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Categoría: Guerra psicológica (página 30 de 45)

El ejército canadiense dirigió la campaña de propaganda durante la pandemia

La pandemia ha sido una de las más intensas campañas de propaganda que ha conocido la historia, mayor que las de tiempos de guerra, incluidas las dos guerras mundiales del siglo pasado. En Canadá dicha campaña ha sido dirigida por el ejército, con el CJOC (Mando de Operaciones Conjuntas) al frente, dirigido entonces por el teniente general Mike Rouleau.

Blanco y en botella: hemos sido víctimas una guerra que tenía más que ver con la población propia que con los virus. El CJOC reconoce que la intoxicación propagandística era necesaria para evitar la desobediencia civil de los canadienses y reforzar los mensajes del gobierno. Vamos hacia una militarización de la sociedad civil.

El general Jon Vance, entonces Jefe del Estado Mayor de la Defensa, detuvo la iniciativa propagandística del CJOC después de que varios de sus asesores cuestionaran el plan. Vance llamó entonces al general de división retirado Daniel Gosselin para que investigara por qué el CJOC desató una operación de propaganda dirigida contra la propia población.

La investigación de Gosselin está fechada el 2 de diciembre del año pasado y la ha publicado el periódico National Post (*). El plan del CJOC se basaba en técnicas publicitarias similares a las utilizadas durante la guerra de Afganistán. Consistió en “dar forma” y “explotar” la información.

Gosselin revela que el plan no era simplemente el fruto de especialistas en propaganda militar “apasionados”, sino que el recurso a operaciones de información muestra “claramente una mentalidad que impregna muchos niveles del CJOC”. Sus miembros consideraron la pandemia como una “oportunidad única” para ensayar dichas técnicas entre la población canadiense.

El contralmirante Brian Santarpia, entonces Jefe de Estado Mayor del CJOC, resumió la actitud del mando de la siguiente manera: la pandemia “es una oportunidad de aprendizaje para todos nosotros y una oportunidad para empezar a integrar las operaciones de información en nuestra rutina”.

El mando militar la consideraba como “una oportunidad para supervisar y recopilar información pública para mejorar la concienciación para una mejor toma de decisiones del mando”, dice Gosselin, quien también señala que el personal del CJOC tenía una “palpable actitud despectiva” hacia los consejos y las preocupaciones planteadas por otros jefes militares.

Una iniciativa separada, no vinculada al CJOC, pero supervisada por oficiales de inteligencia del ejército, recogió información sobre las redes sociales en Ontario. Pusieron en marcha un plan propagandístico para cambiar las actitudes y comportamientos de los canadienses, así como recoger y analizar la información de las redes sociales.

También recopilaron datos sobre las manifestaciones de Black Lives Matter y sus dirigentes. Los oficiales superiores dijeron que la información era necesaria para garantizar el éxito de la Operación Láser, la misión del ejército para ayudar a los ancianos afectadas por el confinamiento en los asilos y contribuir a la distribución de vacunas en algunas localidades del norte.

Los dirigentes de Black Lives Matter cuestionaron que los militares reunieran información por su cuenta, señalando que se portaron bien y siempre respetaron las normas disciplinarias de la pandemia.

En su informe Gosselin exculpa al gobierno, que no autorizó la campaña. Los mandos militares creían que no necesitaban obtener la aprobación de la autoridad civil para desarrollar su plan. Sin embargo, el ejército canadiense reconoce que “las políticas y doctrinas de operaciones de información y de objetivos están destinadas a los adversarios y tienen una aplicación limitada en el ámbito nacional”.

Para forzar el confinamiento domiciliario, en septiembre del año pasado los militares falsificaron una carta del gobierno de Nueva Escocia en la que se advertía de la presencia de lobos sueltos en una zona concreta de la provincia. La carta se distribuyó entre los vecinos para que permanecieran encerrados en sus domicilios, lo que provocó llamadas de pánico a los funcionarios, que no sabían que los militares estaban detrás del engaño.

Como en otros países, en Canadá el ejército está implementando estrategias agresivas propias de la guerra de la información y tácticas para influir en los canadienses. Estas tácticas incluyen el uso de analistas de defensa y generales retirados para difundir mensajes de relaciones públicas militares y criticar a quienes plantean cuestiones sobre el gasto militar.

El ejército canadiense ha gastado más de un millón de dólares para formar a los oficiales en las mismas técnicas de modificación del comportamiento que utilizaba la empresa Cambridge Analytica, implicada en varios escándalos de manipulaciones electorales.

Hace varios meses, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa en funciones, el general Wayne Eyre, y la viceministra de Defensa, Jody Thomas, reconocieron en un documento interno que las iniciativas de propaganda se les habían ido de las manos. Una nota de 9 de junio de este año, firmada por Eyre y Thomas, admite “la realización de OI (operaciones de información) como parte de una operación nacional sin dirección o autoridad explícita del CDS/DM para hacerlo, así como la producción no sancionada de informes que parecían estar dirigidos a vigilar las actividades de los canadienses”.

(*) https://nationalpost.com/news/national/defence-watch/military-leaders-saw-pandemic-as-unique-opportunity-to-test-propaganda-techniques-on-canadians-forces-report-says/

Corea del norte en ‘El juego del calamar’

La serie de Netflix “El juego del calamar”, una producción surcoreana de 9 capítulos, se ha convertido en todo el mundo en la más vista de la plataforma. Es como los libros más vendidos o las películas más taquilleras: por sí mismo no significa que sean buenas, pero tampoco lo contrario.

Estrenada el mes pasado, la serie muestra una evidencia de la sociedad surcoreana actual y, por extensión, del capitalismo, donde los estragos van más allá de la miseria. Los protagonistas no sólo no tienen nada, sino que están esclavizados por las deudas.

Entre casi 500 concursantes, sólo uno puede ganar un premio de 40 millones de dólares que le sacará de la bancarrota. Basta ganar en varios juegos infantiles que todos los niños del mundo conocen y pueden practicar.

Como no puede ser de otra forma, entre los participantes hay una norcoreana, Kang Sae-byeok, que ha huido al sur y, aunque el resto del mundo crea otra cosa, el norte no es tan hermético como dicen los medios por aquí; también están viendo la serie y también es un éxito.

Por eso los medios del norte la están comentando. El sitio norcoreano Arirang Meari afirma que la serie muestra una “sociedad desigual donde las personas sin dinero son tratadas como piezas de ajedrez por los ricos”.

“Hace que la gente se dé cuenta de la triste realidad de la bestial sociedad surcoreana, en la que los seres humanos se ven empujados a una competencia extrema y su humanidad está siendo aniquilada”, apunta un artículo de Arirang Meari.

En febrero del año pasado un diario pronorcoreano de Japón elogió los Óscar logrados por la película surcoreana Parasite, a la que calificó como una obra maestra que “expuso crudamente la realidad” de la brecha entre ricos y pobres en el sur de la península.

Una semana negra de Facebook que conduce a la censura de contenidos en internet

El lunes Facebook sufrió un apagón masivo, junto con sus filiales Instagram y Whatsapp. Al día siguiente Frances Haugen, una experta en bases de datos del monopolio, denunció ante el Congreso de Estados Unidos ciertas prácticas de la red social.

