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Categoría: Memoria Histórica (página 20 de 37)

Lino Muela: el guerrillero que comía bayas

Dueño de una taberna en la Riba de Saelices (Guadalajara). La guerra cambiará a este tabernero por uno de los más experimentados guerrilleros del Alto Tajo.

Hace unos días, se publicaba Los Guerrilleros de Filomena. Hoy, se continúa con el diario y vida de uno de esos guerrilleros resistentes a cualquier tempestad: Diario de un muerto resucitado, de Lino Muela Román.
*Enlace de descarga a su diario INÉDITO, al final del artículo.

No se sabe en qué año nació ni en cuál falleció. Se sabe que visitó España después de muerto Franco, pero nunca se quedó. ¿Sus memorias? Escritas por impulso de la juventud del mayo del 68. Ahora lo entenderán.

Si buscan sobre él, sólo encontrarán las innumerables requisitorias de las autoridades franquistas, después de la Guerra, para capturarlo vivo. Ascendido a sargento en octubre de 1938 por orden de Antonio Cordón.

Lino es natural de la Riba de Saelices, sindicalista, republicano y conocedor de la realidad social de su comarca.

Su historia comienza en septiembre de 1936, momento en que las primeras tropas franquistas rodean su pueblo natal y entran en busca de los elementos subversivos del Frente Popular.

Lino huye a Madrid y se enrola en la Columna Mangada, donde les acompaña en sus combates en Peguerinos y Navalperal 1. Su hermano y cuñado se enrolaron en las Milicias Aragonesas en Campaña acuarteladas en Cifuentes y Esplegares.

Su experiencia fue creciendo a medida que fue participando en distintos puntos en la provincia de Guadalajara: toma de Abánades a finales del 36, cubriendo el sector de Sacecorbo y, finalmente, la batalla de Guadalajara; donde junto con un batallón de Carabineros entró con su sección en Brihuega.

Es, a partir de la batalla de Guadalajara, cuando Lino se alista a los grupos de guerrilleros que operan en la provincia. Casualmente, el frente se ha estabilizado alrededor de la Riba de Saelices y se mantendrá así durante casi toda la guerra.

Participará en numerosas misiones de sabotaje y hostigamiento a las fuerzas fascistas que cubren la zona de su pueblo.

Al terminar la guerra, Lino intentará escapar por Valencia en uno de los barcos que todavía quedan en el puerto levantino. No lo conseguirá. Volverá a su casa a finales de marzo del 39, donde le esperará la represión de vecinos, chivatos y Guardia Civil.

Lino se entregará en la comandancia de Guadalajara. Pero será derivado a las autoridades de su pueblo. Recibió un buen informe del alcalde de su pueblo que nada le sirvió. Fue enviado al centro de tortura que habían establecido en Cobeta (Guadalajara) dos criminales de guerra de la zona: Eugenio Peña (médico del pueblo) y Raimundo Ochaíta Bachiller (juez de paz de Sacecorbo). En sus dependencias, Lino pasará las peores torturas y crímenes que recuerde, golpeándole con una bomba de mano Laffite. 

Lino será preso en Cifuentes, donde le condenarán a muerte.

«Si un día cambian las cosas, ten por seguro que te vengaremos.» Le dirá su hermana en su última visita.

Por azar del destino, logra escapar de la cárcel y vaga por los alrededores de su pueblo natal, cazando conejos con trampas y comiendo bayas durante varios meses. Se esconde de sus vecinos y de la Guardia Civil.

Durante 9 meses emprende la supervivencia comiendo bayas, raíces, conejos que entrampaba, etc. En su devenir por los montes, decide huir a la zona de Arcos de Jalón (Soria), donde una familia que le conoce le proporciona trabajo y cobijo.

Poco a poco, Lino conseguirá establecerse. Consigue huir a Francia tiempo después. Más de 20 años después, escribe este diario en junio de 1968 por lo que se puede apreciar en las fechas de los dibujos.

Sin duda, las protestas populares del mayo francés influenciaron a este viejo guerrillero para que publicase su testimonio, para que sus memorias y vivencias quedasen para la posteridad de las generaciones futuras.

 

Por Lino Muela Román, y sus compañeros.

Disfruten de su lectura.

 

 

Enlace de descarga: https://es.scribd.com/document/491114189/Historia-de-Un-Muerto-Resucitado-Lino-Muela-Roman

 

1 https://omeka.uc3m.es/s/inicio/item/45601 

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La Zorra de Buchenwald, la nazi más sádica: pantallas con piel humana, asesinatos y orgías macabras

  1. Ilse Koch se para desafiante frente al tribunal. Lleva un vestido barato y la mirada turbia. Sus ojos verdes parecen dibujados por un compás, pero también parecen vacíos. Las mejillas infladas y la piel que no está casi surcada por arrugas. No parece ilógico. Ella era la que hacía sufrir a los demás. De todas maneras, lo que más resaltaba era su pelo rojo, intenso.

Ilse Koch espera que comience su juicio. No hay ansiedad en ella. Tiene gimnasia: ya pasó por esta situación. En Alemania los procesos por lo ocurrido durante el nazismo se multiplican, son parte de las escenas corrientes de la posguerra. Pero este proceso concitó mayor atención. La acusada se había convertido en un ser infame y hasta tenía apodo popular. La conocían como la Zorra de Buchenwald.

Se la señalaba como responsable de las peores crueldades. Ya no se trataba de una homicida más. Ella había matado, había torturado, había mostrado el peor sadismo. Pero, además, se la acusaba de tener un hobbie macabro: mandaba matar gente para que luego fueran descarnados y ella pudiera coleccionar trozos de piel tatuados. Hasta se la acusaba de haber mandado a hacer una pantalla de velador con restos cutáneos de sus víctimas.

Margaret Ilse Köhler había nacido en 1906 en Dresde. Apenas terminada la Primera Guerra Mundial tuvo que ganarse la vida como pudo, como tantos otros alemanes. Fue empleada en fábricas y distintos comercios hasta que en 1932, también como tantos otros alemanes, se afilió al Partido Nazi. Esa adscripción temprana le trajo beneficios; cuando los nazis llegaron al poder, su posición mejoró. A los pocos años le consiguieron un puesto administrativo en Sachsenhausen, uno de los primeros campos de concentración. Heinrich Himmler le presentó al encargado del campo, a Karl-Otto Koch, y desde su autoridad les recomendó que se convirtieran en pareja. Ellos obedecieron y al poco tiempo se casaron. Ella pasó a ser Ilse Koch y la secretaria del campo de concentración.

Karl-Otto Koch era un hombre ambicioso e inescrupuloso. No parecían existir los límites para él. El poder le permitía moverse sin dar explicaciones. La locura de Hitler y sus hombres hizo que los campos se expandieran y la matanza se pusiera en marcha. Koch fue nombrado comandante de Buchenwald un par de años antes del inicio de la guerra. Levantó el campo y desparramó su arbitrariedad por cada rincón de él.

A Koch y a su esposa les gustaba vivir bien. Se construyeron una mansión que fueron amoblando con lo mejor de lo producido con el saqueo de sus víctimas. La megalomanía del matrimonio tuvo un ejemplo contundente en el zoológico que montaron dentro de las instalaciones del campo de concentración. Hicieron traer especies exóticas de todas partes del mundo.

Ilse Koch era mucho más que la esposa del comandante del campo. Las mujeres de los comandantes no solían salir de sus casas, eran amas de casas que se dedicaban a criar a sus hijos y a generar la ilusión de normalidad en las vidas de sus hijos. Pero Ilse era diferente. Su lugar no era pasivo. Ella se hacía notar. Paseaba su enérgica arrogancia y su cabellera pelirroja por cada rincón y daba órdenes de manera constante. Todos le temían. Y había motivos. Era impiadosa.

En los juicios posteriores algunos testigos la describieron, también, como ninfómana, que su necesidad de sexo era constante. Y que en la mansión del matrimonio tenían lugar orgías dantescas organizadas por ella que se encargaba de reclutar participantes en el pueblo vecino y entre los oficiales y soldados a cargo de su marido, y las esposas de estos. Pero esos testimonios no sólo hablaban de sus actividades sexuales en su hogar -no delictivas en su mayoría excepto en los casos de los que participaban bajo coerción-, sino que describían que Ilse obligaba a los detenidos a tener sexo sólo para que ella asistiera como testigo y satisfaciera sus inclinaciones vouyerísticas, o para disipar su aburrimiento. Contaban también que quienes no podían rendir sexualmente eran ridiculizados y luego apaleados. Nadie podía mirarla a los ojos ni contradecirla. Quien lo hacía era fusilado en el acto. En otras ocasiones los manoseaba o les exhibía los pechos y quien no se excitara era castigado.

Ella misma se encargaba de dar latigazos y someter a otros tormentos a los detenidos que no cumplían con sus caprichos. Solía llevar en la cintura una especie de cachiporra que en su extremo tenía pegadas varias hojas de afeitar. Dicen que uno de sus juegos favoritos era encerrar en un corral a una veintena de prisioneros y soltar dentro varias perros salvajes. Mientras los hombres y las mujeres corrían por su vida y recibían mordeduras fatales, las carcajadas de Ilse se escuchaban a decenas de metro de distancia.

Fueron varios los testigos que afirmaron que Ilse mandó a ejecutar a muchos detenidos con órdenes precisas de no lastimar determinadas zonas de su piel para que ella pudiera conservar esos fragmentos tatuados que le habían llamado la atención.

Uno de sus amantes era Waldemar Hoven, doctor a cargo del departamento de investigaciones médicas de Buchenwald. Ilse y Hoven hacían desnudar a los recién llegados. A los de tatuajes más llamativos los sacaban de la fila y los hacían fusilar (con un tiro en la nuca para no dañar la piel).

En Buchenwald se encontraron varias planchas de piel humana con tatuajes. También tulipas de veladores de piel, pero no se pudo determinar de manera fehaciente que derivaran de los restos de los prisioneros. En los procesos a los que fue sometida, Ilse siempre fue absuelta de estos cargos por falta de pruebas.

Hace unos años al periodista norteamericano Mark Jacobson le hicieron llegar una extraña pantalla de lámpara. Su color y su texturas eran indeterminadas y despedía un olor fétido. Le dijeron que la habían rescatado de un campo de concentración. Jacobson inició una investigación al respecto. Cuenta todo el proceso en su libro The Lampshade. Un análisis de ADN determinó que el material de la pantalla provenía de restos de piel humana. Lo que no se pudo saber con certeza su procedencia, ni cuántos años hacía que se había manufacturado.

Si bien la atención sobre la crueldad nazi suele centrarse sobre los jerarcas y sobre algunos de los comandantes de los lagers, también hay una serie de mujeres con conductas aberrantes que fueron identificadas y juzgadas. Algunos de esos nombres: Irma Grese, Maria Mandel y Herthe Bothe. De todas ellas, Ilse Koch fue la que mayor relevancia posterior obtuvo. Muy posiblemente porque su inhumanidad alcanzó cimas casi inimaginables.

El desborde del matrimonio Koch en Buchenwald fue tal que hasta provocó rechazo dentro del régimen nazi. El lujo con el que vivían se había convertido en comentario obligado entre los altos oficiales. La muerte de dos médicos de Buchenwald produjo una investigación interna. Karl-Otto Koch afirmó que eran infiltrados y que una vez descubiertos habían intentado huir. En esa fuga fueron alcanzados por los disparos de su hombres. La investigación determinó que la causa había sido otra: los doctores habían tratado a Koch por una sífilis y éste los había eliminado para que su secreto no se conociera.

Pero ni este episodio, ni sus robos, ni sus otros asesinatos y abusos terminó con la carrera del matrimonio. Himmler, su protector, envió a Koch hacerse cargo de Majdanek. Necesitaba alguien implacable allí.

Pero Ilse continuó viviendo en su mansión en Buchenwald y comportándose como si no hubiera allí más ley que sus caprichos. Su marido también cayó en desgracia en Majdanek

A los pocos meses con la intención de encubrir a las autoridades una fuga masiva de prisioneros de guerra soviéticos, Koch ordenó una matanza que lo único que logró fue llamar la atención sobre su impericia y la falta de control sobre sus actos. Lo desplazaron y lo enviaron a un puesto administrativo en Berlín. Al tiempo fue enviado una vez más a Buchenwald. En su regreso se comportó de la misma manera que siempre. Su final llegó con una visita de su protector Himmler. El jerarca comprobó que mientras Alemania se desmoronaba, los Koch seguían viviendo con todo lujo. Fue fácil acusarlos de varios delitos, desfalcos, robos y encontrar pruebas. Ni la inminente derrota nazi salvó a Koch. Fue juzgado en el mismo campo de concentración, condenado a muerte y ejecutado a principios de abril de 1945, tan solo una semana antes de que los aliados liberaran Buchenwald. Ilse no fue condenada (se dice que la absolución llegó después que fingiera una crisis nerviosa ante los jueces) y logró escapar antes de la llegada del enemigo. Se refugió en la parte occidental de Berlín, lejos del alcance de los soviéticos.

