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Categoría: Opinión (página 13 de 17)

De casa al trabajo y del trabajo a casa: el coronavirus hace realidad el sueño capitalista de una población controlada y militarizada

El gobierno español va a implantar en los próximos días un toque de queda que, sumado a las restricciones ya aprobadas en todas las Comunidades Autónomas, suprimirá las ya menguadas libertades de movimientos a tres casos: trabajo, estudios o trámites. La ausencia de lecturas críticas sobre la información existente respecto a la pandemia y la aceptación del relato oficial tiene escasos precedentes en la izquierda española. Leer más

Las Crispr/Cas9, el Premio Nobel y la nueva raza aria

Ninguno es tan probable que crea tan poco como aquellos que han comenzado creyendo demasiado
(Miguel de Unamuno)

El Nobel de Química de 2018 fué otrogado a la profesora Frances Arnold, del Instituto Tecnológico de California (CalTech), George Smith, de la Universidad de Missouri Columbia, y Gregory Winter, del Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigaciones Médicas en Reino Unido, por dos trabajos en evolución dirigida y por sus logros al “manipular” la evolución natural y la maquinaria genética de virus y bacterias para producir sustancias químicas con distintas aplicaciones industriales y medicinales según argumentaron desde el Comité Nobel de Química.

El Premio Nobel de Química 2020 se ha otorgado a las bioquímicas Emmanuelle Charpentier, Gerente de la Unidad Max Planck para la Ciencia de los Patógenos de Berlín y Jennifer Doudna, profesora en la Universidad de California en Berkeley en la división de Bioquímica, Biofísica y Biología Estructural por el desarrollo de un método para la edición genética que permite «reescribir” el código de la vida. Demostraron que podían «cortar” cualquier molécula de ADN en un punto determinado, lo que permite modificar el código genético de cualquier ser vivo, incluido el de nuestra especie. Es la llamada “Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats” (repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas), ya investigadas por el microbiólogo de la Universidad de Alicante Francisco Martinez Mojica por allá los años 90. Esta técnica denominada Crispr permite cortar y pegar genes a voluntad, cambiar el destino escrito en el ADN y editar cualquier forma de vida.

Dicen que tiene un potencial terapéutico con enfermedades tan difíciles de tratar como el cáncer o miles de patologías hereditarias. Se ha usado para librar a los cerdos de los virus del ADN que impiden que sus órganos se puedan trasplantar a humanos (y utilizarlos para elaborar en ellos diversas vacunas).

“Este descubrimiento ha llevado a las ciencias de la vida a una nueva era, y, en muchos aspectos, están aportando el mayor de los beneficios para la humanidad”, han afirmado desde el Comité de Química.

Sabemos, por su trayectoria histórica que la otorgación de premios Nobel está marcada por un cúmulo de intereses de todo orden: políticos, económicos, ideológicos, geopolíticos… Podríamos establecer la hipótesis de que las presiones de las grandes multinacionales de la ingeniería genética han tenido mucho que ver tanto en la concesión del 2018 como en la del 2020.

Pero lo auténticamente peligroso, detrás de estas concesiones, está en el triunfo de las tesis de los denominados transhumanistas, aunque quieran disfrazarlo con el apelativo de “evolución dirigida”. Estamos viviendo momentos históricos por lo que respecta a una auténtica involución tecnocrática, con tintes de racismo y plenamente asimilada a las teorías eugenésicas. Paralelamente un modulado y bien elaborado discurso “pantalla” esconde el trasfondo de una operación de largo alcance. Dicho discurso se basa en la teórica posibilidad de “curar todas las enfermedades”, aunque a las grandes corporaciones que financian todos estos experimentos les importa un pimiento la salud de la humanidad especialmente las enfermedades endémicas y fácilmente erradicables de los países pobres. Están en el horizonte grandes cambios legislativos que permitirán la edición de fetos a la carta, de momento para aquellos que dispongan de buena posición económica, pero debido a la simplificación de los procesos de manipulación genética, no sería de extrañar una gran campanya de fecundación “in vitro” en la cual se podrán incorporar aquellas modificaciones del genoma para conseguir la creación de una “raza” cuyas características desconocemos hoy, o de distintas razas específicas para finalidades específicas.

Y, a su lado, el tema económico concretado en la concesión de patentes. No es un tema nuevo sino que tiene una larga trayectoria relacionada con la transferencia de rentas desde lo público a lo privado, Concretamente universidades financiadas a través de presupuestos públicos, pueden patentar los resultados de sus investigaciones. Ya en 1972, un médico de la Stanford University, Stanley Cohen, y un bioquímico de la University of California, San Francisco, Herbert Boyer, desarrollaron la técnica de recombinación de ADN y a través del Programa de Comercialización de Tecnología de la Stanford University solicitaron la patente y fueron concedidas el 2 diciembre de 1980 (Patent No. 4,237,224), el 28 de agosto de 1984 (Patent No. 4,468,464) y el 26 abril de 1988 (Patent No. 4,740,470). Las 3 patentes expiraron el 2 de diciembre de 1997. Desde 1980 hasta 1997 vendieron licencias a 468 empresas y se comercializaron miles de productos con una cifra de negocio de 35.000 millones de dólares y las arcas de las Universidades de Stanford y de California ingresaron 225 millones.

El tratamiento de esta patente ha servido de referencia para todas las que han venido después, en biotecnología y en otros sectores.

En el año fiscal de 2007, en Estados Unidos, los mayores beneficios gracias a la licencia de patentes fueron obtenidos por las siguientes universidades: New York University (791.2 millones de dólares), Coloumbia University (135.6 millones de dólares), The University of California system (97.6 millones de dólares), Northwestern University (85 millones de dólares) y Wake Forest University (71.2 millones de dólares) (1).

En España, la Ley de Reforma Universitaria de 1983 reguló las relaciones entre universidades y empresas, y dio lugar a la creación de las oficinas de transferencia tecnológica de las universidades. La Fundació Bosch i Gimpera fue la primera, vinculada a la Universidad de Barcelona, y ahora todas las universidades tienen un mecanismo de promoción de la tecnología y la creación de empresas a partir de inventos de sus profesores.

Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, el 25 de mayo de 2012, presentaron su primera solicitud de patente. En la actualidad, esta solicitud de patente ya está concedida en la Oficina de Patentes Europea, estadounidense, china y japonesa. Pocos meses después, concretamente el 12 de diciembre de 2012, otro grupo de investigadores liderado por Feng Zhang presentaría una solicitud de patente dirigida esencialmente al mismo método Crispr/Cas9, pero puesto en práctica en células eucariotas.

El elemento clave de estas patentes, y el punto de discordia entre los dos consorcios principales, es la distinción entre procariotas y eucariotas. Donde se lee “eucariotas” hay que entender “mamíferos” y, más concretamente, “humanos” y la posibilidad de “editarlos”.

En 2012, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier publicaron en la revista Science un artículo titulado “A programmable dual-RNA-guided DNA endonuclease in adaptive bacterial immunity”. En él planteaban la utilización de una especie de “tijeras moleculares” capaces de cortar, pegar y editar el ADN.