El apagón se produjo el lunes, mientras Haugen tenía previsto declarar ante el Congreso a la mañana siguiente. Ambos elementos se combinaron para crear una tormenta perfecta de comentarios que retratan a la empresa de Zuckerberg como un monstruo que necesita desesperadamente ser controlado mediante una intervención pública.

Durante varias horas del lunes, Facebook Instagram y Whatsapp estuvieron completamente fuera de línea. Circularon rumores de que habían borrado por completo partes enteras de los contenidos. Otros sugirieron que se trataba de un ciberataque.

Facebook insiste en que no hubo ningún ataque y que se trató de un “simple error técnico”. Ninguna empresa tecnológica admite nunca que es vulnerable a un ataque externo.

Paralelamente, Haugen ha estado filtrando documentos durante semanas al Wall Street Journal para no decir nada: Facebook utiliza prácticas comerciales muy poco “éticas”, viola la ley y es un peligro para la salud mental de los niños.

No le acusó a Facebook de vigilancia masiva, censura o abuso de posición monopolista, sino de ser demasiado tolerante. La red “permite el discurso del odio”, “no puede controlar eficazmente la desinformación sobre las vacunas” y “perjudica a la democracia”.

“Facebook ha elegido los beneficios por encima de la seguridad”, añadió Haugen. Cárteles de la droga, genocidio, anorexia… Es un desmadre.

Una denunciante que se presenta con un equipo de abogados y entrevistas coordinadas en horario de máxima audiencia justo antes de su declaración ante el Congreso suena a campaña de relaciones públicas y a promoción política.

Dentro de poco lo veremos en España: los partidos, los sindicatos y los movimientos “alternativos” exigiendo una ley que regule los contenidos de internet, que presentarán como una “lucha antimonopolista” y contra las “noticias falsas”. Newtral, Maldita y demás inquisidores no faltarán a la cita.

Empezarán tertulias del tipo “¿Debemos admitir discursos de odio en las redes sociales?”, “¿Se deben controlar aún más los contenidos de internet?”, ¿Creen que ese control lo deben hacer las empresas privadas, como Facebook, o bien organismos públicos reguladores?”, “¿Hay que responsabilizar a las plataformas digitales de los contenidos que introduzcan los usuarios?”

En toda esta verborrea estarán presentes los “delitos de odio”, que es otro mantra de la posmodernidad. Luego la última palabra la tendrán los jueces, como es habitual, y si el usuario no está conforme podrá acudir incluso al Tribunal de Estrasburgo, después de recorrer un maratón de pleitos…

Están preparando a los internautas para que acojan con satisfacción la censura de contenidos. Si un monopolio del tamaño de Facebook se ve sujeto a regulación, otras empresas más pequeñas se verán mucho más sometidas por cualquier canon de contenidos.

Haugen dijo a los congresistas exactamente lo que querían oír, para que puedan aprobar la legislación que iban a aprobar de todos modos.

Facebook está de acuerdo con la censura de contenidos, como reconoció Lena Pietsch, portavoz de la empresa de Zuckerberg: “Estamos de acuerdo en una cosa: es hora de empezar a crear normas estándar para internet. Han pasado 25 años desde que se actualizaron las normas de internet, y en lugar de esperar que la industria tome decisiones sociales que corresponden a los legisladores, es hora de que el Congreso actúe”.

Un artículo de MSNBC afirma que el apagón de Facebook, Instagram y WhatsApp es una “oportunidad”. Las empresas deben censurar y los reguladores públicos también. Si uno deja pasar contenidos, el otro debe cerrar al grifo por completo.

En su intervención Haugen recomendó un “supervisor independiente” de Facebook, algo así como la “Agencia de Protección de Datos”, uno de esos organismos parasitarios que proliferan por Europa y sirven para todo o contrario de lo que anuncian sus membretes.

También propuso la derogación de la ley que en Estados Unidos exonera a las redes sociales de la responsabilidad por los contenidos creados por sus usuarios. Las empresas digitales quedarían expuestas a numerosas demandas de las ONG que en el mundo luchan contra el “odio”.

Esto no es “lucha antimonopolista”, como lo van a vender las ONG, sino monopolismo puro y duro porque hará imposible la subsistencia de las plataformas de medios más pequeñas y con menos recursos para censurar los contenidos, que no pueden soportar el coste millonario de demandas y pleitos. Es el caso de la plataforma rusa Telegram, que recibiría un golpe de gracia.

La regulación de los contenidos de internet no va, pues, dirigida contra los gigantes digitales, que tienen los recursos necesarios para sobrevivir al control público, como han demostrado siempre, sino a sus competidores más pequeños. Es un mecanismo de concentración y centralización del capital amparado por el poder del Estado.

—https://off-guardian.org/2021/10/06/the-real-story-behind-facebooks-terrible-horrible-no-good-very-bad-week/

Los televangelistas de bata blanca (del quirófano al plató de televisión)

La “pandemia de covid” ha provocado la aparición de una nueva categoría de médicos, los médicos “de plató”. No estamos hablando de las mesetas de Madagascar o de los Andes, sino de las mesetas televisivas.

Estos médicos eran desconocidos para el público en general antes de la crisis sanitaria. Fueron seleccionados por los medios de comunicación, que buscaban médicos expertos, o por el poder ejecutivo, que buscaba cortejar a los asesores científicos.

Procedentes de las más diversas especialidades (urólogos, médicos de urgencias, reanimadores, dietistas, médicos de cabecera, inmunólogos e incluso simples administradores como directores de hospitales…), la mayoría de las veces alejados de la de las enfermedades transmisibles, son cortejados por todas las cadenas de noticias porque el público se ha acostumbrado a estos personajes de bata blanca que saben explicar el interés de las medidas coercitivas del gobierno.

Esto se debe a que el argumento de autoridad combinado con un tono perentorio ante las cámaras es una estrategia de comunicación extremadamente eficaz que utilizan habitualmente los televangelistas estadounidenses. Estos modernos sucesores de los predicadores itinerantes metodistas ingleses del siglo XVIII basan sus estrategias de comunicación en la repetición del mismo mensaje básico utilizando un tono carismático con el fin de provocar una frenética adhesión colectiva de la audiencia, descartando cualquier inclinación al pensamiento crítico. Como todos los catecismos, la palabra no debe sufrir ninguna crítica porque cada pregunta lleva a una respuesta y cada respuesta corresponde a una pregunta.

Animados por la fama repentina, parece más fácil para estos médicos, que no son competentes en la dinámica de las epidemias ni en la evaluación de las intervenciones de salud pública, adherirse y vender un dogma ambiental ya hecho, en lugar de evocar información alternativa que puede requerir investigaciones y conocimientos especiales.

Oscilando entre un tono condescendiente y una agresividad paternalista, retransmiten y machacan con convicción la comunicación del poder ejecutivo, aunque sea contradictoria cada pocas semanas. Magister dixit, dijo el Maestro.

Para convencer, estos nuevos televangelistas no dicen “Dios dijo que…” sino “La comunidad científica dijo…” o “La ciencia demuestra que…”. ¿Quién puede estar en contra de Dios, la Comunidad Científica o la Ciencia? El matrimonio entre la televisión y la bata blanca está haciendo su gran trabajo: el poder de convicción de lo “visto en televisión” explota los principios elementales del marketing ante un público ingenuo.

