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88 años después Volkswagen cierra sus puertas en Alemania

El martes Volkswagen finalizó la producción de vehículos en su fábrica de Dresde, Sajonia. Por primera vez en sus 88 años de historia, el holding cierra una planta de producción de automóviles en Alemania. Esta decisión, considerada durante mucho tiempo política y socialmente impensable, revela el alcance de los problemas a los que se enfrenta Volkswagen.

Durante casi 90 años Volkswagen ha estado en el corazón de la industria alemana. No se trata de una pausa o desaceleración temporal: es un cierre permanente, que revela problemas mucho más profundos que afectan a Volkswagen, la economía alemana y la industria automovilística mundial.

El monopolio debe financiar unos 160.000 millones de euros en inversiones a lo largo de cinco años, destinadas a la electrificación, plataformas informáticas y nuevas arquitecturas de vehículos.

La empresa nunca había cerrado una fábrica de automóviles en Alemania desde su creación hace 88 años. Hasta ahora, Volkswagen había optado sistemáticamente por reducciones de volumen, reorganizaciones internas o reconversiones parciales, sin dar nunca el paso de un cierre total.

Sin embargo, la fábrica de Dresde ocupó un lugar especial en la publicidad industrial del grupo. Se diseñó como un “escaparate” abierto al público y encarnaba una producción de automóviles transparente, orientada a la innovación y la imagen de marca.

La dimensión simbólica no ha sido suficiente para justificar la continuación de la actividad industrial. Thomas Schäfer, director de la marca, reconoció que la decisión era “esencial desde el punto de vista económico”.

Más allá del caso concreto de Dresde, el cierre de Volkswagen envía un mensaje a toda la industria automovilista europea. El principal fabricante del continente acepta ahora que Alemania ya no se puede proteger industrialmente.

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Unión Europea

Alemania: la industria de guerra exige un cambio tecnológico

Decidido a convertir a Alemania en la principal potencia militar convencional de Europa, el gobierno de Merz depende en gran medida de sus monopolios industriales tradicionales. Sin embargo, para la industria de guerra, Berlín debe realizar urgentemente una transición real hacia los drones de alta tecnología.

Merz ha prometido cientos de miles de millones de euros en inversiones para la guerra porque Estados Unidos ya no puede financiar sectores enteros de la seguridad europea.

Para las empresas tecnológicas, si la Guerra de Ucrania ha demostrado algo, es que el progreso tecnológico en drones se ha vuelto crucial. Ya sea para atacar, lanzar proyectiles, reabastecerse o espiar, estos dispositivo son relativamente económicos. Son capaces de destruir sistemas enemigos mucho más costosos, arriesgando únicamente la vida del enemigo. Con los avances en inteligencia artificial su eficacia y autonomía aumentarán.

Entre los fabricantes, existe la esperanza de que el gobierno alemán reconozca la naturaleza innovadora de estas tecnologías y las sitúe en el centro del ejército del futuro. “Hemos puesto un énfasis excesivo en los sistemas tradicionales”, declaró Gundbert Scherf, cofundador de Helsing, una empresa alemana fundada en 2021 que suministra drones de ataque a Ucrania.

“Espero que las normas de gasto cambien, que pasemos de una proporción del 99 por cien para sistemas tradicionales y del 1 por cien para sistemas autónomos, a algo más equilibrado”, continuó el director de la empresa, cuyo valor se estima en 12.000 millones de euros.

Stark, otra empresa fundada el año pasado al calor del dinero del rearme, reconoce los avances, pero también señala los retrasos actuales. “Las adquisiciones militares en Alemania están cambiando, y eso es realmente positivo”, explica Josef Kranawetvogl, ejecutivo de Stark, entre cuyos inversores se encuentra Peter Thiel, estrecho colaborador de Trump.

“En Europa somos muy buenos redactando documentos estratégicos, pero necesitamos una mayor implementación; tenemos que mantenernos competitivos, tenemos que avanzar con mayor rapidez”, afirma.

Frente a los recién llegados se encuentran los pesos pesados ​​de la industria armamentística, que emplean a decenas de miles de personas y llevan décadas arraigadas en el panorama político y económico alemán.

El director de Rheinmetall, capitán del sector cuyo negocio se ha visto significativamente impulsado por la Guerra de Ucrania, cree que la era de la fabricación de armas tradicional no ha terminado. Según él, se necesitará una amplia gama de recursos: drones de alta tecnología, por supuesto, que su empresa produce, pero también una gran cantidad de tanques, piezas de artillería y munición convencional.

