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Fallece un furibundo anticomunista: Mario Soares

Bianchi
Y expresidente «socialista» de Portugal a los 92 años que se enteró enAlemania del golpe de mano militar del 25 de julio de 1974 que propició que la dictadura salazarista, prolongada por su testaferro el profesor Marcelo Caetano, se desmoronara como un castillo de naipes, como quien dice. Muy pronto se aprestó Soares a tocar poder presentándose a las primeras elecciones constituyentes de abril de 1975, un año después de la «Revolución de los Claveles». En diciembre de 1974, en el primer Congreso del PS en la legalidad ya demostró tener bien aprendida la lección de sus mentores socialdemócratas alemanes que lo amamantaron, protegieron y financiaron (como al PsoE español del Señor X), esto es, no unirse jamás con el Partido Comunista del gran Álvaro Cunhal, o impedir la unidad sindical, algo que es típico cuando de recientes asonadas se trata. Este lisboeta, nacido en 1924, ya sabía su misión: frenar cualquier inclinación o deriva filocomunista en Portugal. Impedir lo que se dio en llamar, exageradamente, que el país vecino (aunque desconocido prácticamente) se convirtiera en la «Cuba de Europa». Y para ello, nadie mejor que la «socialdemocracia», experta en fungir de bomberos contrarrevolucionarios en los países con luchas de clases efervescentes y álgidas. Ese es su papel histórico y el papel de este hombre al que, ya muerto, alaban y loan desde el rey español hasta el más felón de los psoecialistas de pacotilla: Felipe González: «era un demócrata, convencido de que sólo acabando con la dictadura salazarista y enfrentando luego la deriva ‘autoritaria’ (entrecomillado mío) comunista, podría desarrollar sus ideas: ‘el socialismo democrático’ (entrecomillado también mío), dice esta pústula sanguinolenta y venal, pesado esputo que la cifra no alcanza.

Aún así y todo, alguna diferencia de matiz sí hay entre Soares y González (que también podría establecerse entre el salazarismo y el franquismo, ambos regímenes fascistas) y es que, mientras el primero estaba en un exilio (más o menos dorado), el segundo vivía en palmitas siendo escoltado por policías secretas y militares hasta Suresnnes (suburbio parisino) en 1974 para empezar el «socialismo renovado» que desbancaría al «histórico» del apolillado, pero honrado a carta cabal, Rodolfo Llopis: empezaba el timo de la «Transición».

El Portugal, al menos, hubo una suerte de ruptura desmantelando símbolos fascistas y la policía política (la temida PIDE), y eso se nota, cosa que aquí pues no, mire usted. Cuando estuve no ha mucho en Lisboa, me decía un taxista -sin que yo le preguntara nada- mientras cruzábamos el inacabable y kilométrico puente de 25 de abril, «mire usted, este puente antes se llamaba ‘Puente de Oliveira Salazar‘ y ahora ‘25 de Abril’, un asco”. Iba a decirle que en España -o Estado español en otras latitudes- no tenemos ese problema: todavía hay callejero con nombres de renombrados fascistas y pueblos adornados con “Villabajo… DEL CAUDILLO” cuyos alcaldes defienden con bravura y honor calderoniano la conservación de ese adminículo verbal del Generalísimo de las Españas.

Nota. – Pablo Iglesias, que se reclama «socialdemócrata» -también dijo que Marx era «socialdemócrata» con una desfachatez y cinismo de quien tiene la cara y el rostro y la jeta de cemento-, prefiere hablar -y no parar siempre que la ocasión la pinten calva- de «patria», «mi patria», «nuestra patria», etc., pensando, obviamente en Catalunya.

Como los socialdemócratas alemanes votando en el Bundestag los créditos de guerra en la I Guerra Mundial para defender la «patria alemana».


Joder, qué tropa.

Buenas tardes.

En África la lucha contra el neocolonialismo sigue adelante

El dirigente panafricanista Kemi Seba
El sábado comenzaron en 14 países africanos las reuniones contra el franco CFA, una de las reliquias que dejó el colonialismo francés en África. El 26 de diciembre el militante panafricanista Kemi Seba promovió en Dakar, Senegal, una movilización, directamente dirigida contra Francia y sus últimos “harkis” (*) en África.

El llamamiento fue consecuencia -precisamente- de la visita de uno de esos “harkis”, el Presidente senegalés Macky Sall, a París, donde declaró que el franco CFA era estable que había que conservar. De momento, no había otra moneda mejor, dijo, por lo que se trataba de “fortificar nuestra zona monetaria”.

En una semana Seba ha logrado movilizar a economistas africanos de renombre, como Nicolas Agbohou, para organizar conferencias, y no sólo en los 14 países en los que la moneda francesa sigue en activo, sino en toda la diáspora de emigrantes africanos repartidos por el mundo. Incluso en Canadá ha logrado reunir a muchos partidarios de este movimiento.

Es destacable que no han aparecido por ninguna parte los antiglobalistas, ni todos aquellos que hace unos años gritaban que “otro mundo era posible”, y es que con determinado tipo de movimientos otro mundo es imposible; totalmente imposible.

