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Autor: Juan Manuel Olarieta (página 38 de 60)

La masacre rifeña

Los españoles cortan las cabezas a los moros
Juan Manuel Olarieta

Asqueados de la humillaciones y abusos que padecían, en 1921 los rifeños del norte del Magreb se levantaron en armas contra los colonialistas españoles, proclamando su independencia. La criminal monarquía española respondió de la única manera que sabe: con una sanguinaria guerra que dejó un saldo desolador, con miles de muertos.

Naturalmente los muertos eran los obreros y campesinos más humildes, utilizados como carne de cañón para defender los intereses de Alfonso XIII y su cortejo. Para no ser enviados a aquella carnicería, muchos obreros y campesinos se vieron obligados a automutilarse cruelmente.

En la masacre se incubó una casta de oficiales del ejército español sin escrúpulos, llamados desde entonces “africanistas” (Franco, Sanjurjo o Millán Astray) que demostraron luego sus artes en el aplastamiento de la sublevación asturiana y poco después en la guerra civil.

Poniendo al descubierto su verdadero naturaleza carnicera, los militares españoles no vacilaron en emplear por vez primera en la historia gas mostaza y fosgeno contra una población civil indefensa, algo prohibido por las leyes internacionales. Pero España nunca ha entendido de legalidades cuando se trata de aplastar una rebelión. Todos los medios les parecen pocos.

Los heroicos rifeños insurrectos estaban dirigidos por un dirigente guerrillero, Abdelkrim El-Jatabi, que ocasionó a los militares hispanos una humillante derrota en la batalla de Annual, que los libros de historia aún califican como un “desastre”.


Lejos de abandonar Marruecos a sus habitantes, la rancia oligarquía dominante espoleó a los capitostes uniformados, que se aprestaron a resarcirse de su absoluta ineptitud con una cruel venganza. “Siempre fui refractario al empleo de gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruición”, decía el alto comisario español en Marruecos, el general Dámaso Berenguer, al entonces ministro de la Guerra en un telegrama.

Al año siguiente el gobierno del abuelo del actual monarca español, Juan Carlos, compró gas mostaza a empresas francesas y alemanas, lucrándose personalmente en uno de los negocios más sucios pero más rentables de la monarquía española. En 1923 Alemania inició sus suministros de gas y levantaron una fábrica militar de armanento químico en las proximadades de Madrid, La Marañosa, que aún sigue en funcionamiento.

La aviación española gaseó sin compasión campos de cultivo y aldeas indefensas para arrasar la retaguardia de la guerrilla rifeña. Utilizaron gas mostaza, fosgeno y otros componentes químicos altamente tóxicos.

El empleo de gas mostaza estaba prohibido internacionalmente desde el Tratado de Versalles de 1919. Sin embargo, el Reino Unido lo usó contra el Ejército Rojo en 1919 durante la guerra civil.

Una de las principales propiedades del gas mostaza es que es vesicante, es decir, produce ampollas cuando entra en contacto con la piel humana. También causa profundas alteraciones en el genoma de los tejidos expuestos, inhibiendo la división celular y provocando mutaciones cuyos efectos se manifiestan durante generaciones.

El Rif es una región montañosa muy aislada y la población ni siquiera sabía con qué les bombardeaban. No eran capaces de identificar la enfermedad; hablaban del “akhenzir”, un término bereber que identificaba los síntomas que todo el mundo padecía. Los más ancianos hablaban de un humo amarillo y de que les ardía la piel o de que se asfixiaban.

Abdelkrim El-Jattabi

España jamás ha reconocido la masacre, nunca se ha realizado una investigación y los hechos se han mantenido en el secreto más riguroso. Se ignora cuantas personas murieron, pero desde el bombradeo químico de 1923 el cáncer y las y enfermedades pulmonares son una plaga en la región. Durante los años 60 y 70 del siglo pasado seguían muriendo miles de rifeños.

Los responsables del Instituto Oncológico de Rabat admiten que el 60 por ciento de sus pacientes provienen de la región de Alhucemas y Nador y que existe un estrecho vínculo entre el bombardeo con gas mostaza en 1921 y la multiplicación de los casos de cáncer de laringe y de estómago en en el norte de Marruecos.

Un grupo de rifeños de Alhucemas fundó el 8 de julio de 2000 la Asociación de Víctimas del Gas Tóxico, que exige a la monarquía española y a los países que le suministraron el armamento químico que, al menos, pidan disculpas por los crímenes cometidos.

En febrero de 2007 el Congreso de los Diputados rechazó una propuesta para que el España asuma sus responsabilidades por asesinar con gases tóxicos a miles de inocentes en la colonia norteafricana. Las Cortes fascistas se volvieron a cubrir de gloria. El silencio de los medios fue todavía más ilustrativo. El crimen siempre necesita esa clase de complicidades, que no se acabaron con Alfonso XIII.

Mientras tanto la Audiencia Nacional sigue buscando genocidas por todo el mundo, hasta las mismas cumbres del Tibet. Es mucho más fácil: podría empezar por los que tiene más a mano y declarar criminal de guerra a Alfonso XIII.

Fuente: http://civilizacionsocialista.blogspot.com.es/2009_02_01_archive.html

‘Del árbol caído todos hacen leña’

Junto a los jueces, los medios de comunicación son el segundo soporte del golpe de Estado judicial, que no necesita “gorilas” y torturadores sino periodistas “de investigación”, lo cual acaba por encubrir toda la farsa, ya que le da un valor añadido: se utiliza como una demostración del alto grado de libertad que un país ha alcanzado. El lema es “Somos corruptos pero lo reconocemos”. La corrupción no es tan importante; lo realmente importante es que se pueda hablar de ella “libremente”.La corrupción es el mejor maná informativo para los medios de comunicación, la verdadera carnaza política que atrae la atención de los buitres carroñeros. Las noticias de corrupción suman audiencia y, por lo tanto, dinero.

Los amantes de los informativos, los editoriales periodísticos y los programas de debate alardean de su “cultura” y desprecian los “reality shows”. Sin embargo, la información política ya no existe desde hace bastantes años. Las noticias de corrupción no son política sino el morbo de la política y el cotilleo de alto “standing”. Tienen sus propias estrellas y su propio público.

La base de todo es que no hay corrupción si no hay un medio de comunicación que lo denuncie. Sin embargo, los medios forman parte de la corrupción. Son empresas comerciales y se llevan su parte de la mordida. Su intervención es discriminatoria. Los casos de corrupción que ellos divulgan tapan los realmente graves. Por lo tanto, los medios manipulan por activa y por pasiva:

  1. Convierten a determinados sumarios en “escándalos”, es decir que, lo mismo que los demás programas “del corazón”, ellos también practican el sensacionalismo

  2. Hay casos de corrupción que no llegan a los juzgados. Además, hay sumarios judiciales que nunca aparecerán en los medios y si no hay un “escándalo” tampoco hay corrupción.

Al mismo tiempo, los medios transmiten la imagen opuesta: la corrupción (conocida) no sólo no es selectiva sino que “toda” la política es corrupta, “todos” los partidos son iguales, etc. Ahora bien, eso sólo ocurre en el mundo político. Los periodistas, por ejemplo, no tienen que ver con la política y, por lo tanto, no son corruptos.

