sentido, la prensa “cardiaca” y la supuestamente “seria” alimenta aún más la estupidizacion de las masas haciendo circular -previamente creados- falsos mitos y fetiches de lo que antes se llamaba “cultura de masas”. Negocio, hipocresía y somatización (iba a poner otra palabra menos noble). Se habla de “princesa popular” (está pensando en Belén Esteban) y de “pueblo” contrito y atrito y no, en realidad, de “público” (enajenado). ¿Proteger la intimidad de esta escoria parasitaria? ¡Pero si no paran -cuando no se lucran o benefician- de agredir la mía! ¡Pero si siempre salen los mismos dando la vara! A esto lo llamamos en este blog “allanamiento mediático de hogares”. Debería constituir delito, señor juez; estúdielo el legislador. Hagan algo en favor el buen gusto, la teología y la geometría, como quería Ignatius.

Terminaremos con un “scherzzo”: ¿no viene a ser parecido o similar lo que decimos de la llamada “prensa rosa” la invasión constante en nuestras casas y tascas de la mal llamada “clase política” y la recua de tertulianos que viven del chismorreo político pretendidamente más “elevado”. ¿No es más cierto que, por ejemplo, lo que tiene “Podemos” no es “gente” ni menos “pueblo” sino “público” como invento nacido en un plato de televisión (aquí fuimos de los primeros en apuntar esto, no los primeros)? Y al “público” se le masajea a modo.

Buenas tardes.

El imperialismo estrecha el cerco sobre Hezbollah

La guerra de Siria no sólo tiene como objetivo el derrocamiento del gobierno de Damasco, sino el debilitamiento de su más fiel aliado, la poderosa milicia chiita libanesa de Hezbollah, el “Partido de Dios”. A pesar de que en número sus fuerzas no sean muy cuantiosas, proporcionalmente están pagando un precio exorbitante en bajas.

Este hecho indica que Hezbollah es una de las fuerzas de choque más importantes de la guerra de Siria y que está haciendo acto de presencia en primera línea de fuego.

Su determinación la puso de manifiesto Nasrallah, su máximo dirigente, cuando hace unas semanas los rusos anunciaron el repliegue de su fuerza aérea: ellos no están dispuestos a abandonar Siria bajo ninguna circunstancia, ni siquiera si Irán también abandona el campo de batalla.

El objetivo inmediato de Hezbollah es aplastar a lo que ellos califican como fuerzas “takfiríes”, esto es, tanto el Califato Islámico como Al-Qaeda / Frente Al-Nosra. El objetivo mediato es dotar a Hezbollah de un verdadero ejército capaz de hacer frente al imperialismo y al sionismo en Líbano, que es tanto como decir en la pieza maestra de Oriente Medio.

La guerra de Siria tiene, pues, ese aspecto estratégico de tal manera que, cualquiera que sea el desenlace de la misma, es un fenómeno irreversible que kurdos y chiítas saldrán de ella con sendos ejércitos experimentados y con una capacidad de combate demostrada.

Para hacer frente a Hezbollah, la Unión Europea la ha incluido en su listado de organizaciones terroristas, aunque de la manera estúpida en que se hacen las cosas en Bruselas: han inventado que Hezbollah tiene una rama política y otra militar, para ilegalizar sólo a esta última.

Lo mismo ha llevado a cabo este año, como un sarcasmo, Arabia saudí, seguida de los países del Golfo y de la Liga Árabe, por lo que Hezbollah podría correr la misma suerte que el Califato Islámico, padeciendo una campaña militar internacional encabezada por Israel.

Por su parte, en diciembre del pasado año Estados Unidos promulgó una ley para embargar los haberes de la organización en todo el mundo y para supervisar que sus leyes se cumplan en el mundo entero, el secretario del Tesoro Daniel Glaser viajará a Beirut a finales de este mes para entrevistarse con sus vasallos locales.

¿Quién dijo que Estados Unidos no lucha contra el terrorismo? Al más puro estilo gringo, disponen incluso de una política financiera, la OFAC (Oficina de Control de Haberes en el Extranjero), que el mes pasado dictó las órdenes oportunas sobre la manera en la que se debe llevar a cabo el embargo contra 99 personas y sociedades que en todo el mundo van a ser sancionadas por colaborar en la financiación de Hezbollah.

Dicho y hecho. El presidente del Banco de Líbano, Riad Salamé, se levantó de su sillón como un resorte para cumplir las órdenes que le llegan de Washington. El 3 de mayo aprobó una circular para hacer cumplir en Líbano el embargo ordenado por Estados Unidos, aunque matizó públicamente que los honorarios de los diputados de Hezbollah no están sometidos al embargo.

