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El imperialismo alemán asume la defensa del ‘feminismo’ (excepto en Gaza)

La tentación es concluir que si el imperialismo alemán ha asumido la defensa del feminismo es porque la ministra de Asuntos Exteriores es una mujer: Annalena Baerbock. Pero sería un error porque el imperialismo alemán va más allá de una ministra de ocasión que va a durar muy poco en el cargo.

El año pasado el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán esbozó las directrices para una “política exterior “feminista” (*), centrada en la defensa de lo que considera como “mujeres marginadas”, de las que hay muchas en Gaza, masacradas implacablemente por los bombardeos israelíes.

Pero ese no es el caso porque Alemania es cómplice de cada una de las matanzas que los israelíes están cometiendo en Gaza, lo que ha dado lugar a un curioso debate sobre la “política exterior feminista”. El 21 de octubre la organización encargada de desarrollar el concepto, el Centro de Política Exterior Feminista (CFFP), junto con Hawar, una de esas ONG que defienden los derechos humanos, organizaron una conferencia de prensa sobre el tema “prevenir los feminicidios, legalizar los abortos”.

Baerbock ocupó un lugar central en la conferencia, junto con otras mujeres que han convertido el “feminismo” en una importante fuente de ingresos. Esta vez el tiro les salió por la culata. La hostilidad fue palpable tanto dentro como fuera del evento, debido precisamente a la presencia de Baerbock. Un miembro de la audiencia se puso de pie en señal de protesta y gritó: “Detengan el genocidio de las mujeres palestinas”, antes de ser expulsado de la sala. Fuera de la conferencia, las mujeres protestaron con pancartas que decían, por ejemplo, “Los derechos de las mujeres no deben ser sinónimo de privilegio blanco”.

Las imágenes y vídeos de la conferencia y las protestas que la acompañaron provocaron fuertes reacciones en las redes sociales. Las fundadoras del CFFP fueron acusadas de “feminismo blanco” y desde entonces destacadas militantes internacionales han renunciado al consejo asesor de la organización.

El debate pone de relieve un problema que se viene gestando desde hace algún tiempo: aunque el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán afirma en sus Directrices para una “política exterior feminista” que debe “centrarse en los derechos, la representación y los recursos de las mujeres y los grupos marginados”, en la práctica el Ministerio socava precisamente esos derechos. La “política exterior feminista” da un barniz seudoprogresista a los intereses del imperialismo alemán.

La política de Baerbock no tiene nada de feminista, como demuestra su política hacia Gaza.

El imperialismo es incompatible con el feminismo

La fundadora del CFFP, Kristina Lunz, intentó justificar la participación de la ministra en el periódico Die Tageszeitung, subrayando que Baerbock “es una de las pocas figuras políticas que defiende actualmente el aborto”. Es cierto que Baerbock lleva tiempo haciendo campaña contra la criminalización del aborto. “El hecho de que el aborto siga siendo técnicamente un delito en Alemania está completamente fuera de sintonía con nuestros tiempos”, declaró la dirigente de los Verdes este verano.

Pero a Baerbock sólo se la puede considerar feminista cuando se ignoran por completo sus acciones en su propio Ministerio. Después de Estados Unidos, Alemania es el principal proveedor de armas de Israel. Entre agosto y octubre de este año, el gobierno ha aprobado entregas de armas a Israel por valor de más de 94 millones de euros.

El apoyo casi incondicional de la ministra de Asuntos Exteriores a Israel, incluso cuando su ejército ataca escuelas y otras infraestructuras civiles, quedó claro cuando afirmó falsamente el mes pasado que “los sitios civiles pierden su estatuto de protección [según el derecho internacional] cuando los terroristas abusan de ellos”.

Los comentarios de Baerbock están en total contradicción con la realidad sobre el terreno en Gaza y Líbano. Un informe de la ONU publicado hace apenas unas semanas dice que se necesitarán 350 años para reconstruir Gaza si la franja costera continúa bajo bloqueo. En Gaza, más de medio millón de mujeres se ven afectadas por la inseguridad alimentaria y 175.000 están expuestas a riesgos de salud que ponen en peligro sus vidas. En las últimas dos décadas, ninguna otra guerra se ha cobrado tantas vidas entre mujeres y niñas en un año como en Gaza. Si estos hechos no son lo suficientemente claros, el Centro Europeo de Derechos Constitucionales y Humanos (ECCHR) inició recientemente acciones legales contra los envíos de armas de Alemania a Israel.

En 2023 la coalición gubernamental de Alemania estableció un récord de exportación de armas, que podría volver a superarse este año. Además de Israel, estas armas se envían a países como Arabia saudí, Qatar y Turquía, lo que demuestra que la retórica sobre la “lucha contra el islamismo” en nombre de la protección de los derechos de las mujeres no debe tomarse demasiado en serio cuando frustra los intereses imperialistas y comerciales de Alemania.

La política exterior alemana nunca ha sido tan antifeminista como lo es hoy, a pesar de su retórica “feminista”. La propia CFFP se ha manifestado a favor de un alto el fuego en Gaza y en respuesta a las protestas en la conferencia de prensa, ha declarado que Alemania debería dejar de exportar armas a Israel. Pero, ¿qué credibilidad tiene una organización que comparte el escenario con la ministra alemana de Asuntos Exteriores? La CFFP no hace más que garantizar que políticas como Baerbock puedan seguir cubriéndose con un superficial barniz “feminista”.

Una ‘tormenta de mierda’

Las verdaderas feministas han criticado la política exterior del gobierno desde que el concepto se introdujo por primera vez en el discurso político alemán. Lo que pretende la “política exterior feminista” es legitimar al imperialismo alemán.

Que la política exterior alemana se llame a sí misma “feminista” es irrelevante. Los intereses de la política exterior de Alemania son intereses capitalistas, que se basan en la explotación de los oprimidos, que a menudo son mujeres y niñas. Un Estado capitalista e imperialista como Alemania nunca abordará las condiciones que empujan a las mujeres en todo el mundo a la pobreza, la explotación, la exposición a la violencia y la marginación.

El CFFP ha tenido que disolver su consejo asesor porque los críticos no se han callado y han puesto el dedo en la llaga de la “política exterior feminista” del gobierno alemán: Gaza. En una declaración, hoy eliminada, el CFFP negó haber limitado a su consejo asesor a expresar sus opiniones sobre Gaza. Unos días más tarde sus miembros publicaron una carta abierta acusando a la organización de discriminar sistemáticamente a quienes defienden los derechos de las mujeres palestinas.

Con el tiempo la polémica se ha ido encendiendo. La CFFP calificó las críticas como una “tormenta de mierda” misógina y han inactivado su sitio web “por mantenimiento”.

(*) https://www.auswaertiges-amt.de/en/newsroom/news/baerbock-guidelines-ffp/2586412

El Partido Comunista de Grecia vota contra la legalización del matrimonio homosexual

A mediados de febrero el Parlamento griego aprobó una ley sobre el matrimonio civil entre personas del mismo sexo que contaba con el apoyo de la reacción (Nueva Democracia) y los partidos reformistas típicos de la pequeña burguesia posmoderna, Syriza y Pasok.

En un arranque de coraje poco común, el KKE, Partido Comunista de Grecia, votó en contra porque el verdadero objetivo de la ley es legalizar la comercialización de la gestación subrogada y la consiguiente degradación del papel de la mujer.

La ideología burguesa sigue adelante con su labor de zapa en todo el mundo, esta vez en nombre de la “igualdad” y los “derechos”, ocultando lo que no es más que un negocio que comercializa la reproducción humana y explota el deseo de paternidad de las personas.

Del mismo modo, la burguesía habla de los “derechos de los niños” pero no se lamenta cuando son víctimas de la explotación capitalista o de guerras, como la de Gaza, donde son asesinados por miles con la mayor frialdad.

“La institucionalización del matrimonio civil para parejas del mismo sexo es en realidad una extensión de la institución familiar a estas parejas, allanando así el camino a la comercialización de la procreación y la adopción, incluso ‘encargando’ bebés personalizados que cumplan con requisitos específicos”, dice el KKE en una resolución reciente en la que explica su voto.

Pero los posmodernos no tienen nada diferente que decir sobre lo que es “igualdad” y lo que son “derechos” de lo que dice la burguesía, que no es otra cosa que un individualismo burgués de lo más estrecho.

Como cabía esperar, la pequeña burguesía posmoderna ha reaccionado por su parte contra el KKE calificando su postura de “homófoba”, lo cual también es muy característico porque su ideología “identitaria” es la puerta de entrada del pensamiento burgués en los sectores populares.

El siguiente paso será acusar al Partido Comunista de Grecia de alinearse con la “extrema derecha”.

La población no se identifica en función de su orientación sexual o cualquier otra característica individual, sino por su posición de clase que, en última instancia, se reduce a dos: el proletariado y la burguesía. Lo importante, cabe concluir, es su posición social, no su posición en la cama.

La lucha contra cualquier forma de discriminación basada en raza, género, religión, color, nacionalidad u orientación sexual, está inextricablemente integrada con la lucha entre ambas clases sociales y, lo que es aún mucho más importante: desde su mismo origen el proletariado encabeza esa lucha contra todas las formas de discriminación, a las que aporta su propio sello clasista, que nada tiene que ver con la burguesía, tanto si es grande, como si es pequeña.

Las mujeres no somos propaganda de guerra (Manifiesto feminista antimperialista)

El mundo está cambiando. La unipolaridad ejercida por el Occidente capitalista desde la caída del muro de Berlín, mediante la subyugación política, el saqueo económico y la guerra imperialista, se está derrumbando. Varios países de Asia, África y América Latina se están empezando a levantar contra el dominio de EEUU, la Unión Europea y otras potencias del Occidente colectivo. Ante estas transformaciones, el feminismo occidental enfrenta un reto histórico.

Con la desaparición de una izquierda y movimientos sociales sujetos a la racionalidad más básica, las feministas nos hemos enfrentado, en total soledad y sufriendo la censura, al delirio posmoderno transgenerista según el cual ser hombre o mujer no es una realidad biológica, sino una identidad innata cuya expresión se materializa en las mesas de quirófano de las clínicas del género. Esta soledad ha supuesto un repliegue ideológico del feminismo que lo hace vulnerable ante la propaganda de la guerra imperialista, y completamente desprevenido ante las enormes transformaciones que está viviendo el mundo.

De este modo, sin comprender dichas transformaciones, el feminismo occidental corre el riesgo de convertirse él mismo en parte de la maquinaria propagandística de la guerra imperialista, en arma contra todos aquellos países que socavan el dominio occidental.

En los últimos tiempos, se han vertido en los medios de comunicación una gran cantidad de bulos que se han probado falsos, o de informaciones oportunamente difundidas, con el único objetivo de generar animadversión contra países como China, Rusia, Irán o Siria. Este objetivo responde a la necesidad de dirigir la opinión pública y crear un ambiente propicio para que las sociedades occidentales aceptemos o apoyemos, por acción u omisión, las guerras imperialistas llevadas a cabo por nuestros gobiernos.

Sean reales o inventadas, la falta de derechos y la situación de las mujeres y niñas en los países del sur global son empleadas de forma espuria para crear una imagen del mundo donde el jardín occidental emerge como el adalid de la civilización, los Derechos Humanos y la democracia. Y el resto de países, la mayor parte de la Humanidad, como una jungla de violencia, atrocidades, integrismo religioso y ataques a los derechos de las mujeres. Una jungla que debe ser civilizada, a golpe de bombazos si hace falta, porque ese salvajismo es su naturaleza.

Así, viejos discursos coloniales sobre los “blancos civilizados” son reeditados en la nueva contienda entre Occidente y el resto de regiones del mundo, las mismas regiones a las que durante más de cinco siglos hemos colonizado, esquilmado y sumido en la pobreza, financiando golpes de estado y grupos terroristas para asegurarnos de que esa jungla jamás levante cabeza. Sólo con el empobrecimiento del mundo se ha podido producir el enriquecimiento desmesurado de Occidente. Siendo las potencias ricas del mundo, hemos podido permitirnos el nivel de vida necesario para poder luchar por los derechos sociales, de las mujeres o de las personas homosexuales. Y en un colosal ejercicio de cinismo, ahora acusamos al resto del planeta de ser unos salvajes, convirtiendo esas mejoras en parte del discurso supremacista occidental y legitimador del imperialismo.

Las mujeres y nuestros derechos no podemos convertirnos en arma de guerra imperialista. El feminismo no puede colaborar con ese cínico ejercicio de justificación del dominio de los países occidentales que mantiene sometido al resto del planeta, que finalmente ha dicho basta y se está uniendo contra el norte global. Si la superioridad moral, abstraída de todos los condicionantes socio-históricos que nos han traído hasta aquí, es lo único que las feministas occidentales tenemos que ofrecer al mundo, perderemos toda clase de legitimidad para unirnos a la lucha de nuestras compañeras feministas del resto del mundo.

El salvaje ataque de Israel contra Palestina a principios de octubre, uno entre tantos otros con o sin pretextos inmediatamente anteriores, ha puesto de manifiesto la desorientación del feminismo en relación con todas estas cuestiones. Si bien en todas partes se sucedían las manifestaciones de solidaridad internacionalista con Palestina y contra el genocidio que Israel lleva a cabo desde hace siete décadas, la práctica totalidad el feminismo occidental guardó un llamativo silencio, salvo honrosas excepciones. Cuando no ha sido así, se ha dado veracidad a informaciones falsas contra la resistencia armada, legalmente reconocida, del pueblo palestino. Se ha esgrimido que las guerras son “cosas de hombres”, algo contradictorio con la idea de que no existen cosas intrínsecamente de hombres ni de mujeres, para situarse en la equidistancia ante un genocidio evidente y televisado. En casos todavía peores, se ha aprovechado que Palestina era noticia por estar siendo exterminada para señalar que es una sociedad muy machista.

A medida que el conflicto ha ido escalando y mantener ese silencio era cada vez más insostenible, han ido apareciendo nuevas posturas matizadas que, si bien señalan con mayor o menor medida la agresión brutal contra Palestina por parte de Israel, vuelven a situarse en la equidistancia esgrimiendo que la violencia ejercida por cualquiera de las partes debe ser condenada, o que el dolor de las mujeres palestinas e israelíes es el mismo. Se utiliza así a las mujeres para equiparar veladamente al agredido con el agresor en un conflicto entre un pueblo masacrado y su verdugo, una potencia militar imperialista del Occidente colectivo. Todas esas posturas bienintencionadas que condenan toda violencia por igual, sin tener en cuenta el contexto histórico y que han aparecido justamente cuando un pueblo se revuelve contra su agresor, sirven en última instancia a Israel, Estado que profesa la ideología inequívocamente fascista del sionismo, y al imperialismo occidental.

Como feministas, sabemos la importancia de la paz en el mundo para las mujeres. Como antiimperialistas, sabemos que son nuestros países occidentales los primeros en fomentar guerras y genocidios para mantener su ya maltrecha hegemonía unipolar. Como un animal herido, Occidente tratará de morir matando, y debemos señalarlo sin ambages, y sin discursos de cínica superioridad moral o equidistancia interesada hacia el resto de la humanidad, que necesita poner fin al dominio occidental para poder desarrollarse en sus propios términos y en función de cada contexto sociohistórico. También en cuanto a la lucha de las mujeres.

Es por esto que hacemos un llamamiento a construir un feminismo antiimperialista que no se deje manipular por la propaganda de guerra imperialista ni se convierta en colaboracionista de la misma en ninguna de sus múltiples formas. Se lo debemos a todas las mujeres y pueblos del mundo de cuya desgracia hemos vivido hasta ahora.

Marina Pibernat Vila, Násara Iahdih Said, Elena de la Vara, Gemma Bravo Encabo, Lucía Gutiérrez Pérez, Blanca González Marcó, María Augusta Rodrigues Ribeiro, Gacela Pérez Adame, Marife García Elena, Cynthia Duque Ordoñez, Mariángeles Payas Serra, Isabel López Blázquez

Si tú también quieres suscribir nuestro manifiesto, puedes hacerlo en: https://feministasantiimperialistas.blogspot.com/

El saldo económico para la mujer empeora en España y su pobreza se extiende y se cronifica

El proceso ascendente de movilizaciones feministas del ciclo 2017/2018 tuvo su cúspide tanto con la moción de censura del PSOE sobre el gobierno de Mariano Rajoy, como el gobierno de coalición PSOE y Podemos. Si bien el nuevo ejecutivo mantuvo la promesa de «avanzar» en los derechos que reclamaba el movimiento feminista, tanto el balance de estos 4 años, como las perspectivas, son que la mujer está en el ojo del huracán de la miseria y la explotación. Leer más

Las aguerridas mujeres de Matamoros en rebelión contra las transnacionales en México

El 25 de enero de 2019 pasará como el día en que estalló una de las mayores huelgas de trabajadores de maquiladoras de las que se tiene registro en México. Es un conflicto con un gran significado: los trabajadores organizados se levantaron contra las grandes empresas trasnacionales.

Este movimiento fue bautizado como 20/32, que resume dos de sus principales reclamaciones. Los trabajadores exigen un 20 por ciento de aumento salarial y un bono de 32.000 pesos (unos 1.700 dólares) para cada trabajador, cifra esta última que compense los aumentos no recibidos en los últimos 15 años.

El colectivo recibió una muestra de solidaridad en la Ciudad de México convocada por el Partido Comunista mexicano y el Partido Socialista de los Trabajadores que congregó cientos de personas en el Ángel de la Independencia, un sitio icónico de la capital.

“El apoyo de las organizaciones en otras partes del país es la fuerza, sobre todo para los trabajadores de cinco empresas que no han querido ceder, entre ellas Coca-Cola. Lo que no quieren es sentar el precedente de dar el pago a los trabajadores del 20/32 y llegaron al absurdo de la terminación del contrato colectivo”, dijo la abogada, Susana Prieto Terrazas.

El inicio fue hace casi dos meses en Matamoros, en la frontera norte, una de las zonas maquiladoras más grandes del país. Allí funcionan fábricas deslocalizadas de Estados Unidos o Canadá, que procesan materias primas provenientes de esos países, adonde se vuelven a exportar los productos terminados, procesados por trabajadores mexicanos.

Estas industrias han proliferado en México a partir de 1965 y particularmente a partir de la entrada en vigor del TLCAN en 1994. Además de beneficiarse del arancel cero previsto en los acuerdos comerciales, las maquiladoras reducen costos, pues del lado mexicano los sueldos son comparativamente más bajos que los de un trabajador en el resto de Norteamérica.

Los trabajadores no están dispuestos a dar el brazo a torcer y quieren mejorar su situación de precariedad. Pero desde el estallido del movimiento, sus integrantes han sufrido despidos masivos, represión y también cosechó acuerdos en 25 fábricas. Las empresas que siguen en paro son Fluxmetals de México, Coca-Cola, Grupo Mecalux Mexico, Avances Científicos de México y Agroquímicos y Equipos Industriales.

Hasta ahora, dichas empresas se han negado a negociar con el movimiento, según explicó su asesora jurídica.

Uno de los primeros anuncios del presidente Andrés Manuel López Obrador al asumir el cargo fue sobre la duplicación del salario en 43 municipios de la frontera norte, o que se aumentara la base mínima a 176 pesos mexicanos (9 dólares) por día.

“Los contratos de estos obreros están indexados al aumento del salario mínimo. Con el decreto del presidente López Obrador debió aumentarse a toda la franja de contratos colectivos en Matamoros, Tamaulipas”, explicó Prieto Terrazas.

La respuesta de las empresas, explicó la abogada, fue quitarles los bonos de puntualidad, limpieza, excelencia y asistencia a los trabajadores, para intentar no aumentar el monto pagado.

“Todos los bonos se los eliminaron para anexarlos al salario y cuando fueron a protestar les dijeron que eso derivaba de su ignorancia”, explicó.

El malestar creció hasta que cuajó en la movilización de unos 40.000 trabajadores del sector, que en su momento álgido llegó a involucrar a 45 empresas.

El reclamo del bono surgió ante la deuda histórica que las empresas tienen con sus trabajadores y que, según Prieto, fue fomentada por acuerdos ilegítimos entre sindicatos “charros” —amarillos, esquiroles— que no han velado por los intereses de los trabajadores.

“El bono único surge del aumento que debían darle a cada trabajador y que [las empresas] generaron como una prestación adicional única desde hace 15 años, sin aumentarles el salario”, explicó la fuente.

El mecanismo que usaban las empresas era sacar la diferencia del aumento salarial que debían pagarle por día a cada trabajador, multiplicarlo por 365 y ofrecerles ese pago por única vez, en un bono anual.

Como los aumentos siempre eran bajos, de menos de 10 pesos, nunca había sido un problema para las empresas. Pero como el aumento ahora es de 88 pesos mexicanos, el bono anual para cada trabajador asciende a 32.000 pesos mexicanos (1.700 dólares).

Hay más mujeres que hombres en la industria maquiladora, pero cada vez se les restringe más el trabajo, si fueron operadas o son mujeres de edad no las quieren, menos si están embarazadas o son madres solteras”, dijo la abogada Susana Pazos durante la movilización en la Ciudad de México.

El problema aumenta si consideramos que hasta ahora el salario de la maquila está condicionado a bonos extra por puntualidad y asistencia, lo que dificulta su cumplimiento cabal para las mujeres jefas de hogar.

Si una trabajadora falta un día laboral es suficiente para que en cualquiera de los 43 municipios de la zona fronteriza les descuenten la mayor parte del salario, porque las bonificaciones están sujetas al complimiento de una condición, explicó la abogada.

Sucede para todos, hombres y mujeres, con los bonos de productividad que acercan el formato laboral a condiciones de “esclavitud moderna”, como han denunciado desde el movimiento.

“Los bonos de complimiento se hicieron para deshacer a los obreros”, sostuvo la abogada. Para graficar lo vivido explicó que en Matamoros, se otorgan según el trabajo de toda la línea de producción.

“Si son 12 personas y uno falta, toda la línea pierde el bono. Si uno llega tarde, toda la línea lo pierde y de castigo te descansan 3 días. Los tienen sujetos a una enemistad y división todo el tiempo”, explicó.

La marcha en solidaridad con la mayor huelga obrera contra la industria nacional que se ha vivido en México concluyó en el Zócalo capitalino, con las palabras de una de las trabajadoras que hizo estallar a la multitud en aplausos:

“Las mujeres somos aguerridas y con buenos dotes para a resistencia, por eso somos la mayoría en la industria maquiladora”, exclamó la trabajadora.

Eliana Gilet https://mundo.sputniknews.com/economia/201903221086230803-maquilas-mexico-matamoros-transnacionales-huelga/

La burguesía ‘feminista’ quiere apoderarse de ‘la mitad del pastel’ que le corresponde

A medida que se acerca la farsa “feminista” convocada para el 8 de marzo, la catarata de adhesiones se multiplica exponencialmente. Ya no falta nadie por convocar, por lo que se ha convertido en un auténtico acto nacional y patriótico, es decir, que convocan todos y, por lo tanto, no convocan contra nadie en particular, salvo los “molinos de viento” de la igualdad, el patriarcado y similares.

Los comunicados de apoyo ponen de manifiesto la condición de clase de quienes los redactan, por lo que son cada vez más vergonzosos. Entre ellos destaca el de las “Comunicadoras 8M”, un grupo de periodistas que convoca con la consigna “Como nosotras somos la mitad de la población, queremos la mitad del pastel”. Son las repelentes palabras de una de sus portavoces, Maribela Gutiérrez (*).

La portavoz no explica de qué “pastel” se trata, pero lo podemos sospechar. No es la mitad del paro, no es la mitad de los contratos basura, no es la mitad de un salario de hambre, no son son la mitad de las horas extras, no son la mitad de los despidos, no son la mitad de los desahucios, no son la mitad de los cortes de luz…

No es nada de eso porque la burguesía no quiere esa parte; quiere la otra. Quiere la mitad del botín de la explotación capitalista, extraída del sudor y el sufrimiento cotidiano de los obreros, tanto mujeres como hombres. Eso es lo que reclama la burguesía “feminista”.

La clase social a la que pertenecen las “Comunicadoras 8M” es la que desde hace un mes está saturando sus medios, incluidos los más reaccionarios, con la convocatoria de la “huelga” más publicitada, lo que contrasta con otro tipo de huelgas: auténticas huelgas de mujeres trabajadoras.

Así hace semanas que las trabajadoras de la limpieza de los institutos de la Comunitat Valenciana están en huelga, pero nadie habla de ello, ni siquiera las “Comunicadoras 8M”. La abundancia de unas noticias silencia a las demás y así tratan de distraer la atención respecto a los problemas fundamentales de la clase obrera.

Las trabajadoras de la limpieza de Valencia están de huelga porque no les pagan sus salarios. Ese dinero está en los bolsillos de la burguesía. Es lógico, pues, que las mujeres que pertenecen a esa clase social quieran la mitad de ese botín.

(*) https://www.cope.es/actualidad/economia/noticias/comunicadoras-llama-todas-las-mujeres-secundar-huelga-feminista-queremos-mitad-del-pastel-20190305_366958

Más información:
— Los capitalistas y los fascistas son los auténticos convocantes de la ‘huelga feminista’ del 8-M

— Recuperemos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de las manos de la burguesía

Recuperemos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de las manos de la burguesía

Con el Día Internacional de la Mujer ha ocurrido lo mismo que con otras fechas significativas del movimiento obrero: el capitalismo se ha apropiado de ellas, no sin antes vaciarlas de contenido y de cualquier objetivo socialista.

En el caso del 8 de marzo se han falsificados sus orígenes, se ha eliminado su carácter de clase y de ser un día de lucha y reivindicación de las trabajadoras de todo el mundo inscrito en la lucha por el socialismo se ha convertido en un día festivo donde las consignas giran en torno a la lucha entre los sexos y no entre las clases. Pues bien, como comunistas debemos recuperar la memoria de un pasado de lucha de las mujeres trabajadoras enterrado y falsificado por la burguesía.

Todos los años cuando llega la fecha del 8 de marzo nos cuentan la misma historia sobre su origen, que se eligió este día “en conmemoración del día 8 de marzo de 1908 en que las trabajadoras de la fábrica textil llamada Cotton declararon una huelga en protesta por las condiciones insoportables de trabajo. El dueño entonces cerró las puertas y prendió fuego muriendo abrasadas las 129 trabajadoras que había dentro” (1).

No hay pruebas documentales de que estos hechos existieran tal como se presentan. La verdadera historia es que fueron cogiendo acontecimientos reales de aquí y de allá, cambiaron fechas y los fueron amañando para presentar unos orígenes a la medida de los intereses de la burguesía. Esta versión aparece en torno a 1955, y el objetivo parece claro, eliminar el carácter comunista que tenía el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

No es extraño que la aparición de esta leyenda se produzca en la década de los años 50. Las vicisitudes que ha sufrido el Día Internacional de la Mujer Trabajadora están ligadas a las sufridas por el movimiento comunista. Será en esta década cuando se produzca la traición revisionista que supuso un abandono de los principios y objetivos revolucionarios de la mayoría de los partidos comunistas oficiales para pasarse con armas y bagajes a colaborar con el capitalismo y por este motivo, se reescribió la historia de muchos acontecimientos relevantes de la clase obrera para acomodarla a los nuevos tiempos.

El terreno estaba abonado para que el movimiento feminista de los años 60 se apropiara de esta fecha y borrara el término trabajadora para convertirla en el Día de la Mujer. Posteriormente se daría un nuevo paso hasta hacerla irreconocible: en 1975 la ONU declara el 8 de Marzo Día Internacional de la Mujer y de la Paz, y los gobiernos de la mayor parte de los países capitalistas organizan actos oficiales en este fecha. Así es como ha enterrado un pasado combativo de las mujeres trabajadoras y se ha falsificado uno nuevo que pueda ser asumido por todas las mujeres sin distinción de clase.

Los hechos históricos de la leyenda

No hay ningún dato que recoja un incendio en 1908. En la fábrica Triangle Shirtwaist Company de Nueva York se produjo un incendio, pero fue el 25 de marzo de 1911. Este suceso tuvo una gran repercusión en el movimiento obrero, no solo porque ocasionó la muerte de 148 trabajadores, de los cuales 129 eran mujeres, la mayoría emigrantes procedentes de Italia y Europa central y con edades comprendidas entre los 16 y los 24.

El hecho adquirió mayor relevancia porque en 1909 las trabajadoras de esa fábrica protagonizaron la primera huelga llevada exclusivamente por mujeres, cuyas demandas se resumían en un aumento de los salarios, mejoras en las condiciones laborales, la abolición del sistema de subcontratación y de las multas, la jornada laboral de 52 horas semanales, una igual carga de trabajo durante todo el año, la limitación de las horas extras y el reconocimiento de los derechos sindicales.

La huelga comenzó el 27 de septiembre de 1909 y se prolongó hasta el 15 de febrero de 1910. A las obreras de la Triangle se unieron otras fábricas no sólo de Nueva York sino también de las principales ciudades de Estados Unidos; se calcula que serían unas 40.000 las obreras en huelga, lo que paralizó por completo la industria textil norteamericana.

Cuando finalizó la huelga, la mayoría de los empresarios negociaron con sus trabajadoras parte de las reivindicaciones, solo 13 no lo hicieron, entre ellos los de la fábrica Triangle. Si hubieran aceptado las demandas de las trabajadoras, el incendio no habría tenido lugar, o al menos no habría tenido las consecuencias catastróficas que tuvo, ya que una de las reivindicaciones que venían exigiendo era que las puertas permanecieran abiertas y no cerradas como era habitual para mejor control de los trabajadores.

Las protestas por estos sucesos movilizaron a miles de trabajadores y tuvieron una gran repercusión en el movimiento obrero, pero no ocurrieron un 8 de marzo, ni en 1908. El incendio tuvo lugar un año después de celebrada la II Conferencia de Mujeres Socialistas en 1910, donde se toma el acuerdo de celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y seis días después de que en Europa se realizara la primera celebración.

Los antecedentes del 8 de Marzo

Mientras que los orígenes del 8 de Marzo son mucho más complejos que atribuir a esta fecha un acontecimiento concreto, su base ideológica hay que buscarla en el movimiento socialista de finales del siglo XIX. Tanto a nivel teórico como organizativo, fueron los socialistas los que dedicaron más esfuerzos teóricos y prácticos por el objetivo de la emancipación de la mujer. Marx y Engels tratan el tema de la mujer trabajadora, su papel en la producción industrial, haciendo un análisis científico del origen de la opresión y discriminación de la mujer. Obras como “La situación de la clase obrera en Inglaterra” o “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” de Engels y “El Capital” de Marx, analizan la opresión de la mujer, ligando su emancipación a la de la clase obrera. En 1879, aparece el primer libro dedicado a tratar la cuestión femenina: “La mujer y el socialismo”. Su autor, August Bebel, era un destacado dirigente del movimiento socialista alemán. Esa obra tendrá una gran repercusión.

Esta labor teórica del movimiento comunista se verá acompañada de una labor organizativa. Serán los partidos socialistas los primeros que incluyan en sus programas las reivindicaciones del derecho al voto de las mujeres y los relativos a su igualdad.

Este proceso se produce en el contexto del desarrollo capitalista que empujaba a miles de mujeres a incorporarse al trabajo productivo, espoleadas por la miseria en que vivían sus familias, lo cual acarreará importantes cambios en su situación. Pasaron de permanecer aisladas en el hogar y de dedicarse a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos, al trabajo fuera del hogar en la producción industrial. Aparece así una gran contradicción: por un lado su papel en la producción como un trabajador más, con una relativa independencia económica y, por otro, la falta de derechos políticos, la desigualdad en la familia y ante la ley, a lo que se sumaba la explotación bestial a que eran sometidas.

No es extraño pues que en la primera década del siglo XX se desarrollara un potente movimiento obrero y, a la par, un potente movimiento de mujeres socialistas. En Alemania el Partido Socialdemócrata contaba en 1914 con 175.000 afiliadas, lo que representaba el 16’1% de la militancia; entre ellas cabe destacar la figura de Clara Zetkin.

En 1907 se celebró la I Conferencia de Mujeres Socialistas en Stuttgart. Dos fueron los puntos principales sobre los que giraron las discusiones: lanzar la campaña por el derecho al sufragio de las mujeres y establecer unas relaciones permanentes entre las organizaciones de mujeres socialistas de todo el mundo.

Dos años más tarde, en 1909, las socialistas norteamericanas toman la iniciativa de celebrar el Woman’s Day el último domingo de febrero, con el propósito de unir fuerzas, propagar la lucha por el derecho al voto y las ideas socialistas entre las mujeres. Esta iniciativa será la precursora de la celebración internacional de un día dedicado a la mujer trabajadora.

Aunque tanto el movimiento feminista burgués como el movimiento de mujeres socialistas defendían la misma reivindicación, el derecho de las mujeres al voto, los objetivos eran completamente diferentes, lo que provocará desde el primer momento una línea divisoria entre los dos movimientos. Mientras el movimiento feminista consideraba esta reivindicación como un fin, a través del cual podían impulsar las reformas necesarias para lograr la igualdad en todos los terrenos con los hombres de su clase, pero sin cuestionar el sistema capitalista, para las mujeres socialistas la reivindicación del sufragio empieza a tomar un papel importante sólo desde el momento en que la táctica del proletariado consistía en utilizar las instituciones burguesas contra las instituciones mismas. Se consideraba el voto sólo como un medio para participar en la vida política, facilitando el trabajo de propaganda, concienciación y organización para la revolución socialista, su consecución no eliminaría la causa de su opresión que radicaba en la propiedad privada de los medios de producción. Así elaboraron un programa que recogía los siguientes puntos:

– la lucha contra la explotación capitalista, la igualdad de salarios
– la eliminación de la explotación de los niños y de la prostitución
– la reducción de la jornada laboral, el reconocimiento del derecho al voto de todas las mujeres
– acceso a un sistema educativo basado en la coeducación
– una reforma legal que facilitase la obtención del divorcio
– el reconocimiento del derecho de las mujeres a limitar el tamaño de su familia
– la socialización de las tareas domésticas con la creación de servicios como comedores, guarderías, lavanderías, etc.