Lo mismo que los jueces, los medios instrumentalizan y son instrumentalizados. Si los jueces son el “tercer poder”, los medios son el “cuarto”. Ambos se necesitan mutuamente porque de lo contrario no nos daríamos cuenta de que, gracias a la corrupción, el sistema funciona por esos dos motivos:

  1. Porque la libertad de expresión permite que la corrupción salga a la luz
  2. Porque los jueces cumplen con su cometido condenando a los corruptos

Los medios llevan a los jueces al mundo del estrellato y el famoseo. Aunque todo el universo político esté podrido, los jueces son de otra pasta, distintos de cualquier otro funcionario público. Los convierten en un reflejo de sí mismos. Si los periodistas son independientes, los jueces también. Ambos son héroes. No son corruptos sino que denuncian la corrupción e incluso luchan contra ella. La presentan como un pulso desigual puesto que se enfrentan al poder, como si ellos no tuvieran ninguno.

La lucha contra la corrupción lleva el sello de la política estadounidense, en donde las personas, además de “público” son “contribuyentes” que pagan impuestos. Como diría Proudhon, la corrupción también es un robo. Tiene que ver con la propiedad privada. Lo que nos amarga es que nos quiten lo nuestro (con lo que cuesta ganarlo) para quedárselo ellos.

Lo demás no es corrupción y mucho menos es un escándalo. El engaño, el incumplimiento de un programa electoral, no se considera corrupción, ni mucho menos es un escándalo. Todo lo contrario: eso es lo normal. Nos hemos acostumbrado a que nos engañen.

Tanto en Italia, como en España o en América Latina actualmente, la lucha contra la corrupción es un golpe de Estado judicial, una depuración interna que el imperialismo y el capital monopolista de Estado necesitan para superar la crisis política y pueden lograr con un coste insignificante.

La renovación de un Estado moderno es un ejercicio de fuerza del que la España actual es buen ejemplo, incluso en el lenguaje. Aunque los viejos instrumentos políticos (PP, PSOE) están gastados y desacreditados, aún se aferran a sus posiciones. Conservan importantes resortes de poder y se enfrentan a otras fuerzas, consideradas como “limpias” (Ciudadanos, Podemos), llamadas así sólo porque son nuevas, porque aún están por estrenarse.

La denominada lucha contra la corrupción es, pues, subjetiva: se dirige contra determinadas personas, partidos o instituciones para cambiarlas por otras. Para renovarse a sí mismo el Estado necesita personalizar la corrupción, como hizo el PSOE en las elecciones de 1993: a un lado los corruptos, representados por el presidente del gobierno Felipe González; al otro, el juez que luchaba contra ellos, el juez Garzón, un sujeto “limpio” por antonomasia.

De aquellas elecciones podemos entender que el PSOE se aprovechara de una imagen estereotipada del juez para sacar votos. Pero, ¿por qué el juez “limpio” se introdujo en aquella cueva de ladrones y asesinos?, ¿por qué el juez antiterrorista por excelencia se unió a los jefes de los terroristas?

Otro tipo de “puertas giratorias” permitió que un juez pasara de uno al otro lado de la barricada. En realidad, no había (no hay) tal barricada. El Estado monopolista no necesita una parte “limpia” sino una parte “nueva”, capaz de insuflar energías y embaucar a las masas, como en las elecciones de 1993 o ahora la nuevas coaliciones emergentes, de las que Podemos es el prototipo.

Pero que nadie se confunda: una parte “nueva” no significa “limpia” porque si lo fuera no sería “parte”, es decir, no la habrían llevado en volandas al firmamento político en el que está. Aunque son herramientas, los emergentes también comparten el poder. No son nada distinto sino que forman parte de ello.

De lo contrario, la depuración interna no sería posible porque los nuevos tienen que ser capaces de vencer la resistencia que los viejos presentan. Por lo tanto, más que una lucha interna por el poder, es una lucha por el reparto del poder que se basa en el principio “Del árbol caído todos hacen leña”. El árbol cae por la crisis y la leña es la corrupción. Expresado de otra forma, el refrán también recomienda que para hacer leña primero hay que derribar el árbol, que nunca caerá por sí mismo.

Los medios de comunicación se encargan luego de darle la vuelta al asunto y hacer creer a todos que la crisis es consecuencia de la corrupción, y no al revés. Pero sin crisis política, que es una crisis del poder, no habría corrupción, o lo que es lo mismo, no nos enteraríamos de ella.

La primera leña nunca empieza por la corrupción, ni por un sumario judicial, sino por una filtración a la prensa, que es ya la expresión de un choque interno dentro del Estado monopolista. La información es poder o, mejor dicho, son dos poderes en uno. Primero hay que saber y luego hay que publicarlo. La corrupción del anterior rey es el mejor ejemplo de que no se trata sólo de tener la información sino que el contrario también juega y puede censurar la publicación porque tiene su propia cuota de poder. Todo el mundillo periodístico de Madrid supo siempre la corrupción del heredero a la Corona de Franco, pero la veda no se abrió hasta la crisis de 2007. La Monarquía también se desgasta y necesita renovarse antes de morir.

La corrupción regia es otra demostración de que al corrupto no se le purga por una responsabilidad política, sino por una responsabilidad criminal. La responsabilidad política ha desaparecido. Con ella ha desaparecido también la democracia, sustituida por el golpe de Estado judicial.

Más información:
— El golpe de Estado judicial. Primera parte

El golpe de Estado judicial (1)

Juan Manuel Olarieta

Tanto en Italia en los años noventa, como luego en España y actualmente en toda América Latina el aparato judicial se ha convertido en la herramienta perfecta para los golpes de Estado “limpios”, no traumáticos, ese tipo de operaciones políticas de envergadura que se encubren tras las campañas contra la corrupción, contra la Mafia o contra los GAL.

Su característica fundamental, como se ve, es la naturaleza instrumental de eso que llaman “poder” judicial y que contrasta con aquello que escribió Montesquieu a mediados del siglo XVIII: que el poder judicial era “de alguna manera” nulo, es decir, que los jueces nunca han sido un “poder”.

En efecto, Montesquieu tenía razón: los jueces no son un poder sino un instrumento del poder, es decir, herramientas dóciles y manipulables, todo lo contrario de la “independencia” que se les supone.

Los procesos contra la corrupción demuestran que el moderno capitalismo monopolista de Estado no es capaz de depurarse a sí mismo por las vías tradicionales que la revolución burguesa implementó en 1800 para estos menesteres, por una razón de fondo: porque están dejado de ser Estados democráticos.

Lo estamos viendo todos los días por la televisión: los políticos jamás asumen responsabilidades políticas… salvo cuando un juez dictamina que han cometido un delito. Por eso, el Derecho Penal ha dejado de ser lo que siempre fue desde los tiempos de Beccaria en el siglo XVIII. Hoy la responsabilidad criminal encubre la responsabilidad política y, naturalmente, se prostituye con ella. No tiene ya un carácter democrático (subjetivo) sino objetivo y colectivo.

Al adquirir una naturaleza política, la responsabilidad criminal es cada vez más esponjosa, por no decir que, si es necesario, se orquestan verdaderos montajes judiciales que normalmente siguen el siguiente curso:

1. El juez busca un chivo expiatorio, normalmente un segundón y un comisionista que se ha embolsado un porcentaje residual del negocio.

2. Le criminaliza para chantajearle, e incluso le detiene y le ingresa en prisión.

3. El segundón no es el objetivo final sino otro instrumento para cazar al de arriba, al jefe, a los jefes y a algunos de los compinches de los jefes (no todos).

