Los agentes secretos británicos han comenzado a «espiar en verde» a los mayores contaminadores del mundo para asegurarse de que «jueguen limpio» y mantengan sus promesas sobre el cambio climático, reveló el director del MI6. Leer más
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Los agentes secretos británicos han comenzado a «espiar en verde» a los mayores contaminadores del mundo para asegurarse de que «jueguen limpio» y mantengan sus promesas sobre el cambio climático, reveló el director del MI6. Leer más
Como tantas otras ficciones, la seudoecología moderna se impulsó desde Estados Unidos y hoy sigue estando dirigida por la Casa Blanca, que aprueba los planes y convoca las cumbres al más alto nivel, invitando a unos y cerrando la puerta a otros.
Recientemente Biden convocó otra de esas cumbres, aunque esta vez puramente virtual, en la que fue el único que apareció ante la pantalla con la mascarilla en la cara. Entre los invitados estaban Putin y Xi Jinping.
Antiguamente, los seudoecologistas vinculaban el “cambio climático” a la industria y, sobre todo, al consumo de combustibles calificados como “fósiles”. La “lucha” contra el “cambio climático” era un llamamiento a una reconversión industrial promovida por los consumidores de dicho tipo de combustibles en perjuicio de los productores.
Ahora el tono ha cambiado; va mucho más allá. Se trata de reconvertir también la agricultura y, en consecuencia, la alimentación del mundo entero y, muy especialmente, la de los países del Tercer Mundo. El plan consiste en incrementar su dependencia de las grandes metrópolis imperialistas.
El seudoecologismo moderno se puede resumir, pues, de la siguiente manera: las grandes potencias imperialistas quieren reducir su dependencia de los países productores de crudo, al tiempo que aumentan la dependencia alimentaria de los demás.
Lo que está bajo el ojo acusador es —sobre todo— la ganadería. Las cabañas y rebaños que alimentan a los países más pobres perjudican al clima. Las grandes potencias pretenden controlar la alimentación mundial y para ello deben cambiar la manera en que la población se alimenta, acabar con la producción de carne natural y acostumbrar a la humanidad a consumir otras cosas, como insectos, por ejemplo.
Un típico altavoz del imperialismo, como la BBC, lo ha resumido muy claramente: “La agricultura es el principal impulsor de la pérdida de biodiversidad mundial y uno de los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero. Los insectos cultivados podrían ayudar a resolver dos de los mayores problemas del mundo a la vez: la inseguridad alimentaria y la crisis climática”.
Como suele ocurrir en todas estas marejadas que proceden de Estados Unidos, la cuestión climática se reconvierte en un asunto de guerra o, en palabras más modernas, de “seguridad nacional”, porque no se trata de cuidar el clima sólo en Estados Unidos sino en el mundo entero, o dicho de otra manera, Estados Unidos ha asumido la tarea de “frenar el calentamiento del planeta”. A partir de ahora, la CIA cuidará de lo que el mundo puede hacer o no en materia climática.
La directora de la inteligencia de Estados Unidos, Avril Haines, reconoce que el calentamiento es “fundamental para la seguridad nacional y la política exterior de un país”. En consecuencia, “debe integrarse plenamente en todos los aspectos de nuestro análisis para permitirnos no sólo vigilar la amenaza, sino también, y de manera crucial, garantizar que los responsables políticos comprendan la importancia del cambio climático en cuestiones aparentemente no relacionadas”.
Afortunadamente en Rusia no se dejan embaucar por los planes “verdes” de Estados Unidos. “El último comentario de Estados Unidos sobre la agenda verde no es más que un chantaje y un intento de crear una cortina de humo medioambiental y climática, y de utilizar palancas económicas extranjeras para obligar a sus socios y clientes a pagar por la modernización de su complejo energético”, ha escrito un analista ruso.
Putin conoce de sobra el verdadero significado de los planes seudoecologistas de Estados Unidos, aunque el mensaje ha calado de tal manera en el mundo moderno que no se manifiesta en contra de una manera abierta. Hasta Biden ha elogiado su contribución al Green New Deal porque crea esa sensación de unanimidad que es necesaria para comprometer a organismos como la ONU, que siempre parecen estar por encima del bien y el mal.
Putin se muestra, pues, de acuerdo y se limita a minimizar los peligros, especialmente, en materia de hidrocarburos, de los que es el principal exportador mundial.
En el mercado mundial de hidrocarburos, Rusia compite ventajosamente con el gas natural licuado de Estados Unidos. Si a China la obligan a cambiar el carbón por el gas natural, algo que está por ver, Rusia venderá gas a Pekín a un precio inferior al de Estados Unidos. Las centrales nucleares rusas también tienen la tecnología más avanzada y Moscú las construye y vende “llave en mano”.
En la cumbre virtual Putin dijo que Rusia ha reducido casi a la mitad sus emisiones de CO2 con respecto a los niveles de 1990. Lo que no mencionó que ese “éxito” es consecuencia de la destrucción de la URSS, la desindustrialización y un dramático descenso del nivel de vida de la población. Los rusos todavía se estremecen cuando recuerdan los años noventa y la miseria que padecieron.
Eso es lo que le espera al mundo si los planes seudoecologistas de Estados Unidos salen adelante: pobreza, hambre, paro, precariedad e insectos para desayunar.
Después de que Biden anunciara que Estados Unidos reconocía el genocidio armenio, Turquía se pronunció muy duramente sobre la continuación de la cooperación militar con Estados Unidos, anunciando la expulsión de los militares estadounidenses de su territorio y la prohibición de uso de sus bases por parte de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, aparentemente incluso en el marco de la cooperación de la OTAN.
