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La siderúrgica ArcelorMittal arroja la toalla de la transición energética

A pesar de contar con un presupuesto de 2.500 millones de euros y una cofinanciación pública de 1.300 millones, la siderúrgica ArcelorMittal arroja de la toalla. No cumplirá la transición energética.

El 19 de junio la empresa confirmó el abandono de un importante programa de descarbonización en sus plantas siderúrgicas alemanas. Es un indicador del fracaso de las actuales políticas verdes en Europa.

El proyecto inicial contemplaba la conversión de las plantas de Bremen y Eisenhüttenstadt. ArcelorMittal planeaba sustituir los altos hornos convencionales por unidades que combinan hornos de arco eléctrico (EAF) y plantas de reducción directa de mineral de hierro (DRI) que utilizan hidrógeno verde. Esta configuración habría permitido una reducción sustancial de las emisiones de CO2 (hasta un 90 por cien en algunos ciclos), siempre que la electricidad requerida procediera de fuentes llamadas “renovables”.

El aumento del coste de la electricidad en Alemania ha socavado el plan, que se basaba en la disponibilidad sostenida de hidrógeno llamado “verde”. Pero la producción de hidrógeno no se ha industrializado a gran escala y es cara a corto plazo.

La decisión del monopolio no se debe a un rechazo del principio de descarbonización, sino a una decisión racional ante la crisis energética. ArcelorMittal admite que la producción de acero con bajas emisiones de CO2 no es rentable, incluso después de embolsarse importantes subvenciones públicas.

ArcelorMittal se había comprometido a reducir sus emisiones en un 35 por cien en Europa para 2030, pero el bloqueo a Rusia ha disparado los precios de la electricidad en Alemania, amenazando con una fuga de empresas hacia terceros países.

Alemania se enfrenta a un colapso industrial

En el segundo trimestre de este año, la economía alemana se contrajo un 0,3 por cien, una cifra mucho peor de lo previsto. Las empresas que cotizan en bolsa están bajo una enorme presión. Han recortado plantillas a gran escala: 30.000 trabajadores menos en un año, lo que confirma el declive industrial del país. Esto corresponde a una disminución del 0,9 por cien. Es probable que la oferta de mano de obra siga disminuyendo.

La crisis energética de Alemania ha llegado al punto de frenar la expansión de los centros de datos de inteligencia artificial por la carestía de suministro eléctrico. La escasez de la red eléctrica está provocando el estancamiento de los proyectos de construcción de nuevas bases de datos. Las enormes necesidades energéticas de la inteligencia artificial superan el desarrollo de las redes eléctricas y obstaculizan gravemente el crecimiento.

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El número de tifones en el Océano Pacífico se ha reducido desde los años cincuenta

Las fantasmadas sobre el calentamiento afirman que el clima mundial se está volviendo más inestable y que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes. Como consecuencia de ello, va en aumento el número y la intensidad de tormentas, tornados, tsunamis, tifones…

Al ser el océano más extenso del mundo, el Pacífico es también el epicentro de los tifones más fuertes registrados en la historia. Estas tormentas traen consigo lluvias torrenciales, fuertes vientos y marejadas ciclónicas que pueden devastar áreas costeras.

Los tifones son ciclones tropicales que se forman en el Océano Pacífico noroeste. Se caracterizan por los fuertes vientos y las lluvias intensas. Su energía deriva de las aguas oceánicas cálidas. La temperatura de la superficie del mar necesita ser de al menos 27°C para la formación de tifones. A medida que avanza el verano, el océano se calienta, proporcionando el calor y la humedad necesarios para alimentar los ciclones tropicales.

Si la temperaturas de las aguas aumenta, se producirán más tifones, pronostican algunos. “Existe consenso en que las tormentas actuales son más frecuentes, intensas y destructivas. Esto se debe a varios factores, incluyendo el aumento de las temperaturas oceánicas, que proporcionan más energía a estos fenómenos atmosféricos” (1).

