Oda a Lenin

Poema de Pablo Neruda a Lenin, como escribiera otro a Stalin, rindiendo homenaje a dos líderes mundiales y universales del movimiento obrero victorioso. Hablaría el enemigo de clase de ‘culto a la personalidad’ y no sabe bien uno si ello obedece a complejos psicoanalíticos que envidian oscuramente en el enemigo lo que desearían tener como tótems e ídolos propios de su clase a quienes venerar sin tener que recurrir a quienes en el fondo tal vez admiren como los líderes nazifascistas Hitler y Mussolini. Pero ocurre que estos últimos fueron derrotados por una alianza antifascista en la que el papel principal fue desempeñado por el pueblo y Ejército Rojo soviético y su cabeza visible, Stalin. Algo insoportable así que, por lo tanto, había que igualar a ambos regímenes, el nazifascismo y el socialismo o comunismo y, por supuesto, insacular como ‘dictadores totalitarios’ a sus líderes, de modo que tenemos a Hitler y Stalin, tanto monta, monta tanto. Y en medio, ‘voilâ’, los demócratas y las democracias burguesas. Unas democracias burguesas como finales de la historia, y como barrera insalvable hacia el comunismo, pero no hacia una vuelta al fascismo con el que, o bien no se ha roto (caso español), o se coquetea o amenaza a las masas con volver a él, esto es, unas democracias contrarrevolucionarias. E incapaces de crear ‘héroes’ a pesar de intentarlo. Ahora los ‘protagonistas’ o son deportistas o miembros de las fuerzas represivas loando, a la mínima de cambio y si la ocasión la pintan calva, las ‘gestas’ de un guardia civil ‘salvando’ vidas de niños marroquíes en Ceuta o en un monte pelado. O unos sanitarios a quienes, luego de campañas mediáticas mareantes, se insta a aplaudir porque son ‘héroes’… olvidados a los tres días, y a fabricar nuevas heroicidades…

Ocurre que en situaciones-límite se ve de qué pasta y barro está hecha la gente. Y quién se pone del lado del pueblo y quién contra él. Y Stalin y Lenin lo dieron todo por el pueblo, y es por eso que se les adora y se les dedican odas, como hizo el poeta comunista Pablo Neruda, vate de odas a lo sencillo y lo telúrico.Como lo eran estos dos gigantes revolucionarios.

‘¿Qué es esto? -se preguntaban los obispos-, se ha movido la tierra, no podremos seguir vendiendo el cielo’.

I

Lenin para cantarte/debo decir adiós a las palabras;
debo escribir con árboles, con ruedas, con arados, con cereales.
Eres concreto como/los hechos y la tierra.
No existió nunca/un hombre más terrestre
que V. Ulianov.
Hay otros hombres altos/que como las iglesias acostumbran
conversar con las nubes/son altos hombres solitarios.
Lenin sostuvo un pacto con la tierra
Vio más lejos que nadie.
Los hombres, /los ríos/las colinas/las estepas,
eran un libro abierto/y él leía/leía más lejos que todos/más claro que
ninguno.
Él miraba profundo/en el pueblo, /en el hombre,
miraba al hombre como a un pozo
lo examinaba como/si fuera un mineral desconocido/que hubiera descubierto.
Había que sacar las aguas del pozo,
había que elevar la luz dinámica,
el tesoro secreto
de los pueblos,
para que todo germinara y naciera,
para ser dignos del tiempo y de la tierra.

II

Cuidad de confundirlo con un frío ingeniero,
cuidad de confundirlo con un místico ardiente.
Su inteligencia ardió sin ser jamás cenizas,
la muerte no ha helado aún su corazón de fuego.

III

Me gusta ver a Lenin pescando en la transparencia
del lago Razliv, y aquellas aguas son
como un pequeño espejo perdido entre la hierba
del vasto Norte frío y plateado:
soledades aquellas, hurañas soledades,
plantas martirizadas por la noche y la nieve,
el ártico silbido del viento en su cabaña.
Me gusta verlo allí solitario escuchando
el aguacero, el tembloroso vuelo
de las tórtolas,
la intensa pulsación del bosque puro.
Lenin atento al bosque y a la vida,
escuchando los pasos del viento y de la historia
en la solemnidad de la naturaleza.

IV

Fueron algunos hombres solo estudio
libro profundo, apasionada ciencia,
y otros hombres tuvieron
como virtud del alma el movimiento.
Lenin tuvo dos alas,
el movimiento y la sabiduría.
Creó en el pensamiento,
descifró los enigmas,
fue rompiendo las máscaras
de la verdad y del hombre
y estaba en todas partes,
estaba al mismo tiempo en todas partes.

V

Así, Lenin, tus manos trabajaron
y tu razón no conoció el descanso
hasta que desde todo el horizonte
se divisó una nueva forma,
era una estatua ensangrentada,
era una victoriosa con harapos,
era una niña bella como la luz,
llena de cicatrices, manchada por el humo.
Desde remotas tierras los pueblos la miraron:
era ella, no cabía duda,
era la Revolución.
El viejo corazón del mundo latió de otra manera.

VI

Lenin, hombre terrestre,
tu hija ha llegado al cielo.
Tu mano/mueve ahora/claras constelaciones.
La misma mano/que firmó decretos
sobre el pan y la tierra/para el pueblo,
la misma mano/se convirtió en planeta:
el hombre que tú hiciste se construyó una estrella.

VII

Todo ha cambiado, pero
fue duro el tiempo/y ásperos los días.
Durante cuarenta años aullaron
los lobos junto a las fronteras:
quisieron derribar la estatua viva,
quisieron calcinar sus ojos verdes,
por hambre y fuego/y gas y muerte
quisieron que muriera
tu hija, Lenin,
la victoria
la extensa, firme, dulce, fuerte y alta
Unión Soviética.
No pudieron.
Faltó el pan, el carbón, faltó la vida
del cielo cayó la lluvia, nieve, sangre,
sobre las pobres casas incendiadas,
pero entre el humo/y a la luz del fuego
los pueblos más remotos vieron la estatua viva
defenderse y crecer crecer crecer
hasta que su valiente corazón
se transformó en metal invulnerable.

VIII

Lenin, gracias te damos los lejanos.
Desde entonces, tus decisiones,
desde tus pasos rápidos y tus rápidos ojos
no están los pueblos solos
en la lucha por la alegría.
La inmensa patria dura,
la que aguantó el asedio,
la guerra, la amenaza,
es torre inquebrantable.
Ya no pueden matarla.
Y así viven los hombres otra vida,
y comen otro pan
con esperanza,
porque en el centro de la tierra existe
la hija de Lenin, clara y decisiva.

IX

Gracias, Lenin,
por la energía y la enseñanza,
gracias por la firmeza,
gracias por Leningrado y las estepas,
gracias por la batalla y por la paz
gracias por el trigo infinito,
gracias por las escuelas,
gracias por tus pequeños
titánicos soldados,
gracias por este aire que respiro en tu tierra
que no se parece a otro aire:
es espacio fragante,
es electricidad de enérgicas montañas.
Gracias, Lenin,
por el aire y el pan y la esperanza.

(Pablo Neruda, Navegaciones y regresos)

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