“Sin vehículos blindados, es imposible defender un país o repeler a un agresor”, declaró Armin Papperberger durante una reunión reciente con periodistas extranjeros. Cree que una guerra con la OTAN “sería muy diferente a la que estamos viendo actualmente en Ucrania”.

“Los drones desempeñarían un papel menos importante que ahora”, se aventuró a predecir.

Por parte del gobierno, las cifras hablan por sí solas. El ministro de Defensa mencionó 10.000 millones de euros en inversiones en drones durante los próximos años.

Sin embargo, el presupuesto de gasto previsto para 2024-2034 es de 377.000 millones de euros. De esta cantidad, unos 88.000 millones de euros están destinados a empresas del grupo Rheinmetall.

Los drones son “decisivos en el combate”, pero por sí solos no marcan la diferencia en una guerra, dijo un portavoz del Ministerio alemán de Defensa. “Tanques, vehículos blindados de transporte de personal y aviones de combate siempre serán necesarios”, declaró el portavoz.

Alemania corre el riesgo de perderse una revolución tecnológica, dado el historial de escándalos de su ejército relacionados con Ursula von der Leyen, el despilfarro y los equipos obsoletos. La planificación militar va a la zaga del auge de los autómatas. Alemania debe tener cuidado de no quedarse con las armas de las guerras pasadas, en lugar de las de la próxima.

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Unión Europea

La República Checa se desentiende de la Guerra de Ucrania

El apoyo financiero a Ucrania sigue siendo dividiendo a los países miembros la Unión Europea. Es una espantada. Mientras Bruselas estudia nuevas triquiñuelas para “ayudar” a Kiev, la postura anunciada en Praga por el futuro jefe de gobierno contrasta con la política de Ursula Von der Leyen y los suyos.

El futuro primer ministro checo, Andrej Babis, ha declarado que la República Checa no participará en las garantías que la Comisión Europea está considerando para apoyar la financiación de Ucrania. “No aceptaremos garantías de nada ni aportaremos dinero”, declaró.

La declaración se produce en un momento en que los cabecillas de la Unión Europea se disponen a debatir un plan de préstamos, que se basa en el saqueo de los activos rusos embargados, a la vez que incorpora garantías nacionales.

Babis ha remitido el asunto a la Comisión Europea, indicando que debería identificar otras vías de apoyo. La postura checa añade una limitación política adicional en un momento en que varios Estados buscan asegurar un mecanismo para alargar la agonía de Ucrania lo más posible.

Desde el comienzo de la guerra, los países europeos han apoyado a Kiev por diversos medios: ayuda presupuestaria, préstamos, asistencia humanitaria, reasentamiento de refugiados, entrega de equipo militar a través de iniciativas nacionales y mecanismos europeos, adiestramiento de las tropas ucranianas y comunicaciones satelitales, entre otros.

La Unión Europea también ha estructurado instrumentos financieros para contribuir al funcionamiento del Estado ucraniano, en paralelo a los esfuerzos bilaterales emprendidos por varias capitales del continente.

Desde enero, Estados Unidos se ha desentendido de Ucrania porque considera que la guerra está perdida. Esta situación ha aumentado la presión sobre los europeos para que estabilizaran soluciones de financiación más regulares y menos dependientes de terceros, lo que explica el creciente interés en acuerdos basados ​​en el robo de los activos rusos y garantías públicas.

La negativa anunciada por Praga no pone fin a las negociaciones, pero complica la búsqueda de un acuerdo sólido sobre un mecanismo en el que los Estados miembros estén obligados a compartir parte del riesgo. La Unión Europea tendrá ahora que afrontar posiciones nacionales, al tiempo que intenta mantener la ayuda sin gastar un dinero que no tiene.

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Unión Europea

Con el bloqueo a China la Unión Europea se dispara en el pie

Como cualquier otra burocracia, la Unión Europea se alimenta de reglamentos, directivas y circulares, que forman un laberinto en el que es casi imposible orientarse. Europea es un continente virtual. Hay países que ya han desistido de intentar entrar en el mercado europeo y a otros, como China, los quieren echar… a golpe de normas.

Lo que el libre mercado no puede, lo puede una oficina de Bruselas. Es una guerra económica que ya no oculta su nombre, ni tampoco su derrota. Tampoco se preocupa de ocultar que la guerra se dirige contra China y que su apoyo a Rusia en la Guerra de Ucrania es un pretexto que ya no cuela. Tienen que bloquear a China por la fuerza porque no pueden hacer otra cosa para proteger su mercado interno.

