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Categoría: Represión (página 58 de 66)

Cuatro jornadas seguidas de manifestaciones contra el estado de emergencia en Tailandia

Ayer miles de manifestantes se reunieron en varios puntos de Bangkok, la capital de Tailandia, pidiendo la dimisión del Primer Ministro Prayut Chan-o-cha, tras los enfrentamientos en los que la policía recurrió a cañones de agua para dispersar a la multitud.

Desafiando el estado de emergencia agravado que prohíbe las reuniones de cinco o más personas, los manifestantes, encabezados por estudiantes, se reunieron por cuarto día consecutivo.

El gobierno ordenó la suspensión de casi todos los transportes de Bangkok, en un intento de impedir la concentración de los manifestantes, pero se reunieron donde pudieron.

Los organizadores habían anunciado que la manifestación del sábado comenzaría a las 4 de la tarde. Pidieron a los participantes que llegaran a las estaciones de metro de BTS Skytrain y MRT antes de las 3 y que los designaran como lugares de protesta en caso de que la red dejara de funcionar.

La policía no intervino y las manifestaciones se dispersaron por la noche.

Bangkok está en estado de emergencia desde el jueves. Están prohibidas todas las reuniones de cinco o más personas. También se prohíbe la publicación de noticias e información electrónica que contengan mensajes sobre la pandemia alternativos a los oficiales.

El decreto fue emitido por el Primer Ministro Prayut Chan-o-cha en un intento de frenar el movimiento de protesta antigubernamental que ha ido cobrando impulso desde esta semana.

El miércoles los manifestantes se reunieron frente al Monumento a la Democracia antes de pasar a ocupar los espacios alrededor de la sede del gobierno. Fueron dispersados a la mañana siguiente por la policía antidisturbios y varios participantes fueron detenidos.

Al día siguiente, una enorme multitud se agrupó en en el corazón de Bangkok. Según fuente oficiales el número era de al menos 10.000 manifestantes.

El viernes los manifestantes se volvieron a agrupar, hasta que por la tarde los antidisturbios comenzaron a cargar y dispersaron a los manifestantes con cañones de agua.

La policía mezcló el agua con un colorante azul y productos químicos irritantes. Varios manifestantes fueron heridos y otros fueron detenidos.

El movimiento pide la dimisión del gobierno del Primer Ministro Prayut Chan-o-cha y que se revise la actual Constitución, que fue adoptada en tiempos de la junta militar de Prayut.

Mañana se cumple un año del levantamiento popular en Chile

Mañana se cumple un año del levantamiento popular en Chile, la mayor movilización desde la dictadura de Pinochet (1973-1990). Ayer, como todos los viernes, siguieron las protestas con enfrentamientos entre manifestantes y Carabineros. La “zona cero” se llenó de barricadas. En Peñalolén la policía detuvo a 10 personas que atacaron la comisaría.

Un año después, Chile hace un recuento dramático de sus 30 muertos y miles de heridos. Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos, 460 personas resultaron con traumas oculares, de las que dos quedaron totalmente ciegas. No es nada diferente de una guerra que la pandemia no ha logrado silenciar. Hay más de 4.600 causas abiertas contra la policía, pero sólo 66 carabineros han sido imputados.

Tras cinco meses en el hospital, Paola Martínez se llevó a su sobrino, Mario Acuña, a su casa malherido. Llegó con una traqueostomía y una gastrostomía. “Cuando le vi abrir su ojito por primera vez lloré de alegría, yo siempre tengo fe de que el Mario va a salir adelante, a veces imagino que me llama”, cuenta con un hilo de voz.

Acuña, de 44 años, recibió una brutal paliza el 23 de octubre, cuando asistía a una manifestación en Buin, a las afueras de Santiago.

Su tía recuerda que eran un puñado de vecinos, incluidos niños, los que salieron a la calle a poner velas por las víctimas, pero apareció una patrulla policial y “se enzarzó” con él. Estuvo en coma algo más de un mes. Hoy apenas es capaz de seguir la mirada con los ojos y hacer un poco fuerza con las manos.