Próximamente está prevista una reunión central en Bamako, la capital de Mali, para formar una plataforma internacional contra el franco CFA. El objetivo de Seba es, no obstante, el que ya promoviera Gadafi a costa de su vida y la de su país: crear una moneda única de África para África.

La lucha es como cualquier otra: por las buenas o por las malas. Si Francia no admite que su moneda deje de circular, dice Seba, iniciarán una campaña de boicot a las empresas francesas en todos los países que sigan utilizando el franco francés.

(*) En Argelia llaman “harkis” despectivamente a los colaboracionistas argelinos que lucharon al lado de Francia contra la independencia de su propio país. La palabra procede del árabe “haraka”, que significa “movimiento”.

China participará en las conversaciones de paz sobre Siria que se celebrarán en Astana

El diplomático chino Xie Xiaoyan
El enviado especial de gobierno chino para Siria, Xie Xiaoyan, ha declarado que su país tomaría parte en las negociaciones de Astana, en Kazajistán, destinadas a lograr la paz en Siria.

Xie Xiaoyan ha realizado sus declaraciones después de entrevistarse con el emisario especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura. Las conversaciones comenzarán el 23 de enero y aún no se conoce qué paises ni qué organizaciones ni qué personas participarán en las mismas.

Han quedado fuera Estados Unidos y las principales potencias imperialistas, por primera vez en la historia, un viraje sorprendente teniendo en cuenta la trascendencia mundial de todo lo que concierne a Oriente Medio. En lo que a Europa concierne, ni están ni se les espera a dos de los más países más repugnantes en la agresión que ha padecido Siria: Gran Bretaña y Francia.

Queda por comprobar el papel de la ONU, aunque el embajador ruso en dicho organismo internacional, Vitali Churkin, manifestó que Rusia no pretende marginar ni duplicar a Staffan de Mistura, a pesar de la parcialidad y la torpeza que ha venido poniendo de manifiesto desde su nombramiento.

La última de ellas consistió en convocar una reunión en Ginebra el 8 de febrero entre el gobierno sirio y la oposición, mientras que los primeros contactos en Astana comenzarán la semana que viene.

A finales de diciembre Rusia, de acuerdo con Turquía, sometió su plan de paz a la consideración del Consejo de Seguridad.

Hasta el día 23 de enero, inmediatamente después del transpaso de funciones en la Casa Blanca, hay un tenso compás de espera en el que algo tiene que suceder para que los imperialistas no se salgan con la suya. Es el motivo de que nadie haya lanzado las campanas al vuelo porque en Siria puede ocurrir algo, la paz, que no ha ocurrido ni en Afganistán, ni en Irak, ni en Libia, a pesar de los interminables años de guerra.

Es una obviedad constatar que, por primera vez desde el inicio de la guerra en 2011, el gobierno de Damasco se sentará en la mesa en una posición de fuerza; en las mejores condiciones que ha tenido hasta la fecha. Se acabaron las exigencias de sacar a Bashar Al-Assad del gobierno. Se acabaron los ultimatums. Se acabaron las imposiciones.

Ahora la espada de Damocles está del otro lado. Rusia ha dejado bien claro que quien no se siente a la mesa de Astana será equiparado a Al-Qaeda y al Califato Islámico y tratado en consecuencia.

El Ministerio de Defensa francés padeció 24.000 ataques informáticos el año pasado

Así lo ha dicho el propio ministro, Jean-Yves Le Drian: algo menos de 66 ataques diarios. Más de un lector pensará con razón: si un ejército padece 66 ataques cada día es porque está en medio de una guerra terrible. Lo que ocurre es que lo más probable es que el lector también crea -erróneamente- que los ciberataques no son ataques de verdad. No hay disparos, ni muertos, ni heridos, ni sangre, ni destrucción. Al menos no se ven como tales porque asociamos la guerra a una imagen del pasado, no al presente.

El ministro francés ha realizado sus declaraciones en una entrevista al Journal du Dimanche, donde asegura que, además del objetivo de espionaje, los ataques también persiguen otros fines, como perturbar el funcionamiento del sistema de drones.

Según el ministro, ningún ataque tuvo éxito porque el Ministerio responde a su nombre: sabe defenderse. Sin embargo, en febrero los piratas lograron apoderarse de “informaciones sensibles” sobre los capitalistas que suministran equipamiento de guerra y armamento. Luego los datos fueron divulgados por Anonymous.

La fuga de información comporta riesgos para los traficantes de armas que trabajan para el ejército francés, pero también para infraestructuras civiles de importancia, como el agua, la electricidad, la salud, los transportes y las comunicaciones, por lo que además de defenderse, Francia se reserva el derecho de responder “por todos los medios”. Ojo por ojo y diente por diente, le ha faltado decir al ministro, incluido un ataque armado real frente a un ataque virtual.

Si es cierto que Francia tiene intención de responder con fuego real a un ataque virtual, el asunto es peliagudo porque el número de ciberataques se duplica cada año. Como en cualquier ejército moderno, todo el armamento francés es digital. Todo depende de un programa informático y todo está conectado a internet.

