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La Guerra de Siria es una guerra económica entre dos gasoductos que compiten entre sí

Juan Manuel Olarieta

En una entrevista al diario italiano “Il Giornale” el Presidente sirio Bashar Al-Assad asegura que la causa del desencadenamiento de la Guerra de Siria fue el rechazo de su gobierno al trazado de un gasoducto que debía atravesar el país para llevar gas qatarí a Europa a través de Turquía.

Al-Assad asegura que el plan qatarí, que le ofrecieron en el año 2000, era tender un gasoducto que debía atravesar Siria de norte a sur, pero que había otro proyecto de más de 1.500 kilómetros para hacerlo de este a oeste y llegar al Mediterráneo atravesando Irak desde Irán. Es muy posible que, además de gas, por ambos oleoductos tuvieran previsto enviar plegarias y jaculatorias, suníes por el primero y chiíes por el segundo.

Sus patrocinadores respectivos, Qatar e Irán, tienen las mayores reservas mundiales de gas natural. El gasoducto qatarí permitiría a los jeques del Golfo aumentar tanto el volumen de sus exportaciones, como reducir los costes y limitaciones de volumen que impone el transporte marítimo. A Qatar le hace falta una flota de 1.000 buques, con un coste exorbitante que en varios años reduce sus beneficios de 716.000 millones a sólo 71.600 millones de euros. Pierde la décima parte de sus ingresos.

Ambos proyectos entraban en competencia pero no estaban en el mismo plano porque el primero de ellos, el qatarí, además de ser una fuente de ingresos económicos para los jeques del Golfo, desempeñaba dos funciones estratégicas adicionales, bloqueando a otros tantos países enfrentados a Estados Unidos: a Irán le privaba del acceso al mercado europeo y con el gas ruso competía desde el sur, enviando gas a Europa a través de Turquía.

En 2010 el gobierno de Al-Assad optó por el segundo de los gasoductos, en detrimento del primero. Al año siguiente, cuatro meses después de que estallara la Primavera Árabe, el gobierno de Damasco firmó el acuerdo con Irán, una de las peores pesadillas para las monarquías suníes del Golfo y los imperialistas. Ninguno de ellos podía admitir nada parecido. Como consecuencia de ello desataron la guerra en 2011.

Desde el lado ruso, el plan qatarí suponía un intento de asfixia porque la empresa Gazprom provee la cuarta parte del gas que consume Europa y sus beneficios pagan una quinta parte del presupuesto del Estado.

Tras seis años de guerra, el desenlace no puede ser más desastroso para el imperialismo porque -de momento- ya ha perdido dos peones y es posible que los acabe perdiendo todos. El primer peón es Turquía y el segundo es Qatar.

Con independencia del desenlace de la Guerra de Siria, el gobierno de Erdogan ya ha provocado uno de los cambios más importantes desde el final de la Segunda Guerra Mundial sacando a su país de la zona de influencia de la OTAN. Pero, en alusión a los gasoductos, hay que añadir dos cosas más. La primera es que por Turquía pasará otro gasoducto más, el tercero, que llevará gas ruso por debajo el Mar Negro, y la segunda es que, además de Siria, Irán puede contar con Turquía para tener una fuente adicional de salida de su gas.

El otro lacayo que ha dejado de bailar al son de la música de Washington es, en efecto, Qatar, que hasta la fecha era el aliado más cercano que Estados Unidos tenía en la región. En Qatar se encuentran dos de las principales bases militares imperialistas así como la sede del Mando Central de Estados Unidos en Oriente Medio.

Pues bien, a fecha de hoy da la impresión de que Qatar ha entrado de lleno en la chistera de prestigitador de Putin con otra de sus sorpredentes maniobras, que parecen no acabarse nunca: la petrolera rusa Rosneft, la más grande del mundo, ha vendido el 20 por ciento de sus acciones a Qatar. Rusia ha cobrado más de 10.000 millones de euros con los que pagará el descenso de ingresos derivado de las sanciones económicas de los imperialistas. Sin embargo, parece que es Moscú quien ha hecho un favor a los árabes.

Esa venta no es sólo un negocio redondo porque Rosneft no es una empresa privada. Es política y es diplomacia, un principio de acuerdo entre Qatar y Rusia cuyo alcance es simplemente impredecible. De momento es posible sospechar que detrás de Qatar vayan las demás monarquías del Golfo, incluida Arabia saudí, que ya mantiene un acuerdo con Rusia para estabilizar los precios mundiales del petróleo. Si eso se cumple sería el fin del Acuerdo del Quincy y la total desaparición de Estados Unidos del escenario de Oriente Medio.

Pero la capacidad de arrastre de Qatar no se limita a los jeques del Golfo sino a la propia Europa, cuya inmunda intervención en la Guerra de Siria no se explica por su obediencia al dictado de Estados Unidos sino por la cierta dependencia financiera de algunos de ellos hacia Qatar. Si los jeques llegan a un acuerdo con Rusia y, por lo tanto, con Siria, con Turquía y con Irán, su dinero arrastrará a una Europa sumida en la mendicidad hacia las mismas posiciones, es decir, a un acuerdo con Rusia.

No está de más acabar añadiendo que, como bien dice Al-Assad al periódico italiano, los gasoductos son “uno de los parámetros” que contribuyeron a desencadenar la guerra, pero no los únicos. No lo olvidemos.

Estados Unidos despliega en la frontera rusa una brigada acorazada de su ejército

No ocurría desde que en mayo de 2013 se disolvió la 172 Brigada de Infantería de Combate. Ahora vuelven a las fronteras de Rusia con Polonia las unidades acorazadas de Estados Unidos, y amenazan con quedarse.

