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¿Se puede o no se puede?

Marta Higueras
El martes se produjo una curiosa intervención de la concejal de “Equidad y Derechos Sociales” del Ayuntamiento de Madrid, Marta Higueras, en un pleno municipal.

El punto del orden del día desnudó la complicidad del anterior Ayuntamiento del PP con los fondos buitre para desahuciar en masa a los vecinos de sus viviendas sin altercados dramáticos, follones, policías y cámaras de televisión. Todo “light”, aséptico, casi europeo.

El Ayuntamiento había sacado “por las buenas” a los vecinos de sus casas ofreciéndoles otras viviendas diferentes, de tipo social. Para ello los fondos buitre entregaban listados de vecinos a desahuciar y el Ayuntamiento los realojaba en otras viviendas, dejando el campo libre a los especuladores, que podían proceder a revender sus propiedades inmediatamente.

Todo ello sin costo económico alguno para los fondos buitre y sin costo político alguno para los buitres municipales. La concejal de Podemos y demás “mareas”, que preside la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid, habló de “negocio redondo” para los especuladores, que entre 2012 y 2013 se apoderaron de casi 3.000 viviendas de protección, de las que 1.860 fueron a parar al fondo Fidere-Blackstone.

El debate iba sacando la mierda del pozo en medio de ese lenguaje universitario almibarado, propio de la posmodernidad, en donde a los fondos buitre se los llamaba “mayoristas de viviendas”.

Hasta que llegó el punto de saber si realmente se puede o no se puede, o qué es exactamente lo que se puede hacer ante el expolio. Al nuevo Ayuntamiento nadie le exigió nunca que construyeran el socialismo, ni diseñaran un Plan Quinquenal. Era algo mucho menos comprometido: saber si las nuevas coaliciones, como Podemos, responden a su nombre y a su consigna favorita: ¿se puede?

La concejal no dijo claramente que no hubiera nada que hacer, pero lo dejó caer. Se mostró pesimista y reconoció que “es muy complicado” revertir el saqueo de las propiedades municipales, a pesar de las numerosas ilegalidades cometidas, que estaban esperando un informe jurídico y bla, bla, bla, bla…

Este tipo de concejales son los que antes, en los mítines, hablaban siempre del empleo de las vías legales frente a quienes, como el PP, han utilizado las ilegales para enriquecer a los fondos buitre. Sabemos para qué sirven las vías ilegales, pero ¿para qué sirven las legales?, ¿no estamos en un Estado de Derecho?

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Maidan: la deriva fascista de una contrarrevolución antirrusa

Jean Geronimo

La espectacular espantada europea del presidente ucraniano Viktor Yanukovitch fue para Washington el pretexto para su derrocamiento, en pos del control de un Estado estratégico de la Eurasia post-comunista. Esa acción concreta su viejo sueño obsesivo de la Guerra Fría: el retroceso de la potencia rusa en su espacio histórico. Contrariamente a la propaganda mediática destinada a formatear la opinión pública internacional, Yanukovitch nunca puso en cuestión el acercamiento hacia la Unión Europea seguido bajo su presidencia. Más bien buscó equilibrar la posición entre Europa y Rusia, hasta entonces inclinada hacia el “sueño europeo”. A estos efectos, quiso renegociar (de manera incorrecta) el Acuerdo de Asociación y de Libre Cambio programado el 23 de noviembre de 2013 entre la Unión Europea y Ucrania, muy poco adaptado a la desastrosa situación de su economía, y ocultando a la vez sus estrechos lazos con Rusia, que controlaba entonces la tercera parte de su capital. Como continuación a una toma de conciencia tardía y a las tentadoras proposiciones rusas del 17 de diciembre de 2013 (préstamo de 15.000 millones de dólares y reducción de un tercio del precio del gas) este brusco viraje terminó de desacreditar al “corrupto” Yanukovitch, del que Putin además lamentó la debilidad. Presionado por sus extremos, el movimiento social se politizó rápidamente, tomando una vertiente violenta. Así nació la “revolución” de Maidan.

Vamos a interrogarnos sobre la naturaleza de esta “revolución”, sancionada por la expulsión de Yanukovitch al día siguiente del acuerdo, pese a todo consensual, del 21 de febrero de 2014 entre los actores en conflicto, y cuyo respeto hubiera podido, en definitiva, evitar la sangrienta guerra civil en el sudeste.

Un putsch nacionalista, instrumentalizado por Occidente

La base fue la supuesta violación del acuerdo del 21 de febrero. Tras una dudosa “situación insurreccional” (según los términos de Jacques Sapir) organizada por fuerzas oscuras bajo vigilancia occidental, el sábado 22 de febrero de 2014 se instrumenta el golpe de Estado contra Yanukovitch. Ese día, la ONU, a instancias del Consejo de Europa, denuncia el anormal retraso de la justicia sobre los mortales incidentes en Kiev y Odesa de este putsch nacionalista, precipitado por fuerzas fascistizantes o, más bien, “claramente nazis” según J.M. Chauvier. Para Putin, los autores y el escenario de este golpe se conocen hoy perfectamente. Se sabe “cuánto cobraron, cómo se prepararon, en qué territorios, en qué países y quiénes eran sus instructores”. El golpe será, tras una corta transición política, la condición que permitió el nombramiento como presidente de Porochenko el 25 de mayo de 2014, el candidato pro-europeo más adecuado para defender los intereses del gobierno norteamericano, del gran capital y de los oligarcas del Oeste ucraniano contra el “peligro comunista”. El sueño europeo bajo el cerrojo norteamericano.