Por poner un ejemplo: el sistema de combate de una fragata tiene 25 millones de líneas de código, 2.000 aplicaciones y 300 calculadoras. Eso que algunos llaman “ciberespacio” es un campo de batalla como cualquier otro y Francia se va a dotar de un mando militar de operaciones informáticas que responde a la misma hipocresía que todos los ejércitos imperialistas desde 1945: ya no hay Ministerios de la Guerra; todos son “de Defensa”, todos se protegen de los ataques de terceros. Ningún país tiene un Ministerio que se llame “de Ataque”.

El ejército digital de Francia se compondrá de 2.600 soldados informáticos dirigidos por 600 ingenieros de la Dirección General de Armamento y 4.400 reservistas de la ciberdefensa.

Detenido el antiguo ‘Primer Ministro’ del Estado criminal de Kosovo

El Primer Ministro de la mafia
El miércoles la policía francesa detuvo a Ramush Haradinaj, antiguo “Primer Ministro” del fantasmagórico Estado de Kosovo creado por la OTAN en 1999 durante la Guerra de los Balcanes.

Hacía tiempo que tras dejar su cargo de lacayo de la OTAN en Pristina, la “capital de Kosovo”, Haradinaj se arrastraba como un limaco por los burdeles de Suiza, viviendo con el lujo faraónico propio de todos los mafiosos.

Serbia acusa a Haradinaj de crímenes de guerra cometidos por él durante la guerra de Kosovo de 1999. Se trata de un antiguo dirigente del UÇK, el denominado “ejército de liberación de Kosovo”, que ya fue acusado en La Haya del mismo delito por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.

Sin embargo, hasta en dos ocasiones fue absuelto de todos los cargos porque no hay pruebas. La CIA lleva años tratando de borrar las pistas de los crímenes cometidos por sus sicarios kosovares del UÇK.

De los 10 testigos que iban a declarar contra él, 9 fueron asesinados y otro retiró su declaración tras un intento de asesinato. La ley del silencio condujo a Carla del Ponte, la fiscal del Tribunal, a declarar: “Estoy perdiendo testigos en la causa contra Haradinaj por todos lados. Están seriamente amenazados”. Es el estilo PSOE que impuso Felipe González en el caso de los GAL: “No hay testigos ni los habrá”.

Hasta la Wikipedia reconoce que Haradinaj “está considerado por diversas investigaciones [como] una de las personas más poderosas de la mafia en Kosovo”, por lo que sigue bajo la protección de sus padrinos de la CIA. Un informe del BND, el servicio secreto alemán, afirma que los tres dirigentes del UÇK, Haradinaj, Thaçi y Haliti, “están íntimamente vinculados a las interrelaciones entre la política, los negocios y las estructuras de la delincuencia organizada en Kosovo” (*).

Lo que al BND se le olvidó añadir es que tanto el UÇK como el Estado criminal de Kosovo lo crearon ellos, de común acuerdo con la CIA.


Kosovo no sólo es la gran vergüenza de la Unión Europea, especialmente del imperialismo alemán, sino también la de todos esos grupos seudoindependentistas de Catalunya, Galicia y Euskadi que quieren que la OTAN haga aquí lo que hizo allá y lo que ha pretendido hacer en Siria: un nuevo reparto del mundo, masacrar a la población con bombas de uranio y crear sucursales con la apariencia de Estados “independientes”, como en Rojava.

Kosovo fue arrancado de Serbia en 1999 después de 78 días de bombardeos criminales de la OTAN, ordenados por su secretario general, el conocido criminal de guerra y militante del PSOE Javier Solana.

Por medio de Solana, la OTAN puso un Estado en manos de una mafia de delincuentes, el UÇK, a la que presentó ante todo el mundo como un movimiento de “liberación nacional”, lo que fue recibido con la máxima alegría por ciertos grupillos seudoindependentistas que son otros tantos lameculos de la OTAN, lo mismo que el UÇK, una organización de la misma factura de Al-Qaeda o el Califato Islámico.

Pero la vergüenza no se acaba aquí sino que amenaza con alcanzar a buena parte de la humanidad porque nada menos que la mitad de los Estados del planeta han reconocido a este Estado criminal, que ya ha intervenido en la Eurocopa de fútbol y otros eventos parecidos.

(*) https://es.wikipedia.org/wiki/Ramush_Haradinaj

Perro yanqui

Yanqui de olfato canino,
cachorro de tu embajada,
que ya suelto, ya en manada,
ladras en nuestro camino:
no conseguirás ladino
llenarnos de sombra el día,
y ante la inútil porfía,
de aquí marcharás al cabo,
sin dientes, collar ni rabo,
ni chapa de policía.

Nicolás Guillén

Los guerrilleros griegos encarcelados se declaran en huelga de hambre y sed

Nikos Maziotis, preso político griego
Durante la detención de la revolucionaria Pola Roupa (miembro de Lucha Revolucionaria y compañera de Nikos Maziotis, también miembro de la misma organización), la policía secuestró y detuvo a su hijo de 6 años.

El niño está recluido en una habitación de hospital bajo guardia armada y la policía se niega a permitir que los miembros de la familia o representantes legales lo vean. Aunque no sabemos si está siendo interrogado, es ilegal bajo la ley griega interrogar a un menor sin la presencia de un padre, tutor o abogado.