En marzo del pasado año el Pentágono anunció su intención de desplegar rotativamente una brigada acorazada en la frontera dentro de la Operación “Atlantic Resolve”. Los primeros tanques llegaron ayer a Alemania a bordo del buque “Resolve” y se esperan otros dos cargamentos más en los próximos días. Forman parte de la 3 Brigada Acorazada de Combate.

Para su despliegue militar, el ejército de Estados Unidos ha contado con el apoyo logístico de 2.500 vehículos de la Bundeswehr, entre ellos tanques M-1 Abrahams que han llegado al puerto alemán de Bremerhaven, desde donde partirán por tren hacia Polonia. La fuerza cuenta con 4.000 soldados que tendrán su cuartel general al borde de la frontera con Rusia.

El presupuesto del Pentágono para este año cuenta con 3.400 millones de dólares, frente a los 789 del año pasado, para financiar el operativo militar de Estados Unidos en la zona fronteriza con Rusia.

Hasta ahora la OTAN ha venido acumulando material de guerra, nudos logísticos y centros de mando en la frontera. En el futuro el despliegue se incrementará notablemente con equipos pesados y aviones de combate en toda la línea que va del Mar Báltico hasta el Mar Negro.

Por su parte, el diario El Paso Times (*) anuncia que una batallón de aviación procedente de Fort Bliss, Texas, se unirá a la 10 Brigada de Combate Aéreo con 400 soldados y 24 helicópteros Apache.

Otra unidad aérea procedente de Fort Drum desplegará 10 helicópteros Chinook y 50 Blackhawk con 1.800 soldados que se instalarán en Illesheim, Alemania, aunque dispondrá de destacamentos en Letonia, Rumanía y Polonia.

(*) http://www.elpasotimes.com/story/news/military/ft-bliss/2016/12/11/army-aviators-gain-valuable-experience-europe/95062554/

Franco y las redes fascistas internacionales en la posguerra europea

Entre los mitos arraigados del franquismo, uno de los que mejor sobrevive el paso del tiempo, tanto en el imaginario popular como en los círculos académicos, es el de un régimen aislado del mundo, una dictadura singular y exclusivamente endógena, un producto político típicamente español –como la cultura íbera o la tauromaquia– y sin vínculo con la Europa resurgida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Pero tras la leyenda se esconde la verdad, con sus claroscuros y su complejidad: ni el franquismo fue una dictadura autóctona –en su sentido ideológico, material y cultural– ni Franco un caudillo refractario al trato con el exterior.

En los últimos tiempos, los historiadores están poco a poco tratando de romper esa penúltima barrera de la mitología franquista: la de su sempiterno aislacionismo. “Transnational Fascism in Twentieth Century: Spain, Italy and the Global Neo-fascist Network” (Bloomsbury Academic, 2016), de los investigadores Pablo Del Hierro y Matteo Albanese, es una de esas obras que contribuye a liquidar la quimera del aislacionismo en uno de los aspectos más controvertidos de la dictadura: su simpatía hacia los movimientos fascistas resurgidos tras la caída de Hitler. Del Hierro, profesor de la Universidad de Maastricht, y Albanese, docente en la de Lisboa, muestran cómo el Estado franquista, con el propio Franco y sus ministros a la cabeza, financió con millones de liras los movimientos neofascistas italianos (primero al MSI, luego a Orden Nuovo). El franquismo, lejos de ser un actor pasivo y doméstico, se implicó en la escena internacional más de lo que se cree, se preocupó por la deriva política en su entorno cercano, en el que trataba de influir con dinero y presiones de distinto tipo, y sirvió de refugio dorado para antiguos fascistas italianos, belgas o croatas.

El estudio de Del Hierro y Albanese abarca, cronológicamente, bastante más que los años centrales del nacionalcatolicismo. Por un lado se remonta a los orígenes y primeros pasos de Falange –años 30– y los entonces incipientes contactos con el fascismo mussoliniano, y por otro se extiende hasta las décadas de los setenta y comienzos de los ochenta, cuando las conexiones entre la extrema derecha española e italiana vivieron su canto de cisne. Transnational Fascism in Twentieth Century, todavía sin traducción al español, despliega dos ideas capitales. Una de ellas, desmenuzada en los párrafos anteriores, es la de que el franquismo no permaneció al margen de la lucha por las ideas tras la Segunda Guerra Mundial; otra, que el fascismo, como ideología global, no se diluyó en el bunker de Berlín ni a la orilla del lago de Garda, sino que supo sobrevivir larvado y mutar de lenguaje, métodos y objetivos durante la posguerra europea. La Segunda Guerra Mundial fue un punto y aparte, pero también en cierta manera un punto y seguido; el fascismo es un ejemplo de cómo las ideas que contribuyeron a hacer estallar la contienda mundial sobrevivieron a su exterminio físico; y en este sentido, el régimen de Franco llegó a convertirse el nexo fundamental en el desarrollo y crecimiento de la redes de extrema derecha durante las décadas venideras.

Parte de la obra de Del Hierro y Albanese abarca la conflictiva década de 1970. Los llamados años de la estrategia de la tensión en Italia y del tránsito de la dictadura a la democracia en España. Años de atentados terroristas, secuestros, presiones políticas y temores ciudadanos en los que las relaciones trasnacionales entre el fascismo italiano y la extrema derecha española experimentaron su canto de cisne. Años sin duda violentos, pero huérfanos todavía –sobre todo en España– de una explicación histórica alejada del mito de la modélica y pacífica transición.

