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Categoría: Salud (página 84 de 88)

El fraude de la pandemia comienza a salir a la luz en varios países del mundo

Las pruebas de que los responsables de la ley marcial sabían desde el principio que la pandemia era una farsa, se acumulan un día tras otro en diferentes países del mundo.

Empiezan las filtraciones y con ellas empieza a llegar un poco de luz que confirma lo que venimos diciendo desde el principio.

El martes el doctor Alexander Myasnikov, responsable de la información sobre el coronavirus en Rusia, concedió una entrevista a la antigua candidata presidencial Xenia Sobchak y cuando creyó que la entrevista había terminado y que la cámara estaba apagada, exclamó:

“Todo esto es una chorrada […] Es exagerado. Es una enfermedad respiratoria aguda con una mortalidad mínima […] ¿Por qué se ha paralizado todo el mundo? No lo sé” (1).

En Dinamarca el fiasco es aún peor y posiblemente acabe con la carrera política de la Primera Ministra, Mette Frederiksen, a la que pueden procesar por engañar al Parlamento para aprobar el confinamiento y mentir en las ruedas de prensa.

El periódico danés “Politiken” ha obtenido los correos electrónicos de las instituciones sanitarias encargadas de la salud pública, en los que manifiestan su desacuerdo con las medidas del gobierno sobre el confinamiento (2). Por el contrario, Frederiksen dijo que lo había ordenado por recomendación de los científicos.

Primero el gobierno presionó a los científicos para inflar el peligro del coronavirus y justificar la cuarentena. Cuando fracasó dijo que actuaba siguiendo sus recomendaciones.

En un correo electrónico del 15 de marzo se lee: “La Autoridad Sanitaria danesa sigue considerando que el covid-19 no puede describirse como una enfermedad generalmente peligrosa, ya que no suele tener una evolución grave ni una alta tasa de mortalidad”.

A los científicos daneses los castigaron como a los niños por su indisciplina. El Parlamento danés aprobó una ley de emergencia que, entre otras cosas, redujo las facultades de la burocracia sanitaria danesa de una “autoridad reguladora” a una mera “autoridad consultiva”.

En Alemania la revista de medios alternativos “Tichys Einblick” publicó el 9 de mayo un informe titulado “Análisis de la gestión de la crisis” encargado por el Ministerio del Interior alemán (3).

Las conclusiones científicas fueron ignoradas por el gobierno, lo que llevó a uno de los autores a filtrarlo por los canales alternativos. El informe completo está disponible en internet, tanto en alemán como en inglés (4) y es una lectura muy recomendable. Las conclusiones fundamentales se pueden resumir en tres puntos:

1. Se ha sobrestimado la peligrosidad del coronavirus: probablemente en ningún momento el peligro que representa ha superado los niveles normales
2. El peligro no es obviamente mayor que el de muchos otros virus. No hay pruebas de que haya sido algo más que una falsa alarma
3. Durante la crisis, el gobierno alemán ha demostrado ser una de las mayores fuentes de noticias falsas

A partir de la filtración, el responsable de la misma ha comenzado a ser linchado por las cadenas de intoxicación implacablemente y le han suspendido de su cargo, pero junto con los demás autores del informe, han publicado una declaración conjunta en la que piden al gobierno que responda a sus conclusiones.

Estamos, pues, en ese punto en el cual algunos comienzan a darse cuenta de que el peligro se ha exagerado. El problema llegará después, cuando se den cuenta de que no había tal peligro.

(1) https://www.youtube.com/watch?v=6CpI22QJ07Q ttps://www.themoscowtimes.com/2020/05/27/its-all-bullsht-russias-coronavirus-information-chief-says-of-virus-fears-a70398
(2) https://politiken.dk/indland/politik/art7796276/Statsministeren-fastholder-at-myndigheder-anbefalede-nedlukning https://www.thelocal.dk/20200529/leaked-emails-show-how-denmarks-pm-steam-rollered-her-own-health-agency/amp
(3) https://www.tichyseinblick.de/daili-es-sentials/exklusiv-auf-te-ein-vorwurf-koennte-lauten-der-staat-hat-sich-in-der-coronakrise-als-einer-der-groessten-fake-news-prod
(4) https://off-guardian.org/wp-content/medialibrary/Dokument93.pdf?x10376 https://www.strategic-culture.org/news/2020/05/29/german-official-leaks-report-denouncing-corona-as-global-false-alarm/

Más información:

– Dossier coronavirus
– ‘El confinamiento es la estafa sanitaria del siglo XXI’, asegura Zelmat en un artículo científico
– La OMS pone a Suecia como ejemplo de tratamiento modélico de la pandemia por no imponer el toque de queda
– La OMS reconoce, por fín, que los tests dan falsos negativos y también falsos positivos
– El término ‘pandemia’ fue sinónimo de corrupción hasta hace muy poco tiempo
– El coronavirus no se contagia por contacto con objetos, según el último informe de la OMS

¡Abajo las máscaras!