Cuando fue detenida luego de la guerra, las pruebas de las atrocidades cometidas durante sus años en Buchenwald taparon a los magistrados. Fue juzgada en los llamados juicios de Dachau junto a otras mujeres. La condenaron a cadena perpetua. Se salvó de la pena de muerte porque estaba embarazada. No sé sabe quién era el padre y sus acusadores sospechaban que se había embarazado para evitar la horca. Apenas nace el bebé, un varón, es dado en adopción.

Sin embargo, tiempo después el general norteamericano Lucius Clay, gobernador de la Zona Americana en Alemania redujo su sanción a 4 años de cárcel. Pero en 1951 fue de nuevo detenida y juzgada una vez más. Esta vez las acusaciones se centraban a los actos cometidos contra ciudadanos alemanes.

El juicio generó una atención peculiar. Pese al que el relato de la barbarie ya se había escuchado varias veces a esa altura, el proceso de Ilse Koch sumaba nuevos elementos. La acusada era una mujer, los componentes sexuales, el sadismo y las sospechas del uso de las pieles de los asesinados. Alguien llegó a responsabilizarla de al menos 5.000 muertes de las 56.000 que se produjeron en esos años en Buchenwald.

“Los médicos nazis del campo estaban muy interesados en la piel humana. Ilse los motivaba todo el tiempo a que siguieran con sus pruebas y procedimientos. Quitaban la piel, la sometían a un proceso químico y las ponían a secar al sol. Cuando una pasaba por ahí las podía ver”, declaró en el juicio un médico checo enviado a Buchenwald por la Gestapo. Con esas pieles se hacían guantes, billeteras, pantallas y hasta se encuadernaban libros. Eran valoradas más las que tenían un tatuaje particular.

Había un detalle más: esos restos cutáneos no podían proceder de alemanes. Así que las víctimas eran en su mayoría soviéticos, polacos y gitanos. Y como la piel debía estar en buen estado, tampoco les servían los cuerpos degradados de los que hacía mucho tiempo estaban hacinados en el lager. A veces Ilse ordenaba matar recién llegados porque su lozanía proporcionaría piel óptima.

15 de enero de 1951. En la sala de audiencias la tensión tiene presencia física. Ella, la acusada principal, no está. Los jueces le permitieron permanecer en su celda. Pareció la única manera posible de terminar el juicio. Sus gritos, ataques de nervios y desmayos -que nadie pudo determinar si eran reales o fingidos- interrumpieron las audiencias varias veces. Alguna vez en medio del relato de un sobreviviente, Ilse Koch se paró y gritó: “¡Sí, soy culpable! ¡Soy responsable de todo! Soy una pecadora”. También el público gritaba horrorizado en medio de los testimonios que la señalaban como responsable de una variedad de atrocidades inimaginables. La lectura de la sentencia fue breve. La condena fue una de las peores posibles: cadena perpetua. Pero los espectadores que estaban dentro de la sala y los que esperaban en la calle reaccionaron con indignación y hubo temor de que comenzara una revuelta. Ellos querían la pena de muerte y que dentro de los hechos que el tribunal diera por probadas estuvieran las pantallas para lámparas hechas con piel humana y su afición por coleccionar trozos de piel humana tatuada.

Los días de sus últimos años son monótonos, iguales a sí mismos. Está detenida. Está sola. Un defensor oficial hace presentaciones periódicas, grises y desesperanzadas pidiendo su liberación. Los dos saben que no van a prosperar los pedidos. Su conducta cada vez es más errática. Hasta las convictas condenadas por delitos atroces la miran con desprecio.

De los tres hijos (dos hombres y una mujer) que tuvo con Koch sólo sobreviven dos. El mayor se suicidó porque no pudo soportar la vergüenza de los crímenes de sus padres. Ninguno la visita. Nadie se acerca a ella. Sólo lo hace una tarde un joven que la visita sorpresivamente. La primera visita desde que está detenida. No se imagina quién puede ser. No lo reconoce aunque en su cara descubre un aire familiar. El encuentro es silencioso. Se miran sin hablar unos minutos. Ella se pone nerviosa. Cree que su peor pesadilla, aquello que la atormenta y en lo que sueño cada noche, se convirtió en realidad: un familiar de una de sus víctimas vino a tomar revancha. Empieza a gritar y trata de escapar de la pequeña sala. Los guardias se apresuran para controlarla. El joven, poco más que un chico, estira la mano y le toca el hombro con torpeza, una caricia recelosa. “Soy Uwe, tu hijo”.

El hijo que había sido dado en adopción apenas nació, buscó a su madre biológica. La siguió visitando con cierta regularidad. Necesitaba conocerla, necesitaba entender. Creía que mirando esos ojos desorbitados iba a conocer la verdad. Ilse, su madre, hacía tiempo que no estaba ahí. Sus días pasaban entre el mutismo más absoluto, ráfagas de culpa, ataques de ira, delirios y pedidos de rescate ante el imaginario ataque de sus perseguidores.

Los alaridos de Ilse enloquecían a las otras reclusas de la cárcel. Empezaron de noche pero luego aparecían en cualquier momento del día. La mujer estaba convencida de que un grupo comando integrado por sobrevivientes de los Lager y familiares de los asesinados asaltaba la prisión para matarla. La manía persecutoria sólo crecía.

El 1 de septiembre de 1967, Ilse Koch ató las sábanas de su cama y algún abrigo raído a lo alto de los barrotes de su celda y se ahorcó. En pocas semanas cumplía 61 años. Dejó una carta que decía: “No hay otra salida para mí. La muerte es la única salvación”.

Durante décadas, su hijo Uwe procuró revisar el pasado e intentó, en vano, limpiar el nombre de su madre. Pese a sus esfuerzos, Ilse Koch, su madre, siempre será la Zorra de Buchenwald.