España debía proceder con urgencia a una revisión crítica de su transición, matar al padre, hacer como Francia con el periodo de la resistencia o Alemania con el nazismo, salvando las distancias temporales y trágicas. No se trataba, como burdamente a veces se concibe, de moralizar en el sentido contrario la transición. Hablar de régimen del 78 como un periodo sucio y turbio, carente de legitimidad; sino de introducir el bisturí del análisis histórico desprejuiciado –que no despolitizado, el matiz es importante– en lo que hasta ahora había sido una ciénaga donde, por si las moscas, era mejor no introducirse.

— Empezáis el libro con una breve pero sutil referencia al presente. Como historiadores, estáis convencidos de que para evitar el resurgimiento del fascismo en Europa hay que comprender bien su génesis y desarrollo. ¿Qué hemos entendido mal hasta ahora? ¿Cómo educar a la sociedad para prevenir de nuevo, en un contexto de populismo y ultranacionalismo crecientes, el resurgimiento de grupos fascistas?

— Nosotros creemos que la clave nos la da Umberto Eco quien en su artículo Ur-Fascism, de 1995, nos explicaba cómo las sociedades democráticas debían mantenerse alerta y no olvidar nunca lo que significa el fascismo. En su opinión, el fascismo como ideología universal no había desaparecido de Europa tras la Segunda Guerra Mundial; simplemente se había mantenido escondido a la espera de un contexto más adecuado para poder resurgir. El problema, advertía Eco, es que cuando resurgiera, lo haría de manera distinta, bajo otro envoltorio. En ese contexto, los nuevos fascistas no irían más con camisas negras, dando palizas a judíos y pidiendo que se reabriese Auschwitz. No, el fascismo podría presentarse de las formas más inocentes. En realidad, el artículo de Eco apunta a un tema de discontinuidades y continuidades. La Segunda Guerra Mundial se interpreta tradicionalmente como un turning point clásico, ya que cambió muchas cosas en el mundo occidental. Sin embargo, no todo fue cambio; numerosos elementos de la Europa de entreguerras permanecieron inalterados en nuestras sociedades. La ideología fascista constituye uno de esos casos. La guerra implicó el final de los regímenes fascistas, pero no de su ideología. La ideología sobrevivió de la mano de los propios fascistas que lograron escapar de los aliados. Gente como Leon Degrelle, Otto Skorzeny, Ante Pavelic, Gastone Gambara o Filippo Anfuso, que se refugiaron en España después de 1945 y lograron transmitir sus ideas a las nuevas generaciones. Por supuesto, esas nuevas generaciones adaptaron el pensamiento a sus propias circunstancias y al nuevo contexto internacional. Ello ha llevado a un intenso debate académico sobre cómo denominar la ideología resultante, dependiendo de la valoración de las continuidades o las discontinuidades. El término “extremismo de derecha” posee un mayor valor explicativo y tiene más rigor; sin embargo, nosotros sostenemos que no pone suficiente énfasis en el tema de las muchas continuidades entre el periodo de entreguerras y los años posteriores a 1945. Es por ello que nosotros preferimos usar el término neo-fascismo, que deja muy claro que es un fascismo evolucionado, con muchos cambios, algunos de ellos importantes, pero en el que la esencia sigue allí desde 1922. Y es nuestro deber recordárselo a la sociedad para que esté atenta y no se deje engañar por ese “fascismo de paisano” que denunciaba Eco.

— ¿Se entiende mejor la violencia terrorista, en este caso en concreto la violencia de extrema derecha, desde una perspectiva transnacional? ¿Qué aporta esta visión que no aportara la tradicional perspectiva autóctona o simplemente nacional del fenómeno?

— Otra de las premisas de las que parte nuestra investigación es que el fascismo, como ideología de vocación universal, es inherentemente transnacional. Es una manera de entender el mundo que no se puede contener exclusivamente dentro de las fronteras nacionales; el fascismo debía extenderse por todos los países hasta convertirse en un fenómeno global. De hecho, y como demostramos en el libro, la ideología fascista viajó (y sigue viajando) mucho: partiendo de Italia se extendió por todo el mundo, ganando adeptos desde Adelaida hasta Buenos Aires, desde Londres hasta Johanesburgo. Entender cómo esa ideología se mueve a través de los países y es reinterpretada por las personas dependiendo de las distintas coyunturas es una tarea fundamental para el estudio del fascismo en el siglo XX, pero también en el XXI. Asimismo, es importante comprender que el fascismo contenía en sí una interpretación de la violencia política y del terrorismo que tampoco se limitaba al espacio nacional. El jefe de los servicios secretos del régimen de Mussolini, Mario Roatta, ya había encargado el asesinato de comunistas exiliados en Francia en los años treinta a través de una red de contactos entre fronteras. Los elementos fascistas de la colonia italiana en París, Nueva York y Buenos Aires habían llevado la violencia política a las calles de sus ciudades durante la década de los veinte en un intento por universalizar la ideología fascista. En este sentido, lo que pasa en Italia en los años sesenta y en España en los setenta no es nada nuevo; el terrorismo de derechas, como parte de la ideología fascista, se mueve a través de las fronteras y los académicos debemos ser conscientes de ello si queremos entender el fenómeno adecuadamente. También es necesario aclarar que la perspectiva transnacional no niega los enfoques nacionales o locales. Los enriquece al ofrecernos otra manera de mirar a este tipo de fenómenos. En otras palabras, la clave nacional es importante para entender el fascismo y el terrorismo neofascista, pero no suficiente. En este sentido, la perspectiva transnacional es complementaria y, en nuestra opinión, enriquecedora.