Según el presidente del Partido de la Rodina Turca, Dogu Perinçek, Washington se verá obligado a abandonar las instalaciones militares turcas en un plazo de 15 días, tanto si el Pentágono está preparado como si no. Según los turcos, la cooperación entre Estados Unidos y Turquía en el ámbito militar puede considerarse terminada.
“Las fuerzas armadas turcas deben establecer inmediatamente el control total sobre la base aérea de Inçirlik y enviar a casa a las tropas estadounidenses estacionadas allí en un plazo de 15 días”.
La Fuerza Aérea de Estados Unidos tiene armamento nuclear en la base aérea de Inçirlik, por lo que será imposible retirarlas de la base militar en el plazo previsto, y está claro que Ankara pretende demostrar su decisión de actuar contundentemente.
No es la primera vez que Erdogan se enfrenta a Estados Unidos. Ya hizo lo mismo en 2003, cuando Estados Unidos invadió Irak y Turquía no permitió el empleo de sus bases aéreas.
También tensó la cuerda en 2016, cuando se produjo el intento de Golpe de Estado contra Erdogan, en el que Estados Unidos apareció involucrado.
El gobierno de Biden ha anunciado la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán para el 11 de septiembre de 2021, simbólicamente, exactamente dos décadas después de los históricos atentados del 11-S en Nueva York y Washington. Sin embargo, el Pentágono y la Casa Blanca guardan silencio sobre una de las principales razones por las que los poderes que controlan Washington han permanecido en Afganistán desde la falsa caza de un antiguo trabajador contratado por la CIA llamado Osama bin Laden.
Lo que está claro es que el gobierno estadounidense no está siendo comunicativo con sus planes para Afganistán y la llamada retirada. La fecha del 1 de mayo previamente acordada en relación con el 11 de septiembre no tiene claramente nada que ver con una salida más elegante después de una guerra de dos décadas que ha costado al contribuyente estadounidense más de 2 billones de dólares.
Los neoconservadores del equipo de Biden están considerando una presencia militar estadounidense “privatizada”. Según un informe de Jeremy Kuzmarov, “más de 18.000 contratistas del Pentágono permanecen en Afganistán, frente a los 2.500 efectivos oficiales. Joe Biden retirará este pequeño grupo de tropas mientras deja atrás a las fuerzas especiales, mercenarios y oficiales de inteligencia estadounidenses, privatizando y reduciendo el alcance de la guerra, pero no poniéndole fin”. Ya hay siete contratistas militares privados en Afganistán por cada soldado estadounidense.
El recurso a los contratistas militares privados permite al Pentágono y a las agencias de inteligencia de Estados Unidos evitar una seria supervisión por parte del Congreso. Suelen ser veteranos de las Fuerzas Especiales que ganan mucho más como guardias de seguridad privados o mercenarios. Su trabajo está simplemente clasificado, por lo que no hay prácticamente ninguna responsabilidad. El New York Times informa que Washington “probablemente dependerá de una oscura combinación de fuerzas de operaciones especiales clandestinas, contratistas del Pentágono y agentes de inteligencia encubiertos” para llevar a cabo sus operaciones en Afganistán.
El actual gobierno afgano dirigido por Ashraf Ghani, al igual que el de Hamid Karzai, es una creación de Estados Unidos. Ghani seguirá siendo el representante de Washington en Kabul. Su ejército está financiado por Estados Unidos con un coste de unos 4.000 millones de dólares al año.
Lo que falta en el debate público sobre la presencia de las tropas afganas es el gorila de 800 libras en la habitación: las drogas, específicamente la heroína.
Algunos de los mercenarios improvisados no están haciendo cosas bonitas. DynCorp es uno de los mayores contratistas que existen. Hasta 2019 DynCorp había conseguido más de 7.000 millones de dólares en contratos gubernamentales para entrenar al ejército afgano y gestionar bases militares en Afganistán. Una de las tareas más destacadas de DynCorp y otros mercenarios estadounidenses en Afganistán ha sido la de “supervisar” la destrucción de los campos de adormidera afganos que suministran alrededor del 93 por ciento de la heroína del mundo. Sin embargo, el opio y su distribución mundial ha sido una prerrogativa de la CIA y del ejército estadounidense, que garantizan un transporte aéreo seguro a través de las bases aéreas de Kirguistán y Afganistán hacia los mercados occidentales de heroína. DynCorp tiene poco que mostrar por esta erradicación de la droga, ¿o estaba haciendo algo más?
Cuando Estados Unidos ocupó Afganistán por primera vez, con la excusa de la venganza por el papel de los talibanes en la ayuda a Osama Bin Laden para llevar a cabo los atentados del 11-S, la política antiopio de los talibanes había reducido las cosechas a casi cero. En octubre de 2001, justo antes de la invasión estadounidense, la ONU reconoció que los talibanes habían reducido la producción de opio en Afganistán de 3.300 toneladas en 2000 a 185 toneladas en 2001. Según el economista e historiador canadiense Michel Chossudovsky, “inmediatamente después de la invasión de octubre de 2001, se restablecieron los mercados de opio. Los precios del opio se dispararon. A principios de 2002, el precio interno del opio en Afganistán (en dólares/kg) era casi 10 veces superior al de 2000. La invasión anglo-estadounidense de Afganistán ha conseguido restablecer el tráfico de drogas. The Guardian informó de que en 2007 “Afganistán tenía más tierras dedicadas al cultivo de drogas que Colombia, Bolivia y Perú juntos”. Esto ocurrió seis años después del inicio de la ocupación militar estadounidense.
