Los países del este de Europa se preparan para la desconexión de Estados Unidos

Los países de la OTAN están cada vez más divididos, Trump ha cuestionado el interés estratégico de la Alianza y los países del este de Europa están preocupados; con razón. Si algunos países, como España, tienen sus playas para vender al mejor postor, los países del este de Europa venden su mejor activo: sus fronteras con Rusia. Ahora esa mercancia se ha devaluado.

La OTAN y varios miembros de sus miembros se mantuvieron al margen de la agresión de Estados Unidos contra Irán, e incluso pusieron inconvenientes al uso de sus bases militares. A Estados Unidos no le gustó esa postura y Trump no olvida el desaire.

Por el contrario, los países bálticos fueron los más entusiastas secuaces del ataque a Irán. No dejaron de apludir nunca, incluso cuando se demostró el fracaso de los padrinos de Washington.

El presidente de Letonia, Edgars Rinkevics, acogió con beneplácito el asesinato del dirigente supremo de Irán a fines de febrero porque se creyeron la ficción del derrumbe del gobierno de Teherán desde el comienzo de las manifestaciones en enero.

Estonia dio paso más, mostrando su disposición a desplegar sus buques de desminado en el Estrecho de Ormuz. Por su parte, Lituania expresó la posibilidad de enviar contingentes de tropas para ayudar a Washington en el caso de una invasión militar de Irán.

“No podemos decir con una mano que la presencia de tropas estadounidenses en el territorio de Lituania es una cuestión de rutina y simplemente lo aceptamos como un hecho, pero cuando se nos pide que contribuyamos a misiones internacionales, decimos que esto no es asunto nuestro”, dijo el presidente lituano Gitanas Nauseda.

Los países bálticos quieren mostrar que su servilismo ante Estados Unidos no es pasivo. No sólo quieren admitir tropas extranjeras en su suelo sino que también pueden ser útiles enviando tropas a cualquier aventura militar lejos de sus fronteras.

El mejor lacayo es el más servil

El mejor lacayo es el más servil. Junto a Polonia y los estados del Golfo, los países bálticos fueron descritos como “aliados modelo” por el secretario de Defensa Pete Hegseth.

Al igual que Polonia, los países bálticos fueron los primeros miembros de la OTAN en responder al llamamiento de Trump para aumentar el gasto en defensa, y ahora se encuentran entre los mayores consumidores de la Alianza en términos relativos. En 2025 Polonia asignó el 4,5 por cien del PIB a la defensa, Lituania el 4 por cien, Letonia el 3,7 por cien y Estonia el 3,4 por cien. Nadie derrocha más en armamento. En comparación, Estados Unidos gastó el 3,2 por cien del PIB.

Los países del este de Europa se han creído aquello de “todos a una” que figura en el artículo 5 de la Carta de la OTAN. Biden y los cabecillas europeos han declarado repetidamente que la OTAN está preparada para defender “cada centímetro” de su territorio. Pero es mentira. Estados Unidos no va entrar en una guerra en Europa, y menos contra Rusia. Si encuentran algún apoyo será en ciertos países europeos, absolutamente incapaces de defender ni un milímetro de territorio frente al ejército ruso.

Los países bálticos lo saben. El año pasado un sondeo en Letonia mostró que solo el 43 por cien de los encuestados cree que la OTAN estaría dispuesta a luchar por el país si fuera atacado, mientras que el 41 por cien piensa que eso es poco probable.

‘La OTAN somos nosotros’

Por eso los tres países bálticos han empezado a cambiar de letanía y están impulsando el desarrollo de sus propias guardias nacionales, así como fuerzas de defensa voluntarias encargadas de hacer imposible la ocupación de la región. La consigna del momento es “la OTAN somos nosotros”. Nadie va a ir a defenderles.

No obstante, en los manuales de las academias militares se habla de una “disuasión negativa”, que consiste en intimidar al adversario para que no se atreva a atacar. Por eso, ante la postura de Estados Unidos, los países bálticos piden el despliegue de contingentes militares europeos.

Por ejemplo, la 45 Brigada Blindada alemana se ha instalado en Lituania. Actualmente cuenta con alrededor de 1.800 soldados, y hay planes para aumentar el despliegue a 4.800 militares y 200 civiles para el año que viene.

Una brigada multinacional de Canadá en Letonia comprende alrededor de 2.000 soldados. En Estonia, unos 1.500 efectivos están desplegados como parte de un grupo de batalla multinacional dirigido por el ejército británico.

Esta presencia militar no serviría para nada en caso de una guerra, pero en una situación como la actual cumple su papel con suficiencia: miran con sus prismáticos al otro lado de la frontera. Los países europeos enseñan los dientes, pero no son capaces de dar un mordisco.

No obstante, hay un problema: igual que los países bálticos, otros países europeos empiezan a adoptar la estrategia de que “la OTAN somos nosotros” y quieren basarse en sus propias fuerzas, lo cual equivale a decir que tienen menos fuerzas para apoyar a terceros.

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