La mayor parte de estas reivindicaciones no iban ser alcanzadas con reformas dentro del sistema. Por este motivo las socialistas no llevaron esta lucha por el sufragio en alianza con el movimiento feminista burgués, sino con los partidos socialistas y vieron que la verdadera liberación de la mujer está unida a la lucha por el socialismo.

Los orígenes del Día Internacional de la Mujer Trabajadora

En agosto de 1910 se celebró la II Conferencia de mujeres socialistas en Copenhague. Los puntos a tratar se centraron en el trabajo en torno al sufragio femenino universal, la protección social a las madres e hijos, la jornada laboral de 8 horas, la prohibición de utilizar fuerza de trabajo femenina en trabajos insalubres, dieciséis semanas de baja por maternidad y la aprobación de un seguro obligatorio por maternidad. Esta Conferencia también tomaría medidas para asegurar unas relaciones regulares entre las mujeres de todos los países.

En lo relativo a la celebración del Día de la Mujer Trabajadora, Clara Zetkin, en representación de las delegadas socialistas alemanas, presentó la siguiente moción: “De acuerdo con las organizaciones políticas y sindicales del proletariado, las mujeres socialistas de todos las nacionalidades organizarán en sus respectivos países un día de las mujeres especial, cuyo principal objetivo será promover el derecho al voto de las mujeres. Será necesario debatir esta proposición con relación a la cuestión de la mujer desde la perspectiva socialista. Esta celebración deberá revestir un carácter internacional y será necesario prepararla con mucho esmero” (2).

Clara Zetkin no propone ninguna fecha ni habla de ningún acontecimiento concreto. En un artículo que escribió unos días después de celebrada la Conferencia, hace referencia a que la idea parte del ejemplo de las socialistas americanas, que venían celebrando desde hacía dos años en las principales ciudades de Estados Unidos el Womans’s Day.

Por su parte, Alejandra Kolontai, delegada rusa, reflexionaba sobre los objetivos del Día Internacional de las Mujeres, dejando claro su carácter socialista desde sus inicios: “Ese día iba a ser un día de solidaridad internacional en la lucha por los objetivos comunes y un día para revisar la fuerza organizada de las mujeres obreras bajo la bandera del socialismo” (3). La primera celebración tiene lugar en 1911, pero no se concreta un día. Las fechas elegidas dependían del país. En Alemania, Dinamarca, Suecia y Austria y otros países europeos se eligió el día 19 de marzo.

Una muestra del cariz que tenía esta fecha en sus orígenes es la manifestación de las mujeres trabajadoras realizada en Viena ese primer año. Marcharon en torno al Reichstag portando banderas rojas y recordando a las luchadoras de la Comuna de París que habían sido masacradas. Ante el éxito de las movilizaciones, en 1914 las socialistas alemanas fijan por primera vez el día 8 de Marzo para unificar las diferentes movilizaciones a nivel internacional, pero en este año comienza la I Guerra Mundial y estas movilizaciones quedarían relegadas.

Para las mujeres socialistas la posición que toma la socialdemocracia de apoyo a la guerra imperialista va a tener importantes repercusiones. Muchas de ellas abandonan estos partidos y crean organizaciones para luchar contra la guerra imperialista, la vuelta de sus maridos e hijos del frente y contra el hambre y la carestía; otras participarán activamente en la formación de los partidos comunistas, como Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin.

Sin embargo, serán las trabajadoras rusas las que recojan esta bandera. Desde tiempo atrás, el partido bolchevique venía desarrollando una importante labor de concienciación y organización entre las mujeres. Siguiendo los puntos aprobados en la II Conferencia de Mujeres Socialistas, empiezan a celebrar este día en 1913. La fecha elegida fue el 17 de febrero (2 de marzo del calendario occidental) bajo la denominación de Día Internacional de las Trabajadoras. Esta primera celebración realizada en las principales ciudades, se salda con la represión de los actos convocados y la detención de varias militantes bolcheviques que son deportadas a Siberia.

Ante el creciente movimiento de mujeres, comienza a publicarse una revista Rabotnitsa (Mujer Obrera), dedicada a la instrucción y movilización de las obreras y de las esposas de los obreros. El primer número se hizo coincidir con el 23 de febrero (8 de marzo) de 1914. Solo pudieron publicar los tres primeros números porque el grupo editorial fue detenido en pleno.

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora se siguió celebrando en años sucesivos y, una vez iniciada la I Guerra Mundial, las protestas se centraron en la lucha contra la guerra imperialista, la vuelta de los soldados del frente y contra la carestía de los alimentos de subsistencia. A causa de la guerra, miles de mujeres se habían incorporado al trabajo en las grandes fábricas, ocupando los puestos de trabajo de los hombres que estaban en el frente.