A los pocos años de la ocupación estadounidense bajo el mandato de Karzai, el cultivo de opio alcanzó niveles récord. Uno de los mayores señores de la guerra del opio de Afganistán en aquella época era el hermano de Karzai. En 2009 el New York Times, citando a funcionarios estadounidenses no identificados, escribió que “Ahmed Wali Karzai, el hermano del presidente afgano y presunto participante en el floreciente comercio ilegal de opio del país, ha estado recibiendo pagos regulares de la Agencia Central de Inteligencia durante la mayor parte de los últimos ocho años”. En 2011 Ahmed Karzai fue asesinado a tiros en su casa de Helmland por uno de sus guardaespaldas. Helmland es la mayor provincia productora de opio de Afganistán. Si Helmland fuera un país, sería el mayor productor de opio del mundo. ¿Fue un accidente que la CIA pagara dinero a Karzai durante al menos ocho años, o la Compañía tenía un interés en los asuntos de Karzai?
Aunque Washington y la CIA han negado que apoyen el enorme comercio de opio afgano, el historial de la CIA desde la guerra de Vietnam con los señores de la droga sugiere lo contrario. Como documentó Alfred W. McCoy durante la época de la guerra de Vietnam en su innovador libro “The Politics of Heroin in Southeast Asia”, la CIA estaba muy involucrada en el comercio de opio con las tribus Hmong de Laos. Afirmaron que era necesario para igualar su apoyo. Más tarde se descubrió que la CIA y Estados Unidos estaban implicados en el envío secreto de opio desde el Triángulo de Oro.
Durante la guerra de los muyahidines financiada por Estados Unidos contra el Ejército Rojo soviético en Afganistán en la década de 1980, la CIA supuestamente hizo la vista gorda ante Osama Bin Laden y los miles de “árabes afganos” que reclutó. Señores de la guerra afganos como Gulbuddin Hekmatyar se enriquecían con los servicios de inteligencia ISI de Pakistán gracias a los enormes beneficios del tráfico de drogas. Imaginar que la CIA, y los ejércitos mercenarios privados como DynCorp, estrechamente vinculados a la agencia, están ahora involucrados en la mayor fuente de opio y heroína del mundo no requiere un gran salto de fe.
En 2018, Alfred McCoy escribió una acusación condenatoria contra la guerra de Estados Unidos en Afganistán. Preguntó: “¿Cómo pudo la única superpotencia del mundo luchar continuamente durante más de 16 años -desplegando más de 100.000 tropas en el momento álgido del conflicto, sacrificando las vidas de casi 2.300 soldados, gastando más de un billón de dólares en sus operaciones militares, produciendo un récord de 100.000 millones de dólares más en “La presencia de Estados Unidos en Afganistán ha sido un factor importante en el desarrollo de la economía del país”. Respondió que la presencia estadounidense no tenía nada que ver con la construcción de la nación o la democracia. Se trataba de la heroína:
“A lo largo de sus tres décadas en Afganistán, las operaciones militares de Washington sólo han tenido éxito cuando han encajado razonablemente en el comercio ilícito de opio en Asia Central”, acusó. “Su producción de opio pasó de unas 180 toneladas en 2001 a más de 3.000 toneladas anuales tras la invasión, y a más de 8.000 en 2007″.
En 2017 la producción de opio alcanzó la cifra récord de 9.000 toneladas. Tras más de 16 años de ocupación militar estadounidense. Hay una historia muy sucia y criminal en alguna parte y la CIA y los contratistas militares privados relacionados como DynCorp parecen estar en medio de ella. Tal vez esa sea la verdadera razón por la que Washington se niega a abandonar honestamente Afganistán. Como señala Pepe Escobar, en contra de la versión de los medios de comunicación occidentales de que los talibanes controlan el comercio de opio en Afganistán, “esta no es una operación de los talibanes afganos”. Las preguntas clave -nunca planteadas por los círculos atlantistas- son quién compra las cosechas de opio, las refina en heroína, controla las rutas de exportación y luego las vende con enormes beneficios… “Señala con el dedo a la OTAN, señalando que los ciudadanos rusos son “daños colaterales” del tráfico de heroína afgana tanto como los estadounidenses. “El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso está supervisando cómo se importan ilegalmente toneladas de productos químicos a Afganistán desde, entre otros, “Italia, Francia y los Países Bajos”, y cómo Estados Unidos y la OTAN no hacen absolutamente nada para contener el flujo de heroína”.
Las operaciones de Estados Unidos en Afganistán, el mayor productor de opio del mundo, están lejos de terminar. Sólo está cambiando de forma.
F. William Engdahl https://journal-neo.org/2021/04/23/the-politics-of-heroin-and-the-afghan-us-pullout/
Los rebeldes huthíes están envalentonados. El movimiento alineado con Irán está convencido de que está ganando la Guerra de Yemen, y tienen razón. Ansarollah, la milicia huthi dominante, controla el territorio donde vive cerca del 80 por ciento de la población de Yemen.
La confianza de los huthíes procede del cambio en la política exterior de Washington hacia Yemen con el nuevo gobierno de la Casa Blanca y los continuos ataques de Ansarollah contra Arabia saudí, ilustrados recientemente por los ataques del 7 de marzo en Ras Tanura, dirigidos a uno de los mayores puertos petroleros del mundo.
En lugar de deponer las armas y aceptar lo que el enviado especial de Estados Unidos a Yemen, Tim Lenderking, calificó de plan de alto el fuego “sólido”, los huthíes decidieron continuar su lucha armada para apoderarse de la provincia de Marib, rica en hidrocarburos.