—https://www.infobae.com/historias/2021/01/15/la-zorra-de-buchenwald-la-nazi-mas-sadica-pantallas-con-piel-humana-asesinatos-y-orgias-macabras/

Una manta para soportar el frío en las aulas

La imagen de portada muestra una de las numerosas taras de esta pandemia: en plena ola de frío polar, las ventanas del aula permanecen abiertas por miedo al coronavirus y la alumna acude provista de una manta, preparada para combatir el frío durante horas.

Es evidente que el miedo al virus lo supera todo, incluido el miedo a lo que en la posguerra los médicos llamaban “pulmonía”, luego “neumonía” y, finalmente, con la pandemia, han rebautizado como “covid”, porque lo pretenden atribuir al “nuevo virus”. Un virus nuevo tiene que causar enfermedades igualmente “nuevas” para dar la impresión de algo distinto que emerge ahora por vez primera.

Si los jóvenes estudiantes comienzan a llenar las UCI con pulmonías, los médicos lo diagnosticarán como covid, lo cual ayudará a demostrar que ya estamos en la tercera ola de la pandemia, por culpa de las celebraciones colectivas de Fin de Año.

Por fin tendrán la demostración que necesitan de que el coronavirus no sólo afecta a los ancianos y que la edad de los “afectados” por la pandemia se sigue reduciendo. De esa manera se resuelve una de las incógnitas: ¿cómo es posible que el virus sólo “ataque” a unos pero no a otros?, ¿se fija en los certificados de nacimiento?

En la posguerra la pulmonía fue una de las causas más frecuentes de muerte, aunque en aquella época los franquistas no se preocupaban por disimular las condiciones de vida recurriendo a los virus.

La población pasó unas hambrunas cuya memoria se ha transmitido a lo largo de generaciones, mientras los franquistas acaparaban los alimentos de primera necesidad.

Los trabajadores y campesinos carecían de ropa y calzado para soportar las heladas o los temporales de lluvia. Las gabardinas eran un artículo de lujo que debían conservarse toda la vida y las botas también. Era más barato comprar un paraguas, que permitía mantener seca la parte superior del tronco, mientras la otra quedaba empapada de agua.

Antes de enviar a sus hijos a la escuela, los padres les anudaban una bufanda de lana al cuello. Querían llevarles a la escuela no sólo para que aprendieran, sino porque en la escuela había un brasero que mantenía caliente el aula.

En las escuelas rurales, los vecinos se encargaban de llevar leña para mantener el calor; en las urbanas, los colegios incluían los gastos de calefacción en la factura que enviaban a los padres todos los meses, algo que fue característico de los colegios religiosos.

A lo largo de la historia, muchas enfermedades y, desde luego, las epidemias, han sido consecuencia de las condiciones de vida y trabajo de la población, del hambre, la miseria y las penurias de millones de personas pobres. Lo que ha cambiado, lo moderno, es el intento de ocultarlo culpabilizando a los virus.

Arrastrar el nombre por el lodo del menosprecio

A principios de 1954, el periodista suizo F.R. Allemann escribía en la revista Encounter que el Primer Ministro iraní, Mohammad Mosaddegh, era lo que hoy llamaríamos un “populista” que mediante la demagogia convocaba a matones a las protestas callejeras.

Aquellas manifestaciones eran “campañas de terror de las sociedades secretas político-religiosas” vestidas con la apariencia de un auténtico movimiento de masas. El artículo estaba lleno de adjetivos orientalistas. Era sutil, intelectualoide. De ningún modo parecía formar parte de una campaña de intoxicación de la CIA.

Mosaddegh era un “derviche” carismático y “nadie se inclinaba más por las escapadas de Munchausen que los orientales en general y los persas en particular”.

No sólo el pueblo iraní admiraba a aquel estadista, que también fue elogiado por el Presidente Truman y la revista Time le nombró Hombre del Año. No bastaba con derrocarle. El manual de la CIA exigía, además, arrastrarle por el lodo del menosprecio. Ese era el papel reservado a un plumífero de mierda como Allemann y una revista a su altura, como Encounter.

En aquellos tiempos sólo a un conspiranoico (a sueldo de Moscú) se le ocurría decir que Encounter era un montaje de la CIA y el MI6, pero algunos de los fundadores de Encounter, como Christopher Montague Woodhouse, participaron en el Golpe de Estado.

Sin embargo, antes de que Encounter ejerciera de portavoz de la CIA, Kennett Love ya hacía lo mismo para el Times y, naturalmente, la Associated Press no podía faltar en un montaje tipico de la Guerra Fría.

Tras el Golpe de Estado contra Mosaddegh, volvió el Sha Mohammed Reza Pahlevi y la CIA envió a un coronel del ejército estadounidense para crear la Savak, la policía política que debía prevenir que personajes como Mosaddegh volvieran a Irán, mediante el asesinato, la detención, la cárcel y la tortura.

En 1979 cayó el Sha y llegó la República Islámica, tan denostada por los posmodernos, versiones actualizadas de Alemann, porque a las mujeres les obligan a llevar velo y cosas parecidas.

La historia es así de extraña: para aupar al Sha en 1953, la CIA pagó a los mismos ayatollahs que en 1979 le derribaron. El ayatolah Seyyed Abolqassem Kashani, padre espiritual de Jomeini, es el mejor ejemplo.

En torno a la nacionalización del petróleo, Mosaddegh había creado un amplio frente nacional, que la CIA tuvo que desgajar, grano a grano, para que el Golpe de Estado pudiera triunfar en 1953. Uno de esos granos era Kashani, representante de los dirigentes religiosos, que comenzaron a convocar manifestaciones y a desestabilizar al país por encargo de la CIA.

Cuando en su artículo Allemann hablaba de las “campañas de terror de las sociedades secretas político-religiosas” se refería a Mosaddegh, pero hubiera debido hacerlo a Kashani. No eran manifestaciones para apoyar sino para derribar a Mosaddegh. Las revistas como Encounter debían contar los acontecimientos al revés.

Estados Unidos conquistó a los ayatollahs de la misma manera que el Imperio Británico: con sobornos que financiaron a las multitudes que inundaron las calles para protestar contra Mosaddegh, dirigidas por “sociedades secretas político-religiosas”.

https://www.truthdig.com/articles/the-cias-masterful-use-of-fake-news/

Los guerrilleros de Filomena

Temperaturas que rondan los casi -30ºC. Hielo y nieve. No es 2021, es 1937. Los guerrilleros operan con todo tipo de climatología. Son los Guerrilleros de Filomena.