En respuesta al secuestro vengativo del Estado y la detención de su hijo, los revolucionarios Pola y Nikos han comenzado una huelga de hambre y sed para exigir que sus parientes cercanos puedan cuidarlo y acogerlo. La revolucionaria de 25 años que fue detenida con Pola también ha iniciado una huelga de hambre con las mismas exigencias que Pola y Nikos. Ella está siendo mantenida bajo guardia en el hospital con una lesión seria en su brazo.

Las movilizaciones en solidaridad con los revolucionarios ya han comenzado en las calles y en la prisión de Korydallos.

Primera declaración de Pola Roupa desde su detención, leída por su representante legal:

La guerrillera griega Pola Rupa
Yo Panagiota (Pola) Roupa declaro que fui y lo seré hasta que me muera una enemiga impenitente del sistema. Ahora han puesto a un niño en medio de esta guerra y lo castigan para vengarse de mí. Ellos han secuestrado a mi hijo y no sé dónde está desde nuestra detención en la madrugada.

Estamos en guerra, es cierto. Pero los que luchan contra mi hijo, al no permitir que yo u otros parientes cercanos lo vean y amenazándolo con enviarlo a una institución, es el acto más despreciable de esta guerra. Los que están en el aparato del estado son gusanos porque están luchando contra un niño de 6 años.

Y quiero decir que ahora he comenzado una huelga de hambre y sed para exigir que el niño sea dado a mi madre y a mi hermana. En cuanto a mí seguiré siendo el enemigo hasta que muera. Y nunca cederé.

¡Larga vida a la revolución!
Fuente: https://freecollective.wordpress.com/2017/01/06/grecia-pola-roupa-y-nikos-maziotis-en-huelga-de-hambre-y-sed-en-defensa-de-los-derechos-de-su-hijo-de-6-anos/, https://www.youtube.com/watch?v=DWh-c1fAlRE, https://www.youtube.com/watch?v=kIDVMQOeRiw

Más información:
– Detenidas en Atenas dos dirigentes guerrilleras de ‘Lucha Revolucionaria’
 

La Guerra de Siria es una guerra económica entre dos gasoductos que compiten entre sí

Juan Manuel Olarieta

En una entrevista al diario italiano “Il Giornale” el Presidente sirio Bashar Al-Assad asegura que la causa del desencadenamiento de la Guerra de Siria fue el rechazo de su gobierno al trazado de un gasoducto que debía atravesar el país para llevar gas qatarí a Europa a través de Turquía.

Al-Assad asegura que el plan qatarí, que le ofrecieron en el año 2000, era tender un gasoducto que debía atravesar Siria de norte a sur, pero que había otro proyecto de más de 1.500 kilómetros para hacerlo de este a oeste y llegar al Mediterráneo atravesando Irak desde Irán. Es muy posible que, además de gas, por ambos oleoductos tuvieran previsto enviar plegarias y jaculatorias, suníes por el primero y chiíes por el segundo.

Sus patrocinadores respectivos, Qatar e Irán, tienen las mayores reservas mundiales de gas natural. El gasoducto qatarí permitiría a los jeques del Golfo aumentar tanto el volumen de sus exportaciones, como reducir los costes y limitaciones de volumen que impone el transporte marítimo. A Qatar le hace falta una flota de 1.000 buques, con un coste exorbitante que en varios años reduce sus beneficios de 716.000 millones a sólo 71.600 millones de euros. Pierde la décima parte de sus ingresos.

Ambos proyectos entraban en competencia pero no estaban en el mismo plano porque el primero de ellos, el qatarí, además de ser una fuente de ingresos económicos para los jeques del Golfo, desempeñaba dos funciones estratégicas adicionales, bloqueando a otros tantos países enfrentados a Estados Unidos: a Irán le privaba del acceso al mercado europeo y con el gas ruso competía desde el sur, enviando gas a Europa a través de Turquía.

En 2010 el gobierno de Al-Assad optó por el segundo de los gasoductos, en detrimento del primero. Al año siguiente, cuatro meses después de que estallara la Primavera Árabe, el gobierno de Damasco firmó el acuerdo con Irán, una de las peores pesadillas para las monarquías suníes del Golfo y los imperialistas. Ninguno de ellos podía admitir nada parecido. Como consecuencia de ello desataron la guerra en 2011.

Desde el lado ruso, el plan qatarí suponía un intento de asfixia porque la empresa Gazprom provee la cuarta parte del gas que consume Europa y sus beneficios pagan una quinta parte del presupuesto del Estado.

Tras seis años de guerra, el desenlace no puede ser más desastroso para el imperialismo porque -de momento- ya ha perdido dos peones y es posible que los acabe perdiendo todos. El primer peón es Turquía y el segundo es Qatar.

Con independencia del desenlace de la Guerra de Siria, el gobierno de Erdogan ya ha provocado uno de los cambios más importantes desde el final de la Segunda Guerra Mundial sacando a su país de la zona de influencia de la OTAN. Pero, en alusión a los gasoductos, hay que añadir dos cosas más. La primera es que por Turquía pasará otro gasoducto más, el tercero, que llevará gas ruso por debajo el Mar Negro, y la segunda es que, además de Siria, Irán puede contar con Turquía para tener una fuente adicional de salida de su gas.