La nueva ley aprobada por el Parlamento Europeo en mayo de este año obliga a controlar ciertos sectores estratégicos, como los medios de comunicación, las materias primas, el transporte, la energía, los semiconductores, la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes. El control se amplía a proyectos completamente nuevos —no solo a adquisiciones— y otorga a la Comisión Europea mayores facultades para intervenir en disputas o subsanar lagunas legales.

Este mes la Comisión Europea va consolidar las nuevas normas poniéndoles nombres y apellidos: China. Supone un paso más hacia la supranacionalización de la política comercial y de inversión de la Unión Europea.

Sin embargo, es evidente que aumentar el control de la Comisión Europea no va a mejorar la competitividad de las empresas europeas. Durante la última década, Bruselas ha ampliado progresivamente su radio de acción a prácticamente todos los ámbitos políticos, pero la centralización no ha producido ningún beneficio. Al contrario, la fuerza económica de Europa se ha erosionado.

El núcleo industrial de la Unión Europea —Alemania, Francia e Italia— muestra claros síntomas de estancamiento estructural: contracción industrial, disminución de la capacidad de innovación y pérdida constante de competitividad mundial. El informe de Mario Draghi reconoció estos problemas, instando a una inversión pública y privada masiva para reactivar la economía. Draghi lo sabía muy bien porque él era uno de los responsables del desaguisado.

Los nuevos reglamentos van a deprimir aún más la inversión extranjera directa (IED). Al debilitar el compromiso de la Unión Europea con la apertura de los mercados, Bruselas también está socavando sus antiguas críticas a las restricciones a la inversión en China. Si Pekín está bloqueando el acceso extranjero, como afirma la Unión Europea, ¿cómo se explica que la IED europea en China sea considerablemente mayor que la IED china en Europa? En 2022 la inversión europea en China ascendió a 247.000 millones de euros, mientras que la inversión china en Europa ascendió a tan solo 54.000 millones de euros.

Además, la IED china en Europa ha disminuido drásticamente, un 77 por cien desde 2016, debido en gran medida a los bloqueos reglamentarios sobre la IED introducidos desde 2020.

Al exigir a los inversores extranjeros que demuestren “beneficios locales“ —en términos de empleo, transferencia de tecnología o I+D—, Europa está adoptando en la práctica la misma lógica intervencionista por la que en su día condenó a Pekín.

Los chinos no se van a quedar de brazos cruzados. Ya han demostrado que pueden tomar represalias contra las medidas estadounidenses y japonesas ralentizando las aprobaciones, endureciendo las regulaciones para las empresas extranjeras o restringiendo las exportaciones de insumos clave como las tierras raras y los materiales para baterías, áreas de las que Europa depende estructuralmente. Pekín también podría redirigir los flujos de inversión a otras regiones, marginando aún más a Europa.

Mientras tanto, la industria europea se estanca. En sectores como la automoción, la inteligencia artificial, las tecnologías ambientales y la fabricación avanzada, China sigue progresando, mientras que la Unión Europea se atasca en sus regulaciones burocráticas. Europa ya sólo sabe fabricar normas de papel.

Hoy es muy difícil bloquear las inversiones directas de cualquier país porque nadie sabe quién es el accionista, o el inversor, el obligacionista, o el prestamista. El capital tiene pasaporte pero, como los barcos, es fácil fabricar el pabellón de cualquier país. Bruselas corre el riesgo de ahuyentar no solo el capital chino, sino toda la inversión extranjera, agravando así su estancamiento económico.

Pekín no se quedará de brazos cruzados si la política económica europea se vuelve más discriminatoria. Dispone de múltiples herramientas para presionar, desde imponer barreras regulatorias hasta restringir las exportaciones de materias primas estratégicas. Las represlias intensificarían el declive económico de la Unión Europea y reforzarán su dependencia de otros países. De ser una potencia económica mundial pasaría a convertirse en una burocracia cerrada.

Thomas Fazi y Fabio Massimo Parenti https://www.thomasfazi.com/p/the-eu-continues-to-self-sabotage

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Unión Europea

El banco belga Euroclear está dispuesto a defender a Rusia en los tribunales

Es otro golpe para Ursula von der Leyen y su Comisión Europea. En una entrevista Valerie Urbain, directora del banco Euroclear, considera peligroso embargar los activos rusos y afirma estar dispuesta a impugnar esta decisión ante los tribunales.

No le convencen quienes argumentan que la propuesta de la Comisión Europea, tras las sanciones contra Rusia, de utilizar los 185.000 millones de euros en valores rusos embargados en Euroclear para financiar un préstamo de reparaciones a Ucrania es sólida. “En su estado actual, esta propuesta no es realista”, dijo.

