Carta abierta de un maestro jubilado al director de un centro educativo en tiempos de Covid

Apreciado compañero:

Te escribo desde el respeto, desde la complicidad de haber compartido muchos años de trabajo contigo, años en los que he apreciado siempre tu sensatez, tu capacidad de liderazgo y tu flexibilidad para solucionar de modo pragmático situaciones con frecuencia complicadas; y todo ello con un espíritu de entrega y vocación por nuestra profesión muy superior al mío: ya sabes que yo siempre he tenido que lidiar con muchas contradicciones debido a mis enfoques críticos en materia de educación, algo que —estoy seguro— más de una vez ha debido darte quebraderos de cabeza.

Entiendo perfectamente tu situación: como la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos, dentro y fuera de nuestro país, has confiado en las autoridades políticas, científicas o médicas. Es lógico: se supone que su misión es protegernos, que en los estados democráticos al menos, los hemos votado para que administren nuestro dinero y nuestra confianza, buscando el bien de la población, y esto con independencia de que gobiernen partidos de izquierda, de derecha, de centro o de los extremos.

Si además estás al frente de un equipo directivo en un centro público, con mayor motivo estás obligado a confiar en tus superiores y obedecer sus instrucciones que —das por sentado— se basan en decisiones tomadas a más alto nivel por responsables políticos estatales o autonómicos quienes —también das por supuesto— habrán sido asesorados por expertos independientes, honestos y rigurosos. De manera que, por mucho que nos moleste o por poco que nos guste, hay que hacer lo que nos dicen, cumplir con los protocolos y en definitiva, acatar las leyes y normativas pertinentes.

Si hay que obligar a los niños a llevar mascarillas, se les obliga. Si hay que obligarlos a mantener distancias, se les obliga. Si hay que recortar grupos, dividirlos, reagruparlos, impedirles relaciones sociales, delimitar zonas, crear burbujas… se hace. Si hay que tomar temperaturas sin intimidad, si hay que obligar a profesores o alumnos a hacerse test, si hay que ponerlos en cuarentena… se hace.

La pregunta es: ¿en qué momento, en qué punto de esta escalada de medidas siente uno que algo no va bien, que esto no es como nos lo cuentan, que estamos cruzando líneas rojas que jamás hubiéramos cruzado en otras circunstancias? ¿En qué momento nos planteamos si todo esto está justificado? ¿En qué momento nos paramos a pensar lo que estamos haciendo con nuestros alumnos, con nuestros niños y niñas? ¿En qué mundo los estamos forzando a vivir? ¿Qué valores les estamos transmitiendo y qué consecuencias tendrán todas estas medidas restrictivas y autoritarias, este desprecio y pisoteo constante de derechos y libertades… en definitiva, esta deshumanización? Creo que el momento de plantearse todas esas preguntas y muchas más depende en gran medida de la información que a cada cual le llega y cómo la gestiona. Soy consciente de que esta crisis ha producido un efecto de confusión, de incapacidad para pensar con claridad, de paralización debido al miedo o la incertidumbre. Y en esas circunstancias es muy difícil ejercer eso que luce en los proyectos de centro y que enseñamos o deberíamos enseñar a nuestros alumnos: el pensamiento crítico, la capacidad de no aceptar afirmaciones porque sí o porque lo dice una autoridad, y hacerse preguntas que puedan conducirte a otro enfoque, a otra visión, a respuestas menos convencionales pero posiblemente más cercanas a la verdad. Algunos lo hemos hecho, quizá porque llevamos muchos años haciéndolo y eso nos permite más desenvoltura, o quizá porque encontramos en nuestro camino a personas que nos abrieron los ojos. Y ahora tenemos la responsabilidad ética de zamarrear a otros para que también los abran, aunque eso suponga tener en contra a la mayoría, incluyendo personas muy cercanas, compañeros de trabajo, amigos e incluso familiares.