A pesar de ello, el bloque parlamentario “Fidelidad a la Resistencia” que encabeza Hezbollah ha pasado al ataque contra Salamé, e incluso ayer explotó un artefacto en una sucursal del Banco.

En Líbano los partidos políticos y la prensa se lamentan del atolladero en el que les ha metido Estados Unidos, pero a la hora de elegir un enemigo contra quien cargan es contra Hezbollah. El director del Banco se lamenta… No quiere embargar, pero “no tiene más remedio” porque tiene que proteger al sistema financiero libanés que “vive gracias a los intercambios con los bancos americanos”.

El yihadismo es necesario para el sistema capitalista en crisis

Richard Labévière
Al principio de los años 90, los estrategas del Pentágono inventaron el concepto de “caos constructivo”, aplicándolo a las zonas de crisis y especialmente a las del Próximo y Mediano Oriente.

Robert Satloff, director del Washington Institute for Near East Policy ha desarrollado ampliamente esta estrategia denominada de “caos” o de “inestabilidad constructiva”. Explica que la búsqueda de una estabilidad en los Estados árabes ha sido “históricamente” el rasgo dominante de una política medio-oriental de los Estados Unidos, que ha llevado a recurrentes callejones sin salida. Precisa que “George Bush ha sido el primer presidente en considerar que la estabilidad era en sí misma un obstáculo al avance de los intereses norteamericanos en Medio Oriente (…) Los Estados Unidos han empleado variadas medidas coercitivas, desde el uso de la fuerza militar para cambiar los regímenes en Afganistán y en Irak, pasando por la política de palo y zanahoria (…) para aislar a Yasser Arafat y apoyar una nueva dirigencia palestina pacífica, hasta los corteses ánimos a Egipto y Arabia saudí para que inicien una vía de reformas”.

Este cuestionamiento de una política exterior que privilegia la instauración de la “estabilidad” de los Estados del Próximo y Medio Oriente se impuso desde los inicios de la guerra de Irak en enero de 1991. Los expertos de los cuarteles neoconservadores como Paul Wolfowitz, que llegará a número dos del Pentágono, explicaban entonces que habría hecho falta “continuar la guerra de liberación de Kuwait hasta Bagdad, para desmantelar ese país, que continuará siendo una amenaza a nuestros intereses estratégicos y a la seguridad de Israel”. Los atentados contra el Pentágono y el World Trade Center aportaron un nuevo argumento a los partidarios de la “inestabilidad constructiva”, considerando que la amenaza terrorista está enraizada principalmente en ciertos Estados de la región, como Irak, Irán y Siria.

Desestabilizando estos tres Estados, la nueva política norteamericana pretendía la disminución o la erradicación de la amenaza terrorista y sus redes internacionales. Esto ha producido el fenómeno inverso: según numerosos informes de la administración norteamericana, la amenaza terrorista se ha visto multiplicada por seis desde el principio de la intervención anglo-norteamericana en Irak. Pero para bastantes analistas del Pentágono y del Departamento de Estado, estos reveses están lejos de ser una derrota. Por el contrario, se inscriben perfectamente en la puesta en marcha de la “inestabilidad constructiva”. Al decidir que la prioridad es la “guerra contra el terror” y la captura de Osama Ben Laden y sus cómplices, “los mandatarios norteamericanos dispondrán de la mejor coartada histórica a su disposición desde el final de la Guerra fría”, explicaba un agregado militar europeo destinado en Washington: “en nombre de la lucha antiterrorista se ha emprendido el despliegue militar norteamericano mas considerable desde el fin de la Segunda Guerra mundial”.

Incluyendo sus dimensiones militares y estratégicas, esta política constituye también una formidable oportunidad económica para el complejo militar-industrial norteamericano y las subcontratas que tendrán sus pedidos más importantes desde la guerra de Corea. Este inesperado relanzamiento de los gastos militares afecta a millones de empleos no solo en el sector militar, sino también la seguridad privada, la inteligencia económica y la comunicación. Como las “revoluciones de colores” en Serbia, Georgia y Ucrania, la “revolución de los cedros” en el Líbano fue apoyada por oenegés y fundaciones norteamericanas, ilustrando un modo inédito de ingerencia internacional que Gilles Dorronsoro calicó de “estrategia de desestabilización democrática”. Se trata “de apoyarse en sectores de la sociedad civil que reclaman cambios, impulsar sus acciones movilizando a su favor los medios locales e internacionales, inventarse un héroe que federe la protesta y reforzar la presión internacional sobre los poderes contra los que se protesta. En el Líbano, la puesta en marcha de esta estrategia, sin embargo, ha agravado el sentimiento de división entre comunidades, enfrentando entre sí a unas y otras”.

