El supuesto inspirador de los ataques terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, Jalid Sheij Mohamed, ya tiene fecha de juicio: será juzgado en Guantánamo en junio de 2028 por un tribunal militar porque la acusación es por “crímenes de guerra”.
Mohamed fue capturado en 2003 por la CIA en Pakistán y ha pasado 20 años detenido en el campo de concentración de Guantánamo, entre otros centros de torturas. El preso acordó admitir la culpabilidad a cambio de evitar la pena de muerte, pero el chanchullo fue eliminado el año pasado.
Human Rights Watch denunció que había sido torturado en las cárceles secretas de la CIA en Afganistán y Polonia. En 2008 se reveló que había sido sometido a la bañera hasta 183 veces, lo mantuvieron despierto durante 180 horas, lo obligaron a permanecer de pie o en cuclillas en posiciones dolorosas, lo desnudaron y lo sometieron a una técnica de tortura de la CIA llamada “rehidratación rectal”, es decir, a introducir agua por el ano.
En 2012 un exfiscal militar criticó el proceso como inaceptable debido a las confesiones obtenidas bajo tortura. Una decisión de 2008 del Tribunal Supremo de Estados Unidos también cuestionó la legalidad de los métodos utilizados para obtener tales confesiones y la admisión de tales acusaciones como prueba en un proceso penal.
Finalmente, ayer un juez militar, el coronel Michael Schrama, dictaminó que las confesiones arrancadas mediante torturas al FBI son inadmisibles y no pueden usarse en su contra durante el juicio. Schrama menciona una “serie ininterrumpida de condicionamiento sicológico y coerción severa de la CIA”.
Los detalles del interrogatorio de Mohamed, descritos en el informe publicado por el Comité de Inteligencia del Senado, resultan escalofriantes, incluso repugnantes. El 12 de marzo de 2003, durante una sesión de ahogamiento simulado, se le introdujo tanta agua a Mohamed que su “abdomen se distendió y expulsó agua al presionarlo”, según el informe del Senado, que se basa en un cable de la CIA.
Uno de los médicos presentes declaró que, si bien Mohamed vomitaba durante las sesiones, su contenido gástrico se había diluido tanto que no le preocupaba que el ácido gástrico regurgitado le dañara el esófago. En cambio, el médico expresó su preocupación por la gran cantidad de agua que se había ingerido, lo que podría haber provocado una dilución peligrosa de los electrolitos en su sangre. Por ello, solicitó a los torturadores de la CIA que utilizaran agua salada durante las sesiones de ahogamiento simulado.
El informe del Senado, basado casi en su totalidad en las comunicaciones internas de la CIA, argumenta de forma convincente que, si bien el interrogatorio de Mohamed produjo información valiosa, los interrogadores nunca obtuvieron lo que buscaban. Ninguna información proporcionada por Mohamed condujo directamente a la captura de un terrorista ni a la desarticulación de ninguna red organizada, comentó la revista New Yorker (*).
En el 11-S y Al Qaeda todo es mentira
Tan inverosímil como las torturas a Mohamed es la versión que la CIA dio sobre su captura. En abril de 2007, Michael Hayden, entonces director de la CIA, testificó ante el Comité de Inteligencia del Senado que otro alto mando de Al Qaeda, Abu Zubaydah, capturado y torturado en 2002, había conducido a la CIA hasta Mohamed. “Hasta ese momento, KSM [Mohamed] ni siquiera figuraba en nuestra lista de miembros y asociados clave de Al Qaeda”, dijo Hayden.
El presidente George W. Bush había hecho una afirmación similar en 2006. Bush dijo que Abu Zubaydah y otro planificador de Al Qaeda que también fue torturado, Ramzi Bin Al Shibh, habían proporcionado información que “ayudó en la planificación y ejecución de la operación que capturó a Jalid Sheij Mohamed”.
Abu Zubaydah, de nacionalidad saudí, también fue torturado por la CIA: fue desnudado, privado de sueño, mantenido en una caja del tamaño de un ataúd durante días y sometido a la bañera al menos 83 veces. Pero el informe del Senado demuestra que el papel de Abu Zubaydah en la captura de Mohamed fue prácticamente inexistente, y que la tortura no tuvo nada que ver. Abu Zubaydah sí lo identificó como el principal conspirador del 11-S, pero eso fue cuando estaba en manos del FBI, antes de que la CIA lo capturara.
Por lo demás, el juicio no dejará de ser una farsa militar-judicial. No sólo porque ha pasado un cuarto de siglo del 11-S sino porque decir que se trata de un “crimen de guerra” supone admitir que Estados Unidos ya estaba en algún tipo de guerra, lo cual es falso. La declaración de Bush de “guerra contra el terrorismo” fue posterior al 11-S y no anterior.
El acusado tampoco es la típica figura religiosa del islam. Se trata de un ingeniero formado en Estados Unidos, aunque hubiera nacido en Kuwait.
(*) https://www.newyorker.com/news/news-desk/khalid-sheikh-Mohamed-cia