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Categoría: Economía (página 72 de 100)

Los precios mundiales de los alimentos se aceleran en enero y marcan un máximo histórico

Los precios de los alimentos continuaron acelerándose en enero. El índice de precios de los alimentos (FFPI) de la FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación), una medida de la variación mensual de los precios internacionales de una canasta de productos alimenticios, alcanzó 135,7 puntos el mes pasado, 1,5 puntos (1,1%) más que en diciembre. El dato se acerca al máximo histórico de 2011 y podría superarlo antes de fin de año. Leer más

Crece el papel de los NFT en el fraude y el blanqueo de capitales

El año pasado los tokens no fungibles (NFT) alcanzaron su apogeo. Se trata de una técnica basada en blockchain que permite certificar la propiedad sobre activos digitales únicos y escasos, lo que hace permite relanzar su valor. La innovación traslada la exclusividad que ya existe en el mundo real al arte digital, llevando a que incluso los mensajes de las redes sociales se vendan por cifras astronómicas.

El año pasado generaron un mercado de más de 41.000 millones de dólares que ha abierto la puerta a la especulación y a un importante aumento de los delitos y estafas, como también está ocurriendo con las criptomonedas.

Así lo indica un informe publicado ayer por la plataforma Chainalysis, que alerta del crecimiento del blanqueo de capitales con estos activos (1).

A lo largo del año pasado, entre el robo de dinero y estafas varias, los NFT habían movido de forma ilícita más de 3.241 millones de dólares. Esa cantidad se descubrió tras rastrear el valor enviado entre las plataformas que permiten el comercio de NFT y detectar que los receptores eran cuentas de criptodivisas vinculadas a actividades ilegales. El volumen de dinero ilícito se catapultó durante la segunda mitad del año.

Esta actividad representa una gota de agua en comparación con los 8.600 millones de dólares de blanqueo de capitales basado en criptomonedas el año pasado. Aún así, el lavado de dinero y las transferencias de negocios de criptomonedas sancionados representan un gran riesgo para la confianza en las NFT.

Desde su origen, la fortaleza de las transacciones en sistemas descentralizados, como el bitcoin, se usa para las operaciones clandestinas y el lavado de dinero negro. Detrás de la compra de NFT por cifras astronómicas hay una operación de fondos buitre e inversores en el mundo cripto para revalorizar sus propiedades.

Crece el “wash trading”, como se conoce en la jerga la práctica de los propietarios de NFT de fingir su venta mandándose el dinero de la compra a carteras de criptodivisas que controlan para dar la impresión de que hay un intercambio real de esa propiedad que realza su valor.

Se han detectado miles de casos de ese tipo de falsas ventas y hasta 262 usuarios se habían vendido a sí mismos un NFT más de 25 veces para obtener unos beneficios de hasta 8,9 millones.

Las obras de arte siempre se utilizaron para que el dinero y el capital cumplieran con la función de lo que Marx denominaba “atesoramiento” o refugio de valor (2) y ahora esa función se traslada al mundo virtual, permitiendo la evasión fiscal y el lavado de dinero negro, es decir, la transformación de los negocios ilegales en legales.

(1) https://blog.chainalysis.com/reports/2022-crypto-crime-report-preview-nft-wash-trading-money-laundering/
(2) Marx, El Capital, tomo I, pg.88

La Unión Europea suspende indefinidamente la apertura del gasoducto Nord Stream 2

El vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, ha señalado este lunes que la aprobación del gasoducto Nord Stream 2 ha quedado en suspenso y que la Comisión está investigando el cumplimiento del proyecto con la política energética de Bruselas.

La Comisión Europea se ha disparado un tiro en el pie, pero Dombrovskis ha querido embaucar a la audiencia deslizando que Nord Stream 2 es un oleoducto “ruso” y repitiendo el ridículo mantra de evitar que Rusia utilice el gas natural como arma.

Nord Stream 2, que corre sobre el lecho del Mar Báltico desde Rusia hasta Alemania, se completó en septiembre pero está esperando la aprobación de los reguladores en Alemania y la Unión Europea.

Al tiempo que boicotea la llegada del gas ruso, la Comisión Europea seguirá financiando a Ucrania con 1.200 millones de euros.

El anuncio del vicepresidente europeo se produce justo en la jornada en la que el precio del gas natural TTF para entrega en febrero en el mercado holandés quedó ayer en 88 euros el megavatio hora, cuyo precio está casi cinco veces más caro que en enero del año pasado.

La semana pasada, cuando la OTAN puso en estado de alerta sus efectivos en Europa oriental, el precio del gas volvió a situarse por encima de 90 euros.

En su último informe trimestral, difundido ayer, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que en el último trimestre de 2021 las exportaciones rusas de gas bajaron el 25 por cien debido a una fuerte reducción de los flujos en dirección de Europa por Ucrania y Bielorrusia.

Pero la impactante subida del precio de la energía no tiene relación con la tensión en Europa oriental, sino con la llamada “transición ecológica”. Los derechos de emisión de CO2 es una las principales causas de los elevados precios que tiene la electricidad en los mercados mayoristas europeos desde mediados del año pasado.

Los verdes finlandeses apoyan la industria nuclear

Como tantos movimientos políticos y sociales, Los Verdes van camino de convertirse en su contrario. Nacieron para la lucha contra la guerra nuclear y su succedáneo, la energía nuclear, y ahora son partidarios de los reactores nucleares.

El pretexto es la transición ecológica y la lucha por la descarbonización. La energía nuclear va camino de conquistar la etiqueta de “sostenibilidad”, que es lo máximo que se puede decir de una fuente “limpia” de energía porque hemos llegado al punto de que ya sólo las emisiones de CO2 son “sucias”.

Así argumenta la Liga Verde finlandesa, que forma parte de la coalición gubernamental. El primer reactor EPR que se construyó, el prototipo, puesto en marcha en 2005 en Olkiluoto (Finlandia), y comenzó a producir electricidad el 16 de diciembre. Ahora Finlandia tiene 5 reactores nucleares en funcionamiento.

Unos días después, el 31 de diciembre la Comisión Europea hizo público su proyecto sobre la taxonomía de las energías verdes. En la primavera de este año el Parlamento Europeo tendrá que poner o quitar las etiquetas verdes.

La diferencia entre unas fuentes de energía (verdes) y otras (marrones) es que unas van a recibir financiación, mientras que las otras serán penalizadas, así que Bruselas es el escenario de un enfrentamiento entre bastidores por lograr la ansiada etiqueta de sostenible y neutro en carbono.

Lo verde previene el calentamiento y, por lo tanto, debe ser subvencionado en condiciones privilegiadas. La energía nuclear va camino de ganar y lograr la ansiada etiqueta, e incluso el gas natural, bajo ciertas condiciones. En Bruselas el mayor valedor de la energía nuclear es Francia y el mayor opositor Alemania, donde el Partido Verde forma parte de la coalición gobernante.

