Los cambios en la situación internacional

150 años de la fundación de la Primera Internacional (6)

Transcurrió aún un año antes de que fuera convocado el primer Congreso, que fue necesario posponer de nuevo hasta septiembre de 1866. Durante este tiempo se produjeron una serie de acontecimientos importantes.

En Inglaterra fue un año de una lucha política intensa. Los sindicalistas, dirigidos por los obreros que formaban parte del Consejo central, bajo la dirección de la Internacional, llevaban a cabo una dura lucha por la ampliación del derecho electoral. Marx centraba sus esfuerzos en impedir que los obreros ingleses repitieran sus antiguos errores conduciendo esta lucha de un modo independiente, sin entrar en una coalición con los radicales. Pero, a comienzos de 1866, reapareció la táctica que tan frecuentemente había dañado al movimiento obrero inglés en la época del cartismo, y que aún le hacía tanto mal. Se habían propuesto como meta conquistar el sufragio universal, pero los dirigentes obreros, en parte por razones financieras, se pusieron de acuerdo con el sector más radical de la burguesía democrática, que también reivindicaba el sufragio universal. Se organizó un Comité común para dirigir la lucha. Comprendía personas como el profesor Beesly, demócratas sinceros, pero también representantes de profesiones liberales, abogados y jueces, representantes de la pequeña y media burguesía, y, en particular, de la burguesía comercial, que, desde el comienzo, se mostraba inclinada al compromiso. La lucha se llevó a cabo al modo inglés. Se organizaron mítines y manifestaciones. En junio de 1866, Londres fue testigo de una manifestación grandiosa, como nunca se había visto, incluso en los tiempos del cartismo. Bajo la presión de las masas reunidas en Hyde Park, a donde se había dirigido la manifestación y donde habían tenido lugar una serie de mítines, las verjas del parque cedieron. El Gobierno comprendió entonces que había llegado el momento de hacer concesiones.

Tras la revolución de julio había habido igualmente en Inglaterra un amplio movimiento en favor de la reforma electoral, pero sólo había servido para llegar a un compromiso. Los obreros fueron engañados y únicamente la burguesía industrial había obtenido el derecho de voto. Del mismo modo que entonces, viendo que la efervescencia entre los obreros crecía y que estaba obligado a ceder, el Gobierno propuso una nueva ampliación del derecho electoral, que debía concederse a todos los obreros de las ciudades. Se propuso a los obreros el siguiente compromiso, que fue inmediatamente aceptado por los miembros burgueses del Comité de reforma electoral: se concedía el derecho de voto a todos los obreros que habitaran en una vivienda (aunque fuera de una sola pieza) por la que se pagara un alquiler mínimo. De ese modo, el derecho de voto era concedido a casi todos los obreros urbanos, con excepción de aquellos que vivían en pensiones, que eran bastante numerosos; por el contrario, todos los obreros rurales seguían privados del derecho de sufragio. El autor de esta hábil maniobra, en la que consintieron los reformistas burgueses, quienes comprometieron a los obreros a aceptar esta concesión, fue el jefe de los conservadores ingleses, Disraeli. Se les hizo ver a los obreros que, tras la elección del nuevo Parlamento, podrían reclamar una nueva ampliación del derecho de sufragio.

En Alemania, en 1885-1886, se produjeron acontecimientos no menos importantes. Tenía lugar una dura pugna entre Prusia y Austria por alcanzar la hegemonía en Alemania. Bismarck se había propuesto rechazar definitivamente a Austria de la Confederación germánica, convirtiendo a Prusia en la espina dorsal de Alemania, incluso sin las provincias alemanas que se encontraban en poder de Austria. El litigio entre Austria y Prusia terminó en guerra. En dos o tres semanas, Prusia, que no desdeñó aliarse con Italia contra un Estado alemán, venció a Austria y se anexionó una serie de pequeños Estados que se habían aliado a esta última. Austria fue separada definitivamente de la Confederación germánica. Se organizó una Unión de Alemania septentrional, a cuya cabeza se encontraba Prusia. Para ganarse las simpatías de los obreros y de la gente pobre, Bismarck introdujo el sufragio universal.

En Francia, Napoleón III también se había visto obligado a efectuar algunas concesiones. Se derogaron algunos artículos del código penal dirigidos contra las asociaciones obreras. La persecución contra las organizaciones de carácter económico, particularmente contra las cooperativas y las sociedades de socorro mutuo, se relajó. Entre los obreros se reforzó una corriente moderada que se esforzaba por utilizar las posibilidades legales. Por otra parte, se desarrollaban las organizaciones blanquistas, empeñados en una cabo una violenta polémica contra los internacionalistas, a los cuales acusaban de renunciar a la lucha revolucionaria y de compadrear con el gobierno bonapartista.

En Suiza, tanto en la parte de lengua francesa, como en la alemana o en la italiana, los obreros estaban ocupados en sus asuntos locales y sólo los emigrados y los extranjeros se interesaban por la Internacional. La sección alemana que editaba la revista «El Precursor», dirigida por Becker, jugaba entonces el papel de órgano central en el extranjero para aquellos obreros alemanes que se habían separado del lassallismo y se habían adherido a la Internacional.

Fuente: censurada web Antorcha.org

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