Es diciembre de 1937, el Ejército Popular de la República inicia una ofensiva para tomar la ciudad de Teruel que ha permanecido muy cerca de sus líneas desde el comienzo de la guerra. Los republicanos consiguieron cercar y tomar la ciudad.

Pocos días después, fueron ellos mismos cercados y tuvieron que romper el cerco al que fueron sometidos.

Se trata de una batalla bajo condiciones insólitas. Las temperaturas más altas son los -18ºC 1.

El «número dos» 2 de El Campesino lo relata perfectamente: soldados que morían de hipotermias, dedos amputados por el frío, soldados muertos al cruzar el Turia, congelados, atrapados en la nieve, etc.

A pocos kilómetros de allí, en las proximidades de Molina de Aragón (donde se alcanzan los -28ºC), una compañía de varias decenas de hombres de los llamados Servicios Especiales parte del pueblo de Trillo (Guadalajara), con el objetivo de realizar sabotajes en las líneas de comunicación, tendido eléctrico y suministro.

La zona quedaba cubierta por batallones de requetés.  También por las tropas moras estacionadas en Molina de Aragón que causaron más de un problema de «órden público». Junto con ellos, la Guardia Civil. Sumado a los chivatos locales que vigilaban, controlaban y avisaban al más mínimo indicio.

4000 km² de superficie que serán la pesadilla de los franquistas.

Este grupo estacionado en el balneario de Trillo y en una finca próxima denominada La Solana causarán estragos en las tropas franquistas que guarnecían este sector. Sólo en diciembre de 1937 se produjeron, en esa porción de terreno, 17 ataques en los cuáles:

  • Se colocaron 61 artefactos explosivos.
  • Se volaron 17 coches.
  • Se volaron 21 camiones. Entre ellos, uno que llevaba en su interior a 11 soldados.
  • Se capturó a 4 aviadores de la Legión Cóndor.
  • Se volaron 7 puentes en las carreteras que comunican con Teruel y sus alrededores (principalmente con Albarracín).
  • Se informó sobre la situación de aeródromos, situación de los regimientos, moral en los pueblos, etc. 3

Las guerrillas venían actuando desde el comienzo de la guerra. Pero son los soviéticos quienes profesionalizan e instruyen estos nuevos cuerpos. Las lecciones aprendidas generarán más de un quebradero de cabeza para los franquistas. Se generalizan los grupos guerrilleros en las líneas del frente.

El ideólogo de estas compañías en el frente de Guadalajara es el soviético Artur Sprogis. Se conoce su accionar a través del libro que nos dejó su compañera Elizaveta Parshina 4 . Ella misma participó en las misiones dejando un gran recuerdo en su obra.

Sprogis había sido en su juventud escolta de Lenin: de acompañar al ideólogo del movimiento comunista a cruzar los vados del Alto Tajo.

La composición de estos grupos era de lo más heterogénea: desde campesinos de las centrales sindicales y orgs. obreras a internacionales suecos, noruegos, fineses, alemanes, etc.

Para más inri, quien diseña los objetivos de las guerrillas es el alemán Richard Stahlmann (miembro del KPD y buscado por la Gestapo). Sus compañeros bautizarán al grupo como Compañía Richard y así está nombrado, parte de su fondo, en el Centro Documental de Memoria Histórica de Salamanca.

Frente a estos grupos: el miedo.

Para contrarrestar a estos grupos se ingeniaron mil ideas: desde grupos móviles que protegiesen los convoyes, reflectores y focos de gran alcance, torturas a vecinos y familiares, convoyes cargados con presos que servían como escudo humano, etc.

Pero seguían teniendo miedo. Temor a que los convoyes sean atacados. Miedo a que los pueblos sean atacados como ocurrió en Frías de Albarracín, donde 150 guerrilleros tomaron el pueblo y expulsaron a los fascistas durante seis días. Pánico a ser capturados como ocurría con numerosos guardias civiles y falangistas…

 

 

1 http://barcelonahistoriasdeltiempo.blogspot.com/2011/11/invierno-1937-38-marcado-por-la-guerra.html

2 https://tienda.brigadasinternacionales.org/producto/pedro-mateo-merino-por-vuestra-libertad-y-la-nuestra/

3 https://elhexagono.wordpress.com/2019/02/24/los-guerrilleros-de-molina/

4 http://historiamujeres.es/vidas/parshina.html

El Parlamento Europeo premia los crímenes de guerra nazis

Quienes conocen de cerca los organismos internacionales saben que sus miembros son un hatajo de vagos y vividores. Es el caso de las instituciones de la Unión Europea que a cada paso buscan sumideros que los pongan ante las cámaras de la televisión.

Es también el caso del Premio Sajarov que concedió en octubre el Parlamento Europeo a… la “oposición democrática” de Bielorrusia porque son un ejemplo de “libertad de conciencia”.

“Estamos destinados a ganar y ganaremos”, dijo Svetlana Tijanovskaya, cabecilla que quiere derrocar al Presidente electo Lukashenko como sea, por lo civil o por lo militar.

Menos de dos meses antes, el 9 de agosto Lukashenko había ganado las elecciones con más del 80 por ciento de los votos porque a Tijanovskaya sólo la conecen en Bruselas. Sus votos no llegaron al 10 por ciento.

Tijanovskaya es el típico producto manufacturado por las grandes cadenas de comunicación para consumo de los espectadores occidentales y las ONG que defienden los derechos humanos.

A los que entregaron el Premio no les importó que durante la desestabilización de agosto la “oposición democrática” portara por las calles la bandera de los colaboracionistas nazis.

La bandera rojiblanca es un símbolo del período de ocupación nazi en Bielorrusia y del gobierno títere de la época, involucrado en grandes masacres cuya dimensión es imposible exagerar: los nazis y sus socios bielorrusos llevaron a la tumba a una cuarta parte de la población, incluidos 800.000 judíos.

El mayor guerrillero de la Segunda Guerra Mundial también combatió en España

Cuando se trataba de demoler edificios enemigos o descarrilar trenes, Ilya Starinov no tenía parangón en el Ejército Rojo. Tanto es así que Adolf Hitler personalmente puso una recompensa por su cabeza.