Es erróneo. Un análisis de los datos reales de la Agencia Meteorológica de Japón (2) indica lo contrario. No hay un número mayor de fenómenos meteorológicos extremos, por lo menos en lo que respecta a los tifones en el Océano Pacífico desde los años cincuenta.

El número promedio de tifones que se forman anualmente en el Océano Pacífico ha disminuido de unos 27 en 1951 a aproximadamente 25 en la actualidad:

El número de tifones que azotan Japón cada año tampoco ha aumentado desde 1951. No se aprecian cambios, no aparece ninguna tendencia, como muestra el siguiente gráfico:

En cuanto al número de tifones que tocan tierra, tampoco se observa ningún aumento.

La mayoría de los tifones ocurre en el verano y desde 1951 el número de los que se formaron en julio cada año presenta una ligera tendencia a la baja. Los tifones se producen en julio con mucha mayor frecuencia en las décadas de los cincuenta y sesenta. Este año, sin embargo, hemos visto un mes de julio activo.

El número de tifones en el Océano Pacífico durante el período de enero a julio de cada año se mantiene dentro del promedio y la tendencia anual para el período también es de descenso.

(1) https://neurotectura.com/2024/11/11/aumento-de-huracanes-y-tifones-cambio-climatico-y-urbanizacion-en-riesgo/
(2) https://www.data.jma.go.jp/typhoon/statistics/generation/generation.html

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Los centros urbanos elevan considerablemente los registros de temperaturas

Un reciente estudio científico realizado en 10 ciudades de todo el mundo ha revelado que los aeropuertos y los centros industriales tienen, en promedio, una temperatura superior entre 2,5°C y 2,8°C más cálida que las zonas verdes colindantes (*).

“Los aeropuertos mostraron una temperatura media diurna de la superficie terrestre (TST) 2,5°C superior a la de las zonas circundantes, mientras que las zonas industriales mostraron una disparidad de temperatura aún mayor, con un aumento promedio de 2,81°C”, dice el estudio.

Es una de las consecuencias del efecto “isla de calor urbana”, que contribuye a elevar considerablemente los registros de las estaciones meteorológicas. Los aeropuertos y los centros industriales son hasta 12°C más calientes que las zonas cercanas boscosas y con vegetación.

A pesar de ello, en ciudades como Bilbao las temperaturas se toman en el aeropuerto de Loiu, lo que proporciona registros bastante más elevados que si se tomaran en otro lugar. En la Ciudad de México, dice el estudio, las zonas verdes son hasta 12,13°C más frías que su núcleo urbano.

Las tendencias de calentamiento en las últimas décadas se limitan generalmente a las zonas urbanas, mientras que las zonas no urbanas se han estado enfriando. Por ejemplo, entre 2001 y 2021, las zonas urbanas se calentaron +0,04°C cada año, pero las zonas con vegetación, tierras baldías y masas de agua se enfriaron -0,07°C, -0,03°C y -0,04°C cada año, respectivamente, en la ciudad china de Chongqing.

Las zonas frías caracterizadas por vegetación densa mostraron un notable efecto de enfriamiento, con diferencias en la temperatura superficial del agua (LST) de -3,7°C. De igual manera, la proximidad a masas de agua contribuyó a la mitigación de la temperatura, ya que las zonas cercanas a fuentes de agua importantes registraron menores diferencias en la LST diurna, con un promedio de -4,09°C.

(*) https://www.mdpi.com/2413-8851/9/4/115

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Las ciudades australianas quedan cubiertas con la capa de nueve más gruesa

Ayer un titular del periódico australiano The Telegraph decía: “Varias ciudades del este de Australia quedaron cubiertas con su capa de nieve más gruesa desde hace décadas mientras el clima salvaje barrió la zona durante el fin de semana” (*).

Coches, techos y jardines quedaron completamente blancos, ya que un frente de aire frío dejó hasta 40 centímetros de nieve en partes del norte de Nueva Gales del Sur el sábado, la mayor desde mediados de la década de los ochenta.

