Europa y Estados Unidos: el final de una historia de amor

Tras la Segunda Guerra Mundial, la OTAN se creó para cumplir dos funciones básicas. La primera fue la de preservar la ocupación y sumisión de Alemania y, a través de ella, de Europa occidental. La segunda, la de intimidar a la Unión Soviética y el bloque de países de Europa oriental.

En torno a la OTAN, los imperialistas crearon el mito de la solidaridad transatlántica, que comenzó a desvanecerse en 1990, cuando sus miembros cantaban victoria tras la caída del bloque del este. Creyeron que ya no habría contradicciones exteriores y aparecieron las interiores, hasta entonces solapadas.

Los europeos se creen el ombligo del mundo y que los demás, incluido Estados Unidos deben girar a su alrededor. Pero los intereses estratégicos de Estados Unidos se han alejado de Europa. La OTAN cumplió sus últimas misiones en los años noventa en la Guerra de los Balcanes y luego en la destrucción de Libia en 2011. Ocho años después Macron declaró su “muerte cerebral” y Trump retiró las tropas de Siria sin consultar a sus “socios”.

Cuando comenzó la Guerra de Ucrania, la imposición de sanciones a Rusia se negociaron en el G7, no en la OTAN. A partir de ahí llegaron los aranceles, cuyas primeras víctimas fueron los europeos, y la regla del 5 por ciento de gasto militar. Estados Unidos se retiraba del escenario y los europeos debían llenar el vacío comprando armas a su “socio” de la otra orilla.

El año pasado la Unión Europea claudicó, aceptando un arancel básico del 15 por ciento sobre sus exportaciones a Estados Unidos, a cambio de eliminar los derechos de importación sobre muchos productos estadounidenses. El objetivo de las concesiones era retener las tropas estadounidenses en el Viejo Continente y la financiación de Washington para Ucrania.

Pero Washington siguió a lo suyo, elevando la apuesta con Groenlandia, un territorio buen seleccionado porque la matrópoli, Dinamarca, es un país miembro tanto de la OTAN como de la Unión Europea.

Los países europeos pasaron de puntillas por encima del secuestro de Maduro, pero lo peor llegó en febrero, con el inicio de la agresión a Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz, que ha perjudicado a los europeos casi tanto como a los asiáticos.

Laa reacción europea ha vuelto a ser tibia. Europa se negó colectivamente a enviar barcos para reabrir el Estrecho de Ormuz y encomendó a España e Italia (con gobiernos que tienen muy popco en común) que hicieran el gesto de impedir a los aviones estadounidenses repostar en sus bases aéreas y sobrevolar su espacio aéreo, mientras los países centroeuropeos se tragaban el dictado estadounidense, lo mismo que Reino Unido.

Estados Unidos respondió enviando a Vance a Budapest para inclinar las elecciones húngaras en favor de Orban, la “bestia negra” de Bruselas. El malestar ha llegado al punto en que Estados Unidos no ha vacilado en enfrentarse con el mismísimo Vaticano, después de varias provocaciones irreverentes de Trump en las redes sociales.

Este mes una encuesta de opinión ha mostrado que el 36,5 por ciento de los encuestados de seis grandes países miembros de la Unión Europea ven a Estados Unidos como una amenaza, en comparación con el 31 por ciento de China. Por eso los viajes de los dirigentes europeos a China son cada vez más frecuentes. Pedro Sánchez ya lleva cuatro visitas.

En Bruselas hablan del futuro de la OTAN sin Estados Unidos, que es un oximorón. A lo largo de su historia, lo verdaderamente importante nunca fue la OTAN sino Estados Unidos. Los “socios” europeos nunca fueron más que comparsas mal avenidos.

La historia de amor se ha acabado porque el equilibrio de fuerzas ha cambiado en el mundo y los únicos que no se han dado cuenta de ellos son los europeos, que no hacen cálculos más allá de la otra orilla del Atlántico. No se trata sólo de que la hegemonía de Estados Unidos se tambalee sino de que hay otras potencias en discordia, como China o India.

Estados Unidos ya lo tiene asimilado, mientras en Bruselas siguen a piñón fijo, envueltos en los aromas de la Guerra Fría. De ahí que la posición ante Rusia sea tan diferente a uno u otro lado del Atlántico.

‘La OTAN debería centrarse en Europa’

A mediados de mes el subsecretario de Política de Guerra del Pentágono, Elbridge Colby, pronunció un discurso en el Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania en el que instó a los europeos a acelerar su transición a la nueva OTAN 3.0, que debería centrarse una vez más en su defensa, en lugar de expandirse al Indo-Pacífico, Asia occidental, Europa oriental y otros lugares del mundo.

El caso de Ucrania demuestra que Europa está acelerando la asunción de sus propias responsabilidades en el Viejo Continente, para lo cual debe construir una industria de guerra fuerte.

Con otras palabras, lo que Colby dice es que si Europa es capaz de imponer su dominio en el continente, Estados Unidos podrá dedicar sus energías a otros frentes, empezando por América Latina y siguiente por el Indo-Pacífico.

En caso contrario, Estados Unidos debería cobrar un peaje a cambio de garantizar la seguridad, como hace con sus vasallos de Oriente Medio, lo que comenzaría con la imposición del 5 por cien del gasto militar y, paralelamente, marginando a los países disidentes, como España, que dejarían de tener el apoyo militar del ejército estadounidense.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies