Dinero helicóptero y renta básica universal


Universitat Comunista de los Països Catalans

Consideraciones de la U.C.P.C. sobre propuestas que van apareciendo de cómo abordar la recuperación económica después de la parada de buena parte de la actividad económica provocada por el confinamiento, a raíz de la epidemia de gripe del SARS-COVID19.
Después de haber asistido a un proceso de intoxicación social por parte de quien controla el poder político a fin de conseguir insuflar pánico en las masas, y aturdir a diario con un montón de datos sobre las actuaciones clínicas y logísticas, con un lenguaje de guerra del más vulgar “cabo chusquero”, y todo ello recibido desde la reclusión individualista de los hogares o bien en el estrés del trabajo agotador de las que deben abordar diariamente los cuidados y atenciones de los afectados, lo que ha pasado es que la gente ha dejado de centrar la atención en las profundas y verdaderas causas de por qué ha sucedido una pandemia gripal de afectación significativa, fundamentalmente en los países del “Norte”, y sobre quién sacará provecho de este proceso y en especial sobre quiénes pueden ser las y los grandes afectados.
Ahora, cuando ya parece, o así han decidido que lo parezca, que se está ”controlando” la pandemia, cuando en realidad sólo se han relativizado las cifras de los efectos del problema patológico, sin abordar seriamente ni el origen estructural de este tipo de anomalías sanitarias, ni las políticas que han propiciado un diferente resultado sobre el control y moderación de sus efectos, ya aparecen con intensidad, que también irá creciendo en intoxicación, como en la propaganda del modelo sanitario adoptado, las propuestas sobre “los remedios de la enorme crisis económica” que devendrá (la más grande de la historia reciente y otras frases apocalípticas por el estilo, dicen), con una carencia de rigor económico sobre macro-economía y con un discurso que vuelve a dejar a sectores populares fuera del debate de fondo de por qué y para qué de lo sucedido.
Pero las grandes líneas de propuestas “de emergencia” pasan; o por unos “nuevos Pactos de la Moncloa”, que es decir un Pacto social clásico con muchos invitados a la fotografía de la mesa, donde las trabajadoras y trabajadores serán los que pagarán no sólo los efectos, sino también la asunción callada de la recuperación de la tasa de ganancia del capital, y otro gran grupo de propuestas es cómo se aplicarán, repartirán o desde donde sacar las “ayudas” para la revitalización económica. Propuestas, que no son antagónicas, sino enmarcadas dentro de un mismo conjunto de modelos; que sea el poder económico hegemónico quien marque las directrices, cuantías y destinatarios de las políticas a aplicar, donde los políticos “profesionales” serán los que saldrán a menudo en la escenografía y los sindicatos “también profesionales” serán cual figuras de cartón que también aparecerán en la foto y / o para corear determinadas propuestas.
Dejaremos para otra ocasión hablar de los “nuevos Pactos de la Moncloa”, porque no es un tema simplista y porque el tópico de que es del Régimen del 78, sería poco analítico, entre otras cuestiones porque algunos de los padres de exponentes significativos de quien ahora lo critican desde posiciones no estatistas, no sólo fueron partícipes, sino grandes propiciadores de los famosos Pactos, que en definitiva y metafóricamente fueron la aplicación de anestesia a la capacidad movilizadora de la clase obrera, que había empujado de una determinada forma la transición y de la cruenta lobotomitzación de los derechos laborales y sociales conseguidos en la etapa anterior por la lucha de la clase obrera, entre otros la escala móvil salarial restitutoria y los derechos y garantías contra los despidos de los trabajadores y trabajadoras, pacto que abría la vía del despido libre, cada vez menos compensado o nada compensado a estas alturas.
Sobre el otro grupo de propuestas de las “ayudas y / o incentivación” de la actividad económica, aparece con fuerza una de vieja trayectoria, y que enlaza por concepción con otra que es de más reciente predicamento desde posiciones de política económica, a cuyo respecto se sitúan las siguientes consideraciones.
Hablamos básicamente, del dinero helicóptero, es una idea que consiste en regalar dinero a la gente. Por este motivo es conocida también como “expansión cuantitativa para la gente”. El primero en acuñar el término fue el economista neoliberal Milton Friedman que introdujo el concepto hacia 1969 en su libro «The optimum quantity of Money and other essays» que en castellano sería algo así como “La cantidad óptima de dinero y otros ensayos”.
Milton Friedman, ideólogo de la llamada “Escuela de Chicago” y gran diseñador de la política económica aplicada en Chile tras el golpe de estado del fascista Pinochet, del 11 de septiembre de 1973, pero allí no se usó el dinero helicóptero sino una masacre de activistas de izquierdas para destruir las organizaciones de la clase obrera (30.000 encarcelados y torturados y 5.000 asesinados y “desaparecidos”).
La idea que propuso Friedman estaba ilustrada con un ejemplo. El ejemplo consistía en tirar dinero en efectivo desde un helicóptero para que la gente lo cogiera y lo gastara. Era un ejemplo metafórico pero que ilustraba bien el fondo del asunto. El objetivo es estimular la demanda agregada. Es decir, impulsar a la economía en un momento donde está estancada o en recesión. En otras palabras, reactivar la economía y frenar la caída de los precios y sobre todo la sacrosanta defensa del «mercado» como base del modelo económico a preservar.
La teoría es simple: ante la falta de consumo y la parálisis de la economía, en vez de comprar bonos o bajar tipos de interés -o en este caso, los dos a la vez-, se ingresa dinero directamente en las cuentas corrientes de la gente para que puedan usarlo a su placer y así revitalizar la economía mediante el incremento del consumo, con la esperanza de que ese dinero no se lo guarden, sino que se utilicen inmediatamente, de lo contrario no tendría los efectos deseados.
El 17 de marzo de este año, el secretario del Tesoro estadounidense del gobierno de D. Trump, Steve Mnuchin, anunció en una rueda de prensa la medida de «enviar cheques a los americanos inmediatamente». El paquete de estímulo fiscal aprobado por el Congreso de EE.UU. es el triple del que se puso en 2009 tras el estallido de la crisis financiera y que entonces ascendió a 700.000 millones de dólares. En estos se incluye una partida de cerca de 250.000 millones de dólares que se reservarán para efectuar pagos directos a individuos y familias de 1.200 dólares para los que tengan una renta de menos de 75.000 dólares al año, al que se añadirá 500 dólares por cada menor de 17 años.
Otra variable de esta concepción de estimular el «mercado» es: La renta básica universal, o ingreso ciudadano, es una forma de sistema en la que todos los ciudadanos o residentes de un país reciben regularmente una suma de dinero sin condiciones, además de cualquier ingreso recibido de otros lugares. La recibe todo miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva.
La renta básica universal no es una idea nueva, economistas del libre mercado también argumentaban a favor de la misma afirmando que serían menos costosas de implantar y mantener que la tradicional burocracia social, y que más recientemente ha tenido más predicamento en algunas economías, que tendían precisamente a disminuir el papel de la economía pública productiva en momentos de menor o poco crecimiento económico del PNB, y que tenían en su antecedente el haber propiciado el papel importante de la economía estatal.
Estas dos propuestas, de carácter profundamente neoliberal tienen por objetivo fundamental «adelgazar» el papel del Estado, entendido éste como agente económico público productivo.
Una, la renta básica parte de una concepción basada en la «libertad individual» en la que cada persona pueda decidir a qué escuela llevar a sus hijos, que tipo de cobertura sanitaria quiere, como desea asegurar su jubilación, … es decir , que el Estado no tenga que intervenir en estas cuestiones ni regularlas. Todo debe quedar en las manos del «mercado». La cuantía a percibir por cada persona es calculada en base a la cantidad que el Estado se ahorrará deshaciéndose de prestar estos servicios, y los cálculos de Friedman y sus discípulos era que así se ahorraría el dinero correspondiente a los funcionarios (burocracia, decía él) que se ocupaban de estos servicios. En definitiva, la privatización total a excepción de los guardianes del orden o la capacidad coactiva-represiva del Estado, entendido siempre como el Estado que garantiza un sistema de «mercado».