A la larga, esta inflexión pro europea de Ucrania será catalizador de su acercamiento a la OTAN, representante auténtico de la diplomacia norteamericana, como había anticipado Zbigniew Brzezinski: “La extensión de Europa y de la OTAN servirán a los objetivos tanto a corto como a largo plazo de la política norteamericana”. En esta óptica, bajo presión estadounidense, Porochenko construirá su popularidad, y su estrategia, contra la “amenaza rusa”. El 14 de setiembre de 2015 confirmaba que la “amenaza número 1 es Rusia” y, siguiendo el razonamiento, justifica su llamamiento a la OTAN. Estructuralmente impregnada desde la Guerra Fría por la doctrina Brzezinski, se orienta hacia el retroceso de la potencia rusa. El gobierno norteamericano puede avanzar sus peones y sus bases sobre el tablero euroasiático.

El objetivo de Washington en Ucrania es impedir el retorno de la influencia rusa en Europa y sobre todo oponerse a sus veleidades de dominación que, en la práctica, pondrían en cuestión la dirección heredada de la lucha anticomunista. Este principio de vigilancia estratégica sobre el continente europeo fue considerado por Kissinger como un elemento clave de la política norteamericana: “Desde que América se comprometió en la Primera Guerra mundial en 1917, su política descansa sobre la idea de que es su interés geopolítico impedir a toda potencia probablemente hostil dominar Europa”.

Esta preocupación estratégica, en el núcleo del análisis de Brzezinski, justifica el mantenimiento de una atmósfera de Guerra Fría reactivando (a través de una estrategia de desinformación) el mito del “enemigo ruso” en Ucrania. Eso explica el apoyo norteamericano a la extensión hacia el Este del espacio neoliberal europeo y su integración en el bloque otánico, contra los intereses rusos.

Al final, esta configuración explica la decisión del mando de las fuerzas aliadas en Europa, Philip Breedlove, expresado en el Congreso norteamericano en febrero de 2016, de “contener” a Rusia y si es necesario ”vencerla”. Inquietante.

Una ‘revolución’ fascistizante dirigida contra Moscú

La eliminación política de un dirigente pro ruso democráticamente elegido pero molesto, en la medida en que por una parte rechazaba la lógica ultraliberal del Acuerdo de Asociación, y por otra parte la influencia excesiva de la austeridad europea bajo control del FMI, fue el objetivo aglutinante  de la coalición anti Yanukovitch. Con una base muy heterogénea y formada por oponentes nacionalistas salidos, en parte, de corrientes neonazis, esta extraña coalición “revolucionaria” ha sido, en fin, apoyada y luego orientada por las potencias occidentales bajo impulso norteamericano. “Washington ha apoyado de forma activa el Maidan”, lamentaba Putin el 16 de octubre de 2014, hipótesis confirmada por el testimonio del 31 de enero de 2015 de Barak Obama en la cadena CNN.

Progresivamente, impulsada por una fuerza irresistible, esta curiosa “revolución” nacional-liberal del EuroMaidan se ha radicalizado, con ataques a los “enemigos” (rusos y comunistas) y con unos resultados políticos que desembocan, a partir del 15 de abril de 2014, en una terrible represión en el Este, durante la horrorosa masacre de Odesa el 2 de mayo de 2014. Una consecuencia posterior de esta evolución ha sido la creación de leyes de “descomunistización”, que llevaron a la prohibición del Partido Comunista ucraniano el 24 de julio de 2015 y, de rebote, a la sacralización de los antiguos héroes nacionalistas colaboracionistas ligados a la Waffen SS. Una preocupante revisión de la historia ucraniana, favorecedora del renacimiento de ideologías nazis representadas por temibles grupos paramilitares. Curioso.

Tendencialmente, la “revolución” de Kiev se inscribe en la prolongación de las “revoluciones de colores” de naturaleza neoliberal, sucedidas en el espacio post soviético de los años 2000, perseguidoras de la instalación de dirigentes pro occidentales cercanos a Washington, fácilmente manipulables, por tanto. La generalización inconsciente de este tipo de estrategia “revolucionaria” al Medio Oriente fue denunciada el 20 de diciembre de 2015 por Jeffrey Sachs, consejero especial del secretariado general de la ONU: “Estados Unidos tiene que cesar las operaciones secretas de la ONU tendentes a derribar o desestabilizar los gobiernos de diferentes puntos del mundo”. El curso del escenario ucraniano da la impresión de ser un mecanismo perfectamente engrasado, bajo el ojo hábil del embajador norteamericano supervisando los progresos “revolucionarios”.

El papel de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales extranjeras, así como la sorprendente injerencia de los dirigentes occidentales (J. Kerry y C.Ashton) fueron decisivos una vez más (junto a los oscuros francotiradores de Maidan) en la construcción de un “punto crítico”, provocador de la desestabilización del poder y el éxito final de esa puesta en escena revolucionaria. Hoy no hay ninguna duda de que aquellos francotiradores estaban relacionados con la oposición radical anti Yanukovitch y han formado parte, junto con las milicias pardas, de la estrategia de desestabilización del régimen pro ruso. También con una presión “democrática” anti rusa impulsada por el dúo NEID-USAID, vector de todas las “revoluciones” pos soviéticas, mediante un apoyo financiado con dólares a la oposición ucraniana y a la propaganda occidental, para reforzar la “sociedad civil”. Con un fuerte auge, este apoyo está ahora reflejado en el presupuesto norteamericano para financiar la estrategia de “disuasión” de Rusia sobre el espacio euroasiático (gastos cuadruplicados en el proyecto presupuestario de 2017), en el marco de un nuevo tipo de guerra híbrida. Al final mediante el “soft power”, la cuestión consiste en erradicar los valores soviéticos y la amenaza comunista simbolizada por el “dictador”. Putin seguiría siendo, según la extraña creencia occidental, un “homo sovieticus” aspirante a restaurar el imperio. Delirante.