Sin embargo, algunas aclaraciones permiten a cada uno desarrollar su propio espíritu crítico.

En primer lugar, ningún médico honesto puede pretender ser un representante de la comunidad científica, y mucho menos de la ciencia en general. La comunidad científica no respalda ningún dogma. Es un mosaico formado por una multitud de investigadores que comparan sus ideas y trabajos. Según el famoso filósofo de la ciencia Karl Popper, una teoría sólo puede considerarse científica si puede ser refutada. De lo contrario, no es ciencia sino ideología.

En segundo lugar, un médico no es un científico. Es menos y más que eso: es un hombre de arte. Un científico tiene una tesis científica, no una tesis médica. Un científico ha publicado un número mínimo de artículos científicos sobre los temas en los que se supone que es competente. Por supuesto, algunos médicos también pueden ser verdaderos científicos, pero entonces tienen dos doctorados y se dedican a la investigación.

En tercer lugar, un médico es competente en el ámbito de su especialidad o incluso subespecialidad. El público debería preguntarse por los discursos de un urólogo, un reanimador o un dietista sobre temas ajenos a sus competencias, como las epidemias de enfermedades transmisibles. No se le pide a un ginecólogo-obstetra que prescriba gafas, ni a un oftalmólogo que realice un parto.

Por último, las cuestiones médicas y las verdaderas cuestiones científicas no son resueltas por la mayoría. La ciencia no es una democracia y la verdad no la decide la mayoría de la gente, sean médicos o científicos. De lo contrario, la Tierra seguiría siendo plana y seguiría estando en el centro del Universo.

La ignorancia de estos principios por parte del público permite a los televangelistas de bata blanca manipular muy fácilmente a su audiencia mediante las conocidas técnicas de lavado de cerebro, cuyo objetivo es reducir la resistencia para facilitar la persuasión:

  • Aislamiento social: situación impuesta a la población durante los confinamientos y toques de queda, generando una vulnerabilidad extrema
  • Control de la información y denigración del pensamiento crítico: repetición del pensamiento único oficial con la advertencia de que hay que desconfiar de la información alternativa presentada como conspirativa y perteneciente al bando del “mal”.
  • Engaño: distorsión de la realidad mediante la simplificación para acentuar el dramatismo de la epidemia y mantener el miedo
  • Sumisión: estímulo para ajustarse al dogma
  • Identificación con el grupo: cada individuo abandona su propia personalidad para unirse a la del grupo, por ejemplo, los vacunados
  • Control del vocabulario: desde el comienzo de la epidemia se ha impuesto una verdadera novolengua (número de “casos”, “racimos”, “se están salvando vidas”, “no hay tratamiento”, “la única solución es la vacunación generalizada”, etc.)
  • Distorsión de la autoridad: la única autoridad médica válida es la del Estado, que concentra todos los poderes, retransmitidos por televangelistas con batas blancas. El discurso de otros médicos está pervertido y hay que evitarlo.

Por estos medios, la población se siente necesariamente debilitada física y moralmente. Los sujetos, al sentirse culpables de arriesgarse a contaminar a otros si no siguen estrictamente las reglas impuestas, siguen siendo los objetivos ideales de la persuasión psicológica.

Estos mecanismos de degradación de la población durante la pandemia de Covid-19 no podrían haberse puesto en marcha sin la complicidad de los grandes medios de comunicación y del poder ejecutivo al que sirven. Si los periodistas de estos medios hubieran hecho bien su trabajo, habrían seleccionado a los especialistas según el ámbito de su competencia para responder a las preguntas legítimas de la población, aunque sólo fuera consultando la naturaleza de sus trabajos accesibles en las bases de datos científicas. Así, las cadenas de noticias habrían propiciado debates contradictorios entre expertos que confrontaran todos los puntos de vista médicos, en lugar de entrevistar a un solo médico en cada plató, dejándole libertad para soltar su lenguaje ante una audiencia lo suficientemente debilitada como para dejarse ganar por el discurso oficial. Por ello, no es de extrañar que este público manipulado pronto constituya una mayoría que pretende obligar a la minoría disidente a unirse a ella en la servidumbre.

¿No es el principio fundamental de la democracia proteger a la minoría de la tiranía de la mayoría? Este es el papel de la Constitución, que se supone que protege los derechos de todos. Pero hay que respetarlo.

Ariel Beresniak https://francais.rt.com/opinions/91312-medecins-plateaux-nouveaux-televangelistes-ariel-beresniak

La BBC llevó a cabo un ‘linchamiento mediático’ contra Julian Assange

A los cabecillas de la BBC los nombra a dedo el gobierno británico. A menudo tienen vínculos estrechos y de larga duración con el Primer Ministro, como Chris Patten, que fue miembro del gobierno de Margaret Thatcher en 1989, y David Clementi, antiguo subdirector del Banco de Inglaterra que fue asesor de Margaret Thatcher en la década de 1980. El actual director es Richard Sharp, antiguo asesor de Boris Johnson cuando era alcalde de Londres. Sharp también fue el gerente del multimillonario ministro de Economía Rishi Sunak cuando éste trabajaba en Goldman Sachs. Aliado político del gobierno, Sharp ha donado 400.000 libras al Partido Conservador. Es tan rico que puede permitirse trabajar gratis para la BBC.

En Gran Bretaña, sigue siendo un delito poseer un televisor y no pagar el canon de televisión, que es la principal fuente de ingresos de la BBC. Se ha encarcelado y se puede encarcelar a personas por no pagar el canon.

El año pasado los ingresos por el canon fueron de 3.750 millones de libras, más de lo que el Reino Unido gastó en sus prisiones en 2019. Sus actividades comerciales generan más ingresos. La posición financiera de la BBC, calificada de privilegiada por el regulador OFCOM, permite a los periodistas de alto nivel, a los presentadores de noticias y a los presentadores de noticias ganar lucrativos sueldos.

El Ministro de Asuntos Exteriores controla los objetivos, las prioridades, las metas y las lenguas en las que se emiten los informativos para el mundo.

El Servicio Mundial de la BBC no está regulado, está exento de control oficial, aunque la BBC tiene una audiencia internacional mucho mayor que su audiencia nacional. El Servicio Mundial de la BBC podría llegar a 500 millones de personas a la semana.

El Servicio Mundial se financia con los derechos de licencia y el gobierno. En 2015 se le asignaron 289 millones de libras del presupuesto de seguridad nacional y defensa del entonces primer ministro David Cameron para repartirlos en cinco años. Es muy posible que esto continúe.

El año pasado, el anterior director de la BBC, David Clementi, comentó: “Ningún otro activo nacional tiene el potencial de servir a Gran Bretaña con tanta fuerza, uniéndonos como una nación en casa y representando a la Gran Bretaña global en el extranjero… La BBC es un gran activo nacional; una BBC disminuida es un Reino Unido debilitado”.

En resumen, la BBC ayuda a la élite británica a controlar la narrativa en el país y en el extranjero. Con la BBC de su lado, junto con otros medios de comunicación comerciales serviles a los poderosos, se puede exportar la tiranía a los países objetivo del Ministerio de Asuntos Exteriores en forma de guerras militares, económicas o por delegación, dirigidas bajo el disfraz de guerras “humanitarias” o antiterroristas.

Julian Assange nos ha ayudado a entender esta tiranía.

El gobierno británico utilizó a la BBC para gestionar la detención de Assange

Menos de una hora y media después de la detención de Assange, el 11 de abril de 2019, la BBC emitió una declaración de Jeremy Hunt, el entonces ministro de Asuntos Exteriores. La BBC se ha negado a responder a las preguntas de la FOI [Libertad de Información] sobre esta entrevista, y hasta ahora el Ministerio de Asuntos Exteriores ha negado la existencia de cualquier correspondencia en torno a la entrevista (se supone que hay una revisión en marcha). Esta entrevista fue probablemente filmada en una sala del Ministerio de Asuntos Exteriores, como indica esta imagen de Alan Duncan, antiguo Subsecretario de Asuntos Exteriores, aparentemente tomada en el mismo lugar. Esto sugiere que Hunt invitó a la BBC al Ministerio de Asuntos Exteriores con el propósito expreso de controlar la narrativa en torno a la retirada del asilo a Assange por parte del gobierno ecuatoriano.

Hunt no hace referencia a ningún delito, acusación o condena; implícitamente, retrata a Assange como un personaje deshonesto, despreciable y cobarde: “Assange no es un héroe”, “lleva años escondiéndose de la verdad”, “tomó como rehén la embajada de Ecuador”…

En el momento en que se hizo pública esta declaración, lo único que se sabía de Assange era que estaba en busca y captura por haber incumplido una orden de fianza policial siete años antes, que no estaba vinculada a ningún cargo, sino que había sido el resultado de su solicitud de asilo en la embajada de Ecuador. En esencia, Hunt utilizó el “activo nacional” más poderoso de Gran Bretaña para crear una sensación de comportamiento delictivo grave por una infracción menor de la ley. Esto no tiene ningún sentido legal ni lógico.

Jeremy Hunt no era conocido por utilizar el “activo nacional” más poderoso de Gran Bretaña para hacer discursos similares sobre los miles de infractores de la libertad condicional en Gran Bretaña cada año, o sobre conocidos delincuentes graves, pero el 11 de abril de 2019 decidió dar un tratamiento especial a Julian Assange.

El trato de Hunt a Assange puede compararse con el caso presentado ante el TEDH [Tribunal de Estrasburgo] contra Putin por Jodorkovsky cuando Putin era Primer Ministro de la Federación Rusa. Jodorkovsky afirmó que Putin había violado su derecho a la presunción de inocencia al hacer ciertos comentarios, como “un ladrón debería estar en la cárcel”, antes del segundo juicio de Jodorkovsky por delitos financieros. Sin embargo, el TEDH dictaminó que Putin no violó la presunción de inocencia porque:

  • sus comentarios fueron espontáneos, no preparados
  • se hicieron durante una conferencia de prensa que cubría muchos temas no relacionados con Khodorkovsky
  • Putin aclaró sus comentarios con referencia a la primera condena de Jodorkovsky.

Ahora, si comparamos los mismos criterios con los comentarios de Hunt sobre Assange, nos encontramos con lo contrario:

  • implican un comportamiento delictivo sin referencia a una acusación o condena
  • constituyeron una declaración, preparada de antemano y probablemente ensayada
  • la filmación de su declaración fue probablemente organizada por Hunt utilizando el “activo nacional” más poderoso de Gran Bretaña, con el objetivo de animar al público a ver a Assange de una manera particular
  • ningún otro medio de comunicación fue invitado por Hunt a hacer preguntas o desafiar su relato
  • el único periodista en posición de hacer preguntas o desafiar a Hunt, el de la BBC, no lo hizo, en su lugar invitó a Hunt a abordar otro tema.

En el caso Jodorkovsky, el TEDH explicó tanto las notas de difamación como la violación del derecho a la presunción de inocencia.

El Tribunal recuerda que el artículo 6.2 se viola si una declaración de un funcionario público sobre una persona acusada de un delito penal refleja la opinión de que es culpable antes de que su culpabilidad haya sido probada de acuerdo con la ley. Es suficiente, incluso en ausencia de cualquier conclusión formal, que haya un razonamiento que sugiera que el funcionario público considera al acusado culpable.

El Tribunal de Justicia ya ha declarado que el artículo 6.2, en su aspecto pertinente, tiene por objeto evitar que las declaraciones perjudiciales realizadas en estrecha relación con el proceso perjudiquen un juicio penal justo. Cuando tales procedimientos no existen o nunca han existido, las declaraciones que atribuyen conductas delictivas o reprobables de otro tipo son más bien relevantes para las consideraciones de protección contra la difamación y plantean posibles problemas en virtud del artículo 8.

Otros ministros, entre ellos la entonces primera ministra Theresa May, el entonces ministro del Interior Sajid Javid y el entonces ministro de Asuntos Exteriores Alan Duncan, dijeron que Assange estaba “justamente ante la justicia”. Sin embargo, lo único que tenían a mano era una infracción de fianza menor, lo que demuestra un uso totalmente desproporcionado de sus altos cargos públicos, con dos de ellos utilizando una BBC ya disponible a la carta. En el caso de Hunt, utilizó tanto la BBC como Twitter. De todas las declaraciones sobre la detención de Assange, es la de Theresa May la que se refiere a la acusación de incumplimiento de la fianza: “Demuestra que en Reino Unido nadie está por encima de la ley”, otra frase utilizada a lo largo del día por ese grupo de ministros.

Esta referencia a la legislación del Reino Unido fue intencionada: Assange había estado en la embajada ecuatoriana legítimamente en virtud de las leyes internacionales de asilo. En 2015, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria (UNGWAD, por sus siglas en inglés) declaró que el Reino Unido “se ha negado a cumplir con sus obligaciones de respetar el asilo del señor Assange en virtud de la Convención sobre los Refugiados de 1951 o del derecho internacional consuetudinario” y que Assange estaba detenido arbitrariamente en la embajada de Ecuador. Así, el día de su detención, altos ministros británicos se embarcaron en una campaña de palabras de moda para acallar cualquier ruido que pudiera hacerse sobre la declaración de la UNGWAD y encubrir los crímenes del gobierno ecuatoriano que acababa de retirar el asilo a Assange.

Todo esto antes de que Assange entrara en el tribunal acusado de violar su fianza. Assange no tenía ninguna esperanza de ser presumido inocente. Su comportamiento fue un ejemplo de “linchamiento público”, un término utilizado por el relator de la ONU sobre la tortura, Nils Melzer, para describir la forma en que las instituciones públicas y los funcionarios atacaron a Assange.

Y no es sólo el público en general el que compone la audiencia de la BBC: muchos jueces habrán escuchado a la BBC y a otros medios institucionales retransmitir las declaraciones de los ministros ese día.

Assange fue condenado a la pena más dura posible en Gran Bretaña por este delito menor: 12 meses de prisión. Fue enviado a la prisión más segura de Gran Bretaña, donde permanece casi dos años y medio después, como un favor al gobierno estadounidense.

La BBC ayudó a los gobiernos de Ecuador y Estados Unidos a gestionar la detención de Assange

El día de la detención de Assange, el mismo día en que Estados Unidos solicitó su extradición a Gran Bretaña, la BBC publicó múltiples artículos sobre los temores de Assange al respecto. Sin embargo, a los pocos días de la detención de Assange, el periodista de la BBC Jon Sopel, que gana un sueldo de 245.000 libras en la BBC, se reunió con el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, e ignoró casi una década de historias de la BBC sobre el tema. En cambio, Sopel entregó a Moreno preguntas que le permitieron difundir las historias calumniosas y condenatorias que quería:

  • ¿Cómo se comportó [Assange] con el personal [de la embajada]?
  • He oído que estaba espiando a su personal, ¿qué significa eso?
  • Afirma que es un defensor del gobierno abierto, de la libertad de información, que es periodista y que merece asilo
  • ¿Cree que es un agente de Rusia?
  • ¿Así que estaba trabajando para los rusos?
  • ¿Han sido presionados por los británicos y los estadounidenses para que le retiren el asilo?
  • ¿Se siente aliviado de que se haya ido?

Las respuestas de Moreno pintaron la imagen de un espía ciberterrorista desequilibrado, físicamente violento y con excrecencias que trabaja para Rusia. Todas estas afirmaciones de Moreno han sido desmentidas. El “artículo” de la BBC se titula “Assange untó de excrementos la embajada de Ecuador”, según el presidente.

Estas historias han servido para deshumanizar a Assange y frenar su apoyo. Esto no sólo protegió a Estados Unidos del escrutinio público, sino que también permitió a Moreno promover las insensatas afirmaciones de destacados políticos estadounidenses, como Jo Biden (“Assange es un terrorista de alta tecnología“) y Mike Pompeo, cuando dirigía la CIA (“Wikileaks es un servicio de inteligencia no público hostil”). Ahora se sabe que al usar los términos “hostil” y “terrorista” algunos en el gobierno de Trump, incluyendo a Pompeo, han planeado asesinar a Assange.

Sopel informó sobre su “entrevista” repitiendo las historias difundidas por Moreno. Hizo los comentarios difamatorios y desacreditados a BBC World News, que, incluso entonces, tenía una audiencia semanal de cientos de millones de personas.

Vemos que la BBC es la herramienta de propaganda preferida del gobierno británico para atacar a Assange. Está al servicio del gobierno, puede difundir sus falsas afirmaciones, puede enviar un equipo con un chasquido de dedos desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, se puede confiar en que no haga preguntas inteligentes o cuestione las historias, puede difundir mensajes útiles, puede promover historias difamatorias en su enorme plataforma BBC World News, y no hay historia que sea incapaz de vender: excrementos, abuso de gatos… Todos han sido utilizados contra Assange.

Nina Cross, https://theindicter.com/the-role-of-the-bbc-in-the-state-sponsored-persecution-of-julian-assange-part-1/

Cómo convertir a poblaciones enteras en títeres de la propaganda mundial

El miedo funciona mejor en tiempos de guerra. El miedo al “enemigo” es la forma en que la burguesía mantiene el poder y hace avanzar sus planes. El miedo suprime el pensamiento racional y es más probable que la gente haga lo que se le dice.

El lenguaje actual es marcial: estamos “en guerra” contra un virus. La guerra apela a la necesidad de ejercer el control. Ofrece la esperanza de ganar cuando nos sentimos fuera de control y requiere que las poblaciones sean resistentes, hagan sacrificios y obedezcan a sus dirigentes, como los soldados que obedecen a la cadena de mando militar. La Guerra Fría fue el punto de partida en el recurso al miedo como forma de dominación política en los tiempos modernos.

Una población alarmada deseará ser devuelta a la seguridad por su gobierno. Cuanto más grave sea la emergencia, más apreciará la población a un gobierno fuerte. Durante una crisis, la gente está dispuesta a sacrificar la libertad por la seguridad.

Robert Higgs, historiador económico estadounidense, en su libro “Crisis y Leviatán” postuló que la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, los años de Johnson y Nixon, el 11 de setiembre y la Gran Recesión que comenzó en 2008 provocaron la expansión del gobierno estadounidense, en un patrón que él denomina “efecto trinquete”. Efectivamente, nada es tan permanente como una medida gubernamental temporal.

La censura, las banderas falsas -el uso de operaciones encubiertas que parecen ser llevadas a cabo por otros estados-, la repetición, la manipulación de los hechos (mentir) y la manipulación de las emociones, son herramientas de propaganda.

La propaganda tiene que ver con la psicología del comportamiento. La manipulación consiste esencialmente, en conseguir que la gente haga lo que no haría de otra manera, a través de la coerción, el incentivo o el engaño.

Hoy la gente ha sido atrapada por el miedo de una manera obsesiva, y en un grado mucho peor de lo que ocurrió tras el 11-S.

No siempre tomamos decisiones de forma racional; simplemente no tenemos tiempo para evaluar cuidadosamente cada decisión que tomamos. La ciencia del comportamiento recurre a la “teoría de los empujones”: nuestra conducta no se ve “empujada” por órdenes sino por sutiles sugerencias que llegan a nosotros sin que nos demos cuenta.

Richard Thaler y Cass Sunstein, que acuñaron el término “empujón”, en su libro “Nudge” (Empujón), escribieron: “Conociendo cómo piensan las personas, podemos facilitarles la elección de lo que es mejor para ellas, sus familias y la sociedad”.

Hasta ahora la aplicación de la ciencia del comportamiento en la planificación de catástrofes solía consistir más en predecir cómo se comportaría la gente y qué necesitaría, pero ahora se ha convirtido en “cómo hacer que la gente haga lo que queramos”.

La propaganda oficial no sólo crea miedo sino que tras las catástrofes también da forma a respuestas positivas y orienta a los “radicales” en direcciones diferentes. Para ello los gobierno han creado unidades científicas cuyos métodos son opacos.

En Alemania los documentos filtrados del Ministerio del Interior muestran que contrataron científicos para elaborar el peor escenario posible con el fin de justificar las restricciones sanitarias. Científicos de varios institutos de investigación y universidades colaboraron con el Ministerio para crear un modelo informático para “adelantarse a la situación mentalmente y en términos de planificación”, que debía ayudar a diseñar “medidas de carácter preventivo y represivo”.

Algunos extractos del propio documento se refieren a los niños en términos de tesis y antítesis: “‘Es poco probable que los niños sufran la epidemia’: Falso. Los niños se infectan fácilmente, incluso con restricciones de salida”.

Un funcionario del gobierno británico admitió que en Londres el virus no causaba preocupación. Lo importante era la forma en que el virus podría arruinar la credibilidad del sistema sanitario y, de rebote, del gobierno.

Laura Dodsworth, A State of Fear, www.amazon.com/State-Fear-government-weaponised-Covid-19/dp/1780667205
Agustina Rocca https://extramurosrevista.com/como-convertir-a-poblaciones-enteras-en-titeres-de-la-propaganda-global/

La propaganda y propagación de la pandemia

En junio de 2016, en el Festival de Cine de Múnich, se estrenó el documental “Ein deutsches Leben” (Una vida alemana), sobre el personaje de Brunhilde Pomsel, secretaria del ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels. ¿Sabía la gente de los crímenes nazis? Esta pregunta, forma la estructura central de la película «Una vida alemana”.