4. El juez le ofrece al segundón una salida: debe convertirse en delator. Como no tiene pruebas, el juez reconvierte al acusado en testigo, al mismo tiempo que le amenaza. A través del chantaje, el juez fabrica las pruebas en complicidad con el fiscal y con la policía.

5. Pero el segundón no es realmente un testigo, un observador imparcial, sino alguien interesado por el éxito del montaje judicial ya que, a cambio de declarar contra el jefe, resultará absuelto o beneficiado. En Italia lo llaman “chiamata di correo”.

6. La condena judicial no depende de la gravedad del delito cometido sino de la delación, que no es más que un caso de traición. El moderno dispositivo judicial premia la traición.

El sistema judicial está, pues, tan corrompido como la corrupción que dice combatir. La lucha contra la corrupción se basa en crear corrupción y cambiarla de sitio.

Una paradoja de la ciencia moderna que no conduce al Apocalipsis

Juan Manuel Olarieta

A principios de febrero leí un artículo científico publicado en la revista Nature sobre la pérdida de “masa” de hielo en la Antártida (1) que, por la convencionalidad de su tesis, se reproduce por varios lugares con títulos tan atrayentes como “Estamos alcanzando un punto sin retorno en el deshielo de la Antártida” escrito por el biólogo Santiago Campillo (2).

Pero pocos días después me encontré con otro artículo de unos científicos de la NASA que sostenían todo lo contrario, reproducido luego con titulares tales como “¿Fin del cambio climático? La Antártida está ganando más hielo del que pierde” (3).

En el plazo de muy pocos días dos estudios, cuya naturaleza científica ahora no voy a discutir, exponen dos tesis contradictorias, la primera de las cuales es la dominante, o al menos así lo parece.

La tesis dominante se expresa en unos términos tan dogmáticos como contundentes, ya que si sus consecuencias son ciertas, resultan alarmantes. A partir de un deshielo “masivo” de la Antártida, el planeta va hacia un desastre sin precedentes.

La tesis contraria, acomplejada por la furia con la que se manifiesta la anterior, se tienta la ropa y califica al estudio de la NASA como “polémico”, como son siempre las tesis minoritarias. A diferencia de lo dominante, lo polémico es discutible, es decir, se lo puede criticar, algo que no ocurre con lo dominante, salvo que pretendas enfrentarte a los científicos que, como es bien sabido, se creen en posesión de la ciencia, es decir, se creen que la ciencia son ellos, como Luis XIV creía que el Estado era Él.

Casi todos los relatos que pasan por “ecologistas” están cortados por el mismo patrón y son, en su mayoría, exposiciones puramente ideológicas. Su “ciencia” y su dogmatismo son impostados, una fachada que encubre la debilidad de sus fundamentos.

Eso que algunos llaman “ecología” es la Biblia protestante con un formato moderno, una nueva versión del apocalipsis. El hombre perdió el paraíso por sus pecados y perderá la Tierra por los mismos o parecidos pecados.

Es el destino luterano expresado con nuevos instrumentos de medida: la Tierra pierde biodiversidad y lo seguirá perdiendo en el futuro, las temperaturas aumentan y seguirán aumentando siempre en el futuro, el nivel del mar está subiendo y seguirá subiendo hasta que nos ahoguemos todos bajo las aguas…

No hay remedio. Ya es tarde para todo. No podemos hacer nada.

A mi me resulta suficiente leer los titulares catastrofistas en que se expresan habitualmente estos asuntos para sospechar que estamos en presencia de una patraña, aunque sólo sea por una razón: si no sabemos la causa de un fenómeno, que es un acontecimiento pasado del que podemos esperar alguna certidumbre, mucho menos podemos divagar sobre sus consecuencias, que son acontecimientos futuros, posibles, sobre los que sólo cabe especular.

El contraste entre las dos noticias da para escribir todo un tratado sobre la lamentable deriva de la ciencia contemporánea. Por ejemplo, si damos por buenos ambos artículos, deberíamos concluir que -como ya sabíamos- la teoría de la falsabilidad de Popper es una estupidez soberana.

Pero habría que ir mucho más allá: lo que es una estupidez rematada es el positivismo, una ideología que la mayor parte de los científicos confunden con la ciencia misma. A los científicos les gusta esconderse en eso que ellos califican como “hechos”, que cuidan mucho de separar tajantemente de las “opiniones” que se puedan mantener sobre ellos.

Pero en este caso el “hecho”, es decir, el incremento o la disminución de la “masa” de hielo en la Antártida no es tal. No es un “hecho” sino algo distinto: su medición.

Ahí encontramos otro vicio enraizado en la ciencia moderna: la reducción de los “hechos” a su dimensión cuantitativa. Algunos se han hartado de repetir que sólo hay ciencia sobre aquello que se puede medir, una tesis disparatada que hubiera exasperado al gran Hegel.

Sobre los “hechos” y sus mediciones se puede -y se debe- debatir, como sobre cualquier otro asunto científico, entre otras razones porque hay muchas maneras de medir; todas ellas son diferentes y arrojan resultados distintos.

En lo que al hielo de la Antártida se refiere, los numerosos artículos escritos son un confuso amasijo en el que no es posible saber a qué mediciones se refieren quienes los escriben, porque unas veces hablan de la “masa” de hielo, otras al “volumen” y otras a la “superficie” helada, como si todo fuera lo mismo.

La confusión aumenta de grado cuando estas noticias se trasladan mecánicamente al terreno del llamado “cambio climático”, habitualmente como una demostración del calentamiento del planeta. Cada día hace más calor, el nivel de las aguas sube un poco más, los glaciares menguan…

Es una verdadera manipulación. La temperatura en un determinado punto del mundo, como la Antártida, es una magnitud física, mientras que el calentamiento -o enfriamiento- del planeta ni siquiera es -en sentido estricto- una magnitud, sino más bien un promedio estadístico.

Hay un auténtico abuso cotidiano de fenómenos meteorológicos locales para inducir a los lectores a favor o en contra del “cambio climático”. No hay comienzo de año en el que no leamos que el anterior ha sido en tal o cual lugar el más caliente -o el más frío- de la historia (4), lo cual es otra de las estupideces más repetidas.

En la Antártida la “masa” de hielo está aumentando en unas zonas al mismo tiempo que está disminuyendo en otras, lo cual indica que, además de la temperatura, hay otros condicionantes que influyen sobre ella, como el viento o las corrientes marinas. Por lo tanto, dicho aumento, si es que existe, es compatible con la subida de las temperaturas, si es que existe; y al revés.

En este asunto sólo hay una cosa segura: tanto si la Antártida pierde como si gana “masa” de hielo, las consecuencias no serán apocalípticas en ningún caso. El Apocalipsis es como el resto de la Biblia y, además, no tiene nada que ver con la ciencia.

