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Categoría: Economía (página 62 de 101)

El yuan ya supera al euro en las transacciones internacionales

El viernes la moneda china, el yuan, superó por primera vez al euro en volumen de negociación en la Bolsa de Moscú, aunque se sitúa en segundo lugar tras el dólar estadounidense.

El volumen de negociación de la moneda china fue de 52.800 millones de rublos (908 millones de dólares). El volumen de las transacciones en euros, por su parte, apenas superó los 41.000 millones de rublos (705 millones de dólares).

También fue el segundo día consecutivo en el que el volumen de negociación de yuanes en la Bolsa de Moscú superó los 50.000 millones de rublos, mientras que en la primera quincena de julio el volumen de negociación de yuanes alcanzó una media de 30.000 millones de rublos (516 millones de dólares) diarios.

Sin embargo, el yuan no logró superar al dólar estadounidense, ya que el volumen de operaciones del billete verde alcanzó los 124.700 millones de rublos (2.100 millones de dólares) el viernes.

El crecimiento del volumen de operaciones en yuanes en la Bolsa de Moscú se debió a las acciones de devaluación de los bancos y a la especulación sobre las intervenciones monetarias, que podrían adoptar la forma de compras de yuanes en el marco de la nuevas normas fiscales rusas.

La norma aún no ha sido aprobada, pero el Banco de Rusia ya ha permitido a los bancos no residentes de países “no amigos” cambiar una moneda extranjera por otra en los mercados de divisas rusos. En consecuencia, el volumen de las transacciones entre el dólar y el yuan en la Bolsa de Moscú marcó un nuevo máximo histórico el jueves, alcanzando los 38.400 millones de rublos.

Las sanciones occidentales contra Rusia también contribuyen al atractivo del yuan. Como consecuencia de las sanciones, se observa que los clientes de los bancos abandonan gradualmente las monedas de los países “no amigos”, principalmente el dólar estadounidense y el euro.

La tendencia es evidente tanto entre las personas físicas como entre empresas, ya que los importadores se ven obligados a realizar sus transacciones en divisas que no están influenciadas por las sanciones.

El interés de los residentes rusos por el yuan es lógico, ya que comprar dólares o euros es actualmente arriesgado y caro.

La ruptura de la Unión Europea

Desde los confinamientos el mercado mundial viene dando signos de fragmentación, e incluso en Europa la cohesión entre los 27 miembros de la Unión Europea deja mucho que desear, tanto en el sector financiero como en el industrial.

La Comisión Europea intenta encontrar una respuesta unificada para preparar al continente para un invierno sin gas ruso peero, como venimos anunciando, algunos Estados miembros se niegan a ayudar a los más afectados por la interrupción del suministro de gas ruso y otros, como Hungría, prefieren recurrir a Rusia antes que ceder ante Bruselas.

Algunos países, como Alemania, están muy expuestos a la caída de los suministros de Moscú y llaman a la solidaridad, mientras otros se niegan a ello. “A diferencia de otros, España no ha vivido por encima de sus posibilidades en materia de energía”, dijo Teresa Ribera, ministra de Transición Energética, en referencia a la forma en que Berlín, en particular, hizo pagar a varios países del sur por haber “vivido por encima de sus posibilidades” en 2008.

Junto con Grecia y Portugal, Madrid rechaza el llamamiento a la reducción del consumo energético de la Comisión Europea para ayudar a los países más afectados por la crisis. “No podemos hacer un sacrificio desproporcionado sobre el que ni siquiera se nos ha pedido opinión”, dijo Teresa Ribera.

En una entrevista concedida al diario Público, el Secretario de Estado de Medio Ambiente y Energía de Portugal, Joao Galamba, afirmó que el gobierno “no aceptará” una propuesta que calificó de “insostenible” y “desproporcionada”.

La exposición al gas ruso de España y Portugal es muy baja. Han invertido mucho en energías renovables en los últimos años y tienen una gran capacidad de almacenamiento y regasificación de gas licuado transportado por barco. Su situación es diferente a la del norte de Europa. “Seremos solidarios, pero la solidaridad también significa que no haremos pagar a los portugueses para compensar el retraso de otros cuando podrían, como nosotros, haber invertido en renovables”, dijo hace unos días el primer ministro portugués, Antonio Costa.