No saben el daño exacto que tiene porque nunca llegaron a hacerle una resonancia. Proveniente de una familia muy humilde y sin padres, Acuña era un trabajador informal, que no cotizaba y que, por tanto, no tiene derecho a sanidad pública.

“El gobierno no se ha hecho cargo y el hospital, menos. Me enseñaron a aspirarlo, pero no a limpiarle la traqueo ni la gastro. Fui aprendiendo con las pocas enfermeras que venían al principio”, denuncia.

Sobreviven gracias a la ayuda vecinal y a los fondos que varias organizaciones sociales consiguen recaudar. Todo es donado, desde la cama clínica hasta las sondas por donde le alimentan.

Su caso está bajo investigación, pero hay muy pocos avances a un año de la fatal paliza: “Ya no quiero su ayuda, sólo pido justicia”, clama.

Otro caso es el de Álex Núñez, un electricista de 39 años que no sobrevivió a la paliza que recibió el 20 de octubre en Maipú, otra localidad de la periferia de Santiago de Chile.

Núñez ni siquiera estaba manifestándose. Fue a entregar un equipo en pleno toque de queda cuando le sorprendió un control policial. Antes de perder la consciencia “me dijo que le golpearon como si su cabeza fuera una pelota de fútbol”, indica Natalia Pérez, su expareja y madre de sus tres hijos.

“Hay que encontrarlos y sacarlos de la calle porque esos asesinos siguen trabajando. Sus compañeros que saben lo que pasó son igual de culpables. Si quieren limpiar la institución, deben hablar”, agrega.

El joven es una de las cinco víctimas en las que el Estado chileno reconoció su responsabilidad y se presentó como querellante, pero su causa tampoco progresa.

A Pérez, que no ha recibido “ni las condolencias” por parte del gobierno, le gustaría salir a manifestarse este fin de semana, cuando se cumple un año del estallido social y se espera una multitudinaria concentración, pero cree que lo mejor para sus hijos es irse al campo y desconectar: “Estos tipos no se han dado cuenta del dolor que han provocado”.

Brandon Camus, de 23 años, a veces se siente culpable porque está vivo, conserva el globo ocular y “sólo” ha perdido la vista de su ojo derecho, pero no puede controlar la “rabia” que siente contra los Carabineros. La pintura es lo único que le calma.

Un policía le disparó un balín el 14 de noviembre cuando volvía a casa tras marchar por Valparaíso, a 100 kilómetros de Santiago, y aún se le eriza la piel cuando recuerda el momento en que llegó al hospital. “Era como un recinto de guerra, estaban todos sangrando, con un montón de heridas y perdigones”, apunta el universitario, delante de su mesa de trabajo, llena de rostros heridos y dolientes.

Las imágenes de jóvenes con los ojos ensangrentados tras recibir perdigones y bombas lacrimógenas en la cara dieron la vuelta al mundo y obligaron al gobierno chileno a lanzar un programa de reparación de traumas oculares y a limitar el uso de estas municiones antidisturbios.

Camus, que está a la espera de una nueva operación, no forma parte del programa porque no vive en Santiago y tiene que costearse el tratamiento por su cuenta. “A los manifestantes nos ven como enemigos, como amenazas. Con la revuelta popular quedó en evidencia que Carabineros no funciona, deberían disolverse y crear una nueva institución con otras lógicas”, indica.

https://www.clarin.com/agencias/efe-vidas-rotas-violencia-policial-protestas-chile_0_vcnI1avJW.html

Mentiras de alta tecnología

Alto Analytics es una empresa española dedicada a la fabricación de bulos, a pesar de que uno de sus objetivos comerciales es la denuncia de los mismos.