Notas:

(1) The safety band of Antarctic ice shelves, http://www.nature.com/nclimate/journal/vaop/ncurrent/full/nclimate2912.html
(2) http://www.cambioclimatico.org/contenido/estamos-alcanzando-un-punto-sin-retorno-en-el-deshielo-de-la-antartida
(3) http://www.greenplanet.es/2016/02/fin-del-cambio-climatico-la-antartida.html

(4) http://www.lmneuquen.com/el-calentamiento-global-y-otro-nuevo-record-historico-n507348

El vuelo del Sputnik

Juan Manuel Olarieta

A los lectores de Lenin es posible que el nombre de Struve les suene como uno de los dirigentes de lo que en la Rusia de finales del siglo XIX se llamó el «marxismo legal», una versión edulcorada, burguesa, reformista y académica de ciertas élites intelectuales de la época. Quizá no resulte tan conocido que Piotr Struve era un conocido científico ruso, o más bien, que formaba parte de una saga familiar de astrónomos que tras la revolución de 1917 huyeron del país, refugiándose en Estados Unidos, donde la familia continuó dedicándose a la astronomía. Uno de los descendientes, Otto Struve, dirigió en Virginia el Observatorio Nacional de Radioastronomía entre 1959 y 1962 y fue presidente de la Sociedad Astronómica Internacional.

Como buenos exiliados, los Struve siempre adoptaron posiciones anticomunistas durante los años de la guerra fría, pero en 1957 se vieron sacudidos, como todo el mundo, por un acontecimiento espectacular: el lanzamiento del primer satélite artificial capaz de orbitar alrededor del planeta. Nada volvió a ser como antes. Después de aquel acontecimiento Otto Struve escribió un libro de astronomía (1) cuyo último capítulo estaba dedicado a comentar las repercusiones científicas del lanzamiento del Sputnik. La valoración de Struve no deja lugar a dudas: la única comparación posible hay que remontarla al descubrimiento de América de 1492.

Struve se tuvo que rendir ante la evidencia y cualquiera que no conozca su biografía pensará que el libro de astronomía sólo pudo escribirlo algún furibundo stalinista, es decir, que se trata de propaganda soviética. En muy pocos años los científicos e ingenieros soviéticos repitieron el vuelo del Sputnik por segunda vez, enviaron el primer vehículo que descendió en la Luna y la primera nave provista de una cámara fotográfica que mostró a la humanidad lo que hasta entonces desconocía: la cara oculta de nuestro satélite. Según Struve los logros soviéticos no sólo cambiaron de una manera irreversible las concepciones científicas vigentes hasta entonces, sino el radio del alcance del pensamiento humano en su conjunto.

Por si eso no fuera suficiente, los soviéticos hicieron coincidir el vuelo del Sputnik con el 40 aniversario de la revolución socialista, que es el punto goloso del asunto, ante el cual Struve tiene que rendirse: “Hasta el 4 de octubre de 1957 nos sentíamos confiados en nuestra creencia de que éramos la primera nación en ciencia e ingeniería. Pero en esa fecha sufrimos una derrota humillante”. Es la manera típica en que la burguesía asume su fracaso. Lo que ocurrió es que fue entonces, gracias al Sputnik, cuando la burguesía del mundo entero se dio cuenta de lo que el proletariado ya sabía mucho antes.

A partir de aquella “humillante derrota” y para encubrirla, los imperialistas comenzaron a hablar de la existencia de una supuesta “carrera espacial” porque ellos no son capaces de ver más que competencia por todas partes. Pero para que haya una carrera los atletas tienen que salir al mismo tiempo del mismo punto, y cuando en 1957 Estados Unidos se apercibió de la verdadera situación, los soviéticos ya habían dado la vuelta al estadio. Fue una bofetada que la propia realidad les propinó, esa realidad a la que llevaban tiempo sin querer mirar. En 1957 la URSS no tenía nada que demostrar.

Tras su confesión inicial, a Struve le traiciona el subconsciente y comienza a balbucear acerca de la manera en que “la astronomía” podría contribuir a “ganar la guerra fría”. Es un giro asombroso porque no era “la astronomía” sino Estados Unidos quien había desencadenado la guerra fría. El problema retornaba a su origen, algo característico en el mundo entero desde 1945: la identificación de todas y cada una de las ciencias con Estados Unidos, cuando se trataba justamente de cambiar un modelo científico fracasado. Lo hicieron al revés: pusieron como modelo al fracaso, siguieron militarizando la ciencia en torno a ARPA, de donde nacieron la NASA, la Comisión de Energía Atómica, los ordenadores e internet. En Estados Unidos la ciencia se movía en un círculo vicioso porque ellos confiaban ciegamente en sus propias mentiras.

El asombro de Struve no fue un caso aislado. Por la misma época proliferaron las declaraciones de influyentes científicos estadounidenses sorprendidos al hallarse embarcados en proyectos de investigación que la URSS tenía superados. El asunto se convirtió en un problema político. El discurso de despedida de Eisenhower de la Casa Blanca es una lamentación de los errores cometidos y del deplorable estado de la ciencia y de los científicos en Estados Unidos (2). La “humillante derrota” de 1957 también iba jugar un papel importante en las elecciones presidenciales de 1960 en las que se enfrentaron Nixon y Kennedy con distintas políticas científicas. La propuesta de Kennedy no era más que una maniobra propagandística que hizo pública durante su discurso de investidura: un viaje tripulado a la Luna, un proyecto económicamente ruinoso y científicamente irrelevante.

Por su parte, Nixon expuso su criterio en un artículo publicado por la revista de los físicos nucleares (3) en el que abundaba en la bofetada de realidad de 1957 expuesta de la peor manera posible: la URSS no es el país atrasado cuya imagen habíamos proyectado al mundo entero, nos lleva la delantera, debemos ponernos a la altura…

Por algo Engels había calificado al socialismo de científico. Lo mismo que la revolución francesa un siglo antes, la URSS no solo puso la ciencia en el primer plano de sus propias prioridades políticas sino que obligó al mundo entero a proceder de la misma manera.

Notas:

(1) Otto Struve: El universo, Fondo de Cultura Económica, México, 1975, pgs.205 y stes.
(2) Eisenhower’s Farewell Address to the Nation, 17 de enero de 1961 (http://mcadams.posc.mu.edu/ike.htm)
(3) Richard Nixon: The scientific revolution, Bulletin of the Atomic Scientists, noviembre de 1960, pg. 349.

Mao la cagó durante su visita a Stalin en 1949

Juan Manuel Olarieta

Tim Spector es profesor de una disciplina a la que llaman “Epidemiología Genética” en el King’s College de Londres y ha escrito un artículo (1) que, como cabe esperar, está a la altura de las seudociencias británicas más afamadas y quizá por ese mismo motivo ha sido traducido al castellano (2) para que no perdamos detalle. El profesor británico plantea el famoso dilema que -seguro- tanto atormenta a nuestros lectores desde que tienen uso de razón:

¿Pueden los excrementos revelar los secretos de nuestra personalidad?

Para profundizar en tan apasionante quebradero de cabeza, el profesor Spector empieza contando un famoso cuento chino que se remonta a la visita que Mao le hizo a Stalin en 1949, poco después de la revolución china.

Las seudociencias a las que Spector es tan aficionado relatan que para demostrarle quién era el verdadero jefe, Stalin le hizo esperar a Mao varios días antes de dignarse a recibirle.

Sin embargo, las últimas revelaciones más fehacientes de la historia dicen que ese no fue el verdadero motivo de la espera. El avieso Stalin estaba cebando a Mao para recoger sus cagadas en un retrete especial y poder analizarlas luego atentamente.

La fuente de tan asombroso descubrimiento es el antiguo espía soviético Ivor Atamanenko. Por fin se ha hecho la luz sobre la demora que tanto llegó a enfadar a Mao con su “jefe” Stalin.