La nieve también se asentó en áreas de la provincia de Queensland por primera vez en diez años, lo que ha provocado cortes en las carreteras. Más de 200 vehículos quedaron varados sobre el asfalto debido a la nieve.

Las tormentas dañaron edificios y se emitieron importantes advertencias de inundaciones. La lluvia comenzó a disminuir el domingo, pero el gobierno evacuó partes de Nueva Inglaterra, en Nueva Gales del Sur, ante el riesgo de inundaciones.

Está siendo un invierno muy duro en Australia, ya que el frío ha aumentado la demanda de electricidad, lo que ha provocado numerosos cortes de suministro. Combinada con fuertes lluvias y tormentas, la nieve ha provocado más de 1.455 incidentes, según el servicio de emergencias de Nueva Gales del Sur. Se espera que miles de viviendas permanezcan sin electricidad durante otras 24 horas, mientras que se han reportado ampliamente cortes de teléfonos móviles en toda la zona.

El pasado mes de julio la provincia de Queensland alcanzó un nuevo récord de demanda energética por la noche, un día después de que la provincia de Victoria alcanzara el mismo hito.

También en julio gran parte del este de Australia registró temperaturas inferiores a la media. El operador australiano de la red eléctrica informó que Queensland había alcanzado un nuevo récord de demanda operativa máxima invernal de 8.728 megavatios, lo que representa un aumento de 12 megavatios con respecto al récord anterior, establecido el 4 de julio de 2022.

Algunas zonas de la provincia, al sur de Brisbane, quedaron cubiertas de nieve por primera vez en casi una década, debido a que las bajas temperaturas y los fuertes vientos afectaron a las regiones del sur.

Brisbane experimentó su mañana más fría en más de un año, con temperaturas que alcanzaron los 7,4ºC justo antes de la madrugada.

El récord de demanda máxima de Queensland se estableció el 22 de enero, cuando las temperaturas extremas y la humedad impulsaron la demanda de electricidad de la red eléctrica a un máximo de 11.005 megavatios a las 5:00 de la tarde.

El martes Victoria batió un récord de 17 años de demanda máxima invernal, con temperaturas hasta seis grados por debajo del promedio para esta época del año. El operador de la fred eléctrica registró una demanda de 8.612 megavatios a las 18:00 horas, un aumento de más de 250 megavatios respecto al récord anterior, establecido en julio de 2007.

(*) https://www.telegraph.co.uk/world-news/2025/08/03/australia-snowfall-new-south-wales-queensland-floods/

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Las inundaciones de Texas según los medios de intoxicación

Las inundaciones del pasado mes de julio en Texas causaron la muerte de al menos 135 personas, de las que 117 ocurrieron en el condado de Kerr. Después de las de Valencia, ha sido otra oportunidad para que los medios de intoxicación vuelvan a la carga con las pesadillas de los fenómenos meteorológicos extremos y el cambio climático.

“La catástrofe de las inundaciones de Texas muestra la vulnerabilidad de millones de personas frente a fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más frecuentes”, tituló Univisión de manera tópica (1).

El cambio climático no sólo causa sino que “agrava” inundaciones como la de Texas, a la que Euronews califica de “única” en cien años (2). También es mentira. Entre 1998 y 2000 las inundaciones en Texas se cobraron más de 100 vidas, obligando a evacuar a más de 50.000 personas.

Texas ostenta la mitad de los récords mundiales de precipitaciones de corta duración y tiene una gigantesca superficie de llanura aluvial, a la que llaman “Flash Flood Alley” (El Callejón de las Inundaciones Repentinas), que se extiende desde Dallas hasta Del Río, bordeando la región montañosa. Es una de las zonas más propensas a inundaciones en Estados Unidos.

Lo mismo que en el caso de Valencia, el fenómeno es tan frecuente, que tiene su propia literatura y sus propias películas y documentales. Por ejemplo, el periódico San Antonio Express News documentó la inundación de 1978 que mató a 25 personas en la zona de Hill Country y sus alrededores (3).

Al igual que en el desastre del mes de julio, la causa de las inundaciones de 1978 fue una tormenta tropical, llamada “Amelia”, que se disipó arrancando cipreses centenarios de más de dos metros de diámetro.