El avance de la OTAN en zona pos soviética

En el marco del aumento de las tensiones ruso-norteamericanas, la vuelta de Crimea al territorio ruso puede explicarse como un intento de Moscú de mantener un puesto avanzado frente a la progresión provocadora de la OTAN en el espacio pos soviético, una periferia limítrofe definida como su glacis de seguridad. En otras palabras, Crimea se puede considerar como un “golpe estratégico” ejecutado por Putin en el tablero euroasiático, para preservar sus posiciones y defender los intereses nacionales, que se ven amenazados por el giro anti ruso de la diplomacia europea. Ese golpe victorioso fue posible por la extrema torpeza occidental en el origen del putsch nacionalista, que ofreció la oportunidad al presidente ruso (mediante el referéndum del 16 de marzo de 2014) de recuperar Crimea, y por esta vía, corregir el “error histórico” de Kruschev en 1954.  Para Putin no hay ninguna duda de que, bajo el grillete norteamericano, la OTAN sigue fiel a su antiguo objetivo de la Guerra Fría: reforzar su superioridad militar para modificar el equilibro estratégico en Eurasia. Con el fin de justificar un objetivo y “dar sentido” a su existencia, la OTAN se ha creado en Ucrania un “enemigo”, afirmaba el 14 de abril de 2016 el jefe de la diplomacia rusa, Lavrov. Para algunos Estados del antiguo bloque soviético, la OTAN se habría convertido, según H.C. d’Encausse, en “una alianza destinada a protegerlos de Rusia, sospechosa de ambiciones neoimperiales”. Esto explica sin duda la considerable extensión de las instalaciones de la Alianza en la periferia europea de Rusia, que según Washington estaría justificada por su “injerencia” en Ucrania. Sin embargo, la advertencia del Kremlin lanzada el 23 de septiembre de 2015 por su portavoz Dmitri Peskov es clara: “Todo avance de la Alianza hacia nuestras fronteras nos obligará a la adopción de contramedidas para consolidar nuestra seguridad nacional”.

El 20 de mayo de 2015, esta forma de paranoia antirrusa, mantenida mediáticamente por la desinformación (información parcial o mentirosa), se ha visto ilustrada en el discurso alarmista del jefe del Consejo de Seguridad Nacional y de Defensa ucraniano, Alexander Turchinov: “La amenaza para el mundo que viene hoy de Rusia exige una reacción adecuada y acciones fuertes”. Esta demanda parece haber sido oída, porque el 23 de junio de 2015, el ministro de Defensa norteamericano, A. Carter, ha confirmado la instalación “temporal” de armas pesadas en Europa central y oriental, en respuesta a las “provocaciones rusas”, violando el Acta entre OTAN y Rusia firmado el 27 de mayo de 1997. A principios de febrero de 2016, Carter anunció la multiplicación por cuatro de la ayuda norteamericana a sus aliados europeos en 2017, tras “la agresión rusa en Europa del Este”.

Para H. Kissinger, la OTAN mantiene su función histórica anti rusa, centrada en la protección de Europa: una “política de seguridad contra un nuevo imperialismo ruso”. Hoy, los gastos militares de la OTAN (800.000 millones de dólares) son 11 veces mayores que los de Rusia (70.000 millones de dólares), y por este motivo crean una peligrosa asimetría. Esta presión psicológica surrealista contra Rusia ha reactivado en la práctica el instinto de supervivencia existente en la época soviética contra el eje OTAN-USA.

Al final, y a pesar de la recesión económica demostrada en la caída del 3,8 por ciento del PIB en 2015, Putin ha confirmado para 2016 la continuidad del esfuerzo militar “defensivo” de Rusia, mediante una elevación del presupuesto. Los viejos reflejos están de vuelta.

La crisis en Kiev refleja una especie de partida de ajedrez entre norteamericanos y rusos, a través de la oposición neo-ideológica entre los ejes euroatlántico y euroasiático, en el que Ucrania sería una pieza decisiva, el pivot. Haciendo de Ucrania una “bomba de tiempo geopolítica”, esta configuración estratégica ha justificado el refuerzo de la OTAN en Europa del este, para “resistir a la presión de Rusia” según las declaraciones, a principios de marzo de 2016, del secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg. El 17 de marzo de 2016, A: Carter definió a Rusia como la principal “amenaza mundial” para los Estados Unidos.

Fuente: http://www.mondialisation.ca/maidan-les-derives-fascistes-dune-revolution-anti-russe/5522170

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Guerra psicológica

El cineasta que se atrevió a contar el Caso Magnitsky

Aunque vive en el extranjero, al cineasta Andrei Nekrasov es frecuente verle en Moscú encabezando las manifestaciones contra Putin. Ha publicado numerosos artículos contra el Presidente ruso y los intoxicadores de Reporteros Sin Fronteras le incluyeron entre el elenco de perseguidos y censurados en Rusia.

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Noticias

En Ucrania los vecinos impiden que los fascistas derriben un monumento a Lenin

La semana pasada los habitantes de Limanskoe, en Odesa, se enfrentaron a los soldados del batallón fascista Azov que pretendían derribar un monumento a Lenin.

Los fascistas llegaron a la localidad en un autobús para cumplir la legislación aprobada por la Rada en abril del pasado año que ordena destruir todos los símbolos de la época soviética.

Cuando ya habían destruido su parte superior, un grupo de vecinos se acercó para increparles, produciéndose un altercado, por lo que más vecinos se fueron agrupando en los alrededores.

Ante una situación tensa, los fascistas volvieron a subir precipitadamente al autobús y abandonaron el lugar, mientras los vecinos les lanzaban gritos de ¡fascistas! e ¡hijos de puta!

Algunos de los presentes grabaron el incidente, que se puede ver en internet (*).

En Ucrania la destrucción de obras monumentales soviéticas comenzó en diciembre de 2013, pero hasta el año pasado la Rada no aprobó una ley que prohibía el uso de los emblemas de la época soviética. Su objetivo es la reescritura de la historia de Ucrania.

Desde entonces la destrucción de monumentos y obras escultóricas creadas por prestigiosos artistas soviéticos ha sido vertiginosa, a pesar de la oposición de los ucranianos.

Otros han convertido la destrucción en un negocio. Su valor artístico e histórico es tan importante que algunos avispados se han apoderado de numerosos símbolos soviéticos para venderlos. A pesar de que los precios no detienen su ascenso, cada vez hay más compradores, tanto dentro como fuera de Ucrania.