No tengo que explicarte que, por encima de esas consideraciones, está nuestro deber moral de ayudar a nuestros conciudadanos y, como educadores, un deber aún más elevado de proteger a nuestros alumnos. Y no me refiero a los que cada cual tiene ahora mismo en su aula —yo ya no tengo ninguno como bien sabes— sino a nuestros alumnos en todos los centros, en todos los pueblos, esos chicos, chicas, adolescentes que siempre han sido nuestra principal motivación ante las dificultades y sinsabores de nuestra tarea de cada día. Y es por ellos que voy a ser claro y directo procurando el mayor rigor en lo que voy a trasladarte y que es el resultado de muchos años de trabajo y estudio, de investigación crítica, de contacto con toda clase de especialistas y activistas que —al contrario que los oficiales— sí que son honestos, independientes y rigurosos. En cualquier caso, pongo en tus manos esa información, muy diferente a la que difunden los grandes medios de comunicación, en los que se está censurando toda información crítica que pueda poner en peligro el relato oficial de la “pandemia” declarada por la OMS, un organismo que el público cree que es independiente y público cuando la realidad es que está financiado en más de un 80% por grupos privados cuyo interés no es precisamente la salud de la humanidad.

Es muy posible que hasta ahora no supieras nada de esto o quizá solo conocieras las voces críticas a través de la visión distorsionada de esos medios que las censuran o descalifican. Pero, una vez que avances unos párrafos, ya no habrá excusa: sabrás lo que estás haciendo o posibilitando por acción o inacción, y tendrás que tomar una decisión. Las mascarillas y otras medidas de supuesta higiene o seguridad están arrebatando la vida a nuestros alumnos, a nuestros hijos, a nuestros nietos. También al resto de la población, por supuesto, pero aquí me voy a limitar a defender a los que están en una posición de mayor debilidad y confían en quienes les están agrediendo. A pesar del poco tiempo transcurrido, ya hay una ingente cantidad de información de la que voy a sintetizar lo más esencial dejando que sigas el hilo de los enlaces para formarte una idea más completa sobre esta tragedia. Será duro, muy duro. Pero este es el desafío que nos ha tocado: podemos aceptarlo o podemos mirar a otro lado; esa es una decisión de cada cual.

El informe “Efectos del uso permanente de mascarillas. Contribución a su difusión como medio de prevención de pandemias en medios escolares”, elaborado por Antonio D. Galera, de la Universidad Autónoma de Barcelona muestra en primer lugar la inutilidad de las mascarillas como barrera mecánica, para a continuación describir aportando las correspondientes referencias científicas los efectos fisiológicos que producen en aparato respiratorio, sistema nervioso, cerebro, corazón, sangre y conducción de oxigeno, musculatura, piel, nariz y boca, metabolismo y sistema motor.

Asimismo, el informe recoge daños en el ámbito afectivo y en el social, así como afectaciones neurovegetativas y hormonales. Por último, el informe cita las conclusiones de la doctora Margarete Griesz-Brizzon, especialista en neurología y neurotoxicología advirtiendo que el uso de mascarillas produce daños neuronales y degenerativos y que por tanto es un crimen contra la humanidad y un abuso contra la infancia. La doctora Griesz-Brizzon también advierte que “ninguna exención médica para el uso de mascarillas es infundada porque la falta de oxígeno es peligrosa para todos los cerebros. La deficiencia de oxigeno inducida sistemáticamente es una contraindicación médica absoluta”. Finalmente, declara: “somos nosotros los responsables de lo que hacemos en el trabajo, no nuestros superiores laborales”.

El “Informe general sobre el uso de mascarillas para niños” explica que su finalidad es: “justificar la incorrección ética del uso de mascarillas en los niños”. Detalla los daños fisiológicos y emocionales, incluyendo miedo, efecto de shock por aislamiento, ansiedad y depresión, bajo rendimiento, falta de concentración, mobbing escolar, deficiencia en el desarrollo de capacidades sociales, asociación cognitiva con represión… El informe ha sido elaborado por Psicólogos por la Verdad, junto a otro estudio: “Impacto psicoemocional de la pandemia en los niños” que concluye: “Si el futuro de la humanidad depende de nuestros hijos nos encontramos ante un hecho de una gravedad sin precedentes”.