Según Bruselas el ahorro energético permitiría ahorrar unos 45.000 millones de metros cúbicos de gas, una cantidad equivalente a la que faltaría si Rusia cortara completamente el flujo y en caso de un invierno especialmente frío. En estas condiciones, “las medidas unilaterales no conducen a nada efectivo y corren el riesgo de afectar a toda la seguridad energética del mercado único”, advirtió Frans Timmermans, responsable medioambiental de la Comisión Europea.

“Todos los Estados miembros sufrirán las consecuencias de una perturbación del mercado único. Por eso es importante que todos los Estados miembros contribuyan ahora al ahorro y al almacenamiento y estén dispuestos a compartir el gas con otros vecinos en caso de interrupción. La solidaridad energética es un principio fundamental de nuestro tratado”, añadió Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

En caso de escasez grave en las próximas semanas o meses, la Comisión Europea hará obligatoria la reducción del 15 por cien, una medida que sería rechazada por una mayoría cualificada de Estados miembros.

Las sanciones económicas han tenido un efecto contraproducente en Hungría, que se ha acercado a Rusia tanto como se ha alejado de Bruselas. Hungría importa el 80 por cien de su gas de Rusia y se beneficia de precios favorables.

Es una gran paradoja, muy difícil de justificar: mientras Bruselas teme que Rusia corte el grifo, el ministro húngaro de Asuntos Exteriores, Peter Szijjarto, ha viajado a Moscú para discutir nuevas entregas de gas.

Bruselas hace llamamientos a la unidad europea porque tal unidad se empieza a desmoronar. Sin embargo, siempre ha tenido y sigue teniendo otra opción: abrir el grifo del Nord Stream 2, cuya apertura lleva paralizada desde antes de la Guerra de Ucrania.

La industria aeronáutica no puede prescindir del titanio ruso

La aeronáutica mundial está en manos de dos grandes monopolios, Boeing y Airbus, aunque las cadenas de suministro se extienden por varios continentes, sobre todo en lo que respecta a las materias primas.

Desde la pandemia, el sector está en crisis a causa de los confinamientos, con cierres y despidos masivos de trabajadores. A la crisis se han sumado las sanciones contra Rusia, que afectan a una materia prima capital de la aeronáutica, el titanio, y a la mayor empresa exportadora, la rusa Vsmpo-Avisma.

“Sancionar el titanio de Rusia sería sancionarnos a nosotros mismos, a los países que sancionan a Rusia. Y si Rusia sanciona a Occidente o al resto del mundo deteniendo el suministro de titanio, podría simplemente acabar con Vsmpo-Avisma a largo plazo. Este es uno de los pocos ámbitos empresariales en los que no interesa a ninguna de las partes alterar la situación actual. Sin embargo, queremos poder salir de la cadena de suministro rusa en algún momento”, dice el presidente ejecutivo de Airbus, Guillaume Faury.

Si el titanio quedara afectado por las sanciones, sería otro boomerang para la industria aeronáutica mundial, que quedaría paralizada. La mitad del titanio que utiliza Airbús procede de Rusia. A partir de aquí, vuelven las cábalas de Bruselas sobre la “excesiva dependencia” y la necesidad de buscar alternativas al titanio ruso.

Pero eso no es posible y el titanio y Vsmpo-Avisma han quedado fuera de las sanciones (*). “Sería una pena ver desaparecer [a la empresa rusa Vsmpo-Avisma]del mapa del titanio en el mundo”, sobre todo por la calidad y los precios a los que vende la materia prima, añadió el presidente de Airbus.

No obstante, las cábalas siguen para escapar de la “excesiva dependencia” de Rusia, porque Europa puede depender de muchos países, pero en ningún caso de Rusia. Lo mismo ocurre con Boeing, que tiene empresas conjuntas con Vsmpo-Avisma. Unos meses después de firmar un acuerdo para que VSMPO-Avisma siga siendo el principal proveedor de sus aviones actuales y futuros, Boeing ha anunciado la suspensión de sus compras a su socio ruso.

La industria aeronáutica no tiene muchas alternativas al titanio ruso. Estados Unidos abandonó la producción en 2020 y China es un país productor pero de mala calidad para la aeronáutica. Fuera de Rusia sólo hay empresas en Japón y Kazajistán, que no producen en cantidad suficiente como para sustitutuir a Vsmpo-Avisma.