La mayoría de los movimientos ecologistas y organizaciones medioambientales se oponen al proyecto de la Comisión Europea, pero no es el caso de Finlandia, donde existe un consenso entre los partidos institucionales a favor de la energía nuclear.

En el mundillo político e ideológico, que repudia el materialismo, tan importante como la realidad es la retórica acerca de ella, especialmente cuando, como en el caso de Los Verdes finlandeses, tienen que explicar el vuelco de 180 grados a su programa histórico. Sólo hace dos años Los Verdes finlandeses confirmaron en un congreso su oposición a la energía nuclear.

¿Qués es lo que ha cambiado? La explicación está en eso que ahora llaman “ciencia”, que vale para justificarlo todo, incluso lo injustificable. En una entrevista al diario alemán Die Welt, el presidente del grupo parlamentario de los Verdes finlandeses, Atte Harjannes, dijo que el vuelco es consecuecia de la “realidad científica” (*). En dos años ha cambiado y casi nadie se ha enterado.

“Por supuesto que la energía nuclear es sostenible”, dijo Harjannes. Cuando el periodista le pregunta que los residuos nucleares contaminarán a Europa durante siglos”, el seudoecologísta le responde con una comparación genial: “La cantidad de residuos es muy pequeña comparada con la enorme cantidad de energía neutra en CO2 que produce una central nuclear. Estos residuos pueden almacenarse de forma segura, a diferencia de los gases de efecto invernadero emitidos por una central eléctrica de carbón o gas”.

Harjannes sostiene que la neutralidad del carbono es una prioridad casi absoluta y que “el fin justifica los medios”. Después de conseguir la neutralidad, el siguiente paso es empezar a ser negativos, es decir, a reducir la concentración de CO2 en la atmósfera.

El proyecto EPR de la central nuclear de Olkiluoto fue el primero de ese tipo que se construyó, el símbolo de lo que se suponía era un renacimiento de la industria nuclear. Pero la EPR finlandesa, al igual que su homóloga francesa de Flamanville, que comenzó a construirse dos años más tarde, ha sufrido una sucesión de retrasos, problemas técnicos y sobrecostes. Debió empezar a funcionar en 2009 para unirse a los dos reactores convencionales existentes en Olkiluoto. Sólo han sido necesarios otros 12 años más.

En el debate nuclear, que vuelve a ponerse en primer plano, además de la “ciencia”, concurren otros dos fraudes más, sin los cuales ya es imposible callarse. El primero es que la energía nuclear es un succedáneo de la guerra nuclear, lo que antes se llamaba “átomos para la paz”. Pero ahora los aspectos militares han desaparecido de la ecuación por obra y gracias de los “pacifistas”.

El segundo es eso que algunos llaman “relaciones de producción”: la industria nuclear ganará el debate en la Unión Europea porque así interesa a los propietarios de los reactores, es decir, a los grandes monopolios de la energía.

(*) https://www.welt.de/politik/ausland/plus236118176/Finnische-Gruene-Natuerlich-ist-Atomkraft-nachhaltig.html

Australia expulsa a Djokovic y Serbia expulsa a la empresa minera australiana Rio Tinto

Unos días después de la expulsión de Djokovic de Australia, el gobierno serbio ha cancelado el proyecto de explotar una mina de litio de la empresa australiana Rio Tinto. En 48 horas la cotización de las acciones de Río Tinto ha perdido 5.000 millones de dólares, casi el 6 por ciento de su valor en bolsa.

El 3 de diciembre del año pasado Djokovic apoyó una gran manifestación contra la apertura de una mina de litio por Rio Tinto en Serbia. El país balcánico cuenta con la sexta reserva mundial de litio, una materia prima que se utiliza para fabricar baterías para ordenadores y coches eléctricos.

Entre los principales accionistas de Río Tinto están los fondos buitre Vanguard y BlackRock.

Los serbios se niegan a pagar la “transición ecológica” de los países de la Unión Europea contaminando su tierra. Ante las protestas populares, a finales del año pasado Río Tinto suspendió la apertura de su mina, pero sólo para intentarlo de nuevo.

En 2019 un estudio reveló altas concentraciones de plomo y uranio en un río aguas abajo de una mina de Río Tinto en Madagascar, que ponía en peligro la salud de las poblaciones locales.

En 2020 la misma empresa minera erradicó una antigua mina aborigen en la propia Australia, en el yacimiento de hierro de Gudai-Darri, situado en una región desértica.

En el desierto chino de Gobi, al sur de Mongolia, la enorme mina de oro y cobre Oyu Tolgoy de Río Tinto, con una extensión equivalente a 12.000 campos de fútbol, ha creado problemas de abastecimiento de agua a los pastores nómadas y, en consecuencia, han afectado a los pastos.

—https://bloodhound.news/serbia-cancels-plan-for-lithium-mine-following-protests/

La corrupción, el blanqueo de dinero y el fraude se desbordan en Reino Unido

Reino Unido es un país desbordado por la corrupción, el blanqueo de dinero y el fraude, según un estudio de la ONG Spotlight on Corruption (*). El gobierno británico sólo gasta 852 millones de libras esterlinas al año para combatir los delitos económicos, que cuestan a la economía 290.000 millones de libras esterlinas al año, es decir, el 14,5 por cien del PIB, dijo ayer la ONG en un comunicado.

Los organismos que luchan contra la delincuencia financiera carecen de fondos suficientes y están perdiendo la batalla, advierte Susan Hawley, directora de la ONG. Una serie de investigaciones filtradas, como los papeles de Panamá y Pandora, han demostrado que los sectores financiero e inmobiliario del Reino Unido siguen siendo grandes imanes para el blanqueo de capitales.

Sin embargo, los juicios por blanqueo de capitales han caído un 35 por cien en los últimos cinco años, al igual que el número de investigaciones iniciadas o el número de personas condenadas, y algunos organismos estatales han visto sus presupuestos reducidos en términos reales.

La actuación de las instituciones públicas en la lucha contra la delincuencia económica se está estancando en todos los ámbitos, denuncia la ONG, aunque se congratuló de las bienvenidas actuaciones judiciales de alto nivel contra el banco NatWest y el mayor uso de herramientas como la congelación de cuentas bancarias.

El banco británico NatWest fue multado en diciembre con casi 265 millones de libras esterlinas en un caso de blanqueo de capitales relacionado con los depósitos de 365 millones de libras esterlinas de uno de sus clientes, de los cuales 264 millones eran en efectivo.

Los casos de delitos económicos han supuesto la recuperación de 3.900 millones de libras entre 2016 y 2021 a través de multas, decomisos y otras recuperaciones, informa el estudio. La ONG desea que estos ingresos se reinviertan en un fondo de lucha contra la delincuencia económica, que sería rentable para las arcas del Estado.

Por cada libra invertida en la Serious Fraud Office, una especie de fiscalía anticorrupción, la institución recupera cinco libras de los delincuentes y de las empresas delincuentes, y otros servicios ganan más de 10 veces lo que cuestan, dijo la organización.