El gran dilema del gobierno de Biden es lidiar con la determinación de los huthíes de continuar la lucha. Con los huthíes actualmente a la ofensiva, para Estados Unidos es difícil encontrar una manera de conseguir que depongan las armas y confíen en un proceso de paz que les obligue a hacer concesiones a sus adversarios nacionales, regionales e internacionales.
Gran parte de la dificultad para Biden proviene del hecho de que Estados Unidos no tiene prácticamente ninguna influencia directa sobre los huthíes. Debido al apoyo de Washington a Arabia saudí en la guerra, los rebeldes ven a Estados Unidos como un enemigo.
Desde el inicio de la campaña saudí apoyada por Washington -Operación Tormenta Decisiva- en 2015, los huthíes empezaron a considerar la posibilidad de establecer relaciones más profundas con Irán, China y Rusia en un esfuerzo por contrarrestar el apoyo de Riad de los gobiernos occidentales y otros países árabes.
Alineados con Irán y el Hezbolah libanés, los huthíes han adquirido un inmenso poder. El grupo probablemente nunca tendrá la fuerza necesaria para controlar todo Yemen, y la naturaleza fluida de la guerra sugiere que algunos de sus avances podrían revertirse si el conflicto continúa. Sin embargo, el alcance del control de los huthíes sobre Yemen en la actualidad debería dar a todos los responsables políticos razones para descartar la posibilidad de que Arabia saudí y el débil gobierno del presidente yemení Abdrabbuh Mansur Hadi puedan derrotar militarmente a Ansarollah.
“Una cosa no puede estar más clara: los huthíes no sucumbirán a la presión”, escribe Bruce Riedel, del Brookings Intelligence Project. “Casi seis años de bombardeos saudíes, de bloqueo y de catástrofe humanitaria no han conmovido a los rebeldes”.
Los mayores logros de la campaña de bombardeos saudíes han sido negativos. Ha generado una virulencia extrema y ha profundizado las divisiones tribales y sectarias en Yemen, lo que hace mucho más difícil crear una confianza suficiente o incluso mínima entre las partes enfrentadas.
Ansarollah teme que el desarme sin garantías suficientes de que los huthíes estarán protegidos, es demasiado arriesgado. En última instancia, los huthíes temen, con razón, ser atacados por sus enemigos yemeníes y saudíes tras ser derrotados por las negociaciones de paz. En este contexto, los combatientes huthíes continúan su ofensiva en Marib, así como sus ataques cada vez más sofisticados con cohetes y drones contra objetivos saudíes. Para los rebeldes, ambas acciones sirven para aumentar la influencia de los huthíes antes de las negociaciones.
Esta estrategia tiene cierta lógica a corto plazo. Si se iniciaran negociaciones serias sobre la paz después de que los huthíes tomaran el control de Marib, Ansarollah estaría en una posición mucho más fuerte para dictar los términos. Estratégicamente situada al este de la capital de Yemen, Sanah, controlada por los huthíes, Marib alberga gran parte de los recursos petrolíferos y gasísticos de Yemen y es el último bastión del gobierno de Hadi en el norte.
Descrito por los expertos como un “faro de relativa estabilidad” que era un “remanso de paz en medio de una guerra”, Marib es ahora un importante punto caliente en el que se juegan tanto los huthíes como sus oponentes. Si los huthíes consiguen hacerse con el control de la ciudad, Ansarollah se sentirá aún más envalentonado, ya que este cambio sobre el terreno reforzará inevitablemente la sensación de debilidad del gobierno de Hadi y probablemente le inducirá a aceptar condiciones de paz favorables a los huthíes.
Por otro lado, Ansarollah está asumiendo riesgos importantes al tratar de apoderarse de más tierras antes de las negociaciones. La agresividad de los huthíes en su deseo de conquistar Marib podría unir a las fuerzas antihuthíes, anteriormente divididas, contra ellos. También podría hacer que el gobierno de Biden estuviera menos abierta al diálogo con un grupo claramente comprometido con la escalada del conflicto, en lugar de reducirlo.
En consonancia con el compromiso de Biden de encontrar una salida a la Guerra de Yemen por vías diplomáticas, ¿cómo podría Washington dar a Ansarollah razones para considerar que un alto el fuego es un camino mejor que continuar la guerra? Para empezar, Estados Unidos podría mostrar su buena voluntad convenciendo a Arabia saudí de que ponga fin al bloqueo de Yemen, incluidos los del aeropuerto de Sanah y el puerto de Hodeida, ambos bajo control de los huthíes.
Este asedio ha tenido un efecto mínimo en la capacidad de lucha de los huthíes, pero es directamente responsable de la muerte de innumerables yemeníes. Esta medida señalaría el compromiso de Estados Unidos de tomar medidas concretas para ayudar a poner fin a esta guerra y abordar los problemas humanitarios actuales. De este modo, si los saudíes accedieran a levantar el bloqueo, los huthíes podrían, a su vez, aceptar el cese de todos los ataques en territorio saudí para responder a las legítimas preocupaciones de seguridad de Riad.
Además, Washington debería aprovechar cualquier oportunidad futura para entablar un diálogo constructivo con los huthíes en busca de objetivos alcanzables y medidas de fomento de la confianza, generando un impulso para la eventual negociación de un acuerdo político.