Es evidente que a los universitarios británicos les gusta hurgar en las cloacas y utilizan la ciencia soviética según les conviene. La mayor parte de las veces es para hablar sobre el atraso, el desastre y la represión contra los científicos, pero en este caso no es así, sino todo lo contrario. La ciencia soviética estaba tan avanzada que era capaz de determinar el intelecto de cualquier persona, incluido Mao, buscando los componentes químicos de su mierda.

Según tiene uno la cabeza así caga. La composición química de nuestras deposiciones depende de nuestra manera de ser. Si el lector es un tipo tranquilo no cagará lo mismo que un tipo colérico porque tiene el triptófano alto.

Si en las cacas de Mao los científicos soviéticos detectaban una falta de potasio era señal de que estaba nervioso y sufría de insomnio, que para Stalin era un dato fundamental que debía conocer antes de enfrentarse a una entrevista con el dirigente chino.

Pero la pregunta del millón es: ¿cuál era la composición química de las heces de Mao? El profesor Spector no responde a la pregunta, que es la decisiva. Me ha dejado en un sinvivir y desde ahora mismo me comprometo a buscar en los archivos soviéticos los resultados de los análisis de las cacas de Mao, porque ahí está el secreto de todo. Seguro.

El resto del artículo del profesor Spector está a la altura de su diarrea intelectual. Es posible que el repertorio de sus cacas le suene al lector, una detrás de otra. Por ejemplo, esa de que “Stalin prohibió la genética clásica”.


Spector, no seas cagalera: si Stalin lo prohibió todo, ¿cómo no iba a prohibir también la genética “clásica”?

Sin embargo, las diarreas del universitario británico le llevan al típico atolladero en que se meten todos los que padecen colitis severas: en 1949 no se conocían medios lo suficientemente precisos como para medir diferenciales de triptófano de ninguna muestra, ni de mierda ni de nada.

Las cacas, lo mismo que las meadas, son un buen indicador del estado de salud de una persona, pero nada dice acerca de la personalidad del que se sienta encima del orinal.

Cuando uno llega al final de muchos artículos, esa parte que no se lee por puro aburrimiento, se encuentra con sorpresas. También el profesor británico acaba al revés de como empieza: “Puede que el experimento de Stalin no fuese algo tan demencial al fin y al cabo”.

¿En qué quedamos?, ¿los experimentos de Stalin eran o no eran cagadas?

Pues yo me quedo con el principio de su artículo: si Stalin se hubiera dedicado a analizar la composición química de la mierda de Mao, hubiera dado la razón a los cretinos como Spector y tantos otros profesores universitario que escriben sin ningún conocimiento de causa.

(1) https://theconversation.com/science-and-stalins-crap-grab-can-excrement-reveal-the-secrets-of-our-personalities-53946
(2) http://m.magnet.xataka.com/preguntas-no-tan-frecuentes/el-experimento-de-stalin-pueden-los-excrementos-revelar-secretos-de-nuestra-personalidad

El CNI espía la vida de todos

Juan Manuel Olarieta

En mayo de 2012 se destapó una red de espionaje, el caso Pitiusa, que manejaba un ingente volumen de información sobre los ciudadanos de este país. Policía, Guardia Civil, Ejército, Servicios Secretos y empresas privadas aparecen confabulados en una trama, la mayor conocida hasta la fecha, que no va dirigida contra ningún país extranjero, ni tiene tampoco objetivos militares.

La conexión del CNI con este entramado es obvia. El imputado clave de la trama es Matías Bevilacqua-Brechbuhler, que trabaja para el CNI, según ha confirmado a la policía el propio servicio de espionaje. De origen argentino, Bevilacqua empezó su carrera como pirata informático y en Barcelona organizó la empresa CF Labs por cuenta del CNI. Fue director técnico de la plataforma esCERT, encargada de coordinar el Proyecto Europeo EISPP, financiado con fondos comunitarios.

CF Labs participa en el Laboratorio de Protección Cibernética de Infraestructuras Críticas, una de las empresas adjudicatarias del Centro Nacional de Excelencia de Ciberseguridad. No es más que una subcontrata del Ministerio del Interior. La Comisión Europea adjudicó el proyecto a dicho Ministerio, al Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad (ICFS) y a varias empresas privadas asociadas al mismo.

El Centro Nacional de CiberSeguridad es el primer centro de espionaje informático español creado tras el Programa de Infraestructuras Críticas (PEPIC) aprobado por la Unión Europea con el objetivo de “proteger la seguridad nacional del ciberterrorismo y el espionaje industrial”, una necesidad creciente como consecuencia de la rivalidad entre las grandes potencias imperialistas y entre las grandes multinacionales. Tiene su sede en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid donde reside el ICFS y está dotado con una subvención de más de 700.000 euros concedidos por la Comisión Europea.

Durante su detención a Bevilacqua le fueron intervenidos 140.000 euros en metálico, que justificó a la policía diciendo que era el pago de unos trabajos realizados para el CNI, si bien la policía maquilló su declaración, reemplazando las siglas del espionaje por “Defensa”. Su caso es parecido al de Hellín, otro asesor de los aparatos represivos del Estado.

Impartía numerosos cursos de formación a jueces, fiscales y miembros de la policía y la guardia civil. Bevilacqua fue quien capturó los correos electrónicos de Urdangarin, que fueron luego difundidos por Diego Torres, su antiguo socio en Noos. El abogado de Urdangarin pagó 7.000 euros a CF Labs para recuperar los correos electrónicos del disco duro de la agencia que llevaba las cuentas del Instituto Noos.

El pirata era omnipresente. También trabajaba para dos de los detectives implicados en la trama Pitiusa, Sara Dionisio y Juan Manuel Olivera. Este último era propietario de Vertex, la empresa que espió a Ignacio López del Hierro, marido de María Dolores de Cospedal. Ambos habían coincidido en la empresa Cybex con Bevilacqua antes de que éste fundara CF Labs.

El administrador de Cybex es el detective Juan de la Torre, de la agencia Intelligence Bureau y en ella trabajaba también Sergio Córcoles, policía local de Santa María de Palautordera, que era propietario de un apartamento en un complejo de cala Portinatx, en la costa ibicenca. Nadie se preocupó nunca por la fuente de ingresos de aquel modesto policía municipal que disfrutaba de tan lujoso chalet.

Tradicionalmente Baleares ha sido el núcleo de operaciones de espionaje. En este caso el jefe del CNI en las islas ha tenido que prestar declaración en la causa. El CNI puso a Bevilacqua a trabajar para el gobierno de Chávez en materia de seguridad informática, aunque la prensa escribió la noticia al revés: “El imputado Matías Bevilacqua ha asesorado en materia de seguridad informática al Gobierno de Hugo Chávez”, titulaba el ABC el 31 de julio del pasado año.

Las multinacionales son una de los nichos de información y de negocio del espionaje moderno. Yolanda Menal, directora de recursos humanos de la multinacional Unilever en España, ordenó a Bevilacqua espiar tanto a proveedores como a empresas de la competencia. Pero además controló el correo electrónico de sus propios subordinados sin que se enterasen para afianzar su propio poder y utilizaba los datos para despedir a los trabajadores. En otras ocasiones Unilever los utilizaba para el chantaje. A través de las conversaciones telefónicas intervenidas se demuestra que ofrecían a los trabajadores permisos retribuidos como salida menos mala y, ante notario, le revisan su ordenador para dar así cobertura legal a las informaciones que habían extraído previamente del ordenador de forma ilegal.