Tiene oficinas en Madrid, Washington y Sao Paulo. Su actividad abarca 125 países y 53 idiomas. Crea una “buena imagen de marca” en las redes sociales para gobiernos, políticos, candidatos electorales, ONG, empresarios y periodistas. Entre sus clientes están la ONU, la fundación de Bill Gates, Ikea, Telefónica o la banca.

El año pasado la patronal de la banca española le confió la puesta en marcha de un sistema de “gestión de la conversación digital” que hay en las redes sociales en torno a los bancos para recuperar su tradicional “buena reputación” (1).

Sin embargo, se ha especializado en situaciones “delicadas” porque también elaboró un informe sobre los “chalecos amarillos” en Francia. Según su página web, “el software y los algoritmos de inteligencia artificial de Alto convierten miles de millones de puntos de datos públicos en ciberinteligencia accionable para una mejor y más rápida toma de decisiones”.

Lo mismo que Maldita, Newtral y demás cazafantasmas, Alto Analytics elabora una realidad a la medida del cliente, intoxica a los medios de comunicación y redacta informes fraudulentos para que los gobiernos puedan justificar determinadas decisiones, como el estado de excepción en Chile en octubre del año pasado.

Para justificar la represión y la censura, Alto Analytics elaboró un informe que culpaba de las protestas populares en Chile a “actores externos”, o sea, a “los rusos”. El informe fue un encargo de la empresa Quiñenco, que forma parte de uno de los mayores grupos monopolistas chilenos: Luksic. La referida empresa puso a Alto Analytics en contacto con el ANI, la central chilena de espionaje (2).

El 12 de diciembre el gobierno de Piñera pasó el informe a la fiscalía, que no se dejó embaucar por la patraña: aquello solo era “humo”. En las movilizaciones masivas participaron manifestantes “que no tenían coordinación entre sí”, dijo la fiscalía (3).

El 21 de diciembre el diario La Tercera reveló extractos del informe (4).

En Chile las redes sociales se mofaron del gobierno y de los autores del informe que, en aquel momento, aún eran una incógnita (5).

En enero La Tercera volvió a la carga y destapó a Alto Analytics como los autores del bulo (6).

Inicialmente la empresa negó haberlo elaborado, hasta que, un mes después, El Mundo se hizo eco de la noticia (7).

El informe se redactó en inglés y desde febrero se puede leer ahora en la propia web de Alto Analytics (8).

Tras conocerse la autoría, el subsecretario del Ministerio chileno de Interior, Juan Francisco Galli, aseguró que la empresa española era “de alto prestigio mundial”.

En su informe Alto Analytics constataba una evidencia: la cadena rusa RT aparece en el noveno puesto en el escalafón de medios influyentes de Chile, por encima de TeleSur y, desde luego de la BBC, Deustche Welle, CNN o New York Times.

Esta influencia informativa desarticula a los medios oligárquicos convencionales, que la reconvierten en “injerencia extranjera”, la misma que ha operado en el Brexit, en Cataluña, en las elecciones que ganó Trump… Todo es culpa de RT y los rusos, sin cuyo exorcismo la población chilena no se hubiera levantado hace un año contra el gobierno.

Aparte de los rusos, decía el informe, Chile es muy vulnerable a las “malas influencias” de gente como el portero de fútbol Claudio Bravo o la cantante Mon Laferte. Para que no ocurran disturbios, además de difundir “buena información”, hay que censurar la “mala”, erradicarlos de los buscadores y de las redes sociales.

(1) https://www.elconfidencial.com/empresas/2019-11-08/aeb-banca-fake-news-alto-analytics_2316704/
(2) https://www.emol.com/noticias/Nacional/2020/01/14/973477/Gobierno-BigData-Quinenco.html
(3) http://www.lanacion.cl/fiscal-guerra-y-la-investigacion-del-estallido-social-informe-big-data-fue-solo-humo/
(4) https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/big-data-del-gobierno-los-detalles-del-informe-estallido-social-entrego-la-fiscalia/947967/
(5) https://www.pauta.cl/nacional/cristobal-huneeus-informe-big-data-gobierno-pinera-kpop
(6) https://www.latercera.com/nacional/noticia/informe-big-data-fue-elaborado-la-empresa-espanola-alto-data-analytics/957097/
(7) https://www.elmundo.es/internacional/2020/02/15/5e47e31321efa09b3a8b460f.html
(8) https://www.alto-analytics.com/en_US/social-unrest-colombia-chile/