Antes de la invención de esta técnica, se habían desarrollado también nuevas técnicas de edición del genoma, como las ZFN (zinc-finger nucleases), las TALEN (transcription activator-like effector nucleases) pero argumenta la Academia Sueca de Ciencias, que la edición genética solía ser un trabajo lento, difícil y, a veces, imposible. Sin embargo, el uso de la técnica Crispr/Cas permite cambiar “el código de la vida” en tan solo unas semanas. “Esta herramienta genética tiene un enorme potencial. No solo ha revolucionado la ciencia básica, sino que también ha dado lugar a ensayos innovadores que se traducirán en tratamientos médicos rompedores”, ha anunciado Claes Gustafsson, presidente del Comité Nobel de Química 2020 para justificar la designación. “Se trata de un experimento de gran impacto en la comunidad científica: reprogramaron las tijeras genéticas para que estas pudieran usarse en cualquier organismo. En su forma natural, las tijeras reconocen el ADN de los virus, pero Charpentier y Doudna demostraron que podían controlarse para «cortar” cualquier molécula de ADN en un punto determinado, lo que permite modificar el código genético de cualquier ser vivo, incluido el de nuestra especie”.

El espaldarazo de la Academia Sueca de Ciencias a una de las dos partes en litigio por el tema de las patentes, dejando fuera del Premio a una de las partes, pone en evidencia los intereses económicos que se esconden detrás del Premio Nobel.

La situación en EEUU es, por tanto, de bloqueo mutuo: por un lado, el grupo Zhang no puede salir al mercado con su método eucariota porque infringiría la patente de Charpentier y Doudna que protege el método Crispr/Cas9 de manera general; y por otro lado, Charpentier y Doudna no pueden comercializar su invención en células eucariotas (células a priori de máximo interés comercial) dado que infringirían la patente de Zhang. Esta tipo de situación no es inusual y suele resolverse a través de licencias cruzadas, es decir, a través de un acuerdo en el que ambas partes se comprometen a no demandarse por infracción de patente y así poder repartir ambas partes suculentos beneficios económicos. Algo similar a lo acontecido sobre el VIH y los tests para determinar las “infecciones” que llevaron a un enfrentamiento entre Francia y Estados Unidos, resolviéndose mediante unos acuerdos de tipo económico, aunque el Premio Nobel en aquella ocasión fue entregado a Luc Montaigner, dejando de lado a Robert Gallo.

David Cameron, portavoz del grupo Zhang ya anunció que: “Es hora de que todas las instituciones vayan más allá del litigio y trabajen juntas para garantizar un acceso amplio y abierto a esta tecnología transformadora […] Lo mejor para todo el campo es que las partes lleguen a una resolución”.

El 12 de julio 2017 la revista británica Nature comunicó un trabajo recibido el 22 de agosto de 2016. Los investigadores de la Universidad de Harvard modificaron en el genoma de un grupo de bacterias, por medio de corta-pega o copipasteo genético logrado con la técnica Crispr y Editas Medicine, una start up de 43 millones de dólares, busca desarrollar tratamientos que usen Crispr/Cas para hacer ediciones desde pares de bases específicas hasta segmentos más grandes de ADN

Según investigadores del Instituto Wellcome Sanger en Inglaterra, la edición genética puede llegar a mutaciones no directamente relacionadas con el sitio de edición del genoma. La complejidad y la interrelación entre genes editados y no editados podría afectar la salud de personas con genes editados. En la monografía El fenotipo revolucionario (The revolutionary phenotype), el neurólogo canadiense Jean-François Gariépy desarrolla una teoría basada en la hipótesis del mundo de ARN en que la edición del genoma humano podría llegar a un reemplazo de la reproducción biológica. En lugar de la presente reproducción biológica, podría formarse una reproducción controlada por científicos usando programas informáticos para cumplir los deseos de los padres eligiendo una edición genética por sus hijos.

El 27 de mayo de 2017, en la revista Nature apareció un artículo científico en el que se demostró a partir de una investigación realizada por los investigadores de Stanford, la Universidad de Iowa y Colombia, Kellie A Schaefer, Wen-Hsuan Wu, Diana F Colgan, Stephen H Tsang, Alexander G Bassuk y Vinit B Mahajan que este tipo de ingeniería genética puede generar centenares de mutaciones aleatorias no esperadas (2).

La noticia hizo caer en picado las acciones de empresas como Editas y Crispr Therapeutics,

Dos días después de esta publicación, en un blog personal de la revista Science se publicó un comentario, no un artículo científico, que pone en entredicho la veracidad de este estudio crítico (3). A continuación, Nature escribe una nota en la cual se retracta para mantener la precisión del registro científico. Stephen H. Tsang y Wen-Hsuan Wu, están de acuerdo con la retractación. Pero Kellie A. Schaefer, Diana F. Colgan, Alexander G. Bassuk y Vinit B. Mahajan no están de acuerdo con la retractación y mantienen, mientras no se demuestre lo contrario, la validez de sus investigaciones.

En noviembre de 2018 apareció la noticia: un científico chino anunció que había creado los primeros humanos editados genéticamente. He Jiankui y su equipo del laboratorio de genética en la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur en Shenzen, desactivaron un solo gen con la herramienta de edición de genes Crispr y crearon los primeros humanos editados genéticamente. Aunque en noviembre de 2019 recayó una sentencia judicial que lo condena a él y a dos de sus colaboradores a 3 años de cárcel, una importante multa y la inhabilitación a perpetuidad para ejercer la medicina. El motivo fue que habían infringido las leyes existentes en este momento al respecto.

Estamos ante un esperpento: se premia internacionalmente a quién diseña y construye un arma de destrucción masiva y se condena a quién la usa. Tremenda contradicción. ¿Por qué? Sencillamente faltan las “leyes” y dichas leyes están sujetas a un sinfín de intereses económicos, políticos e ideológicos, lo cual no quiere decir que no se estén elaborando y negociando solapadamente. Se puede modificar el genoma en embriones, pero no (de momento) insertarlos en úteros. Entonces cabe la siguiente pregunta: ¿Si no hay la perspectiva de utilidad a qué viene tanto premio y tanta patente por algo inservible?

Es el summum del cinismo científico, legislativo y político.

Según la Segunda Cumbre Internacional sobre la Edición del Genoma Humano, celebrada en Hong Kong en noviembre de 2018, “los riesgos son demasiado grandes como para permitir ensayos clínicos de edición de la línea germinal humana [espermatozoides, óvulos y embriones] en este momento”.

Pero el experto en genética de la Universidad de Harvard George Church tiene en su web una lista de posibles ediciones que podrían aumentar la masa muscular, dar más solidez a los huesos, retrasar el envejecimiento, dar inmunidad o aportar más capacidad de combatir algunos virus. Si esas intervenciones se llegan a materializar con éxito hay un segundo paso: crear humanos mejorados (4).

