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Categoría: Salud (página 79 de 88)

El Senado francés investiga las muertes de ancianos encerrados y abandonados con el pretexto de la pandemia

En todo el mundo la mayor parte de las muertes atribuidas al coronavirus han sido ancianos encerrados y abandonados en asilos o en sus propios domicilios.

En el marco de la comisión de investigación sobre la atención domiciliaria durante el confinamiento, el 1 de septiembre el Senado francés llamó a declarar a Joëlle Martinaux, presidenta de la Unión Nacional de Centros Comunitarios e Intercomunitarios de Acción Social (UNCCAS), antigua teniente de alcalde de Niza y médico de urgencias.

El propio Senado ha puesto la intervención de Martinaux a disposición de quien quiera escucharla en su propia web (1), por lo que vamos a compartir algunos extractos.

“Encontramos demasiados ancianos que murieron en casa porque habían dejado de comer y beber. O simplemente, con ese famoso síndrome de deslizamiento (2), porque pensaban que la vida se iba a detener para ellos”.

“No hay justificación para poner a personas muy ancianas o con problemas funcionales en un aislamiento total. Las personas que normalmente eran independientes se han encontrado de repente demasiado aisladas porque eran desconocidas para los diversos servicios”.

“Algunas personas que eran autónomas ya no caminan porque los fisioterapeutas, que no tenían equipo de protección, han dejado de visitarlas”.

Martinaux manifiesta su sorpresa por “la imposibilidad de visitar a los ancianos en el hospital, algo inhumano en nuestro tiempo”.

Luego se refiere al tratamiento de la crisis por parte de los medios de comunicación. “El martilleo mediático cada día de que los muy ancianos van a morir es absolutamente dramático, fue el fin del mundo para ellos… Fue muy provocador para todas estas personas, y sigue provocándoles ansiedad ahora, porque hay personas que todavía no salen”.

“Hoy en día, cuando ves la información con X casos, realmente deberías especificar de qué estamos hablando […] Cuando tienes el número de casos nuevos cada día, pero ¿de qué estamos hablando? ¿Son pruebas positivas o son personas enfermas? Eso es importante. Por el momento, no está nada claro”.

Luego insiste en dar cuenta de las personas que murieron en casa. “Los informes de muertes en el hogar no se han tenido necesariamente en cuenta, y todavía no lo son”.

“Ha habido muertes relacionadas directamente con el covid, y ha habido, repito, demasiadas muertes debido al aislamiento. Se han abierto las puertas y ha habido demasiados ancianos en el suelo, algunos de ellos muertos”.

“El recuento de víctimas y muertes, creo que tiene que pasar por el registro civil, contar todas las muertes durante ese período… y luego investigar las causas de muerte y las condiciones”.

Según ella, es necesario “tener en cuenta cualquier muerte en el hogar o en la HPAE” (3), y conocer la causa. Además, “es importante señalar que las personas crónicas que no han sido hospitalizadas también son pasadas por alto. Y tenemos toneladas de ellos ahora mismo, personas con cáncer que han dejado de recibir quimioterapia durante 3 ó 4 meses. Eso es algo que no es posible”.

“No más aislamiento con el pretexto del contagio, estamos es el siglo XXI”, concluye la doctora.

¿En España? Aquí no se investiga nada porque está todo muy clarito.

(1) Resumen de la audiencia
https://www.publicsenat.fr/article/parlementaire/covid-19-on-a-trouve-trop-de-personnes-agees-decedees-chez-elles-184347

Pista de audio completa de la audiencia:
https://videos.senat.fr/video.1736798_5f4c27755d58d.table-ronde-sur-les-prises-en-charge-a-domicile

(2) En medicina se denomina “síndrome de deslizamiento” o “efecto nocebo” al fenómeno que consiste en esperar la muerte de manera pasiva o simplemente dejarse morir de abatimiento.

(3) Acrónimo de Health Professionals & Allied Employees (Profesionales de sanidad y trabajadores asociados).

La policía detiene a una mujer embarazada delante de sus hijos por convocar una protesta contra el confinamiento en Australia

La policía australiana ha detenido a una mujer embarazada en su casa, delante de sus hijos, por el “crimen” de convocar una protesta contra el confinamiento en su muro de Facebook.

La detención fue grabada en un vídeo que muestra a la policía entrando en la casa de la mujer, Zoe Buhler, y presentándole a ella y a su marido una orden de registro.

Le informan de que quedaba detenida por “provocación” y le esposan.

La mujer les explica que está embarazada y que debe hacerse una ecografía dentro de una hora, pero la policía mantiene la detención por publicar un mensaje en Facebook convocando a una manifestación contra el confinamiento.