Con el mismo fin de represión laboral, la multinacional Du Pont también intervino los ordenadores de tres trabajadores a los que quería despedir. Quien encargó las investigaciones en esta ocasión fue el director del gabinete jurídico, José Luis Badia, que tiene su despacho en Ginebra. El volumen de datos incautados en los discos duros de los correos alcanza los 13 gigas de documentación. Los informes que obran en el sumario son contundentes: los pinchazos de los correos electrónicos de los empleados se realizan para “motivar los despidos” ante los tribunales.

Bevilacqua también pinchó el ordenador del consejero delegado de Minas de Río Tinto, Carlos Estévez, por encargo de la competencia: “Pinchamos en Outlook, lo conectamos vía Imap, hacemos una réplica en local, podemos probar a descargarlo desde el despacho y, si funciona, ya no tenemos que hacer nada más”.

También fue citado a la comisaría de policía Eduardo Garriga, el antiguo director gerente de la compañía de seguros Mutua Universal. En una de las conversaciones telefónicas grabadas por la policía al detective Aitor Gómez y a un tal Tino, un guardia civil le dice al detective: “Si vienen los del centro [CNI] es para dar cobertura al informante, no para organizar ellos nada […] Es simplemente de protección, porque no se fían de la Guardia Civil, que es lo que me dijiste”.

Lo bueno de montar estos tinglados, además de financiar el CNI, es que cuando se destapa presentan el asunto como si algún desaprensivo estuviera comerciando con datos privados para su provecho particular. Así es como presentaron el año pasado a la trama Método3 que espiaba a los futbolistas del Barcelona. En el caso Pitiusa son nada menos que 80 las agencias de detectives implicadas.

Ningún particular ni red privada es capaz de organizar algo así. El caso Pitiusa es la trama de criminal más importante organizada en Europa desde los tiempos de los GAL. Sólo Gladio es comparable. Han sido capaces de infiltrarse en el Inem, Hacienda, juzgados o policía y han accedido a todo tipo de información sobre cualquier persona que vive este país. Contaban con tan buenos informantes que incluso algún soplón les alertó en diciembre de 2011 de que la policía estaba tras sus pasos.

Además del CNI formaban parte de su trama de colaboradores una red de funcionarios que se extendía por Hacienda, la Policía Nacional, la Guardia Civil, el INEM, el catastro, la Seguridad Social, Sanidad, Hacienda vasca, Tráfico, Registro de la Propiedad, juzgados, entidades bancarias, compañías eléctricas, empresas de alquiler de coches, agencias de viaje, compañías aéreas, Movistar, Orange, e incluso estaban a punto de conseguir un infiltrado en Visa y otros monopolios similares.

Para entender este tipo de entramados hay que entender que en su nuevo estatuto de personal el CNI está captando a sus espías entre directivos de multinacionales españolas y extranjeras. Para financiarse el CNI, vendía luego los datos a los bancos, preocupados por la solvencia de sus clientes, devoradores de un listado de nombres, teléfonos e historias laborales que crecía mes a mes.

Aunque el sumario tiene ya 60 tomos, no hay ningún cálculo sobre el volumen de datos e informes con los que ha traficado esta red a lo largo de los años que llevaba operando. Tampoco constan las personas que han sido espiadas. No se ha cuantificado la magnitud del delito, ni en dinero, ni los datos robados, ni las personas afectadas. La desconfianza hace pensar en la capacidad de la red para poder robar datos médicos y vendérselos a empresas aseguradoras, o a los mismos bancos en cuyas hipotecas incluyen seguros de vida.

Desde sus inicios el número de imputados ha pasado de los 70 iniciales a los 183 actuales (2012). La progresión geométrica con la que aumenta indica que se trata solo la punta del iceberg.


En la oficina del Inem de Badalona los funcionarios no solo atendían a los trabajadores que buscaban empleo, sino que también horneaban galletas, preparaban empanadillas, fabricaban camisetas y hacían fotocopias. Con esas palabras en clave se entendían los funcionarios de la oficina y Francisco García Pérez, “Paco El Conseguidor”, funcionario jubilado que había trabajado en ella y seguía ejerciendo como intermediario de la red. En el sumario consta que una pareja de informadores, Ana Xicola y Eduard Ferrer Torres, pasaban cada mes “hasta 2.500 y 3.000 consultas” a Paco.

En la trama se han visto implicados todos los cuerpos del Estado (agentes judiciales, policía nacional, guardia civil, militares), todos ellos encabezados por los únicos que tienen patente de corso: los chicos del CNI. Las ramificaciones del caso salpican a ministerios como los de Trabajo e Interior, al CNI y un sin fin de jueces, militares y policías. Ninguno de los 183 implicados está en prisión.

Fuente: http://www.elotropais.com/index.php?option=com_content&task=view&id=447&Itemid=29

La era del vacío ideológico absoluto (3): ‘think tanks’

Juan Manuel Olarieta

En el inglés que se habla en Estados Unidos “think tank” significa “cerebro” y podría traducirse como “equipo de expertos”. La acepción actual del término surgió en la Segunda Guerra Mundial, es decir, tiene un origen claramente militar. Se refería al departamento de un ministerio, normalmente secreto, en el que científicos y militares se reunían para planificar asuntos estratégicos.

En la medida en que Estados Unidos ni se desmilitarizó ni se desarmó tras la Segunda Guerra Mundial, esa forma de funcionamiento se consolidó en el interior y se expandió a otros países.

A la Corporación Rand (Research and Development) se la considera como el primer “think tank”. Fue creada en 1948 por el general Henry H. Arnold y hoy trabajan en ella más 1.000 investigadores. Aunque nació al servicio del Pentágono, luego extendió sus tentáculos hacia áreas como las relaciones internacionales o el comercio mundial, entre otras.

Se calcula que en el mundo existen alrededor de 1.500 “think tanks”, de los que 1.200 radican en los Estados Unidos. Son, pues, instituciones típicamente anglosajonas que el imperialismo ha difundido como una forma de funcionamiento de la moderna política monopolista.

Los “equipos de expertos”, que en España suelen adoptar la forma de fundaciones privadas, expresan la militarización de la política burguesa contemporánea. Antiguamente lo militar estaba asociado a las guerras, que eran intermitentes. Una vez acabadas, la pretensión de seguir poniendo lo militar en primer plano era tachado de “militarismo”, algo muy mal visto.

Ya no es así. Tras la Segunda Guerra Mundial la política no volvió a recuperar su terreno. Llegó la Guerra Fría y hoy lo militar es permanente y algo que va mucho más allá de la guerra. En 1960 en su discurso de despedida de la presidencia de Estados Unidos, Eisenhower habló del “complejo militar industrial” que se estaba creando y que no ha hecho más que expandirse desde entonces.

La Guerra Fría amplió el radio de acción de la “defensa” a materias próximas, creando nociones imprecisas, como la “seguridad”, que todo lo alcanzan. A medida que la política cede terreno, lo militar amplía sus dominios, adquiriendo un protagonismo decisivo.

