El reparto mundial de las materias primas estratégicas

«Los monopolios adquieren la máxima solidez cuando reúnen en sus manos todas las fuentes de materias primas, y ya hemos visto con qué furor los grupos internacionales de capitalistas dirigen sus esfuerzos a arrebatar al adversario toda posibilidad de competencia, a acaparar, por ejemplo, las tierras que contienen mineral de hierro, los yacimientos de petróleo, etc.» (Lenin)

Al alimón, en 2012 Estados Unidos, la Unión Europea y Japón denunciaron a China ante la Organización Mundial del Comercio por las restricciones que el país asiático impuso a la exportación de tierras raras, una materia prima estratégica en la producción de muchos dispositivos de alta tecnología civil y militar.

Las tierras raras han pasado de un rincón olvidado en la tabla periódica de Mendeleiev, a convertirse en protagonistas de la tecnología punta del siglo XXI. Se trata de minerales con propiedades magnéticas y conductivas inusuales que son la materia prima con la que se fabrican las televisiones de pantalla plana, las pantallas de los ordenadores, la fibra óptica, los aparatos de rayos X o los teléfonos inteligentes.

Cada batería del modelo de vehículo híbrido Prius de Toyota lleva 15 kilos de un metal raro, el lantano, y la multinacional fabrica un millón de unidades cada año. El tungsteno se utiliza en tecnologías electrónicas, automotrices, aeroespaciales y médicas; China produce el 91 por ciento del tungsteno del mundo. El molibdeno es un elemento metálico que se usa para los filamentos de las bombillas; China produce el 36 por ciento del molibdeno del mundo.

La demanda de estos minerales está creciendo en todo el mundo, debido al aumento vertiginoso de las técnicas que los utilizan. En 1955 la producción mundial de estos metales fue de 5.000 toneladas, en 1990 se fabricaron 40.000 toneladas y en 2011 la producción se ha triplicado: 120.000 toneladas.

Son, pues, materias primas estratégicas. Cinco de las tierras raras y el indio se encuentran entre los suministros más críticos de materias primas para los próximos años según el informe “Critical Material Strategy” aprobado en 2010 por el Departamento de Energía de Estados Unidos. Al año siguiente el subcomité de Asuntos Exteriores sobre Asia y el Pacífico de la Cámara de Representantes convocó una audiencia sobre la dependencia de Estados Unidos en el suministro de metales raros. Uno de los asuntos tratados fue su importancia vital en las armas de primer nivel, incluyendo sistemas de guía de misiles, aviones no tripulados y los nuevos aviones de combate F-35 Joint Strike Fighter, cuya producción se había visto interrumpida.

De promedio China monopoliza el 95 por ciento del mercado mundial de metales raros, para alguno de las cuales no hay sustituto alguno en la actualidad. Por ejemplo, China controla el 99,9 por ciento del mercado mundial del europio, una materia prima que entra en la fabricación de las pantallas de los ordenadores, teléfonos inteligentes y lámparas fluorescentes.

Además de su posición monopolista, China va muy por delante de las demás potencias en la técnica de extracción de estas materias primas y sus competidores se lamentan de que hayan vuelto las prácticas imperalistas contra quienes las inventaron. Pero los chinos no tienen una ventaja innata; se la han ganado. Empezaron a invertir en este mercado hace 40 ó 50 años y hoy son capaces de producir de forma masiva y a precios sin competencia posible, cuando en las minas de otros países la obtención, además de difícil, resulta extraordinariamente costosa, no porque los yacimientos no sean rentables sino porque no tienen la técnica necesaria para rentabilizarlos, debido al carácter disperso y a la baja concentración de los metales.

China les hace bailar al son de su música. Siempre gana, tanto si baja como si sube los precios. Si los baja arruina los yacimientos del resto del mundo y les obliga a cerrar las explotaciones, como ocurrió en 2002 en la del desierto de Mojave, entre California y Nevada. Diez años después una empresa minera estadounidense de metales raros, Molycorp, tuvo que hacer algo insólito en Estados Unidos: pedir una subvención al gobierno para evitar la bancarrota.

En los últimos siete años China ha optado por la política contraria: ha reducido en un 40 por ciento las exportaciones para subir los precios y en 2010 elevó los impuestos y redujo aún más las cuantías máximas de exportación. Incluso suspendieron temporalmente los envíos a Japón.

Los precios se dispararon. Los del disprosio, por ejemplo, se multiplicaron por siete desde 2003 y los del terbio se cuadruplicaron entre 2003 y 2008. En otros casos se han multiplicado por diez.

Pero esa no es la única fuente del negocio. Al mantener los precios para el mercado interior mientras suben en el exterior, China crea una ventaja significativa para los capitalistas locales, que producen mucho más barato. El manejo de los precios también es un medio de presión para obligar a los imperialistas a trasladar sus inversiones y su tecnología al interior de China.

La multiplicación de los precios ha convertido a los metales raros y a las empresas que los producen en valores característicos de la especulación bursátil. También ha aumentado el valor residual del reciclado de las mercancías y medios de producción cuyos componentes se fabricaron con tierras raras y que han quedado obsoletos con el tiempo. Se han constituido empresas que trabajan en desguaces, vertederos y basureros en busca de viejos móviles, televisores, neveras, ordenadores, baterías o relojes. Lo llaman «minería urbana». Según algunas estimaciones, en Japón los aparatos electrónicos obsoletos contienen aproximadamente 300.000 toneladas de tierras raras, por lo que el gobierno ha impuesto por ley el reciclado de metales raros, revestido de justificaciones seudoecológicas. Las empresas también invierten cada vez en el reciclado de sus propias mercancías. Toyota ha estado reciclando metales raros de viejas baterías eléctricas de su modelo Prius. Hitachi adquiere una parte del neodimio y disprosio del reciclaje de mercancías como discos duros y aparatos de aires acondicionado.

Los capitalistas han tenido que ponerse a excavar minas por todo el mundo, especialmente en California, Suráfrica, Canadá, Groenlandia y Suecia. En Australia han localizado dos grandes yacimientos y Toyota ha adquirido una mina en Vietnam de la que únicamente la multinacional puede extraer los metales raros para las baterías de sus coches híbridos.

Más del 50 por ciento de las exportaciones de tierras raras chinas tiene al Japón como destino. La industria electrónica y de instrumentos de alta precisión japoneses depende de estos suministros y sitúa al Japón en una situación de dependencia en relación con su gran rival asiático, por lo que está buscando yacimientos hasta en el lecho marino del océano Pacífico, cerca de Hawai y de Tahití.

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