Quienes no son capaces de diferenciar entre la ciencia y las instituciones de todo tipo que hablan en su nombre, tienen un serio problema porque a menudo esas instituciones entran en contradicción unas con otras y no es fácil decidir si unas unas son científicas y las otras no.

Por ejemplo, la OMS está en contradicción con el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) sobre el uso de mascarillas. Las OMS llegó a decir que “no existen pruebas científicas que avalen que las [mascarillas] fabricadas con materiales sintéticos sean realmente eficaces ante el coronavirus”.

Otras pueden ser contraproducentes, convirtiéndose en un “foco infeccioso”, añadía la OMS.

Los diferentes tipos de mascarillas podrían llenar las estanterías de un supermercado y la OMS no recomienda el uso de determinados tipos de ellas.

Si a ello añadimos quién se las debe poner, cuándo se las debe poner o durante cuánto tiempo, el universo de las mascarillas da para reseñar una amplia bibliografía. La postura de la OMS al respecto es clara y obvia: “no existe una única evidencia sobre el uso de las mascarillas” (1).

En una rueda de prensa el director del organismo internacional propuso alentar “a aquellos países que están considerando el uso de mascarillas entre la población en general que estudien su efectividad”.

En plena pandemia Tedros Adhanom Ghebreyesus admitía que no sabían nada sobre este asunto que debían aprender sobre la marcha.

En Estados Unidos los CDC tienen sus propias normas sobre los distintos tipos de mascarillas (2).

En Europa el ECDC asegura que las mascarillas de tela son menos protectoras que las quirúrgicas porque la penetración de virus es alta, es decir, porque no sirven para nada.

Es más, dichas mascarillas aumentan el riesgo de infección debido a la humedad, la difusión de líquidos y la retención del virus, añade el ECDC.

Los organismos científicos suelen cambiar de opinión de un día para otro por muy diversas razones que, en ocasiones, están lejos de ser transparentes. Por ejemplo, el 9 de abril el ECDC cambió de opinión sobre el uso de mascarillas y publicó un informe para justificarse a sí mismo (3).

Sin embargo, aquel día la ciencia no cambió. No se había descubierto nada nuevo, ni se habían publicado nuevas investigaciones.

No había cambiado nada. Como todos sabían, estaba claro que las mascarillas no sirven para nada y así lo admite la letra pequeña del informe, si se lee con un poco de atención.

Las mascarillas, dice el informe, se usan mucho en los países asiáticos por pura costumbre y nunca han servido de protección frente a la gripe.

Como es obvio, tampoco les sirvió de nada frente al coronavirus, ya que intervienen otros factores, añade dicho informe.

En conclusión, al principio el ECDC no recomendaba el uso obligatorio a toda la población, sino sólo a los trabajadores sanitarios y a los enfermos con síntomas. El cambio consistió en ampliar la recomdanción a los asintomáticos, cuando en una determinada localidad se hubieran detectado muchos casos positivos asintomáticos.

El informe decía que las mascarillas “no sustituyen a las medidas preventivas”, sino que son “una protección añadida y complementaria”.

En España inicialmente tampoco estaba recomendado su uso y no las podían recomendar porque no había suficientes para todos. “El gobierno no puede exigir nada a la ciudadanía que no esté en condiciones de cumplir”, dijo el Ministerio de Sanidad.

La ministra de Hacienda y portavoz del gobierno, María Jesús Montero, dijo que la imposición de las mascarillas a toda la población dependería “de la evolución de la pandemia”, lo cual era absurdo si la cifra de “infectados” remitía durante la desescalada: si se había reducido el número sin ella, estaba claro que en lo sucesivo no serviría para nada.

Por lo demás, Montero hablaba de “recomendación” y no de imposición obligatoria, que es lo que finalmente decidió el gobierno del PSOE y Podemos. No han seguido al ECDC en su cambio de criterio. Han hecho las cosas al estilo fascista de toda la vida: imponiendo la mascarillas a todos y de manera obligatoria.

Las mascarillas también han llegado para quedarse como uno de los primeros fetiches del siglo XXI. Las ampliación del mercado ha creado innovaciones y nuevos diseños para todos los gustos. Las casas de moda preparan pases de modelos de mascarillas, tanto para señora como para caballero, tanto para niñas como para niños.

(1) https://www.consalud.es/pacientes/especial-coronavirus/sanidad-recomienda-generalizado-mascarillas-espacios-publicos_77403_102.html
(2) https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/hcp/ppe-strategy/face-mask.html
(3) https://www.ecdc.europa.eu/en/publications-data/using-face-masks-community-reducing-covid-19-transmission

El ‘doctor confinamiento’ dimite por romper el confinamiento para echar una canita al aire

Volvemos a rebobinar el culebrón en donde lo dejamos, cuando el Imperial College de Londres fabricó uno de esos modelos informáticos de última generación para asustar al mundo entero e imponer el confinamiento a fin de evitar millones de muertos.