El llamado helicóptero, es paralelo a esta concepción puesta en práctica en momentos puntuales para asegurar el consumo y evitar la crisis de sobreproducción con motivo del bajo nivel de «demanda solvente».
Estas dos propuestas, una estructural y otra coyuntural, están en las antípodas de cualquier perspectiva socialista, en la que los ingresos de las personas, siempre, deben estar correspondidas con una aportación de las mismas a la sociedad, ya sea en forma de trabajo industrial, agrícola o de servicios, asegurando al conjunto de la población un lugar en el que poder realizar esta aportación social que se corresponde con la eliminación del desempleo. Considerando sus diferentes capacidades para poder contribuir en esta aportación social, pero garantizando el empleo como esencia del sistema. Un sistema basado en la producción y servicios estructurales de carácter públicos y con una planificación económica que permita y garantice, no sólo esta total ocupación, sino una aplicación social de sus resultados y beneficios.
Propuestas, ampliamente difundidas por la llamada Escuela de Chicago, que son discípulas de las elaboradas en el primer tercio del siglo XX por Von Mises y Von Hayeck como máximos exponentes de la Escuela Austríaca de Economía, el objetivo , como buenos conocedores de la obra de Marx, era estudiar cómo hacer frente a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Todo ello enmarcado en el lema ideológico del individualismo a ultranza y la preservación del sistema capitalista, ante la ofensiva, en aquella época de la lucha de la clase obrera por la mejora de sus derechos políticos y económicos.
Ante este dilema es oportuno recordar la siguiente reflexión del libro «El nuevo espíritu del capitalismo» Luc Boltanski y Eve Chiapello. Akal 2002. (Fragmentos de la segunda y tercera parte): 
“… En un contexto marcado por la derrota, la disolución o la descalificación de las instancias críticas que habían predominado durante las dos décadas anteriores y a falta de una teoría crítica que permitiera transformar la indignación en un mecanismo argumentador o dar razones para la revuelta, esta preocupación social y los movimientos que la acompañaron adoptaron en la mayoría de los casos la forma de la acción humanitaria. … Este repliegue hacia la acción humanitaria era tanto más sorprendente por el hecho de que una gran parte de las instancias críticas del período precedente había preconizado una solidaridad con las víctimas de las injusticias, pero acompañada de una fuerte crítica de la «caridad” e incluso del «trabajo social», denunciados como medios hipócritas, complacientes o perversos para apartar las personas de la única acción válida posible: la acción política.(450)”
De cuyo comportamiento burgués tenemos un excelente panegírico crítico en la película “Plácido” de 1961 del cineasta Berlanga, que en estos días de reclusión social no estaría de más revisualizar para mejor aprovechamiento del tiempo.
Un espíritu revolucionario de verdadera voluntad transformadora es incompatible con el recurso a la mendicidad o la potenciación de vías que propicien la cristalización social de una conducta que viva atenta a la misma, incluso convirtiendo su espera o expectativa en una lucha entre miserables para ver quien la recibe primero o en mayor cuantía. Donde precisamente el fascismo y tiene una fuente argumental de su política.
Así pues, el análisis de las propuestas que están prodigándose, tanto propiciadas desde los aparatos del sistema, como incluso dentro de las filas de los que dicen ser críticos o con voluntad transformadora, si no se quieren situar lejos, por no decir en las antípodas de un proyecto revolucionario y que haga realidad el lema «Queremos cambiarlo todo», debe desligarse de las estrategias y viejas propuestas de la más rancia tradición neoliberal de defensa de los intereses sacrosantos del Dios Mercado.
En caso de triunfar las propuestas del Sistema, no sólo los efectos de la “pandemia” serán sobre la salud y vida física de las personas, sino sobre su mentalidad y su capacidad de ser sujetos de su propio futuro, en definitiva de la su autodeterminación como personas y como clase social, que no se presenta fácil cuando ante esta andanada, quien a estas alturas controla absolutamente el discurso, la conducta social, sus efectos y finalmente sus provechos y rentabilidades es el Capital. Pues, rebelémonos y hagamos que su estrategia no se enquiste en nuestros análisis y marque nuestra estrategia política.
Universitat Comunista de los Països Catalans
abril 2020

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