“Es una solución que conlleva riesgos de quiebra para Euroclear y riesgos para Bélgica”, añadió la directora del banco. Los 185 000 millones de euros en fondos rusos “representan entre el 10 y el 15 por cien del PIB de Bélgica”, añadió.

Pero el problema es realmente la estabilidad de los mercados financieros. “Dado el riesgo, dado el papel sistémico de Euroclear en los mercados financieros europeos y, de hecho, mundiales, cualquier cuestionamiento de la confianza en la infraestructura de mercado que representamos […] podría desestabilizar por completo la salud financiera de nuestros países, pero también a escala mundial”, advirtió.

Urbain señala que “los intereses de estos activos rusos ya se han utilizado para Ucrania” y que “eso suponen 5.000 millones de euros en los últimos dos años”, y que, de hecho, son “intereses, ingresos que pertenecen a Euroclear”.

“A diferencia de los pagos de intereses, que se utilizan como préstamos, depositar la totalidad de los 185.000 millones de euros en fondos rusos que posee el banco público ruso en Euroclear no sería una solución realista”, insiste.

Esta objeción legal se hace eco de los argumentos del primer ministro belga Bart De Wever y del ministro de Asuntos Exteriores Maxime Prevot: el embargo del dinero ruso es un atraco en toda regla.

Si bien Ursula von der Leyen declaró esta semana que su equipo había tenido en cuenta casi todas las preocupaciones de los belgas y había desarrollado importantes salvaguardias para proteger tanto a Bélgica como a Euroclear, Urbain rechaza esta decisión y se declara dispuesta a impugnarla judicialmente si es necesario, ya que se trata de una solución que no respeta el derecho internacional. “Espero sinceramente que no lleguemos a eso. Pero, por supuesto, tendremos que utilizar todos los medios posibles para seguir protegiendo a Euroclear”.

“Euroclear se arriesga a la quiebra y Bélgica a sanciones”, advierte la directora, quien menciona acciones legales en Rusia y la “confiscación de los activos que aún conservamos en nombre de nuestros clientes. Esto representa aproximadamente 17.000 millones de euros en valores que aún se conservan en Rusia”. Bélgica sería “el blanco directo de represalias económicas contra las empresas belgas”.

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Unión Europea

La Comisión Europea crea una central para la compra de materias primas estratégicas

A Ursula von der Leyen no se le puede negar que tiene grandes planes para Europa, cada vez más, porque se ha empeñado en crear una gigantesca superestructura. Pero también es verdad que esos planes tratan de resolver problemas que ella misma ha creado.

Así, ha impuesto sanciones indirectas a China y ha quedado atrapada por las represalias, hasta el punto de que algunas líneas de producción de automóviles han quedado paralizadas por las restricciones chinas a la venta de materiales esenciales para la transición digital.

El miércoles la Comisión Europea presentó el plan RESourceEU para hacer frente a la carestía de metales estratégicos. Es el mismo modelo que se puso en marcha durante la pandemia: un centro de compras conjunto y un fondo multimillonario que entrará en funcionamiento a principios del año que viene.

El nuevo organismo supervisará en tiempo real las necesidades de los Estados miembros para evitar rupturas en la cadena de suministros.

Inspirada en la gestión de la crisis sanitaria, esta estructura también dirigirá las compras en nombre de los Veintisiete, lo que permitirá pesar más en las negociaciones internacionales.

El objetivo es construir reservas estratégicas y conectar a los empresarios con otros proveedores que no sean los chinos. Es una respuesta directa al reciente bloqueo chino sobre el galio o el germanio, que le ha costado caro a la industria europea.

El nervio de la guerra económica sigue siendo la financiación de la infraestructura local. Stéphane Séjourné confirmó la movilización inmediata de casi 3.000 millones de euros, a través del Banco Europeo de Inversiones y el programa InvestEU.

Los fondos se centrarán en tres sectores vitales: defensa, baterías eléctricas e imanes permanentes. Ya hay proyectos concretos, como una mina en Groenlandia o un sitio de minería de litio en la República Checa.

Sin embargo, el problema de las materias primas va más allá de la la extracción y la logística. No se trata de escasez sino del tratamiento del mineral bruto. Europa no tiene fábricas para procesarlo. Por lo tanto, no es suficiente con que la materia prima salga inmediatamente hacia las fundiciones chinas. Bruselas quiere aprender a obtener el mineral y para ello introducirá restricciones a la exportación de residuos metálicos (“scrap”).