Recientemente en Kiev se ha vendido una estatua de bronce de Lenin pintada con los colores nacionales ucranianos, azules y amarillos, por 15.000 dólares. No quieren a Lenin pero no les importa quedarse  con el dinero que su recuerdo genera.

(*) Одесситы подрались с ‘Азовом’ из-за Ленина
http://www.youtube.com/watch?v=tlGmHhQvbCA
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Economía

El monopolio Bin Laden entra en bancarrota

El monopolio de la construcción Bin Laden, una de las mayores empresas saudíes que hace frente a graves dificultades financieras, ha despedido a 77.000 trabajadores extranjeros.

Además de los despidos, hay salarios impagados y acciones de protesta de los obreros de Bin Laden, promotor de grandes obras y proyectos urbanísticos en Arabia saudí, que se ha hundido por la caída de los precios del petróleo.

A los 77.000 obreros extranjeros que han sido despedidos les han dado sus visados para que abandonen Arabia saudí. En total en Arabia saudí trabajaban de 200.000 extranjeros para la multinacional de la construcción.

Esta ola de despidos también podría afectar a unos 12.000 de los 17.000 saudíes empleados como directivos, ingenieros, agentes administrativos y capataces.

El Grupo Bin Laden es una empresa familiar fundada en 1931 por el padre del dirigente de Al-Qaeda. Sus intereses han estado siempre estrechamente relacionados con los de la familia Bush en Estados Unidos.

La masa salarial que el monopolio adeuda a los obreros asciende a unos 2.000 millones de riyales (466 millones de euros) y sus proyectos en Arabia saudí y el extranjero se estiman en 136 millones de riyales (32 millones de euros).

El Grupo Bin Laden contrató los trabajos de expansión de los Lugares Santos en La Meca. Sin embargo, ha sufrido una crisis sin precedentes después de las sanciones del gobierno saudí tras la caída de una grúa en Meca, que causó más de 100 muertos.

Otras empresas saudíes también están en bancarrota.

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Los ataques químicos contra la población siria fueron obra de Estados Unidos

El periodista Seymour Hersh
Un informe británico de inteligencia señala que el gas sarín que los yihadistas sirios utilizaron en agosto de 2013 en la Guta oriental, en la provincia de Damasco, no procedió de los depósitos del ejército sirio y que la antigua secretaria de Estado, Hillary Clinton, aprobó la entrega a los yihadistas de armas químicas procedentes de Libia.

En dos artículos publicados en el London Review of Books titulados “¿De quién es el sarín?” y “La línea roja y la línea de las ratas”, el periodista Seymour Hersh señala que Obama culpó falsamente al gobierno de Bashar Al-Assad por el ataque para que sirviera de excusa para invadir Siria.

En 2012 Estados Unidos, Arabia saudí, Turquía y Qatar alcanzaron un acuerdo secreto para llevar a cabo un ataque químico con gas sarín y culpar a Assad para que Estados Unidos tuviera una excusa para invadir Siria y derrocar a su presidente.

“Según los términos del acuerdo, la financiación provendría de Turquía, Arabia saudí y Qatar. La CIA y el MI6 británico fueron los responsables de conseguir las armas de los arsenales de Gadafi para trasladarlas a Siria”.

Hersh no aclara si tales armas incluían los componentes químicos para la fabricación de gas sarín que estaban almacenados en Libia, pero ha habido muchos informes independientes de que la Libia de Gadafi poseía tales depósitos y también de que la embajada de Estados Unidos en Trípoli estaba trasladando las armas capturadas al ejército de Gadafi hacia Siria a través de Turquía.

En un artículo publicado el 7 de octubre de 2013, titulado “Altos responsables de Estados Unidos y Arabia saudí culpables de las armas químicas en Siria”, el periodista Christoph Lehmann también afirmó que “las evidencias conducen directamente a la Casa Blanca, al presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor Martin Dempsey, al director de la CIA John Brennan, al jefe de la Inteligencia saudí Príncipe Bandar bin Sultan y al Ministerio del Interior de Arabia Saudí”.

El análisis definitivo de los restos químicos, el Lloyd-Postal Report, elaborado por dos estadounidenses, afirmó que el informe del gobierno de Estados Unidos “podía no ser correcto posiblemente”. En otras palabras: Obama había vuelto a mentir. El gas sarín empleado no era del tipo que el ejército sirio tenía en sus arsenales.

Ahora Hersh involucra a Hillary Clinton directamente. En una entrevista con Alternet.org a Hersh le preguntan por el papel que desempeñó la entonces secretaria de Estado de Estados Unidos en el operativo de la embajada norteamericana en Bengasi para reunir armas de los arsenales libios y enviarlas a Siria a través de Turquía.

Hersh señala que “el embajador norteamericano que murió en Libia era conocido como alguien que, por lo que se, no  se interpondría en el camino de la CIA. Se reunió con el jefe de estación de la CIA y con la empresa naviera que llevaba las armas. Estuvo ciertamente implicado y era consciente de todo lo que estaba ocurriendo. Y no hay forma de que alguien que ocupaba una posición tan sensible no hablara de ello a su jefa [Hillary Clinton] por cualquier canal”.

El periodista le pregunta a Hersh acerca de una referencia de su libro sobre la muerte de Bin Laden en el que dice que la Casa Blanca rechazó un plan para atacar 35 objetivos en Siria suministrado por la Junta de Jefes de Estado Mayor por no ser lo suficientemente perjudicial para el régimen de Al-Assad.

La Casa Blanca propuso una lista de objetivos que incluía infraestructuras civiles. ¿Cuál habría sido la suerte de cientos de miles de civiles si el propuesto ataque de la Casa Blanca hubiera tenido lugar?

Hersh señala que la tradición norteamericana ha sido siempre la de ignorar las bajas civiles (daños colaterales) en los ataques estadounidenses o a veces incluso las ha provocado deliberadamente (para aterrorizar a la población para que se rinda), como fue el caso de Irak.