En 2008 una empresa francesa y otra kazaja crearon Ukad y luego apareció EcoTitanium, basado en el reciclaje de residuos de titanio procedentes de la producción. Pero este tipo aventuras tienen un porvenir muy incierto a causa de la crisis del sector, causado por los confinamientos, que hundieron el sector aeronáutico.

Hay muchos planes y tentativas, pero a fecha de hoy en el mundo no se construye ningún avión sin contar antes con Rusia.

(*) https://financialpost.com/pmn/business-pmn/eu-blocks-proposal-to-sanction-russian-titanium-maker-vsmpo-avisma-wsj

El Banco Central Europeo va a dejar de publicar sus previsiones económicas

Para no sembrar el pesimismo, el Banco Central Europeo (BCE) va a dejar de publicar sus previsiones económicas. Por lo demás, en los últimos meses ha modificado tantas veces sus estimaciones a la baja que ya no resultan fiables para nadie.

El 16 de diciembre del año pasado la Presidenta del Banco, Christine Lagarde, dijo que “es muy poco probable que subamos los tipos de interés en 2022”. Sin embargo, el 3 de febrero abrió la puerta a la subida y el 9 de junio prácticamente anunció subidas de tipos en julio y septiembre.

Esta misma mañana ha notificado la de julio: un 0,5 por cien de subida, la primera subida de tipos desde hace 11 años.

Las estimaciones económicas son como las de la pandemia o los sondeos electorales. Apenas tienen carácter científico porque son un instrumento de política económica. Se trata de estimular la actividad económica o, su caso, de impedir la depresión.

La teoría económica que explican en los institutos universitarios sólo habla de crecimiento, desarrollo y expansión. Las crisis económicas no tienen cabida y los “expertos” jamás han sido capaces de anticiparse a ninguna de ellas, por evidentes que sean.

Por eso es mejor que el BCE tenga la boca cerrada, y sería aún mejor que despidiera a esas legiones de analistas que no son capaces de analizar nada.

Desde luego, es obvio que el Banco deja de publicar previsiones porque las que elabora traen muy malos augurios.

Bruselas asume el control del mercado energético europeo

Ayer la Comisión Europea pidió a los Estados miembros que para el 1 de agosto reduzcan su consumo de gas en un 15 por cien. En caso de dificultades, el objetivo pasaría a ser vinculante. Los titulares de los medios de comunicaciónn no dejan lugar a dudas sobre el verdadero alcance de la medida. El periódico francés Le Figaro lo explica así:

“El miércoles 20 de julio, Europa pasó a una economía de guerra. La Comisión presentó su plan de batalla destinado a preparar a la UE para el peor de los escenarios, es decir, una ruptura total del suministro de gas ruso. Para que conste, Rusia suministró unos 150.000 millones de m3 de gas en 2021, es decir, el 40 por cien de las importaciones de la UE. Mientras Vladimir Putin lleva varios meses jugando con los nervios de Europa en represalia por las sanciones impuestas en respuesta a la guerra de Ucrania, y mientras hay preocupación por la reanudación del gasoducto Nord Stream 1 -y con qué volumen- se espera el anuncio del jueves, la Comisión toma la delantera. ‘El objetivo es limitar los riesgos, mostrar a Putin y a los mercados que Europa podría superar una crisis así’, dice un diplomático” (*).

Para que no queden ambigüedades: Bruselas está a punto de tomar el control del mercado energético europeo y de la combinación energética de los Estados miembros. La Comisión cree que puede lograr algo que los países miembros no podrían por sí mismos y, desde luego, tratará de manera igual a países con infraestructuras energéticas muy diferentes. Algo más, por descontado: la Comisión Europea salta por encima de las empresas, públicas, pero también privadas, que tienen en sus manos la industria energética en Europa.

Ahora bien, reducir un 15 por cien el consumo de gas en Europa sirve para muy poco porque van a tener que recurrir a las reservas almacenadas. En consecuecia, si logran salvar este invierno, no lo van a lograr en el siguiente, como reconoce la propia Comisión Europea, si Rusia no mantiene el grifo abierto.

De momento, las noticias no son malas y esta mañana Rusia ha reanudado el suministro después de reparar la turbina del gasoducto Nord Stream 1.