— ¿Cómo explican, como historiadores, la gran paradoja del neofascismo de combinar el ultranacionalismo con el internacionalismo? ¿Qué ventajas tuvo para ellos, para su supervivencia y extensión a lo largo de las décadas, el combinar ambas?

— La ideología fascista (y (neo)fascista) es inherentemente contradictoria. Igualmente, hay que entender que el fascismo, como ideología política, es bastante más pobre que otras ideologías. Por ejemplo, si coges el anarquismo, el liberalismo o el marxismo, puedes encontrar bibliotecas enteras con sus obras fundacionales o textos de gran calado filosófico que discuten su naturaleza. El fascismo produjo mucha menos literatura de calidad; apenas sí hay libros que expliquen su naturaleza o sus principales características. Esto ha favorecido que a lo largo de los años se hayan hecho numerosas interpretaciones, también entre los propios correligionarios, y ello ha potenciado los aspectos contradictorios. Por otro lado, hay que volver a recalcar que nosotros vemos el fascismo como una ideología intrínsecamente transnacional. También su funcionamiento lo fue. Ya desde sus inicios el régimen de Mussolini creó canales para propagar la ideología por todo el mundo. En 1934 por ejemplo, las autoridades italianas organizan en Montreux la primera conferencia de partidos fascistas del mundo a la que acuden representantes de 39 países (entre ellos España). Más tarde, la Guerra Civil supone uno de los puntos álgidos del fascismo transnacional: de hecho, a España vienen voluntarios de muchos países para luchar a favor de los ejércitos franquistas: no sólo italianos, también irlandeses, alemanes, portugueses o rumanos. Sin embargo, es a partir de 1945 cuando se acentúa el funcionamiento transnacional en un mayor grado: la derrota del Eje en la guerra, y, sobre todo, la huida forzosa a otros países convence a los supervivientes fascistas de que la única manera de mantenerse vivos y, con ellos, su ideología, es operando a través de las fronteras. De hecho, si no hubiese sido por la ayuda de los regímenes de Franco, Salazar o Perón, y de los fascistas que allí vivían, esas personas no habrían podido eludir la persecución aliada. Así pues, esa generación de fascistas vive en primera persona las ventajas de operar a través de las fronteras nacionales y se convence de que vivimos ya en un mundo global donde los confines entre países importan cada vez menos; estas convicciones serán transmitidas a las nuevas generaciones de neofascistas que llevarán ya ese sello transnacional en su ADN político.

— Tradicionalmente, se considera a Franco y su régimen como un modelo profundamente aislacionista. Ustedes demuestran que no lo era, y no solo eso, sino que, en años todavía de penuria como son los primeros 50, el régimen financió los movimientos neofascistas italianos para tratar de obtener cierto beneficio político (quizá también por la nostalgia de los buenos tiempos del dictador) del asunto. Franco como mecenas del neofascismo… ¿Por qué hasta ahora no se había puesto el dedo en esta llaga? El régimen franquista como refugio de viejos luchadores fascistas… ¿No se la jugaba Franco con esto? ¿Qué beneficios obtenía de esta política? ¿Tan impune se sentía, en el plano internacional, como para hacer del país un refugio del fascismo internacional pese a la aparente vigilancia a la que las potencias internacionales tenían sometido al Estado?

— El franquismo crea ya en 1943 una narrativa de régimen meramente autóctono, que no recibe ninguna influencia del extranjero. Lo hace a sabiendas de que la Segunda Guerra Mundial se está decantando a favor de los aliados y que estos no van a ver con buenos ojos a un régimen formado con la inestimable ayuda de Hitler y de Mussolini. La solución está clara: crear una historia oficial que presente la Guerra Civil como un conflicto exclusivamente entre españoles, en el que la intervención extranjera fuera casi inexistente. Lo mismo se hace con todas las estructuras del régimen, incluyendo Falange: no existió ni influencia ni inspiración proveniente del extranjero; todo autóctono. Ahí se empieza a fraguar la leyenda del aislacionismo del país, y del Spain is different. En realidad, eso le convenía al régimen de Franco. Y obviamente, a fuerza de repetirlo esa narrativa cala en todos los sectores de la sociedad, incluyendo en el sector académico. Afortunadamente la cosa está empezando a cambiar, y los trabajos de historiadores como Ferrán Gallego, Ismael Saz, Ángel Alcalde o Javier Muñoz Soro, entre otros, son buena prueba de ello. Por otro lado, también es necesario explicar que el análisis de estos contactos transnacionales no es nada fácil desde el punto de vista práctico. Matteo Albanese y yo hemos tenido que visitar archivos de seis países para tratar de encontrar las piezas del puzle. Además, nosotros estábamos buscando documentos que normalmente brillan por su ausencia: los diplomáticos franquistas no solían dejar constancia de los pagos entregados a grupos neofascistas de otros países. En muchos casos, era como buscar una aguja en un pajar, con el agravante de que los archivos hispano-italianos funcionan bastante mal, como ya hemos dicho.

— Sobre el terrorismo de extrema derecha en España en los 70 se ha pasado, y se sigue pasando, de puntillas. ¿A qué creen que se debe esto? ¿Cierta voluntad política de olvido premeditado? ¿Miedo latente a desnudar una parte del pasado que muchos pretender obviar? ¿Sucede igual en Italia con los años de la estrategia de la tensión o allí el pasado ha sido más removido y está más normalizado?