La mujer explica que le encantaría borrar su publicación, pero uno de los policías le responde que “ya ha cometido el delito”. Luego le informa de que la orden de registro les autoriza a “incautar todos los ordenadores y todos los dispositivos móviles que tenga”.

La mujer se echa a llorar y afirma: “No me di cuenta de que estaba haciendo algo malo, es ridículo”.

No es la primera australiana a la que han registrado su vivienda y que ha sido detenida por organizar una manifestación. Dos días después, la policía detuvo también en su vivienda a James Bartolo, otro organizador de las protestas contra el confinamiento.

En Australia la ley marcial aprobada con el pretexto de la pandemia otorga a la policía la facultad de retirar a los niños de la custodia de sus padres para garantizar el cumplimiento de las normas sobre el coronavirus.

La policía de Melbourne ha anunciado que utilizará drones de vigilancia para capturar a las personas que no lleven mascarillas y para rastrear los coches y bicicletas que se desplacen a más de 5 kilómetros de sus domicilios.

También han concedido a la policía la facultad de entrar en los hogares de las personas sin una orden judicial, así como de realizar controles puntuales de cuarentena.

Mientras tanto, otro video de Australia muestra a un hombre detenido por estar en el jardín de su vecino y negarse a identificarse.

En Australia como en España, el terrorismo de Estado ya está en marcha y no sería posible sin el silencio y la complicidad de unos colectivos y medios absolutamente domesticados y serviles hasta la náusea que, para lavar sus responsabilidades, se dedican a denostar a los críticos.

https://www.youtube.com/watch?v=9D1bb2XULB8
https://www.heraldsun.com.au/news/opinion/rita-panahi/rita-panahi-heavyhanded-police-tactics-missing-at-crucial-point-of-fight-against-coronavirus/
news-story/fce47c601a51f1bdd850c0da1bb57c9a

A los estragos del confinamiento sobre la salud mental de los niños se suman los del desconfinamiento

Ghita Benjelloun, jefa del departamento de psiquiatría del Hospital Infantil Ibn Rochd de Casablanca, en Marruecos, ha presentado datos sobre el impacto del confinamiento en la salud mental de niños y adolescentes. “El cierre de escuelas asociado al confinamiento ha tenido realmente efectos extremadamente negativos. Es importante señalarlo porque si no se reanuda la escuela será aún más perjudicial para la salud física y psicológica de los niños”, explica.

“Cuando se enfrentan al estrés, los niños reaccionan de maneras muy diferentes”. “Durante el confinamiento tuvimos la impresión de que algunos niños se encontraban bastante bien y que estaban felices de estar fuera de la escuela. Este es el caso de los niños que se preocupan por la escuela, que no les gusta mucho la escuela… Pero nos sorprendió mucho durante el desconfinamiento y actualmente tener durante las consultas una bandada de niños extremadamente ansiosos, deprimidos y suicidas… que finalmente experimentaron el confinamiento con un retraso como en el estrés postraumático”, añade.

“Los niños reaccionan de manera diferente según su edad, su apego a sus padres, su capacidad de comprender y lo que se les dijo, su historial psicológico y psiquiátrico, y el lugar en el que fueron confinados”, dice Benjelloun.

La maestra explica que “el período sin escuela generó mucho miedo, ansiedad e inseguridad. El no ir a la escuela y las actividades extracurriculares causaron una pérdida de puntos de referencia, estructura y bienestar, lo que generó inseguridad. Entonces, los períodos sin escuela generalmente conducen a un aumento de peso, a horarios de sueño completamente interrumpidos y a un aumento del tiempo de pantalla frente a los videojuegos”.

¿Cómo se tradujo esto en el servicio de psiquiatría infantil en Casablanca? “En la atención ambulatoria, observamos más intentos de suicidio entre los pacientes (niños y adolescentes combinados) durante el período de confinamiento (del 21 de marzo al 10 de junio) en comparación con el período anterior al confinamiento (del 1 de enero al 20 de marzo)”, dice Benjelloun. “Y casi el mismo número de casos de violencia y trastornos del comportamiento entre los dos períodos”.

“Por otra parte, en los 20 días siguientes a la apertura, hubo tres veces más intentos de suicidio (18 casos en 20 días), tres veces más casos de violencia (13 casos) y tres veces más casos de problemas de conducta (7 casos)”, añade.

La tendencia es casi similar en lo que respecta a las hospitalizaciones. En cuanto a los adolescentes (de 12 a 18 años), la profesora Benjelloun sostiene que hubo “tantos intentos de suicidio durante el período de reclusión (del 21 de marzo al 10 de junio) como antes (del 1 de enero al 20 de marzo), el triple de casos de trastornos de conducta y el mismo número de casos de ideación suicida grave que requirieron hospitalización”.