El otro lacayo que ha dejado de bailar al son de la música de Washington es, en efecto, Qatar, que hasta la fecha era el aliado más cercano que Estados Unidos tenía en la región. En Qatar se encuentran dos de las principales bases militares imperialistas así como la sede del Mando Central de Estados Unidos en Oriente Medio.

Pues bien, a fecha de hoy da la impresión de que Qatar ha entrado de lleno en la chistera de prestigitador de Putin con otra de sus sorpredentes maniobras, que parecen no acabarse nunca: la petrolera rusa Rosneft, la más grande del mundo, ha vendido el 20 por ciento de sus acciones a Qatar. Rusia ha cobrado más de 10.000 millones de euros con los que pagará el descenso de ingresos derivado de las sanciones económicas de los imperialistas. Sin embargo, parece que es Moscú quien ha hecho un favor a los árabes.

Esa venta no es sólo un negocio redondo porque Rosneft no es una empresa privada. Es política y es diplomacia, un principio de acuerdo entre Qatar y Rusia cuyo alcance es simplemente impredecible. De momento es posible sospechar que detrás de Qatar vayan las demás monarquías del Golfo, incluida Arabia saudí, que ya mantiene un acuerdo con Rusia para estabilizar los precios mundiales del petróleo. Si eso se cumple sería el fin del Acuerdo del Quincy y la total desaparición de Estados Unidos del escenario de Oriente Medio.

Pero la capacidad de arrastre de Qatar no se limita a los jeques del Golfo sino a la propia Europa, cuya inmunda intervención en la Guerra de Siria no se explica por su obediencia al dictado de Estados Unidos sino por la cierta dependencia financiera de algunos de ellos hacia Qatar. Si los jeques llegan a un acuerdo con Rusia y, por lo tanto, con Siria, con Turquía y con Irán, su dinero arrastrará a una Europa sumida en la mendicidad hacia las mismas posiciones, es decir, a un acuerdo con Rusia.

No está de más acabar añadiendo que, como bien dice Al-Assad al periódico italiano, los gasoductos son “uno de los parámetros” que contribuyeron a desencadenar la guerra, pero no los únicos. No lo olvidemos.

Estados Unidos despliega en la frontera rusa una brigada acorazada de su ejército

No ocurría desde que en mayo de 2013 se disolvió la 172 Brigada de Infantería de Combate. Ahora vuelven a las fronteras de Rusia con Polonia las unidades acorazadas de Estados Unidos, y amenazan con quedarse.

En marzo del pasado año el Pentágono anunció su intención de desplegar rotativamente una brigada acorazada en la frontera dentro de la Operación “Atlantic Resolve”. Los primeros tanques llegaron ayer a Alemania a bordo del buque “Resolve” y se esperan otros dos cargamentos más en los próximos días. Forman parte de la 3 Brigada Acorazada de Combate.

Para su despliegue militar, el ejército de Estados Unidos ha contado con el apoyo logístico de 2.500 vehículos de la Bundeswehr, entre ellos tanques M-1 Abrahams que han llegado al puerto alemán de Bremerhaven, desde donde partirán por tren hacia Polonia. La fuerza cuenta con 4.000 soldados que tendrán su cuartel general al borde de la frontera con Rusia.

El presupuesto del Pentágono para este año cuenta con 3.400 millones de dólares, frente a los 789 del año pasado, para financiar el operativo militar de Estados Unidos en la zona fronteriza con Rusia.

Hasta ahora la OTAN ha venido acumulando material de guerra, nudos logísticos y centros de mando en la frontera. En el futuro el despliegue se incrementará notablemente con equipos pesados y aviones de combate en toda la línea que va del Mar Báltico hasta el Mar Negro.

Por su parte, el diario El Paso Times (*) anuncia que una batallón de aviación procedente de Fort Bliss, Texas, se unirá a la 10 Brigada de Combate Aéreo con 400 soldados y 24 helicópteros Apache.

Otra unidad aérea procedente de Fort Drum desplegará 10 helicópteros Chinook y 50 Blackhawk con 1.800 soldados que se instalarán en Illesheim, Alemania, aunque dispondrá de destacamentos en Letonia, Rumanía y Polonia.

(*) http://www.elpasotimes.com/story/news/military/ft-bliss/2016/12/11/army-aviators-gain-valuable-experience-europe/95062554/

Franco y las redes fascistas internacionales en la posguerra europea

Entre los mitos arraigados del franquismo, uno de los que mejor sobrevive el paso del tiempo, tanto en el imaginario popular como en los círculos académicos, es el de un régimen aislado del mundo, una dictadura singular y exclusivamente endógena, un producto político típicamente español –como la cultura íbera o la tauromaquia– y sin vínculo con la Europa resurgida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Pero tras la leyenda se esconde la verdad, con sus claroscuros y su complejidad: ni el franquismo fue una dictadura autóctona –en su sentido ideológico, material y cultural– ni Franco un caudillo refractario al trato con el exterior.

