Estados Unidos incorpora a los yihadistas a las milicias de las tribus árabes del norte de Siria

Las tropas Estados Unidos han trasladado una nueva unidad de milicianos de Califato Islámico desde una de sus bases en Hassakeh, en el norte de Siria, a la provincia de Deir Ezzor.

50 terroristas fueron transportados en helicóptero desde la base estadounidense de Al-Shaddadi hasta el campo petrolífero de Al-Omar, ocupado por Estados Unidos y sus secuaces kurdos de las FDS.

No es la primera operación de este tipo, ya que en los últimos meses Estados Unidos han trasladado a decenas de miembros del Califato Islámico desde las cárceles de la ciudad de Hassakeh, controlada por las FDS, a diversas localidades del interior de Siria, tras armarlos y proporcionarles apoyo logístico. La semana pasada helicópteros estadounidenses aterrizaron en la prisión de Al-Hol y transportaron a 40 terroristas a su base en la ciudad de Al-Shaddadi.

Los últimos trasladados al campo de Al-Omar habían sido entrenados por el ejército estadounidense en la base de Al-Shaddadi. Se espera que se integren en una milicia tribal, supervisada por las fuerzas de ocupación y dirigida por Ahmed Al-Khabil.

Este último es el jefe del Consejo Militar de Deir Ezzor, del que forman parte los kurdos de las FDS. Conocido por Abu Khawlat, goza de la protección de Estados Unidos para encubrir sus actos de saqueo y crímenes. En marzo de este año mató a seis habitantes de la aldea de Al Ashitah que se negaron a venderle sus tierras de cultivo.

Es uno de los que saquean el petróleo sirio. Posee un taller de fabricación de drogas en una granja situada en la localidad de Al Shahil, en la provincia de Deir Ezzor. Se hizo famoso por desmantelar y robar las vías férreas de la provincia septentrional y oriental de Deir Ezzor y transportarlas a Irak con otros traficantes. También robaba circuitos eléctricos para venderlos en el mercado negro.

Tiene importantes enfrentamientos con las FDS, con los que a veces discrepa sobre cómo gestionar las regiones que controlan conjuntamente y, especialmente, sobre cómo repartir los ingresos de las operaciones de tráfico y saqueo. Los kurdos han intentado deshacerse de él, pero Estados Unidos lo impide.

Dice hablar en nombre de la tribu Al-Bakir, de la que se ha autoproclamado emir, a pesar de que ha sido repudiado por sus miembros, que lo han acusado de traición, tachándolo de ser instrumento en manos de los kurdos y de Estados Unidos.

Varios dirigentes de esta tribu, que forma parte del clan Al-Akidate, han sido asesinados recientemente en las zonas controladas por las FDS, entre ellos Hussein Sheikh Al-Jamil, que cayó en enero de este año. Unos días antes, fueron asesinados un notable del Al-Akidate, Atliouche Al-Shatat y su hijo. En octubre del año pasado, unos desconocidos dispararon a otro dirigente de esta tribu, Abdel Wahhab Weis Al-Habib.

Los medios de comunicación sirios acusan a las FDS de estar detrás de estas ejecuciones porque las víctimas apoyan al gobierno sirio. En agosto del año pasado, los pistoleros de las FDS dispararon a sangre fría y a plena luz del día al jeque Matchar Al-Hafel, también miembro de Al-Akidate.

A finales de octubre del año pasado Abu Khawlat también fue objeto de un intento de asesinato, el segundo. En junio otro dirigente de las FDS, el portavoz del consejo militar de Manbej, Charfane Darwich, escapó a un atentado y lo mismo le ocurrió a Khaled Al-Khalif, que estaba a cargo de la oficina de petróleo del Consejo Civil de Deir Ezzor.

En una reunión organizada en agosto de 2020 por la tribu Al-Akidate, en presencia de 6.000 de sus miembros, culpó a Estados Unidos, como ocupante de facto, del caos de seguridad y la corrupción administrativa y militar en Deir Ezzor. La asamblea pidió que Deir Ezzor fuera controlada por los árabes y no por los kurdos.

En febrero de este año, una reunión entre los siete representantes de las tribus de la región lanzó un llamamiento a los que se habían unido a las filas de las FDS, pidiéndoles que desertaran y esto pocos días después del bloqueo que las milicias kurdas habían impuesto durante unos veinte días a las dos ciudades de Hassakah y Qamichli.

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