Los intoxicadores, como Euronews, dicen que la inundación de Texas ha sido “única” porque no les basta con falsificar la actualidad, sino que tienen que hacer lo mismo con el pasado y con el futuro, porque mañana todo será mucho peor, sobre todo estos “fenómenos meteorológicos extremos” que, según la ONU, serán “cada vez más corrientes y difíciles de predecir por los modelos meteorológicos“ (4).

En efecto, los modelos no son capaces de predecir las inundaciones, de la misma manera que tampoco son capaces de predecir el clima. El motivo es que no son tales “modelos meteorológicos”, como pretende la ONU, sino simples programas informáticos que han demostrado su falta de consistencia demasiadas veces.

A pesar de ello, Mónica Monsalve vuelve desde las páginas de El País con las tradicionales letanías seudocientíficas: “Un estudio publicado en la revista Nature en 2022, encontró que, si el mundo sigue el rumbo del cambio climático sin tomar acciones, Texas está entre los Estados que experimentarán el mayor aumento de pérdidas medias anuales por inundaciones de aquí a 2050, con un incremento de más del 900%”, escribe (5).

Lo cierto es que el estudio “científico” al que se refiere (6) no es tal porque, como es costumbre, sustituye la realidad por el ordenador, a lo que se añaden predicciones catastróficas que jamás se van a cumplir.

No hay más que leer a otro elenco de charlatanes, como los que se agrupan en torno al periódico mexicano El Financiero, donde se entremezclan las sequías con las inundaciones (7) para que las predicciones no fallen nunca: si hay sequía es el cambio climático y si hay inundaciones también es el cambio climático.

Cuando se pasa del teclado a los registros de las precipitaciones en la región de Kerr, que se conocen desde finales del siglo XIX, las conclusiones son muy contundentes: no han cambiado en ningún sentido; no llueve más ni llueve menos.

Lo mismo se puede decir de otras tres estaciones meteorológicas cercanas, Boerne, Fredericksburg y Hondo, que tampoco muestran tendencias pluviométricas significativas en ninguna dirección. La conclusión es que en un siglo el volumen de precipitaciones no ha cambiado en Texas.

Lo mismo que en el caso de Valencia, se pueden producir inundaciones repentinas en lugares en los que no ha llovido porque el agua fluye río abajo desde otro lugar, por lo que es necesario analizar la topografía local, además de las precipitaciones.

En otras palabras, las inundaciones periódicas que se producen en el “corredor” tejano no son consecuencia de cambios en la lluvia, sino de otros fenómenos atmosféricos, como los huracanes o las tormentas tropicales, por ejemplo. Sería mucho más certero decir, como la cadena CBS, que la tormenta Barry fue uno de los desencadenantes de las inundaciones del mes pasado: “Las fuertes lluvias procedentes de la humedad remanente de la antigua tormenta tropical Barry cayeron rápidamente en la región montañosa de Texas durante la madrugada del viernes, provocando que el río Guadalupe, en las afueras de San Antonio, creciera 8 metros en tan solo 45 minutos” (8).

A pesar de lo que digan los medios, el informe más reciente del IPCC (AR6) afirma que hay “poca confianza en los cambios observados en la magnitud o frecuencia de las inundaciones a nivel mundial”.

Pero los agoreros pasan por alto este tipo de afirmaciones del IPCC; prefieren pintar de negro sus pronósticos porque se venden mejor.