En los últimos tiempos, los historiadores están poco a poco tratando de romper esa penúltima barrera de la mitología franquista: la de su sempiterno aislacionismo. “Transnational Fascism in Twentieth Century: Spain, Italy and the Global Neo-fascist Network” (Bloomsbury Academic, 2016), de los investigadores Pablo Del Hierro y Matteo Albanese, es una de esas obras que contribuye a liquidar la quimera del aislacionismo en uno de los aspectos más controvertidos de la dictadura: su simpatía hacia los movimientos fascistas resurgidos tras la caída de Hitler. Del Hierro, profesor de la Universidad de Maastricht, y Albanese, docente en la de Lisboa, muestran cómo el Estado franquista, con el propio Franco y sus ministros a la cabeza, financió con millones de liras los movimientos neofascistas italianos (primero al MSI, luego a Orden Nuovo). El franquismo, lejos de ser un actor pasivo y doméstico, se implicó en la escena internacional más de lo que se cree, se preocupó por la deriva política en su entorno cercano, en el que trataba de influir con dinero y presiones de distinto tipo, y sirvió de refugio dorado para antiguos fascistas italianos, belgas o croatas.

El estudio de Del Hierro y Albanese abarca, cronológicamente, bastante más que los años centrales del nacionalcatolicismo. Por un lado se remonta a los orígenes y primeros pasos de Falange –años 30– y los entonces incipientes contactos con el fascismo mussoliniano, y por otro se extiende hasta las décadas de los setenta y comienzos de los ochenta, cuando las conexiones entre la extrema derecha española e italiana vivieron su canto de cisne. Transnational Fascism in Twentieth Century, todavía sin traducción al español, despliega dos ideas capitales. Una de ellas, desmenuzada en los párrafos anteriores, es la de que el franquismo no permaneció al margen de la lucha por las ideas tras la Segunda Guerra Mundial; otra, que el fascismo, como ideología global, no se diluyó en el bunker de Berlín ni a la orilla del lago de Garda, sino que supo sobrevivir larvado y mutar de lenguaje, métodos y objetivos durante la posguerra europea. La Segunda Guerra Mundial fue un punto y aparte, pero también en cierta manera un punto y seguido; el fascismo es un ejemplo de cómo las ideas que contribuyeron a hacer estallar la contienda mundial sobrevivieron a su exterminio físico; y en este sentido, el régimen de Franco llegó a convertirse el nexo fundamental en el desarrollo y crecimiento de la redes de extrema derecha durante las décadas venideras.

Parte de la obra de Del Hierro y Albanese abarca la conflictiva década de 1970. Los llamados años de la estrategia de la tensión en Italia y del tránsito de la dictadura a la democracia en España. Años de atentados terroristas, secuestros, presiones políticas y temores ciudadanos en los que las relaciones trasnacionales entre el fascismo italiano y la extrema derecha española experimentaron su canto de cisne. Años sin duda violentos, pero huérfanos todavía –sobre todo en España– de una explicación histórica alejada del mito de la modélica y pacífica transición.

España debía proceder con urgencia a una revisión crítica de su transición, matar al padre, hacer como Francia con el periodo de la resistencia o Alemania con el nazismo, salvando las distancias temporales y trágicas. No se trataba, como burdamente a veces se concibe, de moralizar en el sentido contrario la transición. Hablar de régimen del 78 como un periodo sucio y turbio, carente de legitimidad; sino de introducir el bisturí del análisis histórico desprejuiciado –que no despolitizado, el matiz es importante– en lo que hasta ahora había sido una ciénaga donde, por si las moscas, era mejor no introducirse.

— Empezáis el libro con una breve pero sutil referencia al presente. Como historiadores, estáis convencidos de que para evitar el resurgimiento del fascismo en Europa hay que comprender bien su génesis y desarrollo. ¿Qué hemos entendido mal hasta ahora? ¿Cómo educar a la sociedad para prevenir de nuevo, en un contexto de populismo y ultranacionalismo crecientes, el resurgimiento de grupos fascistas?

— Nosotros creemos que la clave nos la da Umberto Eco quien en su artículo Ur-Fascism, de 1995, nos explicaba cómo las sociedades democráticas debían mantenerse alerta y no olvidar nunca lo que significa el fascismo. En su opinión, el fascismo como ideología universal no había desaparecido de Europa tras la Segunda Guerra Mundial; simplemente se había mantenido escondido a la espera de un contexto más adecuado para poder resurgir. El problema, advertía Eco, es que cuando resurgiera, lo haría de manera distinta, bajo otro envoltorio. En ese contexto, los nuevos fascistas no irían más con camisas negras, dando palizas a judíos y pidiendo que se reabriese Auschwitz. No, el fascismo podría presentarse de las formas más inocentes. En realidad, el artículo de Eco apunta a un tema de discontinuidades y continuidades. La Segunda Guerra Mundial se interpreta tradicionalmente como un turning point clásico, ya que cambió muchas cosas en el mundo occidental. Sin embargo, no todo fue cambio; numerosos elementos de la Europa de entreguerras permanecieron inalterados en nuestras sociedades. La ideología fascista constituye uno de esos casos. La guerra implicó el final de los regímenes fascistas, pero no de su ideología. La ideología sobrevivió de la mano de los propios fascistas que lograron escapar de los aliados. Gente como Leon Degrelle, Otto Skorzeny, Ante Pavelic, Gastone Gambara o Filippo Anfuso, que se refugiaron en España después de 1945 y lograron transmitir sus ideas a las nuevas generaciones. Por supuesto, esas nuevas generaciones adaptaron el pensamiento a sus propias circunstancias y al nuevo contexto internacional. Ello ha llevado a un intenso debate académico sobre cómo denominar la ideología resultante, dependiendo de la valoración de las continuidades o las discontinuidades. El término “extremismo de derecha” posee un mayor valor explicativo y tiene más rigor; sin embargo, nosotros sostenemos que no pone suficiente énfasis en el tema de las muchas continuidades entre el periodo de entreguerras y los años posteriores a 1945. Es por ello que nosotros preferimos usar el término neo-fascismo, que deja muy claro que es un fascismo evolucionado, con muchos cambios, algunos de ellos importantes, pero en el que la esencia sigue allí desde 1922. Y es nuestro deber recordárselo a la sociedad para que esté atenta y no se deje engañar por ese “fascismo de paisano” que denunciaba Eco.