Para Robert Satloff, lo sucedido en el Líbano constituye “un auténtico caso de estudio, en el que habrá que inspirarse si se quiere provocar el cambio en otros países”. Según él, se pueden deducir tres enseñanzas del laboratorio libanés, como “pasos previos a todas las revoluciones futuras”: la primera consiste en llevar a las fuerzas de oposición a imponer mediante movilizaciones de calle masivas elecciones extraordinarias, destinadas a romper con el antiguo orden; la segunda consiste en preparar cuidadosamente el escrutinio en una primera fase mediante diversas acciones de marketing, como la adopción de un color, de un emblema, de un diario, y hacer que los observadores internacionales sean sus avalistas; la tercera es la continuidad de las presiones internacionales, a fin de erradicar los últimos apoyos al antiguo orden, tales como partidos políticos, grupos armados o servicios paralelos de seguridad y de investigación.

Como sigue indicando Robert Satloff, “los Estados Unidos no tienen interés en la supervivencia del régimen de Assad, régimen minoritario cuyos frágiles cimientos son el miedo y la intimidación. Los crujidos en el edifico del régimen pueden transformarse rápidamente en grietas, y luego en temblores de tierra”. Para concluir afirma que los Estados Unidos debieran concentrarse en tres prioridades:

– recoger el máximo de informaciones sobre las dinámicas políticas, económicas, sociales y étnicas internas de Siria

– una campaña en torno a temas como la democracia, los derechos de la persona y el Estado de Derecho

– no ofrecer ninguna salida de emergencia, salvo si el presidente Al-Assad se presta a rendirse en Israel en el marco de una iniciativa de paz, o si expulsa del territorio sirio a todas las organizaciones antiisraelíes y renuncia públicamente a la violencia, “lucha armada o resistencia nacional, para usar la jerga local”.

Estos diferentes puntos ilustran a la perfección que la mundialización económica genera un conjunto de guerras asimétricas intrínsecamente necesarias para sus “progresos” y despliegues sucesivos. A la inestabilidad constructiva corresponde un estado de guerra generalizada, en donde el terrorismo y la lucha antiterrorista constituyen justificaciones de efectos multiplicativos: la promoción de nuevos productos relacionados con la “uberización” de la seguridad. Desde enero de 2015, los atentados de Charlie y del Hyper-Casher habían incitado a las grandes compañías a proteger sus sedes e infraestructuras multiplicando de un día para otro el número de agentes de vigilancia. El filtrado y la video-vigilancia de los depósitos, en especial portuarios y aéreos, se han hecho mas densos.

Entre principios de los años 80 y 2015, el sector de la vigilancia humana en Francia ha pasado de 60.000 a más de 170.000 empleados en cerca de 4.000 empresas. En los cinco próximos años podría superar la suma de empleos de policías y gendarmes, es decir, más de 250.000 personas casi tantos como el sector de la industria automovilística. A caballo de la amenaza antiterrorista, la Unión de Empresas de Seguridad Privada estima que tendrá que contratar a unos 30.000 asalariados anuales…

Estas peripecias de la inestabilidad constructiva llevaban a declarar a L’Orient-Le-Jour, el 23 de junio de 2015, que “si el Daesh no existiera, habría que inventarlo”, porque “el terrorismo se inscribe en la lógica de la mundialización económica, porque la lucha contra el terrorismo genera millones de empleos en la industria de armamento, de seguridad y de comunicación. El terrorismo es necesario para la evolución del sistema capitalista en crisis, que reconfigura su permanencia generando nuevas crisis. Esta idea de gestión sin resolución es consustancial al infinito desarrollo del capital […] El terrorismo constituye esta parte de consumación, relacionada de forma orgánica con la evolución del capitalismo mundializado contemporáneo”.

Si el yihadismo no existiera, habría que inventarlo. Porque una amenaza de ese tipo permite mantener un crecimiento continuo de los gastos militares, mantener los millones de empleos del complejo militar-industrial norteamericano, sin enumerar los efectos de la contratación y la multiplicación de las empresas de seguridad privada, de inteligencia económica y de comunicación. La seguridad y sus nuevos mercenarios constituyen ahora un completo sector económico. Es la gestión de la inestabilidad constructiva. Hoy, grandes sociedades como Google, por ejemplo, sustituyen al Estado norteamericano y a las grandes empresas en términos de medios financieros para la investigación y las inversiones en el sector militar, financiando proyectos de robots y drones marítimos y aéreos. Todo ello transforma el complejo militar-industrial clásico y proporciona mucho, mucho dinero. Para justificar y acompañar estas transformaciones, el terrorismo es una necesidad absoluta. Inicialmente, el Califato Islámico no fue erradicado sino mantenido, porque servía a los intereses tanto de las grandes potencias como de las potencias regionales.