Dijimos que el artífice de aquella tonteoría era el doctor Neil Ferguson, un sujeto que lleva en su pecho muchas medallas académicas y distinciones, entre ellas la de cobrar de Bill Gates.

En Gran Bretaña a Ferguson le llaman “doctor confinamiento” y el montaje iba bien hasta que tuvo que dimitir por no respetar el confinamiento.

Ya saben Ustedes cómo va esto: las normas son para que las cumplan los demás, los de a pie. “Consejos vendo y para mí no tengo”.

Ferguson no sólo utiliza el ordenador para para fabricar tonteorías apocalípticas, sino también para ligar y así es como conoció a Antonia Staats, a quien invitó a pasar una dulce velada, olvidando las estrictas normas de confinamiento que han aprobado para el resto de los mortales.

¿Puso Ferguson en peligro su vida o sabe que el confinamiento no sirve para nada?, ¿qué opinan Ustedes al respecto?, ¿se imaginan a Fernando Simón echando una canita al aire?

Los que nos burlamos del confinamiento hemos sido tachados de irresponsables, pero ¿qué debemos decir ahora de quien lo ha impuesto?, ¿realmente Ferguson cree en el modelo epidemiológico que ha inventado o sabe que es una comedia?

Esta historia de amor epidemiológico no ha hecho más que empezar y la repugnante prensa británica se frota las manos cada día con el culebrón.

Algunos dicen que el gobierno de Boris Johnson no quiere asumir el fiasco de un modelo que no ha acertado ni una y de esta manera se han quitado de enmedio a Ferguson, arrojándole a los pies de los caballos.

Los gobiernos utilizan a los científicos como Ferguson a la medida de sus necesidades políticas y se deshacen de ellos de la misma manera, como si fueran piojos.

Lo bueno del escándalo, que fuera de Gran Bretaña permanece en un discreto silencio, es que está destapando algunos de los entresijos políticos y económicos de la pandemia.

Como el resto del mundo, el gobierno británico se enfrentaba a una crisis de superproducción sin precedentes que sólo se puede paliar con una destrucción masiva de fuerzas productivas.

De ahí vienen todas esas metáforas entre la pandemia y la guerra, que durante el siglo XX fue el medio fundamental de destrucción. La pandemia tiene algunas ventajas sobre la guerra. La primera es que crea una cortina de humo en torno a virus, enfermedades y tratamientos. La segunda es que no causa muertes sino que las evita.

El modelo de Ferguson pronosticaba medio millón de muertos que el confinamiento ha salvado y, en lo sucesivo, los que van a escribir la historia son los que se han librado de la muerte, así que lo más probable es que estén aliviados y agradecidos al gobierno de Johnson.

Serán los dos mantras de los portavoces del imperialismo en el futuro: la culpa de la crisis es del coronavirus (y de China) y hemos salvado cientos de miles de vidas gracias al confinamiento.

Los reformistas venderán la moto con su consigna de que “la salud está por encima de la economía”.

Los unos (capitalistas) y los otros (reformistas) ocultarán que por primera vez se han empezado a tomar decisiones a gran escala no en base a experiencias y datos contrastados del pasado, que es la única manera en la que se puede hablar de ciencia, sino sobre previsiones de lo que puede ocurrir en el futuro y que, por cierto, nunca ocurre.

Más información:
– Bill Gates financió el diseño del modelo epidemiológico fraudulento de coronavirus utilizado en Gran Bretaña y Estados Unidos

La peste negra y cien años de guerra

Si los libros de microbiología nunca relacionan la pandemia de gripe española de 1918 con la Primera Guerra Mundial, tampoco hacen lo propio entre la peste negra del siglo XIV con la Guerra de los Cien Años.

La peste negra se estudia en las Facultades de Biología (o de Medicina) y la Guerra de los Cien Años en las de Historia. No obstante, lo más probable es que a los estudiantes no les cuenten ni una cosa ni la otra porque en caso contrario harían algo más que alcanzar un título: aprenderían.

Sin embargo, hasta los Evangelios relacionan ambas cosas, las guerras y las epidemias, que, junto con el hambre y la muerte forman los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. En consecuencia, quien quiera saber lo que es la epidemia y la muerte, deberá asociarlas a los otros dos jinetes: la guerra y el hambre.

Por introducir un factor de modernidad en el relato, habría que añadir el quinto jinete, que fue el cambio climático, una drástica caída de las temperaturas, denominada Pequeña Edad de Hielo (1), que provocó malas cosechas, carestía y una hambruna generalizada que se prolongó en el tiempo.

Todos los ingredientes, pues, se reunieron en el mismo cóctel, aunque, por sí mismas las batallas, no causaron grandes estragos entre la población. Lo peor fueron los “efectos secundarios” de la misma, tales como las requisas fiscales, los saqueos, el pillaje y las destrucciones de las cosechas por los ejércitos y las bandas de mercenarios que camparon a sus anchas.

