Los factores subjetivos

Las causas «objetivas» que deben dar pie a la revuelta, según los manuales marxistas mal leídos y peor interpretados se han asimilado, en un análisis pretendidamente científico, a unas condiciones de trabajo y vida realizadas al margen de las concepciones que el propio proletariado tiene de sí mismo, y de su estatus personal en la vida, obviando muchas veces, los factores subjetivos que no están ligados obligatoriamente a dichos análisis. Así, las proclamas de formaciones políticas que dicen estar más allá de la socialdemocracia, basan su discurso en un catastrofismo y victimismo con pies de barro.

Si damos un vistazo a las periódicas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) podemos discernir, al igual que hace la clase dominante, cuál es la percepción de la situación económica y de la pertenencia a una determinada clase social. Precisamente, cuando se dictan medidas legislativas de todo tipo, desde las represivas hasta las laborales, lo hacen sabiendo cual podrá ser la respuesta, puesto que los indicadores sociológicos dan una radiografía social que permite hacer una predicción sobre el grado de aceptación de cualquier medida, con independencia de algunas voces de protesta aisladas y fragmentadas, que incluso entran dentro de las predicciones, y que están muy bien proyectadas por los medios de comunicación de forma puntual, lo cual permite aparentar un «debate social de ideas».

Datos del barómetro del mes de mayo de 2021:

Curioso y en parte contradictorio que mientras una mayoría (52,3 por ciento) piensa que la situación económica española es mala, al mismo tiempo una mayoría todavía mayor (55,7 por ciento) afirma que su situación económica personal es buena.

Esta respuesta coincide con la percepción subjetiva de pertenencia a una determinada clase social, en la cual encontramos que un 68 por ciento se define como clase media (media y baja) y un exiguo 0,2 por ciento se identifica con el “proletariado”.

En la encuesta exclusivamente de Cataluña hay algunas diferencias. El 63,8 por ciento se define como clase media (media y baja), prácticamente un 4 por ciento menos que en España. También hay cierta diferencia en la identificación en la clase trabajadora/obrera, donde en España es del 9 por ciento y en Cataluña un 12,5 por ciento. Pero al igual que en España, un exiguo 0,2 por ciento se identifica con el “proletariado”.

En relación a la tendencia política, hay dos datos muy diferenciados entre España y Cataluña:

Seguramente, para analizar estos datos, haría falta la ayuda de un psicoanalista, pues se da la paradoja que mientras en España tan solo un 9,2 por ciento se identifica con la llamada izquierda y un 3,3 por ciento con la derecha, en Cataluña un 20,4 por ciento se identifica con el dicha izquierda y tan solo un 1,8 por ciento con la derecha. Pero el resultado político es que en España hay un gobierno que se llama de izquierdas, a pesar de la poca identificación real con esta expresión, mientras que en Cataluña con un alto porcentaje identificado con la izquierda hay un gobierno de centro-derecha. ¿Cómo se explica este contrasentido?

Seguramente la subjetividad catalana expresada en las encuestas, lleva a una parte de la sociedad identificar “izquierda” con Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y Partido Socialista de Cataluña (PSC). De todos modos hay que tener en cuenta que la formación política más votada en las últimas elecciones (en las cuales no olvidemos que la mayoría absoluta fue de la abstención, voto nulo y blanco, con un 50,98 por ciento) fue la del PSC, con 654.766 votos y un 23,03 por ciento, por delante de ERC que obtuvo 605.551 votos y un 21,30 por ciento. La suma porcentual de estas dos formaciones equivale a un 44,3 por ciento y los ítems del barómetro del CIS (1,2,3) que representan “la izquierda” suman un 44,9 por ciento.

Llama la atención el hecho de que una formación de derechas, como es Convergencia Renovada (JxCat) con 570.539 votos y un 20,7 por ciento, no tenga reflejo en la encuesta pues los ítems (8,9,10) que representan la derecha, tan solo reúnen un 5,2 por ciento. Puede atribuirse a que la base votante de dicha formación se rige más por el discurso etéreo, que no por la actuación político-económica.

Podemos extraer una hipótesis en la cual la subjetividad de la sociedad catalana es muy superior a la española hasta el punto que una formación que se pretende de estar más allá de “la izquierda” apoya a una estructura de gobierno que es la representante en Cataluña del IBEX35, en la figura del Conseller de economía, el cual en su trayectoria ha sido director general de Gas Natural, Repsol, Petronor, Petrocat y Fundación La Caixa.

Dos elementos a considerar. El primero es la ofensiva cultural, cuyo objetivo es distorsionar la realidad bajo el manto del discurso nacional-independentista, haciéndolo aparecer como “progresista” y este progresismo identificarlo con una etérea izquierda. La segunda la constatación de una débil formación política clasista, distorsionada por el nacionalismo y las novedades posmodernas del conjunto de la sociedad catalana, resultado de la desaparición de potentes formaciones comunistas y de la lacra de la herencia del llamado “pujolismo”, que, junto a las socialdemocracias del desaparecido PSUC y del PSC, se han caracterizado durante muchos años por el clientelismo y nepotismo que convirtieron los movimientos reivindicativos (vecinales, sindicales, solidarios…) en instrumentos integradores y colaboradores del consenso social.

“El sujeto, al entrar en cualquier nuevo espacio de expresión social, es portador de una condición subjetiva que se define por el desarrollo de su personalidad, por lo tanto, su acción dentro de este nuevo espacio no está constituida solo por el sentido de las acontecimientos sociales que aparecen en él, porque estos son inseparables de las estructuras de sentido de la personalidad. Subjetivo no es aquello que no es, o que dificulta el conocimiento del que realmente es, sino que representa aquello que es de otro modo” (*).

Como conclusión, podemos decir que hace falta la reconstrucción de una organización comunista y el enfrentamiento claro con los herederos del “pujolismo” y sus vínculos con las oligarquías catalanas y españolas.

(*) La cuestión de la subjetividad en un marco historico-cultural, Fernando L. González Rey, Universidad de La Habana

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