De los cuatro directores del documental (Christian Krönes, Olaf Müller, Roland Schrotthofer y Florian Weigensamer), dos de ellos, Christian Krönes y Florian Weigensamer, concedieron una entrevista al medio alemán Deutsche Welle, servicio de radiodifusión internacional financiado por el presupuesto fiscal federal alemán, en la cual exponían sus opiniones sobre diversos aspectos del citado documental:

Christian Krönes: “Creo que ella [Brunhilde Pomsel] representa a millones de personas que hicieron posible ese sistema. El film da cuenta de una sociedad que se descarrila: crisis económica mundial, desempleo, auge del nacionalsocialismo. Una década más tarde, todo eso desemboca en una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad”.

Florian Weigensamer: ”La visión de la Sra. Pomsel sobre ese tiempo: ‘De eso no me enteré… los campos de concentración’. Hay que mostrar que uno podía enterarse si quería. Ese es el reproche que se le puede hacer. Mirar hacia otro lado, y ser apolítico, ya es culpa suficiente” (1).

¿Quiénes son los Goebbels actuales? ¿Quiénes son las Pomsel actuales?

Realizar estas preguntas y buscar sus posibles respuestas, es una tarea imprescindible hoy en pleno marasmo pandémico, para acercarnos al papel que ha jugado la propaganda en la transmisión del terror para que la población mundial aceptara la liquidación de sus ya de por sí menguados derechos en un delicado acercamiento a un nuevo tipo de nazismo, no centrado en la conquista de un espacio vital (lebensraum) como argumentaban los nacionalsocialistas alemanes, sino en el control total de las personas desde diversos centros mundiales, con aparentes discrepancias políticas entre ellos, pero con un objetivo que los une por encima de los dimes y diretes: la implantación de medidas “profilácticas”, no contra el ataque de seres microscópicos, sino ante el peligro de revueltas generalizadas incontrolables debido a la cada vez mayor desigualdad social y a la desaparición o desprestigio de lo que antaño habían sido los partidos obreros muchos de los cuales ejercían de colchón amortiguador de las protestas mediante un confuso lenguaje aparentemente radical.

Leonard W. Doob, uno de los principales estudiosos de la psicología de la propaganda y profesor de la Universidad de Yale, publicó en 1950 “Goebbels Principles of Propaganda” en un documento de la oficina de prensa de Universidad de Oxford denominado The Public Opinion Quarterly. Dicha publicación era el estudio de un manuscrito de Goebbels confiscado por el ejército estadounidense en Berlín en el año 1945.

Leonard W. Doob resume los principios de la propaganda de Goebbles en una serie de 19 apartados, de los cuales, por su importancia en la actualidad cabe resaltar los siguientes:

— La propaganda debe ser planificada y ejecutada por una sola autoridad. (En la actualidad esta autoridad se ha atribuido a la OMS, aunque solamente sea la transmisora de órdenes de las corporaciones químico-farmacéuticas)

— Para ser percibida, una propaganda debe evocar el interés de una audiencia y debe ser transmitida por un medio de comunicación que capture la atención. (Básicamente la televisión, en segundo lugar la prensa escrita y la radiodifusión y las redes sociales controladas por los grandes conglomerados mediáticos)

— La propaganda debe ser presentada por líderes de enorme prestigio. (Quienes han aparecido como principales propagandistas se les ha inventado un currículum de características científicas afines a los intereses de la industria farmacéutica, eliminando auténticos científicos que no están a sueldo de dichas corporaciones)

— La propaganda debe etiquetar a los eventos y a las personas con frases y consignas distintivas. (Covid; Quédate en casa; Todo irá bien; Contagio; Cuarentena; Es por tu bien, Vacúnate)

— La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión ciudadana señalando claramente los sujetos o grupos que deben ser odiados. (El invento del calificativo de negacionista ha sido el dardo a disparar contra todos aquellos que ponían en tela de juicio el entramado pandémico, añadiendo una acusación más directa y que contraviene cualquier norma de los principios penales acusatorios: “Quien no se quiera vacunar provocará muertes entre la población”).

Para el desarrollo de sus estrategias siempre adoptó una identificación entre lo que él denominaba como el “Haltung” o conducta observable y el “Stimmung” o estado de ánimo de los ciudadanos. Usualmente afirmaba que el “Haltung” de la población estaba excelente pero que el “Stimmung” estaba en niveles muy bajos, por lo que procuraba elevarlo ofreciéndoles algún tipo de entretenimiento o relajación. (Es evidente que, en vista de los resultados y la obediencia a las más irracionales órdenes dictadas: reclusión domiciliaria, bozal, distanciamiento, vacunación, podemos deducir que como decía Goebbels de la población alemana, el “Haltung” de la mayoría de la población es excelente. Y para mejorar el estado de ánimo otro invento ha sido el concepto “desescalada”) (2).

Los Goebbels actuales no los encontraremos en lúgubres despachos decorados con águilas imperiales. Los encontraremos en las aulas de ciencias políticas, sociología y psicología de las universidades. Los encontraremos vestidos con camiseta y pantalón corto haciendo “footing” por los campus universitarios. Los encontraremos en los despachos de las grandes corporaciones de medios de comunicación. Los encontraremos sin uniformes, aparentemente como personas “normales”.

Son los que desde los laboratorios de ingeniería social fabrican las consignas, las imágenes, los eslógans, que de forma unánime se repiten de una punta a otra del planeta ya sea por medios escritos o audiovisuales, y como Goebbels, no transmiten información, sino que propagan noticias, algunas con tintes de verisimilitud, otras llenas de falsedades, otras tergiversando cualquier aspecto. Todas ellas en pos de un objetivo: la unificación del pensamiento alrededor de cada uno de los cambios que pone en funcionamiento el capitalismo para su mantenimiento y reproducción, con el menor coste posible.

Harold Lasswell, uno de los pioneros en el estudio de los medios de comunicación masivos, escribió “Propaganda Technics in the World War” (La técnica de la propaganda en la guerra mundial) en un detallado análisis de la función de la propaganda en la guerra de 1914. En 1927, en la revista americana de ciencias políticas, publicó “The Theory of Propaganda” (3), en el cual analiza ciertos aspectos propagandísticos que son idénticos a los que hemos vivido desde marzo de 2020 a partir de la declaración pandémica de la OMS.

Estas son algunas de las consideraciones que Lasswell plasma en la citada publicación: “La propaganda es la gestión de las actitudes colectivas mediante la manipulación de símbolos significativos… La actitud deliberativa puede separarse de la actitud propagandística. La deliberación implica la búsqueda de la solución de un problema acuciante sin querer prejuzgar una solución concreta de antemano. El propagandista está muy preocupado por cómo se va a evocar y ‘poner’ una solución concreta… Si planteamos la estrategia de la propaganda en términos culturales, podemos decir que implica la presentación de un objeto en una cultura de manera que se organicen determinadas actitudes culturales hacia él. El problema del propagandista es intensificar las actitudes favorables a su propósito, invertir las actitudes hostiles al mismo y atraer a los indiferentes o, en el peor de los casos, evitar que asuman una inclinación hostil.