— ¿Se entiende mejor la violencia terrorista, en este caso en concreto la violencia de extrema derecha, desde una perspectiva transnacional? ¿Qué aporta esta visión que no aportara la tradicional perspectiva autóctona o simplemente nacional del fenómeno?

— Otra de las premisas de las que parte nuestra investigación es que el fascismo, como ideología de vocación universal, es inherentemente transnacional. Es una manera de entender el mundo que no se puede contener exclusivamente dentro de las fronteras nacionales; el fascismo debía extenderse por todos los países hasta convertirse en un fenómeno global. De hecho, y como demostramos en el libro, la ideología fascista viajó (y sigue viajando) mucho: partiendo de Italia se extendió por todo el mundo, ganando adeptos desde Adelaida hasta Buenos Aires, desde Londres hasta Johanesburgo. Entender cómo esa ideología se mueve a través de los países y es reinterpretada por las personas dependiendo de las distintas coyunturas es una tarea fundamental para el estudio del fascismo en el siglo XX, pero también en el XXI. Asimismo, es importante comprender que el fascismo contenía en sí una interpretación de la violencia política y del terrorismo que tampoco se limitaba al espacio nacional. El jefe de los servicios secretos del régimen de Mussolini, Mario Roatta, ya había encargado el asesinato de comunistas exiliados en Francia en los años treinta a través de una red de contactos entre fronteras. Los elementos fascistas de la colonia italiana en París, Nueva York y Buenos Aires habían llevado la violencia política a las calles de sus ciudades durante la década de los veinte en un intento por universalizar la ideología fascista. En este sentido, lo que pasa en Italia en los años sesenta y en España en los setenta no es nada nuevo; el terrorismo de derechas, como parte de la ideología fascista, se mueve a través de las fronteras y los académicos debemos ser conscientes de ello si queremos entender el fenómeno adecuadamente. También es necesario aclarar que la perspectiva transnacional no niega los enfoques nacionales o locales. Los enriquece al ofrecernos otra manera de mirar a este tipo de fenómenos. En otras palabras, la clave nacional es importante para entender el fascismo y el terrorismo neofascista, pero no suficiente. En este sentido, la perspectiva transnacional es complementaria y, en nuestra opinión, enriquecedora.

— ¿Cómo explican, como historiadores, la gran paradoja del neofascismo de combinar el ultranacionalismo con el internacionalismo? ¿Qué ventajas tuvo para ellos, para su supervivencia y extensión a lo largo de las décadas, el combinar ambas?

— La ideología fascista (y (neo)fascista) es inherentemente contradictoria. Igualmente, hay que entender que el fascismo, como ideología política, es bastante más pobre que otras ideologías. Por ejemplo, si coges el anarquismo, el liberalismo o el marxismo, puedes encontrar bibliotecas enteras con sus obras fundacionales o textos de gran calado filosófico que discuten su naturaleza. El fascismo produjo mucha menos literatura de calidad; apenas sí hay libros que expliquen su naturaleza o sus principales características. Esto ha favorecido que a lo largo de los años se hayan hecho numerosas interpretaciones, también entre los propios correligionarios, y ello ha potenciado los aspectos contradictorios. Por otro lado, hay que volver a recalcar que nosotros vemos el fascismo como una ideología intrínsecamente transnacional. También su funcionamiento lo fue. Ya desde sus inicios el régimen de Mussolini creó canales para propagar la ideología por todo el mundo. En 1934 por ejemplo, las autoridades italianas organizan en Montreux la primera conferencia de partidos fascistas del mundo a la que acuden representantes de 39 países (entre ellos España). Más tarde, la Guerra Civil supone uno de los puntos álgidos del fascismo transnacional: de hecho, a España vienen voluntarios de muchos países para luchar a favor de los ejércitos franquistas: no sólo italianos, también irlandeses, alemanes, portugueses o rumanos. Sin embargo, es a partir de 1945 cuando se acentúa el funcionamiento transnacional en un mayor grado: la derrota del Eje en la guerra, y, sobre todo, la huida forzosa a otros países convence a los supervivientes fascistas de que la única manera de mantenerse vivos y, con ellos, su ideología, es operando a través de las fronteras. De hecho, si no hubiese sido por la ayuda de los regímenes de Franco, Salazar o Perón, y de los fascistas que allí vivían, esas personas no habrían podido eludir la persecución aliada. Así pues, esa generación de fascistas vive en primera persona las ventajas de operar a través de las fronteras nacionales y se convence de que vivimos ya en un mundo global donde los confines entre países importan cada vez menos; estas convicciones serán transmitidas a las nuevas generaciones de neofascistas que llevarán ya ese sello transnacional en su ADN político.