(*) https://drive.google.com/file/d/1wTR2zvs1sfq3BqidmAiBTdc6qj-Umyf4/view

El hueco de China en el mercado mundial

China está siendo expulsada de los mercados capitalistas más consolidados y busca su hueco en los emergentes. Es un pilar de su estrategia desde 1949: el desarrollo hacia las zonas donde la competencia es menos fuerte, principalmente Asia, que es su principal zona de expansión económica.

Actualmente es el mayor socio comercial de la mayoría de esos países, habiendo superado a Estados Unidos. Por el contrario, las empresas tecnológicas chinas están siendo expulsadas de los mercados más desarrollados, e incluso de las bolsas de valores.

En Europa, el gobierno chino intentó crear el Grupo 17+1 para promover las relaciones económicas y comerciales con 17 países de Europa Central. Pero Lituania, que era uno de los países implicados, anunció el pasado mes de mayo que se retiraba de este espacio de cooperación, calificándolo de “divisor” del proyecto europeo, dando así testimonio del fracaso diplomático de la iniciativa.

China es el mayor prestamista internacional, con casi el doble de deuda pendiente que el Club de París, un grupo de 22 grandes acreedores oficiales del que China no forma parte. Ha establecido una red de líneas swap, es decir, acuerdos para proporcionar liquidez en caso de crisis, con unos 40 países, la gran mayoría de los cuales son países emergentes que no han firmado este tipo de acuerdo con ningún banco central de un país desarrollado.

China sigue una planificación a largo plazo, una política industrial muy estructurada, con un relevo en todos los estratos del mundo empresarial. Las Nuevas Rutas de la Seda son un ejemplo de ello. Pero también programas de apoyo a la investigación en determinados sectores de alta tecnología que podrían llevar a China a la frontera tecnológica. Es el primer país en cuanto a patentes concedidas en 2020, con unas 500.000 patentes, frente a las 300.000 de Estados Unidos o las 100.000 de Alemania. El país está a la vanguardia de sectores estratégicos como la computación cuántica, la inteligencia artificial, las aplicaciones de las tecnologías blockchain, etc.

Tras apoyar el crecimiento de las tecnologías digitales, el gobierno ha reaccionado bruscamente con un marcado endurecimiento desde finales de 2020. La nueva política ha salvado a las empresas más innovadoras del sector.

China invierte ahora casi tanto como Estados Unidos cada año en investigación y desarrollo (aproximadamente el doble que la Unión Europea en su conjunto), y su plan quinquenal prevé un crecimiento del gasto del 40 por cien en cinco años.

El objetivo de China es llegar a ser tecnológicamente independiente. Su objetivo es alcanzar el 70 por cien de autosuficiencia tecnológica en 2025. Su dependencia de los suministros extranjeros de semiconductores ha demostrado ser una vulnerabilidad muy fuerte. Sin embargo, todavía tiene que ponerse al día con Estados Unidos, que va por delante y sigue innovando.

China también tiene algún talón de Aquiles.

Uno de ellos es el choque demográfico que se avecina. Según el censo de 2020, la tasa de natalidad del país es baja (1,3 hijos por mujer) y está por debajo del objetivo fijado por el gobierno (1,8). La tasa de dependencia, es decir, el número de personas mayores de 65 años en relación con la población activa, que hoy es de 17 (frente a los 35 de Francia, por ejemplo), se espera que aumente a 60 en 2075. Se trata de un nivel que será similar al de la Unión Europea o Francia. No será un nivel récord (en Japón, Italia y Grecia, la tasa superará el 70, por ejemplo), pero es una tendencia problemática. Tendrá repercusiones negativas sobre la fuerza de trabajo y complicará la financiación de las pensiones, sobre todo porque las redes de seguridad aún no están maduras en el país.

China está endeudada, especialmente de las empresas, más del 160 por cien del PIB, es decir, una vez y media la media de los países emergentes. El gobierno ha puesto en marcha reformas para desinflar los riesgos financieros (especialmente el endurecimiento de la normativa en el sector inmobiliario), pero esa tendencia es reciente. El endeudamiento implica un riesgo de desestabilización periódica de la economía.

La toma de un puerto estratégico de Sri Lanka ilustra la trampa de la deuda, por el que los países que piden grandes préstamos a China se ven obligados a poner sus infraestucturas a disposición del gigante asiático.

China avanza en algunos sectores de alta tecnología y reforzará su independencia tecnológica, pero no podrá superar de forma significativa a las economías más innovadoras, como la de Estados Unidos, a medio y largo plazo. La inversión necesaria para dominar o incluso competir con los gigantes estadounidenses o europeos en su propio territorio es inalcanzable.

China vuelve a ser el motor del crecimiento del comercio mundial

Si las cosas siguen así, Pekín construirá una economía mundial centrada en China y Estados Unidos será destronado de su actual posición de cabecera en los asuntos internacionales en general. Esta es la idea central de una carta de 15 senadores republicanos al Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, con una petición de pánico para que se inicien urgentemente las negociaciones comerciales con nuestros socios en Asia.

Sí, parece que todo gira en torno a Asia, y -de nuevo- parece que todo gira en torno a un acuerdo comercial internacional para 15 países asiáticos que entró en vigor este mes. Pero los senadores tienen razón: estos desarrollos económicos, inadvertidos para el público en general, están cambiando el mundo de forma silenciosa y sigilosa, pero de una manera que ningún acontecimiento importante puede. Y luego, cuando se mira hacia atrás, es demasiado tarde para ponerse al día.

Cuando hablamos de los “15 países implicados”, en realidad estamos hablando de 2.300 millones de personas, el 30 por cien de la población mundial, el 30 por cien del PIB mundial, más de una cuarta parte del comercio mundial y el 31 por cien de la inversión extranjera directa. Y en el centro de este acuerdo está su impulsor, China, la segunda economía del mundo y la mayor potencia comercial del planeta. También incluye a Japón, Corea del Sur y varios países más pequeños de la agrupación ASEAN. Y la gran potencia del Pacífico, Estados Unidos, no forma parte de ella. Porque el proyecto era chino desde el principio, y eso no le convenía a Estados Unidos.

Se trata del RCEP, la Asociación Económica Integral Regional. En otras palabras, no se trata sólo de hacer (muy gradualmente) que casi todo el comercio de la región esté libre de impuestos. Hay muchas otras sutilezas atractivas (un único certificado de origen, por ejemplo, con muchos componentes fabricados en cualquier lugar dentro de él. Esto simplifica los procedimientos comerciales. En general, las aduanas se están volviendo arcaicas y muchas pequeñas empresas de la región podrán ahora establecer las cadenas de suministro que deseen sin demasiadas complicaciones. Y hay muchas otras cosas agradables y que deberían haberse incluido hace tiempo. Por ejemplo, la creación de un mercado comercial en línea unificado para toda la región.