El periodista insiste en preguntarle por qué Obama estaba tan obsesionado con reemplazar a Al-Assad en Siria, dado que el vacío de poder que seguiría sería llenado por los yihadistas. Hersh contesta que no sólo él, sino también la Junta de Jefes de Estado Mayor, se lo preguntaba. Nadie podría figurarse el por qué. Dice que la política norteamericana siempre había estado contra Assad. Punto.

Hersh recuerda que la CIA dio un golpe de Estado en Siria en 1949 y derrocó a un dirigente democráticamente elegido con el fin de permitir que un oleoducto con petróleo saudí atravesara Siria hacia Europa. La construcción del oleoducto comenzó al año siguiente, pero nunca se terminó.

Mediante golpes de fuerza Estados Unidos ha derrocado a varios dirigentes de la región, como Mossadegh en Irán, Saddam Hussein en Irak, Gadafi en Libia, etc. Lo mismo ha sucedido con otros dirigentes mundiales como Arbenz en Guatemala, Allende en Chile, Yanukovich en Ucrania, etc. Muchos de ellos eran aliados de Rusia. Otros querían un rumbo independiente para su país. En la actualidad, Estados Unidos apoya el derrocamiento de gobiernos nacionalistas o de izquierdas en América Latina como Rousseff, Maduro, Correa, Morales y otros. En Siria, Estados Unidos lo ha intentado, pero ha fracasado.

Obama buscó llenar Siria de yihadistas extranjeros para utilizarlos como fuerzas terrestres para sus bombardeos, pero dejó la función de pagarles en manos de los saudíes y otros aliados. Erdogan dio vía libre a los yihadistas en su territorio y les permitió vender su petróleo y objetos robados en Turquía. Sus servicios secretos les enviaron dinero y armas y su Ejército ha enviado incluso soldados a Siria o ha bombardeado a tropas sirias para apoyar a los yihadistas.

Estados Unidos quiere llevar el petróleo saudí y el gas qatarí a Europa a través de Siria para asestar un golpe económico a Rusia. Esto ha ido acompañado del golpe de estado en Ucrania y de sanciones contra Moscú. A esto hay que sumar la creación de una serie de bases para rodear a China. Todo ello se enmarca dentro del plan de Estados Unidos para dominar el mundo en el siglo XXI.

La resistencia de Siria y el apoyo de Rusia e Irán, que podrían haber llegado a una guerra caliente con el fin de proteger a su aliado sirio, acabó frustrando los planes de Estados Unidos y sus aliados.

Mientras, los grandes medios de comunicación siguen ignorando esta información con el fin de que la opinión pública norteamericana y mundial no se entere de que la antigua secretaria de Estado de Estados Unidos y candidata a la presidencia y su actual presidente fueron responsables del ataque químico de Guta, dirigido a culpar a un dirigente extranjero y provocar la invasión de un país.

Fuente: http://spanish.almanar.com.lb/adetails.php?eid=126806&frid=24&cid=24&fromval=1&seccatid=25
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El ejército sirio rechaza la ofensiva yihadista sobre Alepo

Ayer el ejército regular sirio rechazó una poderosa ofensiva del Frente Al-Nosra, que atacó la ciudad de Alepo desde cinco direcciones distintas.

Los yihadistas del Frente Al-Nosra se sienten crecidos tras al respaldo diplomático que les ha prestado el portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, quien ha dicho que “Estados Unidos no quiere que Siria y Rusia ataquen a los grupos terroristas Ahrar Al-Sham y Jaish Al-Islam, incluso aunque luchen junto al Frente Al-Nosra” y hayan violado la tregua en Siria.

En los últimos días la situación se venía agravando en la ciudad, la segunda más poblada de Siria. El Frente Al-Nosra y sus secuaces han estado bombardeando los barrios residenciales del centro con lanzagranadas y morteros. El número de víctimas civiles es superior a 100 y los hospitales han agotado sus plazas para atender a los numerosos heridos.

Los yihadistas acumularon tropas y pertrechos que llevaron desde otros campos de batalla para dilatar lo que parece inevitable: la caída de la ciudad en poder de las fuerzas gubernamentales.

Una vez que se baten en retirada, el desenlace no se demorará más tiempo. No obstante, el coste ha sido terrible y el ejército tuvo que recurrir a la fuerza aérea para destruir los puntos de lanzamiento de los obuses.

Los milicianos que combaten junto al ejército sirio hablan de decenas de muertos entre los yihadistas, pero no se han podido confirmar ninguna cifra con un mínimo de precisión.

La intensificación de los combates en Alepo contrasta con el acuerdo al que han llegado Rusia y Estados Unidos para imponer el alto el fuego en Latakia y Damasco.

La semana pasada el coronel Steve Warren, del Ejército estadounidense, señaló que “es precisamente Al-Nosra quien tiene el control en Alepo”. Para evitar que lo pierda el Departamento de Estado ha pedido un cese inmediato de las hostilidades.

En Washington podrían hacer algo más que pedir. ¿Por qué no impiden el inicio de las hostilidades?
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Economía

Rusia y China padecen la fiebre del oro

De todos los metales, el oro es uno de los más fascinantes. A lo largo de toda la historia ha recibido un valor especial, a veces sagrado o espiritual, desde que hace seis mil años las tumbas de los faraones se llenaban con oro para acompañar a los muertos en su viaje. En épocas de crisis financieras mundiales como en los años 30, el oro es el preferido de los bancos centrales y de los ciudadanos ordinarios como reserva de valor, cuando el papel moneda lo pierde. Nos estamos acercando a otra de estas épocas en que la deuda acumulada del sistema del dólar está sobrepasando el valor del papel moneda en dólares. Ante esto, lo que es muy significativo es que los bancos centrales están comprando todo el oro que pueden conseguir.