Crispr podría garantizar que los bebés de diseño ya no sigan siendo una utopía. Con su ayuda, los padres podrán reunir las características de sus hijos (color de ojos, tamaño, inteligencia, fuerza corporal y mucho más) de acuerdo con sus deseos. Además, las personas genéticamente optimizadas pronto podrían ser claramente superiores a las “personas normales” cognitiva y físicamente. Estaríamos con la reproducción genética artificial. Estaríamos ante la producción industrial de una nueva raza aria: el sueño de Hitler.

“Los sistemas Crispr de edición genética también pueden usarse como arma para luchar contra la infección por el coronavirus. En 2018 se identificó una nucleasa, Cas13d, que era capaz de cortar moléculas de ARN de forma específica, sin enloquecer después, gracias a la acción de pequeñas guías de ARN que le dictaban qué moléculas de ARN debía cortar. Este año, tras alguna propuesta teórica al respecto, unos investigadores consiguieron demostrar, en células humanas en cultivo, que la nucleasa Cas13d era capaz de atacar y degradar el genoma del coronavirus, convirtiéndose en una tijera curativa, que bautizaron con el no menos sugerente nombre de PAC-MAN (recordando el famoso juego de ordenador que en España conocimos como comecocos) (5).

Se han patentado ya “tests” basados en el sistema Crispr para detectar el SARS-Cov-2 lo que puede representar una afluencia de millones para los detentadores de las diferentes patentes.

OMS, Pandemia, Premio Nobel, miles de millones de beneficios y un futuro nada halagüeño para la humanidad que pretenda seguir siendo humana.

(1) https://francis.naukas.com/2009/03/24/las-patentes-como-fuente-de-financiacion-de-las-universidades/
(2) Wu, WH y col. La reparación de Crispr revela una mutación causal en un modelo preclínico de retinitis pigmentosa. Mol. El r. 24 , 1388-1394 (2016). Koo, T., Lee, J. & Kim, JS Medición y reducción de actividades fuera del objetivo de nucleasas programables, incluido Crispr–Cas9. Mol. Cells 38 , 475–481 (2015). Unexpected mutations after Crispr–Cas9 editing in vivo. Nature Methods.
(3) Blog de Derek, Lowe (31 de mayo de 2017). Trouble with Crispr? Maybe, But Maybe Not. Science.
(4) https://elpais.com/elpais/2019/12/30/ciencia/1577710962_002091.html
(5) https://theconversation.com/crispr-tambien-sirve-para-detectar-y-atacar-al-coronavirus-137518

El moderno «teletrabajo» es el equivalente al cerdo engordado con pienso, con destino al matadero

Marx escribió en 1844 que «la demanda de hombres regula necesariamente la producción de hombres, como ocurre con cualquier otra mercancía. Si la oferta es mucho mayor que la demanda, una parte de los obreros se hunde en la mendicidad o muere por inanición.» La llamada «ley del teletrabajo» aprobada viene a dar cobertura a una exigencia histórica de abaratamiento de costes laborales que va a tener consecuencias catastróficas para la clase obrera. Leer más

Cisne blanco para el capital, cisne negro para el proletariado

Nassim Nicholas Taleb, avalador de la corriente de Sextus Empiricus (160 – 210), utiliza en su libro “El cisne negro” una metáfora que describe un suceso sorpresivo (para el observador).

El cisne negro (Cygnus atratus) es una especie de ave anseriforme de la familia Anatidae endémica de Australia. A principios del siglo XVIII, los colonos ingleses que volvieron de Australia trajeron consigo, en sus barcos, un cargamento de cisnes negros que son propios de Australia y hasta ese momento, se pensaba que todos los cisnes eran blancos, porque de ese color eran todos los cisnes que se conocían en Europa hasta entonces.

Metáfora relacionada con la percepción de un pavo durante su engorde. Una tarde el pavo tiene que revisar su creencia; su generoso alimentador, en los últimos 999 días, se convierte en verdugo.

“El problema del pavo se puede generalizar a cualquier situación donde la misma mano que te da de comer puede ser la que te retuerza el cuello. Desde el punto de vista del pavo, el hecho de que el día mil uno no le den de comer es un Cisne Negro. Para el carnicero, no, ya que no es algo inesperado. De modo que aquí podemos ver que el Cisne Negro es el problema del imbécil” (*).

Se ha relacionado dicho fenómeno con acontecimientos como la gripe de 1919, el triunfo de Hitler, la crisis de 1983 y del 2008, los atentados a las torres Gemelas en 2001.

Nada más falso, la gripe de 1919, mejor dicho, lo que se denominó gripe, ya que se utilizó como cajón de sastre para recoger todas las personas enfermadas a raíz de la guerra iniciada en 1914, ya sea por malnutrición, por pulmonía, por sífilis, por tuberculosis, por cólera, por tifus, por efecto de los gases, por “pie de trinchera” con resultados posteriores de gangrenas, por “fiebre de trinchera” producida por la Bartonella Quintana debido a los piojos que la transmiten, por “boca de trinchera” denominada Gingivitis Ulcerativa Necrotizante, por tétanos y por efecto de las vacunas provenientes de anticuerpos de cerdos que se inocularon a todos los soldados, y una gripe estacional de Influenza H1N1 que encontró unos sistemas inmunitarios totalmente debilitados. No existen datos epidemiológicos contrastados de las causas de las muertes posbélicas, tan solo cifras aleatorias interesadas, como en la actual epidemia, que los manipuladores de noticias hacen oscilar entre 50 y 100 millones de “muertos por la gripe”. Lo que si existió y todavía subsiste es la negación de las consecuencias de la guerra, tanto por parte de los vencedores, como de los vencidos.

No fue un “cisne negro” puesto que la guerra se estaba preparando desde la crisis de 1873 y sus organizadores, los capitales europeos en competencia, sabían de antemano la destrucción y muerte que iba a causar, no por casualidad a esta guerra se la denominó “la gran guerra química”. Pero el conjunto de la población era ignorante de ello. Cisne negro para la población, pobre evidentemente, y cisne blanco para los capitalistas.

Otra falsedad, la del ascenso de Hitler al poder. Fue financiado por la gran banca y las grandes empresas alemanas, las mismas que fabricaban los hornos crematorios y los gases asfixiantes de los campos de concentración. Cisne negro para los que sufrieron las consecuencias, cisne blanco para los que organizaron, financiaron y designaron a Hitler “Fürher”.

El derrumbe de las Torres Gemelas en 2001 fue un cisne negro para la mayoría de la población, pero no para los que organizaron y prepararon metódicamente el derrumbe de las mismas, puesto que ya tenían preparada con anterioridad la invasión de Afganistán y toda la batería de legislación antiterrorista (Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism Act) aprobada el 26 de octubre, al cabo de un mes y medio del supuesto ataque. Ley que posteriormente se expandió y copió en todos los países del mundo. Todo estaba previsto, era un cisne blanco para el imperialismo corporativo estadounidense y sus aliados.

La crisis del 2008 fue un cisne negro para millones de trabajadores que perdieron su empleo y sus ingresos. Para millones de pequeños ahorradores que perdieron su dinero, para los pensionistas que vieron desaparecer sus fondos de pensiones. Pero un auténtico cisne blanco para los negocios multimillonarios procedentes de las fusiones bancarias y la compra a precio de saldo de miles de centros productivos en una operación de genocidio financiero preparada con mucha antelación.