La huelga de 8 de marzo de 1917 en San Petersburgo, Rusia

El día 8 de marzo de 1917 (23 de febrero en el calendario antiguo), tiene lugar un estallido revolucionario que acabaría con el régimen zarista. Al llegar al trabajo, los obreros de la fábrica Putilov se la encuentran cerrada. Las mujeres de Petrogrado, cansadas de la escasez de alimentos y de los precios de los mismos, se echaron a la calle. Pronto se unieron las esposas, hijas y hermanas de los soldados que se encontraban en el frente. Conforme recorrían las calles, se iban sumando las amas de casa que hacían cola para recoger su ración de pan, las obreras de los talleres y las factorías, hasta llegar al oeste de la ciudad donde se agruparon sobre los puentes del Neva. Al día siguiente el número de mujeres llegó a alcanzar 190.000, que se manifestaron bajo la consigna de “pan para nuestros hijos que se están muriendo de hambre”.

El día 10 de marzo la huelga era ya general. El día 12 se constituye el Soviet de Petrogrado. Dos días más tarde se crea el Gobierno Provisional y el día 17, con el ejército del lado de los revolucionarios, el zar Nicolás II dimite y Rusia se convirte en una República. Estos hechos desembocaran unos meses más tarde en la Revolución de Octubre y en sus inicios los protagonizan principalmente mujeres, lo que parece indicar que fueron esos acontecimientos los que hicieron que el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se celebrara el día 8 de Marzo.

Tan solo unos meses más tarde tuvo lugar la revolución de Octubre, que tendrá una importancia decisiva en la situación de las mujeres. Alejandra Kolontai es nombrada Ministra de Bienestar Social. Durante los tres primeros años, se impulsó la incorporación de la mujer al trabajo, se aprobó el derecho a recibir igual salario por igual trabajo, la baja maternal pagada, se prohibió a las mujeres desarrollar trabajos pesados, los nocturnos y horas extras. Se legalizó el aborto en 1920, se declaró ilegal la prostitución, se decretaron leyes y reformas que aseguraban la igualdad de los sexos en todos los aspectos. Dentro del matrimonio las mujeres pasaron a gozar del mismo estatuto que sus maridos, incluyendo el derecho a conservar sus apellidos, a solicitar el divorcio, a poseer pasaporte y fijar su residencia. A partir de este momento las mujeres tuvieron acceso a todos los niveles de enseñanza. Se crearon servicios de lavandería, guardería y comedores para reducir el trabajo doméstico y se impulsó la participación de las mujeres en la vida social y política. En tres años de Revolución las mujeres consiguieron las reivindicaciones esenciales que les permitirán seguir avanzando en su emancipación.

En la II Conferencia de Mujeres Comunistas, celebrada en 1921, a instancias de las delegadas búlgaras, se aprobó la propuesta de celebrar de manera oficial el Día Internacional de la Mujer Trabajadora el 8 de Marzo, en recuerdo del 8 de Marzo de 1917 y de las trabajadoras de Petrogrado. Alejandra Kolontai escribió: “El Día de las Mujeres de 1917 se ha convertido en memorable para la historia. En ese día las mujeres encendieron la antorcha de la revolución proletaria e incendiaron todo el mundo. La revolución de febrero se inició ese día” (4).

Otras resoluciones aprobadas en esa Conferencia estaban relacionadas con los métodos que las mujeres debían adoptar en su lucha por el socialismo. Los objetivos principales eran la movilización y la propaganda entre las obreras, campesinas y amas de casa, tanto en la URSS como en los países capitalistas. Alejandra Kolontai señalaba los cambios en cuanto a objetivos, a raíz del triunfo de la Revolución de Octubre y de la III Internacional:

“Si la función del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras era primero, ante la supremacía de los parlamentos burgueses, luchar por el derecho de las mujeres al voto, la clase trabajadora ahora tiene una nueva tarea al organizar a las mujeres trabajadoras alrededor de las consignas combativas de la III Internacional. En vez de demandar la participación en el trabajo de los parlamentos burgueses, oíd la llamada procedente de Rusia: ¡Mujeres trabajadoras de todos los países, organizad un frente unido en la lucha contra aquéllos que están saqueando el mundo!, ¡Abajo con el parlamentarismo burgués!, ¡Demos la bienvenida al poder soviético!, ¡Fuera con las desigualdades sufridas por los trabajadores y trabajadoras!, ¡Luchemos con los trabajadores por el triunfo del comunismo en el mundo!” (5).

En años posteriores, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se siguió celebrando en la URSS y en otros muchos países, manteniendo el espíritu combativo y reivindicativo que tuvo en sus orígenes, hasta que en los años 60 la burguesía reescribió la historia.

Ha pasado más de un siglo desde que se celebrara la Conferencia de Copenhague, donde se tomó el acuerdo de celebrar un Día Internacional de la Mujer. En todos los países las mujeres tenemos el derecho al voto y en la mayoría de los países capitalistas se ha alcanzado la igualdad jurídica pero seguimos siendo doblemente explotadas y oprimidas. Muchas de las reivindicaciones planteadas por las mujeres socialistas en 1910 siguen pendientes, entre otras cosas porque la opresión de la mujer no reside simplemente en un problema de falta de derechos, sino que su origen está ligado a la propiedad privada y solo cuando ésta sea eliminada podremos empezar a hablar de emancipación de la mujer.

Como comunistas debemos recuperar la memoria del 8 de Marzo como el Día de la Mujer Trabajadora, debemos recuperar sus orígenes y el espíritu combativo y reivindicativo que tuvo en sus orígenes. Las comunistas en este día no tenemos nada que festejar y si una revolución que hacer y un largo camino por recorrer.

(1) Victoria Sau, Diccionario Ideológico Feminista, 1981
(2) Clara Zetkin: La cuestión femenina y la lucha contra el reformismo
(3) Alejandra Kolontai: El Día Internacional de la Mujer, 1921
(4) Ibidem
(5) Ibidem

La mujeres inician la huelga de 8 de marzo de 1917 en San Petersburgo

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