Queda por ver hasta dónde llega esa solidaridad entre los diferentes Estados europeos o si, más bien, Bruselas ha tomado las riendas precisamente porque, por sí mismos, los Estados europeos no son nada solidarios entre sí. ¿Van a aceptar cortes de suministro unos países para que el gas vaya a los vecinos?

Esta mañana España ya ha dejado caer que no.

Bruselas se apoya en el artículo 122 del Tratado de la Unión Europea para adaptarse al peor escenario posible. Dicho artículo establece que “el Consejo, a propuesta de la Comisión, podrá decidir, con un espíritu de solidaridad entre los Estados miembros, medidas adecuadas a la situación económica, en particular si surgen dificultades graves en el suministro de determinados productos, especialmente de energía”.

Lo mismo que en la pandemia, la Comisión divide a los sectores económicos en “esenciales” y “no esenciales” y publica una lista de industrias cuya actividad deberá ser protegida en caso de crisis. En ellos están incluidos la defensa y la seguridad, la salud, la alimentación, los fertilizantes y el medio ambiente.

Los hospitales y las escuelas no se verán afectados, pero se les pide que reduzcan la calefacción y pongan el aire acondicionado a cierta temperatura. Las industrias en las que es muy complicado o imposible detener las líneas de producción también se salvarán.

Los demás sectores deberán estar preparados para parar la producción en las próximas semanas y meses, lo que nos devuelve a los cierres de empresas “no esenciales” durante el confinamiento, seguidos de los ERTE y las reducciones de jornada.

Es el manual más básico de la economía de guerra: inflación y carestía de la vida, racionamiento, recortes…

(*) https://www.lefigaro.fr/international/gaz-l-europe-bascule-dans-une-economie-de-guerre-20220720

Los fertilizantes en la nueva economía de guerra

Algunos países han decidido limitar el uso de fertilizantes y pesticidas en la agricultura por su impacto ecológico. Siguiendo un programa de la ONU para la protección del medio ambiente, el año pasado Sri Lanka prohibió los fertilizantes sintéticos. La producción agraria colapsó y los campesinos salieron a la calle a protestar.

Lo mismo ha ocurrido en la Unión Europea con el programa “Del campo a la mesa”, que prevé una reducción del 20 por cien de los fertilizantes para 2030. Los agricultores holandeses también se han puesto en pie de guerra, ante el cierre eventual de muchas explotaciones agrícolas.

La situación no es muy diferente en Polonia y Alemania, donde los agricultores se unieron rápidamente al movimiento holandés por razones similares.

El rendimiento de los cultivos podría reducirse a la mitad sin fertilizantes.

A las consideraciones ecológicas se añade el precio de los fertilizantes, directamente ligados al precio de la energía, que actualmente se han disparado. Además, los fertilizantes están sometidos a las sanciones contra Rusia, que es uno de los mayores exportadores mundiales. Rusia produce aproximadamente 50 millones de toneladas de fertilizantes por año, lo que equivale al 13 por cien de la producción mundial. Entre los principales ingredientes se encuentran la potasa, los fosfatos y los derivados del nitrógeno, que son claves para el cultivo de cereales.

Uno de los rusos sancionados es Andrey Guryev, presidente de Phos­Agro, el mayor productor europeo de fertilizantes a base de fosfatos.

No obstante, el problema es anterior a la guerra. A finales de 2021 los fabricantes de urea redujeron la producción al dispararse los costes de su principal ingrediente: el gas natural.

También el año pasado China redujo las exportaciones de nutrientes para los cultivos en respuesta a los altos precios de los cereales.

Los agricultores tailandeses advierten de que podrían tener que cerrar sus negocios si se mantienen los precios de los fertilizantes.

En Sri Lanka, la drástica caída de los rendimientos de las cosechas llevó al gobierno a anular la prohibición de los fertilizantes, antes incluso de las movilizaciones populares que lo derribaron este verano.

Al principio de la guerra el periódico Los Angeles Times decía que Estados Unidos y sus aliados habían utilizado la economía mundial como arma de guerra contra Rusia. Ahora todos dicen lo contrario: es Rusia quien está utilizando la economía como arma de guerra.

No se aclaran.

China se desprende de la deuda estadounidense

La cartera china de títulos del Tesoro estadounidense cayó por debajo del billón de dólares en mayo por primera vez en más de una década.