Hoy, algunas opiniones, no la de Nassim, que defienden la teoría que la declaración de pandemia se puede calificar de “cisne negro”, puesto que algunos dicen, fue algo sorpresivo. Aunque del análisis de las declaraciones de diversos organismos y corporaciones internacionales, tal vez la más emblemática fuera el “Event 201”, podríamos deducir que todo estaba planeado y “atado y bién atado”, como la democracia española post franquista. Ha sido un auténtico cisne blanco para el entramado químico-farmacéutico-industrial-militar y para los capitales a la caza de las empresas de la competencia en una operación de largo alcance para imponer “manu militari” el inicio de un cambio de patrón tecnológico.

Pero ha sido un auténtico “cisne negro” para la clase obrera mundial, para el campesinado de la periferia, para los trabajadores del “mercado informal”. Y una “rara avis” para los escépticos.

El escepticismo promueve dudar de toda la información que no sea bien apoyada por la evidencia, aunque hay diversas lecturas del mismo, una de las cuales es «no afirmar nada», es decir, quedarse en una reflexión permanente dubitativa sin pronunciarse ni aceptando ni negando. Tal vez uno de los ejemplos más característicos de esta última lectura es el de los “ni-ni” utilizado, en política, para designar aquellas personas que de forma pusilánime no se atreven a tomar partido en cualquier conflicto, situándose de esta forma por encima del bién y del mal, mejor dicho, por debajo del bien y del mal, y que en la práctica dan su apoyo tácito a los desmanes de corporaciones económicas y gobiernos de turno.

La mayoría de la población ha estado representando un papel similar a la metáfora del pavo antes de Navidad, pensando que el capitalismo le daría migajas a perpetuidad, pero de golpe degüella.

No seamos pavos.

(*) Nassim Nicholas Taleb, El cisne negro, pág.103.

La ley de Moore de la explotación, la ley de Moore de la represión

Cada día que pasa se le ven mejor las orejas al lobo en una simbiosis perfecta entre profesionales de la medicina, profesionales de la educación y profesionales de la represión. Unos para prescribir, otros para convencer y otros para someter a los no convencidos, y no tan solo en España, sino en los demás países donde hay que acelerar las reestructuraciones industriales, financieras, culturales, educativas, sanitarias y de relaciones laborales, ya que para esto la Unión Europea ha dispuesto de un reparto de préstamos a largo plazo sin precedentes para implantar la propuesta Next Generation EU, empezado a elaborar durante la “crisis” de 2008 y presente en el programa presentado por la presidenta del Consejo Europeo en 2019.

No estamos en un punto de partida debido a una declarada pandemia, como nos quieren hacer creer a toda costa. Estamos en un punto de llegada de un modelo de patrón tecnológico que se ha vuelto obsoleto para paliar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia del capital.

En condiciones de la normal anormalidad que es en sí el sistema de producción capitalista, a pesar de haber cooptado hace ya años las estructuras de las organizaciones políticas y sindicales obreras, no hubiera sido fácil, o como mínimo hubiera habido una cierta resistencia a los miles, cientos de miles, millones de trabajadores asalariados o autónomos que les han recortado alrededor de un treinta por ciento de sus ingresos y a otros cientos de miles que simplemente los han despedido. Todo a expensas de la pandemia.

Estamos ante una gran reorganización del sistema productivo y social, existen suficientes datos que apuntan a esta reorganización, pero conviene también centrar la atención en las premisas que han ido determinando dicha “necesidad del capital”, a las que conviene atender.

La Ley de Moore aparecida en 1965 y posteriormente corregida en 1975, establecía los parámetros del incremento exponencial del número de transistores por pulgada cuadrada, dicho límite está llegando a su fin y ya están en marcha otras opciones al silicio pues aunque por arte de la nanotecnología hay algunos transistores del tamaño de un virus, las temperaturas que alcanzan hacen inviable su funcionamiento puesto que la energía necesaria para su enfriamiento es superior a la energía que pasa por ellos.

Un informe del International Technology Roadmap for Semiconductors (ITRS), que incluye a Intel y Samsung, afirma que los transistores podrían llegar a un punto en el que no podrían reducirse más en 2021. El proceso de fabricación o litografía de transistores, se mide en nanómetros, un nanómetro son 10-7 centímetros = 0,0000001 centímetros, y este es el tamaño de los transistores. Así pues, la fabricación de un transistor de 10 nm significa que cada transistor mide 10 x 10-7 centímetros, o 0,0000010 cm. Las empresas alegan que, para entonces, ya no será económicamente viable hacerlos más pequeños, acabando finalmente con la Ley de Moore (1).

La Ley de Moore establece la capacidad de incremento técnico de productividad de la base electrónica que hace que cualquier artilugio que interviene en la vida económica opere con mayores capacidades, y si lo extrapolamos a la explotación en el trabajo nos lleva a la siguiente consideración:

La explotación aplicada mediante técnicas convencionales (presencia física en el lugar de trabajo, incremento de los ritmos, horas extraordinarias, cuartos y quintos turnos, contratos basura, temporales, discontinuos, de formación, subcontratas, diversidad de escalas salariales para un mismo trabajo, inmigración,…) ya no es suficiente para aumentar la extracción de plusvalía y los incrementos que derivan de las mejoras técnicas complementarias de los métodos convencionales han llegado a su saturación o límite, atendiendo al modelo actual.

Es el fin de un ciclo iniciado a finales del siglo XIX e intensificado con la microelectrónica, y que, como cualquiera de los ciclos anteriores, se termina con un enorme sufrimiento para el proletariado y también ahora para las llamadas clases medias.

Las medidas que se avecinan basadas en la llamada “Inteligencia artificial” está previsto que rompan las dinámicas anteriores mediante una paulatina eliminación de la contratación colectiva para imponer la contratación individual ligada al trabajo on line de personas alejadas unas de otras en un nuevo concepto de cadena de producción. Vendido mediante la glorificación del “tele-trabajo”.

Asimismo todo tipo de operaciones bancarias jurídicas o de relación con la administración y los servicios públicos está previsto alcancen unos enormes porcentajes de utilización vía internet, e incluso puede que sea la única vía posible.

La situación actual de “estado de pandemia” vislumbra claramente que el futuro de la enseñanza, en especial la universitaria, como también la asistencia médica, se realizará cada vez más, por no decir únicamente, mediante relaciones on-line. El ejemplo de las consultas médicas virtuales en China ilustra estas afirmaciones (2).

El comercio on line y las pruebas que ya se están realizando sobre el reparto a domicilio mediante drones, acabará con el pequeño comercio y con una buena parte de los transportistas autónomos. (curiosamente, las pruebas piloto del reparto a través de drones se están realizando en Burundi bajo el manto protector de la Organización Mundial de la Salud con el rimbombante apelativo de “emergencia sanitaria”, en el reparto de vacunas, otros medicamentos y quién sabe qué más).