Esta afirmación corroborada por los mejores economistas, no surge de la obsesión por un gran complot ni de imaginaciones conspiracionistas, y puede fácilmente ser cuantificado, confirmado e identificado. El ejercicio supera nuestro propósito y nos traslada oportunamente a la polémica que opuso al islamólogo Gilles Kepel y al ensayista Olivier Roy, a continuación de los atentados del 13 de noviembre de 2015. El primero insistía en un Islam de Francia que durante los quince primeros años se ha radicalizado mediante la multiplicación de mezquitas salafistas, algo que difícilmente se puede discutir, y permite destacar la cuestión central de la responsabilidad de Arabia saudí y otras monarquías del Golfo en la financiación de esa evolución. El segundo respondía que el Islam y Arabia Saudita no tenían nada que ver con un fenómeno que se explica mejor por una “radicalización” inherente a la crisis de nuestras sociedades, que utiliza el Islam únicamente como pretexto y tapadera de un desconcierto mucho mas profundo.

Lejos de buscar en absoluto la conciliación de estas dos posturas contradictorias, hay que destacar, a favor de la segunda, que forma parte de la comprobación de la existencia de un terrorismo “estadio supremo de la mundialización”, y que, en último término, las dos posturas no estaban hablando de la misma cosa. La pertinencia de Gilles Kepel se sitúa en un nivel de análisis específico: el de la cartografía espacio-temporal de la crisis del Próximo y Medio Oriente, de sus interconexiones con las sociedades occidentales, principalmente las europeas y francesas. La propuesta de Olivier Roy, más abstracta, se sitúa en las consecuencias de la crisis global y permanente del mundializado capitalismo contemporáneo. Y en esta perspectiva tiene su lógica poner en relación las expresiones de “violencias extremas” del terrorismo actual con la desestructuración y la destrucción de los marcos económicos, políticos y culturales del mundo anterior a la mundialización.

Ciertamente, no todos los excluidos se hacen terroristas, pero ante la brutalidad salvaje de las lógicas económicas actuales no es sorprendente que una minoría de entre ellos bascule hacia los actos más violentos.

Fuente: http://prochetmoyen-orient.ch/lenvers-des-cartes-du-9-mai-2016/

Primer coloquio del Centro Internacional de Geopolítica y de Prospectiva Analítica, dedicado a un balance de las Primaveras Árabes, Universidad de la Sorbona, París, 7 de mayo.
Richard Labévière es experto en yihadismo. Fue redactor jefe de la televisión suiza y de Radio France International, de donde le despidieron en 2008 por presiones políticas.

El sueño de un cubano convertido en pesadilla española

Lennier Ramírez: desahuciado
¿Se imaginan que en Cuba un ciudadano español falleciera tras ser detenido por la policía? ¿Cuánto tardaría en derramarse la catarata mediática?

¿Cuántos ataques contra el Gobierno cubano escucharíamos en tertulias televisivas y radiales, cuántos editoriales en la gran prensa española? ¿Cuántas presiones diplomáticas habría, cuántas declaraciones de condena desde instituciones europeas?

¿Se lo imaginan? Pues ha ocurrido… al revés. Pero no ha habido ni campañas mediáticas, ni condenas internacionales.

Lennier Ramírez, un emigrado cubano de 28 años, moría hace unos días en la ciudad asturiana de Oviedo, tras resistirse a abandonar la vivienda que habitaba. La Policía Nacional lo desalojó por la fuerza, cumpliendo la orden judicial de desahucio por impago del alquiler. Posteriormente, fallecía en el Hospital Universitario Central de Asturias.

Ni en la prensa española, ni en las webs de la mediática “disidencia” cubana, hemos leído un solo artículo de opinión condenando esta muerte. Tampoco reportajes o editoriales que analicen cómo el drama de los desahucios, 448.000 en territorio español, desde 2008, afecta también a quienes un día emigraron desde Cuba –y desde otros países del Sur- buscando un futuro económico mejor.

Lennier Ramírez, cantante y bailarín, se había hecho famoso por su participación en tres concursos televisivos: «Adán y Eva», «Cámbiame» y «Got talent España». En uno de ellos, curiosamente, declaró que había dejado “todo en Cuba para intentar soñar mejor». Un sueño convertido, finalmente, en una terrible y triste paradoja.

Fuente: http://www.cubainformacion.tv/index.php/objetivo-falsimedia/68797-la-terrible-paradoja-de-un-emigrado-cubano-fallecido-en-un-desahucio-en-asturias

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