La peste negra asoló Europa entre 1347 y 1352, hasta el punto de que su aparición impuso una tregua en la guerra: el Pacto de Calais. El historiador alemán J.F.C.Hecker escribió en 1832 el libro de referencia sobre la pandemia que tiene muchas connotaciones con la actual, no sólo por su concepción catastrofista y apocalíptica, sino porque consideraba que marcaba un antes y un después en la evolución europea.

Los Fernando Simón de entonces hicieron el mismo ridículo que ahora. Los médicos de la Universidad de París creían que se debía a un cierto alineamiento de los planetas.

En Florencia consideraban que era una zoonosis procedente de los gatos y los perros, por lo que procedieron a sacrificar a los animales en masa.

Muchos médicos practicaron sangrías a los enfermos, lo cual fue contraproducente porque los debilitaba aún más, e incluso mataron a muchos de ellos.

Otros preconizaban los baños calientes, la abstinencia sexual o brebajes elaborados con sangre de víbora.

Hubo quien recomendó quemar maderas fragantes en las viviendas para purificar el ambiente, que se creía el causante de la plaga.

La histeria provoca fanatismo y, ante una muerte inminente, hubo quien convocó grandes comilonas, botellones y orgías colectivas.

Los más enloquecidos partieron a viajar de un lado para otro, flagelándose en público para expiar sus pecados y obtener el perdón divino.

Los curas organizaron procesiones religiosas y rezos colectivos en público.

Los cristianos acusaron a los “sarracenos”, o sea, a los árabes, de haber exportado la peste a Europa.

Los mendigos y los leprosos también fueron acusados de envenenar los pozos de agua potable, produciéndose linchamientos.

Pero cuando se trata de buscar culpables, los judíos suelen llevar la peor parte. La peste negra marca el inicio del antisemitismo, lo que provocó feroces matanzas. Las primeras persecuciones estallaron en 1348 en Tolón, donde 40 judíos fueron asesinados.

Para impedir el exterminio, el papa Clemente VI tuvo que publicar dos bulas eximiendo a los judíos de sus pecados.

Algunas casas, e incluso localidades enteras, fueron tachadas como focos infecciosos, prohibiendo que sus moradores salieran de ellas, es decir, aparecieron los primeros confinamientos forzosos. En Milán incendiaron las viviendas marcadas con sus habitantes dentro.

Durante décadas los “expertos” han pregonado a la peste negra como “una enfermedad del pasado”, hasta que en 2017 la realidad les puso en su sitio: estalló una fuerte epidemia de peste en Madagascar (2) y la OMS la declaró como una enfermedad “reemergente”.

A pesar del tiempo transcurrido, la peste sigue sin estar bien definida en términos médicos. Es casi seguro que no hubo una única peste sino varias diferentes, las principales de las cuales fueron la peste bubónica y la neumónica, una enfermedad respiratoria parecida a la actual.

Parece bastante evidente que varias enfermedades no se propagan de un sitio para otro sino que brotan en varios sitios distintos y tienen sus propios cuadros clínicos diferenciados.

Hace 100 años un médico suizo, Alexander Yersin, descubrió un bacilo que lleva su nombre, Yersinia pestis, al que hoy se atribuye la causalidad de la peste. Yersin investigó la mayor parte de su vida viajando por Asia. Está enterrado en Vietnam y acabaré esta entrada con una frase suya que marca lo que va de ayer a hoy:

“Me gusta cuidar a los que vienen a pedirme consejo, pero no quisiera hacer de la medicina una profesión, es decir, nunca podría pedirle a un paciente que me pagara por los cuidados que le puedo proporcionar. Considero que la medicina es un sacerdocio y un apostolado”.

(1) https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/43/posts/el-origen-de-la-peste-en-europa-el-cambio-climtico-12984
(2) http://doi.org/10.1016/S1473-3099(18)30730-8

Llena tu cabeza de datos y vete cambiándolos sobre la marcha

1. Las histerias empiezan con las previsiones terroríficas de un ordenador

Mientras a los científicos no les impidan jugar con los ordenadores, las tonteorías no se acabarán nunca.

Los charlatanes científicos del estilo del Imperial College de Londres encienden el ordenador, ponen en marcha sus modelos informáticos y muestran una curva que causa espanto: el virus causará millones de muertos. La humanidad va a quedar diezmada.

Empiezan las comparaciones históricas. Será peor que la gripe española de hace 100 años. Unos países se comparan con otros. Unas pandemias se comparan con otras para que veamos que ésta es la peor de todas.

Los datos hay que acompañarlos de imágenes. En Bérgamo hay tantos muertos que los servicios funerarios no dan abasto. Tienen que llamar al ejército y la foto muestra a los camiones militares en fila repletos de ataúdes.

En Nueva York abren fosas comunes para enterrar a los muertos porque son tan numerosos que no caben en los cementerios.

En Guayaquil los féretros llenan las calles. No tienen tiempo de enterrar los millones de cadáveres.

Los enfermos colapsan los hospitales. Las imágenes los muestran tirados por los pasillos. En primera línea, los sanitarios trabajan noche y día para hacer frente a la avalancha.