China, el segundo mayor tenedor extranjero de deuda pública estadounidense, ha reducido su cartera durante seis meses consecutivos, desde los 1,08 billones de dólares del pasado noviembre hasta los 980.800 millones de mayo. Supone un descenso del 9 por cien, casi 100.000 millones de dólares en términos absolutos.

La última vez que China tuvo menos de un billón de dólares en bonos del Tesoro estadounidense fue en mayo de 2010 (843.700 millones de dólares).

Japón, el mayor tenedor extranjero de deuda pública estadounidense, también ha reducido recientemente su cartera. En los seis meses que van de noviembre a mayo, se redujo en casi 116.000 millones de dólares, hasta los 1.212.000 millones de dólares.

El mes pasado, la deuda de Estados Unidos era de algo más de 30,4 billones de dólares. Washington se esfuerza por contener la inflación desbocada, que en junio alcanzó un máximo de 41 años, el 9,1 por cien. La Reserva Federal de Estados Unidos subió su tipo de interés de referencia en 0,75 puntos porcentuales en junio, desatando las advertencias de una posible recesión. Podría introducirse un nuevo aumento en una próxima reunión la semana que viene.

La subida de los tipos de interés ha hecho que los bonos del Tesoro de Estados Unidos sean potencialmente menos atractivos, pero la caída de la cuota de China también podría atribuirse a los esfuerzos de Pekín por diversificar su cartera de deuda externa.

La nueva política de bloques

Hace tiempo que el mundo se ha llenado de muros, vallas e incluso de nuevos telones de acero, desmintiendo las promesas de felicidad que propalaron en 1990. Los muros no sólo son físicos, sino también virtuales, que no se ven a simple vista. Es la política de bloques, característica del imperalismo.

Quien ha construido los bloques no son “unos y otros” sino las grandes potencias occidentales, creyendo que esa era la única manera de frenar su decadencia. En 1945 impusieron los acuerdos de Bretton Woods, luego desvincularon al dólar del oro y ahora ya no les interesa nada de aquello. Ellos lo edificaron y ellos lo están destruyendo.

Vuelven las aduanas, las zonas monetarias y los acuerdos preferenciales. Los países se protegen y se asocian con otros países, formando bloques que empiezan siendo económicos y luego diplomáticos y militares. Es la nueva autarquía y la subordinación de la economía a la guerra.

Cada vez será más difícil comunicarse entre determinadas zonas económicas y monetarias. El mercado mundial languidece. Los bancos centrales van a emitir su propias monedas virtuales, lo que va a reforzar la fragmentación del sistema monetario mundial, construido en los años setenta.

Unos países marcan la pauta y otros (China, Rusia, pero también otros) juegan al contraataque y buscan métodos de pago alternativos para salir del pozo al que quieren destinarles.

Las sanciones conducirán a una fragmentación de los sistemas de pago mundiales, tanto para las transferencias al por mayor como para los pagos al por menor, lo que dará paso a zonas comerciales concéntricas, y a veces competidoras.

En la 14 cumbre de los países Brics, celebrada el pasado mes de junio, Putin hizo un llamamiento a crear un sistema de pago para construir “un sistema mundial verdaderamente multipolar”.

Rusia lleva trabajando en ello desde 2014, tras el Golpe de Estado en Ucrania. Ahora cuenta, además, con el apoyo oficial de China.

“Para un grupo que sólo representa una décima parte de la población mundial, el G7 no tiene ninguna cualificación para hablar en nombre de todo el mundo, y mucho menos para adoptar sus propios valores y normas como los valores y normas internacionales universales”, recalcó Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, el 29 de junio tras la reunión del G7.

En los treinta años transcurridos desde la caída de la Unión Soviética, China y Rusia han mejorado mucho sus relaciones y el comercio se ha multiplicado por 14 en veinte años. El enfrentamiento paralelo entre China y Estados Unidos ha reforzado aún más estos lazos.

En 2014 Rusia se comprometió a crear un sistema equivalente a Swift para la transferencia interbancaria de mensajes, llamado SPFS. La idea es, en efecto, replicar la mensajería Swift, y las autoridades rusas han animado encarecidamente a los bancos del país a sumarse a este sistema, que ya cuenta con unas 400 entidades, casi todas rusas.