Movilizaciones en Túnez contra la muerte de un vendedor de cigarrillos por aplastamiento

El Ayuntamiento de Sbeitla, en Túnez, ordenó a la policía que destruyera un quiosco de periódicos en el que dormía habitualmente un vendedor de cigarrillos.

En la madrugada del martes el hombre de 52 años descansaba plácidamente cuando un furgón de la policía arremetió contra el quiosco y lo aplastó literalmente.

Inmediatamente la población se puso en pie, salió a la calle a manifestarse y el ayuntamiento tuvo que pedir refuerzos al gobierno para contener la ira de la multitud.

El humilde quisco era propiedad de Abderrazek Jachnaoui, hijo del fallecido. “Los funcionarios municipales procedieron a destruirlo sin comprobar si había alguien dentro”, dijo a la prensa. “Mi padre […] murió inmediatamente. Durante la operación, los agentes de seguridad dispararon gases lacrimógenos a mi familia que había intentado acercarse al quiosco”, añadió.

Los manifestantes cerraron las carreteras de acceso a Sbeitla e incendiaron un coche municipal. También lanzaron piedras y objetos a la policía, dijo el portavoz del Ministerio del Interior, Jaled Hayouni. Se desplegaron unidades militares y de seguridad para proteger las instituciones sensibles en Sbeitla, añadió Mohamed Zekri, portavoz del Ministerio de Defensa.

El Presidente del Gobierno, Hichem Mechichi, despidió al prefecto y subprefecto de la región, así como al jefe del distrito de seguridad y al jefe de la comisaría municipal de Sbeitla. Además, ha pedido al ministro del Interior, Taoufik Charfeddine, que se traslade inmediatamente a Sbeitla y ofrezca apoyo material y moral a la familia de la víctima.

Sbeitla, situada a 30 kilómetros de Kasserine, la capital provincial, es una de las ciudades del interior de Túnez donde son recurrentes los movimientos de protesta para exigir trabajo.

El comercio informal, como la venta de periódicos o de pan, permite a muchos ganar lo suficiente para ayudar a sus familias.

Si bien la situación económica ya era difícil en Túnez, el confinamiento ha dado la puntilla. Los cierres de actividad están teniendo un impacto social devastador. La tasa de desempleo ha aumentado hasta el 18 por ciento y podría superar el 21 por ciento a finales de este año.

La policía se infiltra en las manifestaciones de Costa Rica para provocar disturbios

Los policías están fuera y dentro de las manifestaciones, como si las personas no ejercieran un derecho básico sino que estuvieran cometiendo un crimen. Van armados, protegidos, uniformados y camuflados. Están a los costados, por delante, por detrás. La sobrevuelan con helicópteros, toman fotos y vídeos y luego los archivan para identificar a los participantes, que quedan como sospechosos de haber hecho algo malo.

Todas las manifestaciones del mundo son pacíficas, hasta que llega la policía, carga, golpea y trata de dispersar a la multitud. Luego la prensa cuenta las cosas a la inversa: “estaban los policías reunidos tranquilamente y llegó una muchedumbre violenta que la emprendió a palos con los servidores del orden público”.

Protestar siempre es un delito. Ocurre en todo el mundo. El lunes en Costa Rica el Ministerio de Seguridad Pública infiltró agitadores para provocar disturbios en una manifestación contra el Fondo Monetario Internacional, según un vídeo difundido por Noticias Costa Rica (1).

En la grabación se observa que un contingente de antidisturbios camina con calma por una calle en las inmediaciones de la Casa Presidencial con sus respectivos cascos y escudos de seguridad. Detrás de ellos van dos sujetos, uno con camisa roja y otro con una azul. Ambos caminan con también muy tranquilos.