2. ‘No nos pasamos por exceso sino por defecto’

Los que mienten y muestran cifras falsas de la pandemia no son las democracias, como la nuestra, sino las dictaduras, como Rusia y China, que siempre mienten porque reducen el número de muertos y contagiados.

Pero las democracias hacen lo mismo que Rusia y China: también reducen las cifras porque los tests dan muchos falsos negativos. Nos quedamos cortos; el contagio es mucho mayor del que pensábamos.

Si la práctica no confirma la teoría, mucho peor para la práctica. Los datos no eran exagerados. No se están contando todos los muertos. Faltan los de los asilos y los que han muerto en sus casas.

En medio de una pandemia, ¿quién pregunta por la causa de una muerte? No se hacen autopsias y los cadáveres se incineran rápidamente, no sea que alguien se ponga a rebuscar…

La contabilidad está remunerada. En Estados Unidos si un hospital no imputa algún muerto al coronavirus, se queda sin subvención.

La enfermedad de Kawasaki, propia de los niños, se “asocia” al coronavirus, propio de viejos. En el galimatías, el NL63 se reconvierte en HCoV-NL63, aunque la causa de la enfermedad de Kawasaki es “desconocida”, dice la Wikipedia.

El circo no se agota nunca. Ha surgido el invento de los “supercontagiadores”. Unos apestados no contagian nada, pero otros contagian mucho.

3. ‘De acuerdo: las siniestras previsiones no se han cumplido, pero ha sido gracias a nuestra rápida intervención’

El confinamiento ha evitado que las cifras de muertos alcancen los 300.000, ha dicho Sánchez. ¿Cómo lo han calculado? Con un ordenador. Es el mismo ordenador con el que empezó todo porque es el único que nos da las cifras que necesitamos.

El confinamiento no mata, lo único que mata es el virus.

Es otro caso del “mal menor”. Hay que elegir entre lo malo y lo peor.

En la pandemia hay una oveja negra, Suecia, que juega el papel habitualmente reservado a Corea del norte. Sin necesidad de confinamiento, las cifras son homologables.

4. ‘Habrá un rebrote, una segunda ola’ (los científicos han vuelto a encender el ordenador)

La pandemia ha llegado para quedarse. Ya hay “pequeños rebrotes”, dice Fernando Simón. Habrá segundas y terceras olas. Aparecerá un “nuevo coronavirus”.

Debemos tener cuidado. Mantengamos la distancia social. No seamos irresponsables. Se acabaron los besos y abrazos. Pongámonos la mascarilla y los guantes de fregar.

Queda mucho por hacer. Las empresas deben exigir a los trabajadores que presenten un certificado de estar limpios de coronavirus. Aparecerá un mercado negro de certificados médicos emitidos por laboratorios.

Hay que desinfectar periódicamente las calles, aunque la OMS haya dicho que es contraproducente.

Hay que instalar cámaras de videovigilancia, térmicas, de reconocimiento facial,

Hay que poner los drones en funcionamiento.

Hay que instalar los programas de rastreo en nuestros móviles para controlar a las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Suecia: no es que las previsiones sean erróneas,
sino que son un fraude total

El remedio africano contra el coronavirus es un mal trago para la Organización Mundial de la Salud

Para quienes nunca siguen las noticias africanas, rebobinamos el culebrón del enfrentamiento entre Madagascar y la OMS. Hasta ahora hemos contado que varios países africanos, entre ellos Madagascar, han expulsado a la OMS de su suelo.

También hemos contado la historia de la quina y sus múltiples derivados, cuyo origen está en los indígenas americanos y que fue pirateada por los europeos, entre ellos los jesuitas, que la han utilizado como remedio farmacológico desde hace 400 años.

Madagascar ha patentado un derivado de la quina, llamado CVO, como fármaco antibacteriano que, al mismo tiempo, tendría también efectos antivirales, por lo que en medio de una pandemia resultaría un éxito comercial. Al menos eso es lo que ellos creen.

La OMS ha saboteado la distribución de CVO porque no ha sido probado siguiendo los cánones clínicos que son aceptados por las grandes potencias colonialistas antes de comercializar un medicamento.

Como consecuencia de ello, el Presidente de la isla africana, Andry Rajoelina, ha expulsado a los funcionarios de la OMS del país y ha llamado a otros países del continente a que hagan lo propio.

No obstante, el miércoles el Presidente malgache mantuvo una videoconferencia con el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, que acabó en una tregua.

Según Rajoelina, la OMS se comprometió a realizar pruebas de laboratorio sobre la eficacia antiviral de la CVO, cuya fórmula magistral entregarán al organismo, previa firma de  “una cláusula de confidencialidad”.

Los africanos temen que vuelva a reproducirse la piratería a la que son tan aficionados los colonialistas y cuyo truco es ampliamente conocido: los remedios caseros no curan nada (son brujería), pero por si acaso se lo llevan a casa y acaban patentándolo y comercializándolo ellos mismos con otros nombres.