— Tradicionalmente, se considera a Franco y su régimen como un modelo profundamente aislacionista. Ustedes demuestran que no lo era, y no solo eso, sino que, en años todavía de penuria como son los primeros 50, el régimen financió los movimientos neofascistas italianos para tratar de obtener cierto beneficio político (quizá también por la nostalgia de los buenos tiempos del dictador) del asunto. Franco como mecenas del neofascismo… ¿Por qué hasta ahora no se había puesto el dedo en esta llaga? El régimen franquista como refugio de viejos luchadores fascistas… ¿No se la jugaba Franco con esto? ¿Qué beneficios obtenía de esta política? ¿Tan impune se sentía, en el plano internacional, como para hacer del país un refugio del fascismo internacional pese a la aparente vigilancia a la que las potencias internacionales tenían sometido al Estado?

— El franquismo crea ya en 1943 una narrativa de régimen meramente autóctono, que no recibe ninguna influencia del extranjero. Lo hace a sabiendas de que la Segunda Guerra Mundial se está decantando a favor de los aliados y que estos no van a ver con buenos ojos a un régimen formado con la inestimable ayuda de Hitler y de Mussolini. La solución está clara: crear una historia oficial que presente la Guerra Civil como un conflicto exclusivamente entre españoles, en el que la intervención extranjera fuera casi inexistente. Lo mismo se hace con todas las estructuras del régimen, incluyendo Falange: no existió ni influencia ni inspiración proveniente del extranjero; todo autóctono. Ahí se empieza a fraguar la leyenda del aislacionismo del país, y del Spain is different. En realidad, eso le convenía al régimen de Franco. Y obviamente, a fuerza de repetirlo esa narrativa cala en todos los sectores de la sociedad, incluyendo en el sector académico. Afortunadamente la cosa está empezando a cambiar, y los trabajos de historiadores como Ferrán Gallego, Ismael Saz, Ángel Alcalde o Javier Muñoz Soro, entre otros, son buena prueba de ello. Por otro lado, también es necesario explicar que el análisis de estos contactos transnacionales no es nada fácil desde el punto de vista práctico. Matteo Albanese y yo hemos tenido que visitar archivos de seis países para tratar de encontrar las piezas del puzle. Además, nosotros estábamos buscando documentos que normalmente brillan por su ausencia: los diplomáticos franquistas no solían dejar constancia de los pagos entregados a grupos neofascistas de otros países. En muchos casos, era como buscar una aguja en un pajar, con el agravante de que los archivos hispano-italianos funcionan bastante mal, como ya hemos dicho.

— Sobre el terrorismo de extrema derecha en España en los 70 se ha pasado, y se sigue pasando, de puntillas. ¿A qué creen que se debe esto? ¿Cierta voluntad política de olvido premeditado? ¿Miedo latente a desnudar una parte del pasado que muchos pretender obviar? ¿Sucede igual en Italia con los años de la estrategia de la tensión o allí el pasado ha sido más removido y está más normalizado?

— Respecto a la cuestión de los años 70 es necesario añadir un argumento adicional: la noción de la Transición española como un mito intocable. Yo me licencié en historia contemporánea por la UCM en el año 2004. A esas alturas, la transición era explicada por el personal docente como un proceso ejemplar y pacífico, casi inmaculado; ello venía corroborado por la mayor parte de los periodistas y políticos del país. En consecuencia, los alumnos no sentíamos la necesidad de indagar en este proceso desde una perspectiva crítica. En todo caso, estudiábamos cómo el modelo español podía ser visto como ejemplo por la comunidad internacional y exportado a otros lugares. En otras palabras, se potenciaba el estudio de la transición de manera acrítica y desde el punto de vista de las relaciones internacionales. Las cosas empezaron a cambiar con la crisis de 2008 y con el estallido de los grandes escándalos de corrupción. Ello nos convenció aún más de proseguir con nuestra investigación tratando de ir más allá del mito, al mismo tiempo que evitábamos acabar en el otro lado del espectro. En efecto, uno de los problemas de estudiar la Transición es el maniqueísmo que muchas veces permea del debate: si la Transición no fue modélica como nos dijeron, entonces fue un desastre de la que no cabe salvar nada. Nosotros simplemente nos esforzamos por buscar una imagen más moderada que se ajustara en mayor medida a la realidad de las fuentes que estábamos consultando. La Transición tuvo muchas cosas buenas. Pero admitir eso no quiere decir que la Transición fuese perfecta. No lo fue. Tuvo también muchos elementos negativos: fue violenta, injusta para con las víctimas del franquismo, y demasiado benévola con los verdugos. Integrar esos dos elementos en un relato fue nuestro desafío y creo que el de muchos historiadores a día de hoy.

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