— Respecto a la cuestión de los años 70 es necesario añadir un argumento adicional: la noción de la Transición española como un mito intocable. Yo me licencié en historia contemporánea por la UCM en el año 2004. A esas alturas, la transición era explicada por el personal docente como un proceso ejemplar y pacífico, casi inmaculado; ello venía corroborado por la mayor parte de los periodistas y políticos del país. En consecuencia, los alumnos no sentíamos la necesidad de indagar en este proceso desde una perspectiva crítica. En todo caso, estudiábamos cómo el modelo español podía ser visto como ejemplo por la comunidad internacional y exportado a otros lugares. En otras palabras, se potenciaba el estudio de la transición de manera acrítica y desde el punto de vista de las relaciones internacionales. Las cosas empezaron a cambiar con la crisis de 2008 y con el estallido de los grandes escándalos de corrupción. Ello nos convenció aún más de proseguir con nuestra investigación tratando de ir más allá del mito, al mismo tiempo que evitábamos acabar en el otro lado del espectro. En efecto, uno de los problemas de estudiar la Transición es el maniqueísmo que muchas veces permea del debate: si la Transición no fue modélica como nos dijeron, entonces fue un desastre de la que no cabe salvar nada. Nosotros simplemente nos esforzamos por buscar una imagen más moderada que se ajustara en mayor medida a la realidad de las fuentes que estábamos consultando. La Transición tuvo muchas cosas buenas. Pero admitir eso no quiere decir que la Transición fuese perfecta. No lo fue. Tuvo también muchos elementos negativos: fue violenta, injusta para con las víctimas del franquismo, y demasiado benévola con los verdugos. Integrar esos dos elementos en un relato fue nuestro desafío y creo que el de muchos historiadores a día de hoy.

Estados Unidos reconoce que el Califato Islámico nunca ha sido un enemigo sino un aliado

En setiembre del año pasado el New York Times difundió un archivo de audio (*) con una parte de las conversaciones que mantuvo el secretario de Estado, John Kerry, en una reunión con 20 opositores sirios que se celebró a puerta cerrada, al margen de la Asamblea General de la ONU.

El periódico sólo publicó una parte del audio. En el tramo 26:09 de la grabación Kerry reconocía que Washington hizo la vista gorda cuando advirtió el crecimiento de Califato Islámico en Siria para presionar al presidente sirio, Bashar Al-Assad, y conseguir así su dimisión.

“Sabíamos que Califato Islámico estaba creciendo, estábamos observando, veíamos al Califato Islámico reforzarse y pensábamos que eso amenazaba a Al-Assad. Pensábamos que probablemente podríamos conseguir que Al-Assad acudiese a negociar, pero en lugar de negociaciones nos encontramos con que Al-Assad consiguió que lo apoyara el presidente ruso, Vladimir Putin”, dijo Kerry a los opositores.

Añadió que en aquel momento, la Casa Blanca esperaba que la campaña de los yihadistas empujara a Al-Assad a la mesa de negociaciones, pero Rusia se involucró y con su operación antiterrorista en el país árabe impidió que tal cosa sucediese.

En la reunión, el Kerry reconoció también que Siria y Rusia podrían activar sus sistemas de defensa aérea, lo que imposibilitaría las incursiones aéreas de Washington y sus aliados.

Para Estados Unidos el enemigo era Bashar Al-Assad, mientras que para Rusia el enemigo era el Califato Islámico: “La razón por la que llegó Rusia [a Siria] es porque el Califato Islámico era cada vez más fuerte. El Califato Islámico amenazaba con la posibilidad de llegar a Damasco y por eso Rusia entró en la guerra. Ellos [los rusos] no querían un gobierno del Califato Islámico. Y apoyaron a Assad. Y sabemos que eso creció. Nosotros observamos”, añadió Kerry.

Tanto para Estados Unidos como para Europa, el Califato Islámico nunca ha sido un enemigo sino un aliado para lograr su objetivo en Oriente Medio. Cuanto más fuerte mejor. Sólo les molesta que, en ocasiones, su aliado se vuelva contra ellos y haga en París o en Berlín lo que tiene por costumbre hacer en Siria.

El imperialismo no ha desatado ninguna guerra contra el terrorismo, sino una guerra para fomentar en el terrorismo. Los intereses de los imperialistas y de los terroristas son los mismos.

(*) http://www.nytimes.com/interactive/2016/09/30/world/middleeast/john-kerry-syria-audio.html

Tres viejas calumnias sobre los supuestos ataques informáticos contra Estados Unidos

1. En los comienzos de internet, dentro de la campaña de agresión contra Irak de 2003, el New York Times publicó una información falsa (1) sobre un supuesto ataque informático contra Estados Unidos que, como es natural, ponía en grave peligro su seguridad porque “potencialmente” podrían crear una crisis.

Las fuentes eran las mismas de siempre, los servicios de inteligencia del FBI, y se trataba en documentos “secretos” convenientemente filtrados a la prensa para orquestar la consabida campaña, o sea, que era un secreto a voces.

Aparte de los ataques eran “peligrosos” por sí mismo, podrían serlo aún más, decía el New York Times para inflar la historia, ya que el riesto de “guerra” contra Irak estaba aumentando, en donde la palabra “guerra” hay que traducirla como “agresión” o “invasión”, es decir, que quien estaba en peligro en 2003 no era Estados Unidos sino Irak.

Sin embargo, el New York Times le dio una vuelta de 180 a la situación: el agresor era la víctima.