En una entrevista pública a las cadenas colonialistas, Rajoelina ha afirmado que el CVO no ha sido aprobado aún por su origen africano, es decir, porque su patente no está en poder de las multinacionales farmacéuticas.

El Presidente malgache se ha quedado corto: el CVO no ha sido respaldado porque el colonialismo sigue a pleno rendimiento en África, en este caso bajo la forma de una sustitución de la medicina autóctona (calificada de anticientífica) por la medicina colonial (calificada de científica).

El acuerdo con la OMS significa que Madagascar formará parte de lo que llaman “Ensayo de Solidaridad”, una iniciativa para demostrar la eficacia de tres remedios antivirales africanos.

“Sobre la base de estudios de laboratorio, en animales y clínicos, se seleccionaron las siguientes opciones: remediavir, lopinavir/ritonavir con interferón beta-1a, y cloroquina o hidroxicloroquina”, dice la página web de la OMS.

¿Cuál es el futuro que le espera al CVO? Hemos consultado el tarot, que nos dicen lo siguiente:

El CVO no va a pasar las pruebas clínicas, por lo que será despreciado como la típica santería africana.

Si pasa las pruebas, las multinacionales farmacéuticas se apoderarán de la patente, lo comercializarán por todo el mundo en garrafones de cinco litros.

Si el CVO tiene que competir con antivirales, como el remdesivir de la multinacional Gilead, a los consumidores se les planteará una disyuntiva: o bien optan por una mercancía africana o bien por una mercancía “made in USA”.

Ningún país va a poner en las etiquetas que el CVO ha pasado las pruebas clínicas, mientras el remdesivir es un pucherazo del canalla de Fauci y sus secuaces.

Más información:
– Todo lo que Usted siempre quiso saber sobre la hidroxicloroquina, el brebaje favorito de Trump
– Tras Tanzania también Burundi expulsa a los miembros de la OMS
– El Instituto Pasteur reconoce que infló las cifras reales de ‘contagiados’ de coronavirus en Madagascar
– Madagascar no vacunará a la población contra el coronavirus (de momento)

Todo lo que Usted siempre quiso saber sobre la hidroxicloroquina, el brebaje favorito de Trump

La pandemia ha metido al mundo en un gran cursillo de farmacia en el que hemos aprendido términos tan complicados como “hidroxicloroquina”, el brebaje que toma Trump a pesar de que no padece ninguna enfermedad (lamentablemente).Para simplificar nosotros hablaremos sólo de “quina” o “quinina” porque es más fácil y nos resulta mucho más familiar: en España, sobre todo en la posguerra, a los niños españoles también les suministraban “quina” de marcas comerciales como Santa Catalina, San Clemente o Sansón para paliar la desnutrición. También hoy las bebidas tónicas, normalmente carbonatadas, tienen quina.

Pero hasta hace muy pocos años se fabricaban vinos y bebidas alcohólicas con quina, incluso para los niños, que los médicos recomendaban como parte de una dieta sana. En los setenta, los anuncios de la quina en la televisión española causaron furor entre los niños.

Desde el principio de la pandemia, en Francia hay una batalla mediática acerca de su empleo para “combatir” al feroz coronavirus, de la que aquí no nos hemos enterado porque para eso están las grandes cadenas de incomunicación.

Pero con Trump todo ha cambiado, y a los farmacéuticos hispanos les ha faltado tiempo para decir que las terapias con derivados de la quina no están contrastadas científicamente (bla, bla, bla, bla, bla, bla) y lo que es peor: tienen contraindicaciones. Creemos entender que es el único fármaco que tiene efectos secundarios…

A los científicos auténticos nunca les gustó la quina porque es un remedio casero, propio de hechiceros, conspiranoicos y terraplanistas. Son unos polvos derivados de la corteza de la chinchona, “el árbol que cura la fiebre” (Cinchona officinalis). El secreto de su fabricación lo plagiaron los jesuitas en las colonias americanas en el siglo XVII. Luego se hicieron con el monopolio de la exportación antes incluso de que existieran las patentes.

Se utilizó ampliamente en Europa contra la malaria, que entonces estaba muy extendida, mucho más que ahora, a pesar de que mata a un millón de personas en el mundo cada año, cuatro veces más que el coronavirus.

Por cierto, la malaria o paludismo tampoco es una enfermedad contagiosa. La provocan algunas variedades de un parásito unicelular, el plasmodium, que se transmite a través de la picadura de la hembra del mosquito anófeles.

Durante siglos los distintos preparados del brebaje, incluidos los alcohólicos, tuvieron un enorme éxito comercial. Los holandeses lo plagiaron a los jesuitas. Cultivaron el árbol en Indonesia, que resultó una gigantesca fuente de ganancias hasta hace muy pocos años.

Fue el producto estrella de la farmacia militar. Las expediciones coloniales de las grandes potencias europeas contra el Tercer Mundo hubieran sucumbido de malaria si a las tropas no les hubieran suministrado quina.