En Euskadi, un grupo de médicos, psicólogos, enfermeros, sociólogos, abogados, ingenieros industriales, bioquímicos, padres y madres ha publicado un documento resumen de investigación analítica titulado: “Niñ@s sin mascarillas, por favor” en el que se recogen aspectos legales, científico-médicos, efectos perjudiciales del uso de mascarillas, tanto físicos como psicoemocionales, testimonios de alumnado y de profesionales.

En Cataluña, se ha creado la Plataforma COVIDA por iniciativa de padres y madres de alumnos con el objetivo de estar informados e informar, velar por los derechos y libertades y exigir responsabilidades a quienes actúen en contra del deber de auxilio y protección del ciudadano. COVIDA ha elaborado un modelo de solicitud para los colegios en el que, tras dejar constancia de que las asociaciones médicas y científicas no apoyan las medidas tomadas desde el inicio de la pandemia, y recopilar una serie de leyes y normativas, solicitan la posibilidad de pedir la exención del uso de mascarillas por los motivos justificados en la ley, que se informe a los padres de los posibles daños que las mascarillas pueden causar y de la falta de evidencia científica para justificar su imposición, que no se aísle a ningún menor ni se le obligue a seguir las clases a distancia, advertir al profesorado sobre la aplicación de normativas, y en definitiva a abrir un debate sobre todos los temas implicados.

El documento “Lista de delitos cometidos todos los días en los colegios por los protocolos Covid-19”, recoge una primera relación de comportamientos y actuaciones que muy probablemente son constitutivas de delitos y que se están poco a poco normalizando en el día a día de los centros. Entre ellas, las siguientes:

  • Imponer mascarillas, tomar la temperatura y obligar al uso de hidrogeles son acciones invasivas que violan el Código Penal y Civil así como la Ley de Autonomía del Paciente.
  • Obligar a menores de 6 años a llevar mascarilla va contra la normativa.
  • Obligar a llevar mascarilla cuando se mantiene la distancia va contra la normativa; es el centro el que debe acondicionar los espacios para permitir esa distancia.
  • Obligar a llevar mascarilla a quienes tengan alguna enfermedad o dificultad respiratoria es incumplir la normativa.
  • Obligar a llevar mascarilla en horas de recreo, deporte o clases de educación física es incumplir la normativa, además de actuar en contra de las indicaciones de la OMS.
  • Impedir que los niños puedan respirar la cantidad de oxígeno que necesitan es una violación de los derechos humanos y de la convención sobre los derechos del niño.

El documento señala las posibles responsabilidades penales en las que incurriría el profesorado de los centros, aclarando que no podrán acogerse a “las órdenes que vienen de arriba” cuando tengan que responder ante un tribunal. Las responsabilidades podrían incluir delitos de coacciones, delito de tortura, y delitos de omisión del deber de socorro, entre otros, dependiendo de las circunstancias y la denuncia que se presente.

Otros grupos creados por profesionales de la enseñanza, la abogacía o por familias preocupadas y dispuestas a actuar incluyen: El Tercer Grupo, Docentes por la Verdad o Scabelum en cuyas webs pueden consultarse iniciativas de distinto tipo incluyendo un “Manifiesto” en el que se declara: “la mascarilla es contraria al aprendizaje porque no nos permite ver la mitad del rostro de los alumnos. Eso elimina el lenguaje no verbal. No podemos saber hasta qué punto un alumno entiende lo que decimos o no, porque no podemos ver su rostro. Los estudios en neurociencia explican que sólo aprendemos aquello que realmente nos apasiona y nos emociona. Con la mascarilla se elimina la sonrisa de nuestro rostro y eso elimina la empatía y la conexión emocional; que son claves para emocionar a los alumnos con aquello que están aprendiendo; por lo tanto, la mascarilla elimina la posibilidad que el alumno pueda aprender nada de una manera que perdure en el tiempo. Además, la distancia social rompe el juego y las relaciones entre ellos, que es clave para que un alumno pueda aprender de otro”.