Lo más probable es que Estados Unidos dependa de otros países que puedan facilitar el diálogo entre Washington y los rebeldes alineados con Irán, contra los que la coalición saudí respaldada por Estados Unidos lleva luchando seis años. Los Estados más cualificados para desempeñar este papel son Omán, Qatar y quizás Rusia, todos ellos con un historial de compromiso y diálogo con los huthíes. La capacidad de Mascate, Doha y Moscú para desempeñar un papel de puente será fundamental, dada la falta de confianza entre Estados Unidos y los huthíes.
Cualquiera que sea el enfoque de el gobierno de Biden hacia el movimiento huthi, el futuro de grandes franjas del norte de Yemen permanecerá bajo el control de los huthíes, incluso después de que los combates hayan terminado, y esta es sólo una de las muchas áreas de conflicto en Yemen hoy en día.
En lo que respecta al panorama político del país, no se volverá a las épocas pasadas de la historia yemení. Lo que ocurra cuando se asiente el polvo será inevitablemente el producto único de los últimos seis años de guerra civil y sufrimiento humano. Cualquier política exterior realista que adopte Washington con respecto a Yemen debe aceptar esta y otras realidades para poder comprometerse de forma pragmática con este país devastado por la guerra.
De cara al futuro, cabe suponer que Yemen seguirá siendo un país profundamente fracturado que necesita mucha más ayuda internacional de la que recibe actualmente. Sin embargo, no cabe duda de que la continuación de la guerra es la principal razón por la que los grupos externos no pueden proporcionar la ayuda necesaria a los millones de yemeníes que, en palabras del director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley, “están llamando a la puerta de la inanición”.
En última instancia, el gobierno de Biden haría bien en respaldar sus palabras sobre los desastres humanitarios en Yemen con acciones concretas que prioricen la necesidad de salvar vidas por encima de cualquier otro objetivo. La única manera de hacerlo es reforzar el compromiso entre Washington y los huthíes, y el equipo negociador de Biden debe utilizar estos canales para aumentar lentamente el alcance de las negociaciones.
—https://responsiblestatecraft.org/2021/03/21/bidens-problem-in-yemen-the-houthis-are-winning/
La afirmación de Biden de que su homólogo ruso Putin es un “asesino” cayó en Moscú como una bomba, aunque las reacciones oficiales no pudieron ser más tibias.
Cuando sólo era un joven parlamentario, en 1979 Biden viajó a Moscú para firmar los acuerdos SALT II de limitación de armas nucleares. En la imagen de portada aparece en compañía del ministro soviético de Asuntos Exteriores, Andrei Gromiko.
Eran otros tiempos. Nada más llegar a la Casa Blanca Biden ha ordenado a dos buques de guerra entrar en el Mar Negro, con el pretexto de respaldar a Ucrania ante Rusia, pero la situación es tan tensa que tuvo rectificar, ordenando dar marcha atrás después de hablar por teléfono con Putin.
Durante la conversación Putin advirtió expresamente a Biden de que ambos buques corrían el riesgo de ser destruidos y que deberían “mantenerse alejados por su propio bien”.
También le amenazó a Biden claramente con que “tuviera cuidado” porque el FSB sabía exactamente lo que la CIA estaba tramando.
Biden no ha debido entener bien el mensaje, porque ahora mismo los buques británicos de la Royal Navy nevegan hacia la zona con la pretensión de entrar en el Mar Negro.
Rusia ha hecho un alarde poniendo 150.000 soldados en la frontera con Ucrania, pero las provocaciones no han remitido.
Además, la República checa ha expulsado a 20 diplomáticos de la embajada rusa y, por su paarte, Moscú ha hecho lo propio, lo que en Europa ha servido de cortina de humo para tapar el Golpe de Estado en Bielorrusia.
El cónsul ucraniano en San Petersburgo, Alexander Sosonyuk, también ha sido expulsado de Rusia después de que el contraespionaje le sorprendiera tratando de sobornar a un funcionario de seguridad del FSB ruso.
Como represalia, el gobierno ucraniano ha expulsado a un diplomático de la embajada rusa en Kiev.
Paralelamente se descubren los planes de Golpe de Estado contra Bielorrusia, en los que los rusos han tenido un papel muy destacado. El FSB está haciendo redadas contra miembros de la CIA en varias ciudades rusas y reconoce que trabaja en colaboración con el KGB bielorruso.
El Golpe de Estado en ciernes presenta todos los rasgos de las “revoluciones de colores” conocidas de los últimos años y entre sus paricipantes están los neonazis ucranianos.
Los golpistas estaban utilizando a Rusia como retaguardia y la actuación del FSB deja muy claro que el Kremlin no va a consentirlo en lo sucesivo.
El embajador de Estados Unidos en Rusia, John Sullivan, regresará a Estados Unidos esta semana para preparar una cumbre entre Biden y Putin.
Turquía controla el estrecho del Bósforo, que es la principal vía de acceso al Mar Negro. Erdogan viaja a Ucrania para entrevistarse con su homólogo Zelensky y mostrar su habilidad para moverse en el alambre. No reconoce la anexión de Crimea por Rusia, no acepta a los “separatistas” del Donbás y se propone reclutar a los yihadistas que tiene en Siria parea llevarlos a Ucrania, aunque sin la intención de “ir en contra de terceros países”.
Al mismo tiempo, Erdogan apoya la incorporación de Ucrania a la OTAN.
El sábado el presidente Alexander Lukashenko anunció la detención de un grupo de golpistas que planeaban un atentado contra él y sus hijos. Según Lukashenko, los servicios especiales estadounidenses estaban implicados en el golpe. En el grupo había tanto ciudadanos bielorrusos como extranjeros.