China se encuentra en el centro de este sistema, tanto por el tamaño de su economía como por el hecho de que lleva mucho tiempo construyendo cadenas de suministro y otras cadenas comerciales en todo el mundo, por ejemplo con su proyecto Ruta de la Seda. Y ahora los economistas chinos observan triunfalmente que el mero hecho de que el RCEP esté a punto de ponerse en marcha ha galvanizado por adelantado a las empresas chinas y regionales.

En los 11 primeros meses del año pasado, el comercio exterior chino (de bienes, no de servicios) aumentó un 22 por cien y crece a tasas de dos dígitos en todos sus principales mercados: con la ASEAN, la UE y Estados Unidos. Y como resultado o en conjunción con esto, las economías de la región están creciendo. La región y China vuelven a ser el motor del crecimiento mundial.

La idea de todo tipo de acuerdos de integración en Asia tiene en realidad cuarenta años de antigüedad: afecta a toda la región. Lo han discutido y han intentado aplicarlo en todas partes: a través del mecanismo de la APEC, a través de otras iniciativas. La historia más famosa es la Asociación Transpacífica (TPP) de Barack Obama. Su significado puede resumirse en una cita histórica del mismo carácter: China no dictará las reglas del comercio, nosotros sí.

Así que, incluso hoy, China no dicta las reglas del comercio mundial. Esta es la principal diferencia entre el actual y triunfante RCEP y la fracasada idea estadounidense del TPP. La principal lección de estos acuerdos es interesante, ya que muestra qué tipo de comportamiento, reglas y normas aporta China al mundo.

El TPP fue, para sus participantes, especialmente los de los estados pequeños, un juego con apuestas monstruosas. Las zanahorias se prometían con una dulzura sin precedentes, pero el palo podía resultar increíblemente doloroso. A saber, el acceso prácticamente libre a los mercados de otros países por parte de los productos estadounidenses en particular, sí. Pero, al mismo tiempo, estar sometido a las normas americanas inventadas desde cero para cualquier cosa, como las condiciones de trabajo o el cultivo del coco, estar bajo constante vigilancia. Del mismo modo, en relación con los “servicios” -es decir, la banca, internet, etc.- las condiciones del acuerdo eran tales que los gigantes multinacionales podían apoderarse tranquilamente de economías enteras.

El final de esa historia fue extraño: Donald Trump decidió que Estados Unidos ya no necesitaba ese TPP y se retiró de él. Existe de forma truncada, el dirigente informal resulta ser Japón, y ahora China está negociando para unirse también a las ruinas del TPP.

Pero lo mejor de todo es que China ha hecho una cosa maravillosa: ha eliminado todos los grilletes al estilo estadounidense de los términos del RCEP, todas esas normas asfixiantes que Obama quería dictar al mundo. En el RCEP, todo es voluntario y pacífico. Así que resulta que era posible.

Hay un veterano periodista económico asiático, Anthony Rowley, un inglés de Hong Kong que escribió sobre la economía local en los años 70. Ahora, de repente, ha hecho un breve comentario en el que explica muy claramente lo que significa la lección de los dos tipos de acuerdos comerciales. De la versión estadounidense, Rowley dice: “Se suponía que era una asociación de iguales, pero con esa asociación, las economías avanzadas podían dar vueltas a las menos avanzadas”. Y “estos acuerdos comerciales fueron diseñados como un arma económica para que las economías más avanzadas extrajeran beneficios de las naciones en desarrollo vulnerables a la explotación”. Y al final, los acuerdos parecían “una herramienta potencial para una nueva forma de colonialismo económico”. El RCEP, en cambio, tiene una buena oportunidad, dice Rowley, porque la integración se está logrando sin presiones y en pequeños pasos, pero sin quedar atrapado en el medio, como fue el caso del grandioso proyecto estadounidense.

Volviendo a la carta de los senadores, su entusiasmo es comprensible, pero su propia propuesta de iniciar negociaciones comerciales en Asia con carácter de urgencia parece un poco infantil. En parte porque está claro que no se han aprendido las lecciones del fracaso del TPP y del éxito del RCEP. Recordemos que el TPP fracasó porque presionó a los socios y los obligó, incluso con zanahorias, a hacer lo que no querían. ¿Y ahora qué?

Y ahora se está desarrollando una nueva y complicada trama con Estados Unidos queriendo obligar a Japón (miembro del RCEP) a no suministrar productos tecnológicamente sofisticados a China. Y esto no deja de ser una presión y una coacción, porque supondrá pérdidas y problemas para Japón. En otras palabras, Estados Unidos sólo ve la forma de la futura economía mundial como una lucha entre dos campos, en uno de los cuales los socios se ven obligados a hacer cosas que realmente no quieren hacer. El hábito es una segunda naturaleza.

Dmitry Kosyrev https://ria.ru/20220116/kitay-1767999890.html

El Banco de Francia advierte del riesgo de hundimiento de las bolsas

En marzo de 2020 la pandemia ocultó un desplome bursátil y la posterior lluvia de dinero siguió tapando los agujeros, e incluso batiendo registros. Todo va bien. Demasiado bien, pero el Banco de Francia advierte del riesgo de hundimiento.

En su informe de evaluación de los riesgos del sistema financiero, publicado el 10 de enero, el Banco de Francia revela su preocupación. Las altas valoraciones de los mercados representan el principal riesgo para la economía.

El Banco de Francia está especialmente preocupado por lo que califica como “una inversión del mercado de valores”. Una caída tan brusca del mercado bursátil “podría causar dificultades a ciertos actores no bancarios, en particular a los fondos de inversión que utilizan el apalancamiento”.

Las cotizaciones bursátiles están batiendo récords. El año pasado el índice bursátil francés subió un 29 por cien, frente al 22 por cien del Stoxx 600 y el 27 por cien del S&P 500.

Las subidas de la bolsa están ligadas a la reapertura de las economías, tras el primer confinamiento, pero también por “el apoyo sin precedentes de las políticas monetarias y presupuestarias”.

Las políticas monetarias se dirigen lenta pero inexorablemente hacia un final seguro.

La preocupación por el riesgo que corren los fondos de inversión, que son los primeros en verse afectados por una caída brusca en las cotizaciones bursátiles, podría tener consecuencias sistémicas, como le ocurrió a la economía mundial en 2008 con la crisis de las hipotecas de alto riesgo. “En caso de que se produzca un descenso importante, estas elevadas valoraciones podrían favorecer el contagio entre distintos segmentos del mercado”, dice el Banco de Francia en su informe.

Además del riesgo bursátil, el Banco de Francia considera que el sector energético también corre el riesgo de la fuerte subida de los precios en los mercados mayoristas, que podría provocar dificultades o incluso la quiebra de algunos proveedores.

La pandemia es un bote salvavidas lanzado a una economía que se ahogaba

Las ovejas se pasan la vida temiendo al lobo, pero acaban siendo devoradas por el pastor
(Proverbio popular)

A estas alturas debería estar claro que la covid-19 es, esencialmente, un síntoma de que el capital financiero está desbocado. Más ampliamente, es un síntoma de un mundo que ya no es capaz de reproducirse aprovechando el trabajo humano, por lo que depende de una lógica compensatoria de dopaje monetario perpetuo. Mientras la contracción estructural de la economía basada en el trabajo infla el sector financiero, la volatilidad de este último sólo puede contenerse a través de las emergencias globales, la propaganda masiva y la tiranía de la bioseguridad. ¿Cómo podemos salir de este círculo vicioso?