En España, la modificación del artículo 13 de la Ley del Estatuto de los Trabajadores por la Ley 3/2012, de 6 de julio, de Medidas urgentes para la reforma del mercado laboral, modificó la ordenación del tradicional trabajo a domicilio con el propósito, entre otros, de dar acogida al trabajo a distancia basado en el uso intensivo de las nuevas tecnologías, y ya entonces en 2012, específicamente dar cabida al tele-trabajo. A raíz de ello se propició de forma cínica, una campaña propagandística de las centrales sindicales mayoritarias estrechamente ligadas al PSOE, contra el gobierno del PP, con la mirada puesta en las próximas elecciones generales. Pero resulta que estas mismas centrales sindicales que forman parte de la CES (Confederación Europea de Sindicatos, ya en 2002 y posteriormente ratificado en 2009 aprobaron por consenso de las organizaciones sindicales y empresariales europeas el tema del teletrabajo, sus líneas maestras y principios básicos, entre los cuales, “teniendo en cuenta las peculiaridades del teletrabajo, pueden ser necesarios acuerdos específicos complementarios individuales o colectivos” (3).

Una sentencia del Tribunal Supremo de 11 de abril de 2005 estableció que el trabajo a distancia no puede imponerse por la vía del artículo 41 del Estatuto de los Trabajadores, por lo que se necesita un acuerdo entre empresa y trabajadores. Sin embargo, el Real Decreto Ley 8/2020, de 17 de marzo, dice que la empresa puede adoptar las medidas oportunas en relación con el teletrabajo «si ello es técnica y razonablemente posible y si el esfuerzo de adaptación necesario resulta proporcionado», además recoge que este tipo de trabajo debe ser prioritario antes de cesar al trabajador o reducir su actividad.

En el primer Anteproyecto de la Ley del Teletrabajo, Inicialmente, se regulaba un derecho del trabajador a revertir el teletrabajo, la norma finalmente no entrará a definirlo y hace remisión a posibles negociaciones en convenio colectivo. Esto implica que la decisión de volver al trabajo presencial no dependerá sólo del trabajador (4).

En síntesis, un primer paso para la ruptura del marco tradicional de las relaciones laborales y la negociación colectiva que simplemente aplicó en España un acuerdo de la Unión Europea elaborado diez años antes aunque fuentes interesadas lo catalogaran como una reforma del PP, y no es nada de extrañar que el actual gobierno se niegue a modificar dichas reformas laborales puesto que están encaminadas a confluir, junto a otras medidas jurídicas, educativas, sanitarias, tecnológicas y represivas en el gran cambio propuesto por la Next Generation EU.

La Ley de Moore aplicada a la represión se mantendrá con toda su crudeza física en la periferia del sistema capitalista y con algunas modificaciones en las querellas interimperialistas sobre la base de la carrera armamentística, que a su vez es uno de los negocios más rentables al lado de la química-farmacéutica, la biotecnología y el tráfico de drogas y humanos utilizados para mantener altas las tasas de explotación.

Si algo nos está enseñando esta declaración pandémica es la multiplicación de la represión mediante un pacto cívico-militar para descubrir y delatar a los transgresores de la “ley”, como hemos podido comprobar durante el estado de excepción y los arrestos domiciliarios, o como recientemente en la Universidad Autónoma de Barcelona una “dirigente estudiantil” denunciando a un profesor por ir sin bozal (5).

Pero también en este aspecto hay limitaciones puesto que entre policías y sayones no abarcan a toda la población, y ello es a causa de una paralización de la Ley de Moore y para imponer el gran cambio que se avecina les requiere de la instalación de miles de cámaras para identificar cualquier persona en cualquier lugar, como ya se está realizando en China. Cámaras que en el desarrollo de la óptica, también se está llegando a un punto de inflexión después de las reducciones exponenciales de las lentes y sus capacidades visuales mediante las técnicas convencionales. Para ello, un equipo de ingenieros eléctricos e informáticos de la Universidad de Utah, en EE.UU, han creado una cámara sin óptica en la que cualquier ventana con un cristal normal transparente puede convertirse en su lente. Las aplicaciones son diversas, siendo la primera de ellas las cámaras de seguridad, que en el futuro podrían ser las propias ventanas, o cualquier cristal de escaparate por donde transitemos, con lo cual es de prever que incluso las actuales cámaras que inundan las calles no serán necesarias (6).

En el borrador de la nueva Ley del Teletrabajo que se está debatiendo actualmente, las empresas, en cuanto a la vigilancia de los trabajadores salen ganando claramente, ya que se establece que la empresa puede adoptar «las medidas que estime más oportunas de vigilancia y control para verificar» que el trabajador a distancia cumple con sus obligaciones y deberes” (7).

Dentro del ámbito represivo no podemos dejar de lado el sistema sanitario y educativo los cuales han dado ya pruebas de ser los perfectos aliados de la milicia y en total sintonía con ella. Iván Illich no dudó en denunciar la medicina que enferma más que cura, la escuela que deforma más que educa. Estudió la lógica de las instituciones de la sociedad capitalista industrial y las condiciones de su supervivencia, tanto en su dimensión colectiva como en el nivel individual. Para Illich, la función de estas instituciones es legitimar el control de los hombres, su esclavización a los imperativos de la diferencia entre una masa siempre creciente de pobres y una élite cada vez más rica. En la “Convivencialidad” planteó que “pasado un cierto umbral, la sociedad se convierte en una escuela, un hospital o una prisión. Es entonces cuando comienza el gran encierro” (8).

La cuestión central es saber si la escuela tiene como meta el desarrollo del poder de los individuos de todas edades para su propia formación (escolar o extra-escolar) o el aumento de la dependencia de cada uno en relación con el saber útil a los intereses de la clase dominante (9).

Ambos sistemas, después de muchos años regidos por la Ley de Moore en cuanto al grado exponencial de sumisión a intereses espúreos, también están llegando, mediante los métodos tradicionales a una ralentización de las tareas que el capital les tiene encomendadas a pesar de la corrupción y manipulación tanto de los contenidos curriculares como de las patologías inventadas. Consecuencia de ello es el intento de transformación radical de ambas especialidades al amparo de la denominada Inteligencia Artificial, la cual, a base de algoritmos se prevé que puedan iniciar una nueva etapa de patologización y adoctrinamiento que supere la paralización de la Ley de Moore.

A nivel de organizaciones de la clase obrera, hace años ya, que la paralización de su capacidad de respuesta y de intervención es una constante, así como del resto de organizaciones cívicas. El factor que más ha influido en ello ha sido la dependencia financiera a costa de los presupuestos estatales, autonómicos o municipales, a despecho de las contribuciones de sus integrantes. Si queda un atisbo de ética proletaria habrá que ir pensando cómo se abandonan también, debido a su paralización e inoperancia, los modelos existentes e ir a la búsqueda de nuevos retos organizativos, programáticos, culturales y de acción acordes a la necesidad de enfrentar esta gran transformación del paradigma industrial-cultural-represivo que nos están imponiendo bajo el manto de una supuesta pandemia.