Ningún banco europeo o estadounidense, ni siquiera el banco ruso Tinkoff, antes de ser nacionalizado, ha aceptado unirse al sistema SPFS, que está muy lejos de los cerca de 11.000 bancos que utilizan la red Swift las 24 horas del día.

La misma política se ha aplicado al sistema de tarjetas bancarias en un intento de romper la dependencia de las redes americanas Visa y Mastercard. Propiedad del banco central ruso, e impuesta de hecho al público por el gobierno, la red Mir compensa las transacciones con tarjetas bancarias realizadas en Rusia.

Sin embargo, Mir se utiliza casi exclusivamente para las transacciones nacionales. En el extranjero, debe ser de marca compartida con un socio extranjero, como Mastercard o la china UnionPay.

Las iniciativas rusas se topan con un obstáculo importante: el de su no aceptación por parte de los grandes bancos internacionales y los grandes sitios comerciales. De ahí las promesas de una alianza entre Rusia y China en el ámbito de los pagos.

Se trata del proyecto ruso de convergencia de la red del SPFS con el sistema chino de mensajería interbancaria CIPS para crear una alternativa más creíble a la red Swift. Pero también aquí queda mucho camino por recorrer, ya que la cuota del yuan en el comercio internacional sigue siendo marginal (entre el 2 y el 3 por cien) y el CIPS sigue teniendo poco peso en comparación con los volúmenes procesados por Swift. No se puede construir una infraestructura con protocolos aceptados por todo el mundo de la noche a la mañana, por no hablar del principal criterio de los intercambios interbancarios, la confianza.

Europa también quiere su propia alternativa a Swift

Pero China y Rusia no son los únicos que reclaman la soberanía sobre los pagos. El pasado mes de mayo el director del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, defendió la idea de “un sistema financiero multilateral cooperativo” para reducir la “excesiva” dependencia de una moneda, el dólar.

En un contexto de desacuerdo con la política de Estados Unidos hacia Irán, la Unión Europea lanzó INSTEX, una especie de alternativa a Swift pero limitada al comercio humanitario. El proyecto europeo IXB es más ambicioso: pretende crear un sistema de pago internacional casi instantáneo, al menos entre los dos lados del Atlántico. Está siendo lanzado por las cámaras de compensación EBA Clearing y The Clearing House y la red Swift, con 24 bancos en su fase piloto.

Europa está obligada a construir, ladrillo a ladrillo, su soberanía y a crear, por encima de la zona euro, una nueva zona financiera de intercambios con Estados Unidos y los países occidentales.

Esto requiere una fuerte consolidación europea de las infraestructuras, especialmente en el ámbito de la compensación. El proyecto europeo EPI, que por el momento se ha puesto a medio dormir sólo para el componente de las tarjetas bancarias, aunque pretendía crear un sistema europeo para hacer frente a los gigantes Visa y Mastercard, deberá retomarse más adelante, pero con nuevos planteamientos.

Estos diferentes sistemas de pago (por zona monetaria, o por zona de influencia entre aliados o, finalmente, a nivel mundial) necesariamente erosionarán gradualmente la posición de cuasi monopolio de Swift para los intercambios internacionales.

Sin embargo, el movimiento llevará años y Swift no desaparecerá de la noche a la mañana: el sistema de mensajería sigue teniendo capacidad para aceptar a todos los bancos y, sobre todo, conserva su condición de tercero de confianza entre los bancos, especialmente en caso de litigio. Será difícil que los nuevos sistemas sustituyan por completo a Swift, especialmente para los bancos pequeños.

Las monedas digitales

El hecho es que Swift es un sistema de mensajería electrónica que aún no ha sufrido una transformación digital. Sin embargo, a la nueva política de bloques que se está poniendo en marcha se suma otro reto más tecnológico, el de las monedas digitales, donde también hay una gran competencia.

La Bolsa de Londres quiere tomar la delantera en las stablecoins, Estados Unidos se centra en las plataformas de intercambio y China parece haber tomado la delantera en la moneda digital del banco central. Ha realizado pruebas piloto durante los Juegos Olímpicos de Pekín, en las que han participado incluso grandes empresas estadounidenses como McDonald’s.

