En diciembre del año pasado el almirante Gwyn Jenkins, jefe del Estado Mayor Naval y primer lord de la Marina británica, advirtió que Occidente corría el riesgo de perder su ventaja estratégica en el Atlántico Norte ante las crecientes presencia de submarinos de ataque nucleares rusos de la clase Yasen.
La advertencia se produce después de los actos numerosos de piratería contra los mercantes rusos. El 19 de marzo Moscú anunció oficialmente, un plan para la modernización completa de su flota de submarinos de ataque para 2035.
El comandante en jefe de la Armada rusa, el almirante Aleksandr Moeshev, confirmó en el periódico militar Krasnaya Zvezda que los submarinos de las clases Akula, Sierra y Oscar-II, de la era soviética, serían reemplazados por completo por los submarinos de la clase Yasen en la próxima década. Seis unidades ya están en servicio activo en las Flotas del Norte y del Pacífico. El séptimo submarino, el Ulyanovsk, se incorporará a la flota este año. Se prevé que la flota final esté compuesta por entre diez y doce unidades.
Estos submarinos de cuarta generación transportan hasta 32 misiles distribuidos en ocho módulos de lanzamiento vertical: misiles Kalibr de ataque terrestre, misiles Oniks antibuque y misiles hipersónicos Zircon, que se han ido integrando progresivamente desde 2024. Su reactor nuclear, con una potencia térmica estimada de 200 MW, está diseñado para operar entre 25 y 30 años sin necesidad de reabastecimiento de combustible.
El Royal United Services Institute (RUSI), un centro británico de investigación estratégica, destaca que el papel asignado a los submarinos Yasen ha evolucionado. Ya no están diseñados principalmente para la caza de otros submarinos, sino para realizar ataques de largo alcance. Este cambio pone en entredicho la eficacia de la estrategia antisubmarina de la OTAN en el paso GIUK (Groenlandia-Islandia-Reino Unido), considerado hasta ahora el eje estratégico del Atlántico Norte. Según el RUSI, los submarinos de la clase Yasen podrían alcanzar sus objetivos sin necesidad de cruzar esta barrera.
La construcción se concentra en el astillero Sevmash de Severodvinsk, donde se ensamblan cuatro submarinos adicionales de este tipo, incluido el Perm, que actualmente se encuentra en la fase final de pruebas de mar. En julio del año pasado, Putin ordenó continuar la producción en serie, con la posibilidad de encargar dos unidades adicionales, lo que elevaría la flota a catorce buques.