Las cifras se dispararon tras la apertura. Los servicios del hospital de Harouchi observaron tres veces más intentos de suicidio (7 hospitalizaciones en 20 días, incluido un paciente hospitalizado dos veces), tres veces más casos de violencia (13 casos en 20 días), tres veces más trastornos de conducta (4 hospitalizaciones en 20 días) y casi el mismo número de casos de ideas suicidas graves.

“Hospitalizamos durante el confinamiento al doble de niños de 6 a 12 años que habían intentado suicidarse. Esto sigue siendo raro a esa edad. En el momento de la apertura, hubo siete veces más hospitalizaciones por intentos de suicidio entre esta categoría de niños”, añade.

https://www.medias24.com/coronavirus-chiffres-choc-de-l-impact-du-confinement-sur-la-sante-mentale-des-enfants-12687.html

El gobierno australiano admite oficialmente que las pruebas de coronavirus no son nada fiables

Un departamento oficial del gobierno australiano, la Therapeutic Goods Administration, afirma que hay “pocas evidencias” para evaluar la “utilidad clínica” de la PCR o de los análisis serológicos.

Las medidas sanitarias contra la pandemia se basan en pruebas que, según el propio gobierno australiano, no son nada fiables. No es un conflicto de opiniones entre los “expertos”. Es el propio gobierno quien lo admite.

Si vas a un médico porque crees que tienes una enfermedad grave y te dicen que hay dos pruebas disponibles. Con la primera, un hisopo, no saben si tienes o no la enfermedad aunque registras un resultado positivo. Con la otra, un análisis de sangre, saben con certeza que la prueba no sirve para detectar la enfermedad.

¿Encontraría un paciente esa situación satisfactoria? Obviamente no. Pero eso es exactamente lo que el gobierno australiano admite con sus pruebas de coronavirus. La Therapeutic Goods Administration dice que “la medida en que un resultado positivo de PCR se correlaciona con el estado infeccioso de un individuo aún se está determinando” y que, además, “hay pocas pruebas disponibles para evaluar la exactitud y la utilidad clínica de las pruebas de Covid-19 disponibles”.

Las instituciones sanitarias australianas no saben si una persona está infectada o no, aunque de positivo. La Therapeutic Goods Administration también admite que la “fiabilidad de las pruebas” es incierta debido a la “limitada base de pruebas”.

Como los australianos saben que las pruebas PCR son poco fiables y que las serológicas son inútiles, las esconden a la vista de todos con la esperanza de que nadie se de cuenta.

Dar positivo es lo que se llama un “caso”, una palabra que normalmente se aplica a las personas que están enfermas y en Melbourne el aumento de los llamados “casos” se está utilizando como justificación para los confinamientos.

Mientras tanto, el número de pacientes graves y críticos (que debería ser la definición real de un “caso”) no ha aumentado por encima de 70 en Australia desde que comenzó la pandemia, en una población de 24 millones. Las muertes per cápita son de alrededor de 26 por millón en un período de seis meses.

A pesar de ello, en Australia se han seguido las mismas prácticas dudosas sobre las causas de muerte que en otros lugares. El director de sanidad de Victoria admitió que no estaban haciendo pruebas para el virus, sino asumiendo que si había un síntoma similar a la gripe debía ser coronavirus. Las muertes por gripe en Australia, hay que añadir, se están reduciendo inusualmente.

Los análisis de sangre son aún peores. El Instituto Doherty ha analizado alrededor de media docena de análisis serológicos (de sangre) y ha concluido en cada caso: “En general, nuestros hallazgos siguen apoyando las recientes declaraciones de posición de la Red de Laboratorios de Salud Pública (PHLN) y el Colegio Real de Patólogos de Australasia (RCPA) de que los ensayos serológicos tienen un papel limitado, si es que lo tienen, en el diagnóstico de la infección aguda por Covid-19”.

Esta conclusión ha sido replicada en otros lugares. Beaumont Health en Michigan realizó un estudio longitudinal, a partir de mediados de abril, que se suponía que iba a examinar las tasas de infección en los trabajadores sanitarios expuestos al virus. Se basó en pruebas serológicas a gran escala.

La conclusión del estudio es que “se necesitan urgentemente estudios clínicos de mayor calidad que evalúen la exactitud del diagnóstico de las pruebas serológicas para el covid-19. Actualmente, las pruebas disponibles no apoyan el uso continuado de las pruebas serológicas existentes en los puntos de atención”.