Hoy el dólar ya no está respaldado por el oro. Es así desde que Nixon de forma unilateral abolió en Tratado de Bretton Woods de 1944, y sacó al dólar de su obligatorio respaldo en oro para que flotara de forma libre, en agosto de 1971. Lo hizo así ante la insistencia del entonces subsecretario del Tesoro Paul Volcker y del patrón de Volcker, David Rockefeller en el Chase Manhattan Bank. En pocas palabras, Nixon adoptó esta medida desesperada debido a que las reservas de oro del la Reserva Federal estaban desapareciendo, a medida que Francia, Alemania y otros socios comerciales de los Estados Unidos pedían oro a cambio de sus dólares acumulados durante el comercio, como estaba permitido bajo las reglas de Bretton Woods.

Desde 1971, sin el respaldo del oro, aparte de la ficción cuidadosamente mantenida de la Reserva Federal aún tiene los mayores stocks de oro en sus profundos cofres, que la FED evalúa en 8.000 toneladas, los dólares creados por decreto en circulación se han expandido sin límite. Esta es la fuente de la Gran Inflación experimentada en el mundo durante los pasados 45 años, en que los dólares en circulación han tenido una expansión exponencial, un 2.500 por ciento desde 1970. La confianza en la posesión de dólares, que aún es la principal divisa de reserva mundial, se ha mantenido por Washington mediante varios trucos y engaños.

Tras la crisis del petróleo de octubre de 1973, el secretario de Estado Henry Kissinger habló de un “petrodólar”. El valor del dólar estaba respaldado no por el oro sino por el petróleo. El precio de éste fue manipulado por Kissinger y otros en 1973, como detallo en mi libro “Gods of Money”, consiguiendo un incremento de un 400 por ciento en cuestión de meses, y obligando a Alemania, a Francia, a Latinoamérica y a gran parte del mundo a comprar dólares. Washington se aseguró también en 1975, cuando Alemania, Japón y otras naciones intentaron comprar petróleo de la OPEP en sus propias divisas, que Arabia Saudí y los países de la OPEP solamente aceptarían dólares a cambio de su oro negro.

Desde septiembre de 2014 el precio mundial en dólares del petróleo se ha hundido. Ha ido desde los 103 dólares barril hasta acercarse hoy a los 30 dólares. Es un hundimiento de un 70 por ciento en la demanda de dólares para la principal mercancía mundial que se valora en dólares.

En este contexto político y financiero, los bancos centrales de Rusia y China están comprando oro para sus reservas a un ritmo frenético. No solo esto, sino que el Banco Popular de China anunció recientemente que abandona su sujeción al dólar y que diversificará una bolsa de divisas encabezada por el euro. Sin embargo, los movimientos de China y de Rusia hacia el oro son mucho más estratégicos.

Rusia compra mucho, mucho oro

Mientras todos los ojos están en el precio del petróleo y en la tasa de cambio rublo/dólar, el Banco Central de Rusia ha estado comprando silenciosamente altas cantidades de oro durante el año pasado. En enero de 2016, los últimos datos conocidos, el Banco Central de Rusia compró de nuevo 22 toneladas de oro, alrededor de 800 millones dólares al cambio actual, y esto entre las sanciones financieras de Estados Unidos y la Unión Europea y bajos precios de petróleo. Era el onceavo mes consecutivo que compraban grandes volúmenes de oro. En 2015 Rusia añadió 208 toneladas de oro a sus reservas, en comparación con las 172 toneladas que compró en 2014. Rusia tiene ahora 1.437 toneladas de oro en sus reservas, la sexta mayor del mundo según el World Gold Council de Londres. Sólo Estados Unidos, Alemania, Italia Francia y China tienen un mayor número de toneladas.

También es notable que el Banco Central ruso haya vendido sus tenencias de deuda del Tesoro estadounidense para comprar el oro, “desdolarizándose”, un movimiento sensible en tanto que el dólar está en guerra de divisas contra el rublo. En diciembre de 2015, Rusia mantenía 92.000 millones en bonos del Tesoro de Estados Unidos, contra 132.000 millones en enero de 2014.

Significativamente, después de que la gobernadora del Banco Central ruso Elvira Nabiullina declaró en mayo de 2015 que no veían ninguna necesidad de comprar toda la producción doméstica de oro al poder satisfacer fácilmente sus necesidades en el mercado abierto internacional, algo que disminuiría las reservas de rublos, se ha dado un aparente giro de 180 grados. El Banco central de Rusia está comprando ahora toda la producción doméstica de oro. Sólo cuando los objetivos mensuales están cumplidos proceden a importar. Nabiullina afirmó recientemente que “creemos que es necesario en términos de un colchón financiero para el Estado ante incertidumbres externas”.

Es muy significativo porque Rusia, cuyas reservas de oro del Banco Central fueron robadas durante la época del Yeltsin a principios de los 90 ha crecido hasta convertirse en la segunda potencia extractora después de China. Es un apoyo fundamental a su industria minera aurífera y al rublo.

También China y Kazajistán

Sólo unas cantidades ligeramente menores de oro ha comprado China en pasados meses. Y una notable suma mensual a las reservas de oro también ha sido realizada por Kazajastán. En los pasados cuarenta meses, Kazajastán ha estado aumentado sus reservas de oro. Junto con Rusia, es miembro de la Unión Económica Euroasiática, junto a Bielorusia, Armenia y Kirguistán. Bielorusia también ha incrementado sus reservas de lingotes.

China compró otras 17 toneladas de oro en enero, y comprará un total de 215 toneladas este año, aproximadamente la misma cantidad que Rusia. De agosto a enero de 2016 China añadió 101 toneladas de oro a sus reservas. Las compras anuales de más de 200 toneladas por el Banco Popular de China superarían las tenencias totales de oro exceptuando 20 países, según el World Gold Council. Sus reservas han crecido un 57 por ciento desde 2009, según datos revelados en julio de 2015. Los analistas de mercados creen incluso que esta cantidad de oro está siendo políticamente disminuida para que no se disparen las alarmas demasiado fuerte en Washington y Londres.

