La policía de Nueva Jersey detuvo a John Mark Rozendaal por participar en las manifestaciones contra las redadas de la policía de emigración. Le acusaron de “obstrucción a la aplicación de la ley”, una acusación menor. Pero una semana después, las cosas tomaron un giro insospechado cuando el FBI le llamó.
Rozendaal no es el único manifestante que ha recibido una llamada del FBI. En las semanas posteriores a la acumulación de detenciones, que fueron de unos 90 manifestantes, al menos la mitad de los detenidos recibieron llamadas del FBI en busca de confidentes.
Samuel Becker, otro manifestante detenido, también recibió una visita de agentes del FBI en los días posteriores. Los policías le preguntaron si estaría dispuesto a proporcionar al FBI información sobre los manifestantes, aunque “sus intenciones fueran correctas”.
El FBI tiene un largo historial de tratar de convertir a manifestantes, disidentes políticos y movimientos sociales en confidentes. La estrategia aviva la desconfianza entre los miembros de los movimientos de protesta.
En cada movimiento de protesta importante en la historia de Estados Unidos, ha habido intentos de infiltración y de sembrar la cizaña.
Para Rozendaal, la intención de los agentes del FBI que lo buscaron iba más allá de la obtención de información. “Creo que la verdadera intención es dividirnos, hacernos sentir miedo de hablar entre nosotros, asustarnos para que no hablemos”, añadió Rozendaal.