A diferencia de los tiempos de Clausewitz, cuando la guerra era considerada como la continuación de la política por otros medios, hoy lo militar se concibe (se camufla, más bien) como una cuestión técnica, apolítica, que cae bajo la competencia de expertos, ingenieros y universitarios. Los asuntos militares son de esas “cuestiones de Estado” en las que se necesitan dictámenes, más que opiniones.

Si se lee el discurso de Eisenhower (que, por ciento, además de presidente era general del ejército) se entiende el importante papel que desempeñan los investigadores y universitarios en la militarización del Estado moderno. Los científicos han sido sometidos “con el poder del dinero”, dijo Eisenhower. En el mundo los centros de investigación son hoy grandes prostitutas que se venden al mejor postor.

Desde hace décadas Darpa (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa) muestra que los militares gestionan fabulosos presupuestos públicos, que jamás se recortan porque lo primordial es la “seguridad”. En Estados Unidos una gran parte de los universitarios, científicos e ingenieros comen del dinero del Pentágono y están a su servicio. De esa manera, decía Eisenhower, la democracia se convierte en rehén de la tecnocracia y las políticas públicas quedan secuestradas por camarillas de expertos y de otros que se hacen pasar por tales.

Cuando en una tertulia a un medio de comunicación no le basta la opinión de un “cualquiera” sino que necesita algo más consistente, un dictamen, recurre a un experto. El Estado hace lo mismo. Hoy la burguesía no puede admitir que determinadas decisiones estén sujetas a la democracia y al control público. No se votan nunca en ninguna instancia oficial porque los monopolistas necesitan “seguridad”.

Aunque no sean militares, una parte importante de los aparatos del Estado están militarizados, son paramilitares, o subcontratistas de los militares. Así, desde su origen la CIA está estrechamente vinculada, tanto al Pentágono como a las universidades. Actualmente una parte importante de sus funciones las ejecuta a través del “think tank” Stratfor (Strategic Forecasting), que a la vez actúa como empresa de asesoramiento y grupo de presión.

Lo militar, lo paramilitar, los subcontratistas militares y los múltiples mercenarios a su servicio tienen una presencia permanente, a diferencia del Estado burgués del siglo XIX, y desempeñan un papel muchísimo más importante de lo que la mayoría quiere admitir, especialmente en países de raigambre castrense, como España, donde se ha visto favorecido por dos factores.

El primero es el secreto. De lo militar no se habla porque no se sabe; de lo paramilitar porque no se puede. En el ámbito militar lo secreto se justifica a sí mismo. La publicidad y, por lo tanto, la democracia, son esencialmente antimilitaristas.

El segundo factor son todas esas seudoteorías acerca del supuesto “neoliberalismo” que ayudan a camuflarlo. No hay tal retorno al Estado liberal del siglo XIX, ni puede haberlo. Hoy el capitalismo es capitalismo monopolista de Estado; no puede prescindir del Estado y ese Estado (y ese capitalismo) tienen un componente paramilitar creciente.

La prioridad número uno del Estado moderno es la “seguridad”, su propia seguridad, la del Estado, la certidumbre de que nadie va a tener la pretensión de cambiar ninguno de sus aspectos fundamentales, salvo que pretenda ir a la cárcel por cometer un atentado contra la “seguridad” del Estado.

¿Qué es el peronismo? (1)

Hipólito Yrigoyen
Darío Herchhoren

Debo confesar que he tenido que dar mil vueltas a la cabeza antes de escribir sobre un tema tan complicado como explicar que es el peronismo, sobre todo en España. Mi buen amigo y camarada Juan Manuel Olarieta me impulsó a dar este paso y he aceptado el envite. Necesitaré para esta tarea escribir seguramente más de un artículo.

Es necesario para tratar el tema desvincular la figura del General Perón de lo que en definitiva es el peronismo.

Comenzaremos por ubicar a Perón en la Argentina de los años 30 del pasado siglo, donde Juan Domingo Perón, en aquellos tiempos con el grado de capitán participa como subordinado en el golpe militar del 6 de septiembre de 1930 en el derrocamiento del Presidente de la República Dr. Hipólito Yrigoyen.

Encabeza el golpe, el General José Evaristo Uriburu, por entonces director del Colegio Militar de la Nación, equivalente argentino de la Academia General Militar española, de donde salen los oficiales del ejército de tierra. El Capitán Juan Domingo Perón era por entonces profesor de Historia Militar en dicho Colegio, y a las órdenes de Uriburu marcha a la casa particular del presidente de la República en la calle Brasil del barrio de Constitución de Buenos Aires, y junto con otros militares detiene al legítimo presidente de la República.

Acto seguido una turbamulta penetra en la casa del Dr. Yrigoyen y arrojan por un balcón sus escasos enseres consistentes en una cama, una mesilla de noche, una mesa de trabajo, y un armario donde guardaba su ropa.

La chusma que invade su casa queda asombrada ante la pobreza del mobiliario, y se retira avergonzada. Pero el mal ya está hecho. El golpe militar del 6 de septiembre de 1930 inaugura el largo rosario de golpes militares, planteos y «aprietes» protagonizados por el ejército argentino, y que culminan con el golpe criminal de Videla y sus conmilitones del 24 de marzo de 1976, que inaugura un nuevo tipo de intervención militar: comienzan las ejecuciones, los «desaparecimientos», las masacres, los robos de bebes, y el saqueo de los bienes de los presos y desaparecidos.

El golpe militar de 1930, coincide en el tiempo con la fundación de la empresa estatal YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), que fuera impulsada por Yrigoyen y fundada por un militar patriota, el General Enrique Mosconi.

No era ajena al golpe la empresa británica Royal Dutch, antecesora de la ANIOC, (Anglo Iranian Oil Company), que fué nacionalizada por Mohamed Mossadeg, y transformada en NIOC (National Iranian Oil Company), actual empresa petrolera de Irán.

A todo esto, Perón ya con el grado de Teniente Coronel es designado agregado militar en Italia, en tiempos de Benito Mussolini, y permanece en Roma hasta el año 1943.

El gobierno del General Uriburu, inicia lo que se conoce en la historia argentina como la «década infame», que en realidad dura hasta el año 1943, es decir 13 años.

En ese largo período la Argentina padece una serie de gobiernos conservadores de corte liberal que entrega el país atado de pies y manos a la voracidad del capital inglés.La entrega es de tal magnitud, que Argentina es bautizada por Winston Churchill, primer lord del Almirantazgo inglés como el quinto dominio de Inglaterra (Inglaterra tenía cuatro dominios que eran Canadá, Australia, La India y Nueva Zelanda) y Argentina según Churchill, era el quinto dominio.

En ese tiempo el presidente del Banco Central de la República Argentina era un lord inglés, que se llamaba Sir Otto Leguizamón, y para que no hubiera ninguna duda de quien mandaba allí, tenía en su despacho una estatuilla de George Canning, un antiguo primer ministro inglés.

Pero en la década de 1930, los nazis llegaron al poder en Alemania, y se convirtieron en el enemigo más peligroso de Inglaterra, por entonces la primera potencia militar del mundo, y ello implicó que los movimientos patrióticos argentinos que luchaban contra el dominio inglés, vieran con simpatía al gobierno alemán, por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Junto con ello, comenzó a crearse en el ejército una logia que contaba con un enorme apoyo entre los oficiales jóvenes que iban tejiendo una confusa ideología nacionalista, y a veces nazionalista, que era conocida como el GOU (Grupo de Oficiales Unidos), y uno de sus miembros era el ya Coronel Perón.