En segundos se observa que el sujeto de la camiseta roja y su acompañante se detienen, se dan la vuelta y dialogan con un par de policías antidisturbios que venían por la misma calle.

Acto seguido en el audio se escucha: “Sáquennos a nosotros también detenidos, muchachos, sáquennos a nosotros también para estar en la pelota ahora”. Uno de los policías saca las esposas y el tipo de camisa roja coloca sus brazos hacia atrás dejándose detener.

Las imágenes muestran que avanza al lado de otros detenidos sin que estos sepan que es un provocador. El lunes la policía detuvo a 28 manifestantes que están acusados de “agresión a la policía”. Incluso a uno de ellos le acusan de intentar matar a uno de los policías.

Los periodistas le preguntaron al ministro de Seguridad Pública, Michael Soto, si la policía había introducido infiltrados en la manifestación para que provocaran disturbios, a lo que respondió con un rotundo “no”.

“La Policía tenía una actitud pasiva, tranquila, sosteniendo la línea. Son los manifestantes los que empiezan a agredir ilegítimamente a los policías no solo con piedras, sino con pedazos de acera que empezaron a despedazar para atacarnos”, añadió el ministro (2).

Los convocantes cuentan la versión contraria, y culpan al gobierno y a la policía de incitar a la violencia.

La provocación de disturbios es un truco muy viejo que utilizan los gobiernos para que la prensa hable de ellos y no de la manifestación, ni de los motivos de la misma, ni de los participantes.

(1)https://youtu.be/zM20J46qDOc
(2) https://www.nacion.com/el-pais/servicios/manifestantes-de-rescate-nacional-hieren-a-1/RLCVFZHIOZEDXP77PLRW53LGHQ/story/

‘Primero disparar y luego preguntar’ (el terrorismo policial está fuera de control en América Latina)

Causa indignación el caso de un joven manifestante que fue arrojado desde un puente por un policía el pasado 2 de octubre en Santiago de Chile. Además, durante las protestas masivas por mejoras en la calidad de vida y un cambio constitucional de fines del año pasado, la policía chilena fue acusada de torturas, de disparos indiscriminados que dejaron decenas de lesionados con pérdida total o parcial de la vista y de uso indiscriminado de la fuerza, en algunos casos con consecuencias fatales.

En Colombia murió, a principios de septiembre, el estudiante Javier Ordóñez debido a golpes propinados por policías en una comisaría. Los agentes de seguridad llevaron detenido a Ordóñez porque éste no se atuvo a las normas contra el coronavirus, ya que habría bebido alcohol en la calle. En las protestas contra la violencia policial que siguieron a la muerte de Ordóñez resultaron muertos, según los medios, 13 civiles. A finales de septiembre, el caso de una mujer trans que fue tiroteada en Colombia por un soldado durante un control policial también provocó disturbios.

En junio de 2020, miles de personas salieron a la calle en México para protestar contra el terror policial, después de que un hombre de 30 años, Giovanni López, muriera cuando estaba detenido. López había sido detenido por no llevar una mascarilla contra el coronavirus. Los policías mexicanos son casi tan temidos como los de los cárteles del narcotráfico.

“El nivel de violencia y de ejecuciones sumarias está en muchos lugares de Latinoamérica totalmente fuera de control”, según Fernanda Doz Costa, de Amnistía Internacional. Muchos países ni siquiera registran ese tipo de estadísticas, por lo cual es casi imposible obtener informaciones confiables al respecto.

La historiadora Agustina Carrizo de Reimann investiga sobre la policía en América Latina. La excesiva brutalidad de la policía es un problema estructural desde hace mucho tiempo que puede, en parte, ser explicado por el rol que tuvieron durante las dictaduras y los regímenes fascistas en las décadas de los años 70, 80 y 90.