Los análisis de sangre también son inútiles porque a fecha de hoy no se conoce la composición genómica del virus.

En Melbourne hay toque de queda entre las 8 pm y las 5 am y a la gente la envían a la cárcel por no usar mascarilla. La policía patrulla los lugares públicos para asegurarse de que se sigan los reglamentos sanitarios, aunque sea a la fuerza.

Los ciudadanos de Victoria que intentan organizar protestas pacíficas son detenidos en sus casas y acusados de “incitación”, lo que sea que eso signifique.

El primer ministro, Daniel Andrews, quiere extender el estado de emergencia por otros 12 meses para poder entregar todas las decisiones al Director de Salud y afirmar que lo está haciendo bien.

https://www.tga.gov.au/covid-19-testing-australia-information-health-professionals

El día en que los negacionistas triunfaron sobre una seudociencia que defendía la gasolina con plomo

Un producto tan tóxico como la gasolina con plomo fue inventado por la multinacional química Du Pont de Nemours, que tuvo que rodearse de una legión de “científicos” a sueldo para ocultar los graves perjuicios de dicha sustancia para la salud pública.

Aquellos “científicos” formaron uno de los más poderosos grupos de presión, que luego sirvió de modelo para otras empresas “científicas” de parecida factura que han causado estragos en la salud de los trabajadores: tabaco, amianto, pesticidas…

Tras la Primera Guerra Mundial, Du Pont había saltado de la química al automóvil, convirtiéndose en accionista de la General Motors y, como es natural, quiso rentabilizar su inversión.

Contrató a un químico e ingeniero mecánico, Thomas Midgley, y le puso al frente de uno de sus laboratorios de investigación.

En aquellos tiempos no todos los vehículos circulaban con gasolina. En el campo se utilizaba etanol, un alcohol industrial fabricado con residuos agrícolas. Algunas empresas querían mezclar la gasolina con el etanol para mejorar el rendimiento del combustible, pero tenía un problema insalvable en una sociedad capitalista: no es patentable, cualquiera puede fabricarlo.

Midgley patentó una solución innovadora como aditivo para la gasolina: el PTE o plomo tetraetílico. Fue una de sus más cien patentes que le convirtieron en un científico muy famoso. General Motors y Du Pont incluso crearon una empresa filial con el nombre del nuevo compuesto químico: Ethyl Corp.

La producción de gasolina con plomo fue un problema desde el principio. En la primera fábrica creada por General Motors para producir el aditivo, la refinería Bayway de Nueva Jersey se produjo un “accidente” que mató a varios trabajadores de la fábrica intoxicados por el plomo. Otros quedaron con gravísimas lesiones de por vida.

El escándalo fue enorme y se nombró una comisión parlamentaria para evaluar el peligro inherente a la producción de gasolina con plomo. Entonces el grupo de presión seudocientífico al servicio de Du Pont se puso en marcha con las típicas triquiñuelas, en especial el soborno de los políticos y funcionarios. “Lo que es bueno para General Motors es bueno para América”, dijo el Presidente Roosevelt.

El ayuntamiento de Nueva York, que había prohibido la gasolina con plomo, se rindió ante la avalancha de presiones monopolistas. Lo mismo le ocurrió al Departamento de Salud después de agotadoras batallas con los expertos.

La estrategia de General Motors para eludir responsabilidades se enseña hoy en las escuelas de periodismo, comunicación y relaciones públicas como modelo de lavado de cara: buscaron a un científico, un mercenario que ejerciera de toxicólogo, para que el producto estrella de General Motors y Du Pont no quedara menoscabado.

Robert Kehoe

Aquel pelele fue Robert Kehoe, que llegó a General Motors de la mano de Charles Franklin Kettering, el inventor del arranque eléctrico de la marca “Delco”, que en ese momento era otra de tantas filiales del dúo General Motors y Du Pont. Dentro de la Universidad de Cincinnati ambas multinacionales crearon para Kehoe un laboratorio, que llevaba el nombre de Kettering. Se trataba de revestir la patraña con el aura del mundo académico y seudocientífico.

La Universidad de Cincinnati le nombró profesor de “medicina industrial” y parecía que Kehoe era uno de los mayores expertos del mundo en “salud laboral”. Como buen mercenario, trabajaba por encargo de las multinacionales. La Universidad se limitaba a poner el membrete en los papeles. Era una fábrica de mentiras, como la de que el compuesto 2-Naftilamina, entonces ampliamente utilizado por Du Pont, no era el carcinógeno que decían los negacionistas.