No contento con esa payasada, el desprestigiado periódico de Nueva York seguía con el amarillismo típico del momento, en el que todos los verbos se ponían modo potencial: la organización terrorista Al-Qaeda podría utilizar ordenadores para cometer actos terroristas, perturbando el funcionamiento de las fábricas potabilizadoras de agua o las instalaciones nucleares.

Esta vez acertaron de casualidad: Al-Qaeda ha contaminado el agua, pero en Siria y sin necesidad de utilizar ordenadores (pero de eso el New York Times no ha dicho nada).

2. Saltamos al año 2014 y a otro país vecino de Oriente Medio, Irán, aunque la intoxicación procede de la misma fuente, el New York Times (2), y se refiere a lo mismo: piratas informáticos iraníes también la han tomado con Estados Unidos y se dedican a espiar a congresistas, traficantes de armas, diplomáticos, empresas petroleras y periodistas.

Los piratas iraníes iniciaron sus ataques en 2011 y desde entonces habían asaltado unos 2.000 ordenadores, según los típicos expertos de pacotilla que suele utilizar el New York Times para vestir una noticia falsa.

3. En julio del año pasado el enemigo cambió. Ya no era Irak ni Irán sino Rusia, pero el periódico era el mismo (3) y las víctimas seguían siendo los pobrecillos ordenadores de Estados Unidos, esta vez del partido demócrata, que no habían actualizado su antivirus.

A los rusos se les ocurrió piratear los ordenadores porque Trump les gusta más como presidente que Clinton y los votantes estadounidenses son tan idiotas que se dejaron engañar por el truco y votaron a quien no debían: al candidato manchú.

Los que no piratean los ordenadores de nadie son los espías estadounidenses, siempre respetuosos con el principio de no injerencia en los asuntos internos de terceros.

(1) http://www.nytimes.com/2003/01/17/us/threats-responses-computer-security-increase-electronic-attacks-leads-warning.html
(2) http://bits.blogs.nytimes.com/2014/05/29/cyberespionage-attacks-tied-to-hackers-in-iran
(3) http://www.nytimes.com/2016/07/30/us/politics/clinton-campaign-hacked-russians.html
Fuente: http://www.moonofalabama.org/2017/01/the-enemy-du-jour-is-always-hacking-.html

Primera sentencia por el juicio en Turquía contra los militares golpistas

Murat Kokak, condenado a cadena perpetua
El jueves un tribunal turco emitió la primera sentencia por el fallido Golpe de Estado del 15 de julio de 2016,  que se saldó con más de 200 víctimas entre civiles y militares. Los jueces condenan a cadena perpetua a dos militares vinculados al clérigo Fetullah Gülen, a quien el gobierno de Ankara señala como cerebro de la asonada.

Uno de los condenados es el comandante de la Gendarmería en la región de Erzurum, el coronel Murat Kocak, a quien Gülen habría prometido un alto cargo militar en esta provincia, de acuerdo con una lista con el nuevo organigrama que pretendían imponer los golpistas y que ha sido aportada como prueba en el juicio.

El otro es el director del Departamento de Orden Público y Operaciones de Erzurum, el general Murat Yilmaz, a quien otro tribunal ha considerado culpable por usar la aplicación de mensajería encriptada ByLock que, según la policía turca, es el medio de comunicación habitual entre la quinta columna gülenista.

En ambos casos, los jueces se han negado a conceder reducciones de la pena por buen comportamiento.

Al día siguiente la Gendarmería turca remitió un informe de 28 páginas a la comisión parlamentaria que investiga el Golpe de Estado en el que relaciona a la quinta columna golpista de Gülen con el PKK y el Califato Islámico, considerando que actúan de mutuo acuerdo para la desestabilización de Turquía.

“Una evaluación de los episodios, muestras de inteligencia, conversaciones de radio y material incautado muestra que miembros del movimiento de Gülen que estuvieron involucrados en el intento de Golpe de Estado viajaron a regiones con la ayuda de miembros del Califato Islámico y del PKK para evitar a las fuerzas turcas”, señala el informe policial.

En colaboración con el Califato Islámico y el PKK, a los que el informe califica como “grupos terroristas”, los miembros de Hizmet, la organización gülenista, lanzaron ataques suicidas y atentados en Turquía en un intento de generar una situación caótica y de conflicto interno, apunta la Gendarmería.

El informe señala que tres ciudadanos turcos en el norte de Irak informaron que miembros del PKK aseguraron que Estados Unidos y la OTAN prometieron a la milicia kurda que Erdogan sería depuesto en el otoño de 2016, y que dimitiría después de ser sometido a una “insurgencia mucho más potente que la de las protestas por el parque Gezi”.

Esta insurgencia, según este supuesto plan, sería iniciada por una coalición formada por la quinta columna gülenista, el PKK y otros grupos.

Por último, el informe asegura que el número de ciberataques desde Estados Unidos crecieron exponencialmente tras la asonada. Antes del golpe solo se registraron 97 ataques estadounidenses, mientras que después de la intentona golpista se registraron más de 4.500 ciberataques contra las instituciones turcas.

Cardenal Stepinac: de criminal de guerra fascista a beato del Vaticano

El criminal de guerra croata Alois Stepinac (1898-1960) fue nombrado arzobispo de Zagreb por Pio XII en diciembre de 1937. Fue el máximo dirigente de la Iglesia católica en Croacia durante la II Guerra Mundial y, a la vez, vicario castrense de las Fuerzas Armadas fascistas (ustachis). En un régimen que, como en España, reconocía al catolicismo como el corazón de su identidad nacional, la influencia del arzobispo en los crímenes que ocurrieron durante la guerra fue decisiva.