Muchos policías conservan una forma de pensar similar a la de esa época y casi no se han llevado a cabo reformas en las fuerzas de seguridad desde entonces en la región. «Eso se ve muy bien en los carabineros, la policía chilena. Todavía actúan, en parte, como durante la dictadura de Pinochet, desde 1973 hasta 1990. Los manifestantes son, para ellos, un peligro para el Estado. No son personas que ejercen su derecho a protestar pacíficamente y a quienes deben proteger», subraya Doz Costa. El mismo presidente Sebastián Piñera animó en 2019 a la policía chilena a reprimir duramente a los manifestantes. Piñera describió a los jóvenes que salían a las calles para exigir mejoras de “enemigo implacable” que estaba “en guerra” con Chile.

Durante la dictadura militar, los carabineros estaban bajo el mando del Ministerio de Defensa y en 2011 pasaron a recibir órdenes del Ministerio del Interior. En otros países de América Latina, la policía sigue dependiendo del Ministerio de Defensa, y en algunos los jefes del Ejército son, al mismo tiempo, jefes de la Policía. Sus métodos de entrenamiento son similares a los de los militares.

Otro gran problema es la impunidad de los policías. “En caso de cometer faltas, se los lleva ante un tribunal militar en lugar de ante un tribunal civil. La Corte Interamericana de Derechos Humanos denunció repetidas veces que eso es inaceptable”, asegura Doz Costa.

La policía no goza de la confianza de los ciudadanos en Argentina. “Primero disparar y luego preguntar”: ese parece ser el concepto de la policía latinoamericana. También en el caso de cuatro adolescentes argentinos que sufrieron un accidente de automóvil que les costó la vida cuando la policía los perseguía, después de que les dispararan sin motivo, en la ciudad de San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires. El caso es conocido como la “Masacre de San Miguel del Monte”.

La historiadora argentina Carrizo cuenta cómo un policía le disparó a un carterista en plena calle: “Simplemente le apuntó a la cabeza”. La relación de los argentinos con la policía está quebrantada por la falta de confianza en esa institución. “La desconfianza hacia la policía se ve en todas las capas sociales”, indica.

El terror policial afecta, la mayoría de las veces, a los más pobres y a las minorías, sean indígenas, como los mapuches, en Chile y Argentina, o personas negras, como en las favelas de Brasil. Dado que la policía no se ve a sí misma como una fuerza cuyo objetivo es proteger a la población civil, mucho menos se considera protectora de esos grupos, que están en desventaja en la sociedad.

http://laopcion.com.mx/noticia/290134/fuera-de-control-violencia-policial-en-america-latina

Se multiplican los asaltos a las comisarías de policía en Francia

Unas 40 personas provistas de barras de metal y usando fuegos artificiales como morteros, intentaron asaltar una comisaría de policía en los suburbios de París el sábado por la noche, una acción que se reproduce con frecuencia en las ciudades más pobladas de Francia.

Es la tercera tentativa de asalto contra la misma comisaría en dos años. Desde el final del confinamiento a mediados de mayo, en Francia se están produciendo numerosos incidentes y disturbios como consecuencia del hundimiento económico.

El sábado los asaltantes intentaron entrar armadas por la fuerza en la comisaría, pero no lo consiguieron. Una persona fue detenida en el ataque. Se resistió, lo que provocó un tumulto alrededor que obligó a la policía a utilizar “una granada” para dispersar a la multitud (1).

“El uso de morteros para fuegos artificiales se ha intensificado en los últimos meses. Comenzó durante los dos meses de confinamiento cuando las patrullas fueron recibidas en los barrios con estos disparos”, explica un delegado sindical de la policía (2).

El uso de morteros pirotécnicos se ha convertido en “una tradición en las ciudades”, según otro portavoz sindical de los policías. En julio, tres comisarías de policía en las Yvelines, en Les Mureaux, Fontenay-le-Fleury y Plaisir, fueron atacadas.

