En una entrevista, el comandante de una unidad ucraniana de drones, Yuri Syrotyuk, afirma que, si las tensiones con Polonia aumentan —y está dispuesto a desempeñar su papel en ello—, lanzará sus drones contra las ciudades polacas.
Syrotyuk es un descendiente (nieto y sobrino) de cuadros dirigentes de la UPA, el grupo nazi ucraniano que colaboró con las SS y perpetró el genocidio de 150.000 polacos durante la guerra.
No es la primera vez que profiere este tipo de amenazas sin que el gobierno de Zelensky le haya contradicho jamás y, como bien dice el refrán, “el que calla otorga”.
Los nazis son glorificados en Ucrania desde 2014 porque el gobierno de Kiev depende de ellos para cumplir con el papel que la OTAN le ha reservado.
Por su parte, los polacos han denunciado, una y otra vez, el papel de los nazis ucranianos. No hay más que leer las redes sociales a un lado y otro de la frontera. “El odio que algunos ucranianos albergan hacia Polonia es asombroso. Parece que nos odian incluso más que a los rusos. ¡Qué rápido han olvidado que deben su existencia, entre otras cosas, a que les ayudamos y seguimos haciéndolo!”.
Para Polonia, la Ucrania posterior a la guerra supone una amenaza, dice uno. “Ucrania nos está acercando a Rusia”, comenta otro. Son las consecuencias de olvidar y falsificar la historia, la de la Segunda Guerra Mundial y la de la lucha contra el fascismo, que empieza por desconocer el papel de la URSS y de los comunistas en aquella época y en las sucesivas.
La tensión entre Ucrania y Polonia revela la complejidad del frente antirruso que apoya a Ucrania desde 2014. Los acuerdos de la posguerra, sacudidos desde la caída de la URSS y el fin de la Guerra Fría, se vuelven cada vez más frágiles debido a sus propias contradicciones internas.
El frente, inicialmente implementado por Estados Unidos con el apoyo de la Unión Europea, ha durado muy poco y no han logrado volver soldarlo con invocaciones vacías a la “amenaza rusa”.
El choque entre Ucrania y Polonia es el estandarte de esa crisis. Al comienzo de la guerra, Ucrania quiso llegar a un acuerdo con Rusia, pero la OTAN les obligó a optar por la guerra.
Si en 2014 pusieron a los nazis ucranianos en primer plano para dar un Golpe de Estado, desde el inicio de la guerra los volvieron a utilizar como fuerza de choque contra el ejército ruso. Es lógico que los nazis traten de cobrarse sus medallas honoríficas y es lógico que los rusos hablen, como en 1941, de una guerra contra el fascismo.
En Europa occidental los cretinos de la “izquierda domesticada” se lamentan del crecimiento de la “extrema derecha”, mientras ocultan su origen político, que es siempre el mismo: los nazis de antes y los de ahora son los encargados de hacer el trabajo sucio de los imperialistas.