Para Stepinac la imposición del Estado ustacha independiente por los nazis significaba la realización de las aspiraciones católicas. En una carta pastoral publicada menos de un mes después de la fundación del nuevo Estado, Stepinac lo legitimaba diciendo que tras él estaba la influencia de la mano divina.

Por eso aplaudió el final de la tolerancia religiosa y el establecimiento de la ‘shariá’ católica, los dogmas del Vaticano  como leyes del nuevo Estado fascista y, por lo tanto, la imposición de la pena de muerte por aborto. En su primera entrevista con Pavelic, el arzobispo apoyó la persecución de las demás confesiones religiosas:

“El Arzobispo le dió su bendición [a Pavelic] por su trabajo […] Cuando el Arzobispo había concluido, el poglavnik [caudillo] contestó que deseaba dar todo su apoyo a la Iglesia católica. También dijo que arrancaría de sus raíces a la secta denominada Viejos Católicos que no era más que una organización para el divorcio. Continuó diciendo que no mostraría ningún tipo de tolerancia hacia la Iglesia ortodoxa, porque a su parecer, no era una Iglesia sino una organización política. Todo esto dejó al Arzobispo con la impresión que el poglavnik [caudillo] era un católico sincero y que la Iglesia católica tendría libertad de acción, aunque el Arzobispo no se autoengaña pensando que todos estos planes son fáciles de ejecutar”.

Stepinac se quejó de que los fascistas italianos que ocuparon parte de Croacia durante la guerra permitían una libertad religiosa excesiva que amenazaba la estabilidad del Estado. Los fascistas eran unos blandos. Stepinac le escribe al obispo de Mostar diciendo:

“Los italianos han vuelto y han reimpuesto su autoridad civil y militar. Las iglesias cismáticas revivieron inmediatamente después de su regreso y los sacerdotes ortodoxos hasta ahora escondidos volvieron a reaparecer con libertad. Los italianos parecen favorecer a los serbios y perjudicar a los católicos”.

También envió una queja similar Ministro de Asuntos Italianos en Zagreb: “Ocurre que en los territorios croatas anexionados por Italia se puede observar una caída constante de la vida religiosa y un evidente viraje del catolicismo al cisma. Si la parte más católica de Croacia dejara de serlo en el futuro, la culpa y la responsabilidad ante Dios y la historia sería de la Italia católica. El aspecto religioso de este problema lo transforma en mi obligación y deber hablar en términos simples y abiertos desde el momento que yo personalmente soy el responsable del bienestar religioso de Croacia”.

Al final de la guerra, el 24 de marzo de 1945, Stepinac convocó a la Conferencia Episcopal croata. Los obispos suscribieron una carta pastoral en la que defendían la política que Pavelic y sus ustachis fascistas habían llevado a cabo durante todos aquellos años. En la misma pastoral lanzaban una crítica implacable contra los guerrilleros de Tito, a quienes calificaba de bolcheviques y antirreligiosos.

Cuando los ustachis huyeron precipitadamente de Zagreb ante el avance de la guerrilla, acudieron de nuevo al arzobispo para que intercediera por su causa ante la Santa Sede. Stepinac ayudó a esconder a los criminales de guerra ustachis de alto rango como Mints, Smelled, Skull, Maric y otros. Muchos ministros ustachis como Canki, Balen y Petric dejaron sus bienes bajo el cuidado de la alta curia católica y en el palacio de Stepinac el ministro Alajbegovic enterró los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores.

El secretario de Stepinac, el sacerdote Viktor Salic, mantenía a estos grupos en contacto. En el otoño de 1945 desde su escondite Pavelic envió a Yugoeslavia a uno de sus lugartenientes de máxima confianza, el antiguo jefe de la policía ustacha, el coronel Erik Lisak. Éste entró en Yugoslavia de forma ilegal a través de Trieste, contactó inmediatamente con Salic y así pudo reunirse con Stepinac. En las dependencias del arzobispo recibió información sobre el paradero de los miembros de los grupos fascistas que quedaban en el interior, a quienes ordenó incrementar las acciones terroristas. A raíz de esto los ustachis lanzaron un programa de sabotaje y asesinato de oficiales de la nueva República yugoeslava para impedir su consolidación.

Estos grupos adoptaron desde entonces un glorioso nombre cristiano que los definía a la perfección: los Cruzados, el mismo que habían utilizado para realizar sus actividades legalmente en Yugoslavia antes de la guerra. De nuevo fue la Iglesia católica quien facilitó que llevaran a cabo sus planes. Desde las iglesias y monasterios en los que se ocultaban los refugiados fascistas en Roma, enviaban órdenes a los grupos cruzados que aún quedaban en la nueva Yugoslavia. En la capilla de Stepinac consagraron una bandera para aquellos cruzados.

El golpe más duro contra los ustachis fue la detención del arzobispo el 12 de junio de 1946, acusado de colaboración con el régimen derrocado. El 11 de octubre Stepinac fue condenado a 16 años de trabajos forzados y 5 de privación de sus derechos cívicos, siendo enviado a un campo de prisioneros. En 1951 la pena le fue conmutada por la de arresto domiciliario, lo cual, lejos de calmar, acrecentó las provocaciones del Vaticano. Al año siguiente Pío XII anunció su decisión de hacer cardenal a Stepinac y Yugoeslavia tuvo que romper las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. A pesar de todo, el Papa hizo efectivo el nombramiento al año siguiente. Stepinac permaneció recluido en la parroquia de Krasic durante ocho años, hasta su muerte en febrero de 1960.