(1) https://www.profesionalreview.com/2018/04/01/que-es-la-ley-de-moore-y-para-que-sirve/
(2) https://www.nobbot.com/general/ping-an-good-doctor-china-clinicas-un-minuto/
(3) http://www.ces.es/documents/10180/5231798/Dic022020.pdf
(4) https://www.grupo2000.es/asi-es-la-reforma-para-legislar-el-teletrabajo-que-prepara-el-gobierno/
(5) https://www.lavanguardia.com/vida/20200917/483525208842/uab-docente-negacionsta-expediente.html
(6) https://www.tekcrispy.com/2018/08/21/tecnologia-ventana-camara-seguridad/
(7) https://elcierredigital.com/empresa-y-economia/464030327/claves-discutidas-proyecto-ley-teletrabajo.html
(8) https://www.academia.edu/37537256/La_Convivencialidad_de_Ivan_Illich
(9) EcoRev: “Figures de l’écologie politique”, número 21, otoño-invierno 2005

Consulta al Dr. Pueblo

En el siglo IV de esta era, el Imperio romano administraba las prefecturas de Bretaña, Galia, la Galia Narbonense, Hispania, Lusitania, Dacia y Macedonia. En el siglo IX, el reino inglés lo componían Sussex, Essex, Kent, Wessex, Mercia, Estanglia, Northumbria, Cumbria, Lothian y Domnonea.

Si nos vamos a los príncipes alemanes, tenemos a Mecklemburgo, Brandemburgo, Lusacia, Polonia, Silesia, Bohemia, Sajonia, Baviera, Tirol, Palatinado, Hessen, Pomerania, etc.

En el siglo XV existió el Estado de Borgoña, configurado por los ducados de Lotaringia, Luxemburgo, Brabante, Gueldres, el condado de Hainaut y los obispados de Utrecht y Lieja.

Si nos detenemos en el imperio austrohúngaro, la lista es interminable, pero ya sus topónimos y la exonomástica nos «suenan» más: Valaquia, Anatolia, Besarabia, Moldavia, Transilvania y los pueblos eslavos como los serbios, bosnios, croatas, checos, eslovacos, eslovenos, rutenos (ucranianos)… Dejaremos Italia, Bélgica, Suiza, Escandinavia, la Rusia de los zares, Irlanda, los Estados Pontificios y hasta Prusia.

Lejos de mí afirmar que todo este cúmulo de nombres eran naciones, pero sí que formaban eso que acuñó la burguesía en su fase revolucionaria y se conoce como «pueblo». Fueron distintos procesos históricos de unificación (y lo contrario) lo que las hizo constituirse en naciones. Antes eran estados más o menos sólidos o embrionarios y luego naciones. O no (desaparecieron, simplemente).

Se suele hablar -impropiamente- de la «nación india» (no la hindú) o de la «nación judía», pero no lo son. Es más correcto hablar de, por ejemplo, el Estado de Israel y no digamos de Palestina con todo su aval milenario.

Llegados a este punto, resulta inevitable traer a colación el País Vasco o, más de actualidad, Catalunya, y volver a recordar lo que todo el mundo sabe, esto es, que son naciones (sin estado) históricamente formadas, surgidas sobre la base de la comunidad de idioma, territorio, vida económica y de psicología. Lo único que no tienen, aparte de libertad y democracia, es una Liga de fútbol propia. Se niega la palabra a estos pueblos, y podría llegar el día en que quienes hoy niegan el derecho de autodeterminación, lo reclamarían si se diera una situación irreversible. Pero está en el gen fascista de este régimen negarlo y, mientras tanto, joder.

Vístame la verdad

Escribe Engels: «La concepción materialista de la historia parte de la tesis de que la producción, y tras ella el cambio de sus productos, es la base de todo orden social, de que en todas las sociedades que desfilan por la historia, la distribución de los productos y junto a ella la división social de los hombres en clases, es determinada por lo que la sociedad produce y cómo lo produce y por el modo de cambiar sus productos. Según eso, la última causa de todos los cambios sociales (aquí el poeta Machado discreparía) y todas las revoluciones no debe buscarse en las cabezas de los hombres ni en la idea que ellos se forjen de la verdad eterna, sino en las transformaciones operadas en el modo de producción y cambio; han de buscarse no en la filosofía, sino en la economía». ¡Y yo que quería interpretar el mundo y llega Engels, junto a su amigo y compañero Marx, y me lo transforma! Pero decidí seguir interpretando y no transformando nada. Eso me condujo derechamente al éxito en el supermercado de las ideologías.

En otras palabras: no es el onanismo mental el que mueve nada, sino el hecho de tener un puesto de trabajo y qué lugar ocupas en la cadena. Lo que mueve al mundo es la producción, el trabajo (por un salario o una renta) y el capital (ávido de plusvalía). No lo mueve -lo puede menear aparentemente- ni el lujo de la oligarquía ni el dinero negro ni la corrupción ni otras excrecencias de este podrido sistema. Un sistema -el capitalista- que nació chorreando sangre y pudre las conciencias buscando su complicidad o apatía. Lo que hay es filfa, paja, congrua y, sobre todo, mentira. Mienten porque no soportan la verdad. La verdad no puede ir desnuda. Es escandalosa. Por eso hay que ponerle ropaje y saquear el lenguaje. Pesa más la verdad que a Anteo sostener el atlas.

Por supuesto, no faltará quien diga, bueno, «esa es tu verdad». He aquí el «demócrata» para quien la verdad, sencillamente, no existe. Por lo tanto, carpe diem.

Argos panoptes y la pandemia panóptica

“Hacerse dueño de los hombres no por esclavitud o fuerza, sino por la disposición que les rodea, de las impresiones que se les producen.
Su principio básico es la vigilancia, su elemento más arcaizante, la mirada. Sin embargo, lo que cobrará importancia no es la mirada directa de un hombre a otro, sino la noción abstracta de vigilancia. Lo novedoso del panóptico es pues la celosía que oculta al inspector a los ojos de los reclusos. No es ya una persona, sino la presencia. Presencia abstracta que se multiplica y se subdivide en muchas otras, porque no está “sólo en los ojos sino que está en la piel de uno mismo” (1)

Jeremy Bentham, seguro había leído lo suficiente sobre los mitos y leyendas de la antigüedad grecorromana cuando en 1787 acuñó el término Panóptico para diseñar arquitectónicamente cárceles, hospitales, escuelas, talleres… para vigilar sin ser visto. En la primera de las 21 cartas de las que se compone su tratado, La Inspección, dice: “Se puede estar castigando al incorregible, guardando el demente, reformando el vicioso, confinando el sospechoso, empleando el ocioso, manteniendo el desvalido, curando el enfermo, instruyendo el obrero en cualquier rama de la industria, o entrenando la raza creciente en el camino de educación: en una palabra, así se aplique a los propósitos de prisiones perpetuas, o el cuarto de muerte, o prisiones para el encierro, o penitenciarías, o correccionales, o fábricas, o manufacturas, o sanatorios, u hospitales, o escuelas”.