(1) https://www.univision.com/noticias/estados-unidos/inundaciones-en-texas-muertos-alerta-nacional-cambio-climatico
(2) https://es.euronews.com/green/2025/07/07/una-inundacion-unica-en-100-anos-como-el-cambio-climatico-ha-agravado-la-catastrofe-en-tex
(3) https://www.expressnews.com/news/article/texas-1978-storm-lessons-2025-camp-mystic-flood-20766855.php
(4) https://news.un.org/es/story/2025/07/1540138
(5) https://elpais.com/america-futura/2025-07-09/las-mortales-inundaciones-de-texas-presagian-las-nuevas-tormentas-perfectas-bajo-el-cambio-climatico.html
(6) https://www.nature.com/articles/s41558-021-01265-6
(7) https://www.elfinanciero.com.mx/mundo/2025/07/06/sequia-y-cambio-climatico-asi-se-propiciaron-las-letales-inundaciones-repentinas-en-texas/
(8) https://www.cbsnews.com/news/texas-flooding-guadalupe-river-how-much-rain-fell-national-weather-service/

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Las aguas del Atlántico Norte se están enfriando desde hace más de cien años

Rectificar no es de sabios. A casi nadie le gusta rectificar, sobre todo si ha repetido sus errores una y otra vez. A algunos científicos les ocurre, y se aferran a sus tonteorías como a un clavo ardiendo. Por ejemplo, cuando los “expertos” tienen que reconocer que ciertas regiones del planeta no están experimentando un calentamiento sino un enfriamiento, cambian el lenguaje para hablar de “agujeros de calentamiento”. Son fenómenos excepcionales, locales, anomalías que no cambian la tendencia general.

Se salen del promedio, dice la revista seudocientífica Biology Insights (1), que ignora que para que haya un promedio tiene que haber cifras por encima y por debajo, menores y mayores. En una parte del mundo hace calor porque es verano y en la otra hace frío porque es invierno. Las dos cosas se producen al mismo tiempo y no son fenómenos extraordinarios sino absolutamente normales.

“Estas tendencias regionales de enfriamiento pueden persistir durante décadas, influenciadas por una combinación de ciclos naturales y otros factores. Por ejemplo, se ha observado un agujero de calentamiento en el centro de Estados Unidos, donde las temperaturas diurnas de verano han mostrado una tendencia al enfriamiento desde mediados del siglo XX”, dice la revista.

El requiebro verbal sirve para “explicar” el enfriamiento de las aguas del Atlántico Norte, concretamente en la región subpolar al sur de Groenlandia. La revista dice que es una zona que ha mostrado una “tendencia persistente al enfriamiento durante más de un siglo”, un fenómeno a veces denominado “mancha fría”. Si bien las temperaturas promedio del planeta han aumentado aproximadamente 1ºC durante el último siglo, esta zona específica del océano se ha enfriado hasta 0,9ºC.

El enfriamiento es más evidente en los datos de temperatura superficial del mar, que muestran una distintiva mancha azul, o fría, en los mapas que ilustran los cambios de temperatura del planeta. Es un fenómeno que se observa también en las profundidades del océano, hasta los 3.000 metros, lo que indica que el fenómeno no se limita a un efecto superficial, sino a toda la columna de agua.

El artículo acaba enredado en especulaciones de todo tipo, salpicadas de “quizás” y “es posible”, como por ejemplo que el nivel del mar a lo largo de la costa este de Estados Unidos puede aumentar a un ritmo tres o cuatro veces superior al promedio mundial.

Además de las conjeturas, volvemos a los promedios y a los tópicos. Hay que recordarles a los “científicos” de Biology Insights un artículo publicado en febrero en la revista Nature en el que se demuestra que el nivel del mar no ha subido en los últimos dos mil años, al menos en la costa atlántica de África (2). Por el contrario, ha bajado.

Quizá en la costa de Estados Unidos la situación sea distinta, o sea, que el nivel del mar en el Atlántico no tenga los mismos movimientos en todas partes.

(1) https://biologyinsights.com/the-warming-hole-why-the-north-atlantic-ocean-is-cooling/
(2) https://www.nature.com/articles/s41467-025-56721-0

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El Ártico se ha enfriado a pesar de que la concentración de CO2 ha aumentado

La doctrina del calentamiento del planeta predica que el aumento del CO2 está impulsando la subida de las temperaturas atmosféricas. Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista científica Nature indica todo lo contrario (*).

Durante el Holoceno, es decir, hace unos diez mil años, las temperaturas del Ártico eran hasta 9ºC más altas que las actuales, a pesar de que en aquella época la concentración atmosférica de CO2 rondaba las 260 partes por millón.