“El gran bombardero”, “abuelo de las Fuerzas Especiales Soviéticas”, “dios del sabotaje”, “genio de guerra”, así llamaban al coronel Ilya Grigorevich Starinov. Durante la Segunda Guerra Mundial dirigió la destrucción de 256 puentes y descarriló 12.000 trenes del enemigo.

Starinov participó en muchas operaciones y también se dedicó a la preparación y el entrenamiento de unidades. Además, creó personalmente varios tipos de minas y equipos subversivos que acabaron produciéndose en masa.

El talento de Ilya Grigórevich como saboteador se manifestó en toda su extensión durante la Guerra Civil española, donde llegó en 1936 como miembro de las Fuerzas Especiales Soviéticas y bajo el seudónimo de “Rodolfo”.

Starinov siempre abordaba su trabajo con mucho ingenio: en una ocasión escondió un explosivo en una cocina de campo recién capturada, que dejó en un puente y detonó al paso de una columna enemiga. En otra ocasión colocó la bomba en una mula que recogieron los soldados franquistas y llevaron contentos a su campamento fortificado. La explosión allanó el camino para un rápido ataque de las unidades republicanas que esperaban en las cercanías.

Para bloquear un importante túnel enemigo entre Peñarroya y Córdoba, escondió la mina como si fuera un neumático de un coche y la colocó sobre los rieles. Un tren que pasaba con municiones para las tropas de Franco lo enganchó y llevó el neumático al túnel, donde explotó. El fuego provocado por la detonación de la munición duró varios días.

El mayor éxito de Starinov en España le costó muchos nervios. Pensaba que al hacer saltar por los aires las vías férreas cerca de Córdoba, no habría cerca pasajeros civiles. Se sorprendieron al ver cómo un tren de pasajeros se acercaba a la bomba y era imposible detenerlo.

“Esa noche fue difícil para mí. No esperaba nada bueno del futuro. Sabía que no había lugar para excusas… toda nuestra operación, que nos habíamos esforzado tanto en preparar, estaba en peligro”, escribió en sus memorias, tituladas Notas de un saboteador. De alguna manera, lo que parecía que iba a ser un trágico evento se convirtió en un triunfo. Resultó que a la mañana siguiente el tren no llevaba pasajeros civiles, sino que pertenecía al cuartel general de la división de la Fuerza Aérea de Italia.

A su regreso a casa, Starinov casi fue víctima de la represión estalinista. Muchos de los suyos no tuvieron tanta suerte y fueron acusados de traición y fusilados. Conoció personalmente a muchos de los ejecutados, entre ellos a Yan Berzin, su supervisor directo en España. Starinov se salvó gracias al comisario y mariscal Kliment Voroshilov.

Poco después de la incursión nazi en la URSS, la doctrina soviética de “golpear a tu enemigo en su propio suelo y con pérdidas mínimas” dejó de funcionar y surgió la necesidad imperiosa de crear una amplia red de partisanos capaz de hacer sabotajes tras las líneas enemigas. La experiencia de Starinov resultó muy valiosa.

En octubre de 1941 se estaban produciendo sangrientos combates en Járkov, un gran centro industrial de la Ucrania soviética. El grupo de operaciones de campo de Starinov tenía la tarea de minar la ciudad en caso de ser capturada por la Wehrmacht. Se colocaron más de 30.000 minas antitanque y antiinfantería, así como unas 2.000 minas temporizadas y 5.000 minas señuelo, que tenían como objetivo detener al enemigo, haciéndole gastar tiempo y recursos valiosos.

Además, Starinov pensó en una trampa especial reservada para los alemanes. En el centro de Járkov había un hermoso edificio, donde el saboteador asumió que se quedaría el comando alemán. Decidió colocar una carga de 350 kg, inteligentemente escondida bajo el suelo de la sala de calderas. Justo en el montón de carbón había otro explosivo más pequeño, no destinado a ser detonado.

Cuando los artificieros alemanes se dieron cuenta y desactivaron el señuelo, se creyó que el edificio era seguro para la llegada del general Georg von Braun y el comando de la 68ª división de infantería. A las 5 de la mañana del 14 de noviembre, explotaron por radio la pesada carga. La poderosa explosión mató a von Braun y a los oficiales que estaban con él.

Hitler estaba furioso. Después de que la inteligencia del Tercer Reich diera con la identidad de Starinov, le pusieron precio a su cabeza: 200.000 marcos.

Los alemanes nunca lograron capturar al operativo soviético. Ilyá Grigórevich continuó su trabajo durante toda la guerra, organizando actividades de sabotaje detrás de las líneas enemigas y estableciendo una red de enlace entre el Ejército Rojo y las fuerzas del Ejército de Liberación Nacional Yugoslavo. También se centró en el desminado de las carreteras en Hungría y Alemania.

Después de la guerra, Starinov se centró en enseñar a miembros del KGB. Fue personalmente responsable de entrenar a docenas de operativos Spetsnaz altamente cualificados, que cariñosamente lo llamaban “abuelo”.

Starinov también recibió docenas de medallas y galardones, pero nunca le dieron el mayor premio del país. Fue nominado para la orden del Héroe de la Unión Soviética tres veces durante el período soviético y dos veces en Rusia, pero nunca se materializó. Se debió a su difícil y terca personalidad y a su inclinación por decir verdades sin filtrar a sus comandantes, a menudo a la cara.

Aunque nunca logró alcanzar el rango de general, Starinov no se lo tomó a pecho. “Es mejor ser un coronel vivo que un mariscal muerto”, decía. Falleció en el año 2000, a los 100 años.

https://es.rbth.com/historia/86569-mayor-saboteador-segunda-guerra-mundial

Noticia falsa de la agencia Efe contra Cuba: la Operación Peter Pan y “el mayor éxodo infantil del siglo XX”

La agencia Efe recordaba, hace unos días, la llamada Operación Peter Pan, desarrollada en Cuba hace 60 años. Es “considerada –leemos en su nota- el mayor éxodo infantil del siglo XX en Occidente” (1).

El texto recoge una única versión, la de Ileana Fuentes, una de aquellas niñas cubanas, que asegura ahora que aquella fue la “operación de rescate de niños y niñas mayor que recoge la historia” y que salvó 14.000 menores “de la hecatombe castrista».