Con su propuesta, los vigilantes, con solo dos ojos, podían ver y controlar a decenas, centenas, de personas, y éstas saber que constantemente estaban vigiladas, al igual que Argos Panoptes, el monstruo de los cien ojos de la mitología griega, (el sirviente de los dioses que “todo lo ve y nunca duerme” -Pan: totalidad, mundo. Optes: mirada, ojos-). El panóptico arquitectónico se convirtió en una instalación para la dominación de forma permanente, un mecanismo de observación desde un lugar escondido vigilando constante y minuciosamente consiguiendo un conocimiento total sobre la actitud de los vigilados para verificar si un individuo se conduce o no como debe, si cumple o no con las normas impuestas, si se disciplina, si se arrepiente,… creando un auténtico terror como el expresado por Prometeo: “¡Argos me está mirando de nuevo! ¡Mantenlo alejado, oh Tierra! Tengo miedo cuando veo esa miríada de ojos” (Esquilo, Prometeo encadenado)

El invento de Bentham tomó forma emblemática a partir de 1932 en Cuba durante la dictadura de Gerardo Machado: “La vigilancia en las circulares era extrema y con muy pocos vigilantes. Un guardia penetraba por el túnel de las circulares y se situaba en la torre central, la cual termina en su parte más alta con una garita, de tal forma que el vigilante no es observado por los reclusos, ni ellos saben cuando éste los observa debido a la forma de construcción y los penados tampoco conocen cuando ocurre el cambio de guardia, por lo que es una vigilancia siempre alerta bajo la mirada oculta” (2).

Aunque en Cuba, durante la guerra de independencia, el general español Valeriano Weyler Nicolau impuso en 1896 la denominada “reconcentración” convirtiendo las ciudades controladas por el ejército colonial en inmensos campos de concentración en los cuales los “ojos” de los militares españoles querían controlar a los campesinos e impedir que éstos ayudaran al ejército mambí.

La proclama que daba inicio a la reconcentración decía: “Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes”. Vigilancia, control y castigo que, salvando el tiempo y el espacio, tiene muchas similitudes con los denominados “confinamientos pandémicos” impuestos en multitud de países, cuyas consecuencias en las áreas alejadas de los centros del capitalismo mundial, han sido y son, miseria, hambre y desesperación de las gentes que sobrevivían de la llamada economía informal. Al parecer estas gentes son los modernos rebeldes o los colaboradores de los rebeldes, como decía Weyler. El historiador Raúl Izquierdo Canosa, autor de investigaciones sobre esta etapa de lucha del pueblo cubano, relata: “Cuando en los difíciles días de 1897 el alcalde municipal de Guines visitó a Weyler para exponerle las terribles condiciones en que se encontraban los reconcentrados en esa villa y solicitarle algunas raciones para impedir que continuaran muriendo de hambre, éste le respondió: ‘¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre?’ Pues precisamente para eso hice la reconcentración” (3).

En diversos países se construyeron en el primer tercio del siglo XX multitud de panópticos para encarcelar a los transgresores de las normas establecidas, pero seguramente España se llevó la palma ya que disponía de este tipo de instituciones en Barcelona, Badajoz, Lugo, Madrid, Oviedo, Valencia y Vigo. Muchas más que en cualquier otro país.

Lo que Bentham no sabía es que su propuesta sería modernizada en el siglo XXI hasta un extremo tal, que el pobre Argos quedaría como un títere de feria en lugar de un héroe. Los millones de panópticos actualmente funcionando en todo el mundo a través de la arquitectura e ingeniería informática, los sistemas de detección vía satélite, las cámaras capaces de identificar rasgos físicos almacenados en gigantescas bases de datos tienen como única finalidad el control de la población y la modificación de su comportamiento. Y los modernos Argos Panoptes, leales servidores de los modernos dioses, aunque sólo tengan dos ojos físicos, disponen de miles de ojos virtuales y al igual que en los panópticos carcelarios, nadie los ve, pero todo el mundo sabe que está observado.

“En primer lugar, encontramos la ciencia al servicio del poder… Lo fundamental es que el sujeto se sienta vigilado y, en función de ello, actúe según esperan los resortes del poder” (4).

Esta ciencia, como otras ciencias, si bien es cierto que podrían utilizarse para conocer y reprimir en todo momento los fraudes fiscales, las evasiones de capital, la explotación de los emigrantes jornaleros del campo, los tráficos de drogas, los tráficos de personas, las redes de prostitución, los sobornos a funcionarios, la corrupción política… La ciencia y los encargados de ponerla en funcionamiento a través de la técnica, la usan para determinar quién asiste a una manifestación, quién plasma una opinión contraria al poder establecido en internet, quién camina por la calle sin bozal, quién sin disponer de techo ocupa una vivienda vacía propiedad de un banco, quién sin recursos “pincha” la electricidad, quién…

Michel Foucault, en Vigilar y Castigar, nacimiento de la prisión (1975), dedica el capítulo tercero al panóptico desde la mirada de finales del siglo XX, y es recomendable su lectura en estos momentos de legislaciones represivas e imposiciones irracionales con la excusa de una pandemia como trasfondo tal como define Jaime Chuchuca. “El poder está experimentando los efectos del Estado policíaco mundial ad hoc, físico y virtual, de dominio coactivo, pero también de consenso autocoactivo, porque se precisa la limitación de la libertad por la sobrevivencia. El panóptico pandémico es el síntoma de la crisis y se destruirá también por ella” (5).

Una trilogía compuesta por “Pandemia, Crisis, Panóptico”, la cual es invisible pero determina el que hacer y el que pensar de cientos de millones de personas está instalada, como si fuera el Olimpo, en lugares inaccesibles, ya sea un organismo internacional, una corporación industrial o un satélite artificial, desde los cuales pueden monitorizar cualquier movimiento susceptible de poner, aunque sea en entredicho, la pandemia, la crisis y la vigilancia panóptica. Y de forma irresponsable, los propios vigilados regalan miles de informaciones a través de sus teléfonos móviles que quedan todas registradas en las bases de datos de los modernos Argos, los cuales pueden utilizarlas en cualquier momento sin que el vigilado sea consciente ni haya dado autorización para ello.

Las llamadas Leyes de Protección de Datos, tan utilizadas para esconder los enormes sueldos y gratificaciones de los altos funcionarios de los servicios públicos (como en la corporación de Transportes de Barcelona) o de los “cargos de confianza” de distintos organismos políticos, o de los dirigentes de las grandes centrales sindicales y partidos políticos, o de los miembros de los consejos de administración de las grandes corporaciones, o de las amantes del rey emérito; por el contrario, son vulneradas cotidianamente por lo que respecta al resto de mortales a través del panóptico digital.

Hasta el momento de la llamada tercera revolución industrial en el último tercio del siglo XX, con la masiva introducción del “Chip” en todos los procesos industriales, de servicios i en las ciencias sociales, es decir, durante el sistema impuesto después de la segunda parte de la guerra mundial, imperaba en los países llamados industrializados, la sociedad del espectáculo a imagen del “Panem et circenses” del imperio romano: grandes espectáculos musicales, deportivos, teatrales, políticos, religiosos… junto a unos ingresos más o menos decorosos del proletariado primermundista y unos sistemas de asistencia social para los más desfavorecidos. Entre el entretenimiento y la barriga llena, el concepto de explotación y alienación iban perdiendo adeptos, aunque en otras partes del mundo la situación era radicalmente distinta. Era la eficacia del capital sobre el proletariado industrial, era la paulatina desaparición del internacionalismo proletario.