El año pasado la concentración fue notablemente más alta: 420 partes por millón, es decir, que ha subido un 160 por cien.

Durante los siguientes diez mil años se ha producido el fenómeno opuesto al que pregona la doctrina: la concentración de CO2 ha aumentado, mientras que el Ártico se ha enfriado.

El estudio, que se llevó a cabo en el archipiélago de Svalbard, al noroeste de Noruega, también afirma que -posiblemente- la pérdida de hielo debido a la temperatura fue compensada por el aumento de las nevadas, ya que los glaciares y los casquetes polares de la región no sólo responden a las variaciones de temperatura, sino también a las precipitaciones.

Ambos fenómenos, tanto la temperatura como la humedad, cambian muy rápidamente en el Ártico, mucho más que en cualquier otro rincón de la Tierra. El estudio no se atreve a hacer predicciones sobre el balance de masa de los glaciares porque “los datos de las estaciones meteorológicas árticas son escasos, y las nevadas a menudo se miden incorrectamente”.

“Las simulaciones subestiman los aumentos observados de las precipitaciones y discrepan sobre la distribución estacional del cambio futuro”, añaden los autores. En el pasado algunos glaciares del Ártico ya sobrevivieron a temperaturas bastante más cálidas que las actuales.

(*) https://www.nature.com/articles/s43247-025-02064-z.pdf

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En pleno verano caen fuertes nevadas en la costa turca del Mar Negro

El 20 de marzo de 2000 el periódico británico The Independent informaba de que la nieve desaparecería de nuestras vidas. La noticia no la había inventado el periódico sino David Viner, un seudocientífico de la Universidad de East Anglia, el oráculo de la climatología moderna.

Lo más lógico es que la nieve empezara a remitir durante los estíos, pero no es así. En pleno verano las temperaturas han descendido drásticamente en las zonas montañosas del interior de Rize, una ciudad en la costa noreste de Turquía, en el Mar Negro, a unos 120 kilómetros de la frontera con Georgia. Las típicas mesetas de exuberante vegetación estival se han transformado en paisajes nevados.

Los meteorólogos señalan que, si bien la nieve de verano en las montañas de Kaçkar no es un fenómeno sin precedentes, la magnitud y el momento de este fenómeno fueron muy inusuales.

Una periodista de Rize, Gencaga Karafazlioglu, de 65 años de edad, comentó que nunca antes había visto nieve en julio. “En Rize, estamos acostumbrados a las anomalías climáticas. Hemos nevado varias veces en marzo, pero nunca con tanta intensidad. La gente mayor dice haber visto nieve en julio hace 30 ó 40 años, pero nunca con tanta intensidad”.

Han caído nevadas en mesetas como Anzer, Kavron, Samistal y Ovit, donde residentes y visitantes observaron acumulación de nieve a pesar de que las temperaturas diurnas en las zonas más bajas oscilaban entre 24 y 27ºC. Los habitantes de pueblos de montaña como Çamlıhemşin, Hemşin e İkizdere se despertaron con escenas que recordaban a pleno invierno.

En Ovit Yaylasi, una meseta a unos 2.500 metros sobre el nivel del mar, los campos estaban cubiertos de blanco tras la nevada. La nevada cubrió un área que se extiende al menos 100 kilómetros, desde Anzer Yaylasi, pasando por el Parque Nacional de las Montañas Kackar y más allá.

Se observaron condiciones similares en partes de la provincia de Bayburt, lo que sugiere que el fenómeno afectó una amplia zona de la cordillera del noreste de Turquía.

Según la Dirección General de Meteorología, este fenómeno fue causado por una repentina masa de aire frío que impactó el noreste de Anatolia, provocando precipitaciones y temperaturas significativamente más bajas en regiones por encima de los 2.000 metros.