Durante la campaña de Madagascar en 1895, la fuerza expedicionaria francesa tuvo 12 soldados muertos y 88 heridos en el campo de batalla, contra más de 5.000 muertes por enfermedad, tres cuartas partes de ellas debidas a la malaria.

Por eso Madagascar conoce muy bien la quina. No hay guerra ni ejército imperialista que no haya estado acompañado de la quina. En 1942 el Afrika Korps de Rommel se bañó en quina para combatir a los británicos en el Alamein. En 1945 el general McArthur dijo que en la Batalla de Pacífico la quina había sido más importante que los portaviones.

Progresivamente la ciencia auténtica se fue apoderando de lo que hasta entonces sólo era un conglomerado de diferentes brebajes naturales, al tiempo que introducía nuevas patentes y repudiaba los antiguos remedios porque le hacían la competencia. El pretexto es siempre el mismo: sus efectos no están corroborados por ensayos clínicos, experimentos de laboratorio y bla, bla, bla, bla, bla, bla…

La quina había recorrido 400 años y los mequetrefes quieren hacernos creer que no había suficiente experiencia terapéutica para sustituirla por los diferentes derivados que elaboran las marcas comerciales: pamaquina, mepacrina, cloroquina, mefloquina, halofantrina…

Durante la Guerra de Vietnam, las tropas imperialistas llevaban sus frascos con derivados de la quina. Los vietnamitas tuvieron que recurrir a China, que elaboraba extractos de artemisa (Artemisia annua), alguna de cuyas variedades en España se llaman “hierba de San Juan” (Artemisia vulgaris).

Hacia 1980 los chinos aislaron el ingrediente activo, la artemisinina, que hoy es el remedio antipalúdico más eficaz.

A partir de una artemisa diferente de la Artemisia annua se prepara la absenta, una bebida alcohólica muy fuerte que ingería la bohemia intelectual parisina en el siglo XIX. Los médicos militares franceses también recurrían a la absenta para tratar a los soldados que padecían malaria (al tiempo que los emborrachaban).

Si pasamos de Francia a una de sus colonias, Madagascar, el asunto cambia un poco. El mes pasado el Presidente del país africano, Andry Rajoelina, anunció que sus científicos habían desarrollado CVO, otro remedio derivado de la artemisa para tratar la malaria.

Pero además de antibacteriano, en Madagascar creen que el CVO es también antiviral y con la pandemia de coronavirus creen disponer de una fuente de ingresos. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud lo ha saboteado para que los africanos sigan dependiendo de las multinacionales farmacéuticas. El CVO es brujería, seudociencia y bla, bla, bla, bla, bla, bla…

Como ya hemos expuesto en otra entrada, el Presidente malgache ha reaccionado pidiendo a todos los países africanos que abandonen la Organización Mundial de la Salud.

Más información:
– Tras Tanzania también Burundi expulsa a los miembros de la OMS
– El Instituto Pasteur reconoce que infló las cifras reales de ‘contagiados’ de coronavirus en Madagascar
– El remedio africano contra el coronavirus es un mal trago para la Organización Mundial de la Salud
– Madagascar no vacunará a la población contra el coronavirus (de momento)

El Instituto Pasteur reconoce que infló las cifras reales de ‘contagiados’ de coronavirus en Madagascar

El Instituto Pasteur reconoce “fallos” en el análisis de las pruebas de coronavirus transmitidas a las autoridades malgaches el 6 de mayo. La Presidencia africana consideró que la cifra de 67 casos positivos era demasiado alta y cuestionó la calidad del trabajo del Instituto. Finalmente una revisión reveló que sólo había 5 casos positivos, obligando al Instituto a admitir que las muestras limpias se pudieron contaminar accidentalmente, pero sin que se sepa cuándo. Antes o después de su llegada al Instituto.

Fue el gobierno malgache quien pidió la revisión de las pruebas. De las 55 muestras que llegaron al Instituto Pasteur, sólo 5 casos positivos fueron detectados. De 67 casos positivos a 5, la diferencia es significativa: han multiplicado las cifras reales por trece.

“Una muestra con una carga viral excepcional fue capaz de contaminar toda una serie”, se justifica André Spiegel, Director del Instituto Pasteur. Una contaminación involuntaria podría haber afectado a toda la cadena, desde la recogida de muestras en el hospital hasta su llegada al Instituto. Eso condujo a falsos positivos, según Spiegel.

“Sólo hacemos pruebas con muestras que nos trae el Ministerio de Salud”, añadió Spiegel.

¿Hubo contaminación durante el transporte, que es responsabilidad de las autoridades sanitarias malgaches, o dentro del instituto?, ¿quién es el responsable?

Según el director del Instituto, la investigación interna no ha revelado ningún fallo en el proceso de diagnóstico. Asegura que se han respetado las condiciones de higiene y seguridad.

El Ministerio malgache de Salud hizo su propia investigación sobre el traslado de las muestras, aunque los resultados no se conocen hasta la fecha. Madagascar está actualmente en una tendencia ascendente: las últimas cifras muestran 283 casos positivos de coronavirus, con cero muertes.

