Alemania es un país en la ruina. Sufrendo las consecuencias de la crisis económica, ligada a la desaparición del gas ruso barato, al proteccionismo y a la competencia en los mercados internacionales, especialmente la de China, que le ha superado en muchos sectores, empezando por el automovilístico.
En la antigua “locomotora” europea el gobierno de Friedrich Merz acaba de anunciar 34 medidas, entre las que se incluyen recortes de prestaciones sociales, la flexibilización de la normativa laboral y medidas para fomentar la inversión en sectores de alto crecimiento, que ayudarán a “superar el débil crecimiento estructural de Alemania”, en palabras del canciller Merz.
“Comprendo la nostalgia por el pasado, pero no podemos refugiarnos en él”, dijo. “Debemos empezar a mirar hacia el futuro. Estas reformas tienen un único objetivo: impulsarnos hacia el futuro”.
Pero el futuro no puede ser más negro. La edad de jubilación aumentará gradualmente de 67 a 70 años, y se eliminarán los incentivos para la jubilación anticipada.
Será más fácil para las empresas despedir a los trabajadores y contratar trabajadores temporales. El gobierno adoptará medidas más estrictas en materia de bajas por enfermedad para frenar su fuerte aumento. Las empresas tecnológicas y los sectores en dificultades —automoción, acero, química e ingeniería— podrían beneficiarse de exenciones adicionales de la normativa laboral.