“Cada grupo cultural tiene sus valores adquiridos. Un objeto hacia el que se espera suscitar hostilidad se debe presentar como una amenaza para el mayor número posible de estos valores. Si el plan es atraer actitudes positivas hacia un objeto, debe ser presentado como un protector de nuestros valores, un defensor de nuestros sueños y un modelo de virtud y corrección… El propagandista se ocupa de multiplicar los estímulos que mejor se calculan para evocar las respuestas deseadas, y de anular los estímulos que pueden instigar las respuestas no deseadas… La democracia ha proclamado la dictadura de la palabrería, y la técnica de dictar del dictador se llama propaganda”.

Algo semejante a lo que Hitler había escrito en Mein Kamp: “La propaganda política es el arte esencial de guiar políticamente a las grandes masas”, aunque con anterioridad, durante la guerra de 1914 en Alemania se había acuñado el concepto de “Volksgemeinschaft” (La Comunidad del Pueblo), este concepto hacía hincapié en la necesidad de los alemanes de unirse, reduciendo a la nada los problemas de clase, riqueza o nivel de vida. Igual, igual que la propaganda en torno al covid cuando hipócritamente han realzado que ante los virus no hay diferencia de clase o raza, situando el concepto de consenso interclasista como expresión máxima de comportamiento social.

Pero fundamentalmente a lo largo y ancho del mundo se cierne una nube de inseguridad respecto al futuro. Lasswell, en 1935 escribió “World politics and personal insecurity” (Política mundial e inseguridad personal). El libro es una recopilación de conferencias. Hay 11 capítulos en cuatro partes: método, símbolos, condiciones y control. El primero consiste en un análisis configurativo de las “pirámides de valores mundiales”; el segundo se ocupa de la identificación, la violencia y la seguridad, la igualdad y la supremacía, y los movimientos políticos que las encarnan; el cuarto es una consideración del principal problema de la unidad mundial, a saber, el descubrimiento y la utilización de símbolos aceptables para motivar las identificaciones necesarias.

Esta utilización de símbolos para motivar la identificación con el discurso dominante, también la estamos viviendo: una amenazante bola con pinchos encabeza los periódicos, las páginas web y los noticieros televisivos, junto a personal con bozales ya sean éstos simples trabajadores de cualquier actividad y escenas de hospitales, ambulancias, centros de vacunación… y siempre una consigna: peligro.

Pedro Cerruti, miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la Universidad de Buenos Aires, escribió un interesante ensayo que lleva por título “Harold Lasswell Comunicación, política y poder” (4) en el cual plantea: “Basado en una apropiación simple del modelo conductista de estímulo-repuesta y en el concepto de audiencia masiva como un conjunto atomizado de individuos que reciben de manera pasiva y uniforme los mensajes, la influencia de los medios de comunicación era comparada con una ‘hypodermic needle’ (inyección hipodérmica) de contenidos en la mente de las personas, sus mensajes eran considerados ‘balas’ que impactaban de forma directa sobre ellas y colocaban ‘mágicamente’ ideas en sus cabezas”.

Acierta Cerruti, pero se queda corto pues ahora no solamente inyectan ideas en la cabeza sino que además inyectan pócimas genéticamente modificadas en el tejido celular de las personas. Algo que denominan vacunas, sin que tengan la menor relación con la característica definitoria de las mismas.

Pero lo cierto es que mediante el ejercicio de la propaganda y los mensajes “bala” disparados directamente a los cerebros, se ha alcanzado un consenso interclasista que ha dejado en último lugar la lucha de clases y ha roto la resistencia ante la agresión del capital mundial en esta nueva fase de recomposición y gran cambio de patrón tecnológico.

Pero también es cierto que miles, millones de personas prefieren mirar hacia otro lado a pesar de la multitud de informaciones veraces, no de noticias periodísticas, a las que se puede acceder si se tiene la voluntad de ello. Estas personas son las Pomsel actuales, que mediante su aparente ignorancia contribuyen al enraizamiento del nuevo nazismo.

Estas Pomsel actuales tienen su máxima expresión en el mundo de la comunicación: periodistas, tertulianos, locutores, expertos, sindicalistas, políticos, que mañana, cuando se puedan desentrañar estas criminales agresiones, dirán que no sabían, que las opiniones que vertían parecían verdaderas, al igual que millones de alemanes decían no saber lo que ocurría en los campos de concentración a pesar de respirar el humo de los hornos crematorios.

¿Y los miles de Pomsels sanitarias que inyectan substancias de las cuales desconocen su composición y efectos, a niños y adolescentes? ¿Qué alegarán mañana? ¿Qué era su trabajo? ¿Qué lo hacían convencidas de la bondad de las inoculaciones? ¿Qué la responsabilidad no era suya? ¿Qué como buenos soldados cumplían con la obediencia debida?

Hoy, entre los capitales mundiales existe competencia, que no antagonismo, y precisamente debido a ello hay una simbiosis perfecta en la proliferación de la propaganda, tanto en el nudo del discurso, covid, como en las milagrosas recetas para su hipotética curación: vacuna.

La competencia estriba en un tira y afloja para vender miles de millones de inútiles test y vacunas y de ahí que cada país, cada corporación realiza un alarde propagandístico sobre las supuestas virtudes de sus pócimas.

Que existe un tipo de enfermedad que se ceba en las personas con la salud quebrantada, ancianas supermedicalizadas, nadie lo duda, pero lo que la propaganda oculta son las posibles causas, y entre ellas los cientos de millones de vacunas inoculadas durante el invierno de 2019 a ancianos de todo el mundo, que son precisamente los que han fallecido predominantemente durante el 2020 atribuyendo sin rigor de diagnóstico su fallecimiento a un supuesto covid.

‘Expertos’ y periodistas

Harold Lasswell, en un ensayo de 1941 titulado “Radio as a tool to reduce personal insecurity” (La radio como instrumento para reducir la inseguridad personal) explicó que el propósito de sus emisiones era reducir las inseguridades personales que afectaban a los miembros de la clase media. En las difíciles condiciones de la depresión económica y la guerra mundial, afirmó que las conferencias y mesas redondas radiofónicas (no había televisión) debían proporcionar noticias sobre los factores internos y externos que causaban las ansiedades individuales. Según Matteo Battistini (5), debido a las crecientes tensiones entre lo ideal y lo real, entre la ambición y la dificultad económica, pensaba que las emisiones debían comunicar optimismo para apelar a la clase media como guardiana de la moral, el sacrificio y los valores.

En la actualidad, las emisiones televisivas siguen exactamente el mismo patrón acuñado por Lasswell que no por casualidad fue jefe de la División Experimental para el Estudio de las Comunicaciones en Tiempos de Guerra, establecida por el gobierno estadounidense en la Biblioteca del Congreso y financiada por subvenciones de la Fundación Rockefeller.

Podemos entrever el mismo papel de la propaganda en esta fabricada pandemia, que en el período entre la Gran Depresión de 1930 y el inicio de la segunda guerra mundial, por ello no es casualidad el papel protagonista de militares y policías al lado de las “balas directas al cerebro” disparadas por políticos, periodistas y tertulianos. Se trata de la política de la zanahoria y el garrote en un contexto de terror generalizado.