Desde la tercera revolución industrial (la microelectrónica en los años 80), el capitalismo automatizado se ha dedicado a abolir el trabajo asalariado como sustancia propia. Ahora hemos superado el punto de no retorno. Debido al creciente avance tecnológico, el capital es cada vez más impotente frente a su misión de exprimir la plusvalía de la fuerza de trabajo. Con el desencadenamiento de la inteligencia artificial esto se convierte realmente en una misión imposible: se acabó el juego.

Esto significa que los fundamentos de nuestro mundo ya no residen en el trabajo socialmente necesario contenido en mercancías como los coches, los teléfonos o la pasta de dientes. Más bien, residen en especulaciones altamente inflamables apalancadas en deuda sobre activos financieros como acciones, bonos, futuros y, especialmente, derivados, cuyo valor se tituliza indefinidamente. Sólo la creencia religiosa de que la masa de estos activos produce valor nos impide ver el abismo que se abre bajo nuestros pies. Y cuando nuestra fe disminuye, la providencia divina interviene enviándonos a una hipnosis colectiva a través de relatos apocalípticos de contagio y sus correspondientes narraciones de salvación.

Sin embargo, la realidad es tozuda y sigue llamando a nuestra puerta. A medida que el tumor financiero se extiende por el cuerpo social, el capital opta por desatar su doble leviatánico, un vampiro que se alimenta de las emergencias globales y de los modelos de negocio anclados en la tecnología digital con el potencial de asegurar la totalidad de la vida en la tierra. La escritura está en la pared, una “dictadura blanda” ya nos está mirando. Hoy, resistir la marea significa defender la dimensión inviolable de la dignidad humana, punto de partida innegociable para la construcción de un proyecto social alternativo. Todavía estamos a tiempo, pero necesitamos conciencia crítica, coraje y despertar colectivo.

Pandexit en el país de los unicornios

¿Estamos cerca del Pandexit? El siguiente extracto de un reciente artículo de Bloomberg tiene la respuesta más probable: “Para cualquiera que espere ver la luz al final del túnel de Covid-19 en los próximos tres a seis meses, los científicos tienen malas noticias: prepárense para más de lo que ya hemos pasado”. Para desentrañar esta afirmación, supongamos que nuestro futuro se caracteriza por los siguientes acontecimientos 1. Los bancos centrales seguirán creando cantidades desmesuradas de dinero, en su mayoría destinadas a inflar los mercados financieros; 2. La narrativa del contagio (o similar) continuará hipnotizando a poblaciones enteras, al menos hasta que los Pasaportes Sanitarios Digitales estén totalmente implantados; 3. Las democracias liberales serán desmanteladas, y eventualmente reemplazadas por regímenes basados en un panóptico digitalizado, un Metaverso de tecnologías de control legitimadas por un ensordecedor ruido de emergencia.

¿Demasiado oscuro? No, si tenemos en cuenta que la montaña rusa de la crisis sanitaria (cierres seguidos de aperturas parciales que se alternan con nuevos cierres provocados por mini-olas) se parece cada vez más a un juego de roles global, en el que los actores se pasan la pelota para asegurarse de que el fantasma de la emergencia sigue circulando, aunque debilitado. La razón de este escenario depresivo es sencilla: sin el virus que justifica el estímulo monetario, el sector financiero apalancado por la deuda se colapsaría de la noche a la mañana. Sin embargo, al mismo tiempo, el aumento de la inflación unido a los cuellos de botella en la cadena de suministro (especialmente en los microchips) amenaza con una recesión devastadora.

Este círculo vicioso parece imposible de superar, por lo que las élites no pueden dejar de lado la narrativa de la emergencia. Desde su perspectiva, la única salida parece implicar la demolición controlada de la economía real y su infraestructura liberal, mientras los activos financieros siguen inflándose artificialmente. Esto último incluye trucos cínicos de lavado verde financiero como la inversión en valores ESG, una laguna legal disfrazada de medio ambiente para legitimar una mayor expansión de la deuda. Con el debido respeto a las Greta Thunberg de nuestro entorno, esto no tiene nada que ver con salvar el planeta.

Más bien, estamos asistiendo a la disolución acelerada del capitalismo liberal, que ya está obsoleto. El panorama es objetivamente deprimente. Los intereses financieros y geopolíticos mundiales estarán asegurados por la recolección masiva de datos, los libros de contabilidad en cadena de bloques y la esclavitud por medio de aplicaciones digitales que se venden como innovación potenciadora. En el centro de nuestro predicamento se encuentra la despiadada lógica evolutiva de un sistema socioeconómico que, para sobrevivir, está dispuesto a sacrificar su marco democrático y abrazar un régimen monetario apoyado por la ciencia y la tecnología de propiedad corporativa, la propaganda de los medios de comunicación y las narrativas de desastre acompañadas de un nauseabundo filantrocapitalismo pseudohumanitario.

Al apelar a nuestro sentimiento personal de culpa por “destruir el planeta”, los próximos bloqueos climáticos son la continuación ideal de las restricciones de Covid. Si el Virus fue el aperitivo aterrador, ya se está sirviendo una generosa porción de ideología de la huella de carbono mezclada con la escasez de energía como comida principal. Uno a uno se nos está convenciendo de que nuestro impacto negativo en el planeta merece ser castigado. Primero aterrorizados y regimentados por Virus y ahora avergonzados por dañar a la Madre Tierra, ya hemos interiorizado el mandato medioambiental: nuestro derecho natural a vivir debe ganarse mediante el cumplimiento de los diktats ecológicos impuestos por el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, y ratificados por los gobiernos tecnócratas con su policía. Este es el realismo capitalista en su forma más cínica.

La introducción de los Pasaportes Sanitarios Digitales (¡hace sólo un año ridiculizados como teoría de la conspiración!) representa una coyuntura crítica. El etiquetado de las masas es crucial para que las élites se ganen nuestra confianza en una estructura de poder cada vez más centralizada que se vende como una oportunidad de emancipación. Tras cruzar el Rubicón de la identificación digital, es probable que la represión continúe suave y gradualmente, como en la famosa anécdota de Noam Chomsky: si arrojamos una rana a una olla de agua hirviendo, saldrá inmediatamente con un salto prodigioso; si, por el contrario, la sumergimos en agua tibia y aumentamos lentamente la temperatura, la rana no notará nada, incluso disfrutará de ella; hasta que, debilitada e incapaz de reaccionar, acabará hirviendo hasta morir.