A partir de la primavera del año que viene, los residuos de aluminio e imanes tendrán que ser tratados en suelo europeo para estimular una cadena de reciclaje que ahora mismo se esfuerza por alcanzar el objetivo de proporcionar el 25 por cien del consumo de la Unión Europea.

La diversificación de los suministros ya no es una opción para Europa, sino una necesidad para la supervivencia económica. Los fabricantes tendrán que pagar un precio muy elevado para obtener materiales producidos localmente o procedente de socios fiables. Los costos seguirán aumentando, poniendo en jaque la competitividad de la industria europea.

Pero Von der Leyen nunca se olvida del garrote, porque siempre hay algún capitalista que se ha creído lo del “libre mercado” y va por su cuenta. La Comisión Europea no excluye presionar a los empresarios con multas para que no compren en China.

No obstante, lo más probable es que les salga más barato pagar la multa y seguir comprando en China.

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Unión Europea

El Banco Central Europeo tampoco quiere garantizar los préstamos a Ucrania

El ambiente en Bruselas está cada vez más revuelto y los periodistas se agolpan a las puertas de las oficinas de la Unión Europea para apuntar los rumores y cotilleos de unos y otros. Lo mismo ocurre en las de la OTAN, un organismo cada vez más irrelevante y más parecido a una central de compras. La unidad europea se ha resquebrajado y la “solidaridd atlántica” es una quimera.

Las causas son dos: la Guerra de Ucrania y la bancarrota económica. No se puede sostener una guerra eternamente sin un céntimo en el bolsillo; ni siquiera mediante préstamos por una razón muy simple: la Unión Europea no encuentra avalistas ni siquiera dentro de sus propios organismos.

Por eso los problemas internos aumentan. Bélgica se opone al uso de los fondos rusos embargados y a ello se acaba de sumar el Banco Central Europeo. En fin, Ursula von der Leyen y sus militaristas se han quedado completamente aislados. Ni siquiera cuentan con el apoyo de Washington para estirar la guerra un poco más.

Como venimos explicando, en su desesperación, Von der Leyen se está saltando a la torera las normas de la Unión Europea. Ahora se dedica a presionar al Banco Central Europeo que, por su parte, no admite una “financiación monetaria” de la guerra porque está prohibida por los tratados europeos.

No obstante, el Financial Times dice que el banco europeo no es tan legalista como parece: la estructura Euroclear, donde se almacena la mayoría de los activos rusos robados, podría haber estado expuesta a una “grave falta de liquidez”.

El chanchullo propuesto por Von der Leyen equivale a que el Banco Central Europeo financie indirectamente a los Estados miembros, lo que podría poner en peligro la estabilidad económica de la eurozona.

Como hemos explicado varias veces, como depositarios de los fondos rusos, los belgas exigen a los otros 26 socios de la Unión Europea garantías “legalmente vinculantes, incondicionales, irrevocables, comunes y conjuntas por un valor de 185 000 millones de euros”. Si se levantan las sanciones contra Moscú, Bélgica teme tener que devolver el dinero robado y no disponer de fondos para poder hacerlo.

Las peleas internas son tan absorbentes que en Bruselas no escuchan lo que dicen en Moscú. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zajarova, advirtió que cualquier intento de confiscar los activos daría lugar a una respuesta “dolorosa” y los europeos saben que los rusos no disparan con fuegos artificiales precisamente.

Moscú recuerda que los activos son propiedad legítima del Estado ruso y que su confiscación constituye una flagrante violación del derecho internacional. Putin lo ha explicado de una manera mucho más sencilla: el embargo es un “robo descarado”. En el fragor de los combates, los europeos han vuelto a sus raíces: terrorismo, piratería y expolio.

En Estados Unidos no se compllican tanto la vida. Este verano Trump aseguró que los activos serán devueltos a Moscú una vez firmado el acuerdo de paz. Sin embargo, en su plan inicial, Washington pretendía utilizar 100.000 millones de dólares de los fondos para financiar la reconstrucción de Ucrania bajo “supervisión” estadounidense, mientras que el resto se invertiría en un mecanismo bilateral entre Estados Unidos y Rusia.

El choque europeo con su socio mayor es preocupante, aunque lo que más duele en Bruselas es constatar que Estados Unidos va a lo suyo: quiere apoderarse de una parte del dinero con el pretexto del alto el fuego.

La próxima cita es el día 18 de este mes y lo primero que tienen que hacer los 27 es ponerse de acuerdo en algo; lo que sea, porque al final ni siquiera van a posar juntos para la foto oficial.