“Usted dice que nuestro producto es peligroso. Estamos diciendo que no lo es. Demuestre que estamos equivocados”, decía Kehoe. Eran los negacionistas quienes debían demostrar que tal o cual compuesto químico es tóxico y perjudicial para la salud pública. No había evidencias científicas y no se pueden tomar decisiones únicamente sobre la base de especulaciones.

Con el plomo Kehoe pasó a la ofensiva y comenzó a escribir artículos de propaganda vestidos de “ciencia”. Su laboratorio, financiado por General Motors, DuPont y Ethyl, realizó experimentos sobre los beneficios de la gasolina con plomo para la salud pública. El plomo existe de forma natural en el cuerpo humano, decía Kehoe. Los altos niveles detectados en enfermos contaminados con plomo son, por lo tanto, inocuos.

El derroche de dinero de General Motors y Du Pont transformó a Kehoe en un científico de esos que llaman “de referencia” en el asunto del plomo. El resto de la tarea consistía en vilipendiar e insultar a los negacionistas, que eran todos aquellos que se oponían a los manejos de las multinacionales y denunciaban los riesgos del plomo para la salud pública.

No hubo manera de destapar el fraude científico orquestado por Kehoe y sus padrinos en General Motors y Du Pont hasta los años setenta del siglo pasado. Mientras, la población del mundo entero se intoxicaba con el plomo y surgían enfermedades, auténticas plagas, como el cáncer, cuyo verdadero origen había que tapar.

Un ejemplo: el mayor hospital del mundo especializado en cáncer lleva el nombre de Kettering, el mismo del laboratorio de Kehoe. No le pusieron el de General Motors por una pizca de vergüenza.

Un geoquímico que intentaba establecer la edad de la Tierra, Clair Patterson, descubrió que el hombre moderno había aumentado su carga corporal de plomo cien veces y que los niveles de plomo de la atmósfera se habían multiplicado por mil.

Aquello no era ciencia; Patterson era un negacionista y la Inquisición seudocientífica le saltó a la yugular implacablemente. El Servicio Federal de Salud Pública no le renovó su contrato de investigación y el Instituto del Petróleo de Estados Unidos hizo lo mismo. El dúo General Motors y Du Pont también presionaron a la universidad para que le despidieran.

Al profesor Hebert Nedlemann, pediátra neurólogo que se había destacado en la lucha contra el envenenamiento por plomo, le ocurrió lo mismo. Nedlemann acusaba a las empresas petrolíferas de ser responsables de cientos de miles de muertes en Estados Unidos. La respuesta de los grandes monopolios se la pueden imaginar. Le llegaron a expulsar de la universidad y le recortaron los fondos para la investigación. Si no investigas no puedes demostrar nada. En las seudociencias los únicos que pueden demostrar son General Motors, Du Pont y empresas similares.

La gasolina con plomo no se prohibió en Estados Unidos hasta 1975 y en España hasta 2001. También se prohibió la pintura con plomo, las tuberías de plomo y todo lo que contuviera plomo. Kehoe quedó en evidencia silenciosamente, sin estridencias, como si detrás no quedaran los restos de una batalla, porque ya se lo han contado muchos patanes: sobre ciencia no se discute.

El plomo está prohibido, pero nadie lo ha eliminado de las superficies pintadas. Los edificios ya no llevan cañerías de plomo, pero nadie ha eliminado las existentes, que siguen intoxicando a los vecinos. La gasolina con plomo se sigue comercializando en el Tercer Mundo porque allí viven miles de millones de personas cuya suerte nos importa una mierda. Es posible que padezcan muchas enfermedades que, en lugar de prescindir del plomo, necesiten un tratamiento médico a base de fármacos, antivirales o vacunas.

Pero insistimos en lo que no deben perder de vista: el caso de la gasolina con plomo es un modelo de negocio que se ha aplicado con éxito en otras industrias sometidas a debates seudocientíficos similares con terraplanistas, magufos y demás. La verdad siempre está del lado de las empresas capitalistas y sus científicos de prestigio, como Kehoe.

Si quieren saber más sobre el asunto pueden recurrir al artículo publicado por Jamie Lincoln Kitman en la revista The Nation en 2000, o al libro que publicó cinco años después, titulado “The Secret History of Lead”, porque es una historia “secreta”, propia sólo de conspiranoicos y amantes de las revistas de automóviles.

Un marranada parecida de la multinacional Du Pont relata la película “Aguas oscuras”, estrenada el año pasado, también para amantes de los negocios “oscuros”, como el del petróleo.

Cuantos más ‘casos’ descubran, más dinero recibirán las comunidades autónomas del Fondo Covid-19

Las comunidades autónomas se han lanzado como posesos a hacer tests de coronavirus.