Mientras que hace unos años estos disparos se observaban principalmente en la víspera de Año Nuevo o el 14 de julio, se han vuelto muy comunes, aprovechando cualquier aglomeración de personas, como en el mes de agosto tras la derrota del PSG en la final de la Liga de Campeones.

“El mortero para fuegos artificiales es un dispositivo pirotécnico que consiste en un cilindro de cartón y una carga explosiva. Esta carga es débil, no es TNT o cualquier otra cosa”, explicó el portavoz de un sindicato de policía.

En un uso normal, se planta en el suelo y se dispara al aire. Pero los atacantes se lo llevan para fabricar un arma. Cuando se dispara directamente, puede herir a alguien y en la cara, es lo mismo que un lanzador de pelotas de goma.

Se requiere una licencia para comprar morteros, pero puedes comprarlos en internet y hacer que te los entreguen en tu casa.

Ayer por la noche, el Ministro del Interior Gérald Darmanin, en una visita a la comisaría asaltada de Champigny-sur-Marne, anunció su intención de prohibir por ley la venta al público, en internet, de morteros pirotécnicos, que serán considerados como armas ilegales.

“Pueden herir, pueden matar, y hoy debemos detener esta venta en Internet, que no está destinada a los profesionales y debemos penalizarla”, explicó el ministro.

Las heridas, especialmente las quemaduras, pueden ser bastante graves. En mayo, durante una intervención policial en la carretera pública de Chanteloup-les-Vignes (Yvelines), tres policías salieron quemados, uno en el cuello, el otro en el brazo y el otro en una mano por los morteros lanzados contra su vehículo cuyas ventanas se habían destrozado.

(1) https://www.lavanguardia.com/internacional/20201011/483991152772/ataque-comisaria-paris-fuegos-artificiales-barras.html
(2) https://www.la-croix.com/mortiers-artifice-souvent-utilises-contre-police-2020-10-11-1301118949

La ‘nueva subnormalidad’ nos ha convertido en piezas de recambio de un taller de desguace

A partir del jueves de esta semana y durante 28 días al menos, los vecinos de las zonas de Canadá clasificadas como “rojas”, que incluyen las regiones de Montreal y Quebec ya no pueden recibir invitados en sus casas.

La policía podrá entrar en sus viviendas para verificar que respetan la norma.

Contrariamente a lo que dijo la semana pasada el doctor Horacio Arruda, director nacional de salud pública de Quebec, la policía no podrá entrar en las residencias privadas sin una orden judicial.

“La policía no empezará a golpear cada puerta de Quebec al azar. No habrá caza de brujas”, aseguró el primer ministro de Quebec, François Legault, en una conferencia de prensa la semana pasada.

Si la policía sospecha que se trata de una “reunión ilegal”, podrá obtener rápidamente una orden electrónica de un juez, que le permitirá entrar en el domicilio sin el consentimiento de sus titulares. Si los ocupantes cooperan, la orden no será necesaria.

En el caso de una infracción sanitaria, la policía podrá expedir inmediatamente “multas portátiles”, similares a las utilizadas para las infracciones de tráfico. Los participantes en una reunión privada ilegal -pero también en una reunión al aire libre, ahora prohibida en las “zonas rojas”- están sujetos a una multa de 1.000 dólares canadienses (640 euros).

El gobierno de Quebec se centra en las reuniones privadas es porque cree que son la causa del aumento de “brotes” que se ha observado en los últimos días. El miércoles de la semana pasada la provincia canadiense de 8,5 millones de personas detectó 838 nuevos “casos”.

Son los estragos sociales del estado de guerra, que se extienden por el mundo entero. Están culpabilizando a las personas por su vida social, por relacionarse, por divertirse, por querer estar con sus amigos, con sus familiares, por querer consuelo, compartir y ayudarse.

En la “nueva subnormalidad” nada de eso volverá a ser posible. No debenmos comunicarnos, intercambiar, tocarnos, besarnos y sentirnos acompañados. Nos han convertido en piezas de recambio de un taller de desguace.