La predicción anterior, sin embargo, debe contextualizarse en un escenario conflictivo y profundamente incierto. En primer lugar, ahora hay pruebas (aunque muy censuradas) de una auténtica resistencia popular a la pandemia psico-op y al Gran Reajuste en general. En segundo lugar, las élites parecen estar estancadas y, por lo tanto, confusas en cuanto a la forma de proceder, como lo demuestra el hecho de que varios países hayan optado por desescalar la emergencia sanitaria. Merece la pena reiterar que el enigma es, fundamentalmente, de naturaleza económica: cómo gestionar la extrema volatilidad financiera mientras se mantienen los capitales y los privilegios. El sistema financiero mundial es un enorme esquema Ponzi. Si los que lo dirigen perdieran el control de la creación de liquidez, la explosión resultante haría estallar todo el tejido socioeconómico de abajo. Simultáneamente, una recesión privaría a los políticos de toda credibilidad. Por ello, el único plan viable de las élites parece consistir en sincronizar la demolición controlada de la economía (colapso de la cadena de suministro global que da lugar a una “escasez de todo”), con el despliegue de una infraestructura digital global para la toma de posesión tecnocrática. El tiempo es esencial.

Adicción de emergencia

Con respecto a una posible recesión, el analista financiero Mauro Bottarelli resumió la lógica de los vasos comunicantes de la pandeconomía de la siguiente manera: “es preferible un estado de emergencia sanitaria semipermanente a un desplome vertical del mercado que convertiría el recuerdo de 2008 en un paseo por el parque”. Como intenté reconstruir en un artículo reciente, la “pandemia” fue un bote salvavidas lanzado a una economía que se ahogaba. Estrictamente hablando, es un evento monetario destinado a prolongar la vida de nuestro modo de producción impulsado por las finanzas y enfermo terminal. Con la ayuda del virus, el capitalismo intenta reproducirse simulando unas condiciones que ya no existen.

He aquí un resumen de los fundamentos económicos del covid. El rescate de septiembre de 2019 del sector financiero -que, tras once dichosos años de Quantitative Easing, estaba de nuevo al borde de un ataque de nervios- supuso una expansión sin precedentes del estímulo monetario: la creación de billones de dólares con la varita mágica de la Reserva Federal. La inyección de esta cantidad desmesurada de dinero en Wall Street sólo fue posible apagando el motor de Main Street. Desde el punto de vista del topo capitalista miope, no había alternativa. No se puede permitir que el dinero creado por ordenador en forma de bytes digitales caiga en cascada sobre los ciclos económicos sobre el terreno, ya que esto provocaría un tsunami inflacionista a la manera de los años 20 de Weimar (que dio paso al Tercer Reich), sólo que mucho más catastrófico para una economía estancada y globalmente interconectada.

Inevitablemente, la (cautelosa) reapertura de las transacciones basadas en el crédito en la economía real ha provocado un aumento de la inflación, lo que ha supuesto un mayor empobrecimiento sobre el terreno. El poder adquisitivo de los salarios se ha visto mermado, al igual que los ingresos y el ahorro. Vale la pena recordar que los bancos comerciales se sitúan en la interfaz entre el mundo mágico del dinero digital de los Bancos Centrales y el páramo arrasado por la emergencia que habita la mayoría de los mortales. Por lo tanto, cualquier expansión salvaje de las reservas de los Bancos Centrales (dinero creado de la nada) desencadena la inflación de los precios tan pronto como los bancos comerciales filtran el efectivo (es decir, la deuda) a la sociedad.

El propósito de la “pandemia” era acelerar la macrotendencia preexistente de expansión monetaria, a la vez que se posponían los daños inflacionarios. Siguiendo a la Reserva Federal, los banqueros centrales del mundo han creado océanos de liquidez, devaluando así sus monedas en detrimento de las poblaciones. Mientras esto continúa, el turbo-capital transnacional de las élites sigue expandiéndose en la órbita financiera, absorbiendo aquellas pequeñas y medianas empresas que ha deprimido y destruido. En otras palabras, no existe el almuerzo gratis (para nosotros). La máquina de imprimir dinero del Banco Central sólo funciona para el 0,0001% – con la ayuda de Virus, o una amenaza global de igual tracción.

En la actualidad, parece que los banqueros centrales se están entregando al noble arte de la procrastinación. El consejo de la Fed se reunirá de nuevo a principios de noviembre de 2021, y se anuncia que el taper (reducción del estímulo monetario) comenzará en diciembre. Sin embargo, con la burbuja de Covid que se está desinflando, ¿cómo van a afrontar las élites los tipos de interés cero y la financiación directa del déficit? En términos más explícitos: ¿qué nuevo “evento contingente” o “intervención divina” les sacará del apuro? ¿Serán los extraterrestres? ¿Un ataque ciberterrorista al sistema bancario? ¿Un tsunami en el Atlántico? ¿Juegos de guerra en el sudeste asiático? ¿Una nueva guerra contra el terrorismo? La lista de la compra es larga.

Mientras tanto, los ciudadanos de a pie están atrapados en un doble vínculo asfixiante. Si el crédito debe ponerse a disposición de las empresas, los Bancos Centrales deben contener la inflación, lo que sólo pueden hacer… ¡drenando el crédito! La inflación galopante sólo puede evitarse conteniendo los efectos perturbadores de la creación excesiva de dinero; es decir, poniendo de rodillas a las sociedades basadas en el trabajo. La mayoría de nosotros acabamos aplastados entre la inflación de los precios de los bienes esenciales y el drenaje deflacionario de la liquidez a través de la pérdida de ingresos y la erosión de los ahorros. Y en una economía estancada con una inflación fuera de serie, cada transacción comercial suprimida se canaliza hacia los activos financieros.

Una herramienta que impide que la liquidez llegue a la economía real es el mecanismo de reposiciones a la inversa a un día (RRP) de la Reserva Federal. Mientras sigue inundando los mercados financieros con dinero recién impreso, gracias a los repos la Reserva Federal absorbe cualquier exceso de ese mismo efectivo que bombea a Wall Street. Efectivamente, un juego de suma cero de dar y recibir: por la noche, los operadores financieros depositan su exceso de liquidez en la Reserva Federal, que entrega como garantía los mismos bonos del Tesoro y valores respaldados por hipotecas que drena del mercado durante el día como parte de sus compras de QE. En agosto de 2021, el uso de la Reserva Federal de RRP superó el billón de dólares, lo que llevó al Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) a duplicar el límite de RRP a 160.000 millones de dólares, a partir del 23 de septiembre de 2021.

Aquí, pues, está el elefante en la habitación: ¿cómo cuadrará el taper de la Fed con repos inversos de esta magnitud astronómica? ¿Es posible la tan esperada reducción del estímulo monetario con una burbuja financiera mundial alimentada por el apalancamiento a tipos de interés cero y el endeudamiento estructural? Pero, al mismo tiempo, ¿cómo pueden los banqueros centrales seguir ampliando su balance, cuando el doble golpe de estancamiento y aumento de la inflación (estanflación) está a la vuelta de la esquina?