¿Por qué?

Porque de esa manera encontrarán más “casos”, más “positivos” y más “brotes”.

¿Para qué quieren más “contagiados” las comunidades autónomas?

La explicación está en el Decreto-Ley 22/20 de 16 de junio, por el que se crea el Fondo Covid-19 y se establecen las reglas para el reparto de la pasta (*). Hay 16.000 millones de euros para repartir en varios tramos.

Es una carrera. Cuantos más “casos”, más dinero. Para obtener más subvenciones hay que encontrar “casos” por todas partes.

En su primer tramo (6.000 millones de euros), el 30 por ciento del Fondo Covid-19 se repartirá entre las comunidades autónomas según el número de “contagiados” que se hayan notificado hasta el 30 de abril.

Otro 10 por ciento se distribuirá entre ellas según el número de pruebas de PCR realizadas hasta esa misma fecha.

Finalmente, otro 25 por ciento quedará a expensas del número de casos de coronavirus notificados y de pacientes que han precisado hospitalización hasta el 30 de abril.

En su segundo tramo (3.000 millones de euros), el reparto es parecido, pero alcanza a los “casos” hasta el 31 de octubre. El reparto se llevará a cabo “según el número de casos de Covid-19 notificados y de pacientes que hayan precisado ingreso en UCI a 31 de octubre de 2020”.

Otro 10 por ciento de este tramo se repartirá en función del “número de pruebas realizadas mediante PCR”.

Finalmente, un 20 por ciento de la pasta se distribuirá “según el número de casos de Covid-19 notificados y de pacientes que hayan precisado hospitalización”.

(*) https://www.boe.es/boe/dias/2020/06/17/pdfs/BOE-A-2020-6232.pdf

Estados Unidos impone sanciones económicas a los laboratorios rusos que han creado la primera vacuna contra el coronavirus

A los platós de televisión deberían ir los economistas o los expertos en geoestrategia para hablar del coronavirus porque lo que está en juego es algo más que la salud.

La carrera para desarrollar la primera vacuna contra el coronavirus ha sido como la carrera espacial. Ha ganado el mismo (o parecido) corredor, el competidor ha quedado humillado y no admite su derrota porque es muy mal deportista.

Algo tienen que hacer porque los organismos sanitarios han dado sus bendiciones a la vacuna rusa y hay que impedir su difusión por cualquier medio. Si no es por motivos sanitarios, será por motivos abiertamente imperialistas, como las sanciones económicas, y entonces se acuerdan del Departamento de Comercio.

Por la puerta falsa introducen a los laboratorios rusos que han creado la primera vacuna contra el coronavirus en la lista negra de sanciones (1). Es evidente, pues, que las vacunas son uno de tantos métodos de guerra económica.

Por eso el portavoz del gobierno ruso, Dmitry Peskov, ha hablado de “competencia desleal” respecto a los fármacos rusos.

Más de una cuarta parte de la población mundial vive en los países sometidos a las sanciones de Estados Unidos. En abril una empresa rusa envió respiradores a Estados Unidos como ayuda humanitaria para los hospitales que trataban a los pacientes. Más tarde Reuters reveló (2) que la empresa rusa había estado sometida a las sanciones desde 2014. Pero el envío era gratuito y no lo podían rechazar, ni siquiera aunque procediera de Rusia.

La vacuna rusa ha sido desarrollada por el Instituto de Investigación de Epidemiología y Microbiología de Gamaleya del Ministerio de Sanidad de Rusia, en un proyecto de investigación conjunto con el 48 Instituto Central de Investigación del Ministerio de Defensa de Rusia (3).

El 27 de agosto el Departamento de Comercio impuso sanciones al referido 48 Instituto. Washington le acusa de estar asociado a los programas rusos de armas químicas y biológicas (4).

El gobierno de Estados Unidos no quiere que la vacuna rusa interfiera en los 6.000 millones de dinero público que se están asignando a las empresas farmacéuticas estadounidenses dentro de la Operación Velocidad Punta, a la que ya nos hemos referido en otras entradas.

(1) https://www.federalregister.gov/documents/2020/08/27/2020-18909/addition-of-entities-to-the-entity-list-and-revision-of-entries-on-the-entity-list
(2) https://www.reuters.com/article/us-health-coronavirus-russia-usa-sanctio/russian-ventilators-shipped-to-us-made-by-firm-under-us-sanctions-rbc-idUSKBN21L243
(3) https://tass.com/science/1183689
(4) https://www.rferl.org/a/us-blacklists-russian-entities-for-chemical-biological-weapon-research/30805564.html

En 2014 la CIA prometió que ya no volvería a utilizar las vacunas como tapadera para espiar

En 2014 la Casa Blanca anunció su compromiso de no volver a usar nunca una campaña de vacunación como tapadera en una operación de espionaje. Nunca lo hicieron, pero por si acaso prometieron que no lo volverían a hacer.