Los estudiantes protestan en Haití por el asesinato de un alumno por disparos de la policía

Estudiantes de la Escuela Normal Superior de Haití se manifestaron el sábado debido al asesinato de su compañero Grégory Saint-Hilaire por disparos de la policía.

El viernes los alumnos de la universidad pública realizaron una protesta por cuestiones políticas y educativas y un agente de la Unidad de Seguridad General del Palacio Nacional disparó en contra de uno de los jóvenes para asesinarle.

Debido a ello, el sábado los alumnos se manifestaron en frente del Palacio Nacional, levantando barricadas con fuego y arrojaron piedras a los antidisturbios, que reaccionaron lanzando gases lacrimógenos.

Por su parte, la Asociación de Profesores de la Universidad del Estado de Haití condenó el asesinato y le atribuyó la responsabilidad al Gobierno, destacando que no es la primera vez que la policía dispara en contra de los protestantes.

La policía indicó que se iba a abrir una investigación para esclarecer los hechos que acabaron con la vida del estudiante.

https://www.elperiodico.com/es/internacional/20201004/estudiantes-protestan-haiti-tras-muerte-alumno-por-policia-8140590

El maccarthismo posmoderno ya no dice el nombre de sus enemigos

El Parlamento Europeo ha creado un “comité especial” encargado de destapar las “influencias extranjeras” que amenazan la integridad democrática de la Unión Europea y los fundamentos de nuestras sociedades libres.

Hace tiempo que la caza de brujas campea a sus anchas por el Viejo Continente, otra de esas olas de histeria de la que se encargará el eurodiputado Raphaël Glucksmann. Se buscan bichos raros, herejes incómodos, de esos que a cada paso sacan los pies del tiesto.

“La era de la ingenuidad europea ha terminado”, dice Glucksmann y él es el mejor ejemplo. Las audiencias comenzaron el 23 de setiembre.

En tiempos del senador MacCarthy eran los comunistas, pero ahora no nos dicen los nombres, aunque tampoco es necesario si recordamos que Glucksmann fue consejero del Presidente georgiano Mijail Saakachvili.

Sí, en efecto, hablamos de Rusia y de sus redes de injerencia, su RT, su novichok y sus numerosos agentes esparcidos por las redes sociales. Una quinta columna que busca la destrucción de la democracia europea.

La misión del nuevo maccarthismo se expresa en el lenguaje de la OTAN. Consiste en “evaluar el nivel de las amenazas, ya sean campañas de desinformación, financiación de partidos políticos o campañas, o ataques híbridos”.

También estudiarán “la transparencia de la financiación de los partidos y las campañas, comprobando las acciones y normas nacionales en este ámbito, así como las influencias externas a través de las empresas, las ONG o la tecnología”.

¿Se refieren a los terroristas kosovares?, ¿a los Cascos Blancos?, ¿a los yihadistas moderados?, ¿a los nazis ucranianos?, ¿a los bielorrusos quizá? No. La Unión Europea no investigará sus propias redes de influencia porque trabajan en pro de una buena causa.

El Comité Glucksmann se centrará en perseguir al Eje del Mal, sus ciberataques y su desinformación, así como a la Quinta Columna, los cómplices, el enemigo interior, que son aún más peligrosos que el otro. El objetivo es identificar las campañas “dirigidas por organizaciones y actores europeos […] que podrían perjudicar los objetivos de la Unión Europea, o influir en la opinión pública para complicar la elaboración de posiciones comunes”.

Glucksmann y sus inquisidores publicarán un informe. El nombre del editor ya circula por los mentideros de Bruselas: la letona Sandra Kalniete, que fue sucesivamente Ministra de Asuntos Exteriores de su país, y luego Comisaria Europea, antes de aterrizar en Estrasburgo. Es hija única por lo que explica en un libro autobiográfico: “Mis padres no querían ofrecer otros esclavos al poder soviético, no tenía hermanos ni hermanas”.

Así están las cosas por Bruselas.

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