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Von der Leyen se salta las normas de la Unión Europea a la torera

Ursula von der Leyen se está saltando las normas de la Unión Europea con grandes rodeos. Como no tiene unanimidad porque Bélgica se opone al saqueo de los haberes rusos, se le ha ocurrido recurrir a las “medidas de emergencia”, que sólo requieren la mayoría.

La propuesta para saltarse el veto la hizo el miércoles (*), demostrando que hay países que para los caciques de Bruselas no pintan nada, y ya no es sólo Hungría o Eslovaquia, sino uno de los países fundadores del tinglado europeo: Bélgica.

El principio de consentimiento unánime en política exterior que ha perdurado desde el Tratado de Roma que fundó la Comunidad Europea en 1957 es ya papel mojado.

Luego a Von der Leyen no le importó repetir la jugada en una rueda de prensa, acompañada del comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis.

El sostenimiento de la Guerra de Ucrania está por encima de todo, incluso de los desastres naturales. Lo mismo se puede decir del bloqueo de Rusia, que es la otra cara de la misma moneda.

Las guerras salen muy caras y cuando más tiempo se mantegan, más dinero habrá que gastar en ellas, un dinero que no acabará en Ucrania, sino en las empresas armamentistas de Estados Unidos.

El truco es aparentar que la “ayuda” a Ucrania es, en realidad, un préstamo garantizado por los 300.000 millones de euros de dinero ruso que está embargado en Europa. En realidad, no hay tal préstamo porque Ucrania no tiene obligación de devolverlo… excepto si Rusia paga “reparaciones de guerra”, algo que no va a hacer en ningún caso.

Se llama rizar el rizo: como no tenemos un céntimo, que sea Rusia quien pague la guerra en su contra,

“Utilizaríamos la liquidez de los activos rusos congelados en la Unión Europea. Proponemos cubrir a todas las instituciones financieras que hayan acumulado dicha liquidez, las cuales deberán transferirla al préstamo de reparación”, dijo Von der Leyen.

“Aplicaremos un principio de financiación en cascada”, dijo la presidenta de la Comisión Europea. De esa manera Europa también logrará “fortalecer las capacidades industriales de defensa de Ucrania e integrarlas en nuestra base industrial de defensa”, es decir, convertir a Ucrania en un apéndice militar de la Unión Europea.

Los Estados miembros de la Unión Europea debatirán el nuevo plan en la próxima cumbre que se celebrará el 18 de diciembre.

Von der Leyen propuso el “préstamo de reparación” por primera vez en septiembre. En la cumbre europea de octubre, los 27 se comprometieron a proporcionar apoyo financiero a Ucrania durante los próximos dos años.

(*) https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/fr/statement_25_2911

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Unión Europea

El contrabando de armas ucranianas a través de la frontera de Moldavia

El jueves de la semana pasada el parlamento moldavo celebró un debate a puerta cerrada sobre un incidente en la frontera entre Moldavia y Rumanía, donde un camión que transportaba armas procedentes de Ucrania cruzó el puesto fronterizo de Leuseni-Albita. El vehículo fue detenido por los aduaneros rumanos, pero ya había logrado pasar el puesto de control moldavo.

Las armas fueron descubiertas el 20 de noviembre y el caso lleva en debate desde entonces, como si fuera una sorpresa para alguien. La propuesta de los diputados de la oposición de destituir a los aduaneros y guardafronteras moldavos fue ignorada por el gobierno, que ha guardado silencio.

La semana pasada la Comisión Europea presentó un plan para acelerar el movimiento de armas y tropas dentro de la Unión Europea. Esencialmente crea una nueva zona, denominada extraoficialmente “Schengen Militar”, que simplifica la emisión de permisos para el movimiento de tropas y equipo militar a través de las fronteras de la Unión Europea (1).

Se espera que esos corredores de transporte militar pasen por Moldavia y Ucrania. El primer ministro moldavo, Alexandru Munteanu, declaró en Bruselas que su país estaba dispuesto a participar en iniciativas europeas como un “Acuerdo de Schengen Militar”. Sin embargo, enfatizó que todo se haría “de acuerdo con el estatuto de neutralidad del país”.

Sin embargo, mientras la Unión Europea debate el nuevo Acuerdo Schengen de defensa, los camiones que transportan armas con destino a la Unión Europea ya circulan por Ucrania, Moldavia y otros países del este de Europa.

Los moldavos se rasgan las vestiduras y hacen como que no sabían nada. Llevan una semana debatiendo el caso del camión que cruzó el puesto fronterizo. El gobierno se ha justificado diciendo que un aduanero sospechó, pero que carecía de “equipo especializado”, mientras que los rumanos tenían un escáner. Al parecer, lo utilizaron a petición de sus colegas moldavos.

