En 2018 Michael Bär quiso convertirse en una alternativa a la vieja guardia de la banca suiza, que es una lavadora del dinero negro quee recorre todos los rincones del mundo. Menos de una década después Estados Unidos ha acabado con su banco, MBär Merchant Bank, por trabajar con empresas rusas, iraníes y venezolanas. Si hay una “flota fantasma” rusa, también hay “bancos fantasmas” que operan al servicio de Rusia.
Bär quiso crear un “banco con alma”, dirigido “por empresarios para empresarios”, pero Washington no opina igual: fue un conducto para mover fondos vinculados a los países, empresas y personas más afectados por las sanciones, incluido Dmitry Medvedev, una de las “bestias negras” de Washington.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, dijo en febrero que MBär había canalizado más de cien millones de dólares a través del sistema financiero estadounidense en nombre de Irán y Rusia. Pero en el país del secreto bancario, ¿cómo es posible que Estados Unidos tuviera conocimiento de los manejos de un banco suizo?
El procedimiento de liquidación no ha dejado lugar a dudas sobre quién mueve los hilos en el capital financiero mundial. Primero el regulador financiero suizo Finma ordenó la liquidación de MBär por orden de Estados Unidos. Luego el banco impugnó la orden ante los tribunales y, finalmente, Estados Unidos tuvo que volver a presionar para cerrar las puertas de definitivamente (*).
La primera conclusión es que el secreto bancario suizo puede beneficiar a los defraudadores del mundo, pero en ningún caso a Rusia e Irán. La segunda es que las sanciones indirectas causan estragos en la economía mundial: a la mínima duda, el capital financiero se convierte, a su vez, en sancionador. “Más vale prevenir que curar”; más vale sancionar que ser sancionado, exponiéndose a multas y cierres.
No obstante, se desprenden muchas más enseñanzas, por ejemplo, que el cierre no habría tenido lugar si el banco hubiera sido de mayor tamaño y, por supuesto, que deja el mercado abierto a los grandes.
Por lo demás, las sanciones estadounidenses están cambiando el lenguaje de los medios de comunicación de una manera que no es nada sutil porque se expresa en un lenguaje jurídico, empezando por afirmar que lo ilegal no son las sanciones, sino las exportaciones de los países sancionados.
A partir de ahí es fácil introducir los tópicos de la corrupción, el lavado de dinero, el fraude o la evasión de capitales, y relacionarlos exclusivamente con Rusia y Putin. Pero ahora mismo todo acaba con la calificación de la Guardia Revolucionaria iraní de “organización terrorista extranjera”, como Hezbollah.
Ahora Estados Unidos ha dividido el mundo en bancos “con alma” y bancos “desalmados”.