Miles de personas pasan hambre en Vietnam a causa del toque de queda sanitario

Vietnam es otro de esos países que no ha conocido la pandemia pero ha conocido el confinamiento. Desde principios de junio el gobierno ha introducido gradualmente restricciones más severas. En Ciudad Ho Chi Minh, la mayor capital del país asiático, está totalmente prohibido salir de casa, incluso para comer. Las actuales restricciones podrían prolongarse hasta el 15 de septiembre, fecha en la que la ciudad se ha propuesto acabar con el toque de queda.

La consecuencia es que miles de personas están pasando hambre y los más afectados son los pobres. Las fábricas y los mercados han sido cerrados, y con ellos se han perdido miles de puestos de trabajo. Taxistas, vendedores de comida en la calle, obreros de los talleres y la construcción llevan meses sin tener ingresos y están encerrados y hacinados en viviendas precarias.

Incluso antes del toque de queda del 23 de agosto, millones de personas estaban endeudadas. El gobierno prometió alimentar a todo el mundo y ordenó al ejército que repartiera suministros a los necesitados, pero amplios sectores de la población no han recibido nada.

Las estadísticas oficiales afirman que sólo en Ciudad Ho Chi Minh hay entre 3 y 4 millones de personas en dificultades económicas debido al confinamiento. Hasta el 26 de agosto el ayuntamiento ha proporcionado una ayuda que incluye entre 1,2 y 1,5 millones de dongs (unos 40 euros) y una bolsa de alimentos esenciales a más de 1,2 millones de vecinos en dificultades. Se propone gastar otros 9.200 millones de dongs para apoyar a las personas confinadas.

A Tran Thi Hao, trabajadora de una fábrica, le dijeron que el gobierno se aseguraría de que ella y su familia estuvieran bien alimentados, pero durante los últimos dos meses han estado comiendo poco más que arroz y salsa de pescado.

En julio la despidieron, mientras que su marido, trabajador de la construcción, lleva meses sin trabajar. Están atrasados en el pago de la vivienda y pronto dejarán otra mensualidad sin pagar.

“Intento aguantar todo lo que puedo, pero no sé qué va a pasar”, dice. “No sé cómo expresar con palabras lo que siento”, añade. “El gobierno dijo que enviaría ayuda a personas como yo, pero no ha habido nada”, afirma. “Todos los que viven a mi alrededor penden de un hilo”.

Tran no está sola. Nguyen Lam Ngoc Truc, de 21 años de edad, también necesita volver a ganar dinero. Vive en una barriada a orillas del río con otras 30 ó 40 familias. Vendía comida callejera a los estudiantes, pero no ha podido trabajar desde junio. Su madre, su padre y su hermano tampoco tienen trabajo. Han sobrevivido gracias a las limosnas de arroz y fideos instantáneos de organizaciones benéficas y vecinos.

En el barrio de los emigrantes de Ciudad Ho Chi Minh son muchos los que no tienen papeles y, por lo tanto, es como si no existieran. No reciben ningún tipo de ayudas públicas.

La semana pasada, los medios de comunicación vietnamitas informaron de que más de 100 personas de un barrio estaban protestado por la falta de ayudas.

Por otro lado, Alemania ha regalado a Vietnam 2,5 millones de vacunas de AstraZeneca, las mismas que en la Unión Europea no se pueden administrar por sus graves efectos adversos.

Para finales de este año el número de dosis regaladas por Alemania a los países del Tercer Mundo ascenderá a 30 millones de dosis.

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