Cualquiera que sea el responsable, las cifras son como todo lo que rodea a la pandemia: no hay por dónde cogerlas.

Siguiendo a Tanzania y Burundi, el Presidente de Madagascar, Andry Rajoelina, también ha expulsado a la Organización Mundial de la Salud del país y ha pedido a los demás países africanos que hagan lo mismo.

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Crece la resistencia africana a las vacunaciones masivas de las empresas farmacéuticas

En África la campaña contra las vacunas se extiende desde hace años. Ilustra la profunda desconfianza del Continente Negro hacia los manejos de las grandes potencias coloniales con pretextos sanitarios.

No sólo hay antivacunas en el Primer Mundo. En África no admiten que se les utilice como conejillos de indias, que se enriquezcan a su costa, que maten a cientos de ellos o que se les esterilice.

Los padres se niegan a vacunar a sus hijos, confirma el periódico La Vie Sénégalaise (1). La consigna es la resistencia, como aparece en una ilustración de Twitter que muestra a una mujer africana que amenaza con un machete a un médico blanco. El médico lleva un parche distintivo de la Unión Europea y una jeringuilla en la mano (2).

Todo comenzó con una intervención el 2 de abril de dos científicos en el canal francés de televisión LCI que propusieron realizar las pruebas de las vacunas contra el coronavirus en África (3).

Además, a los expertos se les escapó que en los tiempos de la lucha contra el Sida, ya experimentaron todo tipo de fármacos con las prostitutas (4). Los africanos servirán ahora de prostitutas.

“Estas personas hacen anuncios importantes como si no tuviéramos voz ni voto en el asunto. Es como si volviéramos a la época colonial. Personalmente, lo encuentro racista y condescendiente”, protesta la ex ministra de Justicia de Kenia, Martha Karua, en África Radio (5).

Gracias a las ONG las grandes empresas multinacionales están liquidando la sanidad africana para abrir nuevos mercados. África ha sido expoliada de todo y la sanidad no es una excepción porque la medicina está plagada de prejuicios coloniales: no hay otra medicina que la medicina que imponen las grandes potencias.

El destino de África es servir de laboratorio “in vivo”. Si el experimento funciona, se traslada a las potencias coloniales. En caso contrario, quienes mueren son los negros.

En África está vivo el recuerdo del Wouter Basson, el “Doctor Muerte” que en los tiempos del apartheid en Sudáfrica inventó 24 tipos de venenos para liquidar la resistencia contra el régimen racista (“Proyecto Coast”) (6).

(1) https://laviesenegalaise.com/lunicef-insiste-sur-la-necessite-de-vacciner-les-enfants/
(2) pic.twitter.com/k6MdyUyx2v
(3) https://www.youtube.com/watch?v=RKkryblBfuA
(4) https://www.lemonde.fr/afrique/article/2020/04/06/coronavirus-des-specialistes-francais-s-excusent-apres-leurs-propos-sur-un-test-de-vaccin-en-afrique_6035692_3212.html
(5) https://www.africaradio.com/news/coronavirus-sur-les-reseaux-sociaux-en-afrique-les-vaccins-de-la-colere-167458
(6) https://www.liberation.fr/planete/2012/05/27/afrique-du-sud-le-fantome-du-docteur-folamort_821760

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¿Dónde está el virus? No encuentran ni rastro en los envases de los productos de los supermercados

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) no ha detectado rastros de coronavirus en los envases de alimentos y productos de droguería adquiridos durante la última semana de abril en ocho cadenas (Alcampo, Carrefour, Condis, Dia, Eroski, Mercadona y Supercor) de Madrid, Barcelona, Vitoria y La Coruña.En concreto, la organización de consumidores ha analizado la presencia de coronavirus sobre la superficie de 66 alimentos y productos de droguería de gran consumo: harinas, tabletas de chocolate, bolsas de patatas fritas, barras de pan, latas de cerveza, manzanas a granel, papel higiénico, yogures, ensaladas envasadas, tortillas precocinadas, barquetas de carne y salmón ahumado.

Los resultados, obtenidos mediante pruebas genéticas PCR a partir de muestras recogidas de la superficie de los productos seleccionados, revelan la ausencia total de restos de coronavirus.

La empresas han impuesto medidas inútiles a los trabajadores de los supermercados, como el empleo de mascarillas y guantes, sólo para mantener la imagen ante los consumidores, a su vez atemorizados por la campaña de histeria.

Esperamos que la OCU envíe una copia de los análisis realizados a Fernando Simón y demás “expertos” para que en la próxima rueda de prensa nos expliquen quién ha robado los virus de las estanterías de los supermercados.

¿No decían que el virus se expande exponencialmente?, ¿por qué no ha llegado hasta los supermercados, por donde circulan miles de personas diariamente?

https://www.europapress.es/economia/noticia-ocu-no-detecta-rastros-coronavirus-envases-alimentos-supermercado-20200514121048.html

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