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Uruguay declara el estado de emergencia por una ola de frío que ha matado a siete personas

Hace unos días el gobierno uruguayo declaró el estado de emergencia a causa de una inusual ola de frío que azoto al país, que se ha cobrado la vida de al menos siete indigentes. Las autoridades encargadas de la emergencia, que son muy poco comunes en el país, autorizaron a la policía a evacuar a los sin techo de las calles.

El inusual aire gélido proveniente de la Antártida bajó los termómetros drásticamente, impactando a un país costero con un terreno llano acostumbrado a los inviernos suaves del hemisferio sur.

Una ligera nevada cubrió algunas zonas del país por primera vez en cuatro años, con temperaturas que alcanzaron los -4ºC.

Las autoridades sanitarias emitieron numerosas advertencias sobre los peligros de congelación e hipotermia, y los indigentes se enfrentaron a codiciones climáticas devastadoras, así como el ganado, que también ha sido conducido a establos al brigo de las inclemencias meteorológicas.

Los trabajadores sociales se desplegaron por Montevideo, intentando convencer a los sin techo de que se refugiaran en los albergues públicos. Los siete indigentes que murieron por exposición al frío fueron encontrados en diversas partes del país: uno había estado durmiendo bajo un puente, otro en una estación de autobuses y otro en una tienda de campaña cerca del río.

En los últimos años el número de indigentes ha aumentado continuamente en Uruguay. El año pasado el Ministerio de Desarrollo Social registró más de 2.700 personas sin hogar, la gran mayoría en Montevideo.

El presidente Yamandú Orsi invocó las inusuales prerrogativas de emergencia que facultan a la policía y otros funcionarios para evacuar por la fuerza a los indigentes de las calles, citando un nivel de riesgo para quienes duermen a la intemperie.

“La posibilidad de la evacuación obligatoria se ha aplicado por primera vez porque la magnitud del problema realmente requiere otras herramientas”, declaró Leandro Palomeque, director del Sistema Nacional de Emergencias de Uruguay.

El gobierno abrió 32 nuevos centros de calentamiento y tres puntos de evacuación más, incluyendo la conversión de gimnasios públicos y una academia de policía, y prepararon unas 1.000 camas adicionales.

En ocasiones anteriores el Sistema Nacional de Emergencias y el Instituto Uruguayo de Meteorología ya emitieron alertas rojas, pero siempre estuvieron asociadas a tormentas, lluvias intensas o vientos fuertes. Es la primera vez que se promulga una alerta por frío extremo.

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Hasta los canguros tiemblan en Australia a causa de una ola de frío récord

La costa este de Australia se ha visto afectada por una ola de frío récord, lo que confirma que este invierno llega más frío de lo habitual. La temperatura mínima de Canberra, de -7,2ºC, es la más baja desde 2018 y la más baja para un mes de junio desde 1986.

El interior de Nueva Gales del Sur batió varios récords de temperatura en junio, incluyendo Bathurst, que llegó a alcanzar los -7,5ºC, y Scone, que registró una temperatura mínima de -5,1ºC. El termómetro cayó a -1,6ºC en Campbelltown, al suroeste de Sídney, lo que la convirtió en la mañana más fría en cinco años.

Según Miriam Bradbury, de la Oficina de Meteorología, “las últimas dos mañanas hemos visto entre 4 y 8ºC por debajo de la media en gran parte de la costa este”.

A medida que ha llegado el invierno, las temperaturas se han desplomado y las heladas se extendieron por Nueva Gales del Sur, Victoria y algunas partes de Queensland. Pero la época más fría del año aún está por venir.

La Oficina de Meteorología asegura que las condiciones de El Niño afectarán a Australia en la segunda mitad del año. Los fenómenos de El Niño ocurren cuando las temperaturas superficiales del agua de mar en el Pacífico tropical central y oriental son más cálidas de lo habitual, mientras que los fenómenos de La Niña se caracterizan por aguas más frías de lo habitual. Estos cambios provocan una alteración en la circulación atmosférica.

La temperatura más fría jamás registrada en Australia fue el 29 de junio de 1994 en Charlotte Pass, cuando el termómetro bajó hasta -23ºC.