Fueron detenidos el abogado Yuri Zenkovich, que tiene doble nacionalidad estadounidense y bielorrusa, y el politólogo bielorruso Alexander Feduta, que planeaban un golpe militar para el 9 de mayo en Minsk. El grupo golpista incluía al dirigente del partido de la oposición Grigory Kostusev, que fue detenido.
En una conversación telemática, Putin ha preguntado a Biden por el intento de asesinato del presidente bielorruso Lukashenko por parte de los servicios especiales estadounidenses, pero no ha recibido respuesta (*).
Los golpistas planeaban saquear y apropiarse de los bienes de Lukashenko, según el programa Vesti Nedeli del canal Russia 1, que mostró imágenes grabadas de una de las reuniones de los golpistas en un restaurante de Moscú, captada por el FSB.
La conversación comienza en una mesa vacía. Feduta y Zenkovich anuncian inmediatamente que su objetivo es el asesinato de Lukashenko.
“La tarea número 1 es eliminar lo más importante. La tarea número 2 es bloquear a las tropas internas, bloquear a la policía antidisturbios. La tarea número 3 consiste en ocupar varios objetos simbólicos en el centro de la ciudad, como una emisora de radio, una televisión, etc., en los que podamos leer la convocatoria. Y es deseable bloquear Minsk, para que no puedan disparar las tropas exteriores”, se escucha decir a Zenkovich.
Feduta y Zenkovich llevaron incluso una lista de nombres de personas con cargos importantes, que debían ser asesinadas o enviadas a un campo de concentración.
“Al menos otras 30 personas… van a ser internadas literalmente en la primera hora. Y esto significa que, bueno, algunos de ellos son sólo del Ministerio del Interior, Seguridad del Estado, civiles… El ministro asume automáticamente la función interina de Presidente, por lo que debe ser internado”, dice Feduta, antes de añadir “Cámara de Representantes”.
Los piratas informáticos habían obtenido información sobre funcionarios públicos. “Todos los datos personales sobre ellos… Nuestros chicos piratearon los servidores del Ministerio del Interior, del KGB, del Comité de Investigación. Hemos bombeado todas las bases de datos. Proporcionaremos todos los datos personales”, dice Zenkovich.
Los golpistas planeaban implicar a los fascistas ucranianos en la ejecución del golpe. “Ayer en Varsovia me llamó un amigo nuestro: ‘Mira, Yuras, ¿qué pasa?, ¿qué contactos tienes en Ucrania? Voy a ir allí, debo pasar por estos contactos’”, dice Zenkovich.
“Grigor, la pregunta suena así: vamos, Grigor, vamos a empapar a Luka [Lukashenko] enseguida, y luego quién gobernará en Bielorrusia, lo decidiremos después”, suena esta frase en la conversación de los golpistas.
El objetivo principal al principio del golpe debería ser la eliminación de Lukashenko. “A grandes rasgos, el objetivo principal al principio de todo este evento, el primero, ¿la eliminación física?”, pregunta el general. “Sí. Los chicos me informaron ayer de que, si es necesario, existe la posibilidad de bloquear completamente todo el sistema eléctrico de Bielorrusia”, le responde Zenkovich.
“Ahora nos estamos dispersando por todos estos canales orbitales, tenemos un grupo de seguidores. Con armas, en las bases. Para desviar toda la atención posible de quienes lo saben”, añade Zenkovich.
Los golpistas dijeron que necesitarían al menos cinco años para transformar la sociedad y el Estado, después de un motín militar y ejecuciones, Bielorrusia debería convertirse en una incubadora de “democracia creciente” según la experiencia de Polonia. “Porque si las elecciones se celebran ahora, entonces Lukashenko será elegido en lugar de Lukashenko. Y así será durante otros 25 años”, dice Zenkovich.
“Se creará un Consejo de Estado, en el que entrarán los dirigentes de todos los partidos registrados. Esta es la tarea del Ministerio de Justicia”, añadió Feduta. “Creo que la cultura de la democracia debe continuar, fue el ejemplo de Polonia, del autogobierno local”, vuelve a decir Zenkovich.
En la reunión, Zenkovich y Feduta dijeron lo que harían después del golpe. “Seré responsable de la reforma legal. En consecuencia, supervisar el Ministerio de Justicia, los tribunales, la redacción de una nueva constitución y el parlamento”, propone Zenkovich.
“La reforma política, los departamentos ideológicos, la prensa, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación, el sistema de partidos y la Comisión Electoral Central, resulta que estamos al mando”, añade Feduta.
Al final de la reunión, Zenkovich y Feduta sugierien que los generales hicieran un clásico “gop-stop”, es decir, saquear y apoderarse de las propiedades de Lukashenko.
“Estoy bastante seguro de que nuestro Sasha [Lukashenko] tiene una cartera en algún lugar con un alijo. Sólo tómalo, tranquilamente, de vez en cuando”, dijo Zenkovich. “De vez en cuando, sí, pero ¿dónde está?”, le pregunta el general. “En casa, seguramente, en la ciudad de Ostroshitsky, y eso no se tendrá en cuenta”, responde Zenkovich.
(*) https://www.belta.by/president/view/lukashenko-zajavil-o-gotovivshemsja-na-nego-i-synovej-pokushenii-437698-2021/
El primer intento de la CIA para asesinar a un dirigente de la revolución cubana se remonta a 1960, cuando un espía estadounidense ofreció 10.000 dólares al piloto que llevaba a Raúl Castro de vuelta a La Habana para que organizara un “accidente”, según documentos desclasificados publicados ayer por el Archivo de Seguridad Nacional.