En enero de 2013 los rectores de 16 institutos de salud pública de Estados Unidos escribieron a Obama protestando por el recurso a un programa de vacunación de hepatitis en Abbottabad (Pakistán), donde se escondía Osama Bin Laden, para lograr muestras de ADN que permitieran saber si allí estaba el cabecilla de Al Qaeda.

La Casa Blanca no reconoció los hechos, pero garantizó que la CIA no volvería a utilizar falsas campañas de vacunación.

Antes del supuesto asesinato de Bin Laden en mayo de 2011 en Abbottabad, la CIA utilizó al médico paquistaní Shakil Afridi en una operación de vacunación encubierta en las cercanías del recinto en el que se refugiaba el dirigente de Al Qaeda, para tomar muestras de ADN que permitieran establecer que había familiares de Bin Laden en la zona.

Anteriormente Afridi había participado varios programas de vacunación financiados por Estados Unidos. En enero de 2012 funcionarios estadounidenses admitieron públicamente que el médico había trabajado para sus servicios de inteligencia.

La operación de vacunación en Abotabad fracasó y el médico-espía fue condenado a más de 30 años de cárcel en Pakistán por traición. Estados Unidos salió en su ayuda redujo la ayuda a Pakistán por en 33 millones de dólares: un millón por cada año de cárcel.

Luego las presiones diplomáticas lograron que su sentencia fue revocada. En Estados Unidos el médico es un héroe y en su campaña electoral de 2016 Trump prometió que lograría su liberación a los “dos minutos” de ser elegido. No ha sido así.

La falsa campaña de vacunación llevó a que se extendiera la desconfianza hacia cualquier grupo de médicos o enfermeros que pretendían programas de inmunización.

El fraude que representaba el doctor Afridi fue revelado en 2011, tras la muerte de Bin Laden, por un periódico británico y confirmado por el entonces director de la CIA Leon Panetta. La exposición a la luz pública de la estratagema llevó a que varios grupos de aldeanos de las zonas tribales en la frontera afgana y grupos de talibanes dieran por abierta la veda contra los trabajadores sociales que llevaban a cabo campañas de vacunación, acusándolos de espías. En su momento, la OMS (Organización Mundial de la Salud) reconoció que la treta de la CIA había sido un duro revés para sus campañas.

El uso de espías camuflados en misiones sanitarias ha sido un obstáculo importante para conseguir llevar la vacuna a algunas zonas de países como Afganistán, Pakistán o Nigeria. Tras destapare el caso Afridi, hubo varios ataques al personal sanitario en Pakistán y Nigeria, con un par de decenas de muertes.

El recelo a estas campañas sanitarias no es nuevo. En 2004 hubo un parón en las actividades de vacunación al norte de Nigeria. Los grupos islamistas denunciaron que los fármacos producían esterilidad en la población, lo que se interpretó como un intento de las potencias occidentales para reducir el auge demográfico del país.

https://elpais.com/sociedad/2014/05/20/actualidad/1400599997_336601.html

Todo lo que sale de un científico es ciencia y todo lo que sale de un tribunal es justicia (amén)

Varios centenares de científicos de la Spilf (Sociedad Francófona de Patología Infecciosa) han presentado recientemente una denuncia contra el profesor Raoult acusándolo de utilizar su tratamiento contra el coronavirus a base de hidroxicloroquina y azitromicina sin que haya pruebas científicas de su eficacia.

La batalla contra la hidroxicloroquina llega, pues, a los tribunales y unos científicos demandan a otros… Perdón: se nos ha olvidado decir que estos últimos no son en realidad científicos, sino otra cosa, es decir, que el patrimonio de la ciencia es exclusivo de los demandantes.

Pero, ¿quiénes son esos demandantes que, a modo de nuevos y feroces inquisidores llevan la ciencia ante los estrados de los tribunales?

Es algo que no se le hubiera ocurrido a ningún científico por su cuenta, ni tampoco a una asociación como Spilf.

Este tipo de asociaciones tienen muchas caras y caretas y, dependiendo de la función de teatro que tienen que representar, muestran unas u otras. Incluso a veces también muestran su cara científica (pero sólo a veces).

Lo han adivinado: Spilf está financiada por varios laboratorios farmacéuticos. Dime quién te paga y te demostraré que eres un chapero al que le da igual servir a un cliente que a otro; lo importante es que pague.