China también está desarrollando un proyecto de moneda del banco central para pagos transfronterizos, llamado M-CBDC Bridge, en el que participan 22 instituciones financieras, entre ellas los seis bancos públicos chinos, pero también bancos de Hong Kong, Tailandia y Emiratos Árabes Unidos. Este proyecto, aún en una fase muy temprana, podría en teoría sustituir a Swift en los intercambios entre los países interesados. Los bancos rusos también podrían sumarse a esta iniciativa.

Rusia también pretende actuar con rapidez en este ámbito para sortear las sanciones. Su banco central multiplica los anuncios de pruebas exitosas sobre la moneda digital e incluso promete la puesta en marcha de un piloto a gran escala del rublo electrónico ya en 2023, es decir, un año antes de lo previsto. Por último, el conglomerado Rostec, muy vinculado al sector de la defensa ruso, acaba de anunciar un proyecto de blockchain para que los países extranjeros puedan pagar sus importaciones rusas.

Pero el rublo electrónico, al igual que el rublo, no puede ser aceptado fuera de Rusia. En cualquier caso, es probable que la aparición de la economía digital desafíe la actual hegemonía del dólar en los pagos internacionales.

Rusia también ha ganado la guerra del gas

El 13 de julio Gazprom declaró que, tras una suspensión de diez días por trabajos de mantenimiento programados desde hace tiempo, el flujo de gas a través del Nord Stream podría no reanudarse. La decisión causó pánico entre los operadores, pero no fue una sorpresa. Es otro caso de profecía autocumplida en las relaciones ruso-europeas desde el inicio de la guerra en Ucrania.

La trama es siempre la misma: los Estados miembros de la Unión Europea se ponen duros con Rusia, la sancionan, entregan armas a Ucrania y pretenden golpear su economía. Sin embargo, a cada paso la cuestión del gas vuelve a salir a la palestra, ya que Europa se da cuenta de que es imposible sustituir por completo el gas de Moscú a corto plazo sin enfrentarse a un verdadero terremoto energético. Esto hace que las sanciones sean nulas y ofrece un arma de presión que Rusia puede utilizar sin coste alguno.

Los gestos simbólicos y demostrativos, las interrupciones o cortes de suministro y las declaraciones son calibrados cada vez por Moscú en un hábil juego de guerra psicológica contra Occidente. Sabiendo, como entiende Rusia, que los mercados, en los que se delega en gran medida la necesidad de fijar el precio de la energía en Europa, sufrirán tensiones e incertidumbres.

Los ganadores son los rusos. Europa trata de diversificar sus suministros con cautela, alejándose de la excesiva dependencia actual de Moscú. Pero no puede prescindir por el momento de algunas de las importaciones restantes del este. Gracias a la estrategia de presión de Moscú, los precios se disparan y Rusia puede armarse aumentando su caja energética incluso en un contexto de disminución de los suministros de Europa: al menos 530 millones de euros diarios han sido garantizados por la Unión Europea a Rusia para las compras de energía desde el 24 de febrero. En unos 140 días de guerra, eso supone 74.200 millones de euros.

Las importaciones europeas encabezan los ingresos rusos. Rusia obtuvo 93.000 millones de euros en ingresos por exportaciones de combustibles fósiles, incluido el carbón, en los primeros 100 días de la guerra (del 24 de febrero al 3 de junio). Estamos hablando de un superávit comercial sin precedentes. La Unión Europea importó el 61 por cien, por valor de unos 57.000 millones de euros.

La dependencia es declarada explícitamente por Europa, que no ha entendido la estrategia de guerra sicológica ensayada por Moscú desde el verano del año pasado. La crisis de precios del pasado invierno puso de manifiesto que Rusia suministraba al noroeste de Europa volúmenes de gas inferiores a los de los años anteriores a la pandemia. En concreto, entre septiembre y octubre del año pasado, cayeron alrededor de un 17 por cien. Mientras tanto, la curva de precios ha mostrado una impresionante subida. El 6 de octubre, las noticias sobre posibles problemas en la certificación del Nord Stream 2 hicieron subir los precios un 30 por cien en pocas horas, hasta los 116,83 euros por MWh.