Sobre la Operación Peter Pan hay numerosos trabajos escritos, libros y dos importantes documentales: el estadounidense “Operación Peter Pan: Volando de Vuelta a Cuba” (2), y el cubano “Never Ever Neverland” (3). Que, lejos de presentarla como una acción “humanitaria”, la definen como una operación psicológica de la CIA, en el marco del Programa de Acciones Encubiertas contra la Revolución cubana (4).

Era 1960. Las primeras leyes revolucionarias erosionaban ya los privilegios de los sectores acomodados… y de la poderosa Iglesia católica de Cuba. La Ley de Reforma Integral de la Enseñanza, por ejemplo, introdujo el carácter laico y gratuito de la educación (5).

La Iglesia, que tenía 250 centros de enseñanza y dos universidades, inició una feroz campaña de desinformación, con el apoyo de los grandes diarios del país (Prensa Libre, Avance, el Diario de la Marina), de las agencias internacionales… y de la CIA (6).

En octubre de 1960, Radio Swan, emisora creada por esta Agencia, comenzó a difundir una enorme falsedad: Fidel Castro se disponía a aprobar una Ley de Patria Potestad, por la que ésta ya no sería ejercida por las familias, sino por el Estado, que pretendía enviar a miles de menores a campos de trabajo en la Unión Soviética (7). Tal como confesó uno de sus autores años más tarde, el texto de aquella falsa ley fue redactado por varios agentes de la CIA (8). Nada que nos cuente la agencia Efe.

Inculcado el terror en un buen número de familias de clase media, la Iglesia se encargó del resto. Bryan O. Walsh, director de la Oficina del Bienestar Católico (Catholic Welfare Bureau) de Miami, y James Baker, director de la Ruston Academy de La Habana, con el apoyo económico del gobierno de Dwight Eisenhower, y la logística de once embajadas, organizaron vuelos hasta sacar a 14.048 menores del país, que en Estados Unidos quedaron bajo la protección de agencias –principalmente- católicas.

Miles ingresaron en hogares desconocidos y en orfelinatos, viviendo una experiencia traumática de soledad, castigos corporales, explotación y abusos (9).

En octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles, Estados Unidos decretó la suspensión total de vuelos con Cuba (10), y muchos de aquellos niños y niñas quedaron sin conexión, durante años –incluso toda su vida-, con sus familias de la Isla, que habían confiado, erróneamente, en la inminente caída de la Revolución.

La versión edulcorada, desde Miami, ensalza a los Peter Pan “triunfadores”, como el cantante Willy Chirino (11). Mientras silencia a quienes denunciaron, como víctimas, aquella tenebrosa operación, y dedicaron su vida a construir puentes entre Cuba y Estados Unidos. Uno de ellos, Carlos Muñiz Varela, fue asesinado a balazos por organizar viajes a la Isla.

Pero Efe prefiere difundir la versión única de quienes, como Ileana Fuentes, han dedicado su vida a lo contrario: a defender el bloqueo económico y la guerra total contra el país en que nacieron (12). Recordemos que la agencia española Efe tiene un convenio de colaboración con la ciudad de Miami, que la compromete a realizar –leemos- “semblanzas y reportajes que reflejen la realización del sueño americano» en aquella ciudad (13) (14). ¿El sueño americano de Willy Chirino o la pesadilla asesina de Carlos Muñiz?

(1) https://www.lavanguardia.com/vida/20201226/6150055/escritora-cubana-recuerda-60-anos-exodo-14-048-ninos-solos-eeuu.html
(2) http://www.cubadebate.cu/noticias/2014/01/12/operacion-peter-pan-hueco-tenebroso-en-la-historia/
(3) http://www.cubadebate.cu/noticias/2015/01/06/para-entender-peter-pan/
(4) http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/10/11/operacion-peter-pan-una-fake-news-propia-de-la-propaganda-nazi-video/
(5) http://www.granma.cu/hoy-en-la-historia/2020-12-24/operacion-peter-pan-asi-la-cia-traslado-secretamente-a-eeuu-y-espana-mas-14-000-ninos
(6) https://www.ecured.cu/Operaci%C3%B3n_Peter_Pan
(7) https://laverdadnoticias.com/mundo/CIA-manipulo-a-14.000-ninos-de-Cuba-a-traves-de-la-Operacion-Peter-Pan-20201022-0243.html
(8) http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/10/11/operacion-peter-pan-una-fake-news-propia-de-la-propaganda-nazi-video/
(9) http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/02/26/operacion-peter-pan-en-testimonios-que-hacen-historia/
(10) https://www.cubaperiodistas.cu/index.php/2020/09/operacion-peter-pan-una-gigantesca-noticia-falsa-en-la-decada-de-1960/
(11) http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/10/12/la-verdadera-historia-de-la-operacion-peter-pan/
(12) https://cubanosporelmundo.com/2018/04/24/ileana-fuentes-exilio-nochebuena-alegre/
(13) https://www.lainformacion.com/arte-cultura-y-espectaculos/el-ayuntamiento-de-miami-y-la-agencia-efe-firman-un-convenio-de-colaboracion_afyZgptVLWtiDwB4c0Osx6/
(14) https://www.efe.com/efe/espana/varios/efe-celebro-en-miami-su-75-aniversario/50000073-2522701

Los altos mandos de la policía proceden de la brigada político social del franquismo

Gran parte de los altos mandos policiales nombrados por el gobierno socialista [en 1982] procedían de la desaparecida brigada político-social, que perseguía a las organizaciones democráticas, ilegales, durante el anterior régimen. Entre ellos se encuentran el comisario general de información, Jesús Martínez, quien fue jefe del grupo comunista de la mencionada brigada en Zaragoza, y el jefe de las brigadas operativas de la comisaría de información, José María Escudero, hombre ligado estrechamente al comisario Roberto Conesa y que trabajó durante años en la Brigada Central de investigación social, dentro del grupo anarquista.