La lógica de este mecanismo monetario es perversa. La “danza loca” solipsista del capital financiero se ha descontrolado mucho más allá de su locura habitual, y el día del ajuste de cuentas se acerca rápidamente. ¿Se puede evitar una recesión devastadora? La respuesta política actual parece movilizar la antigua sabiduría de que “tiempos extremos requieren medidas extremas”, lo que se traduce en que no se puede descartar ningún crimen contra la humanidad cuando se niega tan obstinadamente la implosión sistémica. ¿No es esto lo que la historia nos ha enseñado siempre?

La crisis que estamos viviendo no es epidemiológica. En primer lugar, se trata de ocuparse de la exposición financiera potencialmente catastrófica al riesgo tóxico y de la gestión asociada de la inflación. Basta con señalar que los banqueros centrales no consiguen aumentar los tipos de interés al 2%, cuando en los años 70 los subieron al 20% para combatir la inflación. Sin embargo, como nos recuerda Covid, las acrobacias financieras de la magnitud actual sólo funcionan bajo una cobertura de emergencia: bloqueos, cierres, restricciones, etc. El objetivo del encubrimiento es doble: 1. Ocultar el hundimiento del Titanic (la “sociedad del trabajo” impulsada por las finanzas); 2. Coordinar la aplicación de un colosal reseteo monetario basado en la depresión económica y el control centralizado de la vida de las personas.

Fascismo digital

Las consecuencias del capitalismo de emergencia son enfáticamente biopolíticas. Tienen que ver con la administración de un excedente humano cada vez más superfluo para un modelo reproductivo ampliamente automatizado, altamente financiarizado e implosivo. Por ello, el “pasaporte vírico”, la “vacuna” y el “pase covídico” son la Santísima Trinidad de la ingeniería social. Los “pasaportes de virus” están destinados a entrenar a las multitudes en el uso de carteras electrónicas que controlan el acceso a los servicios públicos y el sustento personal. Las masas desposeídas y redundantes, junto con los incumplidores, son los primeros en ser disciplinados por los sistemas digitalizados de gestión de la pobreza supervisados directamente por el capital monopolista. El plan es tokenizar el comportamiento humano y colocarlo en los libros de contabilidad de la cadena de bloques gestionados por algoritmos. Y la propagación del miedo global es el palo ideológico perfecto para conducirnos hacia este resultado.

Mientras los debates públicos son silenciados por la censura y la intimidación, estamos siendo escoltados hacia una distopía biotecnocapitalista cuyo carácter infernal probablemente se manifestará plenamente con la próxima crisis global. Esto justificaría el despliegue de las Monedas Digitales de los Bancos Centrales (CBDC), que, en palabras de Agustín Carstens (director general del Banco de Pagos Internacionales), otorgarán “un control absoluto sobre las normas y regulaciones que determinarán el uso de ese pasivo del Banco Central [es decir, el dinero], y tendremos la tecnología para hacerlo cumplir”. El dinero digital vinculado a la identidad digital es la abreviatura de la servidumbre monetaria de alta tecnología, que se extenderá primero a los desempleados (por ejemplo, los beneficiarios del UBI), y potencialmente a la mayoría de nosotros. Cuando Larry Fink (director general de BlackRock) dice que “los mercados prefieren los gobiernos totalitarios a las democracias”, será mejor que le creamos.

Separar a la población en función de su estado de vacunación es un logro de época propio de los regímenes totalitarios. Si la resistencia es sofocada, se introducirá un DNI digital obligatorio para registrar la “virtuosidad” de nuestro comportamiento y regular nuestro acceso a la sociedad. Covid era el caballo de Troya ideal para este avance. La Alianza ID2020, respaldada por gigantes como Accenture, Microsoft, la Fundación Rockefeller, MasterCard, IBM, Facebook y la omnipresente GAVI de Bill Gates, lleva tiempo planeando un sistema global de identificación digital basado en la tecnología blockchain. A partir de aquí, es probable que la transición al control monetario sea relativamente suave. Los CBDCs permitirían a los banqueros centrales no sólo rastrear cada transacción, sino especialmente cerrar el acceso a la liquidez por cualquier razón que se considere legítima. El proyecto de “digitalización de la vida” también incluye un “pasaporte de Internet” que, sujeto a revisiones periódicas, excluiría de la red a cualquiera que se considere indigno. En caso de que la puntuación de crédito social caiga por debajo de cierto nivel, encontrar un trabajo, viajar u obtener préstamos dependería de someterse voluntariamente a “programas de rehabilitación”. Es de suponer que habrá un mercado negro para los marginados.

Una de las piedras angulares del fascismo histórico fue la industria controlada por el gobierno sin dejar de ser de propiedad privada. Es bastante sorprendente que, a pesar de la abrumadora evidencia de las puertas giratorias sistemáticas entre el sector público y el privado, la mayoría de los intelectuales públicos no se hayan dado cuenta todavía de que es hacia donde nos dirigimos. El escritor italiano Ennio Flaiano dijo una vez que el movimiento fascista está formado por dos grupos: los fascistas y los antifascistas. Hoy en día, cuando la mayoría de los autoproclamados antifascistas están apoyando silenciosamente o con entusiasmo el giro autoritario medicalizado, esta paradoja es más relevante que nunca.

De la teoría de la conspiración a la paranoia exitosa

La epistemología de la teoría de la conspiración impulsa gran parte de la propaganda actual como retórica de la exclusión. El rechazo a priori del “pensamiento paranoico” deja a la narrativa oficial como única portadora de la verdad, independientemente de la verificación empírica. Por lo tanto, como argumenta Ole Bjerg, “la verdadera patología emerge del lado de las reacciones de la corriente principal contra los llamados teóricos de la conspiración […] en forma de un estado epistémico de excepción, que amenaza con socavar el funcionamiento del debate público y la crítica intelectual” (1). En otras palabras, la paranoia califica la posición de esos Torquemadas modernos cuyos tribunales de inquisición silencian cualquier pensamiento ‘herético’ que se atreva a apartarse de los dogmas del capitalismo de emergencia. La acusación generalizada contra los “negacionistas paranoicos” y los “antivacunas” es sintomática no sólo de la disolución del vínculo democrático, sino sobre todo de un contagio de enfermedad ideológica nunca antes experimentado a escala mundial.

Como sostenía Jacques Lacan en los años sesenta, el poder capitalista funciona desapareciendo, haciéndose secreto e invisible, disimulando así no sólo su autoridad sino también su impotencia. Todo parece funcionar espontáneamente en el capitalismo, como si nadie diera ni obedeciera órdenes, sino que se limitara a seguir sus deseos espontáneos: “Lo que llama la atención, y lo que nadie parece ver, es que en virtud del hecho de que se han aireado las nubes de la impotencia, el significante maestro sólo parece aún más inexpugnable […] ¿Dónde está? ¿Cómo se puede nombrar? ¿Cómo localizarlo, si no es a través de sus efectos asesinos, por supuesto?” (2). ¿Debemos alistar a Lacan en el ejército de los teóricos de la conspiración? Mientras que el amo tradicional se apoya en la autoridad simbólica, el amo capitalista delega la autoridad en la objetividad intangible de su modus operandi. Tal y como ha puesto de manifiesto el neoliberalismo, se renuncia oficialmente al dominio, pero simultáneamente se reafirma en su forma renunciada, por ejemplo como “liderazgo”. Y el punto de Lacan es que esta estratagema abre el espacio para formas más profundas e insidiosas de manipulación.