Pero un sistema que vive en crisis permanente, es decir, en reestructuración permanente, y la parte del pastel que se distribuía, cual anona romana, entre el proletariado de los países de los centros imperialistas es cada vez menor, ya no bastan los espectáculos para acallar las voces de protesta, ya no bastan cuando cientos de miles de personas se han visto privadas de su vivienda y de sus fuentes de ingresos. Puede acontecer que se inicien desde diversos lugares focos de protesta, de airada protesta, tal vez de solapada revuelta, tal vez de organización social. ¡Cuidado, peligran los beneficios! ¿Qué hacer?

La pandemia no se sabe todavía con certeza a que obedece, ni su origen, ni si es pandemia, pero lo que sí es cierto y comprobable son los enormes beneficios de las grandes corporaciones internacionales del mundo digital, que a su vez están emparentadas con los conglomerados químico-farmacéuticos y con los medios de comunicación de masas. Y las corporaciones industriales, también es cierto y comprobable, que bajo el manto de la pandemia están reestructurando sus capacidades productivas a nivel mundial.

Pero todo ello queda en segundo plano, pues los medios de comunicación solamente hablan de infectados, sintomáticos, asintomáticos, testados, en una vorágine sin precedentes de medias verdades, muchas mentiras, y muchas censuras. A su lado la resurrección del héroe en la mitología griega: Argos Panoptes, el gigante de los cien ojos que ha cambiado de apariencia convirtiéndose en cámara fotográfica y de video, con ojos ultravioleta, infrarrojos, cromáticos,… que se vehicularán vertiginosamente por el 5G, teniendo por aliado los servicios de inteligencia, las bases de datos, las policías y los incautos que hacen coro, al igual que en las tragedias griegas.

Tal vez debería hacerse un llamamiento a modernos Hermes informáticos que no estén al servicio de los dioses, sino del proletariado, para acabar con los Argos Panópticos al servicio del Poder, para conseguir que millones de ojos de millones de personas vigilen y controlen a unos pocos miles de vigilantes y a los científicos que están al servicio de éstos.

“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera»
Pablo Neruda

(1) http://www.bib.uia.mx/tesis/pdf/014525/014525_03.pdf
(2) https://www.ecured.cu/Presidio_Modelo_(Isla_de_la_Juventud
(3) https://www.ecured.cu/Reconcentraci%C3%B3n_de_Weyler
(4) https://revistaqdc.es/del-panoptico-moderno-a-la-vigilancia-liquida-de-la-posmodernidad/
(5) Jaime Chuchuca Serrano. Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca. 25 Marzo 2020

Colocar un bozal a los alumnos es coherente con este sistema ‘educativo’

Este curso me va a pesar tener alumnos menos desbocados en clase. Si ya de antes eran llevados y traídos a golpe de timbre, separados de los amigos “con los que hablan”, anestesiados por la rutina fabril de lecciones y exámenes, vigilados por el sistema informático, y silenciados repetidamente por sus profesores, este año van a estar del todo embozados y “clavados” a sus sillas. No me cuesta -por desgracia- imaginarlo. Ya que, en gran medida, se les adiestra como a perrillos, con el hueso del punto y el palo del suspenso, no deja de ser coherente el colocarles ahora una cadena pintada en el suelo y un bozal.

Esta semana veremos cómo todo aquello que en los centros educativos tenía más que ver con la educación (expresarse y comunicarse libremente, experimentar, convivir, elegir por uno mismo, cultivar amistades y afectos…), y que solo sucedía en la periferia de las aulas -pasillos, recreos, excursiones…- o, excepcionalmente, en la clase de algún profesor “raro”, se acaba por esfumar del todo. Alumnos adolescentes, de entre doce y dieciocho años, no podrán, este curso (ya veremos hasta cuándo), salir al pasillo entre clases, levantarse, acercarse a sus compañeros o su profesor, saludarse o contactar físicamente, hacer actividades en grupo, compartir objetos, ir de visita a otras aulas, usar bibliotecas o laboratorios, tocar instrumentos, realizar actividades extraescolares, abandonar el centro durante el recreo, jugar al balón, salir del sector asignado en el patio, apoyarse en la pared, pararse a charlar en las entradas y salidas…

Como le leí el otro día a un amigo y experto docente, se ha prohibido todo aquello que enmascaraba y dulcificaba el proceso educativo, haciendo que este se muestre, de forma descarnada, como lo que realmente es: un enorme engranaje disciplinario destinado fundamentalmente a perpetuar las estructuras sociales, y un colorido (o grisáceo, según edad) almacén en el que depositar a los niños mientras trabajan sus padres.

Para este viaje no hacían falta alforjas. La educación presencial es preferible a la digital, sí, pero no a un coste educativo tan alto. Ni con un presupuesto tan bajo. Aunque desengáñense: solo con inversión económica no se soluciona nada. Autoridades, docentes y buena parte de la sociedad, ya venían contagiados (y embozados), desde antes de la pandemia, por una sustanciosa cantidad de virus ideológicos y prejuicios. De hecho, a no pocos profesores les va a parecer de perlas tener a sus alumnos (¡al fin! -dirán-) sentados y amordazados durante las seis horas diarias de clase.

En la insolación de este extraño y reconcentrado verano he soñado, a ratos, con que las administraciones, en un ejercicio insólito de cooperación, a la luz nimbada de un solemne pacto político, sistemáticamente asesorada por verdaderos expertos -no gurús de saldo- y miembros destacados -no mansos y enchufados- de la comunidad educativa, decidían aprovechar la crisis para dar un vuelvo definitivo a la situación. No solo para garantizase mínimo y mítico 5% del PIB, o los profes necesarios para que las ratios de alumnos fueran, valga la redundancia, razonables, sino para fijar una ley de educación estable, transformar el sistema de selección y formación de docentes, abrir y airear currículums, impulsar una necesaria renovación pedagógica, y dar un giro sustancial a lo que, por simple rutina, todavía creen muchos que es la educación.

Luego despertaba y empezaba a temer que, más que una oportunidad, la crisis pudiera ser el pretexto perfecto para recoser la misma ley educativa con cuatro o cinco modificaciones biensonantes, recortar o congelar fondos, mantener ratios (para subirlas conforme vaya pasando la pandemia) y dejar todo como estaba o, peor, como una versión simplificada y básica de lo mismo: más orden, más disciplina ciega, más adiestramiento para el mercado, más control, y más mascarillas para el pensamiento crítico, la autonomía personal y el genuino deseo de saber. Ojalá me equivoque, pero, más allá de coyunturas sanitarias, la mascarilla en la boca y la disciplina cuartelera siguen siendo un símbolo de cómo muchos siguen entendiendo la educación. Con bozal.

https://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/educacion-bozal_1248656.html

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