Y finaliza: “Si eres docente, piensas como nosotros, pero no te has atrevido a dar el paso porque te crees que estás solo, te decimos: No estás solo o sola. Apúntate a “Docentes por la Verdad”, trabajaremos juntos para encontrar los recursos legales para desobedecer estos protocolos y ganar un juicio si llegara el caso. Trabajaremos junto con los abogados por la libertad y ganaremos. Todos los protocolos son inconstitucionales y lo podemos demostrar”.

Hay quien piensa —o quiere pensar— que los niños se adaptan fácilmente a todo. La psicóloga y terapeuta familiar Esther Ramirez Matos opina lo contrario, y así lo explica en un estremecedor artículo titulado “No, los niños no se están adaptando bien” y publicado en la web del Instituto Europeo de Salud Mental y Perinatal: “Hablan de agobio, de sensaciones de no poder respirar, de angustia porque creen que, si tienen el bicho, les sale respirando y les viene rebotado por la propia mascarilla y de nuevo para adentro […] Dicen que tienen miedo a que les pase algo a sus seres queridos, ni uno solo habla de morir él o ella mismo, me dicen que les preocupa ser los causantes de que los mayores que aman perezcan, ¿qué les hemos hecho creer? ¿Cuánta culpa habrán de sanar estas personas?”.

Las mascarillas hacen visible el miedo, permiten visualizarlo y lo trasmiten en el trato diario mientras caminamos entre figuras sin rostro convertidas en un peligro inminente. Las mascarillas son un símbolo de autoridad. Incluso quien no la usa debe someterse a la autoridad que se lo permite. Los estudios que ya comienzan a publicarse consideran las mascarillas como un factor de incomunicación que contribuye a segregar, a apartar, a discriminar a quien no la lleva… un paso de gigante en la deshumanización.

Si las terribles noticias que se han publicado en diversos medios y en redes sociales se confirman han muerto al menos cinco niños —dos en China, dos en Alemania y una niña en Portugal— casi con toda seguridad a causa de las mascarillas. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Tardo cinco segundos en contarlos. Pero esos cinco segundos suponen el derrumbe de cinco familias, el dolor de cinco familias… y debería suponer el dolor de todos los que aún conservamos un resto de humanidad.

Lo voy a dejar aquí. Creo que es más que suficiente para abrir una brecha en la indolencia que está atrapando a los educadores y a la mayoría de una sociedad que ahora muestra claramente que nunca fue libre, nunca fue crítica, nunca tuvo capacidad de acción frente a la opresión y las mentiras. Te he dejado pistas para profundizar y quedo a tu disposición para seguir ampliando la información y la documentación críticas, esa que circula a pesar de la censura, a pesar de la infame pantomima de los grandes medios de comunicación al servicio de sus amos.

Decía Sabato: “Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa”. ¿Qué vas a hacer tú, compañero? (21 de noviembre, 2020)

Más información :
— Efectos del uso permanente de mascarillas. Contribución a su difusión como medio de prevención de pandemias en medios escolares
— Informe general sobre el uso de mascarillas para niños
— Niñ@s, ¡sin mascarillas, por favor! Disponible en la Carpeta con Documentos de Educadores por la Verdad
— Lista de delitos cometidos todos los días en los colegios por los protocolos Covid-19
— El Tercer Grupo
— Docentes por la Verdad
— Iniciativa de la Asociación Scabelum para proteger a los niños
— Manifiesto Docentes por la Verdad
— No, los niños no se están adaptando bien

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