Al igual que los medios de comunicación corporativos, hoy en día a muchos lacanianos les encanta ridiculizar a los “teóricos de la conspiración”. Típicamente, lo hacen citando el lema de Lacan de que “no hay tal cosa como un gran Otro”, así que, en última instancia, nadie puede estar conspirando detrás de las cortinas. O, citando un artículo reciente de Slavoj Zizek, “no hay necesidad de inventar pandemias y catástrofes climáticas, ya que el sistema las produce por sí mismo”. Pero estos argumentos no dan en el blanco, pues pasan por alto cómo el poder funciona precisamente ocupando la inconsistencia ontológica del gran Otro, manipulándola a su favor. Dicho de otro modo: si hay un inconsciente, la conspiración y la manipulación son inevitables. El éxito de cualquier estructura de poder depende de su capacidad para armar el estatus autocontradictorio de su universo de sentido contra las masas neuróticas.

A pesar de todo su hegelianismo, aquí Zizek pasa por alto el carácter especulativo del poder (capitalista): las contradicciones sistémicas son el fundamento mismo y la sangre vital de cualquier edificio de poder. La artimaña especulativa elemental del poder es que convierte la inconsistencia ontológica en condición de posibilidad. Esto es claramente visible en el “giro autoritario” del capitalismo contemporáneo, que se basa en el uso ideológico de las emergencias. En última instancia, estas emergencias son reales sólo en la medida en que son emergencias capitalistas, desplegadas en el momento adecuado para promover los intereses del capital. La suposición de que escaparán o subvertirán la estructura de poder existente ignora hasta qué punto ya funcionan para el poder capitalista. Mi lectura de Covid como producto de la volatilidad financiera es coherente con esta postura especulativa: la contingencia pandémica es una necesidad capitalista, y como tal fue apoyada desde el principio por un formidable aparato ideológico.

La retórica de la exclusión que anima el discurso público sobre el covid puede describirse a través de lo que Lacan, tomando prestado a Freud, denominó “paranoia exitosa”, que “bien podría parecer que constituye la clausura de la ciencia” (3). Esencialmente, la “clausura” se refiere a la creencia positivista en la objetividad científica, que se construye sobre el rechazo (la exclusión) del “sujeto del inconsciente” como fuente de cuestionamiento, duda y error. En el contexto de la teoría del discurso de Lacan, la paranoia exitosa se alinea con un sistema de creencias hiper-eficiente asegurado por la “curiosa cópula entre el capitalismo y la ciencia” (4). El poder de lo que hoy se promueve unilateralmente como “ciencia real” (tan real que prohíbe la duda, prohíbe el debate y promueve la censura) se asemeja al poder de una nueva religión, como advirtió Lacan en 1974: “La ciencia está en proceso de sustituir a la religión, y es aún más despótica, obtusa y oscurantista” (5). Y el capitalismo se apoya en la ciencia y la tecnología al igual que capitaliza la salud, uno de los negocios más rentables del mundo.

La “ciencia” que se nos ordena seguir está secuestrada por las élites financieras y sus compinches políticos, funcionando así como una barrera contra la conciencia de que “nuestro mundo” se está desmoronando. La verdadera ciencia, que sigue operando detrás de la espesa cortina de la censura, nunca impondría mandatos dictatoriales como los que siguen vigentes en los países democráticos de todo el mundo. La fe ciega en la “ciencia Covid”, por tanto, delata un deseo desesperado de aferrarse al poder capitalista, incluida su mutación autoritaria. Sin embargo, la historia del progreso científico muestra que la ciencia es, fundamentalmente, un discurso centrado enfáticamente en lo que le falta. Todos los grandes avances científicos se basan en un principio de insuficiencia: la conciencia de que la verdad, como causa del conocimiento, es ontológicamente ausente. O, citando a Lacan “Il n’y a de cause que de ce qui cloche” (“Sólo hay causa en lo que no funciona”)(6) Esta es la ciencia por la que vale la pena luchar.

Mientras que los presupuestos impulsores del sistema (la relación de creación de valor entre el capital y el trabajo) han dejado de funcionar, el señuelo de Covid permite al capitalismo, una vez más, suspender cualquier indagación seria sobre su enfermedad estructural y su transformación en curso. La clínica de la neurosis nos muestra hasta qué punto el neurótico medio quiere un amo, cuya función es asegurarle que su mundo se asienta sobre bases sólidas. Los neuróticos están a menudo tan desesperadamente apegados a su estructura de poder que se convierten en pervertidos para asegurar su funcionamiento, como un masoquista que entrega con entusiasmo el látigo a su dominatrix. La perversión funciona como una orden para disfrutar de la relación de poder, y los sujetos contemporáneos a menudo se someten fácilmente al poder en un intento desesperado por consolidarlo. Por desgracia, las estructuras conservadoras de la neurosis y la perversión suelen ser compartidas por las “mentes progresistas” (incluidos los liberales y los izquierdistas radicales), cuyo compromiso se limita a señalar la virtud o a participar en los juegos de la vergüenza de la teoría de la conspiración.

Sin embargo, no todo está perdido. A pesar de la imparable convergencia de la ciencia y el capitalismo en el establecimiento de un sistema de creencias hermético que excluye la disidencia, nuestro exitoso universo paranoico no logrará totalizar su estructura. Paradójicamente, la actual represión de la humanidad puede ser la mejor oportunidad para una oposición radical al régimen de acumulación capitalista que se avecina y a su implacable chantaje de emergencia.

(1) Ole Bjerg, Conspiracy Theory: Truth Claim or Language Game?, Theory, Culture & Society, 2016, pp. 1-23 (6).
(2) Jacques Lacan, The Seminar of Jacques Lacan, book 17, The Other Side of Psychoanalysis, trans. Russell Grigg, New York: Norton, 2007, pp. 177-78.
(3) Jacques Lacan, Écrits. The First Complete English Edition, trans. Bruce Fink (New York: W. W. Norton, 2006), p. 742.
(4) Lacan, 2007, p. 110.
(5) Jacques Lacan, Freud Forever: An Interview with Panorama, trans. Philip Dravers, Hurly Burly 12, 2015, pp. 13-21 (18).
(6) Jacques Lacan, The Seminar of Jacques Lacan, Book 11, The Four Fundamental Concepts of Psychoanalysis, trans. Alan Sheridan, New York: W. W. Norton, 1998, p. 22.

Fabio Vighi https://thephilosophicalsalon.com/the-central-bankers-long-covid-emergency-noise-and-conspiracys-best-kept-secret/

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