Kirguistán, Rusia y China son miembros también de la Organización para la Cooperación de Sangay. También son miembros estos países euroasiáticos del gigantesco proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda, proyecto para tejer todo Eurasia con redes de ferrocarriles de alta velocidad y desarrollar nuevos puertos grandes a fin de cambiar el mapa económica euroasiático. El año pasado China anunció que estaba diseñando las líneas ferroviarias de la Ruta de la Seda para permitir a las reservas de oro rusas y de Asia central, ahora carentes de infraestructura para desarrollo llegar a ser económicamente atractivas para estos países.

Las divisas de Rusia, China y los países euroasiáticos están mudando para llegar a ser “tan buenas como el oro”, un término que se aplicaba al dólar hace seis décadas. El hecho de que Rusia también tiene un extremadamente bajo índice deuda/Producto Interior Bruto, un 18 por ciento comparado con el 103 por ciento de los Estados Unidos y el 94 por ciento de los países de la Eurozona, y el 200 por ciento de Japón, es un hecho que las agencias occidentales de calificación comprometidas en la guerra financiera del Tesoro estadounidense contra la Federación Rusa ignoran oportunamente. Rusia tiene una economía mucho más saludable que la mayoría de los países occidentales, que declaran que Rusia es un Estado fallido.

F. William Engdahl http://www.globalresearch.ca/why-are-russia-and-china-buying-gold-tons-of-it/5518896

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El 1 de mayo también hay que currar

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50 años de la Conferencia Tricontinental

Mensaje a la Tricontinental
Ernesto ‘Che’ Gevara
Ya se han cumplido veintiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.

Veintiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.

No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer el recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz. Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.

En la primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedó sumida en la más terrible devastación que figure en los anales de la guerra moderna; acribillada a bombas; sin fábricas, escuelas u hospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diez millones de habitantes.

En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de países conducidos militarmente por los Estados Unidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidad y el uso, como carne de cañón, de la población sudcoreana enrolada.

En el otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios de la República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoría del aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas, en escala limitada. En Vietnam se han sucedido acciones bélicas, sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyo poderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera en aquel país vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de la contienda.

Hubieron confrontaciones limitadas en todos los continentes, aún cuando en el americano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de lucha de liberación y cuartelazos, hasta que la revolución cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta región y atrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de sus costas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre, después.

Este último incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviéticos.

Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momento, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar.

En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.

En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividía al país en dos zonas y estipulaba la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quiénes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao-Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo-Din-Diem, cuyo trágico fin -el de la naranja exprimida por el imperialismo- es conocido de todos.

En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría elecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podría ocurrir, aún utilizando todos los métodos de fraude de ellos conocidos.

Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.

Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio, los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del Norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por las unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de destruir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada.

Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1.700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.

Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo.

La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.

Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad.

El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.

Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?

Y, ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha. Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo –para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente–. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el sumidero de Vietnam.

El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor de su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba.

Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los “cuatro puntos” del Norte y “los cinco” del Sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.

Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible, e inaceptable, dado por los norteamericanos.

Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra, es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos.

Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.

El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esta ruta. Allí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a la de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente.

El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.

América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden oponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya; cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantener lo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación, de cualquier tipo que sean.

Bajo el eslogan, “no permitiremos otra Cuba”, se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo, o anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición.

Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución.

Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones pro-imperialistas.

Desde el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón.

Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.

Esa doble situación; un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita.

Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta donde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.

El África, ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere.

Estados Unidos no tenía colonias en esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se puede asegurar que África constituye, en los planes estratégicos del imperialismo norteamericano, su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienen importancia en la Unión Sudafricana y comienza su penetración en el Congo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violenta competencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderes imperialistas.

No tiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas.

Todos estos antecedentes hacen lícito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación de los pueblos a corto o mediano plazo.

Si analizamos el África veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular éxito en la primera y con éxito variable en las dos restantes. Que todavía se asiste a la lucha entre los sucesores de Lumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a favor de los últimos, los que han “pacificado” en su propio provecho una gran parte del país, aunque la guerra se mantenga latente.

En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizó todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoría blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente artificial, sólo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomática –también llamada hipocresía en buen romance– presenta una fachada de disgustos ante las medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los países del África Negra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismo inglés.

En Rhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva si cristalizan los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos los problemas se ventilan en organismos tan inocuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.

Sin embargo, la evolución política y social del África no hace prever una situación revolucionaria continental. Las luchas de liberación contra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugal no significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones de importancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberación de las tres colonias portuguesas y por la profundización de sus revoluciones.

Cuando las masas negras de Sudáfrica o Rodesia inicien su auténtica lucha revolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el África. O, cuando las masas empobrecidas de un país se lancen a rescatar su derecho a una vida digna, de las manos de las oligarquías gobernantes.

Hasta ahora se suceden los golpes cuartelarios en que un grupo de oficiales reemplaza a otro o a un gobernante que ya no sirva sus intereses de casta y a los de la potencias que los manejan solapadamente pero no hay convulsiones populares. En el Congo se dieron fugazmente estas características impulsadas por el recuerdo de Lumumba, pero han ido perdiendo fuerzas en los últimos meses.

En Asia, como vimos, la situación es explosiva, y no son sólo Vietnam y Laos, donde se lucha, los puntos de fricción. También lo es Camboya, donde en cualquier momento puede iniciarse la agresión directa norteamericana, Tailandia, Malasia y, por supuesto, Indonesia, donde no podemos pensar que se haya dicho la última palabra pese al aniquilamiento del Partido Comunista de ese país, al ocupar el poder los reaccionarios. Y, por supuesto, el Oriente Medio.

En América Latina se lucha con las armas en la mano en Guatemala, Colombia, Venezuela y Bolivia y despuntan ya los primeros brotes en Brasil. Hay otros focos de resistencia que aparecen y se extinguen. Pero casi todos los países de este continente están maduros para una lucha de tipo tal, que para resultar triunfante, no puede conformarse con menos que la instauración de un gobierno de corte socialista.