El 14 de febrero de 1992, el Parlamento de la nueva Croacia independiente decidió rehabilitar la memoria de Stepinac y de todos los demás criminales de guerra ustachis. La Congregación para las Causas de los Santos le declaró mártir en 1997 y fue beatificado el 3 de octubre de 1999 por Juan Pablo II.

Los trabajadores de Amazon tienen que dormir en tiendas de campaña junto a sus puestos de trabajo

Los obreros acampan junto a la empresa
Las condiciones de vida de la clase obrera son cada vez más similares a las de los mendigos que viven tirados en la calles. En el caso de los trabajadores, viven tirados junto a su puesto de trabajo. Pendientes de que en cualquier momento el patrono requiera sus servicios. Las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Es el caso de la multinacional Amazon, cuyos trabajadores de la central de Dumferline, en Escocia, malviven en tiendas de campaña en un descampado perteneciente a la propia empresa para cumplir con una jornada de trabajo de 60 horas semanales.

Los obreros de Amazon cobran entre 3 y 5,7 euros la hora de trabajo, según los envíos que cumplimenten, y ese salario no les llega para pagarse el billete de autobús hasta su puesto de trabajo, cuyo precio es de 8,7 euros diarios.

Un trabajador de la multinacional le comenta al diario escocés The Courier que vive a 100 kilómetros de la empresa y no puede recorrer esa distancia dos veces al día. Los billetes de tren son demasiado caros, añade. No se lo puede permitir.

Cuando la vergüenza ha salido al aire, gracias a las denuncias y no a los sindicatos, la hipocresía de los políticos les hace rasgarse las vestiduras. El dirigente del partido liberal demócrata escocés, Willie Rennie, ha criticado a la multinacional: “Amazon debería avergonzarse de que sus salarios obliguen a los trabajadores a acampar fuera en medio del invierno para cumplir con su trabajo. Ya es hora de que la dirección haga una larga y profunda introspección para cambiar sus prácticas”.

Pero la patronal está empeñada en mantener esa vergonzosas condiciones laborales, propias de la Edad Media. El director general de Amazon en Gran Bretaña, Paul Ashraf, ha dicho que la multinacional se concentra “exclusivamente en las obsesiones de los clientes” (1).

Ahora bien, durante los Viernes Negros, cuando las peticiones de entregas domiciliarias alcanzan su máximo, organizan tómbolas para que los trabajadores se diviertan en el patio de la empresa, siempre a la intemperie.
No es la primera vez que Amazon es denunciada por las condiciones laborales miserables que impone a sus trabajadores, muchos de los cuales trabajan más de 10 horas diarias, sin descanso semanal, durante meses. Los ritmos de trabajo son extenuantes, ya que deben entregar 200 paquetes diarios por un salario de hambre.

Amazon no sólo explota brutalmente a los trabajadores que hacen las entregas domiciliarias, sino también a los que se sientan en sus despachos. “He visto a todos mis colegas llorar en sus oficinas”, comenta un trabajador al New York Times (2).

El capitalismo está llevando a la clase obrera a las peores condiciones laborales jamás conocidas. Ni siquiera en el siglo XIX los trabajadores han dormido a la intemperie.

China ya no es la excusa. Estamos hablando de una gran metrópoli capitalista.

(1) https://www.thecourier.co.uk/fp/news/local/fife/325800/exclusive-amazon-workers-sleeping-in-tents-near-dunfermline-site/
(2) http://www.nytimes.com/2015/08/16/technology/inside-amazon-wrestling-big-ideas-in-a-bruising-workplace.html

Los capitalistas de Podemos explotan a sus trabajadores de forma salvaje

Castro Paredes, la explotadora
El Juzgado de lo Social número 5 de Vigo ha condenado a la concejal Medio Ambiente del Ayuntamiento de Cangas do Morrazo (Pontevedra), Tania Castro Paredes, por el despido improcedente de un trabajador, al que pagaba un sueldo de 413 euros al mes por trabajar 12 horas diarias.

La sentencia asegura que la dirigente de Podemos  tuvo sin contrato a uno de los camareros de la cafetería que gestionaba en el Colegio Oficial de Arquitectos de Vigo. Castro tampoco dio de alta al camarero en la Seguridad Social durante tres meses, desde noviembre de 2014 a enero de 2015.

Finalmente, el 3 de febrero de 2015, firmó con el trabajador un contrato temporal como ayudante de camarero a tiempo parcial. Pero el trabajador no trabajaba tres horas al día (por lo que percibía 413,88 euros al mes) sino jornadas que oscilaban entre las 12 y 14 horas diarias.

El Juzgado de lo Social número 5 de Vigo considera que la relación laboral continuada consolidaba de hecho el contrato del camarero como un puesto de trabajo indefinido, por lo que ha declarado improcedente su despido. Sin embargo, el trabajador no podrá recuperar su puesto de trabajo, puesto que Castro cerró la cafetería el 18 de junio de 2015, cinco días después de conseguir el acta de concejal en el Ayuntamiento de Cangas.

El pasado mes de diciembre, el sector crítico con la actual secretaria general de Podemos en Galicia, Carmen Santos, ya exigió la expulsión de Castro “por tener una sentencia firme en su contra por despido improcedente y por tener a un trabajador de alta en la Seguridad Social a media jornada mientras trabajaba a jornada completa”.

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