Pero una cosa son los fabricantes de noticias y lenguajes y otra los intermediarios para su difusión: éstos reciben el nombre de periodistas. Son los propagandistas, los que difunden la propaganda. Serge Halimi Rui Pereira los denominó los nuevos perros guardianes, que “dan la espalda a aquellos a quienes debería servir para servir a aquellos a los que deberían vigilar”.

Abbott Joseph Liebling fue un periodista estadounidense que estuvo estrechamente asociado con The New Yorker desde 1935 hasta su muerte en 1963. Fue de los pocos periodistas radicalmente crítico con el Comité de Actividades Antiamericanas y desde sus artículos defendió a Alger Hiss, acusado de espía comunista por Whittaker Chambers, ex miembro del partido comunista que se puso al servicio del FBI.

En 1949 publicó “Of Mink and Red Herring” (De visones y arenques rojos) un libro de artículos críticos sobre los periódicos de Nueva York, con una crítica del «periodismo difamatorio” aplicado a las víctimas de “Elizabeth Bentlev y los de su calaña” (Bentlev fue una miembro del partido comunista norteamericano que también se puso al servicio del FBI para denunciar a los miembros del partido).

Liebling definía tres tipos de escritores de noticias: 1) El reportero que escribe lo que ve; 2) el reportero interpretativo que escribe lo que ve y añade lo que él cree que ha visto; 3) el experto que escribe lo que cree que es el significado de lo que no ha visto… añadiendo que “siempre que la información objetiva falta, nace el experto”. Así podemos calificar a la pléyade de periodistas “expertos” que desde hace un año y medio embrutecen las mentes de la ciudadanía repitiendo las consignas emanadas de quienes les retribuyen mensualmente. Sin lugar a dudas podemos calificarlos de periodistas canallas, pues se sitúan en el espacio intermedio entre Goebbels y Pomsel.

Como conclusión, cabe pensar en la necesidad de la coordinación de los diferentes medios ya sean audiovisuales o escritos, que reúna a periodistas y escritores con principios éticos y claro contenido de clase para enfrentar, en este período de resistencia, las agresiones del capital.

(1) https://www.dw.com/es/la-secretaria-de-goebbels-ante-la-c%C3%A1mara/a-38313436
(2) https://academic.oup.com/poq/article-abstract/14/3/419/1832014
(3) The American Political Science Review, Vol. 21, No. 3, aug., 1927, pp. 627-631
(4) Austral Comunicación, vol. 8, número 2 de diciembre de 2019
(5) https://www.researchgate.net/publication/289813136

Un sádico en las ondas: Herrera Carlos

Que así hace llamarse este fascista amanerado con pujos de originalidad para distinguirse de la chusma. No es, en puridad, un fascista como mandan los manuales fascistas, es decir, no es un fascista teórico, ortodoxo, convencido de la doctrina de José Antonio Primo de Rivera de quien, seguramente, no ha leído nada. Y no digamos Mussolini. Además, sabe que eso no vende. Él es un demócrata. Y un arrebatacapas que quiere ser rico apuntándose al discurso parafascista lo mismo que podía haberse apuntado al que llaman «socialdemócrata», pues facultades de sofista le sobran, inclinándose, casi apostando, por el que cree que le hará rico más rápidamente.

Es, por tanto, gentuza sin principios ni moral que, eso sí, odia cualquier atisbo que huela a manifestación popular, salvo que se trate del nacional-folklorismo, léase la gastronomía, los toros y el fútbol y el camino de Santiago, o sea, igual que con Franco.

De su estilo faltón plagado de insultos y matonismos barriobajeros no diremos nada por ser de sobra conocido. De su «talante» liberal y plural dio prueba expulsando en directo a un tertuliano, José María Fidalgo, un arrastrado más vago que la chaqueta de un guardia, vendeobreros y exsecretario general de CC.OO., nada menos, que fue golpeado con una vara en una manifestación por un obrero saliendo trasquilado, fue expulsado, digo, por llevar la contraria a su jefe en vez de lamerle los pies como el resto de pelotas y cobistas repugnantes tertulianos (con Joaquín Leguina y Nicolás Redondo Terreros a la cabeza).

También advertimos en este sujeto unos ramalazos sádicos apenas disimulados en algunos de sus comentarios sobre desgracias humanas, pero lo que oímos el martes 21 supera lo enfermizo de este sádico con micrófono digno de diván. Oigámosle. (Empieza su diatriba matutina a las ocho hablando del volcán en erupción en La Palma de las islas Canarias…). «Bueno, pues ese es uno de los líos que el volcán está provocando en esa zona de La Palma pues son nueve las bocas y yo antes le decía, oiga usted, está en su casa o no, o ha sido evacuado de su casa, pero está viendo cómo en su negocio ganadero, en su negocio agrario, va llegando poco a poco la lava (empieza la sesión de sadismo. Nota mía). Mientras a usted le desalojan, una vez desalojado, ve la tortura que supone para los afectados ver cómo a cámara lenta (subrayado mío) el río de lava se come su casa, sus recuerdos de toda la vida. Porque mire, un tsunami o un tornado no deja tiempo para pensar (filosofa este patán). Luego sí, te encuentras lo que te encuentras, pero por lo menos tienes la sensación (aquí ofrece una tregua en medio de la tensión angustiosa. Otra nota mía) de que bastante has logrado salvando el pellejo (no te quejes, pringao, que podías haber muerto) al salir corriendo, pitando de allí, pero claro la lava avanza (se acerca al clímax este enfermo. Última nota, lo juro) de forma inexorable y te da tiempo para despedirte de lo que ha sido tu vida, con parsimonia casi cruel, es decir, el magma invade las escaleras, la entrada, los cimientos de tu casa, es como un invasor (antropomorfiza el volcán) que comienza a provocar chisporroteos, pequeños incendios, hace crepitar cristales, comienzan a estallar, ceden los cimientos, la estructura se viene abajo, la cubre la lava y desaparece ante sus ojos para siempre y toda esa desolación -con un ruido de fondo que no cesa (pone una musiquilla tenebrosa)-, el de un volcán que ruge continuamente como un gran motor. (Y sigue por si no estuviéramos servidos.) Las chimeneas por las que sale el material no aflojan y se calcula que podrían estar lanzando 20.000 toneladas de bióxido de azufre (¿Será dióxido de azufre?) desde el domingo y las coladas de lava, los ríos de lava (salió el poeta que lleva dentro este garrulo) han llegado alcanzar hasta 15 metros de altura en la parte más avanzada. Imagínese una enorme pared de material fundido que no se detiene ante nada, que sigue buscando el mar. Esa es la situación, el agobio, la desesperación de los que están allí».

Ni Dante describiendo el infierno en su Divina Comedia. O un texto trémulo del Barroco español. O el Cela de su época tenebrista. Un regodeo y regusto mórbido, enfermo, sádico, propio de paranoicos. Por la noche, su mastín Ángel Expósito, pelota hasta el vómito, trata de superar a su maestro, melodramatizando aún más la tragedia no sin antes loar los desvelos y entrega de la Benemérita.

Verdaderamente repulsivo o, como diría mi prima, asqueoso.

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