Las normas represivas siempre llegan para quedarse. El FBI creó Cointelpro para luchar contra los comunistas, luego se aplicó también a los negros y finalmente a todos los que quedaban en pie, como en el poema de Bertolt Brecht.
Ahora el gobierno de Trump está llevando a cabo lo que algunos expertos consideran la mayor campaña de vigilancia policial contra las movilizaciones estadounidenses en más de medio siglo. Según un informe publicado el miércoles, el gobierno ha desplegado agentes encubiertos, drones, investigadores financieros y sistemas de seguimiento digital contra quienes se oponen a la ofensiva antimigratoria.
El periodista de “Wired”, Ali Winston, ha accedido los expedientes judiciales relacionados con la causa de los llamados “15 de Minnesota”, un grupo de militantes que se enfrenta a acusaciones por conspiración tras organizar y participar en protestas y otras formas de resistencia contra la letal “Operación Metro Surge”, llevada a cabo por el ICE en el área de Minneapolis y Saint Paul (1).
Los “15 de Minnesota” son miembros de los grupos “Direct Action Minnesota” y “Black Cat Workers”. Les acusan de oponerse a la ofensiva antinmigrante del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en Minneapolis, una ciudad donde, a principios de este año, los ciudadanos estadounidenses Renee Good y Alex Pretti fueron asesinados a manos de policías del ICE y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), y donde Julio César Sosa-Celis sobrevivió tras recibir un disparo de otro policía.
La investigación de Winston se centra en la “Operación Puppet Master” y el “Proyecto Whipple Shield”, do planes elaborados por el Departamento de Seguridad Nacional, una división del ICE. Más de 120 policías fueron asignados a estas operaciones en Minnesota, incluidos al menos 11 agentes encubiertos que se infiltraron en las reuniones de los colectivos, manifestaciones y chats cifrados de la aplicación Signal.
Las operaciones fueron autorizadas bajo el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional 7 (NSPM-7), firmado por Trump tras el asesinato de Charlie Kirk el año pasado, con el objetivo de atacar a los colectivos progresistas, a pesar de que no tuvieron ninguna relación con la muerte de aquel racista.
Asimismo, los policías espiaron reuniones en otros estados, fotografiaron vehículos, desplegaron drones Reaper y examinaron los registros digitales y las transacciones bancarias de los militantes.
La campaña recuerda el programa Cointelpro, que llevó a cabo tareas de vigilancia, infiltración y desarticulación contra movimientos por los derechos civiles, la liberación negra, el antibelicismo, la causa de los nativos americanos y otros. Dicho programa llegó incluso a financiar y armar a grupos fascistas —responsables de actos criminales— para aterrorizar a los movimientos progresistas.
Según un libro publicado en 2011 por Frank Rafalko, antiguo oficial de la CIA, la investigación secreta de la CIA sobre una presunta influencia extranjera en la “nueva izquierda” y el movimiento contra la guerra de Vietnam contó, en su punto álgido, con 42 policías dedicados al caso (2). Los registros judiciales indican que, solo en el caso de los “15 de Minnesota”, participaron 119 agentes de la Seguridad Nacional.
“La vigilancia generalizada de redes sociales, comunicaciones y transacciones bancarias se utiliza para vincular a un número cada vez mayor de personas, convirtiéndolas en posibles sujetos de investigación y procesamiento judicial”, reconoce Mike German, un policía retirado del FBI que ha criticado el aparato de vigilancia instaurado tras los atentados del 11 de septiembre.
Son las mismas medidas de inteligencia que J. Edgar Hoover empleó para reprimir los comunistas, los movimientos por los derechos civiles y contra la Guerra de Vietnam en la década de los cincuenta y sesenta.
(1) https://www.wired.com/story/ice-is-running-one-of-the-largest-anti-left-surveillance-operations-in-us-history/
(2) https://www.abebooks.com/Mhchaos-CIAs-Campaign-Against-Radical-New/32279501056/bd