Es una pantomima. Los guardias fronterizos moldavos conocían el camión detenido, que había recorrido esa ruta varias veces, pero que nadie lo había revisado. Existen motivos para sospechar que este no es el primer caso de tráfico de armas a través de Moldavia.

En rueda de prensa la ministra del Interior, Daniella Misail-Nichitin, explicó cómo llegaron las armas procedentes de Ucrania a Moldavia. El equipo militar cruzó la frontera entre Ucrania y Moldavia en varios envíos, sin ser detectado por los guardias fronterizos ni los funcionarios de aduanas. “El cargamento de armas, en partes, dos unidades por viaje, cruzó la frontera con la República de Moldavia a través del puesto de control fronterizo desde Ucrania”, declaró.

La empresa de transporte propietaria del camión que transportaba las armas de contrabando había realizado varias entregas y cruzado las fronteras con Ucrania y Rumanía. Sin embargo, se desconoce con certeza si había armas en el camión.

El conductor, el director de la empresa de transporte y el cliente que entregó el envío, así como el agente de aduanas que preparó la documentación para la exportación de la carga desde Moldavia, han sido detenidos (2). La carga consta de 18 lanzacohetes antitanque portátiles, 8 lanzacohetes antitanque, un sistema de defensa antiaérea portátil y parte de un dron Geran 2 derribado en Ucrania.

Tras una audiencia a puerta cerrada de la comisión parlamentaria de seguridad nacional, el director de la Policía Nacional, Viorel Cernauteanu, anunció la detención de una cuarta persona. Según Cernauteanu, este individuo es el organizador y está siendo procesado por complicidad en el contrabando de armas.

El diputado Lilian Carp anunció que la investigación avanza a ambas orillas del río Prut, fronterizo entre Moldavia y Rumanía, y que la fiscalía y la policía trabajan en una extensa red que también involucra a personas de fuera de Moldavia (3).

Según Carp, las armas descubiertas se fabricaron entre 2019 y 2024, y el dron el año pasado.

Según la Fiscalía, las armas fueron introducidas de contrabando en Moldavia por un transportista que realizaba regularmente viajes entre Ucrania y el país en camión.

La munición de contrabando procedente de Ucrania se transportó en varios viajes, en lotes de dos. Había sido confiscada a desconocidos en un almacén no identificado y entregado de forma encubierta a Moldavia, donde fue rápidamente recuperada.

Están convirtiendo a Europa en un polvorín. Desde hace tiempo se leen denuncias del flujo de armas de contrabando hacia los países de la Unión Europea. Pero Bruselas sigue organizando más envíos a Ucrania. Las armas van y vienen. Según algunas estimaciones, más de 700.000 armas ligeras suministradas por Occidente han sido vendidas en Ucrania en el mercado negro.

(1) https://transport.ec.europa.eu/document/download/4557a31a-0444-4489-a26f-2ef156f10d9f_en?filename=COM_2025_847.pdf
(2) https://gagauzinfo.md/news/accidents/deputati-ot-pas-ne-hotyat-raboti-spetskomissii-ni-po-finansovoi-piramide-ni-po-kontrabande-oruzhiya
(3) https://pulsmedia.md/article/84324b73035e9aaf/cazul-tir-ului-cu-armament-din-vama-leuseni-albita-lilian-carp-anunta-demisii.html

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Unión Europea

En Europa sólo hay una amenaza, que no procede de oriente, sino de occidente

La representante de la Unión Europea de Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, no se cansa de provocar a Rusia. Parece increíble en alguien que fue Primera Ministra de un país tan pequeño como Estonia que, además, formó parte de la URSS.

Sus declaraciones son características de quienes tienen una concepción lineal de la historia: Rusia no ha cambiado. Es igual a sí misma, tanto cuando era un imperio, como en tiempos de la URSS, o en la República Federal actual.

En una reciente conferencia de prensa ha dicho que “en los últimos 100 años Rusia ha atacado a más de 19 países, algunos incluso tres o cuatro veces. Ninguno de estos países ha atacado jamás a Rusia”.