En los últimos tres años Spilf ha recibido más de 200.000 euros anuales en “donaciones” en forma de remuneración, prestaciones o convenciones.

La prensa europea ni siquiera se ha tomado la molestia de recordarlo porque es de dominio público: la información está disponible en la base de datos eurofordocs.fr.

La financiación de Spilf por las empresas farmacéuticas crece con el transcurso de los años: 858.000 euros en subvenciones durante veinte años y 610.000 sólo en los últimos tres.

Tampoco se sorprenderán: Gilead es uno de los principales donantes de los científicos de verdad. En 2017 les entregaron 40.000 euros y otros tantos al año siguiente para que pudieran celebrar dos convenciones científicas.

Lo venimos diciendo desde el principio: Gilead quiere imponer su fármaco antiviral, el remdesivir, que compite con la hidroxicloroquina en condiciones muy desfavorables porque es mucho más caro.

El 29 de julio la Comisión Europea firmó un contrato con Gilead que le garantiza el suministro de Veklury, que es el nombre comercial del remdesivir.

En otras palabras: toda la campaña “científica” en la que participan “científicos”, revistas “científicas”, asociaciones “científicas”, prestigiosas universidades y medios generalistas no es más que la competencia de unos capitales contra otros.

Lo nuevo es que ahora se meten los tribunales por medio, que juzgarán al profesor Raoult como juzgaron a Galileo hace 400 años.

Pero en ningún caso deben dudar que si todo lo que sale de un científico es ciencia, todo lo que sale de un tribunal es justicia. ¿Verdad que sí?, ¿o son Ustedes unos malos conspiranoicos?

 

 

El confinamiento arruina a los campesinos africanos

Con cara seria, Jean Woulabonn mira sus tomates, deteniéndose para ver la podredumbre que los corroe. Habla de “hecatombe” y nos recuerda que en siete años de gestión del cultivo, nunca ha tenido que enfrentarse a tantas pérdidas.

A su lado, Dorcas Ther Andjick, la esposa del propietario de la plantación de seis hectáreas en Nyokon II, un pueblo del centro de Camerún, pone una cifra al desastre: más de 8 millones de francos CFA (más 12.200 euros) invertidos, más de 7 millones de francos CFA de deuda, salarios atrasados de los diez trabajadores, una cosecha arruinada. “Al principio, estábamos vendiendo con pérdidas. Preferimos dejar que la fruta se pudra en el campo”, dice.

Los confinamientos y el cierre de fronteras han arruinado a muchos campesinos africanos. Desde que el Camerún declarara su primer caso de coronavirus el 6 de marzo, el gobierno cerró las fronteras terrestres, marítimas y aéreas.

En aquel momento, creyendo que la medida era sólo temporal, los cultivadores de tomates, que ya se dedicaban a la siembra, no cambiaron sus planes.

Más de 329.000 pequeños campesinos, principalmente en las regiones occidental, central y noroccidental, se ganan la vida con este cultivo, que proporciona 1,65 millones de puestos de trabajo.

En los últimos años, se ha convertido en lo que Alain Kantar, un joven productor de Nyokon II, ha rebautizado como “oro rojo”.

“Cuando inviertes 1,5 millones de francos CFA, puedes obtener un beneficio anual de casi un millón”, dice. Una docena de otros campesinos confirman que los tomates son “extremadamente rentables”. O más bien lo eran.

El confinamiento ha dificultado el comercio con los países de la región. Gabón y Guinea Ecuatorial, que se encuentran entre los principales clientes, han ralentizado considerablemente las transacciones. Y el cierre de las fronteras con Nigeria interrumpió las compras a ese país, el principal importador.

El tomate que antes se exportaba permanece en Camerún. Este excedente se devuelve al mercado local, lo que hace que la oferta sea mayor que la demanda, provocando una fuerte caída de los precios.

Aunque los tomates se han convertido en la fruta más consumida por los cameruneses, la producción media, estimada en 889.800 toneladas anuales, inunda ahora los mercados, donde las cajas han visto caer sus precios a 1.000 ó 2.000 francos CFA o incluso menos. Este es un precio de dos a diez veces más bajo que en años anteriores.

Las consecuencias son catastróficas para los productores que no han podido recuperar sus inversiones. Al menos tres de ellos se han quitado la vida, “arruinados”, “endeudados”, “acosados por sus acreedores”. Temiendo ser encarcelados por no poder pagar sus deudas, abandonaron sus campos y huyeron de sus pueblos.

https://www.lemonde.fr/afrique/article/2020/08/31/au-cameroun-la-detresse-des-producteurs-de-tomates-face-au-covid-19_6050494_3212.html

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