La CIA reclutó al piloto del avión, José Raúl Martínez, para que simulara un “accidente”. A cambio el piloto pidió que, si moría en el “accidente”, Estados Unidos pagara la educación universitaria de sus dos hijos. La CIA se lo concedió, según los documentos desclasificados.
Cuando Martínez despegó hacia Praga, la oficina de la CIA en La Habana recibió la orden de abortar la misión y no pudo contactar con el piloto. A su regreso, éste había indicado que “no había tenido la oportunidad de organizar un accidente como se había discutido”.
La información aparece en un momento en el que Raúl Castro, hermano de Fidel, ha dimitido a sus 89 años y abandona la dirección del Partido Comunista de Cuba.
“Estos documentos nos recuerdan un capítulo oscuro y siniestro de las operaciones de Estados Unidos contra la revolución cubana”, dijo Peter Kornbluh, un analista de los archivos estadounidenses.
“Ahora que la era de los Castro llega oficialmente a su fin, los políticos estadounidenses tienen la oportunidad de dejar atrás este lastre y participar en el futuro de Cuba después de Castro”, añadió.
Fidel Castro, que asumió el poder en 1959, desafió a 11 presidentes estadounidenses y sobrevivió a 638 complots para asesinarle, motivo por el cual figura en el Libro Guinness de los Récords, sin contar con el intento de desembarco de mercenarios en Bahía de Cochinos en abril de 1961.
Lo mismo que la declaración de pandemia, las vacunas expresan las contradicciones entre las grandes potencias y cada país sigue la política que le imponen dichas potencias, sin que tengan margen para añadir o quitar.
Al mismo tiempo, las opiniones que se difunden son consecuencia de lo mismo y, en el caso de España, siguen a la Unión Europea, que también carece de margen de maniobra porque ni siquiera ha sido capaz de fabricar una vacuna propia.
Un pequeño grupo de potencias marca la pauta: “El principal asesor de la Casa Blanca para el Hemisferio Occidental en materia de seguridad, Juan González, alertó en Buenos Aires sobre la estrategia que mantienen Rusia y China respecto de la venta y distribución de vacunas al mundo y advirtió que sólo Estados Unidos cuenta con un plan global de recuperación pospandemia” (1).
La traducción al román paladino es la siguiente: las vacunas no son un instrumento de salud pública sino de hegemonía. Sólo las multinacionales ligadas al imperialismo pueden distribuirlas, y si alguien no obedece, no tendrá dinero para salir de la pandemia, o sea, de la bancarrota económica.
El seguidismo es la otra cara de la hegemonía. La mayoría de los países se limitan a seguir la corriente de las grandes potencias y no tienen que plantearse grandes interrogantes, que les llegan resueltos de fábrica. No obstante, al salir del rebufo, las cosas se ven de una manera muy distinta y, desde luego, mucho más diversa y, por lo tanto, compleja.
La perspectiva empieza a desconcertar desde el momento en el que se empiezan a conocer determinadas claves, como que la vacuna rusa Sputnik fue la primera que se elaboró en el mundo y que los primeros ensayos de vacunas comenzaron en agosto del año pasado, solo cinco meses después de que se declarase la pandemia a escala mundial (2).
Ahora bien, como los asuntos sanitarios no son políticos por sí mismos, alguien los “politiza” y, ese naturalmente, sólo puede ser el Kremlin: “Moscú reclamó victoria en la carrera por la vacuna, como hizo décadas atrás en la carrera espacial al lanzar el satélite Sputnik […] Su despliegue politizado solo sirvió para profundizar el escepticismo en torno a ella”, sentenció el New York Times (3). El 3 de febrero The Lancet había santificado a la vacuna rusa, pero una revista médica no puede cambiar un dogma ideológico que —como todo lo demás— también viene de fábrica.
Sputnik es la segunda vacuna más utilizada en el mundo. Hay 60 países con una población total de más de 3.000 millones de personas que se están vacunando con ella.
Algunos países la combinan con alguna de las vacunas chinas, que se utilizan en 45 países con una población de otros 3.000 millones de personas.
La vacuna rusa está siendo utilizada en los grandes países asiáticos (India, Pakistán, Irán, Filipinas) y en el norte de África (Argelia, Túnez, Marruecos, Libia, Egipto). Es un interesante indicador de su confianza en Rusia.
La penetración de las vacunas rusas también es muy elevada en los países más grandes y poblados de América Latina, como Brasil y Argentina. En México la naturaleza política de las vacuna conduce a titulares periodísticos de tipo “México fue una potencia en vacunas”, pero ahora espera la del coronavirus “mirando al exterior” (4).
Como tantas otras mercancías, las vacunas son un vector de influencia mundial, es decir, que una potencia puede medir su radio de acción en función de los países que distribuyen su vacuna. Por lo tanto, no puede extrañar que Estados Unidos ponga reparos a la aprobación de la vacuna rusa por razones que —obviamente— no son sanitarias.
Para muchos países las vacunas son “la solución” a la pandemia sólo si no son rusas, ni chinas, ni cubanas, de manera que antes dejarían morir a su población que vacunarla con ellas y, en consecuencia, reconocer que han tenido que recurrir a esos países para que les solucionen sus problemas sanitarios, tanto si son reales como si son ficticios.
En varios países los movimientos contra las vacunas no proliferan por sus secuelas adversas sobre la salud sino por motivos claramente políticos, que tienen su origen en la procedencia de la vacuna de países, como China, por ejemplo.