El director general de la Policía, Rafael del Río, manifestó a este respecto que miembros de la Político-Social hay muchos en la policía y que «el equipo actual goza de la confianza del Ministerio». Jesús Martínez, actual comisario general de Información, que ingresó en el cuerpo en 1064, fue durante varios años jefe del grupo comunista de la Brigada Político-Social de Zaragoza. Era considerado un hombre duro y muchos comunistas de esta ciudad recuerdan sus acciones.José María Escudero, jefe de las brigadas operativas de la Comisaría General de Información, trabajó bastante tiempo en la desaparecida Brigada de Investigación Social en Madrid. Fuentes policiales de toda solvencia han manifestado a este periódico que, si la Político-Social en provincias era considerada como muy dura, la brigada central era calificada de «exquisita».

En los primeros años setenta, Escudero trabajó en los denominados grupos de acción del norte -antiterroristas-, pero en este campo no consiguió grandes resultados y se empleaba en seguir a miembros de Comisiones Obreras y del Movimiento Comunista. Después, el comisario Conesa le nombró jefe del grupo anarquista en la Brigada de Investigación Social, donde coincidió con el conocido Billy el Niño, que, en aquellos momentos, era jefe del grupo GRAPO de esa misma brigada.

Escudero también participó en algunas actuaciones que dirigió en Barcelona, contra grupos anarquistas, el comisario Conesa. Tras el atentado contra el teatro Scala, en el que estaba implicado un confidente policial, Joaquín Gambín, Escudero fue destinado, por influencia de Conesa, a la brigada del Banco de España, considerada como el puesto más cómodo de la policía.

Después fue destinado a la inexistente comisaría de Pasajes Rentería, y de allí fue nombrado jefe de la Brigada Regional de Información de Barcelona, donde conoció a Rafael del Río. Los hombres de esta brigada fueron los que participaron en la operación que acabó con la muerte del grapo, Martín Luna.

El jefe superior de Baleares, Benjamín Solsona, perteneció al grupo de estudiantes de la Brigada Político-Social, de Valencia. Antonio Garrido, jefe superior de Policía de Madrid, estuvo infiltrado en UGT e intentó realizar la misma labor en el PSOE. También trabajó en la Brigada de Investigación Social en Asturias. El jefe superior de Sevilla, Raimundo Maestro, según fuentes policiales, también procede de la Brigada Social de Zaragoza, donde trabajaba con el comisario general de Información.

Muchos de estos nombramientos han sido duramente criticados por la Unión Sindical de Policías (USP) al considerar que la trayectoria profesional de estos hombres les inhabilitaba para ejercer cargos policiales de gran responsabilidad. Asimismo, dentro de los nuevos nombramientos, figuran otra! personas del equipo personal de Rafael del Río. El director general de la Policía conoció a Francisco Saavedra cuando éste era jefe de Policía Judicial en Valencia; donde Del Río era jefe superior. Francisco Saavedra es ahora comisario general de Policía Judicial. Dos secretarios particulares de Del Río en Valencia ostentan ahora cargos de gran responsabilidad: Jesús Prol fue nombrado jefe de la división de enseñanza de la Dirección General de la Policía y Juan José Lesmes es ahora jefe superior de Granada.También los jefes superiores de Asturias y Zaragoza, Gregorio Luis Marugán y Félix Bernal, conocieron a Del Río en Valladolid y Barcelona, respectivamente, donde el actual director general de la Policía, ostentaba el cargo de jefe superior. El actual jefe superior de Bilbao y delegado del MULC en el País Vasco, Francisco Alvarez, es considerado como un buen criminalista, aunque sus conocimientos en materia antiterrorista son muy reducidos, según una autorizada fuente policial.

Una excepción en estas trayectorias es la del subcomisario Mariano Baniandrés, miembro de la USP y considerado hombre fuerte del partido del Gobierno. Baniandrés, que ingresó en el cuerpo en 1965, fue destinado dos años más tarde al Gabinete de Identificación de la Policía, donde ha permanecido como fotógrafo hasta su nuevo nombramiento como jefe de la Brigada Interior o involucionista.

En cuanto al segundo jefe de esta brigada, el inspector Juan José Medina, también de la USP, miembros del Sindicato Profesional de Policía y de la propia Brigada Interior han pedido su cese a causa de habérsele encontrado un informe en el que se aseguraba que la mayoría de sus subordinados deben ser relevados, ya que «no viven la función policial».

Artículo publicado en El País el 6 de febrero de 1983, https://elpais.com/diario/1983/02/07/espana/413420413_850215.html

Un juicio político: los 7 de Chicago contra la Guerra de Vietnam

“Los 7 de Chicago” es una película producida por Netflix que relata uno de los juicios políticos más conocidos de la historia de Estados Unidos, celebrado en 1969, contra siete manifestantes detenidos durante una protesta contra la Guerra de Vetnam, acusados de conspirar contra la “seguridad nacional”.

La manifestación se convocó aprovechando la asistencia de los periodistas a la Convención del Partido Demócrata, que debía designar a su candidato presidencial a las elecciones.

La protesta se complica cuando alcalde de la ciudad, Richard Doley, responde con “mano dura”, negando todo tipo de permisos y militarizando la ciudad con 12.000 policías, 7.500 soldados, 7.500 efectivos de la Guardia Nacional y 1.000 agentes secretos.

Los manifestantes, transeúntes, periodistas y socorristas son machacados por una policía brutal. Hubo miles de heridos y más de 600 personas fueron detenidas.

La farsa judicial ocupa el final de la película. El juez Julius Hoffman no se preocupa de ocultar su arbitrariedad y su racismo. Ordena que a uno de los acusados, Seal, fundador de los Panteras Negras, lo amordacen y aten a una silla. Inicialmente le acusan de asesinar a una persona.

Los acusados eligen a Tom Hyden para leer la declaración final. Es presidente de “Estudiantes por una Sociedad Democrática” y el que se muestra más sumiso hacia el tribunal.

El juez le insta a ser respetuoso y breve, sugiriendo que eso le ayudará a lograr una condena menor. Hyden le informa de que va a leer la lista de los 4.752 soldados estadounidenses “asesinados en Vietnam” desde el día en que comenzó el juicio.

El juez golpea el escritorio con el martillo en cuento se escuchan los primeros nombres de la lista y la mayoría de los presentes aplauden puestos de pie.

Tras cinco meses, el jurado absolvió a los 7 acusados de conspiración, pero el juez los mandó a la cárcel por desacato, y asimismo sentenció a cuatro de ellos a cinco años de prisión y 5.000 dólares de multa por haber cruzado fronteras estatales de forma ilegal. Todas las condenas, en todo caso, fueron anuladas en 1972.

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