El 21 de diciembre los envíos rusos a Alemania a través del oleoducto Yamal-Europa cayeron sin explicación alguna, provocando el pánico. El precio, que un mes antes era de 87 euros por MWh, se disparó a 179,18 euros. La guerra en Ucrania no hizo más que prolongar lo que ya estaba en marcha desde hace tiempo: en tiempos de tensión política, a Moscú le conviene tirar de la cuerda y desatar el caos.

El 3 de marzo Rusia cortó el suministro tras la decisión de Alemania de no certificar el Nord Stream 2, lo que hizo que el precio del gas europeo superara por primera vez los 200 euros. La misma dinámica se produjo el 26 de abril siguiente, cuando se cortó el suministro de gas a Polonia y Bulgaria: el precio subió más de un 25 por cien en cuestión de horas, después de haber bajado a los niveles anteriores a la guerra, lo que llevó a muchos países a hacer tratos con Rusia para pagar los contratos en rublos. Después de que en mayo se produjera un nuevo parón, bajando el gas a 80 euros por MWh tras las políticas iniciales de diversificación, a mediados de junio se produjo un nuevo repunte cuando, con motivo del viaje de Mario Draghi, Olaf Scholz y Emmanuel Macron a Kiev, Rusia cortó el suministro a Italia y Alemania.

Desde entonces, la victoria de Rusia ha sido definitiva, lo que ya se podía adivinar por las palabras sobre el “desempleo y la pobreza masivos” a los que se arriesgaba Alemania sin el gas ruso, según el ministro de Economía Robert Habeck, pronunciadas el 15 de marzo. ¿El resultado? Los precios subieron de 81 a 181 euros entre el 13 de junio y el 13 de julio.

Cada vez que el precio se estabiliza o baja, Rusia lanza tácticas de presión y una guerra económica híbrida a la que Europa reacciona desordenadamente, poniéndose entre la espada y la pared y haciendo explícita su dependencia de Rusia.

Con las sanciones, el arma energética se ha convertido en un instrumento legítimo (y previsible) de presión para Rusia, y Europa hará bien preparándose para evitar que Moscú lo explote cuando se acerque el invierno. Los países europeos han estado enviado arsenales de armas a Ucrania y no pueden esperar otra cosa que pasar frío, e incluso hambre.

El petróleo ruso inunda Oriente Medio

Las exportaciones de petróleo ruso a Oriente Medio se dispararon en junio y se espera que vuelvan a aumentar en julio. El mes pasado los envíos rusos de productos petrolíferos a Oriente Medio alcanzaron su nivel más alto en al menos seis años, mientras que las entregas a Europa cayeron alrededor de un 30 por cien.

Los países de Oriente Medio importaron unos 155.000 barriles de combustible ruso al día en junio, el nivel más alto desde al menos principios de 2016. Los datos también muestran que las importaciones empezaron a crecer rápidamente en febrero, cuando Moscú lanzó su operación militar en Ucrania, lo que provocó que Estados miembros de la Unión Europea y otras naciones occidentales impusieran sanciones a Rusia, incluidas sus exportaciones de combustible.

Más de un tercio de todas las importaciones de combustible ruso se dirigieron al puerto de Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos. Las entregas rusas consistieron principalmente en fuel, pero también en gasolina, combustible para aviones y gasóleo, así como otros productos petrolíferos.

Los analistas prevén que los envíos de combustible ruso a Oriente Medio en julio superen los de junio y superen los 220.000 barriles diarios.

Los envíos representan sólo una fracción del total de las exportaciones de petróleo de Rusia y no pueden compensar la caída de los envíos a Europa, que se redujeron en más de 500.000 barriles diarios de febrero a junio, dice Bloomberg, aunque es una ficción. El petróleo ruso que llega a Oriente Medio se desvía luego a Europa a un precio mucho más elevado, por lo que Rusia gana más vendiendo menos.

La Unión Europea impuso un embargo parcial al petróleo ruso el mes pasado, mientras reducía gradualmente los envíos incluso antes, ya que Estados Unidos prohibió los envíos de petróleo ruso en marzo.

La prohibición de la Unión Europea afectará a los envíos de petróleo ruso en alta mar y entrará en vigor en diciembre. Moscú considera que las sanciones de la Unión Europea y de Estados Unidos son ilegales y está tomando medidas para diversificar sus exportaciones, incluso reorientándolas hacia China e India.

Lo mismo que los países de Oriente Medio, luego la India revende el crudo a Europa a un precio muy superior.

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