Hay periódicos que sólo hablan de los efectos adversos de las vacunas en países donde la vacuna procede de Rusia o China. Entonces menudean titulares como “Argentina reporta 317 casos adversos tras suministrar la vacuna rusa”, a pesar de que sólo llevaban dos días poniendo inyecciones (5).
Los organismos reguladores, como la FDA en Estados Unidos o la EMA en Europa, no pueden aprobar ese tipo de vacunas porque en la medida en que las vacunas rusas (o chinas, o cubanas) se difunden, el mercado se estrecha para las grandes multinacionales farmacéuticas. Por ejemplo, si la EMA aprobara la Sputnik, Rusia quedaría como el baluarte más importante de la sanidad mundial, lo cual no puede ocurrir bajo ninguna circunstancia. De ahí que la EMA haga lo que le dicten las multinacionales farmacéuticas (por motivos económicos) y los Estados europeos más fuertes (por motivos estratégicos).
Lo estamos comprobando dentro de la Unión Europea, donde tres países miembros, como Hungría, han prescindido de la Unión Europea y están distribuyendo vacunas rusas, chinas e incluso la india (6). También Eslovaquia comenzó a distribuir la vacuna rusa, sin tener en cuenta los criterios de la Unión Europea.
(1) http://www.surysur.net/estados-unidos-advierte-a-la-argentina-sobre-sus-relaciones-con-rusia-y-china/
(2) https://www.abc.es/sociedad/abci-vacuna-sputnik-v-que-paises-la-tienen-nsv-202104151047_noticia.html
(3) https://www.nytimes.com/es/2021/02/03/espanol/vacuna-sputnik.html
(4) https://elpais.com/sociedad/2020-06-10/mexico-fue-una-potencia-en-vacunas-ahora-espera-la-de-la-covid-19-mirando-al-exterior.html
(5) https://www.vozpopuli.com/internacional/argentina-vacuna-rusa-sputnik-efectos-adversos_0_1424857743.html
(6) https://www.elperiodico.com/es/internacional/20210322/hungria-aprueba-nuevas-vacunas-combatir-11599175
A principios de marzo, Estados Unidos publicó la “Guía Estratégica Provisional de Seguridad Nacional” a iniciativa de la Casa Blanca (*) en medio de numerosas controversias.
El general retirado Thomas Spoehr, director del Centro de Defensa Nacional de la Fundación Heritage, ha señalado las discrepancias que han surgido en el documento, que no preocupan a la cúpula político-militar estadounidense, o eso dicen al menos.
El documento afirma que Estados Unidos está reduciendo el papel de las armas nucleares en sus planes de guerra, mientras que el jefe del Pentágono, Lloyd Austin, declaró al Congreso: “La disuasión nuclear es una de las prioridades de la misión del Departamento de Defensa”. Otra contradicción se pone de manifiesto en las declaraciones de que Estados Unidos evitará las “guerras eternas” junto a los ataques contra emplazamientos en Siria.
Las principales amenazas a la seguridad de Estados Unidos no cambian con respecto a la presidencia de Trump: son Rusia, China, Corea del Norte e Irán. Pero la nueva “Guía” se centra en Europa, el hemisferio occidental y la región del Indo-Pacífico, enumerando como socios a Reino Unido, Canadá, México, India, Vietnam, Singapur, Nueva Zelanda y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).
Gran parte del documento está dedicado a las nuevas tecnologías, como internet y el 5G, así como a la guerra sicológica y el control de la (des)información. El principio del “poder blando dentro del poder duro” ha sido utilizado durante mucho tiempo por los militares estadounidenses.
El 16 de marzo la nueva estrategia del Pentágono “Army Multi-Domain Transformation. Ready to Win in Competition and Conflict” amplió la presencia de las tropas de Estados Unidos en todo el mundo. Afirma que “el Ejército podría desempeñar un papel inmenso en el apoyo a los objetivos interdepartamentales de Estados Unidos como parte del enfoque general del arte de gobernar”.
El general James McConville, que dirige el ejército de Estados Unidos, dijo que los métodos no militares de guerra están muy solicitados hoy en día. “Estamos asistiendo a una batalla global por los corazones y las mentes de diferentes audiencias en diferentes países. Es una batalla para contar la historia de Estados Unidos y embellecer su reputación, mientras los adversarios intentan empañar y desinformar”, dijo el general.
El plan consiste en llevar a cabo acciones asimétricas centradas en publicitar la imagen de Estados Unidos como defensor de la democracia. “En la medida en que los valores y sistemas democráticos colocan a Estados Unidos en desventaja… también hacen de Estados Unidos un socio más atractivo”.
En las audiencias del Senado de 25 de marzo de 2021, el Subsecretario de Defensa para Operaciones Especiales y Conflictos de Baja Intensidad, Christopher Maier, dijo que “las fuerzas de Operaciones Especiales han avanzado en la adaptación de sus capacidades a los desafíos de las grandes potencias, China y Rusia. El general Richard Clarke, comandante de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos, dijo que hay 5.000 efectivos de operaciones especiales en 62 países.
En la guerra actual contra China y Rusia, las operaciones especiales desempeñan un papel central, incluyendo “la realización de operaciones psicológicas, la participación activa de ciudadanos extranjeros en la confrontación y la lucha contra la propaganda hostil y la desinformación”.
Hay luz verde a la expansión de las operaciones encubiertas en el extranjero. Mientras que “contrapropaganda” significa una serie de operaciones de (des)información, desde el descrédito de Rusia en la escena internacional hasta el despliegue de bots y trolls en las redes sociales.
(*) https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2021/03/NSC-1v2.pdf