Hay que tener en cuenta además, que en el año 1939, comienza la segunda guerra mundial en Europa con unos fulgurantes triunfos de los ejércitos alemanes, y que Inglaterra es bombardeada cruelmente, lo cual aviva más aún las simpatías por Alemania; con el consiguiente aflojamiento de la presión de Inglaterra sobre Argentina.

Pero todo esto implicaba también que como consecuencia de la guerra las importaciones desde Europa disminuyen drásticamente, lo que obliga a fabricar en el país muchos productos manufacturados que ya no se pueden importar.

Esto último se traduce en que nace una nueva burguesía, cuyos intereses chocan con los intereses de los importadores, tradicionalmente ligados a la oligarquía terrateniente, y como necesaria consecuencia, se crea un incipiente proletariado, generalmente de origen rural, que se adapta rápidamente al trabajo industrial, y conoce pir primera vez una jornada de ocho horas, en lugar de las largas jornadas de diez, doce y catorce horas de trabajo mal pagado.

El 4 de junio de 1943, el ejército da un golpe de estado, y destituye al Presidente de la República Dr. Ramón Castillo. Encabezan el golpe los generales Edelmiro Farrell, José Ramirez, y Guillermo Rawson, todos miembros del GOU, y designan un nuevo gobierno el 5 de junio de 1943, donde en 24 horas hay sucesivamente tres presidentes de la República Argentina, quedando finalmente el General Farrell al mando del país.

En ese gobierno, es designado como Secretario de Trabajo y Previsión, el Coronel Juan Domingo Perón.

La era del vacío ideológico absoluto (2)

Juan Manuel Olarieta

En la lucha de clases no sólo el proletariado necesita una dirección política, sino el Estado también. Sin embargo, quienes deben dirigir al Estado, los partidos políticos, no sólo no dirigen sino que son dirigidos -en todo o en parte- por el Estado.

Como en los tiempos absolutistas previos a la revolución burguesa, el Estado moderno parece haber adquirido vida propia; se retroalimenta y da la impresión de que se dirige a sí mismo, lo cual no puede ser más nefasto y explica, al menos en parte, las modernas crisis políticas, de las que España es un modelo acabado.

¿Cómo determina un Estado su propia estrategia? Expresado de otra manera: ¿quién ha sustraido a los partidos políticos su función de imponer o de cambiar la estrategia del Estado?, ¿cómo se ha llevado a cabo esa sustracción?

No siempre de la misma forma, evidentemente, aunque siempre coincide en que hay cosas a las que se las considera como esencialmente “apolíticas”. Es el caso de los nombres de los pueblos, como Guadiana del Caudillo en Extremadura, y de las calles, como Marqués de Salamanca, que se consideran como “tradiciones” que hay que respetar. Hace 100 años un ayuntamiento puso un nombre a una calle y ese mismo ayuntamiento no se lo puede cambiar. A veces es peor: ni siquiera se lo quiere cambiar. Cuando cambia el nombre de una calle es porque le obliga la ley de la Memoria Histórica. Sin ella lo dejarían tal y como está.

Pues bien, si los ayuntamientos no están para cambiar algo tan simple, ¿para qué los elegimos?, ¿por qué los cargos municipales no se convierten en vitalicios y se les encomienda vigilar para que nunca cambie nada?

Sin embargo, el aeropuerto de Madrid, que tradicionalmente se llamaba “de Barajas”, le han cambiado el nombre por el de Adolfo Suárez y nadie ha protestado por un gasto tan innecesario. En el futuro si alguien quiere cambiarle el nombre al aeropuerto le dirán que es -siempre ha sido- el nombre “tradicional”.

Una de las formas de secuestro político es la internacionalización o transformación de los problemas internos en problemas internacionales. No hay más que ver la proliferación contemporánea de organismos de todo tipo (UE, OIT, OMC, OTAN, FMI) que lo sirven todo ya precocinado y listo para el consumo, de manera que el político de turno no tenga otra cosa que referirse a lo que llega de un tinglado mundial que también parece tener vida propia. Así, las “recomendaciones” de la OMS sobre los diversos virus y pandemias mundiales son como las encíclicas de los Papas; están fuera de discusión.

En otros casos la política se solapa con la ciencia (o con una apariencia de ella). Es otro retorno a la vieja tecnocracia de los últimos años del franquismo. Así, en las últimas elecciones tanto Ciudadanos como Podemos acudieron a los “expertos” (Luis Garicano, Vicenç Navarro y Juan Torres) para elaborar su programa económico.

Pero si un país pone su política económica en manos de los universitarios, ¿para qué necesitamos a los partidos políticos? La sanidad pública es obra de los médicos, la política exterior de los diplomáticos, la militar de los generales… y así sucesivamente. No hace falta partidos políticos para nada; bastan los sucedáneos.

Los “expertos” se caracterizan porque son “apolíticos”, lo mismo que los jueces, como es bien sabido. Su tarea también es “apolítica” y consiste en poner determinados asuntos fuera del alcance del debate público: si alguien no tiene título universitario, tampoco tiene conocimientos, ni competencia para hablar de determinados problemas. Es mejor que permanezca callado. Es uno de los aspectos fundamentales de la dominación política: que el sometido se aperciba de su inferioridad frente al “experto” como el alumno del maestro.

Llega un punto en el que se pierde la costumbre de debatir, sobre todo acerca de ciertos asuntos, que se acaban convirtiendo así en “incuestionables”, en eso que llaman “cuestiones de Estado” precisamente porque el Estado no se puede cuestionar. Cuando alguien pretende introducir en el debate ese tipo de cuestiones es un “antisistema” o, como se decía antiguamente, un anarquista, alguien que quiere acabar con el Estado, con todos los Estados, con cualquier tipo de Estado, porque la burguesía no concibe otro Estado diferente al suyo.

En todos los Estados hay muchas “cuestiones de Estado” y muy pocos sucedáneos que se atrevan a tocarlas, e incluso a hablar siquiera de ellas. Hay regiones enteras del funcionamiento de un Estado de las que jamás se polemiza. Otras están declaradas como secreto “de Estado” para que nadie pregunte por ellas. Finalmente, las hay que están incluso criminalizadas: es un delito hablar sobre ellas o exponer un criterio diferente del oficial.

Son los viejos “arcanos” de los tiempos medievales, ese tipo de cuestiones que definen al Estado y, por extensión, a cualquier movimiento político dentro del mismo. Basta analizar el lenguaje con el que un movimiento político se refiere a una cuestión de Estado, para que se desnude a sí mismo. “Díme de lo que no hablas y te diré quién eres”.

Por eso cuando alguien viaja a otro Estado se queda sorprendido de que haya asuntos de los que allá nadie habla, o al revés, de que allá se hable con toda naturalidad de asuntos que en el país de origen nadie plantea.

Cuando alguna ciencia quiera medir el índice de democracia de un país, podrá recurrir a la cantidad y la calidad de las “cuestiones de Estado”. De paso le servirá también para medir el grado de servilismo de los sucedáneos políticos hacia el propio Estado.

La era del vacío ideológico absoluto, primera parte:
https://mpr21.info/2016/02/la-era-del-vacio-ideologico-absoluto.html

La era del vacío ideológico absoluto (3), ‘think tanks’
https://mpr21.info/2016/02/la-era-del-vacio-ideologico-absoluto-3.html

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