En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo “internacional americano”, mucho más completa que en otros continentes. Lengua, costumbres, religión, amo común, los unen. El grado y las formas de explotación son similares en sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte de los países de nuestra América. Y la rebelión está madurando aceleradamente en ella.

Podemos preguntarnos: esta rebelión, ¿cómo fructificará?; ¿de qué tipo será? Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad para su liberación.

En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son sólo episodios, pero ya han dado los mártires que figurarán en la historia americana como entregando su cuota de sangre necesaria en esta última etapa de la lucha por la libertad plena del hombre. Allí figurarán los nombres del Comandante Turcios Lima, del cura Camilo Torres, del Comandante Fabricio Ojeda, de los Comandantes Lobatón y Luis de la Puente Uceda, figuras principalísimas en los movimientos revolucionarios de Guatemala, Colombia, Venezuela y Perú.

Pero la movilización activa del pueblo crea sus nuevos dirigentes; César Montes y Yon Sosa levantan la bandera en Guatemala, Fabio Vázquez y Marulanda lo hacen en Colombia, Douglas Bravo en el occidente del país y Américo Martín en El Bachiller, dirigen sus respectivos frentes en Venezuela.

Nuevos brotes de guerra surgirán en estos y otros países americanos, como ya ha ocurrido en Bolivia, e irán creciendo, con todas las vicisitudes que entraña este peligroso oficio de revolucionario moderno. Muchos morirán víctimas de sus errores, otros caerán en el duro combate que se avecina; nuevos luchadores y nuevos dirigentes surgirán al calor de la lucha revolucionaria. El pueblo irá formando sus combatientes y sus conductores en el marco selectivo de la guerra misma, y los agentes yanquis de represión aumentarán. Hoy hay asesores en todos los países donde la lucha armada se mantiene y el ejército peruano realizó, al parecer, una exitosa batida contra los revolucionarios de ese país, también asesorado y entrenado por los yanquis. Pero si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de los yanquis. En el propio Perú, con tenacidad y firmeza, nuevas figuras aún no completamente conocidas, reorganizan la lucha guerrillera. Poco a poco, las armas absolutas que bastan para la represión de las pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es el camino de Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como Juntas de Coordinación para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa.

América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación, que empieza a hacerse sentir a través de la Tricontinental en la voz de la vanguardia de sus pueblos, que es la Revolución Cubana, tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del Segundo o Tercer Vietnam del mundo.

En definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales -instrumentos de dominación-, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta.

El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una Revolución Socialista.

Al enfocar la destrucción del imperialismo, hay que identificar a su cabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamérica.

Debemos realizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad táctica sacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugares donde sus hábitos de vida choquen con la realidad imperante. No se debe despreciar al adversario: el soldado norteamericano tiene capacidad técnica y está respaldado por medios de tal magnitud que lo hacen temible. Le falta esencialmente la motivación ideológica que tienen en grado sumo sus más enconados rivales de hoy: los soldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar contra ese ejército en la medida en que logremos minar su moral. Y ésta se mina infligiéndole derrotas y ocasionándole sufrimientos repetidos.

Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que deben exigirse desde hoy, a la luz del día y que quizá sean menos dolorosos que los que debieron soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar de que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego.

Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrará a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en una contienda de carácter mundial y se sufra igual o más aún. No podemos predecir el futuros pero jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que ésta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria.

Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en forma pacífica. Para nosotros está clara la solución de esta interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello, de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes -donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares- en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo.

Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla.

Los comienzos no serán fáciles: serán sumamente difíciles. Toda la capacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquías se pondrá al servicio de su causa. Nuestra misión, en la primera hora, es sobrevivir, después actuará el ejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en la acepción vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de los tiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contra los enemigos. La gran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposeídos. La galvanización del espíritu nacional, la preparación para tareas más duras, para resistir represiones mas violentas. El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aún dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma.

Y que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y apetecible para un americano, un asiático, un africano y, aún, un europeo.

Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego en la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado.

Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha.

Que agitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, lo sabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un carácter y una agudeza tales que luce sumamente difícil, si no imposible, el diálogo y la conciliación también lo sabemos. Buscar métodos para iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen es una tarea inútil. Pero el enemigo está allí, golpea todos los días y amenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirán, hoy, mañana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesaria tendrán el reconocimiento de los pueblos.

Dadas las virulencias e intransigencias con que se defiende cada causa, nosotros, los desposeídos, no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, aún cuando coincidamos a veces con algunos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida con los de una parte que con los de la otra. En el momento de la lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias constituyen una debilidad: pero en el estado en que se encuentran, querer arreglarlas mediante palabras es una ilusión. La historia las irá borrando o dándoles su verdadera explicación.

En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.

Sinteticemos así nuestras aspiraciones de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno: liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes.

Eso significa una guerra larga. Y, lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria.

No podemos eludir el llamado de la hora. Nos lo enseña Vietnam con su permanente lección de heroísmo, su trágica y cotidiana lección de lucha y de muerte para lograr la victoria final.

Allí, los soldados del imperialismo encuentran la incomodidad de quien, acostumbrado al nivel de vida que ostenta la nación norteamericana, tiene que enfrentarse con la tierra hostil; la inseguridad de quien no puede moverse sin sentir que pisa territorio enemigo; la muerte a los que avanzan mas allá de sus reductos fortificados; la hostilidad permanente de toda la población. Todo eso va provocando la repercusión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases aún dentro de su propio territorio.

¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para éste de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!

Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!

Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos días lanzar el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército del proletariado, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolución Cubana y de su gran dirigente máximo la gran lección que emana de su actitud en esta parte del mundo: “Qué importan los peligros o los sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad”.

Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.

[La Conferencia Tricontinental, en la que participaron 500 delegados procedentes de los países del Tercer Mundo, se celebró entre el 3 y el 15 de enero de 1966 en La Habana]