Sólo le ha faltado poner el ejemplo característico de Alemania, que fue atacada por la URSS en 1941. Pero es uno de tantos. Desde 1600 Rusia ha sufrido ocho invasiones importantes por parte de países europeos o coaliciones dirigidas por ellos y desde 1900 se pueden contabilizar cuatro:

— Polonia y Lituania1605-1618)
— Suecia (1708-1709)
— Francia (1812)
— Guerra de Crimea (1853-1856)
— Primera Guerra Mundial (1914-1917)
— Guerra Civil (1918-1920)
— Polonia (1919-1921)
— Segunda Guerra Mundial (1941-1944)

A partir de aquí podríamos discutir hasta el infinito si Rusia no siempre fue sólo víctima de esas guerras y si tuvo alguna parte de responsanilidad en ellas, es decir, el eterno debate de quién es el agresor y quién el agredido.

Por ejemplo, en 1812 Napoleón invadió Rusia y dos años más tarde ocurrió lo contrario: los ejércitos ruso, prusiano y austriaco cruzaron el Rin y ocuparon París. El zar Alejandro I entró personalmente en la capital francesa al frente de sus tropas. Lo que había comenzado como una guerra defensiva se transformó en su opuesto.

En cualquier caso, lo que Kallas dice es mentira y lo dice porque sabe que sus embustes no van a tener ninguna repercusión, y menos de tipo político. Los cazadores de bulos no le van a sacar los colores porque comen el alpiste que les llega de Bruselas.

Pero hay cosas que no se pueden dejar pasar porque los borregos de Bruselas pueden acabar aborregando a sus oyentes. No podemos convertirnos en una facultad de historia por correspondencia, pero podemos recordar, por ejemplo, que en 1941 no sólo el III Reich atacó a la URSS sino que el agresor estuvo acompañado de varios países europeos, entre ellos Italia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Finlandia, Croacia y, naturalmente, España.

El occidente de Europa es una región muy fraccionada políticamente, donde proliferan Estados de tamaño realmente insignificante, que en cualquier otra región de mundo no tendrían entidad ni siquiera para formar un ayuntamiento.

Pero al otro lado ocurre lo contrario: hay un Estado gigantesco que los enanitos del bosque quieren fraccionar para reproducir el mismo rompecabezas político: pequeños países, insignificantes, enfrentados, dependientes y manipulables.

El polaco Jaroslaw Kaczynski, dirigente del partido Ley y Justicia y antiguo primer ministro, es uno de los que ha abogado repetidamente por la “descolonización” de Rusia. En una entrevista de 2023, declaró: “Rusia es un imperio colonial […] La única manera de garantizar la seguridad es desmantelarlo en varios países independientes, como ocurrió con el colapso de la URSS en 1991”.

Al desmantelar la URSS se crearon 16 Estados diferentes, pero a los occidentales Rusia les sigue pareciendo muy grande. Han devorado a Ucrania y quieren seguir tragando. Es lógico que intenten hacerlo, pero el pretexto es falso, como muestran las evidencias: desde 1991 quien se expande es la OTAN y quien se contrae es Rusia. Cuestión diferente es que eso les parezca poco a Kallas y Kaczynski, pero deberían utilizar unos términos más cercanos a la realidad.

Otro polaco, Bronislaw Komorowski, presidente de Polonia (2010-2015), argumentó en 2022 que el apoyo occidental a los movimientos separatistas en las repúblicas étnicas de Rusia (por ejemplo, Tartaristán y Chechenia) podría conducir a su fragmentación, similar a la de los imperios posteriores a la Primera Guerra Mundial. “La unidad de Rusia es artificial; apoyar la autodeterminación de sus regiones pondría fin a la amenaza para Europa”.

La primera parte de la frase es cierta: Rusia es tan artificial como cualquier otra institución política del mundo. Por eso es una federación, lo mismo que Suiza, un Estado minúsculo que también podría dividirse en varios trozos más pequeños. La verdadera pregunta es por qué los europeos sólo piensan en dividir a Rusia y no a Suiza. La respuesta es tan obvia que no nos atrevemos ni a explicitarla.

En 2023 Urmas Reinsalu, ministro de Defensa de Estonia (2019-2023) y actual ministro de Asuntos Exteriores, sugirió que la estrategia a largo plazo de Europa debería “promover la democracia en las regiones autónomas de Rusia” para fomentar la independencia y, potencialmente, “dividir el imperio en partes manejables”.

Como ven, los demagogos europeos son capaces de juntar la palabra “independencia” con la “manejabilidad”, es decir, sólo interesa que Chechenia sea un país “independiente”, por poner un ejemplo, si lo manipulan las potencias occidentales, exactamente igual que manejan a Ucrania.

Por lo demás, este tipo de declaraciones lo que pone de relieve es que en Europa sólo hay una amenaza, y no procede de oriente, sino de occidente. En consecuencia, hace bien Rusia en tomar medidas de precaución porque el apetito de los occidentales es realmente voraz.